miércoles, 5 de octubre de 2011

El abismo y la contrarrealidad


“– Cuando yo uso una palabra –insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso– quiere decir lo que yo quiero que diga..., ni más ni menos.
– La cuestión –insistió Alicia– es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
– La cuestión –zanjó Humpty Dumpty– es saber quién manda..., eso es todo.”

Lewis Carroll, Alicia a través del espejo. Alianza, Madrid, 1970.

Tras la publicación de la última entrada, recibo una serie de comunicaciones, que certifican la preocupación general por el desolador panorama de la actualidad en relación con los recortes y ajustes que se vienen extendiendo por el sistema sanitario.

Alfonso García Lorente comenta un artículo del diario El País sobre los recortes en Cataluña, acompañado de la magnífica imagen de C. Bautista, (incluida sin pie de foto en el blog), y me recuerda algunas publicaciones de los últimos años en las que ya se venía hablando de este asunto. Entre otros el libro: ¿Todo para todos y gratis? (Juan del Llano, Carlos Polanco y Sandra García Armesto. Ed. Ergon, 2004), en una época en que por estos lares no se empleaba el término "sostenibilidad", y aún se hablaba de "evaluación y prioridades".

Mi buen amigo Vicente Andrés Luís me hace llegar el artículo editorial del último número publicado (agosto-septiembre 2011) de la revista Formación Médica Continuada en Atención Primaria, directamente relacionado con el tema de la entrada: Concurso de recortes, de Ricard Meneu y Salvador Peiró. (FMC. Form Med Contin Aten Prim.2011; 18 :389-91 - vol.18 núm 07)

Como casi siempre, Ricard y Voro aciertan en su planteamiento y realizan una excelente descripción del paisaje actual en el SNS, con el diagnóstico y la panoplia de posibles tratamientos. (Veremos cuáles y cómo se aplican…).

Básicamente, escriben, “las estrategias para reconducir el gasto sanitario hacia niveles compatibles con nuestros desocupados bolsillos son variadas, pero se resumen en: 1) reducir servicios o prestaciones; 2) mantener prestaciones y reducir su calidad o su precio; 3) mejorar la eficiencia interna: hacer más con lo mismo, dejar de hacer lo que no aporta valor y, 4) cualquier combinación de estos elementos.”

Tal vez lo más relevante sea, a mi juicio, la advertencia de que sin la participación e implicación efectiva de los profesionales en la aplicación de las estrategias que se adopten, el desistimiento social será “vertiginoso”, es decir, de vértigo. (¿Será éste el vértigo que se produce ante el abismo al que parece que nos hemos asomado casi sin darnos cuenta?)

Concluyen así su artículo:

(…) Es en las decisiones actuales donde se dirimirá si estamos ante una catástrofe sin paliativos o, también, [ante] una oportunidad (dura, pero oportunidad) para afrontar los cambios eternamente aplazados: empezar lo que siempre pospusimos, dejar de hacer lo que nunca debimos emprender, discriminar lo esencial de lo accesorio, lo valioso de lo superfluo, lo clientelar de lo necesario y, algo especialmente difícil, el bienestar público del bienestar de quienes –desde cualquier nivel– trabajamos para el sector público.

David Larios me llama la atención acerca del planteamiento de cómo ha evolucionado la autonomía del paciente y lo que esto puede suponer en un escenario de escasez de recursos (¿qué alternativas podemos ofrecer con recursos cada vez más escasos…?). Al mismo tiempo se refiere a la manipulación y al uso interesado/desinformado del lenguaje. Me hace llegar una copia del correo de una profesora, del que entresaco unas líneas:

…nuestros políticos y muchos periodistas, ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Creo que por las dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos, los hace más ignorantes.

