Powered By Blogger
Mostrando entradas con la etiqueta Enfermería. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Enfermería. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de enero de 2022

Sobre el futuro de la profesión enfermera (2020 - 2030)

                 Health Week. Instructive Visiting Nurse Society exhibit. Washington, D.C., 1924. Foto: SHORPY

Pocos meses después de finalizar el Año Internacional de las Enfermeras y Matronas 2020 y tras la promoción en España de la campaña Nursing Now (la iniciativa del Consejo Internacional de Enfermeras y la OMS con el objetivo de que las enfermeras ocupen el lugar que les corresponde en los puestos de gestión y decisión política e institucional), en mayo de 2021 vio la luz un relevante Informe de la Academia Nacional de Medicina de EEUU sobre el futuro de la profesión enfermera: The Future of Nursing 2020-2030: Charting a Path to Achieve Health Equity.

Hasta donde yo sé, y como ha ocurrido con tantas otras cosas, (tal vez debido a ese maldito entorno BANI -antes VUCA- en que nos ha situado la peste pandémica de la COVID-19), la publicación del informe ha pasado bastante inadvertida en estos tiempos oscuros de coronavirus, cisnes negros y rinocerontes grises, según la terminología de Michele M.Wuzker. Ningún directivo o responsable profesional enfermero se hizo eco del mismo ni la prensa especializada del sector dio noticia alguna de ello.

Bien es verdad que desde hace ya demasiados años (décadas en realidad) la representación institucional de la profesión enfermera en nuestro país no pasa por sus mejores momentos, por decirlo de una forma suave, y ha estado dedicada a otros menesteres. Al frente del Consejo General de la Enfermería se encuentra -aún, de manera bastante incomprensible- un siniestro y mediocre personaje que a través de distintos tinglados cobra al parecer cinco sueldos, contrata irregularmente a sus familiares y se dedica a hacer negocios a costa de las más de 300.000 enfermeras colegiadas en España, cuya cuota es incluso superior a la que pagan los médicos a sus respectivos colegios profesionales. En realidad, más allá del insoportable sainete protagonizado por los máximos dirigentes de la institución, se trata de un auténtico esperpento en el que se entremezclan delirios inmobiliarios, oscuras historias de megalomanía, nepotismo, corruptelas varias y presuntos delitos de apropiación indebida, administración desleal y falsedad continuada que vienen siendo investigados desde tiempo atrás, aunque según parece, es una  madeja bastante complicada que no resulta fácil de desenredar.

Pero volvamos a este interesante Informe, elaborado por el Comité sobre el Futuro de la Enfermería 2020-2030 y patrocinado por la Fundación Robert Wood Johnson:

A pesar de las enormes diferencias existentes con los Estados Unidos en lo que se refiere a la estructura del ‘sistema de atención y provisión sanitaria’ (no lo es, en realidad), a la práctica profesional, entorno laboral, contexto social, económico y cultural, etc. con escasas similitudes con los sistemas sanitarios europeos, existen algunas referencias y cuestiones análogas respecto a formación, especialización, condiciones de trabajo, etc. que pudieran ser de aplicación en nuestro ámbito, lo que aconseja conocer la situación y las condiciones en que se halla la profesión enfermera en aquel país.

Según el Informe, en los próximos 10 años la profesión enfermera necesitará un incremento sustancial en el número de profesionales, con una mayor diversificación, y preparación para prestar atención en diferentes entornos sanitarios, para enfrentarse a los efectos duraderos de la COVID-19, para romper con el racismo estructural existente y las causas fundamentales de la mala salud, y para responder a futuras emergencias de salud pública.

Con el fin de mejorar y ampliar el acceso a la atención sanitaria durante la pandemia de COVID-19, muchos estados relajaron o eliminaron algunas de las restricciones sobre el alcance y tipo de atención que las enfermeras pueden prestar de acuerdo a su titulación. El Informe sostiene que en 2022 todos los cambios llevados a cabo en las políticas estatales y federales en respuesta a la pandemia de COVID-19, que autorizaron y permitieron ampliar las capacidades de la práctica profesional de las enfermeras, deberían hacerse permanentes, junto con la posibilidad de teleasistencia, la cobertura de las pólizas de seguros sanitarios y el pago igualitario por los servicios prestados por las enfermeras. Los gobiernos locales, estatales y federales también deberían priorizar la financiación y el despliegue de un mayor número de enfermeras escolares y de salud pública (recordemos la inexistencia de una red de atención primaria).

Las enfermeras representan el colectivo más numeroso del personal de atención a la salud de los Estados Unidos, con casi 4 millones de profesionales en todo el país. Durante la próxima década, las enfermeras se enfrentarán a muchas demandas: cuidar a una población más envejecida, responder a un aumento en los problemas de salud mental, investigar y ayudar a dar forma a la política de atención sanitaria. Para conseguir suficientes profesionales que den respuesta a estas necesidades, Estados Unidos necesita un incrementar sustancialmente el número, cualificación, tipo y distribución de las enfermeras en todas las áreas geográficas, especialidades y entornos de atención, según el Informe. Existe una necesidad particular de enfermeras que posean títulos de licenciatura (o grado) y de doctorado, así como enfermeras en especialidades con escasez significativa, incluidas la salud pública y comunitaria, salud mental, atención primaria, cuidados de larga duración, geriatría, salud escolar y salud maternoinfantil.

