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viernes, 6 de julio de 2012

Cortesía, Profesionalidad, Respeto.

Foto: Alain Waterincks
Para María Rubio

Cortesía. 1. f Demostración o acto con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene alguien a otra persona.
Profesionalidad. 1. f. Cualidad de la persona u organismo que ejerce su actividad con relevante capacidad y aplicación.
Respeto. 2. m. Miramiento, consideración, deferencia.
DRAE. 22ª edición

En varias presentaciones he utilizado esta u otras imágenes parecidas de los coches del Departamento de Policía de Nueva York, poniéndolas como un llamativo ejemplo de lo que debería ser una buena práctica en muchas organizaciones, entre ellas el sistema sanitario público, en su relación con las personas a las que atiende: ciudadanos, contribuyentes, co-propietarios del sistema.

La inscripción"Courtesy - Professionalism - Respect" (CPR) can be found painted on the sides of police cars. "Courtesy - Profesionalism - Respect" (CRP) se puede encontrar rotulada en el lateral de los coches de policía de esa ciudad. El eslogan hace referencia aIt's a program from 1996, started just as groups such as Amnesty International made charges of police brutality. un programa iniciado bajo el mandato del alcalde Rudolph Giuliani partir de junio de 1996, que pretendía cambiar la política (y lavar la imagen) del Departamento, poco después de que algunos grupos como Amnistía Internacional denunciaran la sistemática brutalidad policial y el uso arbitrario de la fuerza.

El programa, puesto en marcha con una agresiva campaña publicitaria, mediante carteles, pegatinas, anuncios de radio y televisión, etc. supuso un cambio radical en las relaciones con los ciudadanos. El Departamento puso en marcha una nueva estrategia para combatir la delincuencia, luchar contra la corrupción y mejorar la comunicación a través de diferentes actuaciones. Por un lado se trataba de promover el respeto de los agentes como servidores públicos a todos los niveles, formar a todos los cuadros de la policía en técnicas y habilidades de comunicación y, finalmente, evaluar su impacto mediante encuestas a los ciudadanos sobre el grado de confianza y credibilidad en el cumplimiento de las directrices oficiales.

En el entorno sanitario

Sabemos que, en general, el objetivo de cualquier organización sanitaria es prestar unos servicios de la máxima calidad, que sean seguros, eficaces y coste-efectivos, y que den respuesta de forma oportuna a las expectativas, necesidades, demandas y preferencias de las personas que requieren atención y cuidado.

Desde un punto de vista teórico la calidad puede entenderse y ser definida desde diversos puntos de vista: como una aproximación a la excelencia, a lo que en cada caso se considera “mejor” por los técnicos; como ajuste a unas normas, estándares o especificaciones técnicas determinadas; como relación de equilibrio entre coste de producción y valor intrínseco del producto o servicio, o como satisfacción del cliente/usuario (calidad percibida). En esencia, esta última perspectiva se basa sobre todo en la percepción y valoración personal de quienes reciben el servicio, una vez que comparan lo que obtienen con la expectativa que tenían previamente.

Desde la concepción de la calidad enfocada a la satisfacción del usuario/cliente, adquieren notable importancia una serie de actuaciones y procesos externos estrechamente vinculados con la calidad “relacional” (la relación con los técnicos y profesionales del servicio, la comunicación con ellos, la información que se les facilita y cómo se les facilita, la capacidad de escucha, las habilidades para ofrecer apoyo y para orientar cambios en los hábitos de comportamiento que requiere el afrontamiento de la enfermedad).

En última instancia, -y sobre todo-, la relación sanitaria es una relación humana, un encuentro entre personas, una tarea de ayuda y cuidado, en la que se deben tener en cuenta (además) otros componentes sociales y emocionales. Más allá de la consideración de los aspectos directamente relacionados con la denominada calidad científico-técnica, (adecuación entre diagnóstico-fiabilidad, tratamiento y relación indicación-prescripción, etc.), las modernas orientaciones destacan la necesidad de tener en cuenta y mejorar los aspectos relativos a la calidad de esa relación interpersonal. En gran medida ello exige articular adecuadamente los planteamientos y el discurso de los distintos agentes y actores implicados en la realidad sanitaria, integrando la perspectiva clínica y profesional de los trabajadores sanitarios con la perspectiva de los pacientes.

