martes, 26 de junio de 2018

Sobre indumentaria profesional



Hace ya unos años, en los inicios de este blog, publicamos una entrada, (Batas blancas: atuendo y vestimenta sanitaria), en la que comentábamos un curioso trabajo aparecido en 2005 en el BMJ (Judging a book by its cover: descriptive survey of patients' preferences for doctors' appearance and mode of address) que recogía los resultados de una encuesta que pretendía conocer las preferencias de los pacientes con respecto a la indumentaria del personal médico, fueran de uno u otro sexo, y la forma de presentarse o dirigirse a ellos…

Más allá de interpretaciones antropológicas y de posibles contenidos simbólicos sobre la ropa, los uniformes y las vestimentas más o menos litúrgicas, (básicamente los símbolos no son sino formas de comunicación de mensajes sociales), decíamos entonces que: «En general se considera que un tipo de vestimenta formal es importante en la atención al paciente, y pueden imaginarse varias razones posibles: las expectativas de la sociedad, la tradición, la asociación de la apariencia con la competencia, la identificación de la autoridad, la evitación de apariencias que distraigan... Quizás esta tendencia hacia la vestimenta tradicional deriva de una combinación de factores sociales que se aplican a los "profesionales" o al "éxito" en general, y la vinculación histórica profunda de la indumentaria con la práctica médica, en particular.»

Y añadíamos: «Nos encontramos sin duda en un terreno ‘resbaladizo’ y cambiante, muy condicionado socialmente y relacionado con las ideas, los gustos y preferencias previas, la moda, los valores, la edad y el contexto cultural en el que nos encontremos.»

 Pues bien, en esta misma semana, un artículo de la revista Redacción Médica (¿Cómo debe vestir un médico? Mejor pijama o traje que vaqueros y zapatillas) se hace eco de un estudio transversal más reciente de ámbito nacional (EEUU) sobre este mismo asunto llevado a cabo en la Universidad de Michigan, para examinar las percepciones, expectativas y preferencias de los pacientes con respecto a la indumentaria de médicos/as, que revela que aquellos confían más o menos en ellos/ellas en función de la ropa que vistan.


El estudio, bastante robusto, publicado en BMJ Open, (Petrilli CM, Saint S, Jennings JJ, et al. Understanding patient preference for physician attire: a cross-sectional observational study of 10 academic medical centres in the USA), viene a demostrar que la apariencia física importa y que los pacientes juzgan a sus médicos/as (también) en función del atuendo que llevan en la consulta. La ropa influye en el nivel de satisfacción con la atención sanitaria recibida en más de un tercio de las personas encuestadas. En conclusión, las personas atendidas tienen expectativas y percepciones importantes acerca de la indumentaria médica que varían según el contexto y la región, por lo que el análisis de las medidas sobre el dress code de los médicos para mejorar la satisfacción de los y las pacientes parece importante.


Así, el personal facultativo ataviado con vestimenta informal, como camiseta, zapatillas deportivas y pantalones vaqueros, genera menos confianza entre las personas a las que atienden que quienes van vestidos con ropa formal o pijama sanitario. En todos los casos, tanto formales como informales, así como con el pijama, todas las personas encuestadas valoraban mejor a profesionales que, además, llevaban bata blanca.

El estudio confirma que el atuendo que mayor puntuación obtuvo (el preferido) fue el formal con bata blanca, seguido por el pijama con bata blanca y el formal sin bata, y que los resultados eran los mismos para ambos sexos.

«La vestimenta profesional en Wall Street, en el mundo jurídico-legal y en otros ámbitos es clara. Sin embargo, en Medicina el código de vestimenta es bastante heterogéneo y deberíamos asegurarnos de que nuestro atuendo refleje un cierto nivel de profesionalidad que tenga en cuenta las preferencias de los pacientes», refiere Christopher Petrilli, uno de los autores del estudio y profesor de medicina interna en la Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan.

La encuesta, que se realizó a 4.062 pacientes de diez centros médicos, también refleja que la preferencia de los ciudadanos con respecto al atuendo de los facultativos que les atienden varía en función de si se trata de un centro de Atención Primaria, de la consulta de especialistas o de profesionales médicos/as de urgencias.

De esta forma, el 55% de las personas encuestadas prefiere que el médico/a que le atiende en su centro de salud lleve bata blanca, un porcentaje que asciende hasta el 72% de pacientes si se trata de la consulta de especialista en el hospital. Menos importancia le dan a este aspecto en urgencias, donde sólo el 44% de las personas encuestadas creen que el facultativo/a debería llevar la bata.

Sobre la metodología del estudio: entre junio de 2015 y octubre de 2016, se distribuyeron un total de 6.280 encuestas en 10 centros sanitarios docentes de los Estados Unidos, de las cuales se cumplimentaron y analizaron 4.062 (tasa de respuesta = 65%).

El cuestionario de la encuesta (elaborado a partir de una revisión sistemática previa que exploró el papel de la indumentaria de los médicos/as sobre las preferencias y satisfacción de los/las pacientes), constaba de 22 preguntas que indagaban la importancia que tenía para las personas entrevistadas el atuendo de los médicos/as, e incluía fotografías de un médico varón y de una mujer médica ataviados con variadas formas de atuendo, (un total de 7 posibilidades: casual, formal y con pijama sanitario, -en los tres casos con o sin bata-, y con traje), solicitándoles que pensaran en ellos en entornos sanitarios. El cuestionario se administró a pacientes adultos/as atendidos/as bien en consultas externas (ambulatorios/as) o ingresados/as en el hospital.

Para cada fotografía que se les mostró, las personas encuestadas calificaron mediante una escala de 1 a 10 (en la que 1 significaba “alguna preferencia” y 10 “máxima preferencia”), en  qué medida el médico/a que aparecía en ella transmitía la apariencia de tener los conocimientos necesarios para tratarle, si le parecía confiable, comprensivo o accesible, y cómo le hacía sentirse en general.


Las opiniones de las personas que respondieron sobre la importancia del vestido y de la bata blanca fueron agrupadas mediante una escala de Likert de 1 a 5 (en la que 1 significa “completamente en desacuerdo” y 5 significa “completamente de acuerdo”). La satisfacción de los y las pacientes se evaluó basándose en el grado de acuerdo con dos cuestiones: “La forma en que viste mi doctor/a es importante para mí”, y “La forma en que viste mi doctor/a influye en cómo de feliz me siento con la atención recibida”.

El análisis de las respuestas tuvo en cuenta la edad, el género, nivel educativo, raza y número de visitas previas al médico/a.

Los autores concluyen que aunque el atuendo del médico/a no puede reemplazar o suplir una excelente atención clínica, los datos obtenidos sugieren que puede influir en cómo los/las pacientes perciben el cuidado recibido y tal vez sobre lo dispuestos que están a confiar (o no) en sus médicos/as. En una época de centralidad y de satisfacción del paciente, el atuendo del médico puede ser un componente importante -y modificable- en la atención al paciente. Dado que existen percepciones y expectativas diferentes respecto al vestido médico por parte de los pacientes, -en función del contexto y de las diferentes regiones-, parece relevante matizar las medidas que tengan en cuenta y apunten a tales factores. En este sentido, parecen necesarios futuros estudios sobre la implementación de tales medidas en hospital, en consultas externas y en urgencias.

