viernes, 19 de enero de 2018

Magnitud, Trascendencia, Vulnerabilidad…

       The close of a career in New York. (c.1905). Foto: Shorpy

Planificación, establecimiento de prioridades y toma de decisiones en salud
 (Adaptado a partir de: Sonis A. y cols. Atención de la Salud. El Ateneo. Buenos Aires, 1983).

He aquí el clásico problema económico: existencia de necesidades múltiples versus recursos escasos de posible aplicación alternativa a las diversas necesidades…Este desajuste entre recursos relativamente flexibles y necesidades múltiples, obliga a seleccionar los problemas en un orden de prelación determinado, para su solución mediante la asignación de diferentes combinaciones de recursos. En otras palabras, ello supone la necesidad de planificar y establecer prioridades entre las necesidades y problemas existentes.

Históricamente, y en relación con la gestión pública y los problemas sociales en general, durante mucho tiempo se han venido multiplicando los debates en torno a los indicadores o criterios que deberían emplearse para planificar, seleccionar y establecer dichas prioridades sociales y adoptar así las correspondientes decisiones en cuanto a la asignación de recursos. En este sentido, en el proceso de planificación y toma de decisiones en la gestión coexisten, confluyen e intervienen, con distinta intensidad según la fase del proceso, tres tipos de racionalidad: la racionalidad política, la racionalidad técnica y la racionalidad operativa. Constituye, al mismo tiempo, un ámbito en el que se relacionan los distintos agentes implicados: políticos, técnicos, gestores o administradores y grupos sociales organizados.

Como es lógico, lo importante es lograr que las racionalidades y los agentes mencionados confluyan de manera armónica, evitando situaciones de conflicto y buscando la colaboración y cooperación en un marco de valores [estratégicos] comunes y compartidos.

Por lo que se refiere a la gestión sanitaria, con cierta frecuencia suelen escucharse algunas opiniones que defienden una supuesta neutralidad y una perspectiva exclusivamente técnica de los problemas del sector, según la cual éstos debieran situarse al margen de las decisiones políticas. Sin embargo, es preciso señalar que no existen cuestiones que sean puramente técnicas. Resulta imposible trazar una línea que establezca con exactitud dónde termina la política y dónde comienzan la planificación y la gestión. Muy al contrario, hay que percibir claramente que la planificación y la gestión no son sino el instrumento para dotar de racionalidad técnica y viabilidad al conjunto de proposiciones contenidas en la política formulada, en donde se establecen las prioridades y se diseña el horizonte que se desea alcanzar…

La gestión y la planificación son, por tanto, mucho más que una metodología de formulación de planes y programas y su mera ejecución o puesta en práctica, debiendo contemplarse en realidad como un ‘búsqueda racional de mecanismos para administrar el futuro’ (A. Sonis, 1973). Se trata de condicionar y construir ese futuro mediante la intervención racional, creando hechos, modificando el azar y reduciendo la incertidumbre. Un plan no refleja únicamente lo probable/posible sino que anuncia lo deseable como expresión y ejercicio de una voluntad política. Tiene, por tanto, importantes implicaciones éticas que no pueden soslayarse. Los fines y objetivos que se desean conseguir, los valores que hay que respetar. Unos abren vías y cursos de acción, otros marcan límites a la gestión.

Dadas las importantes consecuencias (de carácter moral, económico y social) que conllevan las decisiones de asignación de recursos sanitarios, la definición y establecimiento de prioridades en salud tienen un carácter sustancialmente político y están referidas al área de los agentes responsables de la toma de decisiones en ese nivel. Naturalmente, este tipo de decisiones tiene un elevado componente ideológico y se encuadran en el terreno -siempre polémico- de las distintas concepciones culturales, filosóficas y/o políticas (no es lo mismo destinar recursos a la atención primaria o a programas de prevención, que a cuidados paliativos o a salud mental, por poner algunos ejemplos).

En conjunto, todo ello viene a demostrar la importancia de tener en cuenta el contexto local/regional en el que se desarrollan tanto la gestión/planificación como las fórmulas y mecanismos utilizados para resolver los problemas en cada ámbito. Es preciso “inventar” o adaptar procedimientos, tecnologías, sistemas de información y recursos en función de las características y necesidades de ese contexto concreto.

