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jueves, 24 de marzo de 2016

GESTIÓN CLÍNICA: Una nueva etapa

          Foto: Greg Baker (AFP)
Un Congreso memorable por muchas cosas…
 Organizado por la Fundación Gaspar Casal, el Seminario de Investigación en Economía y Salud de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), y la Consejería de Sanidad de la Junta de Comunidades, durante los pasados días 10 y 11 de marzo se desarrolló en Toledo el VI Congreso de Gestión Clínica. El lema “Gestión Clínica: una nueva etapa” pretendía destacar precisamente la necesidad de abordar con una gestión (más) rigurosa y honesta el nuevo escenario en que nos desenvolvemos: una sociedad “líquida”, con relaciones laborales menos estables, con un uso extensivo de herramientas tecnológicas y sistemas de información que facilitan el acceso a una plétora de datos, no siempre útiles. Al mismo tiempo, la falta de transparencia, la indulgencia con prácticas inadecuadas y la persistencia de la corrupción, siguen siendo barreras importantes que dificultan el crecimiento y el desarrollo económico. La mayor exigencia ciudadana en el uso adecuado de los recursos públicos debería contribuir a una mayor eficiencia y a un cambio de actitudes más responsables socialmente.

Como es sabido, la idea y el concepto de Gestión Clínica, ampliamente utilizado y académicamente no muy bien definido, (algo así como la hibridación o el mestizaje de la clínica con la cultura empresarial), se entiende por la mayor parte de los agentes del sector sanitario como aquellas formas de actuación clínica y de organización asistencial que pretenden aumentar la calidad de la atención al paciente tanto en términos de efectividad como de eficiencia, es decir, proporcionar la atención más adecuada a cada paciente en cada situación concreta y al menor coste posible. El concepto evita las visiones de la calidad asistencial consideradas clásicamente como complementarias, o en ocasiones contrapuestas, según el papel desempeñado por un profesional en el sistema sanitario. Según esta perspectiva, los gestores valoraban sobre todo la eficiencia como la dimensión o parámetro principal de la calidad, mientras que los clínicos centraban su interés en la búsqueda de la eficacia teórica, minusvalorando cada uno de los actores con frecuencia los restantes elementos. [Ver aquí los libros “Claves para la Gestión Clínica” editado por la Cátedra Pfizer en Gestión Clínica y “Gestión Clínica” editado también por la Fundación Gaspar Casal]. 

Con todo, cabría plantearse si a estas alturas existe realmente una contradicción entre clínica y gestión, (el histórico desencuentro entre la bata y la corbata) o un conflicto entre calidad y costes. De hecho, puede afirmarse que la buena medicina implica conciencia de costes, lo mismo que la buena gestión exige efectividad como condición necesaria para la eficiencia. Como decía Fiona Godlee en un artículo editorial del British Medical Journal (BMJ) ampliamente citado, “Costis an ethical issue” (los costes son un asunto ético).

En este mismo sentido, muchos autores han señalado que la gestión para ser clínica precisa de una doble vía de evolución de los actores del sistema: por una parte, los gestores han de contemplar la organización bajo una visión más clínica (dotar de sentido clínico a la gestión, emplear instrumentos que tengan sentido para la búsqueda de calidad por el clínico); por otra parte el clínico ha de dotar de responsabilidad social a su actuación clínica (eligiendo entre los procedimientos eficaces aquellos más eficientes).

A modo de resumen 
El Programa del Congreso incluía varias Mesas con ponencias atractivas y de gran  interés por el momento político que atravesamos: En la primera de ellas, sobre “Promesas políticas y nueva política”, a la exposición de Fernando Vallespín sobre este nuevo tiempo en el que nos encontramos, le siguió la réplica de Mónica García Gómez [@Monicamox1] médica y parlamentaria –portavoz de Sanidad en la Asamblea de Madrid por el partido político Podemos.

En la siguiente Mesa, sobre “La solvencia del Sistema Sanitario en el Estado de Bienestar”, Guillem López Casasnovas y Enrique Gil Calvo, sabiamente moderados por Ricard Meneu, aportaron su perspectiva desde la visión del economista y del sociólogo. [Ver a este respecto el libro: “Innovación y Solvencia: cara y cruz de la sostenibilidad del sistema sanitario español” editado por la Fundación Gaspar Casal].

Para hablar sobre todo de Health open data, en la sesión “Política y gobierno de datos de la vida real” intervinieron Eduard Gil Garbo y Carles Ramió Matas. Hábilmente moderados y conducidos por Juan José Artells Herrero, cabe destacar por un lado, la perspectiva de las experiencias de implantación y desarrollo desde la sala de máquinas (dirección de organización y sistemas), y por otro la visión de la apertura y reutilización de datos de las AAPP desde el politólogo y formador de funcionarios.

Algunas referencias sobre Health Big Data que fueron facilitadas:
La renovación de la función pública: Estrategias para frenar la corrupción política en España. Carles Ramio, La Catarata, 2016. ISBN 978849097102
Open Comparisons, (web The National Board of Health and Welfare).
Open Comparisons, (web The Swedish Association of Municipalities, County Councils and Regions). 

A destacar en otra sesión las intervenciones de Vicente Ortún y Juan José Rodríguez Sendín @jrsendin en la Mesa sobre “Gestión clínica y funcionarización de la sanidad”.

En la Mesa “La Medicina Basada en la Evidencia (MBE) a revisión”, que me correspondió moderar, destacó sobre todo la presentación de Rafael Bravo [@rafabravo] en la que tuvo un emocionado recuerdo para David L.Sackett con una gran cita de Joseph Conrad:
«Una verdad, una fe, una generación de hombres pasa, se la olvida, ya no cuenta. Excepto, tal vez, para aquellos pocos que creyeron esa verdad, profesaron esa fe o amaron a esos hombres.»

Con todas sus ventajas, y a pesar de sus limitaciones, lo que ha supuesto la (gran) aportación de la MBE para la práctica clínica actual la sintetizó en otra admirable cita de Thomas Carlyle: «Una vez despertado el pensamiento no vuelve a dormitar.» 

En la última Mesa, “Evitar lo fútil, inútil y perverso en la práctica clínica” intervinieron Ildefonso Hernández con una sugerente exposición del papel y la(s) actuación(es) del lobby sanitario en la atención médica, y Michelle McDowell, del Harding Center for Risk Literacy, que hizo hincapié en la necesidad de mejorar la competencia de los profesionalesy de los pacientes en el uso de las estadísticas sanitarias.