En diciembre de 2011 nos referíamos en una entrada a la (des)humanización que con demasiada frecuencia se produce en la atención sanitaria y comentábamos un artículo publicado en mayo de 2008 por el Dr Michael W. Kahn, psiquiatra del Beth Israel Deaconess Medical Center y profesor en la Harvard Medical School: Etiquette-Based Medicine (N Engl J Med 358;19 may 8, 2008). En él llamaba la atención sobre la importancia de la cortesía y los buenos modales en los médicos. Se trataba, a su juicio, de un aspecto muy descuidado que precisa mayor dedicación, porque está en juego la satisfacción del paciente y además es un problema sencillo de resolver. Proponía la elaboración de check-lists para introducirlas en la práctica cotidiana. Por ejemplo, cuando un médico visita por primera vez a un paciente hospitalizado debería tener presente al menos los siguientes seis puntos: 

1)       Pedir permiso para entrar en la habitación y esperar una respuesta. En la consulta levantarse, saludar y extender la mano al paciente.
2)       Presentarse y mostrar su identificación.
3)       Dar la mano (con guantes, si es necesario).
4)       En el hospital sentarse frente al paciente, y en la consulta no tomar asiento hasta que el paciente lo haga. Sonreír si es pertinente.
5)       Explicar brevemente su posición y funciones dentro del equipo sanitario.
6)       Preguntar al paciente cómo se siente por estar hospitalizado o, antes de iniciar la entrevista clínica, si nota ansiedad, miedo o estrés.

Esta lista podría variar en función de las diferentes situaciones o niveles asistenciales, pero en cualquier caso se trataría de una herramienta clara, sencilla y fácil de enseñar y de evaluar.

Más recientemente, Genís Carrasco, en su estupendo blog El paciente inteligente hablaba también de este artículo, reivindicando la cortesía y los buenos modales a propósito de un doloroso episodio ocurrido a su padre en el transcurso de una exploración médica.

Como se ve todo ello tiene mucho que ver con ese profesionalismo (profesionalidad), en este caso sanitario, que postulan y del que hacen gala los policías de Nueva York como servidores públicos:

Profesionalismo sanitario (profesionalidad) es el conjunto de principios éticos y deontológicos, valores y conductas que sustentan el compromiso de los profesionales sanitarios con el servicio a los ciudadanos, que evolucionan con los cambios sociales y que avalan la confianza que la población tiene en ellos.

En nuestra época la profesionalidad es el criterio social de la excelencia personal. Ser un buen profesional es indudablemente el reconocimiento a un valor en alza, aunque este sentido de la profesionalidad esté lejos de alcanzar la categoría de virtud moral. La idea del buen profesional tiende a estar vinculada a la de experto, a la de persona competente en una determinada área del saber, en lugar de apuntar al ideal de una persona comprometida y moralmente responsable en el desempeño de la actividad que realiza.

Esta acepción de la profesionalidad, o mejor, de la excelencia profesional, no deja de ser un reduccionismo o simplificación propios de una perspectiva utilitarista, que valora los comportamientos de las personas más por los resultados que por los principios a los que deberían atenerse y servir. De esta manera la profesionalidad equivale al trabajo bien hecho, pero también éste se reduce a una cierta pericia técnica, a una cierta habilidad práctica que no va más allá de hacer las cosas materialmente bien.

Por eso, reivindicamos aquí un concepto de excelencia profesional no reducida en exclusiva a sus aspectos materiales, sino con una clara dimensión moral. Un concepto, en el caso de las profesiones sanitarias, en el que se aúnen la necesaria especialización y una sólida preparación científica, con una amplia perspectiva humanista que ayude a dar una respuesta más adecuada a las demandas y necesidades planteadas por los pacientes.

