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lunes, 20 de febrero de 2012

Crisis, equipos y confianza

Enfermeras del Sternberg Hospital, Chickamauga Park (Georgia). Agosto, 1898


“Los que obran bien son los únicos que pueden aspirar en la vida a la felicidad”.

Aristóteles
(Un post para la iniciativa II 24h-24p – cuidando.es)

Nos movemos en una sociedad cada vez más fragmentada, con menores vínculos morales, una sociedad más “líquida” según la terminología introducida por Zygmunt Bauman, cuyas características son la precariedad y la incertidumbre constantes. Una sociedad que se corresponde hoy con aquella vieja “sociedad del espectáculo” descrita por Guy Debord, y con la denominada “sociedad del riesgo” de Ulrich Beck, en la que el viejo mundo de los certeros conquistadores ha dado paso a un futuro (actual) incierto de “cartógrafos de lo movedizo”. Una sociedad, finalmente, en la que, según explica Gilles Lipovetsky, la idea de responsabilidad (considerada como “sentido del deber”) ha entrado en declive, dando lugar -de forma simultánea- a una cierta atrofia o “crepúsculo del deber” y a una hipertrofia en la exigencia de los derechos, cada vez más cuestionados y restringidos. La crisis y gran recesión en la que estamos sumidos no hacen sino agudizar este fenómeno.


En una entrada anterior nos referíamos a algunas de las características y cualidades que en este difícil contexto actual deberían tener o cultivar los nuevos líderes y responsables de equipos y organizaciones. Una de las más importantes, sin duda, es la de generar y mantener la confianza en las personas de la organización.

El concepto y la idea de confianza tienen que ver y están relacionados en general con la verdad, la fiabilidad, la credibilidad, la fidelidad, la lealtad, la sinceridad, la capacidad para mantener y cumplir con las promesas y la palabra dada. Y no podemos olvidar que en las organizaciones actuales, basadas en el conocimiento, precisamente la lealtad, la inteligencia, la creatividad y el aprendizaje compartido son sus activos más valiosos.

En uno de sus libros más “estimulantes”, (La confianza. En su ausencia no somos nadie. Plataforma Editorial. Barcelona, 2007), cuya lectura es muy recomendable para estos tiempos grises, Albert Jovell se refiere a la confianza como una necesidad emocional que se expresa de forma racional y nos permite establecer relaciones sociales, y que identifica los valores de las personas, las organizaciones y los gobiernos: “La clave de la confianza está en el compromiso con el humanismo, con los demás y con las organizaciones. Es una cuestión de actitud”.

En tiempos de crisis un buen líder tiene claras unas cuantas cosas para sobrevivir y tener éxito (no solo él, sino también su equipo). Algunas de estas ideas y recomendaciones, (entresacadas de aquí y de allá), serían las siguientes:


-          Reconocer las situaciones difíciles y compartirlas con su equipo.
-          Establecer objetivos claros e indicar sin ambigüedad hacia dónde hay que empujar para no desperdiciar talento y recursos. Y ser el primero en dar ejemplo.
-          No tira nunca la toalla. No renunciar nunca a los objetivos por muy difíciles que sean. Un buen director de equipo resiste y pide resistencia.
-          Respetar siempre a las personas (si no trata con respeto al equipo, perderá autoridad y se quedará solo).
-          Dar confianza y facilitar el empowerment de los equipos.
-          Estimular incansablemente hacia el logro, así la autoestima de los equipos crece.
-          Saber reconocer y recompensar: todo el mundo necesita reconocimiento, en cualquier nivel jerárquico, (y el reconocimiento emocional es, a veces, tan poderoso como el económico).

Con frecuencia las mentiras se construyen para soportar el pasado, pero las verdades resultan fundamentales para encarar el futuro.

En un contexto sanitario que no deja de ser (cada vez más) inquietante, resulta interesante recordar que en las encuestas de opinión, que con cierta periodicidad realizan las organizaciones sanitarias para valorar la satisfacción y la calidad del servicio percibida por los pacientes, se interroga no solo acerca de la eficacia y la capacidad, (es decir la competencia y los conocimientos), de los profesionales para realizar bien su trabajo. Uno de los aspectos relevantes sobre el que también se pregunta habitualmente está relacionado precisamente con la confianza y la seguridad que transmiten los profesionales de los cuidados.


En el caso de los profesionales de enfermería, las preguntas que habitualmente se hacen (grado de conformidad o disconformidad) tanto en atención primaria como en atención especializada (hospitalización, consultas externas y urgencias) tienen que ver con:

·         Preparación o capacitación del personal de enfermería para realizar su trabajo (competencia técnica, conocimientos y profesionalidad)
·         Confianza y seguridad (credibilidad que transmite)
·         Amabilidad y cortesía (trato respetuoso y correcto)
·         Respeto por la intimidad
·         Interés y disponibilidad
·         Apariencia y aspecto del personal de enfermería
·         Información que le proporciona el personal de enfermería (comunicación)
·         Eficacia y resolución de sus cuidados de salud