Finalmente parece que en estos confusos tiempos de imposturas y fake news, el hábito sí hace al monje...
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jueves, 12 de abril de 2018

SPQR (‘Los idus de marzo’)


               La morte di Cesare (c.1798) de Vincenzo Camuccini (1771-1884)

S.P.Q.R.: Acrónimo de Senātus Populusque Rōmānus ('El Senado y el Pueblo Romano')
“Es difícil dejar de convertirse en la persona que los demás creen que uno es.”
Thornton Wilder (1897-1975)

Conservo un viejo y (ya) gastado ejemplar de Los idus de marzo en una edición conjunta de Alianza Editorial y Emecé Editores en traducción de María Antonia Oyuela, con una amable dedicatoria de mi amigo (entonces compañero de trabajo) Ángel Amador Muñoz:

«Ahí, al otro lado de la calle, existe un mundo que late con fuerza, pero desgraciadamente solo pueden verlo aquellos que aprendieron a mirar.»
11 de julio de 1986
Publicada originalmente en 1948, he vuelto en estos días a esta excelente novela, con motivo de su lectura en una tertulia literaria: «Una ficción sobre determinados hechos y personas pertenecientes a los días postreros de la República Romana», así califica Thorton Wilder (1897-1975) su obra, que relata los últimos meses de la vida de Julio César, en el año 44 a. C.

En realidad no se trata propiamente de una novela histórica o una biografía novelada, sino la narración de un relato alegórico que, a partir de algunos hechos históricos, se abre a lo puramente literario para llevar a cabo una (magnifica y didáctica) reflexión acerca del carácter y de la condición humana. Aunque predomina el género epistolar, la novela está construida de manera fragmentaria a partir de diversos documentos apócrifos, cartas imaginarias, supuestos diarios personales, informes secretos, poemas, sátiras teatrales e incluso notas sobre las predicciones del colegio de augures y de los arúspices  basadas en la observación del estado de las entrañas de las aves, las señales del cielo, la conducta de  los animales y otros acontecimientos extraordinarios.


Partiendo de la versión parcial y necesariamente incompleta que cada texto representa, Los idus de marzo (nos) obliga a ensamblar un relato que, a pesar de los distintos estilos y puntos de vista, aparece contado con enorme verosimilitud a través de las imaginarias voces de los diferentes narradores. En este sentido, los principales personajes históricos que aparecen en sus páginas son los siguientes: 

Julio César, dictador de Roma. 
Clodia Pulcher, mujer extremadamente irascible, inteligente y fascinante; con su vida escandalosa personifica y hace patente el ridículo de la sociedad romana.
Publio Clodio Pulcher, su hermano, un auténtico truhán; sólo juega un papel menor.
Marco Tulio Cicerón, notable orador, estadista, teórico político, abogado y filósofo.
Julia Marcia, tía de Julio César.
Pompeya, segunda esposa de César.
Cornelio Nepote, biógrafo e historiador.
Cayo Valerio Catulo, conocido poeta latino enamorado de Clodia. (La novela incluye algunos de sus poemas, que aparecen según la traducción del propio Thorton Wilder).
Cleopatra, reina de Egipto y amante de César.
Cytheris, actriz de origen plebeyo, muy admirada por César; Marco Antonio fue su amante durante 15 años.
Marco Antonio, inicialmente es el amante de Cytheris; se encuentra y se enamora de Cleopatra en el transcurso de la novela.
Marco Porcio Catón, (Catón el joven) reconocido estoico, se convierte en líder de la oposición a la dictadura de César.
Servilia, ex-amante de César, hermanastra de Catón, madre de Marco Bruto.
Marco Junio Bruto, el más famoso de los asesinos de Julio César, sobrino de Catón.
Porcia, esposa de Bruto, hija de Catón.
Calpurnia, tercera esposa de César.
Suetonio, historiador y prominente biógrafo romano; su narración (histórica) del asesinato cierra la novela.

Aunque no se trata de una figura histórica real, uno de los personajes más importantes de la obra es Lucio Mamilio Turrino, amigo y antiguo compañero de armas de César, que vive jubilado en la isla de Capri; varios personajes le escriben trasladándole sus confidencias, pero él nunca responde.

Todos los documentos contenidos en la obra –advierte Wilder- son ficticios, fruto de la imaginación del autor, excepto los poemas de Catulo y la página final, extraída de las Vidas de los doce Césares, de Suetonio. Sin embargo, algunos de los hechos narrados,  que quizás pudieran parecer más sorprendentes, son históricos, como la visita de Cleopatra a Roma en el 46 a.C. (inmortalizada en la célebre película de Joseph L. Mankiewicz de 1963).


La novela transcurre en una etapa de cambios vertiginosos, tras las imponentes campañas de Julio César en Hispania, las Galias, Colonia y Egipto. En este momento César ha superado la conspiración de Pompeyo y los conservadores. Ha regresado vencedor y como Dictador dueño absoluto de Roma inicia una intensa tarea de reforma. Contra una oposición poderosa incrementa el número de senadores, instituye el reparto de tierras, amplía los derechos de ciudadanía, suprime la tortura e introduce cambios en el calendario para que nuestros días se regulen mediante una provechosa adaptación a los movimientos del sol y la luna.

El tiempo histórico de la novela es un momento en el que se está gestando un enorme cambio en la concepción del individuo, en la que éste se va desprendiendo progresivamente de la tutela de los dioses y de las viejas ceremonias romanas, haciéndolo cambiar drásticamente su forma de percibir el mundo.

Destaca el diario epistolar de Julio César dirigido a Lucio Mamilio Turrino, que dibuja la otra cara del hombre de acción, revelando a una persona reflexiva, amante de la poesía y la filosofía, convencida de poseer un gran destino que cumplir y al que se niega someter a las costumbres y creencias de su tiempo. Aparece como un librepensador algo escéptico y se muestra como un gobernante que intenta ganar para Roma los beneficios del libre albedrío. Se queja de haber heredado una gran carga de superstición e insensatez.

Algunas consideraciones adicionales sobre la novela y un buen análisis sobre la figura de Catulo, dividido, viviendo entre el amor y el odio, entre la atracción y el rechazo que siente por Clodia y César, puede leerse también aquí.

Aunque la novela narra los acontecimientos previos al asesinato de César el 15 de marzo del 44 a.C., se describen varios acontecimientos anteriores como si fueran contemporáneos a esa fecha. Así, la profanación de las ceremonias y los misterios de la Bona Dea por Publio Clodio Pulcher, el posterior divorcio de César de su segunda esposa Pompeya, y la puesta en circulación de dos poemas de Catulo sugiriendo que César y su jefe de ingenieros, Mamurra, eran amantes (y las posteriores disculpas de Catulo) se trasponen desde el 62 de diciembre a.C. hasta diciembre del 45 a.C. Además, muchos de los personajes que aparecen vivos en la novela, en realidad ya habían muerto antes del 44 a.C., incluyendo a Marco Porcio Catón (en el 46 a.C.), Catulo (en el c. 54 a.C.), Julia (en el 69 a.C.) y Clodio (en el 52 a.C.).