Finalmente, Jordi Colomer [@jcolomerm], como Coordinador del Congreso, expuso las conclusiones del mismo, (algunas sin duda discutibles, y que invitan de nuevo al debate):

Conclusiones 
1.  Si la gestión clínica significa fomentar una medicina sensata en un contexto de expansión del conocimiento, debemos ser conocedores de que, a pesar de disponer de toda la información de forma adecuada, no siempre producimos las respuestas correctas.

2.  Mientras que la primera revolución fue el lavado de manos, la actual será disponer de información útil y clara.

3.  Datos abiertos significa, en otras palabras, accesibilidad a otras áreas de conocimiento y que con audiencias apropiadas pueden mejorar los resultados.

4.    La creatividad y la corresponsabilidad de los profesionales requieren un esfuerzo muy relevante en un escenario donde prevalece la garantía de la inmortalidad de las organizaciones y de las personas.

5.  Los eventos adversos corresponden a complicaciones quirúrgicas, accidentes farmacológicos y procedimientos médicos; no se registran de forma adecuada, pero los errores diagnósticos sencillamente son olvidados.

6.   La medicina basada en la evidencia (MBE) significó pasar de una medicina codificada por la experiencia personal, la tradición y el valor de la autoridad a una toma de decisiones más estandarizada pero que reconoce nuevas fuentes de información y enfatiza su validez en el mundo real de la práctica clínica.

7.   En la actualidad el reto de los sistemas de salud es legitimarse, tanto a nivel de las políticas de salud como en la práctica clínica habitual.

8.    Disponemos de muchas más aptitudes, con muchos datos, mejores tecnologías de la información y capacidad de análisis, pero sin la alfabetización numérica [estadística] adecuada a los retos que nos presentan.
9.    En la sanidad pública las innovaciones tecnológicas, que de por sí no conducen a la insaciabilidad aunque presenten beneficios marginales, siempre acaban entrando.   

10.  Las unidades de gestión clínica se han agotado. Seguimos sin disponer de evaluación de resultados que muestren mejoras y el entusiasmo inicial de los profesionales hacia estas unidades se ha diluido.

 Corolarios 
1.    Si interesa el desarrollo de nuevos modelos de organización de la gestión clínica se necesita más un cambio institucional y de política que un mero proyecto de ley. [Se refiere aquí al empeño del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en la elaboración de un Real Decreto que, por inútil e innecesario, solo viene a añadir entropía y tontería al estéril debate en curso, en palabras de José Ramón Repullo]. 
2.  Estamos inmersos en una nueva etapa que se caracteriza por la volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad, que requiere disponer de un espíritu crítico para fomentar la atención y la trascendencia en la toma de decisiones.

Un Congreso para recordar...


jueves, 16 de abril de 2015

El NHS ante las elecciones en UK


De cara a las próximas elecciones generales que se celebran en el Reino Unido el próximo 7 de mayo, los analistas de King’s Fund han publicado recientemente dos interesantes informes que dan cuenta de la situación actual y de la gestión llevada a cabo en el NHS durante la anterior legislatura, bajo el mandato del gobierno de coalición liberal-conservador:


(Hace dos años, en una entrada anterior del blog, de diciembre de 2012, a cuenta de otro informe realizado por la misma institución en aquel momento, comentábamos lo que estaba sucediendo entonces en el NHS).

Según se desprende de las encuestas, las elecciones presentan un escenario más incierto que en anteriores convocatorias, ya que el Partido Conservador y el Partido  Laborista pueden obtener el menor número de escaños en el Parlamento desde 1945. Seguramente el papel de otros partidos minoritarios será decisivo para la formación del próximo Gobierno. Los liberaldemócratas se ofrecen como llave frente a los extremismos y están dispuestos a pactar con cualquiera de los grandes partidos: “Aportaremos corazón a un Gobierno tory o cerebro a un Gobierno laborista”, afirman sin complejos.

Como (casi) siempre, los conservadores alertan frente a los riesgos que, a su juicio supondría un Gobierno laborista, exhibiendo su gestión durante la crisis financiera como garantía del mantenimiento de la recuperación económica. Por su parte, los laboristas no cuestionan en el fondo el ajuste presupuestario, aunque sí el ritmo impuesto en la consolidación y en los recortes. Prometen (más) responsabilidad fiscal poniendo el acento en la necesidad de mejorar el reparto de la recuperación y en reducir las crecientes desigualdades de la sociedad británica.

Los datos señalan que, si bien el país ha crecido más que sus socios del G-7, ello ha sido a costa de la austeridad y los bajos salarios, (solo Portugal y Grecia tienen un sueldo por hora inferior al británico). Más de un millón de personas tienen que recurrir a los bancos de alimentos, cuando hace siete años eran apenas unas 20.000. Sin embargo, lo más destacable es que -como en España- la mayoría de esta gente tiene empleos, es decir trabajan, pero cobran salarios tan bajos que les sitúa por debajo del umbral de la pobreza.

El Gobierno ha convertido la reducción del déficit en su prioridad (5.4% del PIB en 2014), a base de recortar el gasto público. El empleo en el sector público está en su nivel más bajo desde 1999. Son cada vez más numerosas las voces que señalan que las políticas de (excesiva) austeridad están retrasando la recuperación, sin que se haya producido una reducción del déficit fiscal en el ritmo y en la medida en que se pretendía (de hecho, prometieron acabar con el déficit para 2015).

 Así las cosas, puede hablarse abiertamente de las dos caras del milagro británico: crecimiento y desigualdad. En pocas palabras, lo que se decide dentro de unas semanas en las urnas es cuánto bienestar es necesario sacrificar en aras de la recuperación y el crecimiento económico, austeridad o reparto de la riqueza.

Los informes de King’s Fund sobre el NHS

El primero de los informes citados se refiere a las reformas llevadas a cabo en el NHS. Sostiene que los historiadores no serán amables a la hora de valorar la actuación de la coalición de gobierno en relación con la reforma del NHS.

La primera mitad de la legislatura estuvo dedicada a debatir la Health and Social Care Bill la norma más amplia y de mayor calado en la historia del NHS para incrementar la competencia dentro del sistema sanitario y descentralizar la toma de decisiones.

En su momento el proyecto de ley, basado en un documento o White Paper previo de llamativo título: 'Equity and excellence: Liberating the NHS’ (2010), (ver aquí la opinión de King’s Fund sobre el mismo), suscitó comentarios y críticas bastante generalizadas. Finalmente se aprobó la norma, con amplias enmiendas y modificaciones. Fuentes del gobierno no identificadas han llegado a reconocer recientemente que la decisión de promover el proyecto de ley fue un gran error estratégico.