Todo ello tiene que ver con las expectativas, con la atención y los cuidados. Sabemos que lo que los pacientes desean es una atención personalizada; quieren ser escuchados y desean información y explicaciones comprensibles. Quieren que se les realice una historia clínica y un reconocimiento físico minuciosos, es decir, cercanía y proximidad. No solo quieren hablar sobre síntomas y enfermedades, también quieren que se les dé una opinión clínica sobre sus causas últimas. Quieren competencia técnica, pero también apoyo emocional. Quien satisfaga esos deseos ganará un aliado leal y proactivo, una asociación basada en objetivos de salud comunes y compartidos. Y en este perfil, hoy encajan mucho mejor los(as) enfermeros(as) que los médicos…

Por ello, la concepción de profesionalidad existente debe superar su tendencia actual hacia el reduccionismo técnico, en favor de un modelo de profesionalidad cívica, humanista, de servicio a la comunidad. Incorporar esa ética virtuosa a la práctica, pasando del conocimiento (solo) teórico a la praxis cotidiana, contribuyendo a generar CONFIANZA, como un valor básico de las relaciones entre (todos) los profesionales y los pacientes, que suponga la existencia de expectativas recíprocas entre las partes.

En los nuevos equipos y organizaciones profesionales tiene que predominar la acción frente a la planificación, la libertad frente a la rigidez, la (estructura en) red frente a la jerarquía y la confianza frente al control.

Y aunque no hay reglas únicas, porque no hay dos equipos o proyectos iguales, hay algunos principios que no suelen fallar: reconocer la adversidad; establecer objetivos claros; nunca tirar la toalla; respetar siempre a las personas; otorgar confianza y reconocimiento, y centrarse en los resultados.

Hace unos meses, mi amigo @JuanRíosLaorden me hacía llegar la que consideraba una buena formulación para el sistema sanitario: enfermos responsables, sanitarios implicados y gestores honestos…

Pues eso, a ponerlo en práctica.
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martes, 14 de febrero de 2012

Pesimismo social

    Protesta frente al Hospital La Paz de Madrid. Enero, 2012. Foto: Álvaro García

No hay nada que pueda compararse con el valor de las gentes normales, cuyos nombres son desconocidos y cuyos sacrificios pasan inadvertidos.
Premio Nobel de la Paz, 1991

Como se sabe, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) es un organismo autónomo dependiente del Ministerio de la Presidencia. Entre sus funciones se encuentra la de recoger los datos necesarios para realizar estudios en ámbitos muy diversos, desde la evolución de la opinión pública a la investigación aplicada. Es conocido principalmente por la realización de encuestas que permiten avanzar en el conocimiento científico de la sociedad española y su evolución a lo largo del tiempo.

Los barómetros son encuestas de opinión que, con periodicidad mensual, se realizan para hacer el seguimiento de las opiniones y actitudes de la sociedad española ante distintas situaciones o acontecimientos de la actualidad. Para ello, se entrevista a una muestra  de unas 2.500 personas elegidas al azar dentro del territorio nacional. Además de sus opiniones se recoge una amplia información social y demográfica para su análisis.

Algunas preguntas de los barómetros se vienen repitiendo con una periodicidad más o menos fija, lo que da lugar a las correspondientes series temporales, pues se obtienen mediante una metodología similar y las cifras resultan comparables a lo largo del tiempo.

Una de las preguntas que se repite es la valoración acerca de cuáles son los tres principales problemas que existen actualmente en España, según la percepción de los ciudadanos en cada momento. El paro, los problemas de índole económica y la clase política, -los partidos políticos-, son percibidos como los tres primeros problemas en orden decreciente.

Hace justo un año, en el barómetro del mes de febrero de 2011 la sanidad aparecía citada en un 2.9 % de las ocasiones por los encuestados, lo que la situaba en un orden decreciente como el problema número 14. Un año más tarde, en el barómetro de enero de 2012, la sanidad aparece situada en el quinto lugar de las preocupaciones de los encuestados, que lo citan en un 8.1 % de las veces.

Pero hay más. Otra de las preguntas de este mismo barómetro del mes de enero es la siguiente:

A continuación voy a citarle una lista de temas que preocupan hoy a la gente. ¿Cree Ud. que cada uno de estos problemas, durante el año 2012 mejorará o empeorará?


Como se ve, no deja de resultar (muy) llamativo que más de un 55 % de la población considere que la asistencia sanitaria estará mucho peor dentro de 12 meses, (y que empeorará aún más que otros problemas tan serios como el paro, la vivienda, la educación, las pensiones o la inseguridad ciudadana).  

¿Cuáles son las razones de que se haya instalado este clima de pesimismo social? ¿Por qué esta preocupación por la asistencia sanitaria y el futuro de la misma?

Un breve repaso a algunas de las noticias sobre sanidad aparecidas en los medios de comunicación tan solo en los últimos siete días, puede dar algunas pistas:

7 de febrero

·    Ana Mato y Feijóo piden “medidas valientes” para salvar la sanidad pública. El presidente advierte de que “hay más problemas que nunca”. [Ignoramos a qué se refieren esas “medidas valientes”].