Con una autorización plena para la práctica clínica, (permitida actualmente en 23 estados), las enfermeras pueden recetar medicamentos, diagnosticar pacientes (!) y administrar tratamientos sin la presencia de un médico. En estos estados, la calidad de la atención ha mejorado y también lo ha hecho el acceso a la atención primaria, sobre todo a medida que Estados Unidos hace frente a la pandemia en curso y a la escasez de médicos existente. Si bien ha habido un progreso considerable en la autorización del alcance que regula la práctica asistencial, 27 estados aún no permiten una práctica asistencial completa a las enfermeras practicantes (nurse practitioners). El Informe apoya que las autoridades federales puedan reemplazar las leyes estatales más restrictivas, incluidas las referidas al alcance de la práctica asistencial.

En este sentido, Mary Wakefield, profesora visitante en la Universidad de Georgetown y en la Universidad de Texas en Austin, y copresidenta del Comité que redactó el Informe, afirmó: «Este es un momento de transformación para el campo de la enfermería. Si bien la pandemia ha cambiado casi todos los aspectos de la atención sanitaria, los impactos en la enfermería pueden ser los más profundos, ya que la demanda de sus habilidades está en su punto más alto.»

«Quienes elaboran las políticas sanitarias y los líderes del sistema de salud deben aprovechar este momento para fortalecer la educación y capacitación de las enfermeras, integrar la equidad en salud en la práctica de enfermería y proteger su bienestar físico, emocional y mental, para que puedan prestar la mejor atención posible.»

Las enfermeras ya desempeñan un papel importante en el abordaje y tratamiento de las necesidades sociales y de los determinantes sociales de la salud, es decir, los factores no sanitarios que influyen en los resultados en salud, incluido el acceso a la atención sanitaria, las condiciones de trabajo, el entorno físico y comunitario, la estabilidad de la vivienda y el transporte. Los gobiernos y administraciones públicas, las organizaciones de atención médica y de salud pública y los financiadores deben garantizar que las enfermeras tengan los recursos y el apoyo necesario para abordar los determinantes sociales de la salud de una manera más integral, y que los modelos de pago reconozcan el valor de esos servicios y ofrezcan un reembolso adecuado, dice el Informe. Además, para finales de 2021, todas las organizaciones nacionales de enfermería, lideradas por el Tri-Council for Nursing  (una alianza entre la American Association of Colleges of Nursing, American Nurses Association, American Organization for Nursing Leadership, National Council of State Boards of Nursing, y National League for Nursing) y el Consejo de Organizaciones de Enfermería de Salud Pública, deberían haber comenzado a desarrollar una agenda compartida para abordar los determinantes sociales de la salud y lograr la equidad en salud.

«A menudo, las enfermeras son las primeras en verificar si los pacientes tienen suficiente para comer, si pueden pagar sus medicamentos, si necesitan ayuda para vivienda y si tienen acceso adecuado a Internet para las consultas por teleasistencia. Cuando se invierte en enfermeras, más personas y comunidades tendrán la oportunidad de vivir sus vidas de manera más saludable», explica David Williams, también copresidente del Comité, profesor de salud pública y presidente del departamento de ciencias sociales y del comportamiento de la Escuela de Salud Pública de Harvard y profesor del departamento de estudios africanos y afroamericanos de la Universidad de Harvard. Y añade: "Las enfermeras interactúan con todas las facetas de la sociedad, desde la atención sanitaria hasta la educación, la salud pública y todos los niveles del gobierno y de la Administración. Tienen un papel crucial para trazar el curso de nuestro país para una buena salud y bienestar para todos".

El Informe identifica una serie de prioridades para satisfacer las necesidades de la población estadounidense y la profesión de enfermería para la próxima década (algunas de las cuales -como queda dicho- podrían ser también aquí de aplicación):

Fortalecimiento de la formación de la enfermería: Las futuras enfermeras deben estar listas para abordar los determinantes sociales de la salud y promover la equidad en salud, independientemente de su nivel de formación y su entorno de trabajo. Históricamente, los programas de educación de enfermería han enfatizado la capacitación para la atención hospitalaria, en lugar de los entornos comunitarios, escuelas, lugares de trabajo y atención sanitaria en los domicilios. Las escuelas de enfermería deben incrementar los cursos y las experiencias de aprendizaje en estos entornos comunitarios, en la atención primaria y en centros de salud cualificados federalmente, las clínicas de salud rurales y los centros de salud indígena (Indian Health Service sites). La educación en enfermería también debe preparar a los estudiantes para adaptarse a las nuevas tecnologías, particularmente la telesalud y las aplicaciones del big data. 

Promover la diversidad, la inclusión y la equidad en la educación de enfermería y en la formación continuada de los profesionales: Actualmente, los profesores de los programas de enfermería son abrumadoramente mujeres blancas. Los estudiantes y profesores de enfermería no solo deben reflejar la diversidad de la población de los Estados Unidos, sino que también deben ayudar a desmontar el racismo estructural que prevalece en la educación y en la formación continuada. Las escuelas de enfermería deben mejorar el reclutamiento, la contratación y el avance de profesorado diverso y con experiencia en determinantes sociales de la salud; apoyar a los líderes de enfermería en tutorizar y patrocinar enfermeras de comunidades subrepresentadas; identificar a estudiantes que pueden necesitar ayuda financiera al principio del proceso de reclutamiento y admisión. Los programas de educación en enfermería también deben extender el aprendizaje a distancia y establecer asociaciones con colegios comunitarios.

Invertir en enfermeras escolares y de salud pública: Para algunos estudiantes, una enfermera escolar puede ser el único profesional de la salud que vean regularmente. Sin embargo, alrededor del 25 por ciento de las escuelas no emplean a enfermeras escolares, y la enfermería escolar sigue contando con fondos insuficientes, especialmente en las escuelas que atienden a niños de hogares de bajos ingresos. El Informe sostiene que los gobiernos locales y estatales deberían asignar más fondos en general para la enfermería escolar, o identificar otras fuentes de ingresos para ello.