Ya entonces el propio King’s Fund advertía sobre los riesgos en la aplicación de la norma: «Las reformas establecidas en el proyecto de ley tienen el potencial para mejorar la atención a los pacientes y mejorar el rendimiento del NHS si se aplican bien, pero también plantean una serie de riesgos. La complejidad de las reformas hace difícil predecir su impacto. Pueden ocurrir diferentes resultados dependiendo de cómo interactúan entre sí los distintos elementos de las reformas y de cómo se implementan las propuestas.» (…)
«La verdadera opción por tanto no se encuentra entre estabilidad o cambio, sino entre las reformas que se ejecuten bien y ofrezcan resultados para los pacientes y las que estén mal planeadas y socaven el funcionamiento del NHS.»

La segunda parte de la legislatura se dedicó a (intentar) limitar los daños causados por el proyecto de ley y lidiar con los efectos del aumento de los problemas financieros y en los servicios del NHS. La presión sobre los presupuestos públicos puede que no haya afectado al NHS tanto como a la mayoría del resto de servicios públicos, pero en un contexto de crecientes demandas por el envejecimiento de la población, ha tenido que luchar para mantener los presupuestos y los objetivos claves en la atención a los pacientes. El Gobierno tuvo que redirigir fondos para mejorar (evitar) el impacto de dichas presiones, (unos £700 millones en 2014/15). También intentó desplazar el debate sobre los cambios más impopulares y tecnocráticos de la Ley hacia aspectos relacionados con el cuidado del paciente y cómo se podría mejorar.

El informe cita a las tres personas que han jugado un papel central en el manejo del NHS desde 2010: Andrew Lansley, Secretario (Ministro) de Salud entre 2010 y 2012, fue responsable de su concepción, de la idea que subyace a la ley y de presentarla al Parlamento. David Cameron, como Primer Ministro, fue responsable de nombrar a Lansley y de iniciar más tarde una revisión del proyecto de ley a través del NHS Future Forum. También puso su propia reputación en riesgo prometiendo mantener unos tiempos de espera cortos para recibir tratamiento y aumentar el presupuesto del NHS en términos reales. Desde septiembre de 2012, Jeremy Hunt (sucesor de Lansley) ha tomado la delantera intentando limitar daños, ignorando de manera deliberada muchas de las reformas promovidas por su predecesor (rara vez se refiere a la competencia, por ejemplo) y reafirmando su papel como defensor de los intereses de los pacientes a raíz del Francis Report sobre los graves fallos en la atención sanitaria ocurridos en el hospital de Staffordshire. Su principal preocupación ha sido la seguridad y calidad de la atención en el NHS, reforzando el papel de la Care Quality Commission (CQC) y haciendo hincapié en la necesidad de una mayor transparencia y rendición de cuentas.

En conjunto el trabajo explora el historial de la coalición de gobierno sobre las reformas del NHS describiendo la situación heredada cuando llegó al poder en 2010, las políticas que ha perseguido y, en su caso, la evidencia de su impacto. Toma los objetivos de las reformas en el punto de partida y examina los avances o progresos en las mismas. El informe está organizado alrededor de los seis grandes temas del programa gubernamental de reformas:

  Creación de los Clinical commissioning groups (CCGs, que en cierta medida reemplazan a los anteriores Primary Care Trusts).
        Prestación de la asistencia por parte de los proveedores del NHS.
        Regulación de la calidad de la atención.
        Capacidad de elección y competencia.
        Rendición de cuentas y gobernabilidad (gobernanza).
        Integración asistencial.

Al ir examinando estos temas el documento intenta responder sobre todo a la pregunta de si las reformas han tenido como consecuencia una mejora organizativa y si ésta se ha traducido a su vez en mejoras en la atención a los pacientes.

El segundo de los informes que estamos comentando se refiere al desempeño y a la gestión (performance) realizada por el NHS en estos años. Al realizar el análisis, los autores son conscientes –como expresamente señalan “curándose en salud”- de que la evaluación del desempeño de los sistemas sanitarios y de los servicios de salud es una “ciencia inexacta”. No sólo con respecto al significado de la evaluación, sino que también hay opiniones encontradas sobre cómo debe medirse, en el peso que se otorga a diferentes aspectos del desempeño y las dificultades de atribuir efectos (salud) a causas (política). Algo que demostró muy crudamente el controvertido Informe de la Organización Mundial de la Salud del año 2000, que intentaba evaluar y calificar el desempeño de los Servicios de Salud de 190 países: The world health report 2000-Health systems: improving performance. (WHO, 2000).

Los retos y dificultades de la evaluación del desempeño han sido subrayados en diversos estudios que muestran diferencias en los resultados según los sistemas utilizados en la misma. Por ello, cualquier evaluación que se lleve a cabo y los resultados que de ella se desprendan, deben tomarse siempre con cautela.

Teniendo en cuenta estas limitaciones, el informe utiliza datos disponibles de manera rutinaria para evaluar cómo ha actuado el NHS durante el gobierno de coalición. Está estructurado como una 'ruta de producción' convencional, comenzando con la descripción de los inputs financieros del NHS, pasando luego a cómo estos inputs se convierten en recursos tales como trabajo, antes de considerar cómo se utilizan dichos recursos para producir outputs (resultados), por ejemplo, admisiones hospitalarias o urgencias atendidas. El informe se basa también en encuestas al personal y a los pacientes, en la accesibilidad a la asistencia medida por los tiempos de espera y en datos sobre resultados de calidad y seguridad a partir de los resultados obtenidos de informes de pacientes. Concluye con el análisis de la relación entre outputs e inputs –es decir, la productividad- y el desempeño financiero del NHS entre 2010 y 2015.

El “veredicto” global es que la actividad y la gestión del NHS fueron buenas en los tres primeros años de la legislatura, pero ahora ha empeorado de manera importante, con tiempos de espera en sus niveles más altos en muchos años y un número de hospitales sin precedentes reportando déficits.

A pesar de ello, la experiencia del paciente (opinión subjetiva y calidad percibida) en el NHS en general sigue siendo positiva y la confianza de la gente está cerca de sus registros más altos. Los limitados datos existentes sobre resultados de seguridad y calidad asistencial también indican algunas mejoras para los pacientes, aunque con una creciente preocupación sobre la calidad de los servicios de salud mental y los desafíos en alcanzar el logro de valorar la salud física y mental en condiciones de igualdad. Es evidente que el NHS ha aumentado su volumen de trabajo a un ritmo más rápido de lo que ha crecido su financiación. Al mismo tiempo, la limitación del incremento de los sueldos del personal mediante la reducción de los precios pagados a los hospitales por el tratamiento, y el recorte de los costes de gestión, han agotado en gran medida sus efectos y se ha hecho más difícil conseguir eficiencias.

