sábado, 30 de diciembre de 2017

O Jardim dos Valores Universais (I)


          Palacio dos Marqueses de Ponte de Lima (Mafra). Foto: Cíntia Costa


(Un post para acabar el año hablando sobre ética y valores…).

El pasado mes de agosto estuvimos alojados durante una semana en el Palacio de los Marqueses de Ponte de Lima, también llamado Quinta da Cerca, en Mafra, a unos 40 km. al norte de Lisboa. Convertido hoy en una flamante pousada, el Palacio y sus jardines, que datan del siglo XVII, fue construido por el arquitecto real Diego Marques Lucas. Conserva en sus sencillas líneas el carácter de la arquitectura de la época y se edificó sobre las ruinas del antiguo castillo de Mafra y el Palacio medieval existentes. A lo largo de los últimos cuatro siglos de historia tuvieron lugar allí varios acontecimientos importantes: fue el lugar de residencia del rey João V cuando visitaba las obras de construcción del convento-palacio de Mafra (el escritor José Saramago hace referencia a ello en su novelaMemorial del Convento); fue escenario de la "conspiración de Mafra" contra D. João VI; albergó al general Loison durante la ocupación francesa; fue también un improvisado hospital de enfermos de peste bubónica y, al parecer, habría sido la primera escuela elemental de la villa de Mafra.


Según diferentes relatos históricos, el jardín del Palacio contaba con paseos a través de una densa arboleda, donde se levantaban estatuas, lagos, fuentes y estanques, una casa de recreo y dos capillas, cuyo interior estaba adornado por retablos manos de los célebres escultores de Mafra. Tras décadas de incuria, degradación y de abandono, hoy es un tranquilo alojamiento lleno de historia y de recuerdos. El Instituto Luso-Ilírio para o Desenvolvimento Humano (iLIDH), institución privada sin ánimo de lucro, asumió la responsabilidad de la restauración y recuperación del Palacio y de los jardines con vistas al establecimiento de la llamada Universidad de los Valores, un espacio multifacético de investigación, formación, bienestar y conocimiento cuyos objetivos se centran en el llamado “Museo de los Valores Universales” que –explican- pretende «educar para los valores y para la felicidad, distanciándose de una visión materialista de  la vida y privilegiando una visión espiritual, no dogmática,  mediante un abordaje que invierte en el aprendizaje a través de la experiencia, el descubrimiento de la naturaleza, las capacidades de autorreflexión, en el contacto con la con(s)ciencia individual y colectiva. Promueve un ideal de desarrollo personal, social y cívico, armonioso e integral, que reúne cualidades de carácter, de relaciones armoniosas y de responsabilidad cívica.» (sic)

Según cuentan en la página Web, el iLIDH ha pretendido recuperar el esplendor que una vez caracterizó el jardín del Palacio, transformándolo en el jardín de valores universales, que definen como «un espacio intercultural e interconfesional, de reflexión, intercambio de experiencias y contemplación, a través de la organización de diversas actividades sensoriales, intelectuales, emocionales y físicas para los visitantes. El jardín acoge obras artísticas y símbolos asociados a diferentes culturas y religiones, en un entorno de espiritualidad y tolerancia global.» (sic)

Lo cierto es que a lo largo de un sinuoso recorrido por el jardín de marras, a modo de camino o viaje iniciático pueden encontrarse una serie de cartelas en las que con un lenguaje algo redicho y afectado definen (en ocasiones de manera harto discutible) cada uno de los que denominan o consideran -de manera algo ampulosa y exagerada- como “valores universales”.

A pesar de los evidentes y sospechosos ecos de libro cursi de autoayuda, cierto buenismo panteísta impregnado de una impostada e ingenua religiosidad, esta prosa algo empalagosa y recargada (ver más abajo) me recordó a algunos (interesantes) libros del físico Fritjof Capra (El Tao de la física, La trama de la vidao  ‘Las conexiones ocultas’), en los que el autor yuxtapone física y misticismo para dar una nueva visión de la realidad, o describe las interrelaciones e interdependencias de los fenómenos psicológicos, biológicos, físicos, sociales y culturales en una perspectiva de pensamiento interdisciplinario.

