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lunes, 3 de enero de 2022

Historia, nosografía y COVID-19

                Soldados alemanes con máscaras antigás en la I Guerra Mundial (1916)

«…los hombres pueden elaborar las ideas complejas que les plazcan, y darles los nombres que les plazcan, aunque si quieren ser comprendidos, cuando hablan de cosas existentes en la realidad tienen que conformar, hasta cierto punto, sus ideas con las cosas de las que quieren hablar.»

 «…todo este gran asunto de los géneros y de las especies y de las esencias, no sirve más que para que los hombres elaboren ideas abstractas y las fijen en sus mentes, con sus nombres, lo que les permite considerar las cosas y tratarlas como si se hallaran en manojos, para un más fácil y rápido progreso, y comunicar sus conocimientos, que tan solo avanzarían con lentitud si sus palabras y pensamientos estuviesen únicamente limitados a lo particular.»

 John Locke. Ensayo sobre el entendimiento humano (1690)

Hacia la segunda mitad del siglo XVII, la Ética de Spinoza (1632-1677) ya señalaba cómo «la mayor parte de nuestros errores consiste simplemente en que no aplicamos con corrección los nombres a las cosas». Llamamos de cualquier modo a cualquier cosa (y así nos va). Por ello, nombrar la realidad correctamente nos sustrae a la confusión.

Casi podríamos decir que gracias a la peste pandémica del SARS-CoV-2 ahora empezamos a conocer hasta la lengua de los dioses y hemos aprendido a denominar correctamente las diferentes variantes de interés -o de preocupación según la OMS- detectadas hasta el momento [variants of concern: alfa (detectada por vez primera en Reino Unido), beta (Sudáfrica), gamma (Brasil), delta (India), y ómicron (de nuevo Sudáfrica)…].

Parece que el agente infeccioso denominado SARS-CoV-2 seguirá entre nosotros de forma endémica causando un catarro estacional como el que provocan otros coronavirus que lo han precedido desde hace décadas.

No obstante, sobre este tema, algunos expertos advierten: «Ya muchos países y expertos consideran que la COVID va a ser endémica, pero tiene que haber un debate sobre lo que consideramos endemicidad.» 

En todo caso, ni estas vacunas por sí solas, como creyeron algunos ingenuos optimistas, ni las medidas preventivas o profilácticas exclusivamente -mascarillas, ventilación, distancia de seguridad, lavado de manos- serán suficientes para erradicar por completo la circulación del coronavirus SARS-Cov-2.

Hace pocos días, dos conspicuos virólogos afirmaban: «Llegará un momento en que COVID-19 ya no exista, sino que existirá [una infección por una variante distinta] de SARS-CoV-2 que produce otra enfermedad [ver más abajo] que la llamaremos, digamos, ‘catarro causado por SARS-CoV-2’. (…) Es decir, el covid-19 ha terminado, ahora tenemos un catarro causado por SARS-CoV-2 que es distinto que el que causó la pandemia.»

Y añaden: «…COVID se ha acabado y nos hemos quedado con una cosa distinta, pero es una cuestión de semántica (sic). Desde luego no es lo mismo para una persona vacunada. No es COVID en la mayor parte de los vacunados, pero sí en una proporción que tiene enfermedad severa, que llamaremos COVID, y los no vacunados tienen más porcentaje de enfermedad severa. Si definimos COVID como enfermedad severa, lo que va a disminuir mucho es el COVID; ahora hay más infecciones, pero menos COVID. No estará completamente eliminado, pero hay menos casos. Si una persona es asintomática, ¿tiene COVID? Yo diría que no; COVID es una enfermedad. Un asintomático tiene el virus, pero no COVID». 

El fin de la pandemia

Obviamente, esto nos lleva a preguntarnos también por el fin de la pandemia: “El problema es cuándo se declara oficialmente que una pandemia acaba. Se hará en algún momento, pero la OMS no va a dar la pandemia por terminada hasta que no esté muy segura. (…). La pandemia acabará antes de que la OMS la considere acabada”.

Un interesante artículo aparecido en el New York Times el pasado mes de octubre explicaba que la historia nos recuerda que esta pandemia no será solo una crisis, sino una época. Para muchos historiadores de la ciencia, las pandemias tienen dos tipos de final: el médico o sanitario, que ocurre cuando las tasas de incidencia y de muertes caen en picado, y el social, cuando disminuye la epidemia de miedo a la enfermedad. «Cuando la gente se pregunta: ‘¿Cuándo se acabará esto?’, en realidad preguntan sobre el final social.»

En otras palabras, un final puede ocurrir no porque la enfermedad haya sido vencida sino porque las personas se cansan de estar en modo pánico y aprenden a convivir con ella. Allan Brandt, historiador de la ciencia y de la medicina de Harvard, explica que algo similar está ocurriendo con la COVID-19: “Como hemos visto en el debate sobre la apertura de la economía, muchas preguntas sobre lo que se llama el final están determinadas no por los datos médicos y de salud pública, sino por procesos sociopolíticos”.

Porque, en realidad, ¿Para quién termina la epidemia y quién lo puede decidir? Sobre  ello, “...tendemos a pensar en las pandemias y las epidemias como episódicas”, comenta el profesor Brandt, “pero vivimos en la época de la COVID-19, no en la crisis de la COVID-19. Habrá muchos cambios que serán significativos y perdurables. Vamos a tener que convivir con muchas de las ramificaciones de la COVID-19 durante décadas”.

