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viernes, 24 de agosto de 2012

Fingir en Internet


En un famoso artículo publicado en la revista Lancet en febrero de 1951 (Lancet 1951 Feb 10;1(6650):339-41), el endocrinólogo británico Richard Ascher introdujo el término síndrome de Münchhausen, para describir a algunos pacientes que elaboraban historias clínicas con signos y síntomas fingidos de enfermedades poco convincentes, que se sometían voluntariamente a exploraciones, procedimientos y tratamientos innecesarios, incluso con riesgo de su propia vida. Fallecido en 1969Ascher explicaba que la denominación se inspiró en la figura del barón alemán Kart Friedrich Hieronymus Von Münchhausen (1720-1797), conocido según la tradición por sus relatos de hazañas increíbles y fantasiosas.

Los pacientes afectados por este síndrome fingen enfermedades complejas, pero no pueden catalogarse de simuladores ni de histéricos, ya que si bien son conscientes de sus actos, y saben que fingen la sintomatología, no pueden explicar las razones para su comportamiento. Es decir, a diferencia de la histeria, donde la producción y motivos de los síntomas, son inconscientes, en el síndrome de Münchhausen la producción de los síntomas es consciente, mientras que las motivaciones, provienen del inconsciente del paciente; este es el rasgo más distintivo del síndrome.

El trastorno aparece registrado en el DSM-IV-TR (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), de la Asociación Americana de Psiquiatría, y catalogado en la CIE-10 como F68.1 (Trastorno facticio), equivalente al 301-51 en la CIE-9.

En 1977, el pediatra Roy Meadow, profesor de Pediatría en la Universidad de Leeds, Inglaterra, acuñó el concepto de síndrome de Münchhausen por poder (MSBP: Münchhausen Syndrome by power o by Proxy) para referirse al trastorno en el que una persona causa deliberadamente lesión, enfermedad o daño a otra persona pero, a diferencia de la simulación, la producción de los síntomas no está motivada por un incentivo externo. El responsable suele ser el padre, madre, tutor o su cónyuge y la víctima suele ser un niño o adulto vulnerable. La mayoría de los casos suponen la inducción de enfermedad física, aunque también es posible la inducción de condiciones que aparentan ser genéticas, o de trastorno psicológico.

Meadow, que posteriormente fue desacreditado, describió el comportamiento abusivo de dos madres británicas con sus propios hijos. Al parecer una de ellas había envenenado a su niño con cantidades excesivas de sal; la otra había introducido su propia sangre en una muestra de orina de su bebé. Se refirió a este comportamiento como “síndrome de Münchhausen por poder”. No obstante, en la actualidad la comunidad científica se muestra escéptica ante la existencia del MSBP que, aunque aparece citado en el DSM-IV-TR para posteriores revisiones, hasta el momento no ha sido reconocido.

El término Münchhausen por internet (MBI) fue propuesto por el psiquiatra Marc Feldman en el año 2000, después de identificar a partir de 1998 un patrón de conducta relacionado con el progresivo aumento de foros de pacientes en Internet. Las personas con este tipo de comportamiento son usuarios de Internet que buscan llamar la atención fingiendo enfermedades en sitios on line, tales como chats, “muros” y tablones de mensajes o foros de contactos en redes sociales. En la literatura médica se ha venido describiendo como una manifestación del trastorno facticio o trastorno facticio por poderes, aunque tampoco está recogido en el DSM-IV-TR.

Los primeros informes sobre usuarios que engañaban a los participantes en foros de Internet, presentándose a sí mismos como gravemente enfermos o como víctimas de violencia, aparecieron en la década de 1990 debido a la relativa novedad de las comunicaciones en la web.

En resumen, quienes padecen Münchhausen por Internet construyen identidades falsas y fingen tener enfermedades o traumas para conseguir llamar la atención o despertar la simpatía de comunidades y grupos de apoyo on line. Generalmente inventan múltiples personalidades en línea para dar veracidad al personaje principal. Según algunos, no es exagerado afirmar que con la explosión de las redes sociales se está produciendo una auténtica “epidemia” de MBI, lo que puede acabar minando y destruyendo la confianza en que se basan estas comunidades on line.

En uno de los últimos números del Journal of Medical Internet Research se publica una documentada, amplia e interesante revisión sobre este problema y cómo el uso de la tecnología Web puede también tener impactos o efectos negativos sobre pacientes, cuidadores y profesionales: Münchhausen by Internet: Current Research and Future Directions (J Med Internet Res 2012;14(4):e115)(J Medical Internet Research, 2012; 14 (4): E115). El artículo se centra en los casos de individuos que irrumpen en los grupos buscando su propia satisfacción personal, sin asociarlo o considerarlo unido al fenómeno más extendido de los “trolls” de Internetes decir, aquellas personas que intervienen y actúan con la intención de provocar, molestar, confundir, alterar contenidos o temas de discusión en foros virtuales.