Para recuperar esa idea de excelencia profesional es preciso determinar las cualidades o virtudes, las dimensiones que condicionan dicha excelencia que, en su sentido más pleno, deberían abarcar los siguientes objetivos:

-         Atención prioritaria al interés del paciente
-         Colaboración con el resto de profesionales sanitarios (trabajo en equipo)
-         Preocupación por la buena imagen de la profesión
-         Apertura al conocimiento humanista

El rigor, la pulcritud, la puntualidad, la exactitud, la comunicación clara y veraz, el compromiso, la responsabilidad, el acierto en las decisiones y el aprendizaje permanente, son algunos de los rasgos que deben definir la profesionalidad de una organización y de sus miembros.

Con frecuencia los errores que cometemos suelen ser debidos a nuestras lagunas en la comprensión de los problemas y fenómenos, lagunas agravadas por las dificultades de comunicación, los malentendidos, la falta de modestia y la propia incapacidad para convencer. La cortesía, la profesionalidad y el respeto pueden ser unas poderosas palancas que nos ayuden en estos tiempos difíciles.
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En entradas anteriores del blog:

martes, 3 de julio de 2012

Lo que valoran los(as) ciudadanos(as)

Toda realidad ignorada, prepara su venganza.
José Ortega y Gassett (La rebelión de las masas)

Hablábamos ayer mismo en el SESCAM con Rafael Peñalver sobre el interesante artículo Qué funciona para el español que publicaba hace unos días en el diario El País José Juan Toharia, presidente de Metroscopiauno de los más influyentes institutos privados de investigación de la opinión pública en España, dedicado a realizar estudios políticos y electorales, investigaciones sociales y también de mercado. Con ligeras adiciones, el texto ha sido incorporado casi con el mismo título a la página de blogs del periódico: Qué funciona bien (y qué no) según los españoles.

En la introducción al informe sociológico “Pulso de España 2 (enero 2011-mayo 2012)” también publicado recientemente, recuerda Toharia la cita de aviso que encabeza estas líneas, que Ortega incluyó en su ‘Epílogo para ingleses’ de La rebelión de las masas. Se hace eco de ella al señalar, muy oportunamente, que en democracia y sobre todo en tiempos de crisis, no hay realidad que resulte más arriesgado ignorar que la opinión pública. Importa mucho, por ello, conocer el estado de ánimo colectivo, el clima social, la opinión sobre las instituciones y los responsables públicos, el grado de pesimismo y de malestar, o de confianza y optimismo, y el nivel de aceptación o rechazo de los asuntos que son de todos.   

En esencia, este artículo al que nos referimos da cuenta del último Barómetro de Confianza Social, que periódicamente lleva a cabo Metroscopia, y viene a decir que está aumentando el número de ciudadanos que expresan su desconfianza y recelo con respecto a las instituciones sociales más relevantes y con respecto a la clase política.

Lo que el Barómetro recoge, y aparece reflejado en el cuadro adjunto, es la imagen que se transmite de la medida en que el desempeño de las funciones de cada una de estas instituciones, grupos o figuras públicas es objeto de aprobación o desaprobación ciudadana, con el saldo diferencial entre quienes lo valoran o no favorablemente.


Transcribimos algunos párrafos del artículo, que nos parecen significativos:

(...) Lo primero que llama la atención es que los ámbitos institucionales que, por su desempeño profesional, obtienen los mayores niveles de aprobación resultan ser precisamente los que se están viendo más castigados por los recortes en el dinero público: es el caso de los científicos, de la enseñanza pública, de la Universidad o de la sanidad pública. En cambio, las instituciones financieras en general, que aparecen en el penúltimo lugar de la tabla, con un espectacular -77 puntos, son las que -siempre en bloque- han recibido mayores aportaciones públicas.