Parecía que la pandemia estaba casi por terminar, en especial en los meses anteriores al dominio de las nuevas variantes, sin embargo, lo más difícil será declarar que una pandemia ha concluido. Puede incluso que no concluya cuando el padecimiento físico, medido en términos de enfermedad y mortalidad, haya disminuido bastante. Puede continuar mientras la economía se recupera y la vida vuelve a ser algo parecido a lo que llamábamos normalidad. La persistente conmoción psicológica de haber vivido con la ansiedad y el temor prolongado a la enfermedad grave, el aislamiento y la muerte, tarda mucho tiempo en desvanecerse.

Mientras dura la pandemia hay que vigilar los rebrotes, limitar las actividades de riesgo y seguir manteniendo las medidas de protección adecuadas. Pero incluso si finalmente se consigue la inmunidad de grupo, el virus no estará totalmente erradicado y se podrá convertir en un problema estacional, que vuelve cada temporada (como el virus de la gripe), o provocará periódicamente pequeños brotes asilados (como los virus del SARS o el MERS).

¿Una ‘nueva’ enfermedad?

Llegados hasta aquí cabría preguntarse si realmente nos encontramos ahora con el actual SARS-CoV-2 ante una nueva especie o entidad morbosa. Con frecuencia, influidos por la vieja nosología de los siglos XVII y XVIII y el platonismo imperante, podemos llegar a pensar, de forma poco reflexiva, que las enfermedades, como entidades morbosas tienen, de algún modo, una existencia independiente y/o autónoma.

En este sentido, la nosología es la disciplina y área de conocimiento cuyo objetivo es realizar una descripción exhaustiva de las enfermedades para distinguirlas entre sí y clasificarlas; se encarga por tanto de sistematizar las patologías de acuerdo con la información que existe sobre ellas. Esta información procede de los datos basados en las teorías existentes acerca de la naturaleza de las diferentes patologías.

Las funciones esenciales de la nosología, por lo tanto, consisten en describir las enfermedades para generar conocimientos sobre sus características, la diferenciación de las patologías para concretar la identificación de la enfermedad y la clasificación de acuerdo a los vínculos y las relaciones entre los diversos procesos analizados. Existen diversas subdisciplinas dentro de la nosología, como la nosotaxia, (referida a la clasificación); la nosognóstica, (sobre la calificación de la enfermedad, es decir, los juicios clínicos -diagnóstico, pronóstico y terapéutico- y sus fuentes, tipos y procedimientos); la nosonomia (centrada en el concepto o noción de la enfermedad, dedicándose a estudiar su evolución en la historia, la relación entre la salud y las enfermedades y otros aspectos) y la nosografía, (descripción de la enfermedad a través de su etiología, patogenia, nosobiótica, semiótica y patocronia. El estudio de la etiología, la patogenia y la patocronia permite describir una enfermedad en concreto estableciendo las causas, el origen y desarrollo de la misma, las alteraciones que presenta el paciente, los síntomas más propios y definitorios de la misma, o su evolución).

Hay que remontarse hasta Thomas Sydenham (1624-1689), conocido como el “Hipócrates inglés”, para encontrar el origen de la idea de especie morbosa, un tipo procesal o evolutivo del enfermar humano que se repite unívocamente en un gran número de enfermos. De entre el abigarrado complejo de alteraciones que supone el enfermar, las “especies morbosas” serían formas típicas y constantes, aisladas por inducción. El concepto aparece en conexión con el pensamiento filosófico inglés del s. XVII (Bacon, Locke…) y el parentesco por comparación con la idea moderna de las especies zoológicas y botánicas, aunque ninguna analogía respeta suficientemente el carácter dinámico de los procesos morbosos.

En el siglo XVIII los especialistas en botánica y zoología llevaron a cabo elaboradas clasificaciones taxonómicas en su campo; de igual manera, algunos de ellos, que también eran médicos, trataron de ordenar y clasificar las enfermedades igual que las plantas. De Sauvages (1706-1767) escribió una Nosologia methodica (1763) en la que subdivide las enfermedades en diez clases, 295 géneros y 2.400 especies (!). Por su parte, Linneo (1707-1778), el más famoso entre los taxonomistas en botánica y zoología, compuso también un Genera morborum. Estas clasificaciones de las enfermedades se inspiraban indudablemente en el pensamiento empirista, puesto que no se prestaba atención al mecanismo patológico subyacente (téngase en cuenta el paradigma miasmático-humoral entonces vigente, anterior a la teoría infecciosa del contagio por los microorganismos). De hecho, no eran más que divisiones y subdivisiones de síntomas mal definidos, y no tuvieron un efecto duradero en el posterior desarrollo de la medicina moderna.

Para terminar: es obvio que las actuales clasificaciones de las enfermedades existentes (CIE-11, ICPC-2, DSM-5), constituyen una herramienta indispensable en medicina clínica, que sirve para organizar el conocimiento médico y la experiencia profesional, y está basada en gran medida en un modelo mecánico/biológico de enfermedad.

Aunque en constante evolución, estas clasificaciones todavía son, en gran parte, una mezcla de entidades morbosas definidas en términos anatómicos, fisiológicos, patogénicos y microbiológicos. Muy a menudo se tiende a olvidar que la clasificación y descripción de las enfermedades deben ajustarse al espectro que estas presentan en un momento determinado y en un contexto sociocultural determinado, infravalorando las variaciones temporales y geográficas del espectro de la enfermedad.

Por otro lado, el actual enfoque clínico de la atención centrada en la persona no deja de ser deudor del viejo aforismo atribuido a Rousseau: “no existen enfermedades, sino enfermos” y, aunque en ocasiones se habla de una historia natural de una enfermedad, como si estuviera programado desde el principio que esta siguiera un curso determinado, este concepto es poco más que un mito.