Proteger la salud y el bienestar de las enfermeras: Según el Informe, la COVID-19 y los incidentes de odio y discriminación, particularmente contra enfermeras de ascendencia asiática, intensificaron aún más el agotamiento de las enfermeras y les hicieron sentirse desprotegidas. Las empresas empleadoras deben priorizar la mejora del bienestar de las enfermeras, responsabilizándose del liderazgo para llevar a cabo los cambios necesarios en la cultura corporativa, el entorno y las políticas del lugar de trabajo. [En resumen, “cuidar a los que cuidan”]. De hecho, en la medida en que se espera que más enfermeras aborden los problemas de salud y justicia social, tendrán que asumir un trabajo más exigente emocionalmente, y los empleadores deben proporcionar espacio y apoyo adecuados. Además, las enfermeras de los grupos subrepresentados informan de que deben hacer frente a un “impuesto a la diversidad”, ya que se les pide que participen en comités de diversidad e inclusión y colaboren en otras actividades que no están compensadas ni reconocidas ni remuneradas. Estas demandas pueden llevar al agotamiento y la frustración. Las iniciativas sobre equidad y antirracismo no deben tratarse como separadas de las actividades y responsabilidades cotidianas, sino integradas en todos los aspectos de la enfermería.

Preparación de enfermeras para desastres y respuesta a emergencias de salud pública: Las enfermeras han respondido de manera fehaciente y segura ante cualquier emergencia de salud pública, incluida la actual pandemia de COVID-19, desastres climáticos o las consecuencias de la violencia armada. Sin embargo, se necesitan reformas fundamentales en la educación, la práctica y la política de enfermería para que las enfermeras puedan proteger y cuidar mejor a las poblaciones en recuperación. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) deberían financiar un ‘Centro Nacional de Enfermería de Desastres y Respuesta a Emergencias de Salud Pública’, junto con centros regionales, para proporcionar formación y educación específica, capacitación y desarrollo profesional relevante. Los exámenes de grado también deben ampliar sus contenidos para cubrir las responsabilidades de las enfermeras en la respuesta a desastres y emergencias de salud pública.

Aumentar el número de enfermeras formadas con doctorado: Son necesarias más enfermeras preparadas y con doctorado para realizar investigaciones y trabajar como profesoras para educar y formar a la próxima generación de enfermeras. Además, tener más enfermeras preparadas a nivel de doctorado que se centren en la conexión entre los determinantes sociales de la salud, las desigualdades en salud y la equidad en salud ayudará a construir una base de conocimientos para que otras enfermeras lo lleven a la práctica.

A raíz del Informe Víctor Dzau, presidente de la Academia Nacional de Medicina, declaró: «Confío en que la comunidad enfermera y otros importantes agentes y grupo de interés utilizarán las recomendaciones del mismo para liberar el poder de las enfermeras y marcar el comienzo de una nueva era de equidad y bienestar en salud.»

Y concluyó: «Las enfermeras son poderosas en número y en voz, y el mundo necesita, más que nunca, su firmeza y dedicación. La pandemia nos ha enseñado que las organizaciones de atención sanitaria serán más fuertes cuando los conocimientos, habilidades y la contribución de las enfermeras sean valorados y apreciados, y cuando las enfermeras reciban las herramientas, los recursos y el apoyo institucional para hacer su trabajo de la mejor manera posible…»

Veremos...

miércoles, 2 de agosto de 2017

Aniversario con enfermeras


        Office of Inpatient Nurses. Washington Sanitarium. Takoma Park, Maryland, dec 1928. Foto: Shorpy 


Para qué sirve un blog

Hoy, 2 de agosto, se cumplen ya seis años desde que se me ocurrió la bendita (?) idea de alumbrar un blog que me permitió sobrevivir en los tiempos oscuros de funcionario forzosamente desocupado, me obligó a leer mucho, a estudiar, ordenar algunas ideas, aprender y conocer algo más sobre la naturaleza de la Red, compartir y hacer alguna modesta aportación al ámbito sanitario del 2.0 y, sobre todo, me ayudó a no estar (o sentirme) solo, a permanecer despierto, a seguir manteniendo como estímulos la duda, la perplejidad y el asombro, el interés y la curiosidad intelectual, en definitiva a estar atento y abierto al mundo, es decir, a la vida…

Recordatorios y casualidades

Hace apenas dos meses, el Dr. Jordi Varela recomendaba en su blog Avances en gestión clínica un breve ensayo del Premio Pulitzer y famoso oncólogo Siddartha MuKherjee sobre “las leyes de la medicina” (The Laws of Medicine. Field notes from an uncertain science). En este librito el autor confiesa que una de las lecturas que más le influyó en su carrera fue la autobiografía del eminente médico norteamericano Lewis Thomas, un magnífico conjunto de ensayos publicados en 1983 con el título The Youngest Science: Notes of a Medicine Watcher. A lo largo de sus páginas, el doctor Thomas (1913-1993) narra cómo transcurrió su vida dentro de la profesión médica, al tiempo que indaga sobre la naturaleza misma de la medicina (a la que denomina “la ciencia más joven”). Durante su carrera Lewis Thomas fue uno de los más brillantes y populares escritores de divulgación sobre temas científicos (al estilo del neurólogo Oliver Sacks, el paleontólogo Stephen Jay Gould y muchos otros).