Como en oleadas anteriores, médicos, científicos, docentes, sanidad pública e instituciones protectoras (Policía, Guardia Civil, ONG y Cáritas) copan la cabecera del ranking, con abrumadores saldos aprobatorios.

Pero por más que el hecho de que los médicos, (¿por qué no preguntar mejor por los profesionales sanitarios?), y la sanidad pública en su conjunto o los funcionarios, se encuentren en los primeros lugares de la valoración ciudadana en esta encuesta, ello no debiera hacernos perder de vista a quienes trabajamos en el sector, algunas opiniones particulares que pueden ser muy críticas. Y si no, he aquí las líneas de un comentario que aparece en el blog de Metroscopia: 

«Como extranjero que vive en España varios años, es interesante leer este tipo de encuesta, porque al venir de otro lugar y saber como funcionan las cosas en otro país, tengo una visión muy diferente de muchas cosas, por simple comparación. Por eso nunca entiendo el alto ranking que dan los españoles a los médicos. Es verdad que el tratamiento médico en España es de buena calidad, pero mi experiencia es que los médicos, como funcionarios, tratan a los pacientes con muchísima frialdad y desdén. No hay absolutamente nada de lo que llamamos 'cuidados de al lado de la cama'. En vez de eso, son bruscos, desagradables, te dan órdenes como si fueran militares y no muestran ninguna simpatía. Parece que no escuchan a los pacientes y mantienen mucha distancia. Estuve en el hospital y me quejé porque ningún médico me vino a ver en 4 días, y entonces vino el médico inmediatamente para gritarme por haberme quejado. En fin…»
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Al final del listado se encuentran quienes en todas las democracias ocupan la cola de este tipo de clasificaciones: los políticos. Es conocido que el desprestigio de la política y, sobre todo, de los políticos, viene manifestándose desde hace mucho tiempo en todas las encuestas. Pero resulta evidente que un sistema democrático no puede funcionar sin políticos; la democracia requiere de instituciones fuertes, eficaces y respetables y de una clase política en la que los ciudadanos puedan confiar por su competencia, capacidad, credibilidad y liderazgo. Hoy parece que no es así...
 

domingo, 1 de julio de 2012

Buenas noticias entre tanto despropósito

Antes de la Reforma (27-3-2009). Foto: Reuters


Los hombres construyen demasiados muros y pocos puentes
Sir Isaac Newton

Entre tantos desastres económicos, recortes, “medicamentazos” y malas noticias, en esta semana hemos conocido la sentencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos por la que se declara constitucional la reforma sanitaria promovida por ley por el presidente Barack Obama, que permitirá que más de 30 millones de personas sin seguro de salud accedan a cobertura médica.

La Patient Protection and Affordable Care Act (ACA o Ley de Seguro Médico Asequible) ha estado en el centro del debate político desde que comenzó su tramitación en 2009; una ley muy controvertida, que obliga a todos los ciudadanos a suscribir un seguro de salud (el conocido como mandato individual) y que extiende los beneficios sanitarios para toda la población. Para los conservadores republicanos, la que denominan Obamacare ha sido siempre puesta como ejemplo del modelo supuestamente intervencionista y "socializante" que pretende imponer Obama, y la razón principal por la que es preciso derrotarle en las próximas elecciones presidenciales.
    
Aunque algunos apartados clave de la reforma sanitaria entraron ya en vigor en 2010 la ACA hará posible que 30 millones de ciudadanos de EEUU tengan a partir de 2014 un seguro médico, gracias a las medidas que se han ido adoptando desde 2010.  Los jóvenes que tengan menos de 26 años podrán seguir estando asegurados bajo las pólizas de sus padres. También gracias a la ACA, más de cinco millones de ciudadanos mayores de 65 años y con discapacidades han ahorrado una media de 635 dólares en medicamentos con recetas desde 2010 y ahora continuarán haciéndolo –antes de la ley los mayores debían de pagar una parte del coste de sus medicinas-.