Con respecto al acto de establecer prioridades entre problemas, éste constituye uno de los aspectos fundamentales en el proceso de definición de una política determinada, por lo que la racionalidad política debe jugar un papel decisivo en esta etapa a la hora de decidir qué problemas abordar y fijar soluciones alternativas:


NIVELES
DE
SELECCIÓN
CRITERIOS
POLÍTICOS
TÉCNICOS
OPERATIVOS

PROBLEMAS






SOLUCIONES






ALTERNATIVAS TECNOLÓGICAS






Peso relativo de los criterios de selección de prioridades en los distintos niveles del proceso

Los criterios técnicos están constituidos por aquellas variables que conciernen al nivel de gestión, responsable de la programación de las decisiones para asegurar la máxima eficacia por medio de soluciones eficientes. Los criterios operativos se refieren al conjunto de variables que conciernen a los responsables de la ejecución de las decisiones –los profesionales-, cuya preocupación principal es conseguir la máxima productividad de los recursos.

Partiendo de esta base puede construirse una subclasificación para cada uno de estos tipos de criterios que facilitaría la consideración ponderada de cada una de las variables en el proceso de decisión. Es obvio que esta clasificación de las variables relevantes para la toma de decisiones estará en función de las peculiaridades propias de cada caso en particular. No obstante, a título ilustrativo, es posible establecer ciertos conjuntos de variables agrupadas según categorías amplias, lo suficientemente universales y generalizables, como las que se proponen en el siguiente cuadro:

Niveles
de Selección
CRITERIOS
Políticos
Técnicos
Operativos
Problemas

-    Impacto sobre grupos de presión
-    Impacto sobre las políticas
-    Impacto social

-    Relevancia técnica

-    Posibilidad técnica de solución

-    Relevancia Administrativa
Soluciones

-    Impacto sobre grupos de presión
-    Coherencia/consistencia con las políticas
-    Relación tiempos político y técnico

-    Eficacia

-    Eficiencia

-    Coste social


-    Recursos críticos

-    Eficiencia
Alternativas tecnológicas

-    Impacto sobre grupos de presión

-    Relación tiempos político y técnico

-    Eficiencia

-    Coste social

-    Recursos críticos
-    Requisitos Administrativos
-    Requisitos Legales
-    Eficiencia
-    Capacidad operativa
__________________________________________________________________________
Ejemplos de grandes grupos de variables para los criterios de selección de prioridades a diferentes niveles del proceso

Conviene destacar que la definición y selección de estos criterios es, esencialmente, un juicio de valor, por más sofisticada que sea su formalización y su manejo. Estos juicios de valor son resultado de las ideologías, tanto políticas como profesionales, de los que participan en el proceso de decisión, así como de las pautas culturales u organizativas que condicionan la situación de cada centro, organismo o institución.

Como bien sabemos este planteamiento no siempre es admitido. Todavía se tiende a oponer la llamada racionalidad a la subjetividad inherente a todo juicio de valor. Sin embargo, cuando calificamos una decisión como racional o irracional, es evidente que lo hacemos desde el punto de vista de un sistema de valores dado. Es importante reconocer pues, que el concepto de decisión racional o irracional es relativo y que está constituido en función de valores e ideologías.

Un sistema de valores es el resultado de un proceso complejo de relaciones entre pautas culturales y los procesos de socialización profesional-político-social. No hace falta decir que en las decisiones de “alta política” son los valores ideológico-políticos los que predominan, pero el análisis de la realidad y la experiencia diaria demuestran que lo que podría denominarse como “ideologías profesionales”, (o simples intereses corporativos), influyen notablemente, y de forma más o menos explícita, sobre el proceso de decisión. 

En el sector salud, como en otros ámbitos de la vida social, es importante destacar la trascendencia del componente político en el proceso de decisión porque responde a una ideología o a una concepción de la sociedad en su conjunto que puede ser más acertada que la visión más reducida y fragmentaria de la realidad que generalmente tienen los técnicos altamente especializados. Sin embargo, también es muy importante tener en cuenta que las posibilidades de que una decisión sea acertada se incrementan a medida que aumenta la disponibilidad de criterios para el análisis que conduce a esa decisión. De aquí la enorme importancia de incorporar los criterios técnicos y operativos en el análisis de las situaciones problema en el nivel político.

Métodos o instrumentos de priorización para la asignación de recursos

Hace ya mucho tiempo que desde el campo de la Planificación y de la Salud Pública se han venido desarrollando diferentes técnicas y metodologías diversas para jerarquizar necesidades y problemas detectados o existentes y establecer prioridades a la hora de asignar los recursos disponibles.