Obviamente, una cosa llevó a la otra. La lectura de The laws of Medicine… me condujo a The Youngest Science… El libro en cuestión fue publicado en España en 1985 ('La ciencia más joven. Notas de un observador de la Medicina') y hoy es prácticamente inencontrable, salvo en ediciones de segunda mano o en librerías de viejo. Tengo la gran suerte de poseer un ejemplar, y ha sido un inmenso placer volver a leer algunos de estos hermosos ensayos. He considerado oportuno compartir y transcribir algunas partes de uno de los capítulos (‘Enfermeras’), en el que explica precisamente cuál era el trabajo de los profesionales de enfermería hace unos cien años:

 Enfermeras
«Cuando en 1903 mi madre se convirtió en enfermera titular del Hospital Rooselvet nadie se planteaba interrogante alguno sobre lo que las enfermeras hacían en cuanto que profesionales: hacían lo que los médicos mandaran. El médico responsable realizaba su recorrido por las salas a primera hora de la mañana; cuando llegaba al despacho la enfermera jefe debía estar aguardándolo, hacerse cargo de su sombrero, abrigo y bastón y permanecer de pie mientras ingería una taza de té antes de iniciar las visita. Para entrar en las salas, la enfermera sostenía la puerta cediendo el paso a médicos y estudiantes. Entre cada cama, una vez efectuada la exploración y evaluados los progresos del paciente, el médico indicaba a la enfermera las medidas para ese día, que las anotaba en la parte de la gráfica destinada para tal fin. Una hora o dos después, el médico había concluido sus visitas y abandonaba la sala; el frenético trabajo del resto del día y de la noche correspondía a las enfermeras. Además de cumplir las órdenes recibidas, tenía una infinidad de tareas rutinarias que llevar a cabo, todas ellas aprendidas durante los dos años de escuela de enfermería: cambiar las sábanas siguiendo una secuencia de plegado y remetido imposible para  alguien que no fuera una enfermera capacitada; lavar a los pacientes de pies a cabeza, llevar las cuñas a los pacientes, retirarlas, vaciarlas y lavarlas [no existía aún la figura del personal técnico en cuidados auxiliares); tomar la temperatura cada cuatro horas y registrarla meticulosamente en la gráfica colgada a los pies de la cama; administrar enemas; recoger, etiquetar y enviar al laboratorio las muestras de orina y heces; llevar los específicos recetados, habitualmente píldoras y extractos o tinturas vegetales. Durante gran parte del año, aproximadamente la mitad de los cuarenta enfermos de la sala tenían fiebre tifoidea, lo que significaba que la enfermera debía cambiarse de bata y lavarse la mano con desinfectante al pasar de un paciente a otro. Los enfermos con fiebre alta recibían friegas de alcohol a intervalos frecuentes; las que se les daban en la espalda a última hora de la tarde eran el rito previo al sueño. Además de tener a su cargo la rutina cotidiana, las enfermeras eran las responsables de responder a las llamadas de los pacientes, y ello con la mayor diligencia; estas llamadas interrumpían continuamente sus metódicos recorridos de la sala. Debían saber evaluar las situaciones rápidamente: en un caso de fiebre tifoidea un dolor abdominal repentino podía significar una perforación intestinal, mientras que una brusca aparición de sed, debilidad y palidez podían traducir una hemorragia intestinal; si un paciente tuberculoso sufría un vómito de sangre, se trataba de una emergencia. En ocasiones quienes avisaban eran los vecinos del paciente que experimentaba un súbito empeoramiento: los pacientes de las salas siempre se mantenían estrechamente vigilados unos a otros. Cuando llegaban las situaciones de emergencia las enfermeras tenían que llamar rápidamente al médico de guardia, habitualmente el interno asignado a la sala, que en ocasiones podía hallarse en consultas, en el laboratorio de diagnóstico (los internos de la época hacían todo el trabajo de laboratorio personalmente; los técnicos aún no se habían “inventado”) o en su cuarto. Las enfermeras no estaban autorizadas a poner inyecciones ni a realizar procedimientos de emergencia tales como punciones lumbares o torácicas, pero sí se esperaba de ellas que supieran cuando estaban indicadas y hubieran preparado el instrumental pertinente para el momento en que el médico apareciera en la sala.
 Aunque se trataba de una ocupación agotadora, para mi madre no había trabajo más gratificante ni que ofreciera mayores compensaciones.»

(…)

«Agotadas ya por una creciente carga de tareas rutinarias, se han visto obligadas a encargarse también de funciones administrativas, tales como mantener las historias al día, cerciorarse de que se dispone de todo el material necesario para hacer frente a cualquier tipo de eventual emergencia, supervisar las actividades del nuevo grupo paraprofesional que componen las ayudantes tituladas, a cuyo cargo corre ahora buena parte del trabajo que junto a la cabecera del enfermo realizaban antiguamente las enfermeras, ejercer un cierto control sobre celadores, conserjes, y personal del servicio de limpieza, y cuidar de que los pacientes para quienes se han indicado exploraciones radiológicas estén en el departamento de radiología cuando les corresponde. Esto significa más tiempo sentadas ante las mesas de sus salas y del control y menos a la cabecera de los pacientes. Las enfermeras están cayendo en la cuenta, quizá demasiado tarde, de que se les va privando gradualmente de la obligación que suponía su recompensa más importante, pero que se había dado tan por supuesta que nadie la mencionaba jamás entre la lista de los deberes de una enfermera: el estrecho contacto personal con los pacientes. Junto a lo que llenaba la prolongada jornada de trabajo, en la que debían realizar todas las duras y a veces degradantes tareas que les eran asignadas, las enfermeras tenían una oportunidad inigualable para establecer vínculos cordiales con un gran número de seres humanos atribulados. Escuchaban a sus pacientes noche y día, confortándoles a ellos y a sus familias, se convertían en sus amigas, eran necesitadas. Asistir a la pérdida gradual de esta parte de su trabajo ha sumido al colectivo de las enfermeras en la mayor de las inquietudes y ha supuesto una gran preocupación para los responsables de las nuevas y florecientes escuelas de enfermería.»