En el último año de la legislatura parece probable que el NHS registre un déficit considerable, a pesar de haber suplementado su financiación durante 2014/15 y de haber incrementado más su financiación en términos reales de lo que en 2010 se había planificado. El reto de alcanzar objetivos claves en el tiempo de espera en los servicios de urgencia, en pacientes con sospecha de cáncer y en pacientes a la espera de pruebas diagnósticas o tratamientos hospitalarios, aún permanecen. También existen retos similares en atención primaria, con una disminución en la proporción de los pacientes que manifiestan haber tenido una muy buena experiencia tras una cita y su experiencia global de la atención sanitaria general en los últimos tres años. En un momento en que gran parte del NHS está trabajando cerca de sus límites y la moral del personal siendo una preocupación creciente, lo menos que puede decirse es que las perspectivas en la gestión del NHS durante la próxima legislatura suponen un desafío extremo.

En cualquier caso, el balance final no parece ser muy brillante, según reconoce en una entrevista de la BBC (NHS reorganisation was disastrous, says King's Fund) el propio Chris Ham, director de King’s Fund: «Si el gobierno no hubiera aplicado las reformas equivocadas, el NHS estaría en mejor situación».

La recomendación final es la de mirar y pensar en el largo plazo, no solo en la nueva legislatura, sino de cara a los próximos 10 o 20 años. Cabe preguntarse qué tipo de servicios sanitarios y de servicios sociales se desean (y se necesitan); cuáles se está dispuesto a pagar colectivamente y cómo (aquí se cita el informe de la Commission on the Future of Health and Social Care in England, 2014).

Siete años después del inicio de la recesión y después de cinco años de austeridad, existe el peligro de pensar que nada va a cambiar; el dinero siempre será escaso y las posibilidades estarán limitadas. Pero incluso en los momentos más duros desde el punto de vista financiero, siempre hay opciones que se pueden realizar. Ahora, mientras la economía se recupera, si el NHS cumple su papel garantizando que cada libra destinada a la atención sanitaria se utiliza tan eficazmente como sea posible para asegurar que en UK tienen el tipo de servicio sanitario que quieren, es necesario que exista el correspondiente compromiso de la gente y de los futuros gobiernos, que deben cumplir su papel en garantizar la disponibilidad de un nivel adecuado de financiación. “El debate por tanto –concluyen los autores del informe- no debería ser sobre cómo de parsimoniosos necesitamos ser, sino más bien sobre cuanto de generosos queremos ser”
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No estaría de más que pudiéramos realizar un ejercicio semejante de rigor, realismo y transparencia en nuestro país, empezando por el análisis riguroso de la gestión y la actividad realizada en los distintos Servicios de Salud, así como las perspectivas que se plantean de cara al futuro. Lamentablemente, a pesar de las reiteradas proclamas de políticos y gestores sanitarios, y de propagandísticas e interesadas declaraciones, en muchos lugares de nuestro SNS ni siquiera podemos acceder a la información necesaria, a esos datos secuestrados que permitirían hacer una evaluación parecida.

martes, 6 de enero de 2015

Cirugía circa 1900

Fotograma de la serie The Knick

“La historia de la cirugía (…) se inicia en 1846 con el descubrimiento de la anestesia y, por tanto, con la posibilidad de operar sin dolor. Todo lo anterior a tal fecha no pasa de ser una noche de ignorancia, sufrimiento y estéril tanteo en la oscuridad.”
Bertrand Gosset
La larga noche de la cirugía

La cirugía es seguramente el método o procedimiento de curación más antiguo, porque el tratamiento de las heridas fue muy probablemente una de las necesidades más acuciantes para la humanidad primitiva. De su carácter radical y resolutivo da idea el aforismo hipocrático: «lo que no cura el medicamento, lo cura el hierro y lo que no cura el hierro lo cura el fuego.»

Durante mucho tiempo la cirugía occidental, hija del horror y de la tortura, fue un oficio arriesgado y doloroso que, como dijo alguien, requería “la vista de un águila, el valor de un león y la mano de una mujer” y, quizás lo más importante para el paciente: ser muy rápido. Su principal actividad consistía en el tratamiento de las heridas de guerra, úlceras y amputaciones, extracción de muelas, drenaje de forúnculos, sujeción de hernias, extracción de cálculos vesicales y poco más.

A lo largo de la historia el espectro de la cirugía estuvo siempre muy limitado y su éxito estuvo poco claro hasta la aparición de dos innovaciones decisivas: la anestesia y la antisepsia, unido a la mejora de las técnicas de hemostasia y de los procedimientos de sutura. Durante la segunda mitad del s.XIX había ido conquistando las técnicas que impulsaron su eficacia alumbrando el amanecer de una larga noche que supuso el paso de la cámara de tormento a la sala de operaciones.

Ya hacia 1900, como describe de forma muy gráfica Roy Porter en un pequeño manual: “Blood and Guts. A Short History of Medicine”, (Sangre y tripas. Una breve historia de la Medicina), «las intervenciones quirúrgicas habían dejado de ser un espectáculo indecoroso de cirujanos con levitas ensangrentadas esgrimiendo un escalpelo en salas sucias con suelos polvorientos.» El cirujano, con su bata blanca y el rito litúrgico y solemne del lavado de manos, alcanza en ese momento un prestigio mítico, casi sacerdotal…

Una serie de referencia  

Estrenada en agosto de 2014 en EE.UU., The Knick es una magnífica serie de televisión que trata sobre la vida de un hospital de Nueva York a principios del siglo XX y narra las innovaciones médicas llevadas a cabo en el ámbito de la cirugía y las complejas relaciones laborales y humanas entre sus empleados. El hospital se inspira libremente en un centro semejante que existió en la ciudad a comienzos del siglo XX.

