miércoles, 7 de febrero de 2018

Lecturas para la humanización (V)


         Sesión fotográfica de Spencer Tunick. Plaza del Zócalo (Ciudad de México), 6 mayo 2007. AP Photo/Darío López-Mills
«Hace tiempo estaba indeciso, pero ahora ya no estoy tan seguro.»
Boscoe Pertwee
(citado por Umberto Eco en su libro ‘Kant y el ornitorrinco’)
Volvemos a refugiarnos en los libros…

He aquí unas nuevas sugerencias y propuestas de lectura que hacen bueno ese listado de razones por las que leer, recibido hace unas semanas a través de Twitter (vía @ValaAfshar):

Por qué leemos:

                                               1. Para aprender
                                               2. Para ‘escapar’
                                               3. Para confirmar [nuestras] creencias
                                               4. Para saber que no estamos solos
                                               5. Para encontrar nuevas ideas
                                               6. Para inspirarnos
                                               7. Para aprender a pensar
                                               8. Para permanecer abiertos al conocimiento
                                               9. Para atrevernos a soñar
       10. Para ganar coraje
       11. Para tener esperanza
       12. Para fortalecer convicciones
       13. Para aprender a escribir
       14. Para enamorarnos
                                             (...)

Cuatro libros de un autor fascinante: Guido Ceronetti

EL SILENCIO DEL CUERPO (1979)

Creo que fue un médico urólogo [Joaquín Fernández @joaquinuro] quien me habló en el SESCAM hace unos años de Guido Ceronetti, un escritor italiano entonces desconocido para mí, y me recomendó uno de sus libros: un texto deslumbrante aparecido originalmente en 1979 titulado El silencio del cuerpo, repleto de citas, pensamientos como relámpagos, aforismos que son auténticos latigazos y ácidas reflexiones sobre la práctica de la medicina. Sugerente y provocador, compuesto de manera desordenada y fragmentaria, el propio autor afirma (LOTE,nº 88 nov. 2004):

«La Medicina, que me ha intrigado por tantos años, frecuentándola las más de las veces en los libros y en temores obsesivos de salud, ahora escapa (tengo una percepción muy neta de esto) al control historiográfico y al especulativo; ¡imaginemos al ético! Todo aquello que puede hacer ahora el pensamiento agresivo, volcado a la comprensión, en la imposibilidad de hacer reentrar, de comprimir dentro de confines morales a su aterrorizante objeto, verdadero Leviatán, es fotografiar desde puntos diversos la sombra de funesto cometa sobre la tierra, distinto de los otros, nuestros Halley cotidianos, los Halley de toda hora, pero también confundido con ellos, a veces, en nudos de entrecruzamientos fatales en este globo silencioso.

Me espanta la pasividad de los cuerpos, de nuestras vidas infelices, de nuestros cuerpos mortales, bajo el azote de su deseo, de su omnipotencia jamás saciada, de su deseo de hacer todo aquello que ha decidido hacer por nuestro bien, sancionado como integral dependencia en pijama de campo de concentración.

No se cuentan sus roturas, sus violencias a la carne, sus demoliciones, sus quebrantamientos, sus destrozos de goznes, sus secuestros, sus extorsiones, sus captaciones de consenso, sus ríos de sangre blanca, negra y roja, sus devastaciones y su rapiña cósmica de dinero privado y público. El pensamiento no sabe en qué categoría del mal ni cómo digerir especulativamente tantos rescates pediátricos, tantos rescates oncológicos, geriátricos, obstétricos, cardiológicos, sembrados a ciegas dondequiera haya médicos, servicios sanitarios, hospitales, laboratorios de análisis, albergues para crónicos. A cada rescate médico (quizás atractivamente afectuoso, pero en el fondo brutal, siempre) corresponde una genuflexión de los omóplatos y de las vértebras mentales del cuerpo, la rendición inmediata del conjunto a la orden de ceder impartida a un punto, agredido, o supuestamente dispuesto a ser agredido en breve, por el dolor.»

A medida que se adentra en el libro uno va captando la descarnada lucidez y la enorme erudición del autor, auténtica revelación intemporal con una prosa incisiva que provoca auténticas sacudidas y fogonazos en la conciencia: «En estos orificios y cuchitriles que somos vive un rostro oculto que no se nos parece.»