Al anunciar la noticia, y con respecto al polémico ‘mandato individual’, Obama ha declarado:

“Hoy, el Tribunal Supremo ha mantenido el principio de que la gente que puede permitirse pagar un seguro médico debe aceptar esa responsabilidad y comprar uno. Esto es importante por dos razones: Primero porque cuando la gente sin seguro, pero que puede pagar uno, se pone enferma y acaba en urgencias, somos los demás los que acabamos pagando sus cuidados porque las compañías nos aumentan las primas. Y segundo, si les decimos a las compañías aseguradoras que tienen la obligación de cubrir a las personas con condiciones médicas preexistentes pero no se exige cobertura a quien no la tiene y puede pagarla, siempre existirá el que espere a ponerse enfermo para obtener un seguro, lo que de nuevo se traducirá en el incremento de las primas médicas de los demás”.

La mayor carga económica de la ley de Obama recaerá en la industria de la salud y en las compañías con más de 50 empleados que proveen de seguros médicos a sus trabajadores. Por lo que se refiere al consumidor individual, serán los americanos más acaudalados los que sufrirán la presión de la ACA. A partir del 1 de enero de 2013, se aplicará un impuesto del 3.8% para financiar la nueva legislación a los contribuyentes que declaren ingresos individuales de más de 200.000 dólares al año y a los matrimonios que conjuntamente declaren 250.000 y a los que por separado declaren 125.000.

Foto: JIM WATSON (AFP)

Además de este gravamen, a los ciudadanos que declaren ingresos de más de 200.000 dólares se les incrementará hasta un 0.9% el impuesto por Medicare (el programa que otorga desde los años sesenta asistencia sanitaria a los ancianos sin recursos). Las multas para el caso de que los ciudadanos rechacen acatar el mandato individual están diseñadas en tres escalas monetarias a aplicar a lo largo de tres años: En 2014, las familias tendrán que pagar 285 dólares o el 1% de sus ingresos (la cantidad que sea mayor) o 95 dólares si se trata de un individuo. En 2015 esas cantidades ascienden a 975 o el 2% y 325 dólares para el caso individual; y en 2016: 2.085 dólares o el 2,5% y 695 dólares para las personas que hacen declaración individual.

La reforma sanitaria dará solución a algunas de las más llamativas y flagrantes injusticias sociales de ese país, en lo que se refiere a la asistencia sanitaria, que hasta ahora solo era cubierta públicamente por los programas Medicare, (de asistencia sanitaria para los mayores sin recursos), Medicaid y la Veterans Health Administration.

Una excelente noticia, sin duda. Tal vez a partir de ahora los europeos no tengamos que preguntarnos (El mediodía de Barack Obama) cómo es posible que un país más rico que toda la Eurozona en su conjunto, deje sin seguro a 50 millones de sus ciudadanos, y presente unos deplorables indicadores de salud, enre los que su esperanza de vida ocupa el lugar 50 en el mundo y su mortalidad infantil el 41.

Pero también en una Tribuna publicada hace unas semanas en El País, (Construir y defender la Sanidad: Obama vs. Rajoyuna profesora de la Universidad de Castilla-La Mancha comentaba que no deja de ser paradójico que mientras en EEUU intentan ofrecer cobertura sanitaria a todos los ciudadanos estadounidenses, en España estamos asistiendo al desmantelamiento y deconstrucción del SNS

 

En fin, sobre este mismo asunto del espaldarazo judicial a la reforma sanitaria de Obama, que al mismo tiempo refuerza su candidatura para las elecciones, escriben también Sergio Minué y Miguel Ángel Mañez dos estupendas entradas en sus blogs: El Gerente De Mediado (La resolución del brécol) y Salud con Cosas (Obama ya puede respirar).

jueves, 28 de junio de 2012

Políticas y estudios sociológicos

 “…a los que estaban en lo cierto les faltó mucha convicción, mientras que los que estaban equivocados actuaron con una apasionada intensidad”.
Paul Krugman “¡Acabad ya con esta crisis!”