8 de febrero

·    Los médicos de Castilla y León irán a la huelga contra el aumento de jornada. Los paros, de jornada completa, comienzan el 28 de febrero y durarán 11 días.
·    El Hospital de La Seu d’Urgell opera antes a los pacientes de pago que a los públicos: Una mujer se salta siete meses de lista de espera al recurrir a un seguro privado.

9 de febrero

·    Los recortes abren una sanidad a dos velocidades en Cataluña: Los ajustes llevan a los hospitales a operar antes a los pacientes dispuestos a pagar.
·     La dualización sanitaria ya está aquí. Artículo de José Ramón Repullo.

10 de febrero

·     Enfermo, en el pasillo y sin manta: El servicio de urgencias del hospital Sant Jaume de Calella tiene a los pacientes en camillas y tapados con toallas.

11 de febrero

·    Castilla-La Mancha entrega cuatro hospitales públicos al sector privado. La entrega de porciones de la sanidad pública al sector privado mediante concesión administrativa sigue ganando adeptos.

12 de febrero

·    Caridad en la sanidad pública: Un médico del sistema público opera gratis a una paciente en una clínica privada. El hospital habría tardado más de dos años en intervenirla (aunque el alquiler del quirófano le ha costado a la enferma 1.200 €).

13 de febrero

·    Las quejas por retrasos en la sanidad pública se duplicaron en 2011. El ‘Síndic de Greuges’ registró el año pasado el doble de quejas por retrasos en las listas de espera de la sanidad en 2011 respecto al año anterior.

14 de febrero

·     Los médicos se rebelan ante los recortes. Un manifiesto de los colegios profesionales de médicos reafirma su compromiso de impedir que afecten a la atención a los pacientes.
·    Una carta de un facultativo, en la que explica cómo le afectan las “medidas de austeridad”.

Como se ve, una semana da para mucho. A la vista de este amplio muestrario (de horrores), inimaginable hace solo unos meses, parece razonable y lógica esta preocupación ciudadana. Cada vez son más los que creen que se están desmontando, pieza a pieza, los sistemas de protección pública, tal como los hemos venido conociendo hasta ahora…Tal vez debiéramos buscar antídotos contra esta obstinada realidad…

domingo, 12 de febrero de 2012

Elogio de la duda


“Se oye a menudo que el personal de las organizaciones se resiste al cambio. En realidad a lo que se resiste la gente no es al cambio, sino a que se le impongan determinados cambios”.
Fritjof Capra
 The Hidden Connections (2002)


“Cambio” y “liderazgo” son, seguramente, los dos términos más ampliamente utilizados en la literatura sobre management y gestión empresarial en los últimos 25 o 30 años. Impulsados desde consultoras, empresas y escuelas de negocio, se han convertido y siguen siendo el tema dominante de cursos, seminarios, jornadas y encuentros para ejecutivos y directivos de empresas y organizaciones de toda clase y condición.

Por un lado el cambio acelerado de una sociedad impaciente y centrada en lo inmediato, en la que “nada es a largo plazo”. Un principio que, como pusiera de manifiesto Richard Sennett en su ensayo La corrosión del carácter,  corroe la confianza, la lealtad y el compromiso mutuos en un tiempo fragmentado, desarticulado y flexible. Hablar hoy de la extraordinaria complejidad, ambigüedad e incertidumbre del actual entorno organizativo y empresarial es una especie de lugar común que viene a reconocer que solo el cambio permanece en un contexto en el que, como dijo alguien de forma cínica pero muy gráfica: “si no estás confundido, no sabes lo que está ocurriendo”... 


Por otro lado el liderazgo, (una palabra prestigiosa, pero sin duda un tanto excesiva y con ciertas connotaciones o tintes autoritarios en castellano), que se refiere a las cualidades del responsable, jefe, o director de un proyecto, empresa u organización, que debe orientar sus esfuerzos y su capacidad de influencia hacia el logro de unos objetivos concretos, estableciendo la visión, misión y los valores que inspiran su trabajo. Ha sido objeto de numerosos estudios, tanto en el ámbito público como privado, en campos tales como la política y la administración, la economía, el mundo de la empresa y las finanzas, la educación, la sanidad o los deportes.


Warren Bennis (n. 1925), uno de los más reconocidos expertos en liderazgo y administración de negocios, sostiene que el liderazgo es precisamente la capacidad de transformar la visión en realidad y que la meta de un líder no es una mera explicación o aclaración, sino la creación de significado.

En dos viejos artículos aparecidos en la Harvard Deusto Business Review“El fin del liderazgo” (HDBR nº 95, marzo-abril, 2000) y “Liderar en momentos de desconcierto” (HDBR nº 107 marzo-abril, 2002), expone sus ideas sobre un entorno difícil (cuya complejidad e incertidumbre no han hecho sino incrementarse en los últimos años) y desgrana una serie de consejos y claves para los líderes, (jefes, responsables o directivos de esta época).