En fin, he aquí el listado, en un orden aleatorio y sin jerarquías, de los (supuestos o teóricos) valores universales que pueden encontrarse en este jardín de Mafra:

·         Libertad
·         Igualdad
·         Compasión
·         Confianza
·         Alegría
·         Verdad
·         Gratitud
·         Amor
·         Paciencia
·         Paz
·         Creatividad
·         Felicidad

Evidentemente, cabe la duda razonable de si con estas grandes palabras se refieren o están hablando de principios en sentido ético, es decir, de normas o reglas de carácter general y universal; de valores en términos axiológicos, o incluso de virtudes o simples cualidades. Algunos de ellos pueden considerarse en realidad como condiciones previas y necesarias (Libertad, Igualdad, Verdad…) y otros serían la consecuencia o resultado de la puesta en práctica de otros (Gratitud, Paz, Felicidad…). Puestos a enumerar algunos de esos teóricos valores universales, uno echaría en falta (entre otros y sin ir más lejos) la Responsabilidad, el Respeto, la Tolerancia o la Solidaridad...

A continuación transcribimos el (controvertido) texto, directamente traducido del portugués, que acompaña a cada uno de las cartelas del Jardín:

LIBERTAD

«La libertad es la experiencia de la verdad, la comunión con la ilimitada plenitud de la realidad y de la vida. La verdad libera del sentimiento de separación, de ruptura y de solidez, del egocentrismo, del miedo y de la inseguridad, de las preocupaciones con el pasado, el futuro y el presente. La verdad libera de la insatisfacción con la vida y el deseo de posesión, de la agresividad y de la indiferencia, que surgen cuando nos imaginamos desconectados del mundo y de los otros seres.

La libertad es la experiencia de vivir en el Infinito y, en lo íntimo, no tenemos otros límites sino los que imaginamos. La libertad hace que nuestras vidas sean procesos abiertos, exuberantes de posibilidades, que no se definen ni se agotan en las identidades que construimos, en los hábitos que creamos y en lo que pensamos, decimos y hacemos en cada momento. Siempre podemos ir en otro sentido y ser otros. Siempre podemos transformarnos y buscar lo que sea mejor para todos y para todo. Siempre podemos evolucionar. O podemos simplemente descansar en silencio en el fondo de lo que desde siempre somos, aquí y ahora.

La libertad nos hace responsables de todo lo que hacemos o no, a nivel mental, verbal y físico. Por la libertad somos co-creadores del mundo, que no existe separado del modo en que lo percibimos e interactuamos. La libertad desmiente al fatalismo y abre horizontes de crecimiento y de esperanza.

La libertad es multidimensional. Para que cada ser humano se desarrolle de manera integral son fundamentales la libertad económica, política y cultural, por las que satisfaga sus necesidades básicas, ejerza su ciudadanía y expanda sus facultades. Pero la libertad no existe si no somos responsables del impacto de nuestras acciones sobre todos los seres y la Tierra. Si la libertad se ejerce sin respeto por el otro, sea humano, animal o naturaleza, si la libertad se ejerce contra sí misma, se niega y se destruye, pues todos somos interdependientes.

 Por eso, la forma suprema de libertad no es hacer lo que se quiera, sino la liberación de la ignorancia, de la insensibilidad y del egocentrismo. La libertad radica en la verdad y florece y fructifica en el amor y en la compasión.»

COMPASIÓN

«La compasión es sentir los sufrimientos de los demás como si fueran nuestros. La compasión es una resonancia espontánea con todo cuanto siente y vive, que nos mueve para aliviar el dolor de quien sufre.

La compasión no es una simple empatía que nos deja aplastados por el dolor ajeno, sino un dinamismo que no se resigna y hace todo lo posible para serenar y liberar a los que sufren. La compasión es la respuesta activa a los dolores de todos los seres, sean físicos o psicológicos.

