domingo, 3 de mayo de 2020

Sigue el camino de baldosas amarillas…

  Primera página de una edición estadounidense  de “El Mago de Oz” editada en 1900

«Nadie sabe cuál es el buen camino, pero este parece bastante razonable.»

«Se está mejor en casa que en ningún sitio…»
«Sigue el camino de baldosas amarillas…»

Más de ochenta años después de su estreno, estas dos frases de El mago de Oz, la deslumbrante película de Víctor Fleming, adaptación del libro de literatura infantil de Lyman Frank Baum publicado en 1900 como una especie de versión country de la Alicia de Lewis Carroll, pueden ser sin duda el mejor resumen de las recomendaciones en los dos momentos clave de la pandemia causada por el coronavirus SARS-CoV-2: la fase del confinamiento y la fase de esto que ahora se ha dado en llamar “desescalada”. Cabe preguntarse si hubo alguna vez una “escalada” hacia algún sitio (ver  a este respecto: Vocabulario colateral de la pandemia).

Obviamente, en la etapa de confinamiento establecida por el Real Decreto de alarma del pasado 14 de marzo, lo mejor que podíamos hacer era recordar y poner en práctica la consigna de Dorothy después de haberse visto envuelta en una serie de peripecias, causadas por un tornado que la arrastró hasta un mundo de fantasía: «Se está mejor en casa que en ningún sitio…»

Superada esta etapa, nos encontramos ahora a vueltas con el denominado “plan de desescalada” o, por decirlo más técnicamente, el Plan para la transición hacia una nueva normalidad, aprobado por el Consejo de Ministros el pasado 28 de abril.  Este proceso de desescalada, que se prolongará hasta finales de junio, ha de ser necesariamente gradual, asimétrico, coordinado con las comunidades autónomas, progresivo y adaptable a los cambios de orientación precisos en función de la evolución de los datos epidemiológicos y del impacto de las medidas adoptadas.

Poco antes, el pasado 14 de abril de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió los criterios a tener en cuenta a la hora de plantear el desconfinamiento:

· Romper la cadena de trasmisión detectando el mayor número de casos posible, tratando a las personas que presentan síntomas y aislando tanto a los enfermos como a las personas que han estado en contacto con ellos.

· Contar con recursos sanitarios suficientes para poder responder rápidamente ante los casos detectados y, en especial, para poder atender los casos más graves.

· Minimizar los riesgos en lugares con alto potencial de contagio como son los centros sanitarios y de cuidados (residencias), los lugares cerrados y los lugares públicos donde se produce una gran concentración de personas.

· Establecer medidas preventivas en los lugares de trabajo y promover medidas como teletrabajo, el escalonamiento de turnos y cualesquiera otras que reduzcan los contactos personales.

· Gestionar el riesgo de importar y exportar casos más allá de nuestras fronteras, para lo que recomienda la implementación de medidas de control y aislamiento para personas contagiadas o que provengan de zonas de riesgo.

· Asumir la importancia de que todos los ciudadanos se muestren comprometidos con las limitaciones que se están adoptando y comprendan que, en gran medida, la contención de la pandemia depende de ellos.

Por tanto, esa salida gradual del actual estado de confinamiento obliga a seguir reforzando las capacidades en cuatro ámbitos: vigilancia epidemiológica; identificación y contención de fuentes de contagio; asistencia sanitaria; y medidas de protección colectiva, tanto de dimensión nacional como autonómica y local.

Los parámetros cuyos valores son necesarios para avanzar en la desescalada, y de los que es necesario un seguimiento continuo, se plasmarán en un cuadro de mandos integral único que ayudará a graduar la intensidad y velocidad del desconfinamiento, incluyendo parámetros fundamentales para la toma de decisiones: 

· De salud pública, a partir de los datos que evalúan las cuatro capacidades estratégicas ya señaladas y la evolución de la situación epidemiológica. 

· De movilidad (tanto interna como internacional), muy vinculada a un posible aumento del riesgo de contagio. 

· De la dimensión social (impacto de la enfermedad, el confinamiento y la desescalada en los colectivos sociales más vulnerables, en particular los mayores). 

· De actividad económica (evaluación de la situación por sectores, en especial aquellos con más capacidad de arrastre y los más duramente afectados por la crisis).

El Plan incluye una serie de Anexos (Anexo I, Anexo II, Anexo III) que contienen un conjunto de indicadores epidemiológicos y de capacidad asistencial, de movilidad, así como sociales y económicos, que permitan realizar un seguimiento y monitorizar la situación del proceso de desconfinamiento. Dibujan un cronograma orientativo para la transición en cuatro fases.

El paso de una fase a otra en cada ámbito territorial estará basado y se determinará en función de las capacidades estratégicas de cada Servicio de Salud, tanto de atención primaria como hospitalario; de su situación epidemiológica; de la implantación de medidas de protección colectiva en comercios, transportes, centros de trabajo y en cualquier espacio público, y en los datos de movilidad y económicos.

Toca pues seguir el camino de baldosas amarillas, como recomendó a Dorothy el hada buena del Norte. Por si quedara alguna duda, en este documento podemos encontrar algunas respuestas a preguntas frecuentes. Y un enlace al BOE con una serie de órdenes y disposiciones urgentes que desarrollan la "entrada" en la fase de desescalada.

Sobre todo ello, el filósofo alemán Peter Sloterdijk recuerda en estos días que «…en un futuro, la competición por la inmunidad debería ser reemplazada por una nueva conciencia de la comunidad, por la necesidad de fomentar la coinmunidad, fruto de la observación de que la supervivencia es indiferente a las nacionalidades y las civilizaciones.»

De camino hacia esa nueva normalidad (ya estamos en fase 0), conviene recordar que seguimos sin una guía concreta, sin manuales ni libros de instrucciones a los que recurrir. Echa uno de menos que alguien entre esa ingente caterva de opinadores sin luces, graduados en futurología retrospectiva, expertos en predecir el pasado, funestos augures diplomados en epidemiología, juntaletras salubristas y otros, hubieran escrito algún pequeño breviario que pudiera servirnos de ayuda y alumbrarnos en ese camino.

En vez de eso, con demasiada y excesiva frecuencia, la facundia, la excesiva locuacidad y la incontinencia verbal de muchos de ellos, demuestran su atrevida ignorancia y su carácter mercenario y servil, poniendo de manifiesto aquello que recordaba Jonathan Swift, celebrado autor de “Los viajes de Gulliver”: «algunas personas son más cautas en ocultar su sabiduría que su torpeza».


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