(…)

«Una cosa que las enfermeras hacen es mantener el funcionamiento de las salas. Cuando uno observa los entresijos de un hospital grande y complejo desde la aventajada perspectiva de la cama, no pude por menos de sentirse absolutamente asombrado de que la institución entera no se vaya al cuerno en determinados momentos. El funcionamiento de un hospital depende de la interacción de fuerzas poderosas, cada una de las cuales intenta empujar a las demás en una dirección diferente; aunque todas ellas resulten esenciales para las demás, siempre se hallan enfrentadas entre sí.»

(…)

«En tanto que paciente, primero de los servicios de medicina interna y luego de los quirúrgicos, descubrí que quienes impiden que todo se haga pedazos, el ‘adhesivo’ gracias al cual la institución funciona son las enfermeras y nadie más. Las enfermeras –las buenas al menos, y todas las de mi planta lo eran- tienen a gala estar al tanto de todo lo que ocurre. Detectan los errores, antes de que se cometan, saben todo lo que hay escrito en la historia clínica, y lo más importante de todo, saben que sus pacientes son seres únicos y pronto entablan relaciones con familiares y amigos. Este conocimiento es la base de sus rápidas intuiciones y de la actuación que de ellas se deriva. El paciente medio de un hospital grande teme perder su identidad, convertirse en el nombre y el número impresos en la tira de plástico ceñida a su muñeca, siempre en peligro de que una camilla lo transporte al lugar erróneo donde será sometido a los procedimientos erróneos o peor aún, de ‘no’ ser transportado cuando le corresponda. Si los docentes o el jefe de servicio quizá dejen caer un par de frases consoladoras cuando pasan visita –y lo normal es que tengan prisa- hacen falta la alegría y la confianza de una enfermera competente, que se pasa el día entrando y saliendo de la sala por un motivo u otro, para apuntalar la seguridad del paciente en que las cosas van por el buen camino.»

Además de hablar de la seguridad del paciente, como puede comprobarse, en este breve ensayo el doctor Lewis Thomas se refiere también a las a menudo tensas, difíciles e incluso hostiles relaciones entre profesionales médicos y de enfermería, reconociendo sin embargo el enorme esfuerzo y la gran labor desempeñada por las enfermeras y manifestando en primera persona su enorme respeto y consideración por la que fue la profesión de su madre:

«Por mi propia experiencia, pues, -concluye- estoy completamente a favor de las enfermeras. Si deciden continuar su ‘batalla’ profesional contra los médicos, si pretenden incrementar su estatus laboral y salarial, si para enfurecimiento de los médicos reclaman la equiparación profesional con ellos, estoy de su parte.» 
_______________________________________________________________

Para finalizar, como celebración y regalo de aniversario, un conocido tema de Wim Mertens: Close Cover (1983), del álbum del mismo título, utilizado más tarde en la banda sonora de la película El vientre de un arquitecto (1987), de Peter Greenaway. Saludos a todos y a todas...

lunes, 12 de mayo de 2014

International Nurses Day 2014


Como se sabe, cada 12 de mayo, en el aniversario del nacimiento de Florence Nightingale se celebra en todo el mundo el Día internacional de las Enfermeras (International Nurses Day, IND). Es una jornada conmemorativa en torno al papel y a las contribuciones de las enfermeras a la sociedad, promovida desde 1965 por el Consejo Internacional de Enfermeras desde 1965

El lema elegido para el IND 2014: Nurses: A Force for Change. A Vital Resource for Health (Las enfermeras: Una fuerza para el cambio – Un recurso vital para la salud) destaca el papel clave de las enfermeras en la mejora y en el impacto sobre la salud para todos.

La existencia de unos trabajadores de salud en número suficiente, y adecuadamente formados y motivados son esenciales para la salud de la población mundial. El acceso equitativo a los necesarios servicios de salud de buena calidad no puede conseguirse sin un número adecuado de enfermeras bien preparadas. Por ello, en la documentación y en los materiales informativos que han publicado y distribuido, el Consejo Internacional de Enfermeras hace un llamamiento a todas las enfermeras a "cambiar la imagen" (existente) y demostrar a los gobiernos y administraciones, a los empleadores y la sociedad que las enfermeras son un recurso vital para la salud:

Es esencial que las enfermeras y los dirigentes mundiales se centren en los recursos humanos de enfermería que hay en el mundo, como prioridad esencial para conseguir una mejor salud para todos. Que el mundo sepa cuán orgullosas nos sentimos las enfermeras de nuestra contribución vital a la salud y al bienestar de la comunidad.”

Felicitaciones a todas las enfermeras en este Día, aunque no olvidemos que la escasez de enfermeras es un grave problema en todo el mundo, del que la propia OMS ya viene advirtiendo desde hace años…


viernes, 19 de julio de 2013

Who Will Care? «Con L de enfermera»…

Enfermeras en prácticas (c. 1930)
“Everyone will need a nurse at some point in their lives.”
 Leslie Simmons MA, BSN, RN.
Chief Operations Officer. Carroll Hospital Center

Leo en estos días veraniegos las colaboraciones que -cada uno desde su particular punto de vista o experiencia personal- han ido aportando distintos profesionales sanitarios a la iniciativa “Con L de enfermera”, puesta en marcha hace pocas semanas en las redes sociales.