Los autores llevan a cabo una amplia revisión para investigar las causas y efectos del engaño y la suplantación de identidad on line y del Münchhausen por Internet, basándose en la investigación académica y en el estudio de casos reportados on line y en los medios de comunicación.

En los resultados destacan la escasa y limitada investigación existente en relación con la motivación, oportunidad, detección, efectos y devastadoras consecuencias del Münchhausen por Internet, que aparece formalmente vinculada con aspectos de trolling.

En el trabajo se describen y utilizan algunos estudios de caso para ilustrar el fenómeno. Resulta particularmente preocupante la facilidad con la que puede llevarse a cabo el engaño on line, las dificultades para su detección, así como el impacto del daño y el potencial peligro para las víctimas aisladas.

En las conclusiones se sugieren algunas maneras de abordar el Münchhausen por Internet, como el empleo para su detección de estudios de análisis de contenido cualitativo (QCA), comparando los contenidos manifiestos y el contenido latente o subyacente de un texto. Se recomiendan algunas posibles pautas de actuación para enfrentarse a los pacientes en quienes se sospeche el trastorno.

Finalmente, los autores proponen seguir avanzando en futuras investigaciones sobre el síndrome, la psicología y los métodos para poder proporcionar consejo, apoyo y asesoramiento a facilitadores y mediadores de grupos y comunidades de salud en los que hayan ocurrido estos casos. También se propone que el Münchhausen por Internet y el trolling con Münchhausen por Internet se reconozcan formalmente en la próxima versión revisada del DSM-V, cuya publicación está prevista para mayo de 2013. Esto contribuiría a identificar y minimizar el crecimiento de estos comportamientos de manera más efectiva, a medida que un mayor número de personas buscan ayuda y apoyo en los entornos Web 2.0.

Un buen trabajo cuya lectura es recomendable en estos tiempos de difusión y acceso a recursos y a comunidades virtuales en el ámbito de la salud...

miércoles, 22 de agosto de 2012

Seguridad, eventos adversos, ‘errores’…

“Hay algunos pacientes a los que no podemos ayudar, pero no hay ninguno al que no podamos dañar”.                                                                                        Arthur Bloomfield (1888-1962)

La “seguridad del paciente” se define como la “ausencia o reducción, a un nivel mínimo aceptable, del riesgo de sufrir un daño innecesario en el curso de la atención sanitaria“ (WHO-OMS, 2009). El “nivel mínimo aceptable” se refiere y está relacionado con el estado actual del conocimiento, los recursos disponibles y el contexto en que se produce la atención, frente al riesgo de no llevar a cabo ese tratamiento o aplicar otra terapia.

Desde hace varios años la seguridad del paciente se considera un elemento clave y una prioridad en la mayoría de los sistemas formales de asistencia sanitaria. La combinación de elementos y factores estructurales u organizativos inherentes al sistema, junto con las actuaciones humanas y la aplicación de procedimientos y tecnologías cada vez más especializadas, han hecho de la atención sanitaria una actividad enormemente compleja, que entraña enormes riesgos potenciales y en la que no existe un sistema capaz de garantizar la ausencia de efectos adversos.

Como se sabe, los efectos no deseados secundarios a la atención sanitaria representan una causa de elevada morbilidad y mortalidad en todos los sistemas sanitarios desarrollados. A las consecuencias personales en la salud de los pacientes por estos daños hay que añadir el elevado impacto económico y social de los mismos. [En España son conocidos el Estudio ENEAS (2005), que estimó la incidencia de eventos adversos en la atención sanitaria entre un 8.6 y un 10.1% de todos los ingresos hospitalarios. Poco después, el Estudio APEAS (2007) puso de relieve que en alrededor del 2% de las consultas realizadas en Atención Primaria ocurre un efecto adverso sobre el paciente como consecuencia de la intervención sanitaria].

Por ello, la mejora de la seguridad de los pacientes viene siendo una estrategia prioritaria en las políticas de calidad de los sistemas sanitarios y se han venido adoptando diversas recomendaciones y estrategias por diversos organismos internacionales (UE, WHO-OMS, OCDE, etc.) para abordar y prevenir la ocurrencia de los efectos adversos relacionados con la asistencia sanitaria. En España, en el marco del Plan de Calidad del SNSaún vigente, la Estrategia nº 8 del mismo, plantea una serie de objetivos y medidas encaminadas a este objetivo.
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Sobre este asunto un artículo del newslwetter FierceHealthcare (August 20, 2012) se refiere a los resultados de una reciente encuesta, (realizada el pasado mes de julio sobre una muestra de 1.000 estadounidenses mayores de 18 años), de la consultora Wolters Kluwer Health y cuyo resumen sería el siguiente:

El 73% de las personas encuestadas declaró sentirse preocupado por los errores médicos, con un 45% "muy preocupado". Las mujeres (76%) expresaron esta preocupación en mayor medida que los hombres (68%), al igual que los encuestados entre 35 y 54 años de edad (76%), en comparación con los más jóvenes (66 %).

