martes, 30 de julio de 2013

Recuerdo de estampas y médicos titulares

Anatomía del corazón. Enrique Simonet Lombardo (1890)
Debía rondar los siete u ocho años de edad. Aún recuerdo una extraña y curiosa sensación en la que se entremezclaban, a partes iguales, la fascinación y el asombro junto al temor y el miedo a lo desconocido, cada vez que mi madre me llevaba a la consulta. Por aquel entonces ejercía como médico en el pueblo, (Guadamur), don Servando Cantera Alario, Jefe Local de Sanidad y médico titular de la localidad.
 
En aquella difícil época (a mitad de los años 60’s) el personal sanitario local, también conocido como de Asistencia Pública Domiciliaria (APD) y que englobaba a Médicos Titulares, Practicantes Titulares, Matronas Titulares y Farmacéuticos Titulares (aunque estos últimos con una problemática claramente diferenciada), tenían un estatuto jurídico de difícil encaje y concreción. Por un lado se regían básicamente por el Reglamento de personal de los Servicios Sanitarios Locales, y por otro lado por las Leyes propias de la Función Pública. Además, con respecto a sus obligaciones, tenían también una situación híbrida y realizaban una doble función; por una parte, ejercían las funciones propias del Cuerpo Estatal al que pertenecían como funcionarios de Sanidad Local, con competencias básicamente de salud pública y residualmente asistencial, y por otra parte asumían las funciones asistenciales sanitarias propias de la Seguridad Social (INP y después INSALUD).
 
Entre los cuadros e imágenes con temas médicos que adornaban las paredes de la sala de espera de la consulta, (en realidad un pasillo de su propia casa, pues no existía en Guadamur nada parecido a un consultorio local o centro municipal de salud), destacaba una que me llamaba poderosamente la atención. Tuvieron que pasar muchos años para saber que aquella sobrecogedora y dramática estampa enmarcada era una reproducción de un cuadro conocido como La autopsia o Anatomía del corazón, que el pintor Enrique Simonet (1866-1923) realizó en Roma en el año 1890.
 
Este es el comentario y la descripción del cuadro en el catálogo del Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga, donde se encuentra, y donde tuve ocasión de contemplarlo hace ya algún tiempo:
 
«La obra recoge el momento en el que un médico realiza una autopsia a una mujer joven que yace sobre una mesa. El tratamiento realista del tema y su crudeza hicieron que algunos autores encasillaran esta pintura dentro del realismo social; sin embargo, la obra sobresale también por su interés por los contrastes lumínicos, el detalle de la representación realista, la rigurosidad anatómica y la experimentación con elementos tan arriesgados como la profundidad del cuadro sugerida por el escorzo de la joven, por lo que debería considerarse como parte de la corriente cientificista que domina el siglo XIX. Simonet no aporta grandes novedades a su pintura, más bien las integra en el cuadro, como el fondo neutro de la habitación, el contrapeso lumínico entre la pared y la ventana, el bodegón que conforman las botellas de formol de distintos colores, rompiendo la monotonía cromática de las tonalidades empleadas en el resto de la pintura. El estudio anatómico del cuerpo de la mujer es impecable, así como el tratamiento de su cuerpo en ese escorzo. Pero si hay algo por lo que destaca esta obra es por los contrastes lumínicos de luces y sombras.»
 
Una erudita e interesantísima interpretación simbólica de la obra puede encontrarse en: Ferrer Álvarez M.: The Dramatisation of Death in the Second Half of the 19th Century. The Paris Morgue and Anatomy Painting. La autora encuentra algunas similitudes al compararla con el conocido retrato del cirujano Dr. Péan, (que ya comentamos en otra entrada), pintado pocos años antes por Henry Gervex, y que sin duda Simonet conoció durante su estancia en Paris
 
También en la revista Jábega nº 30, 1980 (Estudio de la obra de Enrique Simonet Lombardo) puede encontrarse una amplia descripción de la pintura, a la que enmarca en el contexto de la preocupación médica de finales del s.XIX por explicar la enfermedad. El pintor se haría eco aquí de la teoría anatomoclínica, según la cual toda lesión tiene un sustrato anatómico y, en consecuencia, propugna el examen autópsico sistemático.
 
Se trata de un cuadro enorme (292 cm. por 176.5 cm.), cuyas dimensiones originales nunca hubiera imaginado a partir de aquella pequeña imagen que yo contemplaba asombrado en casa de don Servando y que seguramente fue ampliamente difundida por algún laboratorio farmacéutico en sus campañas de propaganda, anunciando en su reverso algún remedio de dudosa eficacia…
 
Inevitablemente vienen a mi memoria esos hermosos versos de Felipe Benítez Reyes en El equipaje abierto:
De todo comienza a hacer bastante tiempo.
 
                                          Y en una habitación cerrada
                                          hay un niño que aún juega con cristales y agujas
                                          bajo la mortandad hipnótica de la tarde.

                                                                                                                            
Comienza a hacer de todo muchos años
                                  (...)

4 comentarios:

  1. Rodrigo, gracias por la conjunción de Arte y Medicina. Un abrazo.

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    1. Gracias a ti por tu visita y tu amabilidad, Fuencisla. Un abrazo.

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  2. Muy interesante el comentario de la obra, para mí desconocida. Pero lo que más estimula mi imaginación es tu descripción, con ojos infantiles, de la casa/consulta de D. Servando. Se trata de una realidad, no tan lejana, que a mí todavía me tocó vivir como médico titular.
    Mucho hemos cambiado desde entonces, con ganancias sin duda, y no pocas pérdidas. En cualquier caso, los titulares ya somos historia.
    Un abrazo.

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    1. Siempre conservé el recuerdo de aquella mirada infantil y curiosa posándose en ese cuadro enigmático y fascinante. (Y quien sabe, si no ejerció algún tipo de extraña "influencia vocacional" sobre mi posterior andadura... al menos sobre mis inquietudes personales e intelectuales).
      En mi examen de grado de licenciatura me tocó exponer el tema "Problemas fundamentales del médico rural español. Solución correcta de los mismos". Como puedes suponer, en mi cabeza tenía presente a los médicos titulares de mi pueblo que conocí. Sin duda la Medicina y la sanidad en España deben mucho a los sanitarios titulares. Y, en todo caso, todavía sois historia viva.
      Gracias por tu comentario, Vicente. Un abrazo.

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