Una obra muy admirada y reconocida por Borges y García Márquez, quien afirmaba (ver aquí) que era una fuente deslumbrante de la grandeza y las miserias del poder.

Son muchos los temas que se abordan en la obra a través de las opiniones que expresan los protagonistas en sus cartas o diarios. En un breve prefacio introductorio el autor explica que la novela está dividida en cuatro Libros: «En cada uno de ellos se suceden los acontecimientos en orden aproximadamente cronológico. Los del Libro I abarcan el mes de septiembre del año 45 a. C. El Libro II, que contiene el material concerniente al estudio de César sobre la naturaleza del amor, comienza antes y atraviesa todo septiembre y todo octubre. El Libro III, que trata esencialmente de la religión, se inicia todavía antes y se prolonga a lo largo del otoño, para terminar con las ceremonias de la Bona Dea, en el mes de diciembre. El Libro IV, que compendia todos los aspectos de la meditación de César, particularmente los relativos a su propia persona en cuanto posible instrumento del «destino»-, empieza con los primeros documentos del volumen y termina con su asesinato.»

Hemos seleccionado y agrupado aquí algunos párrafos referidos a diversos asuntos que consideramos interesantes y reflejan bien la personalidad de los protagonistas de la novela con sus palabras y manifestaciones (según la voz que les atribuye Thorton Wilder).

Sobre el futuro, esa inaprensible dimensión temporal…

“El futuro es una dimensión que los seres humanos tenemos que manejar de alguna manera, al mismo tiempo que se nos escapa irremediablemente.”
(…) la anticipación del porvenir tiene un carácter tentativo y provisorio; tan racional es el intento de prever el futuro como la disposición de corregir nuestras previsiones contrastándolas con el pasado.”
(Daniel Innerarity. La sociedad invisible. 2004)
 “Sobre el futuro podemos saber muchas cosas excepto una: no podemos saber lo que sabremos en el futuro, pues si no, ya lo sabríamos ahora.”

(Karl Popper) 
“¿Qué es el futuro, al fin y al cabo, más que una estructura de expectativas y esperanzas? Reside en la mente. Carece de realidad.”
(J. M. Coetzee. Elizabeth Costello. 2003) 
En el transcurso de la historia el deseo de conocer el futuro ha sido, es y será, con toda seguridad, uno de los asuntos que más interés ha despertado en todas las sociedades y culturas sin excepción, en todas las épocas y en todas las latitudes.

Desde los astrónomos caldeos que escrutaban el cielo intentando averiguar en los astros el destino de los seres humanos, hasta los más modernos métodos de planificación o planteamiento estratégico, han sido numerosos los métodos, sistemas o procedimientos empleados en la predicción del futuro, bien mediante la observación e interpretación de diferentes fenómenos naturales, el empleo de distintas mancias o artes adivinatorias y el uso de todo tipo de sortilegios.

A lo largo de la novela se suceden los informes y los comentarios de César sobre el (ab)uso de las prácticas adivinatorias en Roma, llegando a manifestar:

«Gobierno a innumerables hombres, pero debo reconocer que soy gobernado por pájaros y truenos.»

«En estos últimos días he estado recibiendo algunos informes absurdos y sin precedentes de los destripadores de pájaros y de los investigadores del trueno.»

Y, sin embargo, César echa de manos el pasado [en una carta a Julia Marcia]:

«Me hablas del pasado. Yo no permito que mis pensamientos se detengan mucho tiempo en él. Todo lo que al pasado se refiere –absolutamente todo- me parece de una belleza tal como nunca volveré a verla.»

También una realista Clodia, poco proclive a creer en augurios, escribe a su hermano Publio Clodio Pulcher:

«Solamente los niños, los oradores políticos y los poetas hablan del futuro como si el futuro fuera una cosa que alguien pudiese conocer. Sin embargo, y por fortuna nuestra, nada sabemos de lo que reserva.»

Sobre la política y el ejercicio de gobernante…
[César]:

«En el arte de la guerra, y en las actividades de la política, nada emprendo sin una intención absolutamente determinada. Si surge algún obstáculo elaboro rápidamente un nuevo plan, cada una de cuyas consecuencias posibles preveo claramente.»

«Creo que únicamente una soledad existe en el mundo más grande que la del jefe militar o la del jefe del Estado, y es la soledad del poeta. Porque, ¿quién podría aconsejarlo en esa incesante sucesión de elecciones que es un poema? Es en este sentido que la responsabilidad significa libertad. Cuantas más decisiones se vea uno obligado a tomar por sí mismo, tanto mayor será la conciencia que tenga de su libertad para elegir.»  

«La condición de gobernante añade nuevos grados de soledad a la esencial soledad del hombre. Cada medida que tomamos, aumenta la extensión de nuestra soledad, y cada señal de respeto que llega hasta nosotros nos separa más de nuestros semejantes.»

«…soy un político: debo representar la farsa de la más rendida deferencia a la opinión de los demás. El político es un hombre que simula estar sometido a la universal necesidad de estima, pero no puede simularlo con eficacia, a menos de estar en realidad libre de ella. Tal es la hipocresía fundamental de los políticos…»

«No se gana la adhesión de un pueblo por el mero hecho de gobernarlo según sus intereses. Nosotros, los gobernantes, hemos de consagrar buena parte de nuestro tiempo a captar su imaginación.»

«En cierta clase de reformas las perturbaciones provocadas por un cambio gradual son casi tan graves como las que provoca una alteración drástica.»

«…solo hay un camino para saber lo que uno en realidad sabe, y ese camino es arriesgar, en un acto, las propias convicciones comprometiéndolas en una responsabilidad.»

«…uno no sabe lo que sabe –ni siquiera lo que desea saber- hasta que lo desafían y se ve obligado a hacer frente.»

(A su esposa, Pompeya):

«…deberé abrirte los ojos a las dificultades que entraña la administración de un mundo, a la medida en que un gobernante se ve obligado a transigir con la codicia de los hombres capaces, al antagonismo que no falta nunca entre los subordinados, a las diferencias que existen en los territorios de conquista reciente y los que están de tiempo atrás incorporados a la República, y a los procedimientos a que es necesario recurrir para ayudar a precipitarse en su propia ruina a los testarudos.»

Sobre la Poesía, la filosofía, el amor, la vida…
[César]:

«Ya decía Platón, aquel peligroso hechicero, que los mejores filósofos son los jovenzuelos en quienes apenas apunta el bozo.»

«…la poesía es el recurso natural del ocio forzoso.»

«…el logro supremo de la vida reside en el ejercicio de la libre elección.»