Dirigida por el prestigioso cineasta Steven Soderbergh, responsable también de la fotografía y del montaje, la serie, cuyos diez primeros episodios han sido rodados simultáneamente, como una película y no capítulo a capítulo, muestra con enorme realismo -cruda y descarnada, truculenta en ocasiones- algunos de los aspectos más oscuros de la atención sanitaria de la época. Un hospital privado en el que la ambición desmesurada, los recelos y envidias profesionales, los negocios turbios, los sobornos, el tráfico de cadáveres, la codicia del director y de los administradores del hospital están a la orden del día. Todo ello en un contexto en el que conviven la más rancia discriminación racial con la modernidad que representa la llegada de la electricidad y de los primeros automóviles. Por muy exagerado que pudiera parecer, un curioso libro escrito y publicado en 1910 por un cirujano, (Norman Barnesby, Medical Chaos and Crime), causó un enorme escándalo al describir un buen número de conductas inadecuadas y de comportamientos indecorosos por parte de los profesionales –enfermeras de noche borrachas, cirujanos incompetentes e insuficientemente formados, directores corruptos- incluso en los hospitales más prestigiosos.
      Un anfiteatro quirúrgico (c.1899). Burns Archive

Resulta tan fascinante como inquietante, asistir al descubrimiento, introducción e incorporación en la práctica médica habitual de un buen número de nuevas técnicas y procedimientos quirúrgicos, dispositivos, instrumental, medios diagnósticos –como el aspirador de campo, los atomizadores antisépticos, la electrocauterización, el endoscopio o los rayos Roentgen-. De hecho, se calcula que, gracias sobre todo a los avances en la anestesia y antisepsia, entre 1880 y 1890 se introdujeron más de cien nuevos tipos de operaciones.

El protagonista de la serie televisiva es un brillante cirujano (el Dr. John W. Thackery), adicto a la cocaína, que se dispensaba libremente y era utilizada entonces como anestésico (vid. Dagnino Sepúlveda J. Los cirujanos y la cocaína. Ars Médica vol.14 n.14). Este personaje, (al que da vida con una excelente interpretación el actor Clive Owen),  está inspirado libremente en la figura de William Stewart Halsted, jefe de cirugía del hospital John Hopkins de Baltimore, (uno de los llamados “cuatro grandes” junto a William Osler, el patólogo William Henry Welch y el ginecólogo Howard Atwood Kelly), y sin duda una de las figuras más importantes y emblemáticas en el desarrollo de la cirugía moderna. Halsted realizó la primera transfusión de urgencia en los EE.UU, descubrió cómo utilizar diversos anestésicos y puso en práctica diversas técnicas quirúrgicas, como la mastectomía radical que fue durante mucho tiempo el tratamiento de elección del cáncer de mama. Se sabe que Halsted se habituó al consumo de cocaína junto al de la morfina, por lo cual tuvo que someterse a una cura de desintoxicación en un centro de Providence en el año 1886.

Aunque con algunos ligeros anacronismos que le añaden tintes dramáticos, la serie cuenta con un riguroso asesoramiento médico. Por ejemplo, los cirujanos aparecen operando sin guantes quirúrgicos, aunque fue precisamente William Halsted quien introdujo su uso en 1890. Es conocido que encargó a la empresa Goodyear la fabricación de unos finos guantes de látex que impidieran la aparición de la dermatitis provocada por los desinfectantes, como el cloruro de mercurio y el fenol, en su enfermera de quirófano, Caroline Hampton, que poco después se convertiría en su esposa…

El Dr. Stanley Burns, un oftalmólogo fundador y responsable de la mayor colección privada de libros antiguos y fotografías históricas sobre medicina (The Burns Archive) es el principal asesor médico y encargado de velar por el rigor científico de la serie, que ha obtenido una excelente acogida y ha recibido críticas muy elogiosas, a la espera del resultado de varias nominaciones a algunos de los más importantes premios de la televisión.

Una serie muy recomendable e instructiva desde todos los puntos de vista.

Nota final sobre la innovación en cirugía

Han transcurrido más de cien años. Han cambiado el carácter y el tipo de las innovaciones pero, con carácter general, no existen disposiciones normativas que regulen la introducción, incorporación e implantación de innovaciones en el campo de la cirugía. Recordando alguno de los episodios de The Knick, se da la circunstancia de que hace unos días tuve ocasión de asistir a una interesante cena-coloquio donde se abordó la innovación y variabilidad de la gestión clínica quirúrgica y la necesidad o no de regulación normativa de la misma. Se partió del concepto de innovación referido al proceso de adopción y difusión de ideas, modalidades de práctica, tecnologías (aparatos y dispositivos) y procedimientos que han demostrado, de manera verificable, mejoras radicales o incrementales en la experiencia asistencial de los pacientes, en el uso de recursos y en los resultados en salud. Por regulación se entiende el conjunto de requerimientos normativos facilitadores del proceso de evaluación de las fases de concepción, aprobación, adopción y difusión generalizada de las innovaciones.

En relación con ello, se aludió al carácter y condición de “marcador vigía” de la cirugía como referente de la adecuación de la organización y calidad asistencial del sistema sanitario, así como de la capacidad de gestión del proceso de introducción de innovaciones y de sustitución de tecnología y procedimientos de valor declinante u obsoleto.

En la sesión se destacó la llamativa diferencia existente entre la exigencia regulatoria de los medicamentos, aparatos y dispositivos sanitarios o medios diagnósticos y las innovaciones en la práctica quirúrgica (técnicas o procedimientos), que carecen de ella, señalando los errores y resultados adversos asociados a la variabilidad injustificada de la práctica clínica, a la gestión opaca de la adopción y difusión de nuevas tecnologías, a la escasa evaluación de las medidas de seguridad y a la baja proporción de la adopción de tecnologías y procedimientos debidamente fundamentados en evidencia científica de eficacia y seguridad incrementales.

Sin llegar a conclusiones definitivas y más allá de la idiosincrasia y del carácter iterativo de su avance, como supuesta limitación específica de la cirugía para la evaluación clínica de sus innovaciones fundamentales e incrementales, sí cabe recordar aquí las aportaciones de la Australian Safety and Efficacy Register of New Interventional Procedures - Surgical (ASERNIP-S) dependiente del Royal Australasian College of Surgeons y única organización existente a nivel mundial especializada en la evaluación de tecnologías y técnicas quirúrgicas emergentes (v. esta presentación en el  Workshop 2008 de la Red Internacional de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias INAHTA).

Mientras tanto, vean en The Knick cómo se llevaba a cabo el proceso de incorporación de las innovaciones quirúrgicas a la vuelta del s.XX. Y si quieren conocer algo más sobre la historia de la cirugía a lo largo del siglo XIX, pueden leer este libro: “El siglo de los cirujanos”, de Jürgen Thorwald, una obra tan entretenida y apasionante como una buena novela…
Por cierto la serie también tiene una cuenta de Twitter: @AtTheKnick 

P.S. Apenas 24 horas más tarde de publicado el post, el Dr. Carlos Campillo-Artero me hace llegar un correo en el que añade y comenta que el National Institute for Health and Clinical Excellence (NICE) cuenta también con un programa de evaluación de cirugía, iniciado en 2003 (NICE´s Interventional Procedures Programme). Para más información, ver su excelente artículo: Regaining Health Technology Assessment from Oblivion: Improving and Integrating Regulation of Drugs, Medical Devices, Diagnostic Tests and Surgical Innovations, en el libro colectivo recientemente publicado (nov.2014): Health Technology Assessment and Health Policy Today: A Multifaceted View of their Unstable Crossroads.

