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martes, 10 de agosto de 2021

Acuerdos, principios y otras imposturas…

           Amanecer (julio 2021)

«Son páginas los días de un libro misterioso.»

Felipe Benítez Reyes

«El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son y de las que no son en cuanto no son.»

Protágoras

Disertaba Javier Gomá Lanzón, en un viejo artículo publicado hace unos años en el diario El País, sobre lo que significa y conlleva la expresión poner o «prestar atención», advirtiendo contra esos latosos inoportunos e impertinentes que (nos) asaltan y usurpan nuestra soledad, permutándola alevosamente por mortal aburrimiento, lo que califica incluso como ‘delito de lesa humanidad’. Recordaba, además, que «la condición de latoso no es exclusiva del individuo, sino que una densa trama de actos protocolarios a los que las expectativas creadas en la vida privada y profesional nos obligan a asistir usuran nuestro tiempo sin aparente beneficio de nadie, y así hartas veces es precisamente la propia sociedad la que se constituye en el más temible y alienante de nuestros time consumers.»

Coincidía en esto con la opinión expresada hace ya tiempo por el gran crítico George Steiner, fallecido hace apenas año y medio, en un breve librito (La barbarie de la ignorancia. Ed. Taller Mario Muchnik. Madrid, 1999), en el que sostenía que «a una obra se le debe atención, y la atención lleva a la reflexión…». De aquí que nadie debería, por tanto, importunar o distraer(nos) impunemente (d)el siempre escaso tiempo de que disponemos para atender al disfrute, contemplación o lectura atenta de la obra de arte, en tanto en cuanto revela cómo entendemos en lo esencial el mundo, aquello que nos hace precisamente (más) humanos o consideramos como valioso, bello o sublime, conceptos que -en palabras de Iris Murdoch- están a su vez relacionados con lo bueno y también, de diferentes maneras, con la idea de libertad. En una serie de agudos ensayos sobre filosofía y literatura publicados hace algún tiempo, (La salvación por las palabras. Ed. Siruela. Madrid, 2018), clama de hecho contra la gris monotonía de las cosas sin gracia –en el sentido amplio del término–.

Hasta hace unos meses, por razón de mi desempeño profesional me veía obligado con relativa frecuencia a asistir a un buen número de actos protocolarios o institucionales de esta naturaleza, con una notable y más que acreditada capacidad para ‘quitarnos la soledad sin darnos compañía’… gracias a latosos (y latosas) de toda clase y condición. No obstante, he de reconocer que en alguna ocasión ello resultaba sobradamente compensado con algunos otros que eran lo suficientemente emotivos y entrañables como para ‘reconciliarnos con el género humano’ por decirlo gráficamente.

En noviembre de 2019 tuve ocasión de asistir a la Mesa inaugural del 14º Congreso de pacientes con cáncer (último celebrado con carácter presencial) que, por diversas razones, resultó no solo (muy) entretenido sino, sobre todo, instructivo y aleccionador. En primer lugar, por las personas asistentes al mismo, encabezadas por mi amiga Begoña Barragán @BBarragan, siempre tan trabajadora y entusiasta; en segundo lugar por el original montaje y la escenografía del mismo, felizmente inspirada (y lograda con brillantes resultados) en el mundo del cine; y en tercer lugar por Ángel Rielo @angelrielo, la persona encargada de presentar y animar la ceremonia, que se definió a sí mismo como ‘feliciólogo’, cómico y ‘motivador de almas’.

En el trascurso del acto, este hombre citó los denominados “acuerdos toltecas”. Confieso que era la primera vez que oía hablar de este tema, y aunque inicialmente sonaba mucho a la espantosa (y pegajosa) jerga sensiblera y cursi de esos libros amarillos de aeropuertos y estaciones sobre autoayuda y crecimiento personal, me llamó la atención la seguridad, el convencimiento de sus palabras y la fuerza con la que transmitía su mensaje.

Al llegar a casa me vi casi en la obligación de hacer algunas averiguaciones sobre la cultura tolteca y este curioso asunto de los acuerdos. El origen se encontraba en una obra llamada Los cuatro acuerdos, publicada en 1997 por el "orador motivacional", escritor y cirujano (?) mexicano Miguel Ruiz y de la que al parecer ha vendido cerca de 4 millones de ejemplares, con textos y temas espiritualistas o neochamanisticos (sic).

[Información adicional (y absolutamente prescindible, por otra parte): Entre los pueblos nahuas precolombinos que habitaban en la altiplanicie de México y de América Central en la época de la llegada de los españoles, la palabra tolteca significaba alguien sabio que dominaba las artes y artesanías. Y la palabra ‘toltequidad’ equivalía a lo que hoy podríamos denominar como ‘alta cultura’. Tolteca era un gentilicio genérico, aplicado a todos los moradores de Mesoamérica. Deriva de la raíz Tol-, que significaba en su origen 'tallo, junco', de donde surgió el nombre de la ciudad de Tula o Tollan ('(lugar donde abundan) los juncos') y debido a la tradición cultural de esta ciudad tolteca (originalmente 'habitante de Tula') llegó a adquirir el sentido de 'persona instruida'. Las ideas toltecas recibieron el nombre tōltēcayōtl 'toltequidad' y se componían de fórmulas religiosas, artísticas y científicas que reflejaban la cosmovisión mesoamericana].

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 En fin, los llamados ‘acuerdos toltecas’ divulgados en su día por Don Miguel Ruiz (ver aquí su página Web con lo que parece un lucrativo y pintoresco negocio familiar a base de libros, cartas, sesiones de coaching, charlas y merchandising variado) son los siguientes:

1.    Sé impecable con tus palabras. Las palabras importan y son poderosas. Suele decirse que “hiere más una palabra que una espada”, se necesita saber usarla y comprenderla, hacerlo de forma asertiva y no usarla para herir. El politólogo Giovanni Sartori afirmaba: «Las palabras son nuestras gafas. Equivocar la palabra es equivocar la cosa». La precisión y el cuidado en la elección de nuestras palabras y expresiones nos lleva directamente a un estado de equilibrio y conformidad plena. Ello contribuye a frenar en el mundo la rueda del odio si, pese a todo, tratamos a las personas con respeto y consideración. Como dijo Shakespeare, “hay palabras que son puñales”, basta con asomarse a las redes sociales, pero también hay palabras que inspiran, acercan, animan y sanan. La palabra es sagrada y hay que aprender a usarla con unción y a callar cuando las palabras pueden lastimar a otros y contaminar un ambiente.

Entiendo que la idea también se refiere a ser respetuosos con la palabra dada y con los compromisos adquiridos, siendo coherente con lo que piensas y lo que haces.