«No hay rapacidad comparable a la rapacidad de los privilegiados, que creen que sus ventajas les han sido conferidas por una inteligencia superior, ni amargura semejante a la de los desamparados, que se sienten específicamente omitidos.»

«Ya desde muy temprana edad estaba yo convencido de que los auténticos poetas e historiadores son los más valiosos ornamentos de un país, y esta convicción no ha hecho sino acrecentarse con el tiempo.»

«En la vida, el primero y el último maestro es el vivir mismo, con sus riesgos y sin reservas.»

«No soy amigo de la especulación, y desde la edad de dieciséis años he considerado a la filosofía con impaciencia, como un ejercicio intelectual, atrayente, pero estéril: cómoda evasión de los deberes que el inmediato vivir impone.»

[Clodia]:
«…es precisamente la poesía la que da a la existencia un aspecto más bello del que la existencia tiene: es ella la más seductora de las mentiras y el más traidor de los consejeros.»

«…jamás gobierno alguno podrá dar a cada hombre aquello que quizá lo hiciese dichoso, porque la discordia se sienta en el corazón del mundo y está presente en cada una de sus partes.»

«La poesía es un lenguaje aparte dentro del lenguaje común concebido para describir una existencia que no ha tenido realidad nunca y que no la tendrá jamás, y lo hace con imágenes tan seductoras, que todos los hombres se ven empujados a compartirlas y a verse distintos de lo que son.»

[Cicerón (sobre Cleopatra)]: «Tiene veinticuatro años y camina como si tratara de representar veinticuatro años.»

[Cytheris (a Lucio Mamilio Turrino, glosando su amistad frente al amor perdido de Marco Antonio)]:

«…esa amistad que nunca logré conocer con Marco Antonio, porque solo florece en los espíritus afines. (…) Durante quince años no tuve motivos para preguntarme por qué se vive y por qué se sufre. Debo ahora aprender a vivir sin la amorosa mirada de aquellos ojos en cuyo fulgor soñé morir.»

[Cornelio Nepote (sobre César)]:
«Los hombres de su especie tienen tal horror al pensamiento, que se jactan de poner en práctica resoluciones súbitas. Piensan salvarse así de la indecisión, pero en realidad solo se eximen de contemplar todas las consecuencias posibles de sus actos.»

«…sostiene que negar la propia animalidad es reducirse a ser la mitad de un hombre.»

[Catulo (a Clodia)]:
«No quiero saltar ninguna etapa en el aprendizaje de este mundo como lugar de sombras y de espanto.»

[Cicerón]:
«Pero si aceptamos una poesía basada en una secreta línea de pensamiento, (…) pronto nos veremos irremisiblemente condenados a lo Ininteligible, que habremos de admitir como una forma superior de la sensibilidad. (…) Pero esto es incoherencia. Esto es el elemento bárbaro y soterrado en nuestro interior, y con el cual Homero y todos los grandes poetas han trabajado y luchado desde hace seiscientos años por libertarnos. (…)
El mantenimiento de las categorías no significa solamente la salvación de la literatura, sino también la del Estado.»

Sobre la práctica médica y el médico de César…

[César (previene a Cleopatra sobre los médicos en general)]:
«…cuídate mucho, sé prudente.
«Hiciste volver de tu puerta a mi médico. ¿No podías haber dejado que te viera? ¿No podías haber conversado con él un momento? Me dices que vuestra ciencia médica egipcia es diez mil años más antigua que la nuestra y que los romanos somos unos niños. Sí, sí, pero…Debo hablarte severamente: vuestros doctores tiene diez mil años de insensatez. Piensa, piensa por un instante en lo que es la medicina. La mayoría de los médicos son impostores. Cuanto más viejo y más venerado es un médico, tanto más ha de simular que lo sabe todo. Es natural que se pongan peores con el tiempo. Busca siempre un médico a quien los otros médicos aborrezcan. Busca a uno bien joven antes de que caiga en la insensatez. ‘Deedja’ [apelativo cariñoso], prométeme que verás a mi Sóstenes [el médico de César].

[Cornelio Nepote (refiere algunas confidencias de Sostenes, médico de César)]:

«Soy su médico. He asistido a ese cuerpo en sus convulsiones [recordemos que Julio César padecía crisis epilépticas] y he vendado sus heridas. Sé que es mortal. Pero nosotros, los médicos, aprendemos a auscultar los cuerpos de nuestros pacientes como escuchan los músicos las diversas liras que se les ponen en las manos. Y el de César, con su calvicie, con su vejez incipiente y cubierto con las heridas de muchas guerras, está transido de espíritu en cada una de sus partes. Sus poderes de recuperación son extraordinarios. La enfermedad significa desaliento, pero la dolencia padecida por César es la única que permite alcanzar un entusiasmo paroxístico y la que corresponde por tanto a su mentalidad.»

«De vez en cuando me permite que lo someta a determinados experimentos. Le impongo un ejercicio excesivo, luego lo obligo a reposar mientras realizo algunas observaciones, etc. durante una de estas inmovilidades forzosas me preguntó: ‘Si hubiese de escapar a una muerte violenta y viviese hasta una edad avanzada, ¿cuál de mis órganos fallaría primero y qué enfermedad me llevaría a la tumba?’ ‘Una apoplejía, Señor’, le contesté, con lo que pareció muy complacido. Yo sabía cuál era el fondo de su pensamiento, porque solo hay dos cosas que le inspiran terror: el dolor físico, para el que tiene una sensibilidad fuera de lo corriente, y la falta de decoro.»

«En otra oportunidad me preguntó si había algún medio o algún procedimiento por el que un hombre pudiese poner término a su vida rápidamente y sin efusión de sangre. Le expuse tres, y no dudo que a partir de ese día me ha considerado con particular gratitud y afecto.»

[Alina (esposa de Cornelio Nepote) con ocasión y hablando de la muerte de Catulo, opina sobre el médico de César]:

«Mi marido informó en seguida al Dictador de su traslado, y César le envió inmediatamente a su médico, un griego llamado Sóstenes, que es el joven asno más vanidoso que he conocido. No vacilo en afirmar que yo soy también un médico excelente. Paréceme éste un don que los Dioses Inmortales conceden a las madres. Pero el tal Sóstenes rechazó, uno tras otro, todos los remedios que desde tiempo inmemorial han probado su eficacia.»

«…y allí lo encontré desmayado en el suelo, sobre un gran charco de bilis [se refiere a Cayo Catulo] Mi marido envió de inmediato por Sóstenes, quien no tardó en llegar, y estuvo a su cabecera hasta su muerte, ocurrida una hora antes del amanecer.»

Sobre la religión, mitos, supersticiones, ritos y ceremonias…

[César (imagina cerrar las puertas de los templos)]:
«–con excepción de los de Júpiter- y precipitar a los Dioses a ese abismo del miedo y la ignorancia del cual surgieron, y a ese traicionero semimundo donde inventa la fantasía sus mentiras consoladoras.»