Quede constancia de ello...


lunes, 21 de julio de 2014

Sobre la “voz del cliente” en la Sanidad


Pareciera como si en Castilla-La Mancha, desde hace ya varios años, (casi) nos hubiéramos acostumbrado a la reiterada y sucesiva aparición de noticias sobre el más que evidente y generalizado malestar ciudadano (y profesional) por el deterioro de los servicios sanitarios públicos. Las razones son de sobra conocidas: reducción del presupuesto sanitario, paralización de obras e inversiones, incremento de las listas de espera en consultas, exploraciones o intervenciones quirúrgicas, cierre de camas hospitalarias, disminución del número de profesionales, masificación en los servicios de urgencia, derivaciones a otros centros sanitarios fuera de la región, desatención a personas en situación de dependencia, privatización de servicios, recortes indiscriminados, etc. En este clima, resulta cuando menos ‘original’ y llamativo que la propia Presidenta de Castilla-La Mancha haya difundido hace unos días los (exageradamente favorables) datos de una encuesta de satisfacción con los servicios sanitarios del SESCAMIndudablemente se trata de una novedad: nunca antes ningún presidente en ninguna comunidad autónoma había presentado un estudio de este tipo (siempre suele ser un Director General, el Gerente del Servicio de Salud o, como mucho, el Consejero/a). A la vista de los resultados presentados(que no han dejado de sorprender a propios y extraños), la mayoría de los diarios y medios de comunicación digitales no han tardado en manifestar sus más que fundadas dudas y sospechas sobre los mismos.

Los orígenes de los estudios de satisfacción

Al menos desde los años 90 del pasado siglo, a partir de diferentes tendencias surgidas en el seno del mundo empresarial, numerosos gobiernos y administraciones públicas en todo el mundo adoptaron un enfoque que consideraba a los ciudadanos como “clientes” de los servicios gubernamentales y, en consecuencia, suponía la obligación de comprender y responder mejor a sus demandas y necesidades, desde una perspectiva que se enmarca en el contexto general de la cultura de consumo contemporánea. Fue así como algunas herramientas de la gestión empresarial, tales como la denominada “Gestión de la Calidad Total”, el “Cuadro de Mando Integral” o la metodología de la mejora continua, que ponen el énfasis en la satisfacción de los clientes como elemento clave para la mejora de la gestión, fueron progresivamente incorporadas a la administración pública, (vid. Guía para la evaluación de la calidad de los Servicios Públicos), como una forma de que las organizaciones públicas estuvieran más orientadas a los ciudadanos/clientes. En el ámbito de la calidad y de la gestión se denomina “voz del cliente” al proceso mediante el cual las empresas y organizaciones recogen las preferencias y experiencias de sus clientes/usuarios para compartirlas dentro de la organización y aprender de ellas.

Las investigaciones sobre la calidad de los servicios son esenciales si lo que se pretende es la mejora continua de cualquier organización. Estos estudios se centran en el cliente como eje sobre el que gira todo el sistema. En este sentido, las empresas de servicios han dejado de considerar a los clientes como meros destinatarios de sus ofertas para pasar a convertirse en verdaderos evaluadores y árbitros de su gestión.

Resulta ocioso señalar que, desde la perspectiva de la mejora de los servicios públicos, éstos deben ser cada vez más sensibles a las necesidades y aspiraciones de los usuarios, lo que requiere una mejor comprensión de lo que hace que estén satisfechos y de cómo esto se puede medir. Este es el origen de los estudios y encuestas de satisfacción ciudadana que periódicamente se llevan a cabo desde diferentes observatorios e instituciones para valorar distintos programas o servicios públicos: bibliotecas, transporte, educación, etc. En España, en el ámbito de la sanidad destaca el denominado Barómetro Sanitario que, a instancias del Ministerio de Sanidad, se viene realizando anualmente desde 1995.

Algunas precisiones técnicas

En general, para explorar los atributos o características de calidad de los servicios, recoger la opinión de los usuarios y medir su satisfacción existen distintos métodos: encuestas y estudios de opinión, entrevistas con directivos y técnicas con grupos focales o grupos nominales para identificar puntos fuertes y áreas de mejora, aplicación de técnicas del “cliente misterioso” para identificar puntos conflictivos, círculos de calidad o grupos de mejora, recogida y análisis sistemático de sugerencias y reclamaciones, etc.

A grandes rasgos existen dos grandes clases o tipos de estudios: técnicas o métodos cualitativos (reclamaciones, sugerencias, entrevistas, grupos focales, escucha activa, observación sistemática, etc.) y métodos cuantitativos (encuestas, cuestionarios).

En todo caso, una de las cuestiones más importantes a tener en cuenta a la hora de recopilar datos procedentes de los ciudadanos sobre sus experiencias y el grado de satisfacción con los servicios públicos es la metodología empleada. Véanse a modo de ejemplo las publicaciones:



Con respecto a las encuestas de satisfacción con la atención sanitaria recibida, que se vienen utilizando en España desde finales de los años 80, presentan un formato que permite explorar múltiples aspectos y dimensiones de la atención sanitaria. Algunos autores llegan a considerarlas incluso como una forma de participación en la evaluación y mejora de los servicios sanitarios. Entre otros aspectos que pueden valorarse se encuentran: trato personal y empatía de los diferentes profesionales, cantidad y tipo de información que se presta al paciente y familiares, competencia técnica del personal sanitario, estado y confort de las instalaciones, facilidades de acceso, grado de dificultad o trámites burocráticos, continuidad de los cuidados, resultado percibido de la asistencia y valoración global de la asistencia.

Desde un punto de vista técnico, las encuestas de satisfacción de pacientes requieren una serie de propiedades psicométricas que garanticen su fiabilidad y validez, especialmente cuando el propósito es extrapolar los resultados obtenidos a la población. Entre otros criterios y requisitos que deben tenerse en cuenta se encuentran la elaboración del cuestionario, (brevedad, claridad, especificidad), formato de las respuestas, tipo de escala de valoración utilizada, así como el sistema de aplicación, recogida y toma de datos, bien mediante un cuestionario autoaplicado, por entrevista presencial o telefónica.