2.    No te tomes nada personalmente. El mundo entero puede hablar sobre nosotros, pero si no lo tomamos como algo personal, seremos inmunes. Ignorando el juicio de los otros conseguiremos no dejarnos manipular y continuar libres. En el fondo, cada uno sabe bien quién es y cómo es en realidad, y nadie debe modificar esta percepción que cada uno tenemos de nosotros mismos, lo que supone directamente evitar enfados, estrés, dolor y cualquier otra sensación negativa para nosotros. Aquello que los otros dicen y hacen, las opiniones que manifiestan, todo sigue los acuerdos que ellos han adoptado consigo mismos y no con nosotros.

Cultivar esta actitud evita conflictos innecesarios y el hecho de sentirse ofendidos, con lo que no tendremos necesidad de defender nuestras convicciones. De este modo no haremos más grande alguna incómoda situación que en realidad es realmente pequeña.

3.    No hagas suposiciones. No prejuzgues. Tendemos a hacer suposiciones y juicios de valor sobre (casi) todo. Damos muchas cosas por sentado y creemos que lo que (pre)suponemos es cierto. Hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan nos lo tomamos personalmentey después, los culpamos y reaccionamos mal con nuestras palabras. Este es el motivo por el cual siempre que hacemos (pre)suposiciones, se suceden problemas. Hacemos una suposición, comprendemos las cosas mal, nos lo tomamos personalmente y acabamos haciendo un gran drama de nada.

Siempre es un grave error suponer que los demás saben lo que pensamos, que todo el mundo ve la vida del mismo modo que nosotros y que no es necesario decir lo que queremos de una manera asertiva. Harán lo que queremos porque nos conocen muy bien. Si no lo hacen, si no hacen lo que creemos que deberían hacer, nos sentimos heridos y pensamos: «¿Cómo ha podido hacer eso? Debería haberlo sabido». Suponemos que la otra persona sabe lo que queremos. Creamos un drama completo al hacer esta suposición y después añadimos otras más.

4.    Haz siempre lo máximo que puedas. Da siempre lo mejor de ti mismo(a). Limítate a hacer lo máximo que puedas en cualquier circunstancia de tu vida. Estés enfermo(a) o cansado(a), si siempre haces lo máximo que puedas, no te juzgarás a ti mismo(a) en modo alguno, no te harás reproches, ni te culparás o castigarás en absoluto. Si haces siempre lo máximo que puedas, nunca te recriminarás ni te arrepentirás de nada.

Busca la excelencia sin dejar de ser humilde. Dar lo mejor siempre te saca adelante y te permite convertir en posibles muchos imposibles. Mientras los pesimistas se quejan, los optimistas mejoran el mundo. Mientras algunos(as) buscan excusas para no hacer algo, las personas excelentes ya lo han hecho.

       Citas latinas en el techo de la torre de Montaigne

5.   Sé escéptico, pero aprende a escuchar. En un libro posterior (El quinto acuerdo), Miguel Ruiz, junto a su hijo José Ruiz, desarrolló este otro acuerdo. Se trata de usar el poder de la duda para discernir la verdad, para tomar la suficiente distancia, no creerse todos los mensajes y hacer desaparecer las mentiras, respetando las historias que los demás eligen contarse (y contarnos). De alguna manera todo el mundo construye su historia y dice mentiras, y por ello es importante escuchar sin juzgar, buscando sinceramente comprender al otro(a) en su propia historia.

Acabemos. Siempre es oportuno recordar que conviene no distraerse y estar muy atentos(as) a posibles martingalas e imposturas… puesto que la duda es el motor del conocimiento. El propio Michel de Montaigne ejemplo de escepticismo avant la lettre hizo grabar en su torre la siguiente sentencia: Solum certum nihil esse certi, et homine nihil miserius aut superbius. (No hay nada cierto más que la incertidumbre, y nada más miserable y más soberbio que el hombre.)

Pues eso.

sábado, 2 de agosto de 2014

Un «Regimen Sanitatis» Gaélico

En agosto de 2011 este blog al que decidimos bautizar como Regimen Sanitatis 2.0  inició su andadura en la procelosa blogosfera sanitaria, cada vez más activa y poblada. Con un total de 215 entradas publicadas desde entonces, hemos intentado mantenernos fieles a la idea que inicialmente lo animaba y que aparece en su frontispicio a modo de declaración de intenciones: «…recoger también una serie de reflexiones, comentarios y observaciones sobre salud y enfermedad, gestión sanitaria, medicina e historia, sociología, economía de la salud, literatura y otros aspectos relacionados con un ámbito cada vez más incierto y complejo...»

Todos y cada uno de nosotros somos producto y resultado de nuestra propia historia vital, de nuestras decisiones, de nuestras ideas y creencias, de nuestros aciertos pero también –y sobre todo- de nuestros errores, de lo que sentimos, deseamos y alguna vez quisimos, de nuestras esperanzas y de nuestras frustraciones, de nuestras alegrías y de nuestras desdichas, en suma, de nuestra experiencia, del trayecto único y personal que, a pesar de ser intransferible e individual, compartimos y recorremos junto a otros. No estamos solos; tampoco en esta (pequeña) aventura que emprendimos hace ahora tres años. En este camino surcando la blogosfera sanitaria hemos procurado seguir algunos de los consejos y recomendaciones que nos han hecho llegar algunos buenos amigos, (con más conocimiento y experiencia), de manera personal, mediante el correo, con sus comentarios en el propio blog o a través de otras redes sociales. De acuerdo con lo establecido hace ya quince años en una de sus famosas tesis o conclusiones por el Manifiesto Cluetrainhemos intentado siempre mantener una actitud de “…humildad, franqueza y un punto de vista genuino.” En cualquier caso, a todos los que están por ahí, al otro lado de la pantalla, muchas gracias por el apoyo, la comprensión y la paciencia. En buena medida sois (también) responsables de la continuidad de esta iniciativa. Si alguno de los post que hemos ido colgando semana tras semana ha resultado de interés, ha sido motivador o sugerente o tal vez ha servido para volver la vista hacia otros lugares, o descubrir nuevos puntos de vista, eso ya es razón más que suficiente para justificar el tiempo empleado y todo el trabajo desarrollado.

Para conmemorar este tercer aniversario no se me ocurre nada mejor que hacer una breve reseña de una rareza bibliográfica: un curioso Regimen Sanitatis de origen gaélico escocés que, como  todos los tratados de este género, es una recopilación sistemática de consejos higiénico-dietéticos, basados en el conocimiento empírico de antiguos autores, que constituyen todo un régimen de vida para conservar la salud. A partir de una doctrina sólidamente fundada en la tradición hipocrático-galénica, se incluyen consejos higiénicos sobre la comida, la bebida, el sueño o las emociones, en función de la edad, la constitución, el tiempo o la época del año de que se trate.