En primer lugar debería estar claro a estas alturas que las organizaciones (todas) necesitan un nuevo tipo de alianza entre sus líderes y los profesionales que forman parte de ellas. Las organizaciones actuales evolucionan hacia [son] redes federativas, conglomerados, equipos inter(multi)disciplinares, sistemas temporales, grupos de operaciones ad hoc, módulos, parrillas, matrices, “prácticamente cualquier cosa”, excepto las viejas estructuras piramidales con su obsoleto liderazgo de arriba abajo.

El nuevo tipo de líder –dice Warren Bennis- fomenta la crítica sana y los valores de los seguidores lo bastante valientes para decir “no”. Este nuevo jefe disfrutará con las diferencias culturales y sabrá que la diversidad es la mejor esperanza de supervivencia y éxito a largo plazo.

En su opinión, las cuatro competencias que condicionarán y determinarán el éxito del “nuevo liderazgo” son las siguientes:

1.    El nuevo jefe comprende y pone en práctica el “poder de la valoración”. Es conocedor del talento, es más un conservador que un creador. Reconoce el talento y no teme seleccionar o contratar a personas mejores que él. Rara vez es el mejor o el más inteligente en las nuevas organizaciones.

2.    El nuevo jefe recuerda continuamente a su personal qué es lo importante. Las organizaciones caen en la entropía y la burocratización de la imaginación cuando olvidan su misión. Recordar a las personas los fines y la misión de la organización puede dar sentido y valor al trabajo.

3.    El nuevo jefe genera confianza y la mantiene. "Confianza" es una palabra pequeña pero con connotaciones poderosas. Sus ingredientes son una combinación de competencia, constancia, atención, imparcialidad, franqueza y autenticidad. El lema que resume todo ello es: “haz lo que dices".

4.    El nuevo jefe y las personas de la organización son aliados íntimos y no tienen la voz más fuerte, sino el oído más atento.

Estilos de liderazgo

Algunas claves del liderazgo:

·    Piense en términos de “generalista profundo”, no de “especialista”.
(Un generalista es mejor definiendo el problema o los objetivos mientras que los especialistas lo son resolviéndolo o ejecutando el plan. Se necesitan “nuevos generalistas” que, en lugar de dominar totalmente diversas especialidades, sirvan de nexo entre áreas de conocimiento y enriquezcan el trabajo de los especialistas de diferentes grupos).

·    Piense en términos de “biología aplicada” y “sistemas vivos”, no de “ingeniería” y “mecánica”. Esta metáfora es más apropiada para las organizaciones actuales, basadas en el conocimiento, en las que la lealtad, la inteligencia y la creatividad son los activos más valiosos.

·     Anime a los demás a crear un sentido para sí mismos en el trabajo.

·    Siga el consejo del experto en comportamiento organizacional Karl Weick y opte por la brújula mejor que por los mapas.

·    Recurra en igual medida a la forma de pensar de las personas que empiezan y a la experiencia.

·    Ponga en duda las calificaciones, las mecánicas y las reglas y piense en la “improvisación” y en la “suerte”.

·    La vulnerabilidad y la búsqueda del aprendizaje son más importantes que la certidumbre (que es imposible).

·    El acrónimo que impera en las organizaciones actuales no es COP (controlar, ordenar y predecir), sino ACA (alinear, crear y adaptar).

·    Siga el consejo de John Keats y experimente la duda. Cuando escribía a sus hermanos en 1815 sobre los motivos por los que admiraba a Shakespeare, Keats afirmaba que una de las cualidades más importantes de Shakespeare era la capacidad negativa (“cuando un hombre es capaz de tener incertidumbres, misterios, dudas, sin buscar exasperadamente los hechos y la razón”).
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En una de las últimas entradas de su blog El gerente De Mediado, Sergio Minué explicaba que la Dra. Iona Heath, Presidenta del Royal College of General Practitioner, considera que “para lidiar con la incertidumbre que nos rodea, debemos pertrecharnos de cinco valores esenciales: coraje, alegría, curiosidad, imaginación y de forma fundamental, duda, puesto que es la duda la fuente de toda sabiduría y libertad. La duda aislada, sólo genera cinismo; la duda acompañada de esperanza produce en cambio un sano escepticismo".

En resumen, se trata de preguntarnos continuamente “¿qué pasaría si…?”.
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Mucho más sobre liderazgo (también en el ámbito sanitario) en los siguientes blogs:

jueves, 9 de febrero de 2012

“Enfermedad social" (?)

                                                                                              Foto: Sergei Ilnitsky (EFE)


“Guió don Quijote, y habiendo andado como doscientos pasos, dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dijo: -Con la iglesia hemos dado, Sancho.”
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Vol. II, Cap 9

El art. 103 de la Constitución Española establece que la Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la Ley y al Derecho. Recoge además que la Ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos, el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad, las peculiaridades del ejercicio de su derecho a sindicación, el sistema de incompatibilidades y las garantías para la imparcialidad en el ejercicio de sus funciones.