Y (nos) advierte:

«(…) Quien desee convertirse en médico debe reflexionar antes de entrar en la profesión; ingrese sólo si está determinado a ser diferente y a adoptar diferentes principios y enseñanzas. De lo contrario, no lo haga.»

Enrique Vila-Matas, (vid. Ceronetti en persona, El País, 23 de febrero de 2010), lo considera como «experto en mundos borrados y creador cercano a Gadda, Manganelli y otros grandes raros de la escritura italiana del siglo pasado.» En este libro azaroso y poliédrico encuentro ecos y destellos que por su pesimismo recuerdan a E. M. Cioran, quien, en uno de sus Ejercicios de admiración y otros textos afirma sobre El silencio del cuerpo:

«...es indiscutiblemente el producto de una exigencia de pureza, prueba un innegable gusto por el horror: Guido Ceronetti parece un ermitaño seducido por el infierno. Por el infierno del cuerpo. Uno de los signos evidentes de que la salud falla es sentir nuestros órganos, ser consciente de ellos hasta la obsesión. La maldición de arrastrar un cadáver es el tema mismo de su libro.»

 A propósito del mismo libro, un auténtico rastreo por humores, digestiones, heces, úlceras, viscosidades, cavidades y contaminaciones del cuerpo, señala también Juan Malpartida (Nostalgia del cuerpo, ABC de las artes y las letras, 11 de noviembre de 2006): «A Ceronetti le hubiera gustado ser un médico de mediados del siglo XIX, cuando se descubrió la aspirina y aún era una profesión que atendía a la familia desde el parto al deceso; y por otro lado, también sueña con ser un consolador antroposófico (la verdad cura, ayuda).»

De la solapa de la edición italiana original:

En Il silenzio del corpo. Materiali per studio di medicina  Ceronetti recoge las observaciones que ha acumulado durante años alrededor de un tema que le fascina: el cuerpo. Atacado, seducido, descifrado, socavado, auscultado por doctores y poetas, por los chamanes y la pornografía, por filósofos y políticos, el cuerpo es quizás uno de los últimos enigmas que despiertan en todos una curiosidad invencible. Pero la dificultad surge del "silencio del cuerpo": un silencio que habla en otros idiomas distintos a los nuestros, y que sin embargo, tampoco son menos nuestros. Ceronetti es un maestro en escucharlos, explorando como un hábil flâneur los meandros de la historia de la medicina, impactando con aforismos definitivos, recortando imágenes de civilizaciones lejanas y cercanas, anotando las maravillas y los engaños de la filosofía. Así nació un libro aventurero, en conjunto enciclopédico y personal, que se puede abrir en cualquier punto encontrando una frase, un párrafo en particular, una historia que nos haga reflexionar y fantasear. De la Biblia a la sífilis, del lenguaje erótico a Jack el destripador, de los asilos a China, de los vampiros a los médicos del seguro: Ceronetti presenta sus temas como si tocara los pliegues de un gran abanico que no termina de abrirse. Y no estará seguro de querer cerrarlo en una serie de "explicaciones". De hecho, se declara inmediatamente "tan feliz de hurgar en el microcosmos humano (y gritarlo divino y trágico ante la estupidez y el silencio) como de no poder tomarlo con sus manos y definirlo, con absoluta certeza, salvar la divinidad-tragedia fundamental, nada».

Inevitablemente, tras la lectura  de este libro singular e imprescindible nos lanzamos a la búsqueda de otras obras del autor, encontrando otras tres joyas:

EL CANTAR DE LOS CANTARES (1975)

Considerado como un versátil y moderno polígrafo, filósofo, escritor, periodista, poeta, traductor y “sagaz cronista de hechos culturales y sociales”, Ceronetti se nos muestra como un sabio y lúcido exégeta capaz de traducir e interpretar tanto clásicos latinos como textos bíblicos y poetas modernos. Averiguamos que una de sus obras más celebradas es una versión del Cantar de los Cantares a la que añadió un ensayo en el que explica la gran variedad de resonancias que el texto bíblico propone y (le) sugiere.

 Atribuido a Salomón, el Cantar de los Cantares es probablemente el más importante y bello poema de amor de la historia, como dice la contracubierta de la edición en español de este libro: 

«Y sea cual sea el amor que celebre—el de Yahveh por su pueblo, como quiere la tradición hebrea; el del alma y su Dios, como quiso san Juan de la Cruz y la tradición mística; el carnal entre hombre y mujer, como parece imponerse en una lectura inmediata del texto—, jamás han sido encontradas palabras más bellas y más profundas, palabras que parecen adecuarse milagrosamente a cada una de sus diversas interpretaciones, incluso a aquellas incompatibles.»