El presente Régimen Sanitatis o Regla de la Salud procede de un manuscrito médico gaélico del siglo XVI encontrado en el Museo Británico. Consta de sesenta y dos folios de papel vitela, encuadernados con una cubierta de piel adornada por dibujos lineales sencillos. La escritura, como puede verse en la reproducción fotográfica, es bastante legible.
El texto se encuentra incluido en un libro publicado en 1911 con la transcripción en lengua gaélica escocesa y la traducción al inglés. Su autor, el Dr. H. Cameron Gillis publicó la obra en Glasgow. En el Prefacio, fechado en diciembre de 1910, explica que se trata del primer esfuerzo definitivo llevado a cabo para recuperar los viejos manuscritos médicos gaélicos que habían permanecido desconocidos durante siglos. Un trabajo al que se vio impulsado por un cierto sentido del patriotismo, por amor a su lengua y por la obligación moral de dar a conocer la historia de la medicina de su país.

Según explica en la Introducción, el tratado perteneció a John MacBeath, de la notable familia con ese nombre, que fueron médicos hereditarios de los señores de las islas y de los reyes de Escocia durante varios siglos. No menos de setenta y seis médicos llamados Macbeth o Beaton, ejercieron la medicina en Escocia entre 1300 y 1700.

“Al parecer, el volumen se mantuvo en la familia MacBeath durante muchas generaciones, pero cómo encontró su camino a Inglaterra, me temo que ahora no puede ser conocido con seguridad”, afirma H.Cameron Gillies.

El texto se compone de los siguientes siete breves capítulos:

·     Capítulo I. Regimen Sanitatis. En el que se explica que hay tres aspectos de la regulación de la salud: Conservatium, es decir, la necesidad de proteger o mantener el estado de buena salud; Preservatium, es decir, prevenir o prever la enfermedad, y Reductium, es decir reorientar y restaurar el estado de salud. Conservatium es lo que debe hacerse en los hombres sanos. Preservatium es lo correcto en aquellos que están débiles o están perdiendo la salud. Reductium es necesaria en quienes ya están enfermos.
·         Cap. II. Sobre la cantidad de alimentos (y bebidas) que deben tomarse.
·         Cap. III. Del orden de la dieta y la ingesta de los alimentos.
·   Cap. IV. Sobre el tiempo (y de cómo las comidas deben ser más o menos abundantes. según la época del año).
·        Cap. V. En relación con el tiempo de las comidas.
·       Cap. VI. Del hábito y de la costumbre. Decía Aristóteles que la excelencia moral es el resultado del hábito: Nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes, realizando actos de valentía...
·        Cap. VII. Sobre la edad y el temperamento.

Merece la pena echar un vistazo por encima para comprobar el enorme sentido común y práctico que impregna toda la obra, que finaliza como sigue:

And this is sufficient though a great deal more might be said here. (Es decir: ...Y aunque podría decirse mucho más, esto es suficiente).

Hoy terminamos esta entrada especial con una preciosa canción coral que es la banda sonora del lanzamiento de un canal de la BBC con ese nombre: Alba, el nombre en gaélico de Escocia,  interpretada por un grupo de hombres y mujeres de esa hermosa tierra.

martes, 28 de enero de 2014

El Alcalde salubrista

Portada de la revista New Yorker de 18 nov 2013 despidiendo al Alcalde Michael Bloomberg

“[Salubristas] Los que emprenden grandes obras de actividad pública, los que tienen que estar a prueba de las dilaciones más fatigosas, las desilusiones más penosas, los insultos más ofensivos, y lo que es peor aún, los juicios presuntuosos de los ignorantes.”         

Una entrada de Miguel Ángel Mañez [@manyez] en su blog Salud con cosas sobre el papel de los impuestos en la lucha contra la obesidad, me recordó la figura del ex-alcalde de Nueva York Michael Bloomberg y el papel de celoso guardián de la salud pública que ejerció a lo largo de sus tres mandatos (entre 2002 y 2013). Una figura pintoresca, políticamente controvertida e independiente, que mantuvo la firmeza de sus convicciones y alguno de sus polémicos proyectos contra viento y marea.

La última de sus batallas en su lucha contra la obesidad fue el intento (fracasado) de prohibir la venta de los desmesurados envases de refrescos y bebidas azucaradas:



Un artículo publicado hace unos meses en el JAMA (Dave A. Chokshi, Nicholas W. Stine, Reconsidering the Politics of Public Health. September 11, 2013, Vol 310, Nº 10) se refería precisamente al papel de la Administración y del Estado en la Salud Pública. Una vez más la reedición del clásico y viejo debate entre el intervencionismo y el liberalismo (o, como hubiera dicho el propio Stuart Mill, el enfrentamiento entre libertad social y autonomía del individuo contra la tiranía de la mayoría).

Los autores sostienen que uno de los dilemas centrales en salud pública es precisamente (intentar) reconciliar el papel del individuo con el papel del gobierno en la promoción de la salud. Por un lado, el enfoque de las políticas gubernamentales —mediante tasas, impuestos, prohibiciones y otros reglamentos— puede verse como un ejemplo emblemático de la injerencia de un "Estado niñera" (nanny state). Desde este punto de vista, las regulaciones de la salud pública son parte de una ‘pendiente resbaladiza’ hacia la creciente intromisión del gobierno en la libertad individual. Desde otro punto de vista, las políticas reguladoras o intervencionistas pueden considerarse como un instrumento fundamental de un “Estado inteligente” (savvy state) para combatir las condiciones que subyacen a la (casi) ‘inexorable’ epidemia de enfermedades crónicas. Los defensores de las regulaciones en salud pública citan la asociación entre un agresivo control del tabaco, la actividad física y las intervenciones sobre la nutrición, que han producido aumentos demostrables en la esperanza de vida.