[César (imagina volver a escribir cuanto había escrito previamente)]:
«Y esta vez empezaba con el anuncio previo de que Júpiter no había existido nunca, de que el hombre está solo en un mundo donde no resuena otra voz que su propia voz: en un mundo que no es ni benigno ni hostil, sino solo como él sepa hacerlo.»

«¿…quién podría explicar todos los símbolos, las influencias y las manifestaciones de esa mezcla universal de terror y de júbilo que es la religión?»

«Las palabras ‘Divinidad’ y ‘Dios’ han estado en circulación entre los hombres desde hace mucho tiempo. Tiene un millar de significaciones, y cada persona admite varias.»

[César (a Lucio Mamilio Turrino)]:
«¿Acaso sé con certidumbre que no hay una inteligencia que trasciende nuestras vidas, y que no existe misterio alguno en el Universo? Creo saberlo. ¡Qué felicidad, qué alivio tan grande sería poder declararlo así, con una convicción absoluta! En tal caso, hasta podría desear vivir eternamente. ¡Qué terrible y glorioso sería el destino del hombre si, carente de toda orientación y consuelo, se viera obligado a crear con la sustancia de sus entrañas el sentido de su existencia y a establecer las normas que rigieran su vida!
Tu y yo decidimos, hace tiempo, que los dioses no existen.»

[Clodia (a César)]:
«Tú afirmabas que el universo no sabe que los hombres están viviendo en él.»

[César (a Lucio Mamilio Turrino, sobre los Misterios de la Bona Dea y los cambios que estos ritos y ceremonias provocan en las mujeres)]:
«Los Misterios, según tengo entendido, conjuran la esterilidad y previenen los partos monstruosos y catastróficos. Armonizan, y en cierto modo santifican, la vida de la mujer, sobre la cual hasta los más sesudos doctores confiesan saber muy poco. No es, pues, difícil entender que su influencia benéfica no se detiene allí, ya que con todo ello afirman la vida misma y aseguran la humanidad y la creación enteras. Poco puede asombrarnos entonces que nuestras mujeres regresen al hogar como seres de un mundo distinto y discurran en torno de nosotros durante un tiempo como radiantes extranjeras. Se les ha dicho que mantienen el curso de los astros y conservan en su lugar hasta las piedras de los pavimentos de Roma. Por eso, cuando al cabo de algunos días se entregan a nosotros, lo hacen con un orgullo no exento de desdén, como si los hombres no fuésemos sino instrumentos accidentales de su poderosa misión.»

«Me pregunto, perplejo, qué opinión puede tener de la mujer el hombre que no ha tenido la fortuna de vivir en la proximidad de grandes mujeres. ¡Qué tonta arrogancia debe inspirarle el mero hecho de ser hombre!»

«Lograr que cada mujer halle dentro de sí su propia diosa: tal debería ser el significado de los ritos.»
Terminamos con algunas de las versiones cinematográficas que han recreado el asesinato de Julio César.


Una última recomendación: No se pierdan a la historiadora Mary Beard contando la historia de Roma en unos espléndidos libros y en unos magníficos documentales…

miércoles, 7 de febrero de 2018

Lecturas para la humanización (V)


         Sesión fotográfica de Spencer Tunick. Plaza del Zócalo (Ciudad de México), 6 mayo 2007. AP Photo/Darío López-Mills
«Hace tiempo estaba indeciso, pero ahora ya no estoy tan seguro.»
Boscoe Pertwee
(citado por Umberto Eco en su libro ‘Kant y el ornitorrinco’)
Volvemos a refugiarnos en los libros…

He aquí unas nuevas sugerencias y propuestas de lectura que hacen bueno ese listado de razones por las que leer, recibido hace unas semanas a través de Twitter (vía @ValaAfshar):

Por qué leemos:

                                               1. Para aprender
                                               2. Para ‘escapar’
                                               3. Para confirmar [nuestras] creencias
                                               4. Para saber que no estamos solos
                                               5. Para encontrar nuevas ideas
                                               6. Para inspirarnos
                                               7. Para aprender a pensar
                                               8. Para permanecer abiertos al conocimiento
                                               9. Para atrevernos a soñar
       10. Para ganar coraje
       11. Para tener esperanza
       12. Para fortalecer convicciones
       13. Para aprender a escribir
       14. Para enamorarnos
                                             (...)

Cuatro libros de un autor fascinante: Guido Ceronetti

EL SILENCIO DEL CUERPO (1979)

Creo que fue un médico urólogo [Joaquín Fernández @joaquinuro] quien me habló en el SESCAM hace unos años de Guido Ceronetti, un escritor italiano entonces desconocido para mí, y me recomendó uno de sus libros: un texto deslumbrante aparecido originalmente en 1979 titulado El silencio del cuerpo, repleto de citas, pensamientos como relámpagos, aforismos que son auténticos latigazos y ácidas reflexiones sobre la práctica de la medicina. Sugerente y provocador, compuesto de manera desordenada y fragmentaria, el propio autor afirma (LOTE,nº 88 nov. 2004):

«La Medicina, que me ha intrigado por tantos años, frecuentándola las más de las veces en los libros y en temores obsesivos de salud, ahora escapa (tengo una percepción muy neta de esto) al control historiográfico y al especulativo; ¡imaginemos al ético! Todo aquello que puede hacer ahora el pensamiento agresivo, volcado a la comprensión, en la imposibilidad de hacer reentrar, de comprimir dentro de confines morales a su aterrorizante objeto, verdadero Leviatán, es fotografiar desde puntos diversos la sombra de funesto cometa sobre la tierra, distinto de los otros, nuestros Halley cotidianos, los Halley de toda hora, pero también confundido con ellos, a veces, en nudos de entrecruzamientos fatales en este globo silencioso.

Me espanta la pasividad de los cuerpos, de nuestras vidas infelices, de nuestros cuerpos mortales, bajo el azote de su deseo, de su omnipotencia jamás saciada, de su deseo de hacer todo aquello que ha decidido hacer por nuestro bien, sancionado como integral dependencia en pijama de campo de concentración.

No se cuentan sus roturas, sus violencias a la carne, sus demoliciones, sus quebrantamientos, sus destrozos de goznes, sus secuestros, sus extorsiones, sus captaciones de consenso, sus ríos de sangre blanca, negra y roja, sus devastaciones y su rapiña cósmica de dinero privado y público. El pensamiento no sabe en qué categoría del mal ni cómo digerir especulativamente tantos rescates pediátricos, tantos rescates oncológicos, geriátricos, obstétricos, cardiológicos, sembrados a ciegas dondequiera haya médicos, servicios sanitarios, hospitales, laboratorios de análisis, albergues para crónicos. A cada rescate médico (quizás atractivamente afectuoso, pero en el fondo brutal, siempre) corresponde una genuflexión de los omóplatos y de las vértebras mentales del cuerpo, la rendición inmediata del conjunto a la orden de ceder impartida a un punto, agredido, o supuestamente dispuesto a ser agredido en breve, por el dolor.»