En una reseña del libro, J. Antonio González Iglesias recomienda:
«Deben leer este libro los que todavía distinguen sexo y amor. Los que hablan de amor reproductivo o no reproductivo. Los que se plantean si Dios es masculino o femenino. Los que se angustian por tener que elegir entre Dios o la nada.»

EL MONÓCULO MELANCÓLICO (1988)

Un libro hermoso, brillante e inteligente, en el que Ceronetti, en una serie de breves y variados ensayos, explora aspectos esenciales de la experiencia humana a partir de obras de arte o acontecimientos históricos muy diversos.

La contracubierta dice que se trata de una suerte de De profundis melancólico lanzado por uno de los más singulares pensadores europeos. Nos hable—entre otras cosas—del Cristo de Grünewald, de un gerifalte maoísta ante la Maja desnuda de Goya, de Chagall, de los corrimientos de tierras de la Valtelina o del valor de la oración; ataque a Pedro Abelardo por su dureza y sequedad hacia Eloísa, rememore a Teresa de Jesús o recuerde la inhumanidad de la guerra civil española; observe a una mujer y a su hijo hambrientos en Biafra o la plenitud de un Rembrandt; se escandalice por la bomba atómica o por la dictadura de la Razón; su voz es siempre profética, resonante y esencial


Índice:
Grünewald, viaje al abismo
·        - Las manos y la catedral
·         - Dolor-Tiempo-Tánatos: La mujer en tres imágenes
·         - Sobre un desnudo fotográfico de 1930
·        -  A propósito de una pregunta de Yasunari Kawabata
(Esbozo interrumpido de una respuesta)
·        - El chino y la “desnuda”
·        - Leopardi y el gallo cósmico 
·        - Teresa de Jesús entre cielo y tierra
      (En el cuarto centenario de su tránsito: 1582-1982)
·         - La paz de Abelardo y el infierno de Eloísa
· Muerte de la plegaria 
(Reflexiones sobre el olivo expoliado)
·         - Poesía clara poesía oscura
·       - Memorándum por el cincuentenario de la Guerra Civil de España: 1936-1986 
       (Notas desparramadas, jamás utilizadas)
      - Valtelina 1987
Apoteosis (Recuerdo del 6 de agosto de 1945)


LA LINTERNA DEL FILÓSOFO (2005)

 Dice el editor a propósito de este libro:

«Es más fácil aceptar el crimen esporádico que la torpeza intelectual permanente», escribió una vez Guido Ceronetti. Y precisamente para luchar contra la torpeza intelectual, mantiene una batalla sin cuartel, combatiendo con las frágiles y potentísimas armas del pensamiento. Luchar contra la torpeza será, en este libro, interrogarse de nuevo sobre las Escrituras y los automóviles, recorrer las páginas vertiginosas de Schopenhauer y los amantes de Mayerling y su leyenda romántica, observar la filosofía de Spinoza desde un punto de vista heterodoxo y después definir el tango como «el más primitivo y el más refinado de todos los bailes», para terminar con Blake y la gnosis del tigre. Porque, si la condición humana puede simbolizarse perfectamente en el ojo del perro de Goya semihundido en la arena, solamente la lucidez dolorosa de una mirada que sea capaz de recoger hasta el fondo lo insensato y lo grotesco, la belleza y el humor, podrá iluminarnos.

Nuevamente el libro recopila una serie de ensayos breves en los que, con su clásico y habitual estilo erudito, profundo y provocador, Ceronetti aborda una gran variedad de temas:

- Acuérdate de nosotros, filosofía
- Último Spinoza mío 
Nota a “Último Spinoza mío”
- De Lev Šestov, “A propósito de la balanza de Job”
- Spinoza y el amor
- Un perro de Goya
- Sobre un pensamiento de Hugo
- Antipoesía del ego
- El automóvil y la carne
- Susurros ecofilosóficos
- Piovene y “Las Furias”
- Salmo 8 y Génesis 9 –Prospecciones
- Hombre pareja tango
- Juvenal y las mujeres
- Lutero y el lobo
- Mayerling develado- Sátira y la vida
- Ni Buda ni Satanás: Schopenhauer
Nota a “Ni Buda ni Satanás”
- “Pestis venérea”
- Gnosis del tigre: Blake y la revolución
      William Blake, “La tigre” 