En fin, conviene recordar que, muchas veces, la información que proporcionan los libros de texto tiene un valor limitado cuando no nos dicen a qué pacientes se están refiriendo…

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domingo, 3 de mayo de 2020

Sigue el camino de baldosas amarillas…

  Primera página de una edición estadounidense  de “El Mago de Oz” editada en 1900

«Nadie sabe cuál es el buen camino, pero este parece bastante razonable.»

«Se está mejor en casa que en ningún sitio…»
«Sigue el camino de baldosas amarillas…»

Más de ochenta años después de su estreno, estas dos frases de El mago de Oz, la deslumbrante película de Víctor Fleming, adaptación del libro de literatura infantil de Lyman Frank Baum publicado en 1900 como una especie de versión country de la Alicia de Lewis Carroll, pueden ser sin duda el mejor resumen de las recomendaciones en los dos momentos clave de la pandemia causada por el coronavirus SARS-CoV-2: la fase del confinamiento y la fase de esto que ahora se ha dado en llamar “desescalada”. Cabe preguntarse si hubo alguna vez una “escalada” hacia algún sitio (ver  a este respecto: Vocabulario colateral de la pandemia).

Obviamente, en la etapa de confinamiento establecida por el Real Decreto de alarma del pasado 14 de marzo, lo mejor que podíamos hacer era recordar y poner en práctica la consigna de Dorothy después de haberse visto envuelta en una serie de peripecias, causadas por un tornado que la arrastró hasta un mundo de fantasía: «Se está mejor en casa que en ningún sitio…»

Superada esta etapa, nos encontramos ahora a vueltas con el denominado “plan de desescalada” o, por decirlo más técnicamente, el Plan para la transición hacia una nueva normalidad, aprobado por el Consejo de Ministros el pasado 28 de abril.  Este proceso de desescalada, que se prolongará hasta finales de junio, ha de ser necesariamente gradual, asimétrico, coordinado con las comunidades autónomas, progresivo y adaptable a los cambios de orientación precisos en función de la evolución de los datos epidemiológicos y del impacto de las medidas adoptadas.

Poco antes, el pasado 14 de abril de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió los criterios a tener en cuenta a la hora de plantear el desconfinamiento:

· Romper la cadena de trasmisión detectando el mayor número de casos posible, tratando a las personas que presentan síntomas y aislando tanto a los enfermos como a las personas que han estado en contacto con ellos.

· Contar con recursos sanitarios suficientes para poder responder rápidamente ante los casos detectados y, en especial, para poder atender los casos más graves.

· Minimizar los riesgos en lugares con alto potencial de contagio como son los centros sanitarios y de cuidados (residencias), los lugares cerrados y los lugares públicos donde se produce una gran concentración de personas.

· Establecer medidas preventivas en los lugares de trabajo y promover medidas como teletrabajo, el escalonamiento de turnos y cualesquiera otras que reduzcan los contactos personales.

· Gestionar el riesgo de importar y exportar casos más allá de nuestras fronteras, para lo que recomienda la implementación de medidas de control y aislamiento para personas contagiadas o que provengan de zonas de riesgo.

· Asumir la importancia de que todos los ciudadanos se muestren comprometidos con las limitaciones que se están adoptando y comprendan que, en gran medida, la contención de la pandemia depende de ellos.

Por tanto, esa salida gradual del actual estado de confinamiento obliga a seguir reforzando las capacidades en cuatro ámbitos: vigilancia epidemiológica; identificación y contención de fuentes de contagio; asistencia sanitaria; y medidas de protección colectiva, tanto de dimensión nacional como autonómica y local.

Los parámetros cuyos valores son necesarios para avanzar en la desescalada, y de los que es necesario un seguimiento continuo, se plasmarán en un cuadro de mandos integral único que ayudará a graduar la intensidad y velocidad del desconfinamiento, incluyendo parámetros fundamentales para la toma de decisiones: 

· De salud pública, a partir de los datos que evalúan las cuatro capacidades estratégicas ya señaladas y la evolución de la situación epidemiológica. 

· De movilidad (tanto interna como internacional), muy vinculada a un posible aumento del riesgo de contagio. 

· De la dimensión social (impacto de la enfermedad, el confinamiento y la desescalada en los colectivos sociales más vulnerables, en particular los mayores). 

· De actividad económica (evaluación de la situación por sectores, en especial aquellos con más capacidad de arrastre y los más duramente afectados por la crisis).

El Plan incluye una serie de Anexos (Anexo I, Anexo II, Anexo III) que contienen un conjunto de indicadores epidemiológicos y de capacidad asistencial, de movilidad, así como sociales y económicos, que permitan realizar un seguimiento y monitorizar la situación del proceso de desconfinamiento. Dibujan un cronograma orientativo para la transición en cuatro fases.

El paso de una fase a otra en cada ámbito territorial estará basado y se determinará en función de las capacidades estratégicas de cada Servicio de Salud, tanto de atención primaria como hospitalario; de su situación epidemiológica; de la implantación de medidas de protección colectiva en comercios, transportes, centros de trabajo y en cualquier espacio público, y en los datos de movilidad y económicos.

Toca pues seguir el camino de baldosas amarillas, como recomendó a Dorothy el hada buena del Norte. Por si quedara alguna duda, en este documento podemos encontrar algunas respuestas a preguntas frecuentes. Y un enlace al BOE con una serie de órdenes y disposiciones urgentes que desarrollan la "entrada" en la fase de desescalada.

Sobre todo ello, el filósofo alemán Peter Sloterdijk recuerda en estos días que «…en un futuro, la competición por la inmunidad debería ser reemplazada por una nueva conciencia de la comunidad, por la necesidad de fomentar la coinmunidad, fruto de la observación de que la supervivencia es indiferente a las nacionalidades y las civilizaciones.»