Bajo el mandato del alcalde Michael Bloomberg, la ciudad de Nueva York ha servido como laboratorio para desarrollar una agresiva política de salud pública. El ejemplo más reciente de la administración Bloomberg fue la tormenta desatada con la controvertida norma que limitaba el tamaño de los envases de bebidas azucaradas para intentar luchar contra la obesidad. Sus detractores, como el denominado Center for Consumer Freedom (Centro para la Libertad del Consumidor) se oponían a dicha limitación con el lema: "los neoyorquinos necesitan a un alcalde, no una niñera". La amenaza de que los municipios adoptaran medidas similares a las de Nueva York fue suficiente para que los legisladores de Mississippi aprobaran una ley, conocida como la "Ley anti-Bloomberg", que prohibía a las autoridades locales establecer regulaciones sobre alimentos y bebidas. Mientras tanto, los partidarios de las regulaciones del gobierno tienen que luchar porque la mayoría de la gente no percibe sus ventajas al no obtener un beneficio inmediato de muchas de las intervenciones en salud pública. Y además, con frecuencia existe un pequeño pero ruidoso grupo (a veces con poderosos intereses corporativos) que se opone vigorosamente a estas regulaciones. Otra consideración sobre los activistas es que a veces existen pocas pruebas de que una intervención específica de salud pública será efectiva. Ante estos importantes retos vale la pena preguntarse cuáles son las perspectivas que se plantean a los puntos de vista más intervencionistas o reguladores en la mejora la salud pública.
 El artículo explora cinco posibles vías para avanzar:

En primer lugar, la existencia de un esfuerzo concertado para cambiar los términos del debate en torno a las políticas reguladoras (según aparece en el cuadro anterior). Las normas y reglamentos sobre la salud pública aparecen a menudo falsamente descritos como un dilema entre la responsabilidad (de los individuos) frente a la restricción (de la libertad), y raramente se presentan como una opción reguladora de las consecuencias de la inacción sobre la salud pública. La actual “epidemia” de enfermedades crónicas ha emergido en un entorno en el cual la exposición a conductas poco saludables es a menudo lo más difundido y valorado. En la medida en que este ambiente está propiciado por las políticas existentes, debe haber una mayor transparencia sobre lo que supone la decisión de salud pública de no actuar. Por ejemplo, la inexistencia de una prohibición de fumar en el lugar de trabajo sería considerada una decisión política activa que provocaría una mayor exposición de los empleados a los agentes carcinógenos y un mayor riesgo de infarto agudo de miocardio.

Además, para que los líderes de la salud pública promuevan y defiendan con mayor eficacia su discurso público, deben abordar y hacer frente en primer lugar a los argumentos sobre la (supuesta) "pendiente resbaladiza". El juez Milton Tingling, en el fallo de la Corte Suprema de Nueva York contra la limitación del tamaño de los envases de bebidas azucaradas en la ciudad de Nueva Yorkdeclaró: "aceptar la interpretación de los comparecientes sobre la autoridad otorgada a la Junta [de salud]... supone concederle autoridad para definir, crear, mandatar y obligar con la única limitación de su propia imaginación. Si se confirmara la norma que limita el tamaño de los envases de bebidas azucaradas, ello supondría crear un Leviatán administrativo". Para contrarrestar esos temores, los líderes de la salud pública podrían proponer unos principios para asegurar al público que la actuación reguladora es limitada, juiciosa, y más eficaz que otras alternativas razonables. Las alternativas que se consideraran y que tuvieran menos probabilidades de ser eficaces (por ejemplo, una campaña educativa sobre grandes refrescos) podrían describirse y enumerarse —con ejemplos específicos de las intervenciones que podrían ir "demasiado lejos" (como prohibir la venta de bebidas gaseosas grandes en supermercados). Delimitando las decisiones políticas de esta manera, el debate político puede centrarse en los desacuerdos legítimos sobre los costes y beneficios de una determinada actuación reguladora.

En segundo lugar, la salud pública -a menudo en el extremo del espectro político liberal- aboga por redescubrir el centro político y ganarse las recomendaciones de los moderados y conservadores. El exgobernador de Arkansas Mike Huckabee en su Vision for a Healthier America ("Visión para una América más saludable"), incluyó apoyar el consumo de alimentos saludables en las comunidades desfavorecidas; proporcionar incentivos para programas de bienestar patrocinados por los empresarios; y abordar la nutrición en las escuelas. Igualmente, el alcalde de Oklahoma, Mick Cornett, también republicano, diseñó una campaña sobre el lema This City Is Going on a Diet ("Esta ciudad está siguiendo una dieta"), y basó su apoyo público en inversión en infraestructura para nuevas áreas recreativas, para transporte público y ciclismo. Fuera de los Estados Unidos, países tradicionalmente más conservadores como Hungría y Rumania han experimentado con impuestos a los alimentos para promover hábitos alimenticios más saludables. Colectivamente, las intervenciones de salud pública apoyadas por los conservadores pueden representar un punto de partida de consenso para la acción política.

En tercer lugar, cabe destacar las consideraciones de rentabilidad como una forma de compromiso político, particularmente a nivel federal. Al igual que las condiciones de austeridad han cambiado los cálculos políticos sobre los impuestos a los alimentos en ciertas partes de Europa, ello podría aprovecharse en los Estados Unidos para avanzar en el debate sobre la salud pública. Las intervenciones reguladoras ofrecen una oportunidad poco frecuente de mejorar la salud a bajo coste — y a veces incluso generar retornos. Los opositores pueden, incluso razonablemente, desafiar la regulación por motivos políticos, pero las consecuencias en la salud y en los costes deberían ser sopesadas y valoradas frente a las consecuencias filosóficas, de manera transparente. Como en Europa, las políticas de reducción del déficit pueden dar lugar a coaliciones inesperadas —en particular teniendo en cuenta que los contribuyentes están pagando cada vez más por otras decisiones sobre salud a través de la ampliación de los programas de aseguramiento del gobierno.

En cuarto lugar, los financiadores privados, podrían invertir en campañas bien cuidadas para conseguir más defensores de la salud pública. Esté o no uno de acuerdo con este planteamiento, Bloomberg elevó la prioridad de la salud pública y revitalizó el discurso sobre cuál sería el papel apropiado del gobierno. Otros alcaldes y gobernadores podrían ser el foco de un deliberado y mayor esfuerzo para educar a los líderes sobre la prevención de enfermedades y la salud de la población. Las campañas deben tener en cuenta los datos de la opinión pública sobre las iniciativas de salud. Por ejemplo, un estudio demostró que la creencia en que "gente como yo" puede influir en los problemas de salud pública que el gobierno decide priorizar era un fuerte y consistente predictor de apoyo en la acción de gobierno. Por tanto, incluir el "cómo" movilizar a la opinión pública en el apoyo de las iniciativas de salud pública no es menos importante que el "qué".

En quinto lugar, los médicos pueden tener una especial responsabilidad en abordar el problema que los psicólogos y economistas llaman "descuento hiperbólico" —la tendencia humana a descontar el valor de las condiciones futuras por un factor que aumenta con la duración del retraso. Los médicos pueden dar fe de los remordimientos que ocurren en determinados momentos que resultan conmovedores, por las decisiones poco saludables adoptadas previamente —por ejemplo, el ex fumador con disnea tratando de poder jugar o seguir la corriente a los nietos— y trabajar para impedir que otros pacientes experimenten consecuencias evitables. Tal vez los médicos y otros profesionales de la salud tienen el deber especial de opinar sobre cómo la sociedad enfrenta las condiciones sociales y ambientales que conducen hacia opciones poco saludables.

