sábado, 12 de abril de 2014

La rebelión de los pacientes

Una entrada de mi amiga Teresa Suárez Fernández.

[Nota bene: El editor de este blog advierte de que no necesariamente comparte el punto de vista y algunas de las opiniones y consideraciones de la autora.]

“Te perdono esos palos en atención a la dignidad a que me has elevado; mas prepárate, de aquí en adelante, a vivir sintiendo un gran respeto hacia un hombre de mi importancia, y piensa que la cólera de un médico es más de temer de lo que pudiera creerse”.
El médico a palos. Molière

Todo el mundo debería tener derecho a 15 minutos de gloria”, dijo Warhol, y en busca de los suyos se ha lanzado el presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), entidad que agrupa a los colegios de médicos de toda España. A falta de la creatividad e ingenio de Andy, o tal vez en un pobre intento de imitarle, ha decidido dejar su impronta modelando y volviendo a remodelar la sufrida figura del usuario/cliente/participante (¡bufs!) del sistema sanitario añadiéndole el matiz de irresponsable (¡paciente malo, paciente malo!) y proponiendo una justa pena para tan imperdonable delito.

En una reciente intervención en el Foro de la Nueva Economía, y en presencia de la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, se declaró contrario a establecer un copago por asistir al médico, ni siquiera a los que acuden mucho porque, a su pío juicio, “van por miedo y porque creen que ir al médico les va a hacer retrasar el momento final de su vida”, pero sí defendió que un mal uso de la sanidad es una infracción que debe ser castigada con su correspondiente multa, englobando, dentro de ese genérico y temible mal uso acudir a urgencias en vez de al centro de salud (El abuso de urgencias se paga), no recoger pruebas diagnosticas, no asistir a las consultas de especialistas (difícil, a fe mía, recordar la fecha, cuando te citan para dentro de un año; bueno, eso si tienes suerte), o no retirarse de la lista de espera aunque ya hayas sido atendido (¡me lo explique cómo me borro si aún no tengo claro como apuntarme!).

Hizo hincapié en que el 40% de las visitas que se realizan a los servicios de urgencias hospitalarias responden a procesos “banales” que podrían ser tratados en los centros de salud pero que la gente no va a las consultas de atención primaria porque “no le conviene”.
¿Pero de donde se saca que preferimos acudir a un hospital, sabiendo lo que ello conlleva, que ir al centro de salud? Para mí es obvio que este señor no ha tenido que acudir a las urgencias de un hospital en fin de semana, cuando algunos de los centros de atención primaria están cerrados. No sabe de la angustia del enfermo, del desconcierto y miedo con el que llegamos los familiares y al que nos vemos sometidos durante horas hasta que alguien nos informa de la situación, de las escenas, a veces violentas y siempre dolorosas, a las que asistimos como espectadores obligados, del cansancio y agotamiento físico y mental que supone la permanencia en ese lugar que todos los ciudadanos, en general tememos y odiamos. ¡Lo largo que se te hace el tiempo esperando a que te atiendan, te suban a planta para ingresar o morir, aunque sea de rabia o asco, en el pasillo!

Un vistazo a algunas de las preguntas del Barómetro Sanitario de 2012, elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y el Ministerio de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad, proporciona bastantes datos a tener en cuenta.

  • Pregunta 16: Durante los últimos doce meses, ¿ha tenido Vd. que acudir a un centro sanitario público o privado por alguna urgencia exceptuando las ocasiones en las que ha podido acompañar a otra persona? El 72% respondió que NO (69% en CLM) y un 29% respondió que (31% en CLM), siendo la población más joven (entre 18 y 34 años) la que acude en mayor proporción a este servicio (intoxicaciones etílicas, consumo de estupefacientes, peleas, accidentes de tráfico, etc.). Pues parece que el porcentaje de los que han acudido a urgencias es significativamente inferior comparado al de los que no lo han hecho. A esos que suelen acudir en mayor proporción, dadas las condiciones en que lo hacen, parece que no se les puede pedir demasiada mesura y mucho menos un criterio atinado a la hora de decidir si lo suyo es una urgencia, ¿no le parece?
  • Pregunta 16b: La última vez que tuvo Vd. alguna urgencia, ¿qué tipo de servicio utilizó?

% TOTAL
% CLM
Solo un servicio de urgencias de At. primaria publico.
39
40
Solo un servicio de urgencias de un hospital publico.
45
40
Urgencias de At. primaria y un hospital, públicos.
7
10

Entre los que tuvieron una urgencia, un 7% fue considerado y se desplazó primero al centro de salud y desde allí fue enviado al hospital. Si a ese porcentaje le sumamos el de aquellos que solo utilizaron las urgencias de atención primaria, tenemos que el 46% actuó como se espera de un buen paciente (el 50% en CLM), mientras que el de aquellos que directamente lo hicieron mal fue del 45% (40% en CLM).
  • Pregunta 16c: Cuando acudió usted al servicio de urgencias del hospital esta última vez, fue porque…

% TOTAL
% CLM
Decidió usted ir directamente.
75
64
Le mandó su médico de cabecera.
15
25
Le mandaron desde urgencias de At. primaria.
9
9

En esta pregunta se ve claramente que frente al 24% que fue enviado por su médico de cabecera o desde las urgencias de atención primaria, el 75% de los que acudieron a las urgencias del hospital lo hizo por decisión propia.