De camino hacia esa nueva normalidad (ya estamos en fase 0), conviene recordar que seguimos sin una guía concreta, sin manuales ni libros de instrucciones a los que recurrir. Echa uno de menos que alguien entre esa ingente caterva de opinadores sin luces, graduados en futurología retrospectiva, expertos en predecir el pasado, funestos augures diplomados en epidemiología, juntaletras salubristas y otros, hubieran escrito algún pequeño breviario que pudiera servirnos de ayuda y alumbrarnos en ese camino.

En vez de eso, con demasiada y excesiva frecuencia, la facundia, la excesiva locuacidad y la incontinencia verbal de muchos de ellos, demuestran su atrevida ignorancia y su carácter mercenario y servil, poniendo de manifiesto aquello que recordaba Jonathan Swift, celebrado autor de “Los viajes de Gulliver”: «algunas personas son más cautas en ocultar su sabiduría que su torpeza».


lunes, 12 de mayo de 2014

International Nurses Day 2014


Como se sabe, cada 12 de mayo, en el aniversario del nacimiento de Florence Nightingale se celebra en todo el mundo el Día internacional de las Enfermeras (International Nurses Day, IND). Es una jornada conmemorativa en torno al papel y a las contribuciones de las enfermeras a la sociedad, promovida desde 1965 por el Consejo Internacional de Enfermeras desde 1965

El lema elegido para el IND 2014: Nurses: A Force for Change. A Vital Resource for Health (Las enfermeras: Una fuerza para el cambio – Un recurso vital para la salud) destaca el papel clave de las enfermeras en la mejora y en el impacto sobre la salud para todos.

La existencia de unos trabajadores de salud en número suficiente, y adecuadamente formados y motivados son esenciales para la salud de la población mundial. El acceso equitativo a los necesarios servicios de salud de buena calidad no puede conseguirse sin un número adecuado de enfermeras bien preparadas. Por ello, en la documentación y en los materiales informativos que han publicado y distribuido, el Consejo Internacional de Enfermeras hace un llamamiento a todas las enfermeras a "cambiar la imagen" (existente) y demostrar a los gobiernos y administraciones, a los empleadores y la sociedad que las enfermeras son un recurso vital para la salud:

Es esencial que las enfermeras y los dirigentes mundiales se centren en los recursos humanos de enfermería que hay en el mundo, como prioridad esencial para conseguir una mejor salud para todos. Que el mundo sepa cuán orgullosas nos sentimos las enfermeras de nuestra contribución vital a la salud y al bienestar de la comunidad.”

Felicitaciones a todas las enfermeras en este Día, aunque no olvidemos que la escasez de enfermeras es un grave problema en todo el mundo, del que la propia OMS ya viene advirtiendo desde hace años…


martes, 6 de mayo de 2014

Ébola: amenazas y riesgos globales…

 Ebola in Guinea. 6 abril 2014. Foto: European Commission DG Echo (vía flickr)

“Estemos a la mira” (es decir, observemos atentamente, estemos pendientes), nos advertía Cervantes por boca del cura en el capítulo II de la 2ª parte de El Quijote, al sospechar la recaída del ingenioso hidalgo en su locura…
A mediados del mes de marzo pasado, la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) -un mecanismo de colaboración técnica entre redes e instituciones para identificar, confirmar y responder rápidamente a brotes epidémicos de importancia internacional- emitía un preocupante comunicado de alerta global: un brote de virus Ébola mataba a 59 personas en Guinea.

La noticia saltó a las primeras páginas de los periódicos y fue objeto de amplios y llamativos reportajes. Hoy, apenas un mes más tarde, ha desaparecido de la agenda informativa impuesta por los dictados de otra actualidad más inmediata.

De acuerdo con los datos facilitados por la OMS, hasta el pasado 1 de mayo, el Ministerio de Salud de Guinea había notificado 226 casos clínicos de enfermedad por virus del Ébola (EVE). Esta cifra incluye los casos confirmados por laboratorio, los casos probables y los sospechosos. De ellos, 149 fueron mortales, lo que supone una letalidad (casos/número de muertes) del 66%. De los 25 profesionales sanitarios que resultaron afectados, 16 fallecieron.

En Liberia, también a fecha de 1 de mayo, el Ministerio de Salud y Bienestar Social había notificado 13 casos clínicos de EVE, 11 de los cuales fueron mortales.

El virus Ébola es un RNA-virus de la familia de los filovirus (por su estructura filamentosa). Se denomina así por el río del mismo nombre en la República Democrática del Congo (antiguo Zaire), donde fue identificado en 1976 en el transcurso de un brote epidémico que afectó a ese país y a Sudán, y en la que de 550 casos fallecieron 470. No existe ningún tratamiento específico para la enfermedad, ni tampoco una vacuna que la prevenga. Desde su descubrimiento en 1976, se han detectado más de 2.600 casos (hasta hoy), de los que casi el 70% han sido mortales.
Virus Ébola. Foto: CDC. Cynthia Goldsmith

Se conocen cinco clases o especies (cepas) del virus Ébola (Ébola Zaire, Ébola Sudán, Ébola Bundibugyo, Ébola Taï Forest y Ébola Reston). Se considera que determinadas especies de murciélagos son los huéspedes naturales del virus Ébola en África, por lo que la distribución geográfica de los Ébolavirus puede coincidir con la de dichos murciélagos.

El virus del Ébola se introduce en la población humana por contacto estrecho con órganos, sangre, secreciones u otros líquidos corporales de animales infectados. En África se han documentado casos de infección asociados a la manipulación de chimpancés, gorilas, murciélagos frugívoros, monos, antílopes y puercoespines infectados que se habían encontrado muertos o enfermos en la selva. Entre la población local de algunas de esas zonas la carne de murciélago es considerada como un manjar, por lo que su consumo también puede propiciar la infección humana.