En definitiva, un autor necesario, de quien algunos de sus compatriotas han dicho:

«Como es un sabio, Ceronetti es también un hombre libre».
(Pietro Citati, Il Corriere della Sera)

«La escritura de Guido Ceronetti es como la mano que agarra los mejores frutos de la vida».
(Antonio Gnoli, La Repubblica)
(Continuará…)

viernes, 19 de enero de 2018

Magnitud, Trascendencia, Vulnerabilidad…

       The close of a career in New York. (c.1905). Foto: Shorpy

Planificación, establecimiento de prioridades y toma de decisiones en salud
 (Adaptado a partir de: Sonis A. y cols. Atención de la Salud. El Ateneo. Buenos Aires, 1983).

He aquí el clásico problema económico: existencia de necesidades múltiples versus recursos escasos de posible aplicación alternativa a las diversas necesidades…Este desajuste entre recursos relativamente flexibles y necesidades múltiples, obliga a seleccionar los problemas en un orden de prelación determinado, para su solución mediante la asignación de diferentes combinaciones de recursos. En otras palabras, ello supone la necesidad de planificar y establecer prioridades entre las necesidades y problemas existentes.

Históricamente, y en relación con la gestión pública y los problemas sociales en general, durante mucho tiempo se han venido multiplicando los debates en torno a los indicadores o criterios que deberían emplearse para planificar, seleccionar y establecer dichas prioridades sociales y adoptar así las correspondientes decisiones en cuanto a la asignación de recursos. En este sentido, en el proceso de planificación y toma de decisiones en la gestión coexisten, confluyen e intervienen, con distinta intensidad según la fase del proceso, tres tipos de racionalidad: la racionalidad política, la racionalidad técnica y la racionalidad operativa. Constituye, al mismo tiempo, un ámbito en el que se relacionan los distintos agentes implicados: políticos, técnicos, gestores o administradores y grupos sociales organizados.

Como es lógico, lo importante es lograr que las racionalidades y los agentes mencionados confluyan de manera armónica, evitando situaciones de conflicto y buscando la colaboración y cooperación en un marco de valores [estratégicos] comunes y compartidos.

Por lo que se refiere a la gestión sanitaria, con cierta frecuencia suelen escucharse algunas opiniones que defienden una supuesta neutralidad y una perspectiva exclusivamente técnica de los problemas del sector, según la cual éstos debieran situarse al margen de las decisiones políticas. Sin embargo, es preciso señalar que no existen cuestiones que sean puramente técnicas. Resulta imposible trazar una línea que establezca con exactitud dónde termina la política y dónde comienzan la planificación y la gestión. Muy al contrario, hay que percibir claramente que la planificación y la gestión no son sino el instrumento para dotar de racionalidad técnica y viabilidad al conjunto de proposiciones contenidas en la política formulada, en donde se establecen las prioridades y se diseña el horizonte que se desea alcanzar…

La gestión y la planificación son, por tanto, mucho más que una metodología de formulación de planes y programas y su mera ejecución o puesta en práctica, debiendo contemplarse en realidad como un ‘búsqueda racional de mecanismos para administrar el futuro’ (A. Sonis, 1973). Se trata de condicionar y construir ese futuro mediante la intervención racional, creando hechos, modificando el azar y reduciendo la incertidumbre. Un plan no refleja únicamente lo probable/posible sino que anuncia lo deseable como expresión y ejercicio de una voluntad política. Tiene, por tanto, importantes implicaciones éticas que no pueden soslayarse. Los fines y objetivos que se desean conseguir, los valores que hay que respetar. Unos abren vías y cursos de acción, otros marcan límites a la gestión.

Dadas las importantes consecuencias (de carácter moral, económico y social) que conllevan las decisiones de asignación de recursos sanitarios, la definición y establecimiento de prioridades en salud tienen un carácter sustancialmente político y están referidas al área de los agentes responsables de la toma de decisiones en ese nivel. Naturalmente, este tipo de decisiones tiene un elevado componente ideológico y se encuadran en el terreno -siempre polémico- de las distintas concepciones culturales, filosóficas y/o políticas (no es lo mismo destinar recursos a la atención primaria o a programas de prevención, que a cuidados paliativos o a salud mental, por poner algunos ejemplos).