El artículo concluye con algunas consideraciones sobre el liderazgo en Salud Pública, reconociendo que existe un importante y legítimo debate sobre el papel y el alcance que deben desempeñar los enfoques normativos para mejorar la salud pública, todo ello enmarcado en un debate más amplio acerca del papel del Estado y de la intervención de la Administración en la vida de los individuos. Sin embargo, llama la atención acerca de que este debate político puede derivar rápidamente hacia caricaturas y falsas disyuntivas. Los líderes que tienen como prioridad la salud pública son la excepción más que la norma, a menos que la población establezca un camino claro hacia un estado inteligente y políticamente acertado. Este camino debe responder directamente a las preocupaciones legítimas que subyacen en las críticas al “estado niñera” — al tiempo que guía y dirige el liderazgo político hacia planteamientos serios y creativos frente a la epidemia de enfermedades crónicas relacionadas con el moderno estilo de vida.

El caso del alcalde Bloomberg, como abanderado de la salud pública, es ciertamente singular ya que en este campo puso en marcha e hizo suyas otras notables iniciativas, como la lucha antitabaco y la promoción de la lactancia natural:




Sin duda una figura única cuyo particular carácter se reflejaba en sus hábitos: iba al trabajo en metro, cobraba un dólar al año y sin embargo, era poseedor de la séptima fortuna de EEUU, estimada en 27.000 millones de dólares…

Video  de la campaña contra los grandes envases de refrescos. Man Drinks Fat New York City Health Department Anti Soda NYC Health Eating sugar

miércoles, 1 de enero de 2014

Otro médico (Ibn Wafid)


Aprovechamos estos días festivos para ver “El médico”, exitosa adaptación cinematográfica de la novela de Noah Gordon que en su día, hace ya más de 25 años, se convirtió en un best-seller. A pesar de no haber recibido críticas excesivamente elogiosas es una película interesante y de buena factura, entretenida y que se deja ver bien, a pesar de su tal vez excesiva duración. Como en una clásica película de aventuras asistimos a la odisea del joven protagonista, un aprendiz de barbero-cirujano británico, que recorre medio mundo en busca de los mejores conocimientos médicos del siglo XI. Su viaje le conduce hasta Ispahan (Persia), donde un fascinante personaje (histórico), el médico, filósofo, científico y polímata Ibn Sina (Avicena) será su maestro y mentor.

Por la misma época en que transcurre esta historia ficticia, en el reino taifa de Toledo bajo el reinado de Yahya ibn Ismail al-Mamún, un buen número de estudiosos de todas las ramas del saber encontraron el apoyo necesario para desarrollar su trabajo y avanzar en numerosas disciplinas. Entre ellos destaca la figura de Ibn Wafid médico y botánico célebre que llegó a alcanzar el cargo de visir. Sus dos obras médicas principales fueron el Libro de los medicamentos simples, (Kitab al-Adwiya al-Mufrada) y el Libro de la almohada, sobre medicina (Kitab al-Wasad fi al-tibb). Este último es una auténtica Guía Médica, una farmacopea y un manual terapéutico.

La medicina que representa Ibn Wafid ya incorporaba los conocimientos griegos, a través de las enseñanzas galénicas, que se habían ido introduciendo en el mundo árabe a partir del siglo IX, a lo que se sumaban aportaciones persas e hindúes. Era una medicina con un marcado carácter preventivo y quienes la practicaban combinaban en su labor profesional la utilización de medicamentos con la de alimentos, añadiendo un régimen de sueño, baños y ejercicios físicos adecuados a la constitución de cada organismo, así como consejos sobre el vestido o la vivienda.

El médico debía conocer la constitución del cuerpo humano, a partir de la vigente teoría humoral que, desde Hipócrates consideraba como elementos fundamentales del organismo cuatro sustancias líquidas o “humores”: bilis negra, bilis amarilla, flema y sangre. Cada uno poseía las cuatro cualidades de calor, frialdad, sequedad y humedad, y el conjunto se vinculaba a los cuatro elementos básicos, es decir, tierra, agua, aire y fuego. A ello se une la idea del pneuma, (el ruh árabe), considerado el “espíritu vital” o “calor innato”.

De acuerdo con estos fundamentos, el arte de la medicina consistía en mantener el equilibrio de los humores como expresión de salud, adoptando medidas preventivas o terapias adecuadas cuando el equilibrio se había alterado y convenía restablecerlo. Había que conocer, por tanto, las distintas enfermedades y sus remedios, o sea las sustancias que debían aplicarse en cada caso, empleando para ello medicamentos obtenidos a partir de plantas y de otros elementos minerales o animales, utilizados de forma aislada o combinados.  

Ibn Wafid fue un experto botánico, teórico y filósofo, pero al mismo tiempo un médico práctico que recogió en sus obras tanto los conocimientos previos, procedentes de autores antiguos, como los de sus contemporáneos y sus propios conocimientos científicos obtenidos a partir del trato diario con el enfermo. El Libro de la almohada es una buena prueba de ello, como una especie de recetario o manual para uso del médico común que solo necesita saber qué medicamentos o recetas podía utilizar contra una dolencia específica y el modo de prepararlos. El propio nombre de la obra muestra su propósito de ser un libro útil, para tenerlo como libro “de cabecera” o “bajo la almohada”…

A modo de ejemplo, transcribimos una de las más de 900 recetas que se recogen en este curioso manual.

  
Receta de un aceite de hierbabuena útil para el frío del estómago, el vómito y el hipo

Se toma un arrelde de agua de hierbabuena y se vierte en él otro arrelde de aceite de rosa o de aceite de sésamo, preferentemente el primero. Esta mezcla se coloca al fuego de una  marmita de arcilla barnizada interiormente o de piedra y se cuece a fuego lento hasta que se pierda la mayor cantidad posible de agua. Luego se filtra el aceite y se le echa otro arrelde de agua de hierbabuena, volviendo a cocer hasta que solo quede un pequeño resto de agua, filtrando entonces de nuevo. Esta operación se hace tres o cuatro veces. Cuanto más la repitas, mejor será el producto.
(arrelde: peso antiguo equivalente a cuatro libras)

Actualización (3 de enero de 2014):