En la compasión más profunda, como en el amor más profundo, desaparece la aparente separación entre el yo y el otro: se disuelven las fronteras de la piel y de la mente, y una vida más completa y más amplia palpita en nosotros y en todo lo que existe. El amor y la compasión son iniciaciones del corazón al misterio de la Vida.

El amor y la compasión pueden empezar con nosotros mismos si fuese necesario, pero su ampliación nos libera de la tortura de estar obsesivamente centrados en nuestros problemas y sufrimientos personales. Con amor y compasión el corazón se abre a los otros y ello relativiza nuestros dolores, proporcionándonos fuerza, confianza, coraje y un sentimiento íntimo de autorrealización. El amor y la compasión nos hacen más vastos, potencialmente ilimitados como el universo.

Paradójicamente o no, no sólo el amor sino también la compasión nos conduce a la alegría. La alegría de descubrir que el dolor, el sufrimiento, la violencia y la negatividad no tienen la última palabra y de que poseemos el inmenso poder de reducirlos y anularlos. La alegría de vibrar al unísono con el mundo, con sus luces y sus sombras, en su totalidad. La alegría de ver que es posible superar todos los límites. Sintiendo amor y compasión incluso por aquellos que nos hacen sufrir y hacen sufrir a los otros, porque ponernos en su lugar nos hace sentir su sufrimiento y sus limitaciones actuales, pero también su potencial para evolucionar más allá de eso.»

ALEGRÍA

«La alegría es el disfrute espontáneo de la Vida, sin porqué ni para qué. La alegría es la levedad del juego del mundo, la danza graciosa de todas las cosas, con(s)ciencia, energía y materia en la eterna armonía que se renueva a cada instante. La alegría es la infancia intemporal y la juventud que nos habitan, donde todo es fresco y siempre nuevo, nacido a cada instante.

La alegría es más profunda que el drama, la comedia y la tragedia. Es la sonrisa que se abre más allá de la oscilación entre la risa y el llanto. La sonrisa de la Vida que siempre renace de todos los aparentes absurdos, conflictos, daños y pérdidas.

La alegría auténtica incluye el regocijo por el bien de los otros, que nos libera de los tormentos de la envidia y de los celos. Quien se alegra por el bien de todos se ofrece a sí mismo muchas más ocasiones de ser feliz que los que se alegran sólo por su propio bien.

La alegría más profunda es la que surge sin ser buscada. La alegría de las experiencias más sencillas. La alegría de ser. Este profundo bien de estar aquí y no necesitar nada más. Esta alegría viene impregnada de gratitud.»

GRATITUD

«La gratitud es el reconocimiento por todo y para todos los que nos permiten la participación gratuita en la Fiesta de la Vida. La gratitud brota de la con(s)ciencia de que todo el universo conspira para nuestro bien, por la comprensión de cómo toda nuestra vida y todo lo que en ella disfrutamos y podemos llegar a disfrutar depende de la contribución voluntaria e involuntaria de un número incontable de seres, así como de los grandes elementos cósmicos que forman todo lo que existe: espacio, aire, tierra, fuego, agua.

Tenemos todo el cosmos en el cuerpo, en la respiración y en la con(s)ciencia, así como la vida de una inmensidad de seres en todo lo que comemos, vestimos y utilizamos. Somos todos interdependientes y estamos todos entrelazados. Estas palabras y su sentido no existen fuera de la materia del mundo y de la mente del lector. En nosotros tenemos todo y a todos. Debemos nuestra existencia a la existencia de todo. Somos entre todos. Inseparables unos de los otros, de todas las cosas y de la naturaleza como un todo.

Con esta con(s)ciencia la vida es una continua acción de gracias. Tanto por sus circunstancias y experiencias menos deseadas como por las más duras y difíciles, que nos desafían y permiten superar nuestros actuales límites, evolucionando más rápidamente. Entonces, la gratitud asume la forma de paciencia.»