Otra cuestión no menor, para poder obtener inferencias o conclusiones válidas, es el de la selección de las personas a entrevistar o a quienes se aplica la encuesta, es decir el procedimiento de selección de la muestra, sus características para que sea realmente representativa y proporcional a la población objeto de estudio, el tamaño mínimo para evitar sesgos y errores de selección, etc.

Sobre la satisfacción en la atención sanitaria

Aunque en términos técnicos no es exactamente lo mismo, la calidad percibida suele identificarse con la satisfacción del paciente, es decir con la evaluación (positiva o negativa) en el largo plazo que los pacientes realizan de la atención recibida en cada encuentro con los servicios sanitarios por ellos demandados. Son percepciones subjetivas de una realidad objetiva. En última instancia, el nivel de satisfacción de los usuarios de un servicio no es sino la relación entre la percepción del servicio recibido y las expectativas previas de los usuarios.

El concepto de satisfacción del paciente, como el de calidad asistencial, es “multidimensional”; al hablar de satisfacción nos referimos, normalmente, al conjunto de elementos de la atención en los que los pacientes más se fijan y más valoran. Entre ellos se encuentran: el resultado de la intervención sanitaria, la accesibilidad al sistema, al centro y los profesionales, la rapidez y capacidad de respuesta cuando se precisa atención, preferencias y expectativas, la competencia percibida de los profesionales, la cortesía en el trato, la información que se le facilita, la coordinación y continuidad de las atenciones sanitarias, y el estado o grado de confort de las instalaciones. Una atención sanitaria “ideal” para los pacientes incluye, sobre todo información suficiente y comprensible, amabilidad y cortesía en el trato, que los profesionales sanitarios y no sanitarios le demuestren al paciente interés por su problema, que ofrezcan un trato personalizado y que den muestras de una alta competencia profesional.

Desde hace tiempo se vienen estudiando las características de las medidas de satisfacción de los pacientes. Sin tener que recurrir a (nuevas) encuestas, ya se sabe que entre un 70 y un 80% de los pacientes están satisfechos con las atenciones recibidas en el sistema sanitario público. Con carácter general, los dos aspectos que se destacan como positivos en la mayoría de las encuestas y estudios son: competencia profesional y trato. Los pacientes de mayor edad se manifiestan más satisfechos que los jóvenes, el nivel socioeconómico se relaciona también con la satisfacción, y parece que las mujeres se declaran algo más satisfechas que los varones.

Mediante técnicas de investigación cualitativa los resultados del análisis de las causas de insatisfacción de los pacientes arrojan resultados muy similares. Estos estudios muestran que las listas de espera, la lentitud en la realización de pruebas diagnósticas, la masificación de las consultas, la escasa coordinación entre niveles, una deficiente infraestructura sanitaria en el ámbito rural, la ineficacia para resolver las reclamaciones de los pacientes, las carencias de especialistas en algunos centros y la insuficiente información, generan insatisfacción en atención primaria. Las condiciones de confort inadecuadas, una reducida capacidad de respuesta, escasa accesibilidad y problemas de índole organizativa son citadas como causas de insatisfacción en hospitales.

A pesar de todo lo que ya sabemos, existen aún una serie de barreras organizacionales que afectan y dificultan un mejor uso y aprovechamiento de las encuestas. Entre otras se han señalado la deficiente infraestructura para la mejora de la calidad, la tradicional estructura jerárquica aún imperante en las organizaciones sanitarias, -que hace muy difícil tomar decisiones importantes a partir de determinados niveles-, y la competencia entre diversas prioridades de tiempo y recursos financieros, entre las cuales “escuchar la voz de los pacientes” no ocupa precisamente los primeros puestos. Entre las barreras profesionales se mencionan las actitudes defensivas o escépticas del personal ante los resultados de las encuestas y las dificultades de comunicación entre el personal que maneja los datos de las encuestas y los profesionales que tienen que reaccionar ante ellos.

Encuestas propagandísticas

Volviendo a la encuesta presentada en estos días, y a partir de los (escasos) datos conocidos (no se conoce la ficha técnica completa) cabe presumir que la encuesta se ha llevado a cabo sobre una muestra claramente insuficiente. Se desconoce el tamaño de la población estudiada (el número de pacientes atendidos en cada ámbito). No se sabe en qué periodo o en qué fechas anteriores a la encuesta los pacientes recibieron asistencia sanitaria. No sabemos la distribución de la muestra por centros; se desconoce el cuestionario utilizado, la sistemática o el procedimiento seguidos para su aplicación, así como la forma de recogida y explotación de datos. Tampoco se han explicado las escalas de valoración utilizadas. No existen -o no se han facilitado- elementos de comparación/evaluación con respecto a estudios anteriores que permitan valorar tendencias, de cara a adoptar posibles medidas correctoras. Algunas de las explicaciones facilitadas a posteriori no resultan concluyentes ni ayudan a despejar las dudas e incertidumbres sobre la metodología y el procedimiento utilizados, añadiendo mayor confusión si cabe (universo poblacional, forma de recogida de los datos, reducido tamaño de las muestras, etc.).

En todo caso, lo que sí queda claro es que no resulta adecuado emplear este tipo de instrumentos con fines exclusivamente políticos o propagandísticos, en vez de utilizarlas cómo herramientas para mejorar la gestión (vid. Cómo escuchar, cómo aprender y cómo responder: las encuestas ciudadanas como una herramienta para la reinvención del gobierno). Una perspectiva que, por otra parte, no debe hacer perder nunca de vista que los ciudadanos no son simples usuarios, sino que son también “propietarios” de su gobierno o administración. El supuesto “servicio al cliente” no puede sustituir nunca las bases constitucionales de un gobierno democrático cuya legitimidad y credibilidad ha de conseguirse y ser revalidada todos los días mediante un ejercicio continuado de transparencia, información y práctica democrática.

En 1909, Lawrence Lowell (decano de la Universidad de Harvard) refiriéndose a las estadísticas escribió que, «como algunos pasteles, son buenas si se sabe quién las hizo y se está seguro de los ingredientes». En este caso desconocemos ambas cosas,  pero parece que a algún repostero se le ha ido la mano…



martes, 25 de febrero de 2014

Sobre Calidad Asistencial #VISCLM


Numerosos autores y organizaciones han venido definiendo la calidad asistencial describiendo el concepto de acuerdo a una serie de dimensiones. Las dimensiones más frecuentemente citadas, según recoge la bibliografía, incluyen (en orden descendente de frecuencia) efectividad, eficiencia, acceso, competencia técnica, equidad, adecuación, disponibilidad, seguridad, respeto, oportunidad, experiencia asistencial del paciente, elección/disponibilidad de información, continuidad asistencial, prevención/detección temprana y evaluación.