·         Pregunta 16d: ¿Y cuál de las siguientes fue la razón principal por la que acudió a un servicio de urgencias de un hospital?


% TOTAL
% CLM
No coincidía con el horario del medico de cabecera.
43
42
En urgencias del hospital hay más medios.
36
20
Donde pasa consulta mi medico o pediatra no hay urgencias.
5
15
No conozco las urgencias de atención primaria.
3
5
La cita para el especialista era muy tarde.
2
2
Estaba fuera de mi residencia habitual.
2
2

No hay que olvidar que estas respuestas se refieren, únicamente, a la razón por la cual el usuario decidió acudir al servicio de urgencias de un hospital. En ningún caso reflejan -puesto que esos son datos confidenciales- la patología que el paciente sufría ni si la percepción que tenía sobre la gravedad de su dolencia justificaba o no esa decisión.

Preguntados sobre algunas propuestas relacionadas con los servicios sanitarios públicos, que podría ser necesario implantar, estos son los porcentajes de rechazo, ordenados de mayor a menor, manifestado por los encuestados hacia las mismas:
  

% TOTAL
% CLM
Que las visitas al medico de cabecera y a urgencias tengan algún coste económico.
81
85
Aumento de la cantidad que actualmente abonan los pacientes en las recetas.
76
75
Que se aumenten los impuestos en la cantidad precisa para destinarlos a los servicios sanitarios públicos.
68
73
Que los pensionistas, a partir de un determinado nivel de renta, paguen una cantidad del precio de sus recetas.
55
52
Que todos los pacientes paguen sus recetas según su nivel de renta.
48
46

A la vista de los datos expuestos parece poco razonable que el presidente de la OMC se lance a hacer este tipo de declaraciones incendiarias (vid. El abuso de urgencias y otras ocurrencias y Conductas sanitarias). Menos mal que el grueso de los profesionales ha manifestado su desacuerdo con la imposición de sanciones económicas a personas que ya de por sí atraviesan situaciones difíciles (El fonendo que impartía justicia: sobre pagar por"abusar" de las urgencias). Estamos de acuerdo en que entre todos podemos o debemos buscar soluciones para mejorar nuestro sistema sanitario. Existen propuestas alternativas (No multemos a los pacientes pícaros o necios… aunque algunos lo merecieran en justicia) que van desde concienciar a la población de que la sanidad la pagamos todos, por lo que debemos hacer un uso (más) responsable de sus recursos, a educar a los pacientes para que aprendan a diferenciar las dolencias que pueden esperar al lunes de las que no, etc. No obstante, tengo la sensación de que la balanza que mide ese mal funcionamiento o indebida utilización de los recursos sanitarios siempre se inclina, sospechosamente, hacia el mismo lado (Su moco no es una Urgencia: son 15 €).

Abogando por la equidad en el reparto de la responsabilidad, propongo la creación de una escuela donde los enfermos crónicos, los que mejor conocen los entresijos tanto del hospital como de todo aquel que pulula por allí, impartan clases a los sanitarios para mejorar el descontento con el sistema que, según refleja ese mismo Barómetro Sanitario, ha aumentado. Un cliente descontento es un cliente insatisfecho y eso perjudica a la organización ¿no? Pues vamos a establecer una gradación de las faltas por las que los médicos deberían ser sancionados, según criterios del paciente. Por ejemplo:

  • Médico borde, poco atento y nada empático que no aparta la vista de la pantalla del ordenador.
  • Médico alarmista que te hace salir de la consulta peor que entraste.
  • El cachondo que, con sus comentarios jocosos, te informa de que no te va a recetar nada porque lo tuyo no tiene solución.
  • Médicos de urgencias de atención primaria que, con más cara de susto que tú, escuchan, sin mirarte, tus síntomas mientras los buscan en un libro gordo, siempre sobre la mesa, que te induce a pensar que deberías haber ido directamente al hospital.

Culpabilizar y/o sancionar a los enfermos no es la solución.

Ya me veo en mis excursiones de fin de semana, además de la mochila con el bocata y el agua, cargada con mi DESA (desfibrilador externo semiautomático) para que, en caso de posible paro cardíaco, que previamente habré aprendido a diagnosticarme en la escuela de pacientes, soltarme una buena descarga en el corazón que me restablezca un ritmo cardiaco efectivo, eléctrica y mecánicamente, consiguiendo con ello ganar tiempo hasta el día en que pueda acudir a la consulta del Doctor Pérez, mi medico de cabecera (siempre y cuando consiga cita, porque después de dos días la lista de pacientes se duplica), evitando con ello pasar a engrosar las listas de los desconsiderados que saturan las urgencias hospitalarias con premeditación y, la mayoría de las veces, con nocturnidad (supongo que ésta última habrá dejado de ser un agravante, por lo menos en Castilla-La Mancha, dado que ahora es utilizada como la panacea universal para reducir las listas de espera en el Servicio de Radiología del Hospital de Toledo).