Con respecto al lenguaje, como decía recientemente Paul Krugman en uno de sus artículos, referido a la forma de responder a la crisis económica de Europa, (El viaje mortal de la eurozona, EL PAÍS, 2-10-2011) uno se encuentra ya “aterrorizado y aburrido al mismo tiempo”. Uno no sabe ya cómo denominar a lo que está pasando en el sistema sanitario. Los responsables políticos se empeñan en no llamar a las cosas por su nombre, cuando no directamente en mentir y, como señala Almudena Grandes en su columna (Agujetas, EL PAÍS, 3-10-2011), “…Nos hemos acostumbrado tan deprisa al cinismo, a la demagogia, a la degradación de las instituciones democráticas, que ya tenemos agujetas en los músculos de la risa, en los del escándalo.”

Es como si estuviésemos creando una especie de contrarrealidad, lo que viene a denunciar Juan Gérvas en su ácido y duro comentario Piratas, (Acta Sanitaria, 3-10-2011) cuando se refiere a las patáforas, (imágenes que superan a las de la metáfora), para tratar de describir algunas actuaciones políticas, especialmente cuando los responsables de la gestión sanitaria tratan de justificar el recorte de gastos como racionalización de los mismos. “Y, sobre todo, cuando llegan a insinuar que tal actuación no tendrá repercusión sobre la salud de los ciudadanos”.

Nos acabará pasando como al conquistador y explorador español Francisco Fernández de Córdoba  que en 1517 desembarcó en una península a la que llamó Yucatán, porque los nativos pronunciaban dicha palabra cuando él les preguntaba el nombre de la costa a la que había arribado. En realidad Yucatán quiere decir en maya “no entiendo lo que dices”. Pues eso, la contrarrealidad…

Del blog Calles historicas de Valencia
Me temo que, en última instancia, como comentaba también Krugman, en otro artículo de hace unos días, el tema se ha convertido en una cuestión de naturaleza moral, en un momento en que la compasión no está precisamente de moda: (Libres para morir, EL PAÍS, 18-9-2011).
Esperemos no llegar a ese estado de beneficencia al que se refería un ciudadano en una carta al director del diario El País, publicada también en fecha reciente.

Parece que algunos profesionales comienzan a reaccionar. Así, por ejemplo, cunden las iniciativas en hospitales en las que algunos cirujanos se ofrecen a operar gratis.


·         Antepón tu criterio clínico y haz prevalecer la calidad asistencial. No diagnostiques influenciado por criterios de ahorro económico.
·         Rechaza siempre las intromisiones en el acto médico.
·         Dedica el tiempo que sea necesario a cada paciente. diagnósticas, tú comunicas y tú decides.
·         Exige una programación de agenda sin masificaciones. Ejerce la medicina con cuidado y atención.
·         Rechaza las consultas simultáneas. La presión lleva al error.
·         Esquiva el traspaso de competencias médicas al personal no médico. Sólo el médico puede hacer de médico.
·         Prescribe los fármacos según el criterio científico y tu experiencia clínica. controlas tu prescripción.
·         Prioriza la asistencia sanitaria a la tarea burocrática.
·         Redacta las historias clínicas de forma clara, precisa y completa.
·         Cuida tu salud laboral: haz los descansos preceptivos durante la jornada, sobre todo al finalizar una guardia, y trabaja en las mejores condiciones psicofísicas.

(Salvo algunos puntos, que suenan algo antiguos y corporativistas, y a los que cabría hacer algunas consideraciones éticas, parecen consejos razonables).

Al tiempo...

1 comentario:

  1. Me gustan las citas y creo que las recomendaciones de la buena praxis medica en tiempo de vacas flacas son muy acertadas.

    He de decir que echo de menos algo más de critica a la clase política, quien decide donde va dirigido el gasto sanitario de una forma un tanto electoralista y no en base a un verdadero conocimiento cientifico.

    Como MIR de un Hospital de la Comunidad de Madrid veo flagrantes muchos errores que está cometiendo la Consejeria con ciertos Hospitales sin tener mucha idea sobre temas de gestion aunque basta con abrir bien los ojos y afinar el oido.

    Un saludo

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