Como muy acertadamente señalan Miguel Garvi García @miguel_garvi y Ruth López Donat @_Ruthlopezimpulsores de la iniciativa, la mayoría de las instituciones sanitarias –públicas o privadas- no suelen tener una adecuada política de personal que asegure la correcta inserción laboral de los profesionales que se incorporan a la organización, siendo abandonados a la buena fe y al voluntarismo de las compañeras/os de trabajo.

Es casi ocioso tener que recordar la importancia de procurar la integración del nuevo personal en su puesto de trabajo y en el entorno laboral, en un ámbito tan complejo, sensible y delicado como el sanitario, cuyo objeto de atención y cuidado son las personas. Y sin embargo, en esta época líquida de vértigo acelerado, discontinuidad, falta de estabilidad y en permanente cambio o transición, pocas cosas resultan tan oportunas y pertinentes.

Una gran iniciativa que debe hacernos reflexionar sobre ese contexto de vulnerabilidad de riesgos y dificultades al que se enfrentan (no solo) las enfermeras noveles cuando comienzan su práctica profesional o reinician su labor con nuevos contratos, sino también cada vez que cambian de unidad, servicio o departamento. Y a estas alturas parece haberse olvidado que un ‘plan de acogida’ para cualquier empleado o profesional de cualquier sector de actividad debería contar con una presentación -y un mensaje de bienvenida personal del responsable del servicio-, una información adecuada y suficiente sobre las tareas a desarrollar y el puesto a cubrir, la presentación del resto del equipo o del grupo de compañeros y colaboradores, y un mínimo (re)entrenamiento, formación específica o adaptación previa para el puesto…

Me temo que nada de esto se lleva a cabo en estos tiempos en los que la búsqueda a ultranza de una supuesta “eficiencia” es el elemento fundamental que informa las decisiones de los responsables sanitarios. ¿Habrá que seguir contando con la buena voluntad de los compañeros, (y desde luego asumir mayores riesgos y barreras para garantizar la calidad asistencial y la seguridad de los pacientes)?

Indudablemente sigue habiendo mucho por hacer, (y más si se siguen equivocando las prioridades): cada vez es más necesario cuidar que curar.

He recordado que hace unos años, en noviembre de 2007, las autoridades sanitarias de Maryland lanzaron la campaña Who Will Care? para hacer frente a la escasez de profesionales y duplicar el número de enfermeras del estado. Entre los mensajes repetidos por los responsables estaban los siguientes:

 “Everyone will need a nurse at some point in their lives…”
 “Nurses play a vital role in our health care system…”

Efectivamente, es solo una cuestión de tiempo que todos seamos pacientes, de manera que todos necesitaremos una enfermera en algún momento de nuestras vidas. No deberíamos olvidarlo para que cuidemos mejor a los profesionales, facilitemos su formación y adiestramiento en estas transiciones, de manera que esas declaraciones verbales no se queden tan solo en simples fórmulas retóricas o meras expresiones de corrección política.


Etiqueta en Twitter #conLdeenfermera

viernes, 17 de mayo de 2013

Contra el (los) corporativismo(s)

Cartel de la Cruz Roja para reclutar enfermeras durante la I Guerra Mundial
‘Everyone will need a nurse at some point in their lives’
Leslie Simmons. MA, BSN, RN
Chief Operations Officer. Carroll Hospital Center
corporativismo.
2. m. En un grupo o sector profesional, actitud de defensa a ultranza de la solidaridad interna y de los intereses de cuerpo. (DRAE. avance 23ª edición).
 
Como es sabido, hoy día la actividad asistencial implica a distintos profesionales de muy diferentes ámbitos y especialidades, cuya responsabilidad (y compromiso ético) exige buscar de forma conjunta la mejor respuesta para una atención adecuada a los pacientes. Presumimos de flexibilidad, adaptación, profesionalidad, equipos multidisciplinares, complementariedad, trabajo compartido y colaborativo, descentralización, organizaciones horizontales, eliminación de las jerarquías, liderazgo activo y consecuente que refuerce y apoye el desempeño de grupos de trabajo multidisciplinares… ¿cuántas veces hemos oído/leído (sobre) estos y otros temas parecidos?
 
No deja de resultar llamativo y sorprendente a estas alturas encontrar (aún) artículos y debates sobre el alcance de las competencias y funciones de las distintas profesiones sanitarias, el papel que deben desempeñar o la aparición de posibles desencuentros y conflictos interprofesionales. Pero nos empeñamos en prolongar discusiones, marcar distancias, establecer límites y mantener esas disputas gremiales a las que alude Miguel Ángel Máñez @manyez en su post “No podemos seguir juntos si sospechamos mutuamente” a propósito de un editorial de Vicente Ortún en la revista Enfermería Clínica.
 
En esta misma semana, dos notas aparecidas en Medscape (Physicians, NPsDisagree on Expanded Practitioner Role) y FierceHealtcare (Struggle continues over expanded role for nurses), se hacían eco de un estudio publicado en el New England Journal of Medicine por un equipo de investigadores del Massachusetts General Hospital, que viene a demostrar a nuestro juicio la supervivencia de algunos estereotipos y tics corporativistas:
 
El artículo en cuestión, (Perspectives of Physicians and NursePractitioners on Primary Care Practice), da cuenta de los resultados de una encuesta de ámbito nacional realizada en Estados Unidos, entre noviembre de 2011 y abril de 2012, a 972 clínicos (505 médicos y 467 enfermeras), que trabajan en atención primaria. Los distintos apartados del cuestionario incluían el alcance de su trabajo, las características de la práctica y su opinión y actitudes ante la posibilidad de ampliar el papel (competencias) de las enfermeras en atención primaria. La encuesta se envió por correo y la tasa de respuesta fue del 61,2%.
 