Posteriormente, el virus se propaga en la comunidad mediante la transmisión de persona a persona, por contacto directo (a través de las membranas mucosas o de soluciones de continuidad de la piel) con órganos, sangre, secreciones, u otros líquidos corporales como saliva, sudor, orina o vómitos de personas infectadas, o por contacto indirecto con materiales contaminados por dichos líquidos. El virus del Ébola se ha aislado en el semen hasta 61 días después de la aparición de la enfermedad en un caso de infección contraída en el laboratorio. El periodo de incubación (intervalo desde la infección hasta la aparición de los síntomas iniciales, a veces inespecíficos) oscila entre 2 y 21 días.

La infección por el virus provoca un tipo de fiebre hemorrágica, una enfermedad muy grave que afecta tanto a los animales como a los seres humanos, y que cursa con malestar generalizado, debilidad intensa, fiebre alta de 39-40º C, intensos dolores musculares y articulares, cefalea, conjuntivitis, naúseas y vómitos, dolor abdominal, diarrea líquida y una erupción generalizada con hemorragias cutáneas, gastrointestinales, renales y oculares, con fallo o disfunción renal y hepática. La muerte se produce por un shock o fallo multiorgánico.

El único tratamiento posible es sintomático y de sostén, con soporte cardiovascular y cuidados intensivos. Los enfermos suelen presentar deshidratación severa, por lo que requieren la administración de fluidos por vía oral e intravenosa. Es fundamental el aislamiento de los pacientes y la protección del riesgo biológico para los cuidadores y el personal sanitario que presta su atención y servicios.

Antes de establecer un diagnóstico de EVE hay que descartar el paludismo, la fiebre tifoidea, la shigelosis, el cólera, la leptospirosis, la peste, las rickettsiosis, la fiebre recurrente, la meningitis, la hepatitis y otras fiebres hemorrágicas víricas (dengue, fiebre de Lassa, fiebre de Marburgo y otras). Las infecciones por el virus del Ébola solo pueden ser confirmadas y diagnosticarse definitivamente mediante distintos análisis de laboratorio.

Las muestras de los pacientes suponen un enorme peligro biológico, y las pruebas tienen que realizarse en condiciones de máxima contención biológica. Aún recordamos las inquietantes imágenes del personal sanitario embutido en sus trajes de protección, (botas, chaquetas, pantalones de aislamiento, monos de trabajo cerrados por varias partes, mascarilla, gafas, dos pares de guantes de goma y quirúrgicos), una imagen que la ficción cinematográfica ha popularizado en películas como Outbreak (“Estallido”, 1995) o Contagion (“Contagio”, 2011).

Hace pocas semanas, en plena efervescencia del brote, UNICEF reclamaba a la comunidad internacional unos 2,5 millones de dólares (apenas 1.8 millones de euros) para frenar el Ébola en África occidental. Luis Encinas, coordinador de emergencias de Médicos sin FronterasONG que junto a otras organizaciones trabajan junto a los enfermos con enorme riesgo de su vida, hacía también un dramático llamamiento: No podemos dejarles solos.

El primer brote de virus Ébola registrado fuera del continente africano se detectó en 1989 en Reston, una localidad del estado norteamericano de Virginia, a tan solo quince kilómetros de Washington, cuando apareció un brote en un grupo de cien macacos importados. Aunque la epidemia fue altamente letal en los animales, y seis de los encargados de su control dieron positivo al virus, en aquella ocasión no causó ninguna muerte entre humanos.

Sin embargo, deberíamos ser conscientes de que es solo cuestión de tiempo que alguno de estos virus se convierta en algo más que una simple amenaza, llegue hasta nosotros y desencadene una epidemia de incalculable alcance y dimensiones. Conviene por ello que, por la cuenta que nos tiene, y como bien nos advertía Cervantes, a pesar de las (evidentes) dificultades y penurias domésticas por las que atravesamos en nuestras latitudes, “estemos a la mira” y sepamos ayudar a minimizar esos riesgos globales que también nos afectan:


sábado, 2 de noviembre de 2013

But why…? Sobre las causas de las causas

Seguramente la noticia más importante que se ha producido durante esta misma semana en el ámbito de la salud pública (digamos de la salud, en general), haya sido la publicación del informe de la OMS: "Review of Social Determinants and the Health Divide inthe WHO European Región". Óscar Zurriaga (@ozurri) nos adelantaba la primicia en su blog Epi y Mas. Sir Michael Marmot, director del UCL Institute of Health Equity, que ha coordinado este estudio sin precedentes en el que han trabajado más de 80 expertos durante tres años, advertía en su presentación de que los elevados índices de desempleo juvenil que presentan países como España constituyen una auténtica «emergencia sanitaria»: «El paro, en especial los persistentes elevados niveles de paro juvenil, son una bomba de relojería para la salud pública a punto de estallar».
 
A pesar de haber recogido la noticia, algún ilustre diario español no acaba de darle demasiado crédito y se pone en ridículo con comentarios despectivos (que no vienen sino a demostrar su propia ignorancia), en cualquier caso impropios de un medio de comunicación que se pretende serio y respetable. (Parece que les molestó especialmente que Marmot utilizara en una de sus diapositivas una imagen de una manifestación de los "indignados" del 15M).

                                                                                                                                ABC 31-10-2013

Casi da cierta pereza tener que recordar y hablar a estas alturas sobre los determinantes sociales de la salud y la abrumadora evidencia existente sobre el papel de la desigualdad social en el origen de las inequidades sanitarias (diferencias injustas y evitables), y en la distribución de la salud y la enfermedad en todo el mundo. Los determinantes sociales de la salud son las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluido el sistema sanitario. Esas circunstancias son el resultado de la distribución del dinero, el poder y los recursos a nivel mundial, nacional y local, que depende a su vez de las políticas adoptadas (OMS-WHO).