PACIENCIA

«La paciencia es la capacidad de soportar con regocijo y perseverancia todas las manifestaciones de la Vida, incluso las más duras o contrarias a nuestros intereses, deseos y expectativas. La paciencia es, sobre todo, la capacidad de aceptar y apreciar las cosas como son, al margen de nuestros esquemas, preferencias y exclusiones mentales y emocionales, libres de nuestros intentos de manipulación y control. La verdadera paciencia no es nunca una resignación pasiva, sino una apertura activa de la conciencia y del corazón a las dimensiones más profundas e imprevistas de la realidad, por más extrañas, inhóspitas e incómodas que parezcan cuando nos cerramos a ellas. No hay paciencia sin sabiduría, libertad, amor, compasión, alegría y gratitud.

La paciencia nos hace más fuertes, o sea más sensibles, flexibles y tiernos y menos rígidos, duros y obstinados. La paciencia nos abre siempre a una mayor comprensión y aceptación de nosotros, de los otros y del mundo, tal como son o van a ser y no como creemos que deberían ser, al mismo tiempo que nos inscribe en un horizonte de desarrollo ilimitado. 

La paciencia no se limita a lo actual, sino que se abre también a lo posible. Somos verdaderamente pacientes cuando aceptamos y asumimos todo lo que de mejor somos y podemos llegar a ser y no renunciamos a llevarlo a cabo, movidos por el amor, la compasión y la perseverancia, para el bien de todo y de todos. La paciencia nos libera así de juicios y de resentimientos y nos lleva a la creatividad.»

CREATIVIDAD

«La creatividad es la sintonía con la constante recreación de la Vida, que nunca es igual a sí misma y jamás se repite, manifestándose como un constante flujo de experiencias y acontecimientos siempre nuevos, únicos e imprevisibles. La creatividad es nuestra propia vida, antes de que sea la concepción de cualquier idea o proyecto, o la producción de una obra externa. Si se mueve por la sabiduría, el amor y la compasión, la creatividad es la realización espontánea de lo que sea en cada momento y circunstancia lo mejor para todos, sin pensar en ello. La verdadera creatividad no obedece a planes, programas y proyectos, siendo antes el soplo inspirador de la Vida libre de las limitaciones de los deseos e intereses humanos. Por ello, la creatividad que lleva a individuos, sociedades, tradiciones y culturas a evolucionar y superarse, no cristaliza en formas definitivas, estériles y muertas. La evolución es un libro que se escribe a sí mismo y abre una última página siempre en blanco.

La creatividad se manifiesta en la capacidad de comenzar de nuevo a cada instante y, en este sentido, se vincula al perdón, que nos libera del dolor del resentimiento contra nosotros mismos, los otros y el mundo, así como del infierno de la crítica, de la censura, del juicio, de la condenación, de la culpa y de la culpabilización. No porque ignore la responsabilidad, sino porque cumple negándose a encerrar la Vida en lo ya vivido y en las interpretaciones, evaluaciones y juicios hechos acerca del pasado, que pesan sobre el presente y estrechan el horizonte del futuro.

Perdonar viene del latín perdonare, que sugiere dar o reconocer, a sí mismo y a los otros, la posibilidad de un constante renacimiento, conforme a la perenne renovación y creatividad de la Vida. El perdón y la creatividad suponen también comprender que no hay responsabilidades unilaterales y que somos siempre parte activa de las causas y condiciones de todo lo que nos acontece, que somos co-creadores del mundo y que no hay hechos que no sean producto de nuestras acciones y percepciones. El perdón es tanto más creador cuanto más reconozca la negatividad y limitación de las acciones anteriores y conduzca a la resolución firme de no volver a ceder a ellas.