Una de las argucias dialécticas del “pensamiento único” consiste en dar por sentado que no hay alternativas a determinados planteamientos o puntos de vista, de tal manera que simples opiniones son presentadas como verdades absolutas o dogmas incuestionables. En el ámbito de lo público es frecuente comprobar cómo algunas medidas o propuestas de los gobiernos se presentan como políticas inevitables, a la vez que –de manera interesada- se justifican como la única alternativa posible. Pero no es así (afortunadamente). Casi siempre existen cursos de acción alternativos y la esencia de la acción pública es, precisamente, adoptar decisiones y elegir entre diversas opciones y vías para conseguir unos fines u objetivos concretos.

Definir qué es el interés público, es decir, el interés general y los valores que lo sustentan
en cada momento es una de las principales tareas de los responsables públicos, que deben dar respuesta además a las demandas y necesidades sociales. Por desgracia, nunca han existido recetas ni soluciones mágicas para este tipo de problemas; mucho menos ahora, en el marco de la grave recesión económica en la que nos encontramos, que ha planteado escenarios hasta ahora desconocidos e inéditos, ante los cuales sería más necesario que nunca contrastar diferentes formas de actuación política.

Es recomendable, por ello, comprobar cuáles son los resultados de aplicar unas u otras propuestas y alternativas, y resulta muy ilustrativo comprobar cómo la unanimidad absoluta se transforma en un más que saludable intercambio de pareceres y posiciones, que demuestra que existen otras formas de enfrentar la crisisque no pasan exclusivamente por los recortes y la austeridad a ultranza.

En la Sanidad el objetivo fundamental de las decisiones relacionadas con la atención (asistencia) sanitaria debería ser la elección de aquellas actuaciones que tengan una mayor probabilidad de alcanzar los mejores resultados para las personas a las que se destinan los recursos. Teóricamente, los pasos vendrían a ser los siguientes:

a)      Identificar las opciones o alternativas posibles.
b)      Calcular los resultados en salud, riesgos o beneficios y costes de cada una de las posibles alternativas de actuación.
c)      Comparar los resultados de las diversas opciones y seleccionar la que maximiza los objetivos previstos.

Pero a la vista de lo que está pasando, desde hace algún tiempo no estamos muy seguros de que realmente se está actuando así. Todo induce a pensar en improvisaciones, remiendos y ocurrencias...

Al tiempo que se retiran de la financiación pública más de 400 medicamentos de uso frecuente, parece que las autoridades sanitarias recomiendan sustituirlos por remedios o productos de carácter “natural” (“Volver a la botica de la abuela”), al margen de cualquier criterio científico ("Medicina basada en la evidencia").

En otro orden de cosas, en fecha reciente el Gabinete de Prospección Sociológica del Gobierno Vasco acaba de publicar los resultados de un interesante estudio sociológico sobre la situación de las instituciones del Estado del Bienestar en la Comunidad Autónoma.

El estudio explora la opinión de los ciudadanos vascos ante determinados aspectos relacionados con las políticas públicas de bienestar social: sanidad, educación, servicios sociales, pensiones, etc. También estudia sobre el grado de acuerdo con determinadas decisiones adoptadas por el Gobierno vasco, (como el recurso de inconstitucionalidad presentado contra las medidas de ajuste en Educación y Sanidad llevadas a cabo por el Gobierno Central), la opinión acerca del futuro de los servicios públicos y la protección social o la imagen que transmiten algunas Administraciones Públicas.

Puede ser un ejercicio interesante e instructivo comparar la opinión (y por tanto la actitud) de los ciudadanos vascos en esta materia, con algunas de las respuestas que vienen manifestando los ciudadanos a nivel estatal en las encuestas efectuadas por el CIS (barómetros), a las que nos hemos referido y que ya hemos comentado en algunas entradas anteriores (“Pesimismo social”, o “Sobre confianza y credibilidad”).

