viernes, 7 de junio de 2013

Cirugía eminente...

El Dr. Jules-Émile Péan en el Hospital de San Luis antes de una intervención. Original de Henri Gervex (1887)


“Es menester que todos los instrumentos sean propios para el propósito que se persigue, esto es respecto a su tamaño, peso y precisión.”
Hipócrates

Transposición y paráfrasis modernizada de la "Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp", de Rembrandt, -pintado 250 años antes- este gran cuadro cuyo título original es: “Le docteur Péan enseignant à l'hôpital Saint-Louis sa découverte du pincement des vaisseaux” se encuentra en el Musée d’Orsay y representa al eminente cirujano Jules-Émile Péan (1830-1868) enseñando a otros colegas cómo efectuar la hemostasia y el pinzamiento de los vasos sanguíneos durante una intervención quirúrgica. A partir de 1868, Péan utilizó sistemáticamente utiliza una pinza de su invención para hemostasia durante las operaciones en la cavidad abdominal. Como es sabido, esta "pinza de Péan" todavía se utiliza hoy en todos los quirófanos del mundo.

 Pinza de hemostasia Rochester-Péan

En su libro “El silencio del cuerpo” se refiere Guido Ceronetti a las memorias del  escritor, político y periodista Leon Daudet, quien llegó a iniciar los estudios de medicina, (que después abandonaría), esperando aprender algo que pudiera curar a su padre, el novelista Alphonse Daudet, enfermo de sífilis. En esas memorias, cuenta como operaba el Dr. Péan:

«Tras dos horas con aquel ajetreo era un torrente de sangre y de sudor, las manos –mejor dicho, las mazas- rojas como las de un asesino, los pies teñidos de púrpura, y siempre muy alegre…» «Esta matanza científica era a la vez carnicería, patíbulo y tauromaquia…» «No he visto nunca un amasijo igual de torsos, troncos y muñones, un picadillo semejante de carne humana…» «Su función aquí abajo era la de cortar, abrir, extirpar, deshuesar y destripar.»

Observa Ceronetti de manera corrosiva: “La tentación de dar espectáculo, en los maestros cirujanos, tiene las mismas raíces que la vanidad de los criminales, contentos tanto los unos como los otros de su familiaridad con la sangre, de su capacidad de desafiar las venganzas sagradas de ésta. Mientras el aplauso público anima al cirujano a multiplicar los desafíos, el criminal respira el incienso que necesita de las crónicas de los periódicos dedicadas a él”. Y concluye Daudet:

«Nada más grosero y expeditivo que la cirugía, cuando se separa de la medicina, cuando aquel que tiene el cuchillo ignora que aquel cuchillo es un recurso extremo, una derrota del ingenio terapéutico. »

Ya decía el antiguo aforismo hipocrático con respecto a los medios terapéuticos:

Quod medicamentum non curat, ferrum curat: quod ferrum non curat, ignis curat: quod ignis non curat, inmedicabile censetur” , es decir: “Lo que los medicamentos no curan, lo cura el hierro; lo que el hierro no cura, lo cura el fuego; lo que el fuego no cura, hay que considerarlo incurable.”

 Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp. Original de Rembrandt (1632)

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