Según la Subcomisión de Calidad del Consejo Interterritorial del SNS, la Calidad Asistencial se define como el “Compromiso de todas las personas de una organización, que quieren hacer las cosas mejor aplicando el conocimiento disponible y aprovechando cualquier oportunidad de mejora para satisfacer las expectativas de los usuarios, cuidando de su seguridad y haciendo un uso eficiente de los recursos disponibles” (2002).

En realidad la calidad asistencial se define en cada momento por la comunidad científica, por los profesionales, por los pacientes y la sociedad en general, y por las propias administraciones y organizaciones sanitarias, en función de prioridades establecidas conforme a determinados valores sociales vigentes, necesariamente cambiantes y en constante evolución.

En el momento actual, de manera resumida y a grandes rasgos, estas prioridades se encontrarían contenidas en los siguientes objetivos generales:

-Prestar una asistencia sanitaria acorde con el estado de los conocimientos científicos.
-Proporcionar unos cuidados apropiados a las necesidades de los pacientes.
-Asegurar la continuidad de los cuidados.
-Proporcionar una atención que satisfaga las expectativas y demandas de los pacientes.

Así, por ejemplo, en el informe de la Future Hospital Commission publicado en el Reino Unido en septiembre de 2013, se enumeraban las siguientes dimensiones o ‘dominios’ de la calidad en la atención sanitaria que debería prestarse en los hospitales:
Hace ya unos años, en el marco de la III Jornada de Calidad de la Asistencia Sanitaria, organizada por el SESCAM en Toledo, el 31 de marzo de 2006, se celebraba la Asamblea Constituyente de la Sociedad de Calidad de Castilla-La Mancha (SCLM) cuya fundación se había llevado a cabo unas semanas antes (ver Acta fundacional).

Un grupo de profesionales de diferentes ámbitos, (tanto clínico-asistenciales como del campo de la gestión/administración sanitaria), comprometidos e interesados en la mejora continua y en la calidad de los servicios, decidimos constituir y poner en marcha la Sociedad de Calidad Asistencial de Castilla-La Mancha que, con más o menos altibajos, sorteando distintos avatares y circunstancias diversas, ha venido funcionando a lo largo de los últimos ocho años.
Estas son la Misión, Visión y Valores de la SCLM:

Misión. Contribuir al fomento de la calidad de la atención socio-sanitaria y a la promoción de  una cultura de seguridad asistencial, colaborando en la integración de los profesionales que intervienen directa o indirectamente en la asistencia desde organizaciones, instituciones, centros y servicios de salud o sociales en el ámbito de Castilla-La Mancha.

Visión. Ser una Sociedad multidisciplinar, reconocida y apreciada por ser innovadora, creativa y proporcionar un espacio de intercambio de información para la promoción, docencia e investigación de la gestión de la Calidad Asistencial en todas sus dimensiones.

Valores. La solidaridad, el respeto, la tolerancia, la objetividad,  la equidad, la responsabilidad social, la integración y la eficiencia.

Estos son los fines de la SCLM, recogidos en sus Estatutos:

1.  Agrupar a todos aquellos profesionales, organizaciones, instituciones, etc., orientados a promover la salud, sea cual sea el nivel en el que desarrollan su actividad profesional, interesados en el desarrollo de la Calidad, en todas sus dimensiones, en los centros y servicios de atención sanitaria y sociosanitaria. Entendemos un servicio de calidad aquel regido por la consideración bioética, científicamente basado, técnicamente adecuado, satisfactorio, saludable y participativo para aquellos a los que va dirigido y para los profesionales que lo ofrecen, socialmente responsable y respetuoso con el medio ambiente.

2.    Facilitar a sus miembros el ejercicio de las actividades de evaluación y mejora de la calidad en todos los lugares y niveles donde ésta pueda o deba realizarse y proponer métodos válidos para la realización de dichas actividades. 

3.    Estimular el interés de las instituciones relacionadas con la salud en la evaluación de la calidad y facilitar su proyección mediante estudios y actividades relacionadas con la misma.

4.    Promover y difundir los estudios relacionados con la calidad en todas sus facetas y contribuir a la formación y perfeccionamiento de expertos en su realización, a través de los diversos mecanismos a su alcance.

5.    Crear y difundir un fondo bibliográfico.

6.    Organizar congresos o reuniones y toda clase de cursos, estudios de investigación y otras actividades relacionadas con el tema.

7.  Editar publicaciones relacionadas con la materia y mantener o promover la formación de bibliotecas especializadas en este tema.

8.  Asesorar a las personas y organismos, tanto públicos como privados, sobre aspectos científicos y aplicaciones prácticas de estudios de mejora de la calidad.

9.    Colaborar con organismos, entidades, centros o autoridades socio-sanitarias en el análisis y la búsqueda de propuestas de mejora de problemas relacionados con la calidad.

10.  Cualquier otra función relacionada con el campo específico de la evaluación y mejora continua de la actividad sanitaria.

Sin duda la actividad científica más importante de la SCLM es la celebración de una Jornada Regional de Calidad dirigida a profesionales del ámbito sociosanitario y gestores de Castilla-La Mancha interesados en la mejora de la calidad asistencial. Tras un período de tres años en que no pudo llevarse a cabo, se ha organizado una nueva edición de esta Jornada, que tendrá lugar en el edificio de los Servicios Centrales del SESCAM en Toledo, el próximo 7 de marzo.

De acuerdo con el Programa de esta VI Jornada de Calidad Asistencial y Seguridad del Paciente, #VISCLM está prevista la presentación de las comunicaciones enviadas por profesionales sanitarios de Castilla-La Mancha al último congreso de la SECA celebrado en 2013 en Valencia; se desarrollarán talleres de trabajo sobre temas clave en calidad y seguridad del paciente; se presentará la norma UNE 179003 de gestión de riesgos y se dedicará una mesa al despliegue de experiencias sobre desarrollo, implantación y evaluación de procesos asistenciales integrados en enfermedades crónicas. Para su realización hemos contado con el apoyo y colaboración institucional del Servicio de Salud de Castilla La Mancha (SESCAM).

Desde aquí hacemos un llamamiento y animamos a la asistencia a este interesante evento.

P.S. Aprovechamos este post para incluir un enlace al Manual de Calidad Asistencial, elaborado en su día por la SCLM, y que hasta hace poco tiempo se encontraba disponible en la página del SESCAM, (de donde fue eliminado junto a otros documentos). Puede descargarse también aquí, en la página web de la SCLM.

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