El periódico publica hoy una entrevista con Noah Gordon. “En nuestra sociedad el médico ocupa el lugar del sacerdote”, afirma el escritor.
Partidario y admirador del presidente Barack Obama, el escritor apoya apasionadamente la reforma del sistema sanitario que aquel pretende implantar, con la feroz oposición del partido Republicano: “Si consigue hacer pasar la ley, que es absolutamente necesaria porque hay 45 millones de personas en Estados Unidos que no tienen seguro médico ni se pueden pagar uno, Obama pasará a la Historia como un gran presidente. Cruzo los dedos para que así sea. Porque necesitamos que muchos jóvenes le apoyen, y sucede que como los jóvenes suelen gozar de buena salud no son conscientes de la importancia de este asunto. No se imaginan que un día vayan a caer enfermos también ellos, como es ley de vida, y que necesitarán esa red de protección”.

viernes, 15 de noviembre de 2013

De socorristas y leñadores

Foto: Ed Yourdon, vía flick

Hace ya un cuarto de siglo, en 1988, John Ashton y Howard Seymour publicaron un pequeño libro: The New Public Health, traducido dos años más tarde como “La nueva Salud Pública. La experiencia de Liverpool”, que pretendía, a partir de una experiencia local en dicha zona, divulgar el movimiento Healthy Cities (Ciudades Saludables). Esta iniciativa, promovida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Europa desde pocos años antes, tenía como objetivo fundamental mejorar el bienestar de los ciudadanos potenciando estilos de vida saludables y un medio ambiente sostenible.

La denominada “Nueva Salud Pública” daba un paso más allá de su función tradicional de prevención de la enfermedad, desarrollando las ideas y conceptos de los Determinantes de la Salud y la actuación sobre ellos mediante la Promoción de la Salud y otras estrategias.

En el prólogo a la edición inglesa del libro los autores contaban una breve historia, a modo de fábula con moraleja, que siempre me ha parecido fascinante por su capacidad metafórica y gran poder de evocación:

En el movimiento de la “nueva salud pública” –explicaban- los profesionales sanitarios aparecen frecuentemente representados como socorristas que están a la orilla de un río que discurre muy rápido. Continuamente aparecen personas que vienen arrastradas por la corriente y que piden auxilio para no perecer ahogadas. Todos los socorristas están muy ocupados en las tareas de rescate, salvando la vida a “sus enfermos”.

En cuanto rescatan a uno, inmediatamente aparecen otros. Tan ocupados están en esta tarea de salvar vidas, que no tienen tiempo apenas para pensar en lo que hacen, caminar un poco corriente arriba y averiguar por qué se cae tanta gente al agua.

Desde la perspectiva de la salud pública, -con un enfoque colectivo y poblacional-, se argumenta la necesidad de que los trabajadores sanitarios cambien su mentalidad y se preocupen más de pensar en lo que está ocurriendo “aguas arriba”.  Evidentemente, dependiendo del punto de vista que adopte cada uno, lo que ocurre aguas arriba puede tener varias lecturas. Algunos pensarán que es la gente la que cae (o salta) al río por sus propios errores; otros, creerán que son empujados de alguna manera; incluso habrá quien considere que todos los caminos conducen inevitablemente al río, o que los que caen son víctimas de su mala suerte, del azar o tal vez de la ira divina…

En resumen, apenas quince años después del Informe Lalonde, la “nueva” salud pública, formulaba de manera más clara, un modelo teórico que incorpora ya el papel causal de los determinantes de la salud, las ‘causas delas causas’, es decir de los factores ambientales y biológicos que subyacen y preceden a la aparición de los problemas de salud. Como señalaba Fernando García Benavides (La epidemiología “moderna” y la “nueva” salud publica. Rev San Hig Púb 1994; 68: 101-105):

“El conocimiento cada vez más detallado de estos determinantes, llamados por algunos causas componentes ha hecho que la Salud Pública no sea tan sólo un discurso cargado de razón acerca del papel causa de los factores sociales en el origen de la enfermedad, sino también un instrumento útil para mejorar la salud de los individuos.”

“Pero para la Salud Pública no es suficiente conocer los determinantes de la salud y la enfermedad. A diferencia de la epidemiología, la práctica de la Salud Pública necesita transformar los conocimientos existentes en acción. Una de las consecuencias del desarrollo reciente de la Salud Pública es que su práctica se ha hecho más compleja, hoy es necesario manejar conceptos y técnicas procedentes de ciencias de la conducta, de la educación o de la comunicación, junto con otras ciencias sociales como la sociología, la antropología o la economía.”

Siguiendo con esta línea de pensamiento, y en el contexto actual, nos ha interesado mucho un breve trabajo que Javier Padilla [ @javierpadillab ] colgaba en su blog hace un par de días en el que explica los dos principales enfoques o discursos dominantes que en la actualidad podrían encontrarse en el paisaje de la salud pública: "Influencia de la dialéctica individualismo-colectivismo en la salud pública del siglo XXI". Una lectura muy recomendable.

Para terminar, la historia de esos profesionales sanitarios tan ocupados y atareados en la orilla del río recuerda una de las tesis explicadas por el influyente gurú Stephen Covey en su libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectivaque en su día se convirtió en un auténtico best seller de la "literatura" de gestión y desarrollo personal y empresarial que se vendió por millones en quioscos de estaciones y aeropuertos. La formulación de esa tesis es la siguiente:

“Afile la sierra”

El capítulo del libro en el que Covey explica este principio comienza con la historia de un leñador que se encuentra tan inmerso en su trabajo de talar árboles que apenas si tiene tiempo para otra cosa, olvidando que dedicar unos minutos a afilar su sierra le haría ahorrar muchas horas de esfuerzo.

Aplicado tanto a las empresas y organizaciones como a nuestra vida diaria, afilar la sierra se refiere a dedicar al menos algo de tiempo a mejorar nuestras condiciones físicas e intelectuales mediante el ejercicio físico, la reflexión y el estudio…

(En todo caso, al margen de la excesiva y cargante retórica de los libros de autoayuda son unas buenas recomendaciones).

sábado, 22 de diciembre de 2012

El ‘Regimen Sanitatis’ de Francis Bacon

Sir Francis Bacon (1561-1626), primer Barón Verulam, Vizconde de St. Albans, canciller de Inglaterra, filósofo, político, abogado y escritor, está considerado como el padre del empirismo. Como es sabido, sus obras y su pensamiento ejercieron una decisiva influencia en el desarrollo posterior del método científico.

Además de sus obras filosóficas y políticas, los Essays (Ensayos o consejos civiles y morales) son seguramente sus trabajos literarios más ampliamente conocidos. (Aquí la edición de 1613, escaneada de un ejemplar de la universidad de Toronto, y aquí una  edición de 1908). Los primeros diez ensayos, publicados en 1597, eran breves observaciones extraídas de su cuaderno de notas. Tuvieron un éxito inmediato, pero no fueron ampliados y vueltas a publicar hasta quince años más tarde. En 1612, publicó una segunda edición de treinta y ocho ensayos, y en 1625, publicó de nuevo los Ensayos en la forma en que actualmente los conocemos.