Las inequidades son política, social y económicamente inaceptables. La crisis financiera mundial iniciada en la segunda mitad de 2008 ha contribuido a acentuar y hacer más visibles y evidentes esas desigualdades en nuestras sociedades. Desigualdades entre los países, pero también dentro de ellos. Desigualdades entre clases sociales, entre ricos y pobres, entre los que tienen y los que no tienen, entre jóvenes y viejos, entre hombres y mujeres, entre lo público y lo privado. Desigualdades que diferencian y dividen a las personas en sus derechos y obligaciones... y en la manera en que enferman y mueren. 

Pero sobre todo el Informe deja muy claro que todos los países europeos, cualquiera que sea su nivel de riqueza y desarrollo, pueden adoptar medidas para mejorar la salud de sus poblaciones, es una cuestión de prioridades. Como explicó Zsuzsanna Jakab,  directora para Europa de la OMS, la crisis económica no puede ser un motivo para la inacción, sino una llamada para actuar de forma urgente. También para cambiar las dramáticas y dolorosas consecuencias que ya están teniendo las políticas de austeridad implantadas en una gran parte de los países europeos.

Tal vez no esté de más recordar un conocido ejemplo de la cadena de "causas de las causas"...


Un trabajo muy importante sobre el que, sin duda, seguirá hablándose durante bastante tiempo y cuyas recomendaciones ojalá tuvieran la suficiente audiencia e impacto entre los responsables y decisores políticos.

martes, 11 de junio de 2013

La Rabia en España


Perro semihundido. Francisco de Goya (1819-1823)

La rabia humana es una encefalomielitis vírica aguda ocasionada por un Rhabdoviridae, con una letalidad cercana al 100 %. Es la zoonosis viral conocida más antigua y aunque se desconoce su incidencia mundial, la OMS estima (WHO-Rabies que cada año se producen unas 55.000 muertes por rabia en todo el mundo.

En enero de 2005 un artículo de Juan Echevarría Mayo, investigador del Centro Nacional de Microbiología del Instituto Carlos III, publicado en la revista Profesión Veterinaria (Rabiaen España: razones para no bajar la guardia) explicaba:

 La Península Ibérica y las Islas están libres de rabia terrestre desde 1966, aunque la presencia de la misma en Europa y, sobre todo, en Marruecos nos sitúa en una posición de amenaza constante de importación de casos, tal y como ocurrió en la provincia de Málaga, donde se inició un brote en 1975 que no finalizó hasta 1978 con un total de 122 animales diagnosticados como infectados y un caso de rabia humana. El brote fue urbano (perros y gatos), aunque en 1977, cuando ya se lo creía controlado, se detectaron dos zorros infectados, lo cual hizo temer por el comienzo de una epizootia salvaje de difícil control. Afortunadamente, no hubo más casos y en 1979 se declaró el brote extinguido. Desde entonces, solo Ceuta y Melilla declaran regularmente casos de rabia. Se baraja como hipótesis más probable sobre el origen de este brote la importación desde el Norte de África de un perro infectado.” Por ello, -sostenía-, “el riesgo de sufrir una importación de rabia en España, especialmente desde el Norte de África, es real y creciente…”

Lamentablemente el riesgo se ha materializado en estos días al producirse un brote de rabia animal…