Una última reflexión: no estaría de más recordar a los médicos que si, como tanto insisten, nos convertimos en pacientes cívicos, concienciados, educados y empoderados para reconocer los síntomas y la gravedad de nuestras dolencias, de manera que acudamos cada vez menos a centros de salud y hospitales, acabarán poniéndole en bandeja a los gestores sanitarios el argumento para justificar la medida líder que parece presidir su gestión: Sobra personal sanitario, aumenten los despidos.

“(...) Cuando he visto que querían a toda costa que fuera yo médico, me decidí a serlo a expensas de aquel a quien esto concierne. Sin embargo, no podríais imaginaros cómo se ha esparcido el error, y de qué modo les ha dado a todos la manía de creerme un hombre docto. Vienen a buscarme de todas partes, y si las cosas siguen así, creo que voy a dedicarme toda la vida a la medicina. Encuentro que es el mejor oficio de todos; pues lo haga uno mal o lo haga bien, pagan igual. La mala tarea no recae nunca sobre nuestras espaldas, y cortamos como queremos la tela sobre la cual trabajamos. Si un zapatero, al hacer unos zapatos, estropea una pieza de cuero, tiene que pagar los vidrios rotos; pero en esto puede uno deteriorar a un hombre sin que cueste nada. El error no es nunca nuestro: siempre tiene la culpa el que fallece. En fin; lo bueno de esta profesión es que hay entre los muertos, una honradez y una discreción únicas en el mundo: no se les ve nunca quejarse del médico que los ha matado”.

El médico a palos. Molière

2 comentarios:

  1. Pienso que las relaciones médico-paciente no tendrían que salirse de madre en ningún sentido. Médico y Paciente no debieran verse nunca como enemigos, a pesar de la animadversión que pueda llegar a suscitarse en ocasiones de uno hacia otro, fruto de tensiones, malentendidos, insatisfacciones o inmadureces personales.

    Una persona, afligida por un problema o una duda de salud, recurre a otra, obligada por el deber profesional y ético, para que la ayude o le dé una respuesta sanitaria. Nada que objetar, es lo normal. El problema surge cuando la demanda, a veces convertida en irracional exigencia, no se produce en el momento o el lugar adecuado.

    Son muchos los ejemplos de mal uso y abuso de los servicios sanitarios, ya referidos por otros. Algunos pueden no ser reconocidos por un lego; otros son evidentes para cualquiera con sentido común. Otra cosa es la calidad técnica y humana de los profesionales de la medicina, lo que nos llevaría a una pertinente diferenciación entre buenos y malos:
    http://medymel.blogspot.com.es/2014/02/buenos-medicos-y-medicos-buenos-malos.html

    Y por supuesto siempre se hacen valoraciones diferenciadas entre los ámbito sanitarios público y privado, pues las relaciones contractuales difieren. No es difícil constatar la variación de proceder, desde luego criticable, de un mismo galeno en uno u otro. De ahí el debate obligatoriedad/no obligatoriedad del aseguramiento sanitario público.

    La figura del médico tiene una carga simbólica demasiado grande, cambiante en el tiempo como la propia sociedad y evolucionada por especializaciones y ultra-especializaciones. No se pude reducir todo a una crítica (la de Molière, en su contexto histórico, bien podría dirigirse a educadores, jueces y políticos) o una loa global. Si bien el médico no es un superhombre, es impensable una sociedad sin sanadores.

    No, los médicos no son ni dioses ni demonios.

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    Respuestas
    1. Totalmente de acuerdo, José Manuel. La relación clínico-asistencial en el marco de la cual se produce el encuentro médico-paciente es una relación que debe cuidarse especialmente. Requiere aprendizaje, prudencia, comprensión, reciprocidad y... humanidad.
      Grave error asimilarla a una especie de burda relación proveeedor-cliente, donde la ética y la profesionalidad (professionalism) brilla muchas veces por su ausencia. Por desgracia, y con demasiada frecuencia, como sabemos, el entorno y el contexto excesivamente frío, tecnológico y deshumanizado en el que se desarrolla la moderna medicina, contribuye bien poco a favorecer y facilitar esa (buena) relación. Pero desde su origen en la medicina prehistórica, desde los primeros sanadores, fuesen brujos, magos, chamanes o hechiceros, hasta los buenos médicos de hoy, como bien dices en la entrada de tu blog, siempre fue una relación de ayuda, que requiere no sólo aptitud, sino también (tal vez sobre todo) actitud.
      Aún recuerdo las enseñanzas del maestro Laín Entralgo...
      Gracias por tus acertados comentarios.

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