Uno de los métodos más conocidos y utilizados es el Método OPS-CENDES (Organización Panamericana de la Salud-Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela en Caracas) desarrollado en los primeros años 60’s del pasado siglo, cuyos criterios de priorización son los siguientes:

Magnitud (M): Se refiere a las dimensiones o amplitud del problema desde un punto de vista cuantitativo (pacientes, población afectada, etc.).

Trascendencia (T): Consecuencias o repercusión cualitativa de las cifras cuantificadas en la magnitud (valoración de la gravedad, severidad, tendencia, etc.).

Vulnerabilidad (V): Tiene que ver con las posibilidades de poder modificar la situación existente, el problema o la necesidad identificada.

Coste-efectividad (C): Estimación de los resultados posibles asignando determinados recursos para realizar una intervención concreta.

De tal modo que:
  
Para cada uno de los criterios se propone una calificación de 0 a 10.

Otros criterios complementarios que pueden emplearse en este método son los de factibilidad (posibilidad de contar con los suficientes recursos humanos, económicos, materiales, tecnológicos, etc.) y viabilidad (criterios legales, administrativos o políticas con que se cuenta para apoyar promover las medidas, intervenciones o el curso de acción que se pretende llevar a cabo).

El Método de Hanlon se basa en los siguientes cuatro componentes:

A: Magnitud del problema
B: Severidad o gravedad del problema
C: Eficacia de la solución (o capacidad de resolución del problema)
D: Factibilidad del programa o intervención
Se asigna un valor mediante consenso grupal a cada uno de los componentes de la fórmula, lo que permite ordenar los problemas o necesidades que deben resolverse a partir de la fórmula:
 (A+B)C x D
 Para el componente D se tienen en cuenta una serie de factores que determinan si una medida, programa o intervención concreta puede o no ser aplicada. Un buen acrónimo para recordarlos es el que forman las siglas PERLA, siendo
P: Pertinencia
E: Factibilidad Económica
R: Disponibilidad Económica
L: Legalidad
A: Aceptabilidad

Otro método, utilizado en el estudio de prioridades realizado en los Países Bajos en 1990 considera como criterios de priorización:

Dimensión del problema (previa, actual y futura)
 Evitabilidad teórica o eficiencia
 Evitabilidad práctica o efectividad
 Costes directos e indirectos
 Barreras existentes
Cada uno de estos criterios se califica en una escala ordinal y posteriormente se establece una jerarquización del conjunto de problemas/intervenciones estudiados.

Para terminar, el resultado de la aplicación de cualquiera de las metodologías propuestas, debe considerarse como uno de tantos elementos a tener en cuenta en la toma de decisiones ya que debe complementarse con aspectos más globales de tipo político, ético y cultural, entre otros...
  

viernes, 5 de enero de 2018

De variis revolutionibus…

     Affiche, mai 68
“Lo que la historia nos hurta (…) lo conquista y nos lo otorga la literatura.”
Lorenzo Silva

Si hemos de ser sinceros, y hablando en términos generales, tiene uno la sensación de que la revolución, como la melancolía o el pesimismo de algunos poetas, está algo mitificada y sobrevalorada.

Desde hace ya unos cuantos años (exactamente desde 2011 en adelante),  Miguel Ángel Máñez escribe y publica la primera entrada del mes de enero de su conocido blog Salud con cosas, hablando de/sobre la revolución, (en el sentido de innovación, evolución, transformación y/o cambio en la manera de hacer las cosas en el ámbito sanitario)…

Leyendo el post correspondiente a este año 2018, (Una revolución improvisada) recordaba yo aquel libro publicado en su día por un ya maduro Daniel Cohn-Bendit (que tituló con el acertado nombre de La revolución y nosotros que la quisimos tanto), justamente cuando dentro de pocos meses se cumplirán precisamente los 50 años de aquella otra revolución de mayo de 1968 y acaban también de conmemorarse los 100 años de la revolución bolchevique de 1917.