Con sus Ensayos Bacon contribuyó a desarrollar el género ensayístico en la prosa inglesa, siguiendo la estela original de Montaigne. Su estilo es en apariencia poco ornamentado, pero muy sugerente y de una gran capacidad aforística. La enorme popularidad que obtuvieron en su día deriva de su interés en abordar una gran variedad de temas comunes al ser humano: Sobre la venganza, la envidia, el amor, la sospecha, las innovaciones, la astucia, la ambición, la belleza, los viajes

También escribió sobre la salud y la mejor forma de conservarla, es decir una serie de consejos y reglas agrupados en un regimen sanitatis: Of Regimen of Health” (Del régimen de la salud), un breve ensayo escrito inicialmente para la edición de 1597, que fue ampliado en 1612 y revisado de nuevo en la de 1625. Sus recomendaciones son aún hoy día una muestra, no ya de conocimiento, sino de perspicacia, sentido común, capacidad de observación y auténtica sabiduría. Su lectura sigue siendo una auténtica delicia. Este es el texto original:
“There is a wisdom in this; beyond the rules of physic: a man's own observation, what he finds good of, and what he finds hurt of, is the best physic to preserve health. But it is a safer conclusion to say; this agreeth not well with me, therefore, I will not continue it; than this, I find no offence of this, therefore I may use it. For strength of nature in youth, passeth over many excesses, which are owing a man till his age. Discern of the coming on of years, and think not to do the same things still; for age will not be defied. Beware of sudden change, in any great point of diet, and, if necessity enforce it, fit the rest to it. For it is a secret both in nature and state, that it is safer to change many things, than one. Examine thy customs of diet, sleep, exercise, apparel, and the like; and try, in any thing thou shalt judge hurtful, to discontinue it, by little and little; but so, as if thou dost find any inconvenience by the change, thou come back to it again: for it is hard to distinguish that which is generally held good and wholesome, from that which is good particularly, and fit for thine own body. To be free-minded and cheerfully disposed, at hours of meat, and of sleep, and of exercise, is one of the best precepts of long lasting. As for the passions, and studies of the mind; avoid envy, anxious fears; anger fretting inwards; subtle and knotty inquisitions; joys and exhilarations in excess; sadness not communicated. Entertain hopes; mirth rather than joy; variety of delights, rather than surfeit of them; wonder and admiration, and therefore novelties; studies that fill the mind with splendid and illustrious objects, as histories, fables, and contemplations of nature. If you fly physic in health altogether, it will be too strange for your body, when you shall need it. If you make it too familiar, it will work no extraordinary effect, when sickness cometh. I commend rather some diet for certain seasons, than frequent use of physic, except it be grown into a custom. For those diets alter the body more, and trouble it less. Despise no new accident in your body, but ask opinion of it. In sickness, respect health principally; and in health, action. For those that put their bodies to endure in health, may in most sicknesses, which are not very sharp, be cured only with diet, and tendering. Celsus could never have spoken it as a physician, had he not been a wise man withal, when he giveth it for one of the great precepts of health and lasting, that a man do vary, and interchange contraries, but with an inclination to the more benign extreme: use fasting and full eating, but rather full eating; watching and sleep, but rather sleep; sitting and exercise, but rather exercise; and the like. So shall nature be cherished, and yet taught masteries. Physicians are, some of them, so pleasing and conformable to the humors of the patient, as they press not the true cure of the disease; and some other are so regular, in proceeding according to art for the disease, as they respect not sufficiently the condition of the patient. Take one of a middle temper; or if it may not be found in one man, combine two of either sort; and forget not to call as well, the best acquainted with your body, as the best reputed of for his faculty.”

Y cuya traducción (según una edición de la editorial Taurus) sería la siguiente:

“Hay en esto una sabiduría que sobrepasa las normas de la medicina. La propia observación de cada cual, lo que encuentra bien y lo que encuentra mal, es la mejor medicina para preservar la salud; pero es más seguro decir: ‘Esto no me conviene, por tanto no seguiré con ello, que esto otro, ‘no encuentro daño en esto, por tanto puedo usarlo: porque la fortaleza natural en la juventud resiste muchos excesos  cuyos efectos no se notan hasta edad avanzada. Daos cuenta del paso de los años y no sigáis haciendo la misma cosa siempre, pues no se podrá desafiar a la edad. Estad alerta ante los cambios repentinos en los puntos importantes de la alimentación y, si es necesario imponerlos, adaptad lo demás a ellos; pues es un secreto, tanto en lo natural como en lo artificial, que es más seguro cambiar muchas cosas que una sola. Examinad vuestros alimentos habituales, sueño, ejercicios, ropas y cosas análogas; y tratad, en todo lo que juzguéis dañino, de interrumpirlo poco a poco; pero de tal modo que, si encontráis algún inconveniente con el cambio, volváis a ello otra vez; porque es difícil distinguir lo que generalmente se tiene por bueno y saludable de lo que es bueno particularmente y apropiado para vuestro cuerpo. estar despreocupado y de buen humor a las horas de las comidas, del sueño y del ejercicio es uno de los mejores preceptos para larga vida. En cuanto a las pasiones y ocupaciones de la mente, evitad la envidia, los miedos angustiosos, la ira interior, las cuestiones sutiles y complicadas, las alegrías y risas excesivas, las tristezas no comunicadas. Las esperanzas gratas, regocijos más que alegrías, variedad en los deleites más que el hastío de ellos; maravillarse y asombrarse y por tanto tener novedades; estudios que llenan la mente con temas espléndidos y nobles como historias, fábulas y contemplación de la naturaleza. Si te alejas completamente de la medicina, la encontrarás demasiado extraña a tu cuerpo cuando la necesites; si te familiarizas demasiado con ella, no te producirá mucho efecto cuando te sobrevenga la enfermedad. Más bien recomiendo alguna dieta en ciertas estaciones que el uso frecuente de la medicina, salvo que se haya hecho ya habitual porque entonces esas dietas alteran más el cuerpo pero lo perjudican menos. No desprecies los nuevos acaecimientos en tu cuerpo sino que has de pedir consejo sobre ello.
En la enfermedad, pon atención a la salud; y en la salud, a la acción. Porque quienes se preocupan de mejorar su cuerpo durante la salud, pueden, en la mayoría de las enfermedades que no sean muy agudas, curarse sólo con dieta y vigilancia. Celso no habría podido hablar como médico de no haber sido un sabio al mismo tiempo, cuando daba como uno de los grandes preceptos de salud y longevidad que el hombre debía variar e intercambiar los contrarios pero con tendencia al extremo más benigno. Utilizar el ayuno y la comida completa, pero más bien la comida completa; velar y dormir, pero mejor dormir; reposo y ejercicio, aunque mejor el último, y así sucesivamente; así se cuidará la naturaleza y se enseñará a dominarla. Algunos médicos son muy complacientes y conformables con el humor del paciente con lo que no alcanzan la verdadera curación de la enfermedad; algunos otros son tan exactos en proceder con el arte de la curación que no respetan suficientemente la condición del paciente. Escoge uno intermedio; o, si eso no lo encuentras en un solo hombre, combinar dos de ambos tipos; y no olvides de trabar profundo conocimiento con tu propio cuerpo, pues eres el más indicado para ello.”
Sabios consejos de hace 400 años...

jueves, 2 de agosto de 2012

De la prudencia (aniversario)


Se cumple hoy un año del inicio de la singladura de este Regimen Sanitatis 2.0 con el lanzamiento de su primera entrada al océano de la blogosfera.