En el momento actual esta norma es la Ley 7/2007, de 12 de abril, del Estatuto Básico del Empleado Público. En ella se reconocen, como fundamentos de la actuación de los empleados públicos, los del servicio a los ciudadanos y a los intereses generales, que vienen garantizados, entre otros, por los siguientes principios: igualdad, mérito y capacidad en el acceso y en la promoción profesional; sometimiento pleno a la Ley y al Derecho; objetividad, profesionalidad e imparcialidad en el servicio garantizadas con la inamovilidad en la condición de funcionario de carrera; el desarrollo y cualificación profesional permanente de los empleados públicos, así como la transparencia, la evaluación y responsabilidad en la gestión.


A estas alturas (casi) resulta ocioso señalar que la Administración Pública constituye un elemento esencial en las sociedades modernas, determinante de su desarrollo económico, social y cultural, de su nivel de cohesión ciudadana y del grado de desarrollo efectivo de los derechos y libertades individuales y colectivos.

En la mayoría de los países desarrollados y en las sociedades democráticas y avanzadas la existencia de un sector público eficaz es vital para garantizar la prestación de unos servicios y prestaciones que se consideran básicas para satisfacer determinadas necesidades e intereses generales de los ciudadanos, cumpliendo una función económica y/o social (educación, sanidad, vivienda, transporte, comunicaciones, etc.). En este sentido, una buena gestión financiera, una eficiente administración pública y la política administrativa, una recaudación justa y equitativa de impuestos, operaciones transparentes y libres de corrupción, (lo que se identificaría en términos generales con el “buen gobierno” de las instituciones), contribuyen a una buena prestación de servicios públicos.

A pesar de todo, desde hace décadas, casi desde el “Vuelva usted mañana” de Mariano José de Larra,  la opinión pública y los medios de comunicación han venido reproduciendo una serie de lugares comunes y estereotipos que asocian la imagen del funcionario con la caverna, con gente gris, mediocre, con pocas expectativas, con un trabajo rutinario y una paga escasa aunque segura…

En fechas cercanas, como consecuencia de la crisis económica y de la gran recesión en que nos encontramos, parece que desde determinados sectores se intenta desprestigiar a los empleados públicos ante los ciudadanos, afirmando que son muchos, trabajan poco, no son productivos y tienen un estatus privilegiado por contar con un empleo estable. Los datos internacionales comparados indican justamente lo contrario, aunque se pretende generar un cierto clima de hostilidad e incluso beligerancia hacia la función pública, con algunas declaraciones que son auténticas “perlas”.


Las manifestaciones más recientes han sido por cuenta del arzobispo de Granada, un personaje cuya trayectoria pública es bastante controvertida. En el transcurso de la homilía de la festividad de San Cecilio, afirmó: “Querer ser funcionario es una enfermedad social”

"Hay que cambiar la mentalidad de ser un pueblo subsidiado, que siempre busca la solución en que me solucionen otros el problema".

Recordando las encuestas que hizo entre estudiantes universitarios cuando estaba recién nombrado obispo, continuó diciendo que “…un porcentaje muy alto, cercano al ochenta por cierto, de los chicos buscaba ser funcionario. Eso es una enfermedad social" [sic].

También señaló que, desde que ha empezado la crisis, la sociedad es heredera de una "cierta tradición paternalista", en la que todos esperan que los problemas los resuelvan las autoridades. Por todo ello, apostó por un "cambio de cultura", lo que a su juicio también tiene que ver con la fe, y una "cierta capacidad de riesgo" que sería necesario recuperar como signo de la identidad cristiana [sic]. Como era de esperar, sus palabras han dado lugar a otras reacciones.


De poco prudente, escasamente caritativa y generosa puede calificarse la trayectoria pública de este monseñor, cuya propia página Web recoge toda su peripecia y andadura con una enjundia no exenta de cierta vanidad y soberbia, (impropias seguramente de un pastor de la Iglesia).

Se trata de uno de los prelados más controvertidos de la Iglesia en Andalucía. Cuando se implantó la asignatura de Educación para la Ciudadanía hizo una llamada a la 'desobediencia civil'. Ya en 2007 se convirtió en el primer prelado de la Iglesia católica en ser enjuiciado y condenado en un tribunal civil por coacciones e injurias a un sacerdote que había escrito un libro al que retiró el apoyo de la archidiócesis en cuanto tomó posesión de la sede. Con cierta periodicidad ha protagonizado notables polémicas con declaraciones como la de atribuir la extensión del virus del sida en África al empleo masivo de preservativos. Más palabras que dañan, hieren e incluso matan...

Cabría pensar que todo esto forma parte de una cierta estrategia u operación de distracción ante otros problemas bastante más graves y preocupantes en los que se encuentra ‘empantanada’ la jerarquía eclesiática, como reflejan algunos titulares de prensa: “Las mismas manos que abusaban de mí me daban de comulgar”.