Tal vez no esté de más recordar que, en su origen, la palabra “revolución” tuvo un significado físico y no político, histórico, sociológico o cultural; era un término y un concepto relacionado con la astronomía y se refería precisamente a los movimientos recurrentes y cíclicos que realizan los astros en el espacio, verbigracia el giro que efectúa un planeta para volver al sitio de donde partió… Utilizado metafóricamente en la política a partir del siglo XVII, significó la vuelta o retorno a una fase histórica anterior, casi exactamente lo contrario a lo que hoy denota el término. En algún caso, como la revolución americana o la revolución francesa, se justificaron como restauraciones de un orden de cosas tradicional violentado por los abusos del gobierno colonial o los excesos del despotismo de la monarquía absoluta. Hoy las vemos, sin embargo, como una ruptura radical con lo existente y el inicio de una nueva etapa histórica.

Por lo general, y con mucha frecuencia coloquialmente, suele hablarse de revolución en los ámbitos político,  en el social,  o en el económico,  pero también solemos referirnos a otro tipo de revoluciones, como la científica, la tecnológica o la industrial, o bien podemos hablar de las que se refieren a determinados aspectos artísticos, culturales, sociológicos, o filosóficos (incluso de la revolución sexual).

En fin, uno de los tipos que más nos interesan es el que describió de manera crítica Thomas S. Kuhn en su conocida obra “La estructura de las revoluciones científicas” (ver texto completo aquí) al enfrentarse a la visión positivista de la ciencia dominante en la década de 1960 en los Estados Unidos. El libro fue decisivo para la filosofía de la ciencia, introduciendo conceptos como los de comunidad científica (cuerpo total de científicos de una determinada disciplina, junto a sus relaciones e interacciones), paradigma (conjunto de prácticas, saberes y realizaciones que definen una disciplina científica durante un período determinado y es compartido por los miembros de la comunidad científica; esta denominación fue sustituida después por la de matriz disciplinaria), o tensión esencial (aquella que está implícita en la investigación científica y se establece entre ortodoxia e innovación, entre conservadores y revolucionarios).

Para Kuhn una revolución científica se produce cuando los científicos encuentran anomalías que no pueden ser explicadas por el paradigma universalmente aceptado dentro del cual ha progresado la ciencia hasta ese momento. Cuando un número suficiente de anomalías significativas se han acumulado en contra de un paradigma vigente, la disciplina científica entra en un estado de crisis, durante la cual se ensayan nuevas ideas, incluso algunas que antes se descartaron. Finalmente, emerge un nuevo paradigma con sus propios adeptos, y ocurre una 'batalla' intelectual entre los seguidores del nuevo paradigma y los que resisten con el viejo paradigma. Cuando una determinada disciplina pasa de un paradigma a otro, -con la introducción de un nuevo sistema conceptual, en definitiva- esto se denomina revolución científica o cambio de paradigma. Ello supone un cambio (a menudo radical) de la visión del mundo. 

Bueno, pues tras esta larga digresión, cabe añadir que, como es obvio, el concepto de innovación tiene también mucho que ver con esta idea de revolución en el sentido de transformación, cambio o mejora, pudiéndose hablar de innovación evolutiva, revolucionaria y disruptiva.

Y de todo esto es de lo que nos habla @manyez, de no conformarnos, de explorar y caminar en otras direcciones, de mirar de otra manera, de incorporar e introducir cambios en las organizaciones, de utilizar brújulas en vez de mapas, de no tener miedo (ni pereza) y atrevernos a salir de la zona de confort, mantener nuestros valores, compartir siempre y buscar nuevas (otras) formas de (para) hacer mejor las cosas (incluso improvisando)…

He aquí la serie de primeras entradas del mes de enero publicadas en Salud con cosas, desde aquella inicial de 2011:

·         2011: “La revolución del folio en blanco
·         2012: “La revolución de las ideas
·         2013: “La revolución del fondo y de la forma 
·         2014: “Ni un paso atrás: la revolución de 2014
·         2015: “Escape: la revolución de 2015
·         2016: “La revolución de los valores
·         2017: “Una revolución sin miedo

Por todo ello, hoy día, en que la idea misma de revolución parece haber desertado de la imaginación de nuestros contemporáneos, es muy de agradecer que nos recuerden que -de alguna manera- puede seguir siendo posible…

miércoles, 3 de enero de 2018

O Jardim dos Valores Universais (y II)