Más que la meramente humana, la creatividad más completa es la de la Vida, que se manifiesta en todas sus formas desde las más simples a las más complejas. En este sentido, revela la profunda igualdad de todos los seres, la superabundante riqueza de sus riquezas irreductibles a comparaciones y jerarquías.»
(Continuará…)

sábado, 23 de diciembre de 2017

De cómo las palabras construyen el mundo

            Foto: Toute vérité est negociable, graffiti en la rue de la Loi (Bruselas)

«La característica de la verdad es que no necesita otra prueba que la verdad.»
Jeremy Bentham 
«No hay razón sin palabras, pero tampoco puede haber sin ellas fanatismo. En la palabra se manifiesta la salud de la razón, pero, a su vez, el fanatismo siempre aparece como una enfermedad de la palabra, una especie de inflamación absolutista de los significados. Toda predilección [cabría decir, sensu contrario, odio o animadversión] por una palabra en sí, al margen de un contexto, es un temible síntoma de predisposición al fanatismo.»
Rafael Sánchez Ferlosio
  
A estas alturas uno tiende a pensar que su capacidad de asombro y sorpresa está más que cubierta y saturada, es decir que seguramente hemos vivido, visto, leído o escuchado (casi) de todo… hasta que compruebas con preocupación que en estos oscuros tiempos de la posverdad la realidad supera con creces cualquier imagen o ficción distópica.

El viernes 15 de diciembre The Washington Post revelaba que la Administración Trump ha prohibido a los analistas y funcionarios de los CDC (Centers for Disease Control and Prevention), la principal Agencia de Salud Pública del país, el uso de una serie de palabras o frases como “feto”, “transgénero” o “diversidad” en los documentos oficiales del presupuesto para el próximo año: CDC gets list of forbidden words: Fetus,transgender, diversity, vulnerable, entitlement, evidence-based, science-based.

Junto a calificativos como ‘escandaloso’ y ‘orwelliano’ la noticia aparece también recogida en The New York Times y un par de días más tarde en El País y en el diario El Mundo

Al parecer los analistas de la Agencia tampoco podrán emplear términos como “autorización” o “vulnerable” ni expresiones como “basado en la evidencia”, o “basado en datos científicos”. En este caso proponen utilizar en su lugar una expresión más genérica como: “los CDC basan sus recomendaciones en la ciencia así como teniendo en cuenta los principios y deseos generales”.

Puede parecer una broma, pero resulta más que evidente que nos encontramos ante una cuestión de carácter ideológico, ya que supone un giro conservador en la definición y narrativa de asuntos como el aborto o la orientación sexual. Desde que el presidente Donald Trump llegó a la Casa Blanca se ha planteado ya en diferentes ocasiones en distintas agencias cómo abordar los temas relativos a la identidad de género o el derecho al aborto, que fueron especial objeto de atención en la agenda política nacional durante la administración Obama. 

Las palabras citadas se emplean sobre todo en la redacción de documentos de carácter presupuestario por analistas del CDC en relación con el VIH/Sida, Hepatitis Vírica, Enfermedades de Transmisión Sexual o Prevención de la Tuberculosis. Ya en marzo pasado el departamento de Sanidad (Department of Health and Human Services) dejó de incluir en dos estudios preguntas sobre orientación sexual e identidad de género. También se ha retirado de su página web información para estadounidenses que pertenecen al grupo LGTBEntre la información ocultada destacan los servicios existentes para personas LGTB y sus familias sobre cómo adoptar niños o recibir ayuda en caso de que sean víctimas de tráfico sexual.

Parece claro que, además de generar ambigüedad y confusión, con este tipo de gestos se minusvalora y subestima la rotundidad de los datos científicos y empíricos y se pretende cambiar el discurso de cómo se conversa sobre asuntos que generan gran división social en el país.

Esta historia remite a una especie de moderna versión del más rancio utilitarismo, que presupone que no existe “la Verdad”, es decir que no hay una única descripción correcta de la realidad. La verdad sería relativa a nuestras circunstancias concretas, a nuestros intereses y prioridades. El utilitarismo considera que las ideas verdaderas son aquellas que se revelan como más útiles, en el sentido de que las consecuencias prácticas de su aceptación contribuyen al bienestar y la felicidad humana. Por eso la verdad de una idea se definiría por su utilidad, es decir, por los resultados o consecuencias producidos por ella (en este sentido esta doctrina es una forma de consecuencialismo). Pero la negación de la idea de verdad aplicada a los conceptos implica y conlleva la destrucción del significado.