Y es que algunos parecen creer que ser bueno consiste en arrepentirse del mal que causan…


Tal vez no esté de más recordar que son funcionarios o empleados públicos la gran mayoría de los profesionales de la salud, como médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, técnicos, (y tantos otros(as) en el ámbito sanitario), también los epidemiólogos, veterinarios y técnicos de salud pública; los empleados del registro civil y de los ayuntamientos más pequeños, los bomberos, policías, los maestros, profesores o catedráticos de Universidad; el personal de salvamentos, rescates o emergencias, los jueces, fiscales, abogados del Estado, notarios y registradores; los estadísticos, los empleados del Banco de España, los militares y la Guardia Civil; el cuerpo diplomático, los técnicos comerciales del Estado o los miembros del Centro Nacional de Inteligencia…

¿Alguien se imagina un país desarrollado sin estos empleados públicos?

Precisamente dos reconocidos expertos en el campo de la administración pública (en lo que dio en llamarse “gobierno empresarial”), David Osborne y Peter Plastrick en su libro La reducción de la burocracia: Cinco estrategias para reinventar el Gobierno (Barcelona, Paidós. 1998) tras desarrollar sus tesis y propuestas estratégicas para la “reinvención del gobierno”, llegan a la siguiente significativa conclusión:

“En una sociedad que desdeña a los funcionarios por considerarlos burócratas holgazanes y egoístas, resulta difícil (no imposible, pero sí difícil) crear una cultura de corte empresarial, centrada en el cliente y dedicada a la consecución de resultados. Si queremos tener semejantes organismos, debemos comenzar por tratar a nuestros funcionarios con respeto. Esto exigirá la asunción de unos cambios enormes por parte de nuestros políticos, nuestros medios de comunicación y nuestros ciudadanos. Pero hubo una época en la que la profesión de funcionario era considerada hermosa y no hay motivo por el que no pueda ser considerada otra vez de ese modo. La verdad es que la mayoría de los funcionarios son individuos trabajadores y entregados. Como ya hemos dicho antes en muchas ocasiones, la mayoría de los funcionarios son buenas personas atrapadas en los sistemas. Si podemos cambiar estos sistemas y demostrar que el gobierno puede “generar excelencia”, quizá incluso los medios de comunicación se muestren dispuestos a renunciar a sus chivos expiatorios favoritos y reconocer el valor de la calidad cuando la vean”.

En fin, una vez más podría aplicarse aquí sin duda la conocida frase de Manuel Azaña en la que sostenía que: 'Si los españoles hablaran solo de lo que saben, se haría un gran silencio nacional que podríamos aprovechar para estudiar'.

domingo, 5 de febrero de 2012

Palabras que dañan

Hace unos días, en la presentación de una Jornada sobre "Reorientación del Sistema Sociosanitario ante el reto de la Cronicidad”, que tuvo lugar en el Hospital de la Princesa, en Madrid, la Viceconsejera de Asistencia Sanitaria tuvo una desafortunada intervención. Sus declaraciones aparecieron recogidas en Diario Médico con un polémico titular: "¿Tiene sentido que un crónico viva gratis del sistema?"

Lo que inicialmente podría haber sido una simple declaración más o menos protocolaria o institucional, se ha convertido en un pequeño incendio cuyos ecos –en términos más llamativos y alarmantes- han alcanzado la prensa no especializada y las redes sociales varios días después: “La Sanidad madrileña plantea límites a la asistencia a crónicos”.

El impacto y la repercusión de sus palabras puede verse en los (duros) comentarios aparecidos en la edición digital de ese diario de información general.


En unos momentos como los que vivimos, es difícil saber si este tipo de declaraciones, comportamientos y actitudes forman parte de una estrategia deliberada, son una provocación, una ingenuidad o una simple estupidez (el Principio de Hanlon que podríamos considerar como una versión jocosa de la navaja de Occam, establece: “Nunca le atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez”). Desde luego no parecen las más oportunas y es seguro que constituyen una gran “metedura de pata” de un responsable público.

En su excelente ensayo “Ejemplaridad pública” (Taurus, 2009), explica Javier Gomá  la importancia del ejemplo personal de gobernantes, políticos y administradores de lo público sobre la ciudadanía en general:

“Ellos, sus mismas personas y vidas, son, de hecho, lo quieran o no, ejemplos de una extraordinaria influencia social”. […] “El alcance de sus actos, no se restringe al ámbito limitado y parcial de sus relaciones personales, sino que irradian un efecto general. El desarrollo de los medios de comunicación de masas, que alimenta la demanda de una curiosidad vulgar hacia la intimidad de las celebridades, favorece la divulgación de sus estilos de vida y, en consecuencia, el impacto de su ejemplo aumenta exponencialmente”. […] “A diferencia de los demás ciudadanos, que pueden hacer lícitamente todo lo que no esté prohibido por las leyes, a ellos se les exige que observen, respeten o al menos no contradigan el plexo de valores y bienes estimados por la sociedad a la que dicen servir y que son fundamento de un ‘vivir y envejecer juntos’ en paz”.

Se espera de los gobernantes, de los directivos y cargos políticos del gobierno y de las instituciones públicas ciertas dosis de capacidad, competencia, responsabilidad, prudencia, moderación y ejemplaridad. Y, sobre todo, cuando se trate de responsables sanitarios, que sus declaraciones y las palabras que salgan de sus labios generen confianza, y no dañen… Se trata de trasladar el principio bioético de no maleficencia, Primum non nocere, también al discurso político sanitario.