Como en otras ocasiones, pensaba uno colocar una cita al frente de la segunda parte de este rimbombante post dividido en dos partes y dedicado al Jardín de los Valores Universales de Mafra, pero una reciente lectura me hace reconsiderar esta decisión y pensármelo dos veces. Afirma Andrés Trapiello en la última entrega de sus diarios (que llevan el hermoso y casi metafísico título inspirado en La Celestina de Mundo es) que “una cita ajena dice de nosotros más de lo que pudiéramos decir. Para bien y para mal. Por eso hay que tener cuidado con lo que citas. La originalidad se ve a menudo más en lo que uno toma de otro que en lo que uno mismo saca de sí.” Sirva pues esta advertencia como llamada general de atención y cita del autor en sí misma…

Al hilo de la anterior entrada, José Manuel Brea Feijoo me hace llegar, a través de un  amable comentario en el blog, un breve ensayo sobre los Valores Universales, que la autora del mismo define como: “el conjunto de normas de convivencia comunes, válidas y universalmente aceptadas en un tiempo y época determinada. (…) no es un concepto sencillo [ya] que en ocasiones se confrontan valores importantes que entran en conflicto. El derecho a la vida y a la salud, el respeto a la propiedad privada, la observancia de las leyes, etc...”
.
Alertábamos en esa primera parte frente al lenguaje de madera constituido por una espesa mezcla de misticismo new age, pensamiento holístico-ecológico y algo de espiritualismo grandilocuente, que con frecuencia desprenden algunos de estos textos repletos de hipérboles y palabras excesivas.

[He aquí un breve ejemplo del tipo de prosa al que nos referimos, inspirado en la conocida Carta del Gran Jefe Seattle (1855):

Esto sabemos.
Todo está conectado
como la sangre
que une a una familia…
Lo que le acaece a la tierra,
acaece a los hijos e hijas de la tierra.
El hombre no tejió la trama de la vida;
es una mera hebra de la misma.
Lo que le haga a la trama,
se lo hace a sí mismo.

Conviene pues, como casi siempre en temas de tamaña importancia, mantener una saludable, prudente y respetuosa distancia escéptica, tanto para evitar calentamientos de cabeza como imposibles afanes de pseudotrascendencia.

Dicho esto, y estando ya avisados, continuaremos con la transcripción del resto de Valores Universais que encontramos en nuestro recorrido por el jardín (Igualdad, Confianza, Verdad, Amor, Paz, Felicidad…).

IGUALDAD

«La más original igualdad es la de todos los seres y fenómenos en cuanto idénticas manifestaciones, únicas e irrepetibles aunque interconectadas en el fondo sin fondo de la realidad y de la vida. En este sentido, todos son sagrados y están dotados de un valor intrínseco, irreductible a su evaluación, mercantilización e instrumentalización por intereses económicos o de otro tipo. El mundo y la naturaleza son inmensamente dignos de respeto, en su totalidad y en cada entidad interdependiente que los constituye. Todos los seres, desde el más elemental al más complejo, son igualmente importantes por su incomparable singularidad y por contener cada uno en sí la totalidad del universo en el cual está contenido simultáneamente, en consonancia con una visión holística del mundo donde hoy convergen tradiciones espirituales milenarias y la ciencia contemporánea.

En el plano humano, la igualdad radica no sólo en que todos los seres humanos sean idénticos en cuanto que diferentes manifestaciones de la misma vida universal, sino en que todos poseen un potencial ilimitado de desarrollo y realización que no es susceptible de comparaciones y juicios según criterios externos. Cada ser humano, tal como cada ser vivo y cada fenómeno del universo, es una fulguración esplendorosa y única del misterio del mundo, y como tal debe ser reconocido y respetado, por más elemental, limitado o negativo que parezca en una mirada superficial o precipitada. La evolución de las sociedades, naciones y culturas se mide por el grado en que integran, en el dominio público y privado, este reconocimiento, respeto y confianza en las innegables potencialidades de cada ser humano, así como por su capacidad de estimular y promover su pleno desarrollo.»

CONFIANZA

«La confianza es el sentimiento de tener en nosotros y en todo una verdad, cordura y bondad naturales, la verdad, cordura y bondad de la naturaleza profunda de todas las cosas. Ella es el fondo y la raíz de todas nuestras posibilidades de desarrollo. Cuando nos conectamos con ese fondo confiamos en lo mejor que hay en nosotros y en los demás y no nos identificamos con el miedo, el desaliento, la desesperación, la tristeza y la negatividad, por más repentinamente que a veces se manifiesten.