En conjunto, todo ello viene a demostrar la importancia de tener en cuenta el contexto local/regional en el que se desarrollan tanto la gestión/planificación como las fórmulas y mecanismos utilizados para resolver los problemas en cada ámbito. Es preciso “inventar” o adaptar procedimientos, tecnologías, sistemas de información y recursos en función de las características y necesidades de ese contexto concreto.

Con respecto al acto de establecer prioridades entre problemas, éste constituye uno de los aspectos fundamentales en el proceso de definición de una política determinada, por lo que la racionalidad política debe jugar un papel decisivo en esta etapa a la hora de decidir qué problemas abordar y fijar soluciones alternativas:


NIVELES
DE
SELECCIÓN
CRITERIOS
POLÍTICOS
TÉCNICOS
OPERATIVOS

PROBLEMAS






SOLUCIONES






ALTERNATIVAS TECNOLÓGICAS






Peso relativo de los criterios de selección de prioridades en los distintos niveles del proceso

Los criterios técnicos están constituidos por aquellas variables que conciernen al nivel de gestión, responsable de la programación de las decisiones para asegurar la máxima eficacia por medio de soluciones eficientes. Los criterios operativos se refieren al conjunto de variables que conciernen a los responsables de la ejecución de las decisiones –los profesionales-, cuya preocupación principal es conseguir la máxima productividad de los recursos.

Partiendo de esta base puede construirse una subclasificación para cada uno de estos tipos de criterios que facilitaría la consideración ponderada de cada una de las variables en el proceso de decisión. Es obvio que esta clasificación de las variables relevantes para la toma de decisiones estará en función de las peculiaridades propias de cada caso en particular. No obstante, a título ilustrativo, es posible establecer ciertos conjuntos de variables agrupadas según categorías amplias, lo suficientemente universales y generalizables, como las que se proponen en el siguiente cuadro:

Niveles
de Selección
CRITERIOS
Políticos
Técnicos
Operativos
Problemas

-    Impacto sobre grupos de presión
-    Impacto sobre las políticas
-    Impacto social

-    Relevancia técnica

-    Posibilidad técnica de solución

-    Relevancia Administrativa
Soluciones

-    Impacto sobre grupos de presión
-    Coherencia/consistencia con las políticas
-    Relación tiempos político y técnico

-    Eficacia

-    Eficiencia

-    Coste social


-    Recursos críticos

-    Eficiencia
Alternativas tecnológicas

-    Impacto sobre grupos de presión

-    Relación tiempos político y técnico

-    Eficiencia

-    Coste social

-    Recursos críticos
-    Requisitos Administrativos
-    Requisitos Legales
-    Eficiencia
-    Capacidad operativa
__________________________________________________________________________
Ejemplos de grandes grupos de variables para los criterios de selección de prioridades a diferentes niveles del proceso

Conviene destacar que la definición y selección de estos criterios es, esencialmente, un juicio de valor, por más sofisticada que sea su formalización y su manejo. Estos juicios de valor son resultado de las ideologías, tanto políticas como profesionales, de los que participan en el proceso de decisión, así como de las pautas culturales u organizativas que condicionan la situación de cada centro, organismo o institución.

Como bien sabemos este planteamiento no siempre es admitido. Todavía se tiende a oponer la llamada racionalidad a la subjetividad inherente a todo juicio de valor. Sin embargo, cuando calificamos una decisión como racional o irracional, es evidente que lo hacemos desde el punto de vista de un sistema de valores dado. Es importante reconocer pues, que el concepto de decisión racional o irracional es relativo y que está constituido en función de valores e ideologías.

Un sistema de valores es el resultado de un proceso complejo de relaciones entre pautas culturales y los procesos de socialización profesional-político-social. No hace falta decir que en las decisiones de “alta política” son los valores ideológico-políticos los que predominan, pero el análisis de la realidad y la experiencia diaria demuestran que lo que podría denominarse como “ideologías profesionales”, (o simples intereses corporativos), influyen notablemente, y de forma más o menos explícita, sobre el proceso de decisión. 

En el sector salud, como en otros ámbitos de la vida social, es importante destacar la trascendencia del componente político en el proceso de decisión porque responde a una ideología o a una concepción de la sociedad en su conjunto que puede ser más acertada que la visión más reducida y fragmentaria de la realidad que generalmente tienen los técnicos altamente especializados. Sin embargo, también es muy importante tener en cuenta que las posibilidades de que una decisión sea acertada se incrementan a medida que aumenta la disponibilidad de criterios para el análisis que conduce a esa decisión. De aquí la enorme importancia de incorporar los criterios técnicos y operativos en el análisis de las situaciones problema en el nivel político.