El pasado 5 de junio de 2013 el Servicio de Epidemiología de la Dirección General de Salud Pública, Drogodependencias y Consumo de Castilla-La Mancha informó al Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de un caso confirmado de rabia en un perro con domicilio habitual en Cataluña, que llegó al municipio de Argés (Toledo) el día 20 o 21 de mayo. El día 31 de mayo el animal se escapó y apareció el día 1 de junio a pocos kilómetros, en la ciudad de Toledo, donde después de morder a cuatro niños y al padre de uno de ellos, fue abatido por la policía. Al parecer, el animal estuvo con sus dueños en Marruecos entre el 12 de diciembre y el 12 de abril.
El día 6 de junio el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente notificó el caso a la Comisión de la Unión Europea y a la Oficina Internacional de Epizootias, declarando oficialmente la rabia en España. Según lo dispuesto en el Plan de contingencia parael Control de Rabia en Animales Domésticos, actualizado en noviembre de 2012, la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha ha establecido, una zona geográfica de restricción de 20 kilómetros alrededor del foco inicial, de acuerdo con el Nivel de Alarma 1 de dicho Plan.
La Dirección General de salud Pública, Drogodependencias y Consumo de la Consejería de Sanidad y Asuntos Sociales de Castilla-La Mancha ha elaborado un completo documento con el Protocolo de Vigilancia de la Rabia y las actuaciones en el área geográfica delimitada por un radio de 20 Km. en torno al Municipio de Argés (Toledo), foco de origen del brote, incluyendo la oportuna bibliografía.
La Resolución de09/06/2013, (DOCM 10/6/2013), de la Dirección General de Agricultura y Ganadería de Castilla-La Mancha, establece las medidas de contingencia y emergencia en los municipios de la provincia de Toledo incluidos en el área de restricción, ante la declaración oficial del caso de rabia importado. En concreto se ordena la vacunación obligatoria con vacuna monovalente, en el plazo de quince días a partir de la fecha de entrada en vigor de la Resolución, de perros, gatos, hurones y otros animales de compañía de especies sensibles en la zona de restricción establecida. Se establece el control de animales vagabundos, control de movimientos de animales de compañía fuera de la zona (se debe solicitar autorización veterinaria), el control de explotaciones ganaderas y de establecimientos de animales sensibles, la vigilancia y recogida de cadáveres salvajes y domésticos y la suspensión cautelar de concursos, certámenes y cualquier otra actividad cinegética que suponga la suelta y/o concentración de animales susceptibles a la rabia. Las medidas se prolongarán durante seis meses.
En cualquier caso, resulta especialmente importante, desde el punto de vista de la Salud Pública, informar adecuadamente a los ciudadanos, no generar alarmas innecesarias, transmitir un mensaje de tranquilidad y seguir los consejos y recomendaciones de las autoridades sanitarias.
Por si alguien desea consultar el Informe técnico del Comité de Expertos de la OMS sobre la Rabia: WHO ExpertConsultation On Rabies n. 931 (2005).
 Tal vez sea un buen momento para recordar que cada 28 de septiembre se celebra el Día Mundial contra la Rabia (World Rabies Day September 28th 2013), cuyo objetivo es concienciar sobre el impacto de la rabia humana y animal, su prevención y cómo eliminar las principales fuentes a nivel global.
Estas son algunas de las noticias aparecidas en estos días en los medios de comunicación:
 (Por mi parte, vivo en una de las poblaciones incluidas en el Área geográfica de Restricción que se ha establecido).
Coda final
En 1998 Juan Gómez Alonso, Jefe del Servicio de Neurología del Hospital Xeral de Vigo publicó un curioso artículo basado en su tesis doctoral: Rabies. A possible explanation for the vampire legend (Neurology 1998;51:856-9) en el que proponía una pintoresca y llamativa explicación para la leyenda extendida por toda Europa que alimentó la creencia en los vampiros sobre todo a partir del s. XVIII. De acuerdo con su tesis la rabia podría explicar muchos de los signos y síntomas atribuidos a los vampiros. Los animales transmisores de la rabia, el perro, el lobo y el murciélago aparecen en la mitología del vampiro. La rabia furiosa en una persona produce un comportamiento que recuerda mucho al del vampiro, con "agresividad primitiva, apetito sexual exacerbado, insomnio pertinaz, tendencia a vagar sin rumbo", y la intolerancia a determinados estímulos, y olores, espejos, agua y corrientes de aire. Este comportamiento se ha constatado también en los animales enfermos de rabia. El Dr. Gómez Alonso apunta una coincidencia cronológica sorprendente. "A principios del siglo XVIII Europa sufrió una importante epidemia de rabia que afectó a perros, lobos y otros animales en la zona oriental". En Hungría, por ejemplo, la epidemia fue más intensa entre 1720 y 1730, cuando las principales revistas y gacetas de la época recogieron historias de vampirismo…

domingo, 28 de abril de 2013

Participación y Seguridad del paciente



“Patient safety is an issue of increasing concern in health care systems all over the world. It involves in the same time various actors, with the patient/consumer at its core. Only an informed and empowered consumer can actively contribute to improve communication as well as health care outcomes.”
(WHO Regional Office for Europe, 2009)
 
Como es sabido, la seguridad del paciente sigue siendo un problema central y constituye uno de los aspectos clave en la atención sanitaria, como lo ponen de manifiesto las numerosas publicaciones y las diversas iniciativas que sucesiva y periódicamente se ponen en marcha por diferentes servicios de salud, organismos y agencias gubernamentales. Por si ello no bastara, cada cierto tiempo la prensa y los medios de comunicación se encargan de recordar –en ocasiones con injustificado y evidente alarmismo- algunos de los efectos indeseables y de las consecuencias adversas sobre la salud que a veces conllevan las intervenciones sanitarias.

Tras la creación en 2004 de la Alianza Internacional para la Seguridad de los Pacientes por la OMS, se considera que la participación e implicación de los pacientes en la prevención de los efectos adversos es una condición sine qua non para conseguir su disminución y mejorar la calidad asistencial. Cada vez existen más datos que confirman que los estilos de vida, el cumplimiento del tratamiento y el uso adecuado de medicamentos condicionan en gran medida los resultados de las intervenciones médicas.
En los últimos años los Ministerios de Sanidad de numerosos países, asociaciones y distintas agencias de seguridad de los pacientes han establecido recomendaciones que han contribuido a desarrollar el movimiento de los pacientes por la seguridad de los pacientes.
En última instancia, esta propuesta pretende construir una red mundial de pacientes y organizaciones de pacientes que promuevan el liderazgo y la implicación de los mismos en las iniciativas de seguridad a todos los niveles. Como revelaba el trabajo "La perspectiva de los ciudadanos por la seguridad del paciente" (2011), ello significa que éstos se convierten en agentes activos que  ‘monitorizan’ sus tratamientos y sirven de apoyo a los profesionales sanitarios que les atienden en cuestiones relacionadas con la seguridad de la atención sanitaria. Algunos de los aspectos básicos en los que los pacientes pueden intervenir son: aportando sus puntos de vista y percepciones para ayudar a los profesionales en la adecuación y ajuste fino de los tratamientos, monitorizando el progreso y los efectos de los tratamientos e informando a los responsables de los servicios sobre cómo mejorar la práctica clínica.
Distintos trabajos han demostrado en este sentido que los pacientes tienen cada vez un mejor conocimiento sobre errores e incidentes y quieren participar en su disminución. Un estudio cualitativo financiado por la Australian Commission on Safety and Quality in Health Care y publicado hace poco más de un año, (What do patients and relatives know about problems and failures in care? BMJ Qual Saf. 2012;21:198-205. March 2012, Volume 21, Issue 3), reveló precisamente el conocimiento existente por parte de los pacientes y sus familiares sobre los riesgos, problemas e incidentes que eventualmente podrían surgir en el transcurso de   atención sanitaria. Las personas entrevistadas eran también conscientes de que su conocimiento pudiera servir para la mejora de los procesos y los servicios. Igualmente destacaron los retos que afrontan los pacientes y sus familiares cuando tratan de compartir sus conocimientos y percepciones con los propios profesionales sanitarios.