Confiamos en el mundo, en la existencia y en la vida como una inmensa posibilidad de crecimiento y mejora, incluso y sobre todo a través de las experiencias más arduas y dolorosas, sabiendo que ellas son dones que nos ofrecen la posibilidad de liberarnos de lo que retrasa o impide nuestra evolución. Esta confianza no es una fe ciega o un sueño irreal, sino una experiencia que viene del fondo de un corazón abierto, sensible y sabio, que no ignora los problemas y dificultades de la vida, pero ve que siempre podemos no dejarles la última palabra o las que sólo parecen negativas en tanto no logramos o no queremos ver la puerta y el horizonte más amplios que nos abren.

Donde se da esta confianza profunda es posible la paz.»

VERDAD

«La verdad consiste en desvelar la naturaleza profunda de la realidad –de la vida, de los seres y de las cosas- en la con(s)ciencia. Es una experiencia de apertura sin límites a lo que se puede llamar sabiduría: no un conocimiento exterior, intelectual sino saborear la plenitud de la vida en todas sus manifestaciones.

Los griegos lo llamaron alétheia [ἀλήθεια] –no olvido, desvelamiento, desocultamiento– y los indios satya, que viene de sat , lo que es, lo real. La verdad es no olvidar lo real, todo lo que se manifiesta aquí y ahora, en cada instante, cambiarlo por preocupaciones con el pasado y el futuro y por palabras, conceptos e imágenes que apenas traducen nuestras percepciones, interpretaciones y juicios limitados. La etimología indo-europea de real evoca la riqueza, la abundancia. La naturaleza de las cosas es abundante, llena de todas las posibilidades: la verdad y la sabiduría son la con(s)ciencia y la experiencia de la misma en el presente, porque es sólo en él que las cosas existen y la vida se ofrece.

La verdad no se puede nunca reducir a una definición, doctrina o símbolo. Nos invita a trascender conceptos, imágenes y palabras en una experiencia contemplativa y silenciosa que apacigua y libera de la agitación mental y emocional que oscurece la con(s)ciencia. La verdad se manifiesta en el fondo de todo, abre la mente y el corazón y se manifiesta en la autenticidad del silencio, del pensamiento, de la palabra y de la acción. La verdad nos vuelve auténticos, confiados y generosos, mostrando nuestra permanente vinculación a algo más vasto que a nuestros pequeños yo, que cubre todo cuanto existe. Por eso algunas tradiciones la identifican con Dios o con la Vida, el Infinito, la Naturaleza. El Ser, el Vacío o la Vía, entre otros nombres para sugerir lo que no se puede decir, sino que se experimenta en los momentos más plenos de nuestras vidas, que nos maravillan y arrebatan de gratitud y amor.

La verdad se da en el sentimiento de que por más difíciles que sean las circunstancias, hay algo sano, perfecto y bueno en todo cuanto existe. Una presencia que atraviesa todos los seres y las cosas. A cada instante. Ahora mismo. Pruébalo, nos libera.»

AMOR

«El amor es el sentimiento que brota naturalmente de un corazón libre y sensible a la interconexión de todas las formas de la vida. En su plenitud es la aspiración activa a la felicidad de todos los seres, sin esperar nada a cambio. El verdadero amor es infinito, universal e incondicional. Todos tenemos ese potencial, que se realiza extendiendo a cada vez más seres el deseo profundo de que nosotros y nuestros seres queridos seamos plenamente felices. El camino para el verdadero amor es el de la expansión de ese deseo de felicidad, irradiando en círculos cada vez más amplios, hasta cubrir todo el universo y todas las expresiones de la vida, sintiéndolas a todas como íntimas y próximas.

El amor es una empatía movida por la sabiduría y por la bondad. Cuando despierta no hay dificultad que no sea vencida, obstáculo que no se convierta en un paso para una conciencia y una realización mayores, debilidad que no se transforme en fuerza. El amor disuelve el egoísmo, el afán de posesión y el apego en un cuidado altruista por el bien del otro, que lo deja libre para ser quien es, sin instrumentalizarlo como un objeto que satisface nuestras ideas, deseos y expectativas: quien ama nada teme y no tiene adversarios ni enemigos, pues extiende el amor mismo a quien se agrede a sí mismo o a otros. Quien ama no aspira a otro poder que no sea el de amar cada vez más. Y otro poder no hay.