El sistema sanitario norteamericano atraviesa un momento crítico en la planificación de recursos humanos. Con la promulgación de la nueva legislación sanitaria (la ‘Affordable Care Act’), el país tiene escasez de profesionales médicos en atención primaria. Algunos expertos han propuesto ampliar las competencias y las funciones en el trabajo de las enfermeras para satisfacer la demanda creciente de los proveedores de atención primaria. Estas propuestas están resultando polémicas y controvertidas.
 
Los médicos y enfermeras encuestados no sólo perciben sus competencias y habilidades de manera diferente, sino también los posibles efectos de una eventual ampliación de las competencias de las enfermeras sobre los costes y la calidad de los cuidados.
 
Los médicos respondieron que trabajan más horas, ven a más pacientes y obtienen mayores ingresos que las enfermeras. Un 80,9% de las enfermeras informaron que trabajan con un médico, en comparación con el 41,4% de los médicos que informaron que trabajan con una enfermera. La encuesta reveló que era más probable que las enfermeras respondieran que pueden dirigir centros sanitarios, que se les debe permitir órdenes de admisión en el hospital y que se les retribuya por igual para los mismos servicios clínicos. Cuando se les preguntó si estaban de acuerdo con la afirmación de que “los médicos realizan consultas y exploraciones de mayor calidad que las enfermeras en las visitas de atención primaria”, el 66,1% de los médicos estuvo de acuerdo, mientras que más de las tres cuartas partes (75,3 %) de las enfermeras mostró su desacuerdo con ello.
 
Además, un 77 por ciento de las enfermeras manifestó que un incremento de sus funciones reduciría los costes, mientras que sólo un 31,1 por ciento de los médicos cree que se producirían ahorros en costes por este motivo.
 
Desde hace tiempo diferentes autoridades y organizaciones sanitarias oficiales han alentando a las enfermeras para obtener grados más altos con el fin de ampliar sus competencias clínicas, según demuestra otro informe publicado también por el NEJM: Expanding theRole of Advanced Nurse Practitioners -Risks and Rewards. Así, la Asociación de Colegios de Enfermería (AACN) de EEUU ha visto aumentar la inscripción en programas de maestría en un 67 por ciento en los últimos cinco años y la admisión a doctorados de práctica clínica se ha disparado en un enorme 955 % en el mismo periodo.
 
El debate se prolonga ya desde hace varios años. De hecho, en 2011 el Committee on the Robert Wood Johnson Foundation en el marco de la Initiative on the Future of Nursing, del Institute of Medicine (IOM), publicó un notable Informe que resultó decisivo: The Future of Nursing: Leading Change, Advancing Health. La pregunta que se presentó a la Comisión que elaboró este informe era clave:
 
¿Qué funciones puede asumir enfermería para hacer frente a la creciente demanda de servicios sanitarios más seguros, eficaces y de alta calidad?
 
A corto plazo, las nuevas leyes sanitarias identifican grandes retos en la gestión de enfermedades crónicas, atención primaria, (incluyendo la coordinación de la atención y la transición de cuidados entre niveles asistenciales), promoción y bienestar y la prevención de eventos adversos (como las infecciones nosocomiales). También está aumentando la demanda para una mejor prestación de servicios de salud mental, servicios de salud escolar, cuidados de larga duración y cuidados paliativos (incluyendo los cuidados en el fin de la vida). Si la mejora en todas estas áreas de atención reducirá la tasa de crecimiento en los gastos de salud todavía está por ver; sin embargo, los expertos creen que se traducirá en mejores resultados sanitarios.
 
En medio de esta controversia que rodea el ámbito de la práctica profesional es muy probable que se produzca un notable incremento de la demanda de enfermeras cualificadas. Un estudio publicado en julio de 2012 en la revista Medical Care pronosticaba que su número crecería un 94 por ciento en los próximos años, pasando de 128.000 en 2008 hasta 244.000 en 2025.
 
En conclusión, las recomendaciones actuales de la política sanitaria en los Estados Unidos que tienen como objetivo ampliar el número y las competencias en la práctica clínica de las enfermeras de atención primaria están resultando polémicas. Los médicos y enfermeras no están de acuerdo sobre sus respectivas funciones en la prestación de servicios, lo que está dando lugar a posicionamientos exclusivistas e interesados.
 
Reconocimiento mutuo, valoración, capacitación profesional, compromiso y desarrollo de habilidades de comunicación, son algunas de las estrategias que sin duda facilitarían la interrelación y colaboración profesional, evitando desencuentros y conflictos que a nadie favorecen…
____________________
 
 

miércoles, 10 de octubre de 2012

Enfermería y Calidad de la atención sanitaria. #TheCofiaDay

Para mi amigo Juan Carlos Mayoral (enfermera)

Hace un par de semanas desde la Comisión Gestora (Andoni Carrión y Carlos Núñez), se propuso una iniciativa para declarar el día 10 de octubre como #TheCofiaDay. Se trata de una forma de protesta frente a una polémica y controvertida sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, que condena a una enfermera a dos años de inhabilitación por notorio incumplimiento de las funciones de su cargo” (administrar un antitérmico sin prescripción medica). La idea es que durante ese día, (es decir, hoy), ninguna enfermera haga nada sin una orden médica escrita, tome ninguna decisión que no le pertenezca, ni asuma responsabilidades que no sean suyas, realizando su trabajo como dicen los firmantes de la sentencia que debe hacerse.