Métodos o instrumentos de priorización para la asignación de recursos

Hace ya mucho tiempo que desde el campo de la Planificación y de la Salud Pública se han venido desarrollando diferentes técnicas y metodologías diversas para jerarquizar necesidades y problemas detectados o existentes y establecer prioridades a la hora de asignar los recursos disponibles.

Uno de los métodos más conocidos y utilizados es el Método OPS-CENDES (Organización Panamericana de la Salud-Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela en Caracas) desarrollado en los primeros años 60’s del pasado siglo, cuyos criterios de priorización son los siguientes:

Magnitud (M): Se refiere a las dimensiones o amplitud del problema desde un punto de vista cuantitativo (pacientes, población afectada, etc.).

Trascendencia (T): Consecuencias o repercusión cualitativa de las cifras cuantificadas en la magnitud (valoración de la gravedad, severidad, tendencia, etc.).

Vulnerabilidad (V): Tiene que ver con las posibilidades de poder modificar la situación existente, el problema o la necesidad identificada.

Coste-efectividad (C): Estimación de los resultados posibles asignando determinados recursos para realizar una intervención concreta.

De tal modo que: Índice de prioridad =

Para cada uno de los criterios se propone una calificación de 0 a 10.

Otros criterios complementarios que pueden emplearse en este método son los de factibilidad (posibilidad de contar con los suficientes recursos humanos, económicos, materiales, tecnológicos, etc.) y viabilidad (criterios legales, administrativos o políticas con que se cuenta para apoyar promover las medidas, intervenciones o el curso de acción que se pretende llevar a cabo).

El Método de Hanlon se basa en los siguientes cuatro componentes:

A: Magnitud del problema
B: Severidad o gravedad del problema
C: Eficacia de la solución (o capacidad de resolución del problema)
D: Factibilidad del programa o intervención
Se asigna un valor mediante consenso grupal a cada uno de los componentes de la fórmula, lo que permite ordenar los problemas o necesidades que deben resolverse a partir de la fórmula:
 (A+B)C x D
 Para el componente D se tienen en cuenta una serie de factores que determinan si una medida, programa o intervención concreta puede o no ser aplicada. Un buen acrónimo para recordarlos es el que forman las siglas PERLA, siendo
P: Pertinencia
E: Factibilidad Económica
R: Disponibilidad Económica
L: Legalidad
A: Aceptabilidad

Otro método, utilizado en el estudio de prioridades realizado en los Países Bajos en 1990 considera como criterios de priorización:

Dimensión del problema (previa, actual y futura)
 Evitabilidad teórica o eficiencia
 Evitabilidad práctica o efectividad
 Costes directos e indirectos
 Barreras existentes
Cada uno de estos criterios se califica en una escala ordinal y posteriormente se establece una jerarquización del conjunto de problemas/intervenciones estudiados.

Para terminar, el resultado de la aplicación de cualquiera de las metodologías propuestas, debe considerarse como uno de tantos elementos a tener en cuenta en la toma de decisiones ya que debe complementarse con aspectos más globales de tipo político, ético y cultural, entre otros...
  

viernes, 5 de enero de 2018

De variis revolutionibus…

     Affiche, mai 68
“Lo que la historia nos hurta (…) lo conquista y nos lo otorga la literatura.”
Lorenzo Silva

Si hemos de ser sinceros, y hablando en términos generales, tiene uno la sensación de que la revolución, como la melancolía o el pesimismo de algunos poetas, está algo mitificada y sobrevalorada.

Desde hace ya unos cuantos años (exactamente desde 2011 en adelante),  Miguel Ángel Máñez escribe y publica la primera entrada del mes de enero de su conocido blog Salud con cosas, hablando de/sobre la revolución, (en el sentido de innovación, evolución, transformación y/o cambio en la manera de hacer las cosas en el ámbito sanitario)…

Leyendo el post correspondiente a este año 2018, (Una revolución improvisada) recordaba yo aquel libro publicado en su día por un ya maduro Daniel Cohn-Bendit (que tituló con el acertado nombre de La revolución y nosotros que la quisimos tanto), justamente cuando dentro de pocos meses se cumplirán precisamente los 50 años de aquella otra revolución de mayo de 1968 y acaban también de conmemorarse los 100 años de la revolución bolchevique de 1917.