Hace algunos años George Lakoff, profesor de Ciencia Cognitiva y Lingüística en la Universidad de California en Berkeley, alertaba sobre el (ab)uso de las palabras para crear marcos mentales de referencia que condicionan y conforman nuestro modo de ver el mundo: «Todas las palabras se definen en relación a marcos conceptuales. Cuando se oye una palabra, se activa en el cerebro su marco (o su colección de marcos). Cambiar de marco es cambiar el modo que tiene la gente de ver el mundo. Es cambiar lo que se entiende por sentido común.»

Todo esto no deja de ser una clara muestra de la tendencia cada vez más frecuente a profanar el sentido de las palabras y el contenido de los conceptos. En este sentido, el filósofo Alasdair MacIntyre señalaba: «Alterar los conceptos, ya sea modificando los existentes, inventando otros nuevos o destruyendo los viejos, es alterar el comportamiento. Es sabido que el uso reiterado de determinadas palabras acaba configurando una realidad distinta; y lo que es aún más importante, si cambia nuestra percepción de la realidad, también se modifica nuestra conducta…

De esta manera, la adulteración del sentido conduce al galimatías. Un vocablo suscita múltiples interpretaciones por lo que roto el consenso significativo, se quiebra la objetividad.

Se atribuye a Joseph Goebbels la conocida frase “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Obviamente, repetir mil veces una mentira no cambia la realidad, pero sí su percepción. Esta es la clave y el objetivo último, alterar los conceptos, cambiar actitudes y modificar el comportamiento.

En su célebre novela 1984 George Orwell imaginó una sociedad dictatorial en la que el uso de la neolengua y del doblepensar provocan la destrucción y modificación de la realidad a través de los medios de manipulación de masas, contribuyendo a perpetuar en el poder a la dictadura del Gran Hermano.

La noticia de la prohibición del uso de algunos términos en los informes de los CDC estadounidenses es preocupante porque supone renunciar a las palabras y limitar el lenguaje. Eliminar ideas y conceptos es un primer paso para el totalitarismo al impedir pensar sobre el presente, recordar el pasado y considerar el futuro. Por ello, frente a la manipulación, el relativismo de los hechos y la tergiversación de las fake news conviene estar alerta.

Finalmente, una recomendación:

En un breve e indispensable librito (Sobre la tiranía), el historiador norteamericano Timothy Snyder recuerda través de Veinte lecciones que aprender del siglo XX que «la historia no se repite, pero sí alecciona», señala que la verdad está amenazada y advierte que «la posverdad es el prefascismo»

[En los siguientes enlaces, tres comentarios de Juan Cruz a propósito del libro:
Aviso contra la tiranía para uso de españoles (2). "Abraza, toca, canta, llora, lee libros."
Aviso contra la tiranía para uso de españoles (3). "Más divertido que un mitin normal"]

Pues eso, atentos…

sábado, 2 de diciembre de 2017

Los componentes de la humanización®

      Lanzarote, julio 2007


Sostiene nuestro amigo Joan Carles March @joancmarch en un reciente artículo editorial publicado en la Revista de Calidad Asistencial [Humanizar la sanidad para mejorar la calidad de sus servicios Rev Calid Asist. 2017;32(5):245---247] que las diversas iniciativas que desde hace algún tiempo se vienen desarrollando en nuestro entorno para prestar una asistencia más humana, son una fórmula para dar respuesta a esas asignaturas pendientes de las organizaciones sanitarias que tienen que ver con aspectos tales como el carácter de las personas, las emociones, la prudencia de los profesionales y la construcción social de valores que permiten una mejor interacción entre usuarios(as), pacientes y profesionales:

«En el contexto sanitario, el concepto de humanización suele hacer referencia al abordaje integral de la persona, es decir su extensión holística, donde interactúan las dimensiones biológica, psicológica, social y conductual. Desde esta perspectiva se debe otorgar igual importancia a las necesidades sociales, emocionales y psicológicas que a las físicas, y ello significa hacer referencia a la persona en todo lo que se realiza para promover y proteger la salud, curar las enfermedades, garantizar un ambiente que favorezca una vida sana y armoniosa a nivel físico, emotivo, social y espiritual.»