Frente a estas "palabras que hieren, e incluso matan", como decía Joan Carles March en su blog “Sombreros de colores” hace unas semanas, están esas otras palabras ‘mágicas’: #palabras que curan, que facilitan y que ayudan, palabras taumatúrgicas, “que buscan el encuentro, la confianza, el diálogo, la transparencia, la cercanía; en definitiva, la comunicación…”

¿Saben de verdad lo importante que son las palabras y el lenguaje?

viernes, 3 de febrero de 2012

Sobre el quehacer médico en el s. XVII

Según refiere Luís Sánchez Granjel en su Historia General de la Medicina Española, durante el s. XVII desempeñaron funciones y actividades de curación y atención sanitaria un abigarrado conjunto de “profesionales” que abarcaba desde médicos o “físicos” con título universitario (bachilleres, licenciados o doctores), cirujanos “latinos” (universitarios) o cirujanos-barberos “romancistas” (no universitarios), hasta parteras (“comadres” o “madrinas”) y curanderos. Se incluyen aquí empíricos hábiles en el ejercicio de prácticas terapéuticas concretas, como “algebristas” especializados en el tratamiento de fracturas y dislocaciones, hernistas o “sacapotras”, sacadores de piedras o “litotomistas”, y hombres y mujeres que prestigiaban sus conocimientos no librescos con ingredientes mágicos y recursos supersticiosos e invocaciones demoníacas o milagreras.

Con este panorama, en ocasiones resultó inevitable el enfrentamiento de los profesionales con título universitario y los empíricos, cuya actividad (digamos que por “intrusismo profesional”) era denunciada para su represión ante el Tribunal del Protomedicatoúnica institución que autorizaba para el ejercicio profesional a través de un examen de suficiencia.

De cualquier forma, en el libro Perfecto praticante Médico y nueva Luz de fácil enseñanza, publicado en 1677, el toledano Antonio Trilla Muñoz recomendaba a sus compañeros de profesión:

“No tengas pendencias, ni desaçones con Boticarios, Cirujanos, Sangradores, Potreros, Algebristas, Destiladores, Montabancos, Garlatores, Balsamoros, Comadres, Desaojaderas, ni otros; porque no has de remediar nada, y te han de deshonrar, y quitar el crédito; ellos no se han de enmendar, ni la justicia ha de hazer viva diligencia, porque  ellos son los primeros que los llaman, los aplauden, y regalan, y que darán pie a la conversación contra ti”.

También el médico cordobés Francisco Leiva y Aguilar, en su obra Desengaño contra el mal uso del tabaco (1634), hace un completo retrato del perfecto médico:

“…importa que tenga puro y buen sentido para sentir, conocer y advertir; clara y perfecta estimativa, para apreciar, distinguir e inventar; fácil y tenaz memoria, para aprender, retener y ofrecer; aguda vista, vivo olfato, tacto esquisito, gusto en curar, cuidado en visitar, perseverancia en estudiar, estudiante desde que nació y estudiante hasta que muera. Ha de ser piadoso para que se compadezca; animoso para que se reporte; retórico, para que persuada; afable para que anime; limpio para que aliente; prudente para que disponga; grave sin pesadumbre, y ligero sin liviandad; que sepa sufrir necios, llevar trabajos y guardar secretos; no ha de ser muy mozo por la falta de experiencia; no muy viejo por la de memoria; no iracundo, no arrogante, no adulador, no avariento, no invidioso, no precipitado, no tímido ni tardo en el mal agudo, ni agudo en el mal tardo; y finalmente, siendo todas cosas para todos, requiere tener tantos noes, y carencia de pasiones muy asidas y usadas, y hallarse con tantos síes, y propiedades de las que se ven juntas en pocos, que como dice Galeno, importa, que los médicos sean semejantes a los ángeles”.

Muchos de estos consejos podrían considerarse sin duda vigentes y serían muy  recomendables para estos tiempos grises que corren…

Diego de Aroza, en la que es su única obra, Tesoro de las excelencias y utilidades de la Medicina. Y espejo del prudente y sabio médico (1668), considerada como uno de los primeros textos de historiografía médica y ética profesional compuestos en España, ofrece también a los médicos unas normas que les sirvan de guía en su trabajo profesional. Proclama la importancia de las cualidades morales que deben adornar al buen médico y de cómo su comportamiento profesional ha de gobernarlo la prudencia y se acompañará esta virtud de saber y práctica; “el médico –afirma- para ejercer su facultad con método racional necesita la ciencia, y experiencia […]; el vulgo suele decir: Médico viejo, y Cirujano moço. Si bien, yo acostumbro a afirmar, que Médico viejo, hase de entender en ciencia, experiencia y prudencia, y no en la edad; y que la prudencia con la ciencia, suple mucho el defecto de la experiencia”. A estas condiciones deben acompañarle una serie de cualidades morales: “Para tener buen sucesso el Médico en curar sus enfermos, que es su fin, no sólo ha de ser científico, sino […] humilde y virtuoso”; “no sea envidioso”, “no sea soberbio”, sepa acudir al auxilio divino y como religioso no olvide guardar el secreto profesional. Esta enumeración la completa Diego de Aroza con unos consejos sobre su atuendo: “el médico sea moderado en el trage, de tal suerte, que ni vista de gala superfluamente, ni tampoco sea con demasiada escasez […] los enfermos no buscan en el Médico el adorno, sí el socorro”, y no olvide el profesional, concluye, que el vestido no otorga sabiduría. 