A medida que se adentra en el libro uno va captando la descarnada lucidez y la enorme erudición del autor, auténtica revelación intemporal con una prosa incisiva que provoca auténticas sacudidas y fogonazos en la conciencia: «En estos orificios y cuchitriles que somos vive un rostro oculto que no se nos parece.»

Y (nos) advierte:

«(…) Quien desee convertirse en médico debe reflexionar antes de entrar en la profesión; ingrese sólo si está determinado a ser diferente y a adoptar diferentes principios y enseñanzas. De lo contrario, no lo haga.»

Enrique Vila-Matas, (vid. Ceronetti en persona, El País, 23 de febrero de 2010), lo considera como «experto en mundos borrados y creador cercano a Gadda, Manganelli y otros grandes raros de la escritura italiana del siglo pasado.» En este libro azaroso y poliédrico encuentro ecos y destellos que por su pesimismo recuerdan a E. M. Cioran, quien, en uno de sus Ejercicios de admiración y otros textos afirma sobre El silencio del cuerpo:

«...es indiscutiblemente el producto de una exigencia de pureza, prueba un innegable gusto por el horror: Guido Ceronetti parece un ermitaño seducido por el infierno. Por el infierno del cuerpo. Uno de los signos evidentes de que la salud falla es sentir nuestros órganos, ser consciente de ellos hasta la obsesión. La maldición de arrastrar un cadáver es el tema mismo de su libro.»

 A propósito del mismo libro, un auténtico rastreo por humores, digestiones, heces, úlceras, viscosidades, cavidades y contaminaciones del cuerpo, señala también Juan Malpartida (Nostalgia del cuerpo, ABC de las artes y las letras, 11 de noviembre de 2006): «A Ceronetti le hubiera gustado ser un médico de mediados del siglo XIX, cuando se descubrió la aspirina y aún era una profesión que atendía a la familia desde el parto al deceso; y por otro lado, también sueña con ser un consolador antroposófico (la verdad cura, ayuda).»

De la solapa de la edición italiana original:

En Il silenzio del corpo. Materiali per studio di medicina  Ceronetti recoge las observaciones que ha acumulado durante años alrededor de un tema que le fascina: el cuerpo. Atacado, seducido, descifrado, socavado, auscultado por doctores y poetas, por los chamanes y la pornografía, por filósofos y políticos, el cuerpo es quizás uno de los últimos enigmas que despiertan en todos una curiosidad invencible. Pero la dificultad surge del "silencio del cuerpo": un silencio que habla en otros idiomas distintos a los nuestros, y que sin embargo, tampoco son menos nuestros. Ceronetti es un maestro en escucharlos, explorando como un hábil flâneur los meandros de la historia de la medicina, impactando con aforismos definitivos, recortando imágenes de civilizaciones lejanas y cercanas, anotando las maravillas y los engaños de la filosofía. Así nació un libro aventurero, en conjunto enciclopédico y personal, que se puede abrir en cualquier punto encontrando una frase, un párrafo en particular, una historia que nos haga reflexionar y fantasear. De la Biblia a la sífilis, del lenguaje erótico a Jack el destripador, de los asilos a China, de los vampiros a los médicos del seguro: Ceronetti presenta sus temas como si tocara los pliegues de un gran abanico que no termina de abrirse. Y no estará seguro de querer cerrarlo en una serie de "explicaciones". De hecho, se declara inmediatamente "tan feliz de hurgar en el microcosmos humano (y gritarlo divino y trágico ante la estupidez y el silencio) como de no poder tomarlo con sus manos y definirlo, con absoluta certeza, salvar la divinidad-tragedia fundamental, nada».

Inevitablemente, tras la lectura  de este libro singular e imprescindible nos lanzamos a la búsqueda de otras obras del autor, encontrando otras tres joyas:

EL CANTAR DE LOS CANTARES (1975)

Considerado como un versátil y moderno polígrafo, filósofo, escritor, periodista, poeta, traductor y “sagaz cronista de hechos culturales y sociales”, Ceronetti se nos muestra como un sabio y lúcido exégeta capaz de traducir e interpretar tanto clásicos latinos como textos bíblicos y poetas modernos. Averiguamos que una de sus obras más celebradas es una versión del Cantar de los Cantares a la que añadió un ensayo en el que explica la gran variedad de resonancias que el texto bíblico propone y (le) sugiere.

 Atribuido a Salomón, el Cantar de los Cantares es probablemente el más importante y bello poema de amor de la historia, como dice la contracubierta de la edición en español de este libro: 

«Y sea cual sea el amor que celebre—el de Yahveh por su pueblo, como quiere la tradición hebrea; el del alma y su Dios, como quiso san Juan de la Cruz y la tradición mística; el carnal entre hombre y mujer, como parece imponerse en una lectura inmediata del texto—, jamás han sido encontradas palabras más bellas y más profundas, palabras que parecen adecuarse milagrosamente a cada una de sus diversas interpretaciones, incluso a aquellas incompatibles.»

En una reseña del libro, J. Antonio González Iglesias recomienda:
«Deben leer este libro los que todavía distinguen sexo y amor. Los que hablan de amor reproductivo o no reproductivo. Los que se plantean si Dios es masculino o femenino. Los que se angustian por tener que elegir entre Dios o la nada.»

EL MONÓCULO MELANCÓLICO (1988)

Un libro hermoso, brillante e inteligente, en el que Ceronetti, en una serie de breves y variados ensayos, explora aspectos esenciales de la experiencia humana a partir de obras de arte o acontecimientos históricos muy diversos.

La contracubierta dice que se trata de una suerte de De profundis melancólico lanzado por uno de los más singulares pensadores europeos. Nos hable—entre otras cosas—del Cristo de Grünewald, de un gerifalte maoísta ante la Maja desnuda de Goya, de Chagall, de los corrimientos de tierras de la Valtelina o del valor de la oración; ataque a Pedro Abelardo por su dureza y sequedad hacia Eloísa, rememore a Teresa de Jesús o recuerde la inhumanidad de la guerra civil española; observe a una mujer y a su hijo hambrientos en Biafra o la plenitud de un Rembrandt; se escandalice por la bomba atómica o por la dictadura de la Razón; su voz es siempre profética, resonante y esencial


Índice:
Grünewald, viaje al abismo
·        - Las manos y la catedral
·         - Dolor-Tiempo-Tánatos: La mujer en tres imágenes
·         - Sobre un desnudo fotográfico de 1930
·        -  A propósito de una pregunta de Yasunari Kawabata
(Esbozo interrumpido de una respuesta)
·        - El chino y la “desnuda”
·        - Leopardi y el gallo cósmico 
·        - Teresa de Jesús entre cielo y tierra
      (En el cuarto centenario de su tránsito: 1582-1982)
·         - La paz de Abelardo y el infierno de Eloísa
· Muerte de la plegaria 
(Reflexiones sobre el olivo expoliado)
·         - Poesía clara poesía oscura
·       - Memorándum por el cincuentenario de la Guerra Civil de España: 1936-1986 
       (Notas desparramadas, jamás utilizadas)
      - Valtelina 1987
Apoteosis (Recuerdo del 6 de agosto de 1945)