Por nuestra parte, en algún otro post anterior sobre el tema ya hemos comentado que, en gran medida, lo que se denomina humanización de la asistencia sanitaria no es sino la puesta en práctica de una atención centrada en la persona. En este sentido, este ‘modelo’ no consiste o pretende únicamente dar a las personas [todo] lo que deseen o proporcionarles tan solo información. Más allá de esta idea algo simplista, se trata en realidad de tener en cuenta y respetar sus deseos y valores más personales, la situación familiar, las circunstancias sociales y estilos de vida de la gente, considerando a la persona en su globalidad, como un todo, y trabajando juntos para desarrollar las soluciones más apropiadas y convenientes. Desde este planteamiento, se considera muy importante actuar de manera compasiva, pensar las cosas desde el punto de vista de la persona a la que se atiende (es decir, con empatía) y hacerlo de forma respetuosa mediante la adopción de decisiones compartidas con los pacientes, ayudando a las personas a manejar su estado de salud. Se trata tanto de cómo piensan los profesionales y los pacientes sobre la atención y sus relaciones, como de los servicios reales existentes y disponibles (puestos a su disposición).

En relación con los diferentes Planes de Humanización puestos en marcha en diferentes CCAA, refiere Joan Carles March en el artículo citado: «…humanizar la salud [o, mejor, la asistencia sanitaria] es un proceso complejo que va desde la política hasta la cultura, la organización sanitaria, la mejora de la relación entre usuarios y profesionales y la formación de los profesionales.»

Y también: «En esa línea, estamos asistiendo a un cambio de paradigma mundial donde las personas resurgen como centro de un «Sistema Sanitario» que necesita mejorar su diseño. Un movimiento que pone de manifiesto la necesidad de escuchar y atender no solo a las personas enfermas, sino también incluir a sus familias como agentes curativos y cuidar a los profesionales para que puedan desempeñar su trabajo en las mejores condiciones posibles.»

Una muy recomendable e interesante publicación de marzo de 2014 de The Health Foundation [Helping measure person-centred care. A review of evidence about commonly used approaches and tools used to help measure person-centred care] realizaba una amplia  revisión bibliográfica con un total de 921 estudios sobre los diferentes procedimientos y métodos existentes para medir el grado de evolución y ‘madurez’ de los diversos componentes que podrían estar involucrados en el concepto de atención centrada en la persona [que como hemos indicado, asimilamos e identificamos con el de humanización], señalando la dificultad para definirlo. A este respecto, el autor de la revisión indica que los tres métodos principales para investigar y acotar de alguna manera los diferentes aspectos o componentes de este tipo de atención son las encuestas y entrevistas con pacientes y usuarios/as de los servicios sanitarios, las encuestas al personal clínico, y la observación de encuentros clínicos. Se citan también algunas de las escalas y herramientas estructuradas diseñadas para intentar aprehender este borroso e impreciso término de humanización.

  
Obviamente la idea de ‘centralidad de la persona’ es un concepto ‘multidimensional’ y su complejidad contribuye precisamente a la dificultad de su aplicación en la práctica.

En relación con los componentes de la atención centrada en la persona, la diferente terminología empleada: ‘atención centrada en el paciente’, ‘centrada en la familia’, ‘individualizada’ o ‘personalizada’… pone de manifiesto el nivel de confusión y la dificultad de precisar o definir la idea o el concepto que, como el de humanización es polisémico y cambiante, aun cuando pueda resultar bastante intuitivo.