Las conclusiones del estudio establecían que los pacientes y sus familias necesitan tener acceso a un proceso estructurado que asegure el diálogo con los profesionales sanitarios sobre los riesgos, posibles problemas que puedan surgir e incidentes que ocurran. Este diálogo permitiría resolver las posibles dudas y dar respuesta a las cuestiones planteadas por pacientes y familiares sobre el proceso, incrementando su conocimiento y las oportunidades de mejora del proceso en sí, y minimizando el riesgo de que las preguntas de pacientes y familiares fueran ignoradas.
Desde hace varios años la Agency for HealthcareResearch and Quality (AHRQ) de Estados Unidos ha liderado varias iniciativas y campañas  modélicas que destacan el importante papel de los propios pacientes y sus familias en la consecución de prácticas seguras y por tanto en la mejora de los servicios sanitarios. Un buen ejemplo de su página Web en castellano es el siguiente: Veinte consejos para ayudar a evitar errores médicos.

Hace unas semanas la Oficina Europea de la OMS ha publicado un importante Informe en el que aborda la seguridad de los pacientes desde el punto de vista de sus derechos, así como de su información, compromiso e implicación en la toma de decisiones compartida, como corresponsables y ‘coproductores’ en el proceso de asistencia sanitaria: Exploring patient participation in reducing health-care-related safety risks.

En el prefacio del documento sir Liam Donaldson explica que el informe es una excelente síntesis de los estudios sobre la implicación de los pacientes en la reducción de riesgos de la atención sanitaria, así como un análisis autorizado de los conceptos y los debates que subyacen detrás de los programas de acción en marcha. A pesar de las medidas y de los pasos positivos que se han dado en Europa, deben hacerse mayores esfuerzos para crear una cultura que permita la coproducción de los resultados de la atención sanitaria por el médico y el paciente. Educar a ambas partes sobre las ventajas de este enfoque es crucial para conseguir una atención más segura y óptima. Es interesante reflejar que ya en 1962 el Presidente John F. Kennedy estableció los derechos generales de los consumidores e identificó cuatro –el derecho a ser informado, el derecho a ser oído, el derecho a elegir y el derecho a la seguridad– que constituyen una visión que se aplica bien al objeto del informe.


Las leyes y declaraciones sobre derechos de los pacientes no hacen que la atención sanitaria sea automáticamente más segura, pero ayudan y contribuyen al tan reiterado empowerment de los pacientes, es decir a que sean más competentes y estén más capacitados. Se encuentran así en una mejor posición para gestionar su propia salud y el cuidado de la misma y participar en los esfuerzos para mejorar la seguridad. El informe presenta un resumen de los aspectos legales que influyen en la seguridad del paciente y describe ejemplos de la implicación de los pacientes. Destaca la necesidad de fortalecer un proceso continuo de información entre los distintos niveles de atención, incluyendo las experiencias de los pacientes, su alfabetización sanitaria y su implicación.
El informe presenta seis capítulos en los que se explora la relación entre derechos de los pacientes, participación del paciente y seguridad del paciente. Tras la introducción, uno de los capítulos pretende dar forma al debate político sobre cómo vincular los aspectos genéricos de seguridad del paciente con un nivel más proactivo de la implicación del paciente, discutir aspectos jurídicos relacionados con los derechos y la seguridad del paciente y la medida de las experiencias de los pacientes. Finalmente, cuatro estudios nacionales identifican algunas prácticas óptimas existentes destinadas al fortalecimiento de la participación de paciente en la reducción de riesgos para la salud en áreas técnicas: higiene de manos (Bulgaria); seguridad de las transfusiones de sangre (Francia); seguridad en la prescripción y tratamiento farmacológico (Polonia); y cirugía electiva (Portugal).
Esta es relación de los capítulos y su contenido:
Chapter 1. Patients’ rights and patient safety: Introduction
Chapter 2. Patients’ rights and patient safety
Chapter 3. Patient participation in hand hygiene in bulgarian health care
Chapter 4. Blood transfusion safety in France: developing tools to support patients
Chapter 5. Patient safety, rights and medication safety  in primary care in Poland
Chapter 6. Patient participation in elective surgery safety in Portugal
Chapter 7. Patients’ experiences and patient safety
Chapter 8. Conclusions and recommendations

Resulta interesante el modelo conceptual expuesto de la participación del paciente en la prevención de errores, adaptado del artículo de Longtin Y et al. PatientParticipation: Current Knowledge and Applicability to Patient Safety (Mayo Clin Proc. 2010 January; 85(1): 53-62). 

Modelo Conceptual de los factores que influyen en la participación del paciente en la prevención de errores. 
HCW = health care worker

Como resumen, cabe decir que el trabajo en su conjunto pretende contribuir al amplio proceso de recopilación de pruebas y videncias encaminado a encontrar maneras eficientes para construir expectativas realistas e informadas sobre la atención sanitaria, alentando a los pacientes a que estén vigilantes y bien informados para asegurarse las máximas garantías y estándares de seguridad. El último capítulo del Informe incluye una serie de recomendaciones con respecto a los niveles macro (legislación nacional), meso (centros e instituciones sanitarias), y micro (a nivel de las interacciones clínicas), en la prestación de los servicios sanitarios
Con independencia del contexto concreto, la formación de los profesionales sanitarios, el cambio de actitudes y la educación de los pacientes siguen siendo factores y elementos clave para el empowerment y la mejora de la seguridad de los pacientes en los que se debe seguir insistiendo...

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