Esta entrada es una modesta contribución y muestra de apoyo a esta reivindicación, cuyo objetivo último debe ser el necesario desarrollo y la definitiva regulación de la prescripción enfermera, evitando situaciones absurdas y anacrónicas, que desconocen la realidad de la práctica diaria actual.

Enfermería y Calidad

La calidad de la atención sanitaria es el resultado del trabajo colaborativo y en equipo de muchos profesionales. No sólo los médicos y facultativos llevan “la voz cantante”. El papel de los(as) enfermeros(as) y de otros trabajadores sanitarios ha cobrado cada vez más relevancia a pesar de que, como vemos, la idea existente sobre las competencias profesionales en el sector todavía tiene que cambiar mucho para ajustarse a la realidad, (que desde luego no es la del Estatuto del Personal Auxiliar Sanitario Titulado y Auxiliar de Clínica de la Seguridad Social, de 1973).

Además, como principales proveedoras de cuidados a la cabecera del enfermo durante las 24 horas del día, los(as) enfermeros(as) están perfectamente situados para valorar e informar sobre la calidad de la atención en el hospital.

Un reciente estudio de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Pensilvania afirma que las enfermeras son excelentes evaluadoras de la calidad de la atención hospitalaria y constituyen “un barómetro muy preciso” de la misma.

Los informes y la percepción de las enfermeras –como profesionales sanitarios más familiarizados con la experiencia del paciente- sobre la calidad de la atención del hospital se correlacionan muy estrechamente con otros indicadores de resultados en los pacientes y con otras medidas estándar de calidad, como exitus o complicaciones postquirúrgicas potencialmente mortales.

Este trabajo, (McHugh, M. D. and Stimpfel, A. W. (2012), Nurse reported quality of care: A measure of hospital quality. Res. Nurs. Health. doi: 10.1002/nur.21503) incluyó la observación de más de 16.000 enfermeras en casi 400 hospitales de California, Florida, Nueva Jersey y Pensilvania, cuatro de los Estados más grandes de EEUU, que representan más del 20 por ciento de las hospitalizaciones anuales. Los investigadores examinaron la relación entre los informes de calidad realizados por las enfermeras y los hospitales reconocidos por su excelencia en cuidados de enfermería. Un gran número de enfermeras trabajaban en hospitales con entornos de buenas prácticas y en centros reconocidos por su atracción (nacionalmente conocidos por tener unos cuidados de enfermería excepcionales), e informaron de que la calidad de la atención en su lugar de trabajo era excelente.

Matthew D. McHugh, uno de los autores del estudio, sostiene que: "Para una imagen completa del funcionamiento del hospital, los datos de las enfermeras son esenciales. Sus evaluaciones sobre la calidad se construyen no a partir de un encuentro aislado o [de la valoración de] un único proceso, sino que se desarrollan a lo largo del tiempo, a través de una serie de interacciones y observaciones directas en la atención”.

Sobre la metodología empleada, los autores no examinaron si los informes de calidad del personal de enfermería se correspondían con las mediciones estándar de calidad de proceso o de resultados. Se valoró la validez de la evaluación de la calidad del hospital mediante agregación de las respuestas a un único item que les pedía que informaran sobre la calidad de la atención de enfermería en el hospital. (Se solicitaba a las enfermeras que respondieran a la pregunta: “¿Cómo describiría la calidad de los cuidados de enfermería proporcionados a los pacientes en su unidad?'' Las respuestas incluidas en el autoinforme eran: excelente, buena, justa y pobre). Se encontró que un incremento del 10% en la proporción de informes en los que figuraba calidad excelente de los cuidados se asociaba con menor probabilidad de mortalidad, mayor satisfacción del paciente y puntuaciones más altas en los procesos de cuidados en infarto agudo de miocardio, neumonía y pacientes quirúrgicos.

La información obtenida de las enfermeras permite aprovechar esa perspectiva única que supone su posición dentro del contexto de los cuidados y que les proporciona una imagen muy completa del funcionamiento del hospital. Según McHugh, las enfermeras tienen ideas a partir de su interacción con los pacientes, la tecnología y los familiares de los enfermos, que no siempre están documentadas en la historia clínica, pero a menudo son las que marcan la diferencia entre buenos y malos resultados.

Las medidas de calidad asistencial son una parte esencial para la toma de decisiones entre reguladores y proveedores, pacientes/usuarios y aseguradoras, con un gran potencial para influir sobre las políticas, la mejora de la calidad, los esfuerzos y el aseguramiento. Desde este punto de vista el estudio concluye que, "aunque la perspectiva del paciente es el indicador más relevante de la calidad de la atención, los informes sobre la calidad de los cuidados realizados por las enfermeras son claramente un indicador útil y valioso de la calidad hospitalaria y del funcionamiento del hospital".

Mientras tanto, en nuestras latitudes, no deja de resultar preocupante una noticia que leemos en estos días en Acta Sanitaria: los recortes comienzan también a notarse en la salud de los profesionales de enfermería, según un estudio llevado a cabo por el Sindicato de Enfermería, SATSE, en el que se pone de manifiesto el deterioro en su salud, como consecuencia de las condiciones laborales impuestas por los recortes de medios y el incremento de la presión asistencial.

El Secretario General del sindicato sostiene que “la salud de nuestro sistema sanitario ha empeorado en los últimos meses y, si no cambian las cosas, se verá abocado a una situación insostenible y desoladora, no solo para el profesional sino también para los pacientes”.

Vivimos tiempos difíciles en los que sin duda, al menos en el ámbito del trabajo asistencial, sería deseable un mayor reconocimiento, más (y mejor) comunicación y mucho más afán de colaboración por parte de todos
______________________
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...