Como conmemoración, (y tal como están las cosas hoy), he considerado oportuno transcribir algunos párrafos de uno de los capítulos del Libro “La Conservación de la salud del cuerpo y del alma”  del que ya hemos hablado en un post anterior, en el que se refiere a la virtud de la “Prudencia”, haciendo una llamada a su necesario cultivo y puesta en práctica.

La Prudencia se define como la virtud de actuar de forma justa, adecuada y con cautela. Se entiende también como la virtud de comunicarse con los demás por medio de un lenguaje claro, literal, cauteloso y adecuado, actuando con respeto de los sentimientos, la vida y las libertades de las demás personas...

CAPÍTULO LVI. En el cual se trata como cada cual debe procurar la virtud de la prudencia, pues con ella se vive más dichosamente y se conserva mejor la salud, y se alargan los días de la vida.
Nadie habrá que no entienda de cuanto momento y peso sea para la conservación de la salud la virtud de la prudencia, pues anda siempre acompañada de todas las demás virtudes, como lo dice Cicerón en el quinto [libro] de las Cuestiones Tusculanas. Y San Agustín nos enseña que la prudencia es ciencia de las cosas buenas, de las malas, y las neutras. Y lo confirma en el libro décimo noveno de la Ciudad de Dios, en el capítulo cuarto. Porque la prudencia que está en la parte racional del alma que se dice opinativa o estimativa, con sola su fuerza y virtud, sin el favor de otra alguna parte puede aconsejar a sí y a todos los demás los males y los bienes y prevenir en todas las cosas con altísimo consejo, como se colige de Aristóteles, en el libro sexto de las Éticas, en el capítulo quinto y en el libro de las virtudes. Y Marco Tulio, [Cicerón] en el tercero de la Retórica ad Herenniumnos avisa que por la prudencia podemos tener elección de los bienes o de los males. Y si es así, que la prudencia puede y tiene valor para elegir, y distinguir entre el bien y el mal, no hay duda sino que nos podrá apartar de infinitas ocasiones de males, y de muchos peligros de enfermedades en los cuales cada día vemos que el imprudente e inconsiderado como necio y torpe se deja caer, de los cuales el prudente y avisado se podrá guardar, pues acompañan siempre al tal hombre el amor y la inquisición [indagación, averiguación] de la verdad, la meditación del ánimo, la viveza del entendimiento, con suma atención, con memoria, con deliberación y elección de lo bueno, y con mucho estudio y ciencia. La cuales cosas todas se amonestan y aconsejan al prudente que nunca se confíe de su parecer, si en él no viere todos estos requisitos; pues está escrito, en el capítulo tercero de los Proverbios, que no estribemos en nuestra prudencia. Y en el capítulo duodécimo de la Epístola a los Romanos, que no queramos ser prudentes en nuestra sola opinión. Porque engañados con la filaucía [amor propio, egoísmo] pensando que sabemos mucho, andaremos en grandísima oscuridad palpando las tinieblas, como los hinchados filósofos, que pensando que eran muy sabios quedaron hechos tontos, y se desvanecieron en sus pensamientos. Porque se dejaron llevar de los movimientos del ánimo inconsiderados, movidos de sus propios afectos, de la locura y demencia, del olvido de los humanos acaecimientos, del amor propio, de la mala elección y de las temerarias acciones. Todo lo cual hace muy al revés el que escoge y se abraza con la prudencia, pues todos los bienes y virtudes que puede alcanzar procura de conservarlos, de defenderlos y usar de ellos sabiamente, como lo nota Plutarco en la oración consolatoria a Apolonio, y Macrobio en El sueño de Escipión, en el libro primero en el capítulo octavo, donde dice que el prudente, todo lo que piensa y hace, lo mide con el peso de la razón, y que siempre desde lejos provee en los humanos actos y sucesos varios, como lo advierte también Cicerón en el segundo de De Inventione. Esta tan gran virtud de la prudencia, dice Galeno en el libro que intituló Quod animi mores corporis temperamenta sequantur, [Que los hábitos del alma están en relación con los temperamentos del cuerpo], que procede y se adquiere de la sequedad, como la demencia e imprudencia de la humedad. Y aunque es verdad que esta disposición de cuerpo aprovecha alguna cosa, pero mucho mejor responde Platón en el Fedro , que hace prudentísimo al hombre la divina filosofía, y como también dice Macrobio en el libro primero en El sueño de Escisión, en el capítulo octavo, hace que menosprecie el mundo y todas cuantas cosas hay en él, y que el pensamiento solamente se levante a las cosas altas y divinas. Dicen también que a la prudencia la perfecciona el tiempo y la larga experiencia, juntamente con la observación de los humanos acaecimientos, como lo escribe Marsilio Ficino. Y Cicerón, en el primero de De Legibus, afirma que la naturaleza le da cierta fuerza y virtud. Y el Santo Job en el capítulo duodécimo dice que en el mucho tiempo está la prudencia. (…)

Finalmente, la prudencia, sostiene el autor apoyándose en más citas de autoridad, suele adquirirse con la edad, la reflexión y la experiencia: (…) La senectud con la edad se hace más docta, con el uso más trillada, y con el proceso y discurso del tiempo, más sabia. (…) las canas de los hombres son prudencia.
(…)
En fin, no está de más hacer un llamamiento general a la prudencia, que se traduciría en actuar con sensatez, cordura, diálogo y buen gobierno, es decir, de forma justa, adecuada y con cautela, como decíamos al principio de estas líneas.

Y para celebrar el aniversario, (y el periodo vacacional), incluimos en el post My song, un hermoso tema musical de Keith Jarret y Jan Garbarek, del álbum del mismo título  publicado en 1978, con Palle Danielsson al bajo y Jon Christensen a la batería. Una belleza para disfrutar con tranquilidad y... prudencia.

 
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