miércoles, 19 de febrero de 2014

Mirar para otro lado

Christopher Hitchens con Salman Rushdie

En uno de los capítulos más interesantes de sus memorias, (a las que irónicamente tituló ‘Hitch-22’ jugando con el clásico de la literatura norteamericana ‘Catch-22’, de Joseph Heller), Christopher Hitchens narra cómo conoció a su amigo el escritor indobritánico Salman Rushdie. Perseguido por el fundamentalismo islámico tras publicar su novela “Los versos satánicos”, Salman explicaba un concepto al que atribuía una notable importancia: la idea de la ‘ignorancia ingenua’, o ‘ignorancia inocente’, es decir, la de quienes no saben algo, como resultado de la pobreza o la adversidad, frente al concepto de ‘ignorancia elegida’, deliberada o impostada, como resultado de una elección consciente, que implica la voluntad de no querer saber…o de mirar hacia otro lado.

Pues bien, esta actitud de “mirar para otro lado” se ha convertido en todo un arte en determinados ámbitos e instancias. Se diría que algunos responsables políticos han elegido deliberadamente la opción de no saber, es decir, de mirar hacia otro lado mientras se adoptan medidas que están suponiendo el deterioro y desmantelamiento progresivo de los servicios públicos, y la pérdida de las condiciones más elementales de dignidad en que estos deben prestarse.

Una emisora de ámbito nacional daba cuenta en estos días de la dramática situación del Hospital Virgen de la Salud de Toledo, uno de los hospitales de referencia en la Comunidad de Castilla-La Mancha. Según una denuncia de los propios facultativos del hospital, hace un par de meses, en mitad del colapso del servicio de urgencias, y en menos de una semana, dos pacientes que estaban siendo atendidos en el mismo por enfermedades respiratorias graves, fallecieron en los pasillos del servicio sin que los médicos pudieran acomodarles en otro lugar.

Tras varios meses denunciando la saturación de las urgencias del centro y solicitando más medios a la Consejería de Sanidad y al SESCAM, el pasado 13 de diciembre los médicos del servicio de urgencias del hospital de Toledo acudieron al juzgado de guardia de la capital castellano-manchega para poner en su conocimiento que la situación era tan insostenible que "…ya no pueden atender a los pacientes por falta de espacio y de camillas".

Hospital Virgen de la Salud (Toledo), enero 2014

El 20 de diciembre todos los médicos del Servicio de Urgencias remitieron un escrito al Colegio de Médicos de Toledo denunciando "la situación caótica" del servicio con "sobresaturación de pacientes pendientes de ingreso en planta, con como media 20 pacientes al día" y alertando de que la situación compromete la adecuada asistencia a los mismos: "Se ha llegado a un punto insostenible, con importantísimas demoras en la valoración de pacientes graves y múltiples faltas en la seguridad de los mismos", afirmaban en la citada carta. Según el escrito de los médicos, el colapso en las urgencias es de tal magnitud que se están registrando "incorrecciones e incluso imposibilidad de administrar los tratamientos prescritos".

Ante la explicable y lógica alarma desatada por la noticia, tanto el Director Gerente del SESCAM como desde la propia dirección del hospital se han apresurado a desmentir que los citados pacientes hubieran fallecido en el pasillo del servicio de Urgencias por falta de asistencia sanitaria el pasado mes de diciembre y aclaran que estas dos pacientes fallecieron en la sala de Reanimación de Urgencias después de que empeorara su situación. Al mismo tiempo, han destacado la apertura de nuevos recursos en el pasado mes de enero, como una Unidad de Preingreso hospitalario dotada con tomas de oxígeno, camas, sillones, mamparas, aseos y control de enfermería, que ha mejorado la atención de los pacientes del servicio de Urgencias.

Lo cierto es que los datos existentes demuestran que Castilla-La Mancha, tras Extremadura, es la comunidad autónoma que más ha recortado en sanidad: desde el año 2010 y hasta 2013, la Junta de Comunidades ha reducido en más de un 19 por ciento el gasto destinado a sanidad.

Si tomamos el presupuesto definitivo de 2010 y lo comparamos con el definitivo de 2012, (no está disponible aún el gasto definitivo efectuado en el ejercicio de 2013), la diferencia es de casi 600 millones de euros. Esto quiere decir que la región ha dejado de disponer de esa cantidad para el mantenimiento de hospitales, pago a los profesionales o compra de material. Si hacemos el mismo cálculo entre el presupuesto definitivo del año 2010 (3.168.920.043,57 €) y el presupuesto inicial para 2014 (de 2.313.894.000 €), la diferencia es aún mayor: 885 millones de euros, lo que supone una reducción del 27%. En realidad este último cálculo se aproxima bastante a lo manifestado por el propio Director Gerente del SESCAM, que en una entrevista publicada en un medio local (diario ABC Toledo, 24-10-2013) reconocía de manera expresa: “...el SESCAM cuesta 2.500 millones de euros, un 23% menos que hace dos años...”

Como es de suponer, y por más que se insista en hablar de des(re)inversión, eficiencia, ajuste o reducción del despilfarro sanitario, este enorme ‘hachazo’ en los presupuestos se ha traducido inevitablemente en reducción de plantillas y de personal, (en este periodo se ha despedido a casi 4.000 profesionales sanitarios), lo que conlleva retrasos injustificados en la atención y crecimiento de las listas de espera, pérdida de inversiones y una menor disponibilidad económica para adquisiciones y reposición de material y equipamiento.

Mientras tanto, y al tiempo que se producen esas dramáticas y alarmantes noticias, siguen ocurriendo algunos episodios más bien chuscos en la sanidad regional: la intervención quirúrgica de la madre de un gerentedetenido poco después por falsedad en documento público, o de la esposa de un miembro del Gobierno autonómico saltándose la lista de espera; el establecimiento de una interesante forma de selección y cobertura de plazas de directivos sanitarios, de una manera fingidamente ‘objetiva y profesional’; la eliminación de datos, informes y documentos de la página Web del Servicio de Salud o el cese inexplicado de algún gerente. A este rosario de despropósitos se ha sumado la desafortunada promulgación de una instrucción –difundida mediante nota interior-  que ha sido unánimemente considerada como una especie de “orden mordaza” para evitar las protestas de los profesionales sanitarios. Sin apenas venir a cuento, se alude en ella a “la importancia que adquiere en los tiempos actuales la actuación ética de los empleados públicos” y la obligación de ajustar su conducta “a una serie de principios, de entre los que cabría destacar el principio de austeridad, entre otros como la integridad, la ejemplaridad y la imparcialidad” (sic). En cuanto a comportamientos éticos, no estaría de más, sin duda, que algunos se aplicasen a sí mismos esas instrucciones.

Y todo ello aunque se empeñen e insistan en negar la evidencia y mirar para otro lado, con esa supuesta y deliberada ignorancia de la que hablaba Salman Rushdie…
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