En resumen, la atención centrada en la persona es una filosofía (o modo de trabajo) que contempla a los pacientes como socios al mismo nivel (partners), en la planificación, desarrollo y evaluación de los cuidados, para asegurarse de lo que es más apropiado para sus necesidades. Esto supone que los pacientes y sus familias deben ser partícipes y estar implicados en el centro de todas las decisiones. Los servicios han de reorientarse para estar centrados en el paciente/usuario/a, promover el control, la independencia y la autonomía de pacientes y de cuidadores y familiares, facilitar su capacidad de elección y basarse en una filosofía de equipo colaborativa. Debe tener en cuenta las necesidades y el punto de vista de los usuarios de los servicios y construir relaciones con los miembros de la familia.

Los componentes clave de la atención centrada en la persona incluyen la compasión, la dignidad y el respeto, lo que puede llevarse a cabo a través de la toma de decisiones compartidas, apoyando la autogestión y mediante una comunicación proactiva. La atención centrada en la persona puede darse tanto a nivel individual, donde los pacientes participan en las decisiones sobre su salud y cuidado, o a nivel colectivo en un grupo en el que la gente está involucrada en las decisiones sobre el diseño y la prestación de servicios.

Disgresiones sobre la terminología

Alguien dijo que “el nombre de las cosas forma parte de las cosas”, sean éstas objetos, ideas, conceptos, marcas o ilusiones, creando la manera en que percibimos, ayudando a definir los campos asociativos, de connotación y finalmente del vínculo que establecemos con ellas. Es pues, un tema relevante y no menor que, con frecuencia, genera desconcierto y confusión por falta de rigor y claridad... En este sentido, recuerdo a menudo que en A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, la celebrada segunda parte de Las aventuras de Alicia en el País de las maravillas, de Lewis Carroll, tiene lugar un extravagante diálogo entre Alicia y Humpty Dumpty, que es una excelente muestra de las relaciones entre semántica y pragmatismo:

«--Cuando yo uso una palabra --insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso-- quiere decir lo que yo quiero que diga..., ni más ni menos.
 --La cuestión --insistió Alicia-- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
 --La cuestión --zanjó Humpty Dumpty-- es saber quién manda..., eso es todo.»

Volviendo al tema que nos ocupa, en la citada publicación sobre atención centrada en la persona que venimos comentando, se hace un amplio y detallado repaso de la extensión y el alcance de la diferente terminología empleada desde distintos campos o disciplinas (salud mental, servicios sociales, estudios sociológicos, etc.) para referirse a este concepto sobre el cual no existe una definición muy precisa ni universalmente aceptada. Aunque la revisión –señalan- no tiene por objeto proporcionar una descripción de lo que consideran o denominan con este nombre, se explican las tendencias sobre cómo se utiliza el término en la literatura empírica para un mejor conocimiento del mismo. Cuando se proporcionan definiciones o principios en estudios empíricos de carácter general, se comprueba que estos habían sido desarrollados por académicos, profesionales de la salud o responsables políticos. Un hallazgo importante (y significativo!) es que los pacientes generalmente no han participado en la definición de lo que significa para ellos la atención centrada en la persona.

Los términos empleados y utilizados con mayor frecuencia son los siguientes:

‘person-centred care’
‘patient-centred care’
‘patient-centred’
‘patient-centred medical home’
‘family-centred’
‘Individualised’, ‘personalised’ or ‘humanised’ care.
‘patient centric’ and ‘user centred’
‘client-centred practice’ or ‘whole person care’

Muchos de estos términos se emplean indistintamente o representan principios muy similares, aunque a menudo se utilizan dando por sentado que los lectores saben lo que significan o a qué se refieren, más que proporcionar una definición («Many of these terms were used interchangeably or to represent very similar principles. However, the terms were often used with the assumption that readers know what they mean, rather than providing a definition.»).

Para finalizar, la figura siguiente se proporciona una representación gráfica de cómo pueden encajar entre sí las definiciones generales, los conceptos y subcomponentes específicos que incorpora la atención centrada en la persona. Este listado de ítems surge a partir de los temas clave extraídos de la literatura empírica, ilustrando un concepto holístico compuesto de subcategorías, incluyendo componentes intangibles y comportamientos específicos:

         Ejemplos de conceptos sobre atención centrada en la persona en la literatura empírica

Continuaremos hablando de humanización®…

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