Tal vez no esté de más recordar que, en su origen, la palabra “revolución” tuvo un significado físico y no político, histórico, sociológico o cultural; era un término y un concepto relacionado con la astronomía y se refería precisamente a los movimientos recurrentes y cíclicos que realizan los astros en el espacio, verbigracia el giro que efectúa un planeta para volver al sitio de donde partió… Utilizado metafóricamente en la política a partir del siglo XVII, significó la vuelta o retorno a una fase histórica anterior, casi exactamente lo contrario a lo que hoy denota el término. En algún caso, como la revolución americana o la revolución francesa, se justificaron como restauraciones de un orden de cosas tradicional violentado por los abusos del gobierno colonial o los excesos del despotismo de la monarquía absoluta. Hoy las vemos, sin embargo, como una ruptura radical con lo existente y el inicio de una nueva etapa histórica.

Por lo general, y con mucha frecuencia coloquialmente, suele hablarse de revolución en los ámbitos político,  en el social,  o en el económico,  pero también solemos referirnos a otro tipo de revoluciones, como la científica, la tecnológica o la industrial, o bien podemos hablar de las que se refieren a determinados aspectos artísticos, culturales, sociológicos, o filosóficos (incluso de la revolución sexual).

En fin, uno de los tipos que más nos interesan es el que describió de manera crítica Thomas S. Kuhn en su conocida obra “La estructura de las revoluciones científicas” (ver texto completo aquí) al enfrentarse a la visión positivista de la ciencia dominante en la década de 1960 en los Estados Unidos. El libro fue decisivo para la filosofía de la ciencia, introduciendo conceptos como los de comunidad científica (cuerpo total de científicos de una determinada disciplina, junto a sus relaciones e interacciones), paradigma (conjunto de prácticas, saberes y realizaciones que definen una disciplina científica durante un período determinado y es compartido por los miembros de la comunidad científica; esta denominación fue sustituida después por la de matriz disciplinaria), o tensión esencial (aquella que está implícita en la investigación científica y se establece entre ortodoxia e innovación, entre conservadores y revolucionarios).

Para Kuhn una revolución científica se produce cuando los científicos encuentran anomalías que no pueden ser explicadas por el paradigma universalmente aceptado dentro del cual ha progresado la ciencia hasta ese momento. Cuando un número suficiente de anomalías significativas se han acumulado en contra de un paradigma vigente, la disciplina científica entra en un estado de crisis, durante la cual se ensayan nuevas ideas, incluso algunas que antes se descartaron. Finalmente, emerge un nuevo paradigma con sus propios adeptos, y ocurre una 'batalla' intelectual entre los seguidores del nuevo paradigma y los que resisten con el viejo paradigma. Cuando una determinada disciplina pasa de un paradigma a otro, -con la introducción de un nuevo sistema conceptual, en definitiva- esto se denomina revolución científica o cambio de paradigma. Ello supone un cambio (a menudo radical) de la visión del mundo. 

Bueno, pues tras esta larga digresión, cabe añadir que, como es obvio, el concepto de innovación tiene también mucho que ver con esta idea de revolución en el sentido de transformación, cambio o mejora, pudiéndose hablar de innovación evolutiva, revolucionaria y disruptiva.

Y de todo esto es de lo que nos habla @manyez, de no conformarnos, de explorar y caminar en otras direcciones, de mirar de otra manera, de incorporar e introducir cambios en las organizaciones, de utilizar brújulas en vez de mapas, de no tener miedo (ni pereza) y atrevernos a salir de la zona de confort, mantener nuestros valores, compartir siempre y buscar nuevas (otras) formas de (para) hacer mejor las cosas (incluso improvisando)…

He aquí la serie de primeras entradas del mes de enero publicadas en Salud con cosas, desde aquella inicial de 2011:

·         2011: “La revolución del folio en blanco
·         2012: “La revolución de las ideas
·         2013: “La revolución del fondo y de la forma 
·         2014: “Ni un paso atrás: la revolución de 2014
·         2015: “Escape: la revolución de 2015
·         2016: “La revolución de los valores
·         2017: “Una revolución sin miedo

Por todo ello, hoy día, en que la idea misma de revolución parece haber desertado de la imaginación de nuestros contemporáneos, es muy de agradecer que nos recuerden que -de alguna manera- puede seguir siendo posible…
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