Puede ser que amar derive del indo-europeo amma, el sonido del niño para llamar a la madre, lo que muestra al amor en la encrucijada entre la sed ávida del seno materno y la generosidad incondicional con que este se ofrece. Pasar de la sed a la fuente resume todo el sentido de la vida si queremos evolucionar desde el consumo ávido de personas, objetos y experiencias hasta la divina superabundancia que reside en nosotros y en el mundo y es la propia Vida universal. Una inagotable fuente de compasión.»

PAZ

«La paz es la tranquilidad del espíritu y del corazón en todas las circunstancias y experiencias, incluso o sobre todo en las más turbulentas, peligrosas, violentas y difíciles. La verdadera paz es simultáneamente un don y una conquista si podemos abrirnos y compartir con el fondo sin fondo de la realidad y la vida, en las profundas entrañas del océano del mundo donde desde siempre ha habitado la verdad y jamás penetra en el torbellino de las olas hasta la superficie. Es en esa paz profunda, que reside en lo íntimo del ser y de la con(s)ciencia, donde radica la posibilidad de nuestra pacificación, individual y colectiva.

Esa pacificación viene de la profundización de la sabiduría y de la comprensión, del amor y de la compasión, de la alegría y de la gratitud, de la paciencia, del perdón y de la confianza. Por este camino, inseparable de la atención plena a lo que ocurre en cada momento en nuestro interior, la turbulencia de los pensamientos y emociones se calma, dejamos de identificarnos con ellos y comenzamos a ver cómo son de insignificantes en el amplio y pacífico espacio en el que se forman, transforman y disipan. Por la meditación y por la contemplación vemos y experimentamos que la agitación y el drama no tocan jamás la paz de nuestra naturaleza profunda e impoluta, que comenzamos así a descubrir como nuestra verdadera identidad, inseparable de la naturaleza común de todo y de todos.

En sintonía con la paz que somos, la irradiamos y la compartimos, sin esfuerzo y sin hacerlo, en todo lo que pensamos, decimos y hacemos, o en el simple estar aquí y ahora, conscientes, sin hacer nada sino respirar y ser. En sintonía con la paz que somos, vivimos en el mundo sin participar en su turbulencia y conflicto, dejamos de ser obstáculos y nos hacemos vehículos de la divina y sagrada presencia y respiración que circula en todas las cosas. Así, la felicidad es un constante florecimiento y fructificación.»

FELICIDAD

«La felicidad no es el placer fugaz, ni siquiera la más extática y arrebatadora alegría, sino un estado y un sentimiento duraderos de profunda satisfacción y realización, que viene del interior y no depende de algo que pueda acontecer o no, que se pueda ganar o perder o aumentar y disminuir. La felicidad más profunda expresa la plenitud de ser y acompaña el florecimiento global de todas nuestras facultades cognitivas y afectivas, la ilimitada comprensión y amor del mundo y de todas las formas de vida. La felicidad más profunda integra y supera, sin ignorarlas, las experiencias del dolor, del sufrimiento y del conflicto, tal como trasciende a la inquietud y ansiedad todavía inherentes a la búsqueda y al deseo de ser feliz.

La felicidad más profunda es un sentimiento de cumplimiento y realización del sentido de la vida, una sensación de integridad y perfección, mientras siga siendo el horizonte de crecimiento que se abre ante nosotros, una experiencia de no estar para fallar el objetivo y pasar junto a nuestra única y más auténtica vocación: precisamente la de ser felices. Es sugerente que pecado sea la traducción latina del griego amartia, que significa fallar el objetivo (errar el blanco). Ser feliz es sentir que el viaje de la vida acierta en su objetivo profundo: la plenitud, que muchas tradiciones describen como salvación, unión con Dios, despertar, iluminación o liberación.

La felicidad más profunda es una serena bienaventuranza más allá de las palabras. En ella no estamos solos pues en ella todos los seres y cosas están unidos. La felicidad más profunda es simultáneamente el más íntimo y cósmico de los acontecimientos, el esplendor de cada con(s)ciencia y de todo el universo, la poderosa, amplia y serena Fiesta de la Vida. Para la cual todos estamos convidados desde siempre y a cada instante.


En fin, y por si alguien echa de menos alguna de estas enormes palabras, incapaces por sí solas de encerrar cualquiera de los conceptos que designan, el cuadro anterior agrupa por familias un amplio catálogo de cualidades o valores humanos universales para usos varios...



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