En general, los resultados de este estudio revelan una mayor confianza y una actitud más favorable y optimista frente a una situación que no deja de ser preocupante por incierta, y ante la cual el papel más relevante de los responsables públicos debería ser precisamente transmitir seguridad, generar confianza y disminuir incertidumbres, gestionando adecuadamente las expectativas de la población.

Así, a la cuestión sobre si la gente cree que en el futuro los servicios públicos y las políticas de bienestar mejorarán, seguirán igual o empeorarán, la respuesta varía de forma notable según el ámbito territorial por el que se le pregunta a la persona encuestada:

En España:
                        Mejorarán………..     9%
                        Seguirán igual…...  23% (El 32% creen que seguirán igual o mejorarán)
                        Empeorarán……..   64% (Casi las 2/3 partes creen que empeorarán)
                        NS / NC…………..     4%

En Euskadi:
                        Mejorarán………..  14%
                        Seguirán igual…..  38% (El 52% -20 puntos más- creen que seguirán igual o mejorarán)
                        Empeorarán……..  44%
                        NS / NC…………..  13%

En cuanto al futuro de algunas áreas concretas de protección social, los resultados son también significativos. En el caso de la Atención Sanitaria:

Para España, sólo el 29% considera que la atención sanitaria seguirá igual o mejorará, mientras que un 68% (más de las dos terceras partes), creen que empeorará.

Sin embargo, para Euskadi, un 55% (más de la mitad de los encuestados) manifiestan que la atención seguirá igual o mejorará, siendo del 44% el porcentaje de los que creen que la atención empeorará:
Porcentajes parecidos se repiten en todas las áreas encuestadas: servicios y ayudas sociales, sistema público de pensiones, compatibilidad de la vida social y familiar, protección al desempleo, acceso a la primera vivienda o sistema educativo público, con altos índices de aceptación y respaldo a las políticas que se están llevando a cabo en esta materia.

Existen por tanto otras fórmulas, otras opciones, otras alternativas para adoptar decisiones y gestionar en el ámbito de lo público, que no se basan necesariamente en los recortes…

Seguiremos atentos.


martes, 26 de junio de 2012

«Con la sanidad no se juega»

Foto: A ferro (Flickr)
“Lo que me molesta no es que me hayas mentido, sino que ya no puedo creer más en ti”.
Friedrich Nietzsche

A estas alturas resulta evidente que la precipitada “contrarreforma sanitaria” y los ajustes y recortes indiscriminados que desde hace unos meses vienen realizándose en todas las CCAA, están ocasionando un deterioro sin precedentes del Sistema Nacional de Salud (SNS). A pesar de los llamamientos y propuestas a la necesaria prudencia, al rigor en la toma de decisiones informada, a la aplicación de criterios de coste-efectividad en los recortes y en la (parece que inevitable y necesaria) “reasignación de recursos” o “desinversión”, el protagonismo y la participación de los profesionales brillan por su ausencia, siendo razones exclusivamente economicistas y fiscales las que parecen ser las decisivas y determinantes en las medidas que se están adoptando. Se echa en falta cierta dosis de transparencia, ya que en ningún momento se están argumentando o haciendo explícitas las razones que llevan a reorientar prioridades asistenciales o a suprimir la financiación de determinados programas, servicios o prestaciones cuyo objetivo debiera ser solo “desinvertir en lo que no añade salud sin dañar el sistema”.

Sin embargo, como sostiene J.R.Repullo en un reciente artículo que ya hemos comentado en una entrada anterior, (“Ética del racionamiento y la desinversión”), por razones éticas y de autonomía profesional, correspondería a los profesionales sanitarios asumir la desinversión activa en lo que no añade valor, o lo hace de forma muy residual. Y reasignar estos recursos hacia otras funciones, actividades o estrategias que permitan mantener y mejorar la salud de nuestros pacientes y ciudadanos.