Lope de Vega, resumiendo las cualidades que debía poseer el buen médico, escribió:

“Los médicos son buenos siendo honestos, / con canas y vergüenza, ciencia y años, / y con buena opinión entre la gente”.

En todo caso, parece que la práctica de la medicina la dificultaban envidias profesionales y una no despreciable competencia por los empíricos y hechiceros antes citados. El doctor don Jerónimo de Alcalá en su novela El donado hablador, vida y aventuras de Alonso, mozo de muchos amos (Madrid, 1624) se refiere a dos graves males que amargan la vida del médico: el primero, “las enemistades de los demás médicos, el procurar derribar los unos a los otros, la poca cortesía que algunos guardan en procurar aniquilar al compañero, para levantar de punto su opinión y letra”; el segundo la concurrencia de empíricos, brujos y hechiceros, ensalmadores y saludadores; preciso es añadir también, se cuida de advertir el autor a quien se nombra, el “no tener  [el médico] hora segura de día ni de noche, fiesta ni Pascua para su descanso y quietud; cosa concedida al más trabajado oficial y al más vil sujeto esclavo”.

Hasta aquí el retrato ideal del médico que trazaron algunos profesionales del s. XVII. Otra cosa es la imagen que transmiten algunos testimonios de la época, acerca de quienes tenían a su cargo el quehacer sanitario. No fueron pocos los autores que criticaron de manera expresiva las actitudes, la jerga y el lenguaje pedante, el vestido y las formas y maneras afectadas de los médicos. La versión burlesca de la figura del médico fue una semblanza habitual en la literatura satírica del Siglo de Oro. Basten como ejemplo estas feroces líneas del Libro de todas las cosas y otras muchas más (1631), de don Francisco de Quevedo:

“Si quieres ser famoso médico, lo primero linda mula, sortijón de esmeralda en el pulgar, guantes doblados, ropilla larga y en verano sombrerazo de tafetán. Y en teniendo esto, aunque no hayas visto libro, curas y eres doctor; y si andas a pie aunque seas Galeno, eres platicante. Oficio docto, que su ciencia consiste en la mula”.

“La ciencia es ésta: dos refranes para entrar en casa; el ¿qué tenemos? ordinario venga el pulso, inclinar el oído, ¿ha tenido frío? Y si él dice que sí primero, decir luego: «Se echa de ver. ¿Duró mucho?» y aguardar que diga cuánto y luego decir: ¿Bien se conoce. Cene poquito escarolitas; una ayuda». Y si dice que no la puede recibir, decir: «Pues haga por recibilla». Recetar lamedores jarabes y purgas para que tenga que vender el boticario y que padecer el enfermo. Sangrarle y echarle ventosas; y hecho esto una vez, si durare la enfermedad, tornarlo a hacer, hasta que, o acabes con el enfermo o con la enfermedad. Si vive y te pagan di que llegó tu hora; y si muere di que llegó, la suya. Pide orines, haz grandes mencos, míralos a lo claro, tuerce la boca. Y sobre todo advierte que traigas grande barba, porque no se usan médicos lampiños y no ganarás un cuarto si no pareces limpiadera. Y a Dios y a ventura, aunque uno esté malo de sabañones, mándale luego confesar y haz devoción la ignorancia. Y para acreditarte de que visitas casas de señores apéate a sus puertas y entra en los zaguanes y orina y tórnate a poner a caballo; que el que te viere entrar y salir no sabe si entraste a orinar o no. Por las calles ve siempre corriendo y a deshora, porque te juzguen por médico que te llaman para enfermedades de peligro. De noche haz a tus amigos que vengan de rato ' en rato a llamar a tu puerta en altas voces para que lo oiga la vecindad: «Al señor doctor que lo llama el duque; que está mi señora la condesa muriéndose; que le ha dado al señor obispo un accidente» y con esto visitarás más casas que una demanda y te verás acreditado y tendrás horca y cuchillo sobre lo mejor del mundo”.

Como se ve, auténticamente corrosivo; las críticas, burlas y sátiras contra los médicos, -que contrastan con la elevada opinión que los profesionales tuvieron de sí mismo y del saber en que apoyaban su práctica-, atestiguan lo que pensaban amplios sectores de la sociedad española de la época.

Por eso, cuando algunos se quejan de la poca estima y escasa consideración en que supuestamente se encuentra la profesión médica en la actualidad, es oportuno recordar que hubo tiempos en que el mismo Calderón de la Barca llamó “asesinos familiares” a los médicos, y Quevedo “servidores de la muerte” y “ponzoñas graduadas”. Nada menos...
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