LA LINTERNA DEL FILÓSOFO (2005)

 Dice el editor a propósito de este libro:

«Es más fácil aceptar el crimen esporádico que la torpeza intelectual permanente», escribió una vez Guido Ceronetti. Y precisamente para luchar contra la torpeza intelectual, mantiene una batalla sin cuartel, combatiendo con las frágiles y potentísimas armas del pensamiento. Luchar contra la torpeza será, en este libro, interrogarse de nuevo sobre las Escrituras y los automóviles, recorrer las páginas vertiginosas de Schopenhauer y los amantes de Mayerling y su leyenda romántica, observar la filosofía de Spinoza desde un punto de vista heterodoxo y después definir el tango como «el más primitivo y el más refinado de todos los bailes», para terminar con Blake y la gnosis del tigre. Porque, si la condición humana puede simbolizarse perfectamente en el ojo del perro de Goya semihundido en la arena, solamente la lucidez dolorosa de una mirada que sea capaz de recoger hasta el fondo lo insensato y lo grotesco, la belleza y el humor, podrá iluminarnos.

Nuevamente el libro recopila una serie de ensayos breves en los que, con su clásico y habitual estilo erudito, profundo y provocador, Ceronetti aborda una gran variedad de temas:

- Acuérdate de nosotros, filosofía
- Último Spinoza mío 
Nota a “Último Spinoza mío”
- De Lev Šestov, “A propósito de la balanza de Job”
- Spinoza y el amor
- Un perro de Goya
- Sobre un pensamiento de Hugo
- Antipoesía del ego
- El automóvil y la carne
- Susurros ecofilosóficos
- Piovene y “Las Furias”
- Salmo 8 y Génesis 9 –Prospecciones
- Hombre pareja tango
- Juvenal y las mujeres
- Lutero y el lobo
- Mayerling develado- Sátira y la vida
- Ni Buda ni Satanás: Schopenhauer
Nota a “Ni Buda ni Satanás”
- “Pestis venérea”
- Gnosis del tigre: Blake y la revolución
      William Blake, “La tigre” 

En definitiva, un autor necesario, de quien algunos de sus compatriotas han dicho:

«Como es un sabio, Ceronetti es también un hombre libre».
(Pietro Citati, Il Corriere della Sera)

«La escritura de Guido Ceronetti es como la mano que agarra los mejores frutos de la vida».
(Antonio Gnoli, La Repubblica)
(Continuará…)

viernes, 19 de enero de 2018

Magnitud, Trascendencia, Vulnerabilidad…

       The close of a career in New York. (c.1905). Foto: Shorpy

Planificación, establecimiento de prioridades y toma de decisiones en salud
 (Adaptado a partir de: Sonis A. y cols. Atención de la Salud. El Ateneo. Buenos Aires, 1983).

He aquí el clásico problema económico: existencia de necesidades múltiples versus recursos escasos de posible aplicación alternativa a las diversas necesidades…Este desajuste entre recursos relativamente flexibles y necesidades múltiples, obliga a seleccionar los problemas en un orden de prelación determinado, para su solución mediante la asignación de diferentes combinaciones de recursos. En otras palabras, ello supone la necesidad de planificar y establecer prioridades entre las necesidades y problemas existentes.

Históricamente, y en relación con la gestión pública y los problemas sociales en general, durante mucho tiempo se han venido multiplicando los debates en torno a los indicadores o criterios que deberían emplearse para planificar, seleccionar y establecer dichas prioridades sociales y adoptar así las correspondientes decisiones en cuanto a la asignación de recursos. En este sentido, en el proceso de planificación y toma de decisiones en la gestión coexisten, confluyen e intervienen, con distinta intensidad según la fase del proceso, tres tipos de racionalidad: la racionalidad política, la racionalidad técnica y la racionalidad operativa. Constituye, al mismo tiempo, un ámbito en el que se relacionan los distintos agentes implicados: políticos, técnicos, gestores o administradores y grupos sociales organizados.

Como es lógico, lo importante es lograr que las racionalidades y los agentes mencionados confluyan de manera armónica, evitando situaciones de conflicto y buscando la colaboración y cooperación en un marco de valores [estratégicos] comunes y compartidos.

Por lo que se refiere a la gestión sanitaria, con cierta frecuencia suelen escucharse algunas opiniones que defienden una supuesta neutralidad y una perspectiva exclusivamente técnica de los problemas del sector, según la cual éstos debieran situarse al margen de las decisiones políticas. Sin embargo, es preciso señalar que no existen cuestiones que sean puramente técnicas. Resulta imposible trazar una línea que establezca con exactitud dónde termina la política y dónde comienzan la planificación y la gestión. Muy al contrario, hay que percibir claramente que la planificación y la gestión no son sino el instrumento para dotar de racionalidad técnica y viabilidad al conjunto de proposiciones contenidas en la política formulada, en donde se establecen las prioridades y se diseña el horizonte que se desea alcanzar…

La gestión y la planificación son, por tanto, mucho más que una metodología de formulación de planes y programas y su mera ejecución o puesta en práctica, debiendo contemplarse en realidad como un ‘búsqueda racional de mecanismos para administrar el futuro’ (A. Sonis, 1973). Se trata de condicionar y construir ese futuro mediante la intervención racional, creando hechos, modificando el azar y reduciendo la incertidumbre. Un plan no refleja únicamente lo probable/posible sino que anuncia lo deseable como expresión y ejercicio de una voluntad política. Tiene, por tanto, importantes implicaciones éticas que no pueden soslayarse. Los fines y objetivos que se desean conseguir, los valores que hay que respetar. Unos abren vías y cursos de acción, otros marcan límites a la gestión.

Dadas las importantes consecuencias (de carácter moral, económico y social) que conllevan las decisiones de asignación de recursos sanitarios, la definición y establecimiento de prioridades en salud tienen un carácter sustancialmente político y están referidas al área de los agentes responsables de la toma de decisiones en ese nivel. Naturalmente, este tipo de decisiones tiene un elevado componente ideológico y se encuadran en el terreno -siempre polémico- de las distintas concepciones culturales, filosóficas y/o políticas (no es lo mismo destinar recursos a la atención primaria o a programas de prevención, que a cuidados paliativos o a salud mental, por poner algunos ejemplos).

En conjunto, todo ello viene a demostrar la importancia de tener en cuenta el contexto local/regional en el que se desarrollan tanto la gestión/planificación como las fórmulas y mecanismos utilizados para resolver los problemas en cada ámbito. Es preciso “inventar” o adaptar procedimientos, tecnologías, sistemas de información y recursos en función de las características y necesidades de ese contexto concreto.