Como es lógico, todo ello exigiría que las autoridades sanitarias deben hacer bien su trabajo; la regulación del sistema exige múltiples cambios […]; hacer política sanitaria implica un compromiso reformista y regeneracionista que poco tiene que ver con recortar o con culpar”.

En este difícil contexto, nos hacemos eco de una iniciativa que ponen en marcha en estos días las organizaciones sindicales con mayor representación en el sector sanitario: “CON LA SANIDAD NO SE JUEGA”. Se trata de una campaña que pretende recoger un millón de firmas en defensa de la Sanidad Pública y contra los perjuicios que el RDL 16/2012 ocasionará sobre el SNS.

Esta es la transcripción del Manifiesto de la Campaña:

La reforma sanitaria que el Gobierno aprobó tras el RDL 16/2012 es otro paso más en un objetivo perfectamente planificado que pretende situar al Sistema Nacional de Salud (SNS) en una situación que justifique su supuesta ineficiencia, y con ello posibilitar la entrada de la iniciativa privada y promover el doble aseguramiento sanitario. Al mismo tiempo que se quiebra el derecho a la universalidad de las prestaciones cambiando el derecho de ciudadanía por la condición de asegurado y bajo la justificación de la crisis económica, de la necesidad de ahorro y de no gastar lo que no se tiene, el Gobierno está tomando una serie de medidas que afectan a nuestros derechos básicos.

Las organizaciones sindicales más representativas del SNS (CSIF, FSP-UGT, FSS-CCOO y SATSE) hemos manifestado nuestra preocupación sobre las graves consecuencias que puede generar en la calidad asistencial y en la atención sanitaria un recorte tan brutal, que de inmediato va a generar desigualdades entre la población, además de empeorar las condiciones laborales de todos los profesionales.

Las medidas adoptadas por el Gobierno van a impedir el acceso a la tarjeta sanitaria a un importante número de inmigrantes que viven en nuestro país. La cartera de servicios quedará dividida en tres niveles: la financiada, la que se realiza con “repago”, es decir, con aportación del usuario, y la que será exclusivamente de pago. Por primera vez en nuestra democracia, 8 millones de pensionistas participarán en el copago farmacéutico y se incrementará la aportación de la mayoría de los usuarios.

Rechazamos las medidas del Gobierno de copagos y repagos que recaen en los más débiles, más enfermos y más mayores, así como los recortes en necesidades básicas sanitarias porque nos afectan a todos, y la salud no puede ser objeto de mercadeo.

El SNS es el servicio mejor valorado por la ciudadanía, es uno de los sectores generadores de empleo del país, con gran calidad de profesionales y, además, tiene uno de los mejores resultados de salud entre los países desarrollados. Para que siga siendo así, proponemos:

1. Incrementar y mejorar los servicios públicos sanitarios del SNS porque está en juego la salud de la ciudadanía.

2. Reformar la gestión del SNS orientándola a una óptima eficiencia y efectividad en la atención sanitaria, sin adoptar medidas estrictamente económicas que recaigan en usuarios y profesionales.

3. Proteger y cuidar a los profesionales sanitarios, fuente principal de excelencia del SNS.

4. Potenciar el consenso, mediante el diálogo y la negociación, con los interlocutores sociales que representan a las trabajadoras y trabajadores.

5. Apostar por la coordinación sanitaria y sociosanitaria, y realizar mayor inversión en Atención Primaria, porque generará un ahorro a medio plazo en todo el SNS.

Se puede firmar para apoyar la campaña en cualquiera de los siguientes enlaces:




Y por si alguien cree que las cosas no están mal del todo, pueden leer los comentarios y el punto de vista de un 'desengañado' facultativo, Jefe de la Unidad de Radiología intervencionista del Hospital Virgen de la Salud de Toledo, en la carta remitida a un medio de comunicación en días pasados…

Bien. Pues así es como están las cosas.
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