Con respecto al acto de establecer prioridades entre problemas, éste constituye uno de los aspectos fundamentales en el proceso de definición de una política determinada, por lo que la racionalidad política debe jugar un papel decisivo en esta etapa a la hora de decidir qué problemas abordar y fijar soluciones alternativas:


NIVELES
DE
SELECCIÓN
CRITERIOS
POLÍTICOS
TÉCNICOS
OPERATIVOS

PROBLEMAS






SOLUCIONES






ALTERNATIVAS TECNOLÓGICAS






Peso relativo de los criterios de selección de prioridades en los distintos niveles del proceso

Los criterios técnicos están constituidos por aquellas variables que conciernen al nivel de gestión, responsable de la programación de las decisiones para asegurar la máxima eficacia por medio de soluciones eficientes. Los criterios operativos se refieren al conjunto de variables que conciernen a los responsables de la ejecución de las decisiones –los profesionales-, cuya preocupación principal es conseguir la máxima productividad de los recursos.

Partiendo de esta base puede construirse una subclasificación para cada uno de estos tipos de criterios que facilitaría la consideración ponderada de cada una de las variables en el proceso de decisión. Es obvio que esta clasificación de las variables relevantes para la toma de decisiones estará en función de las peculiaridades propias de cada caso en particular. No obstante, a título ilustrativo, es posible establecer ciertos conjuntos de variables agrupadas según categorías amplias, lo suficientemente universales y generalizables, como las que se proponen en el siguiente cuadro:

Niveles
de Selección
CRITERIOS
Políticos
Técnicos
Operativos
Problemas

-    Impacto sobre grupos de presión
-    Impacto sobre las políticas
-    Impacto social

-    Relevancia técnica

-    Posibilidad técnica de solución

-    Relevancia Administrativa
Soluciones

-    Impacto sobre grupos de presión
-    Coherencia/consistencia con las políticas
-    Relación tiempos político y técnico

-    Eficacia

-    Eficiencia

-    Coste social


-    Recursos críticos

-    Eficiencia
Alternativas tecnológicas

-    Impacto sobre grupos de presión

-    Relación tiempos político y técnico

-    Eficiencia

-    Coste social

-    Recursos críticos
-    Requisitos Administrativos
-    Requisitos Legales
-    Eficiencia
-    Capacidad operativa
__________________________________________________________________________
Ejemplos de grandes grupos de variables para los criterios de selección de prioridades a diferentes niveles del proceso

Conviene destacar que la definición y selección de estos criterios es, esencialmente, un juicio de valor, por más sofisticada que sea su formalización y su manejo. Estos juicios de valor son resultado de las ideologías, tanto políticas como profesionales, de los que participan en el proceso de decisión, así como de las pautas culturales u organizativas que condicionan la situación de cada centro, organismo o institución.

Como bien sabemos este planteamiento no siempre es admitido. Todavía se tiende a oponer la llamada racionalidad a la subjetividad inherente a todo juicio de valor. Sin embargo, cuando calificamos una decisión como racional o irracional, es evidente que lo hacemos desde el punto de vista de un sistema de valores dado. Es importante reconocer pues, que el concepto de decisión racional o irracional es relativo y que está constituido en función de valores e ideologías.

Un sistema de valores es el resultado de un proceso complejo de relaciones entre pautas culturales y los procesos de socialización profesional-político-social. No hace falta decir que en las decisiones de “alta política” son los valores ideológico-políticos los que predominan, pero el análisis de la realidad y la experiencia diaria demuestran que lo que podría denominarse como “ideologías profesionales”, (o simples intereses corporativos), influyen notablemente, y de forma más o menos explícita, sobre el proceso de decisión. 

En el sector salud, como en otros ámbitos de la vida social, es importante destacar la trascendencia del componente político en el proceso de decisión porque responde a una ideología o a una concepción de la sociedad en su conjunto que puede ser más acertada que la visión más reducida y fragmentaria de la realidad que generalmente tienen los técnicos altamente especializados. Sin embargo, también es muy importante tener en cuenta que las posibilidades de que una decisión sea acertada se incrementan a medida que aumenta la disponibilidad de criterios para el análisis que conduce a esa decisión. De aquí la enorme importancia de incorporar los criterios técnicos y operativos en el análisis de las situaciones problema en el nivel político.

Métodos o instrumentos de priorización para la asignación de recursos

Hace ya mucho tiempo que desde el campo de la Planificación y de la Salud Pública se han venido desarrollando diferentes técnicas y metodologías diversas para jerarquizar necesidades y problemas detectados o existentes y establecer prioridades a la hora de asignar los recursos disponibles.

Uno de los métodos más conocidos y utilizados es el Método OPS-CENDES (Organización Panamericana de la Salud-Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela en Caracas) desarrollado en los primeros años 60’s del pasado siglo, cuyos criterios de priorización son los siguientes:

Magnitud (M): Se refiere a las dimensiones o amplitud del problema desde un punto de vista cuantitativo (pacientes, población afectada, etc.).

Trascendencia (T): Consecuencias o repercusión cualitativa de las cifras cuantificadas en la magnitud (valoración de la gravedad, severidad, tendencia, etc.).

Vulnerabilidad (V): Tiene que ver con las posibilidades de poder modificar la situación existente, el problema o la necesidad identificada.

Coste-efectividad (C): Estimación de los resultados posibles asignando determinados recursos para realizar una intervención concreta.

De tal modo que:
  
Para cada uno de los criterios se propone una calificación de 0 a 10.

Otros criterios complementarios que pueden emplearse en este método son los de factibilidad (posibilidad de contar con los suficientes recursos humanos, económicos, materiales, tecnológicos, etc.) y viabilidad (criterios legales, administrativos o políticas con que se cuenta para apoyar promover las medidas, intervenciones o el curso de acción que se pretende llevar a cabo).

El Método de Hanlon se basa en los siguientes cuatro componentes:

A: Magnitud del problema
B: Severidad o gravedad del problema
C: Eficacia de la solución (o capacidad de resolución del problema)
D: Factibilidad del programa o intervención
Se asigna un valor mediante consenso grupal a cada uno de los componentes de la fórmula, lo que permite ordenar los problemas o necesidades que deben resolverse a partir de la fórmula:
 (A+B)C x D
 Para el componente D se tienen en cuenta una serie de factores que determinan si una medida, programa o intervención concreta puede o no ser aplicada. Un buen acrónimo para recordarlos es el que forman las siglas PERLA, siendo
P: Pertinencia
E: Factibilidad Económica
R: Disponibilidad Económica
L: Legalidad
A: Aceptabilidad

Otro método, utilizado en el estudio de prioridades realizado en los Países Bajos en 1990 considera como criterios de priorización:

Dimensión del problema (previa, actual y futura)
 Evitabilidad teórica o eficiencia
 Evitabilidad práctica o efectividad
 Costes directos e indirectos
 Barreras existentes
Cada uno de estos criterios se califica en una escala ordinal y posteriormente se establece una jerarquización del conjunto de problemas/intervenciones estudiados.

Para terminar, el resultado de la aplicación de cualquiera de las metodologías propuestas, debe considerarse como uno de tantos elementos a tener en cuenta en la toma de decisiones ya que debe complementarse con aspectos más globales de tipo político, ético y cultural, entre otros...
  
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