Casi uno de cada tres, un 30% del total, afirma que ellos mismos o algún miembro de su familia han sufrido algún error médico, como prescripción equivocada de un medicamento o de la dosis del mismo. Más de uno de cada cinco manifestó haber sido mal diagnosticado por un médico y, desde el punto de vista más “comercial”, casi la mitad (45%) informó haber recibido una factura incorrecta.

Cuando se les preguntó por qué creen que ocurren estos errores, el 35% de las personas encuestadas cita la “mala comunicación entre el personal del hospital”, seguido de las “prisas” de médicos y enfermeras (26%), el cansancio del personal (14%) y la escasez de personal en los hospitales (12%).

El 84% de los entrevistados también declara haber adoptado medidas para evitar este tipo de errores, siendo las mujeres (87%) más propensas a hacerlo que los hombres (81%). La medida más habitual es hacer una “investigación” por su cuenta para validar el diagnóstico o el plan de tratamiento propuesto por un médico (66%), seguido de la petición de una segunda opinión (56%). Más de un tercio (36%), han escrito las instrucciones para su médico o enfermera. En casi uno de cada cinco casos (19%), se ha retrasado un procedimiento para un día en que el médico pudiera estar más centrado o descansado, por ejemplo no programándolo a finales de la semana o en el mismo fin de semana.

Finalmente, aunque la mayoría de las personas encuestadas manifestó su lógica preocupación por los errores médicos, un 68% consideran que la tecnología podría ayudar a reducir dichos errores en la asistencia sanitaria.

En relación con los eventos adversos, hace unas semanas (9 de agosto, 2012) Leah Binder, Presidente y CEO de Leapfrog Group, publicaba una columna en el New York Daily News en la que afirmaba que más de 200.000 pacientes (!) mueren cada año en los Estados Unidos por errores médicos prevenibles y por infecciones en los hospitales. (El 'clásico' estudio del IOM To err is human hablaba en 2000 de una cifra entre 44.000 - 98.000 muertes).

Leapfrog Group es una organización independiente sin ánimo de lucro que publica el Índice de Seguridad Hospitalaria, un ranking que refleja mediante técnicas de benchmarking el grado de seguridad de diferentes hospitales para determinadas técnicas o procedimientos. En un contexto de asistencia sanitaria privada, en la que los pacientes pueden (o más bien “se ven obligados” a) elegir, adoptando un papel de “clientes” y actuando como “consumidores” es obvio que puede ser un recurso que aporte una mayor transparencia e información útil y valiosa. Es interesante hacer la prueba con alguna ciudad de Estados Unidos y comprobar los resultados de alguno de sus hospitales más relevantes o prestigiosos (por ej. Boston. MA).

También según un informe publicado en julio pasado por la Office of Inspector General (U.S. Department of Health & Human Services), los hospitales sólo informan del 1% de los eventos adversos y de los daños temporales en el caso de los beneficiarios de Medicare. Sin embargo, los bajos niveles de notificación y declaración se atribuyeron a que el personal no sabe con exactitud qué eventos se deben declarar.

Sobre los dispositivos electrónicos y las TIC, están apareciendo nuevas herramientas que seguramente ayudarán a reducir los errores, como por ejemplo aplicaciones para smartphone que registran las comunicaciones médico-paciente, y pueden ser reproducidas de nuevo para asegurarse de que ambas partes tienen claro el plan de tratamiento. Algunos hospitales infantiles han comprobado también que la incorporación de una foto del paciente en las HCE puede ayudar a prevenir algunos errores médicos derivados de las peticiones electrónicas.
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La seguridad en la atención sanitaria es y seguirá siendo una tarea permanente que exige sobre todo sensatez, prudencia y perseverancia, y en la que están implicados todos los agentes del sistema: aseguradores, proveedores, directivos y gestores, profesionales y pacientes...

Conviene tener en cuenta, (como recordaban hace ya algún tiempo Carlos Aibar y Jesús Aranaz: Seguridad del paciente: cuaderno de bitácora”), que:

“Los profesionales sanitarios hemos estado demasiado tiempo alimentando en la sociedad el falso mito de la perfección y la infalibilidad de la práctica clínica”. (…)

“La seguridad del paciente no reside en un dispositivo asombroso y costoso o en un profesional excelente. La seguridad es consecuencia de un modo de trabajar en el que la aplicación del mejor conocimiento disponible es un elemento decisivo”.

viernes, 17 de agosto de 2012

AT y los médicos

Foto: Guillermo Trapiello

'A caballo entre la melancolía y el sarcasmo, entre el diario testimonial y la ficción narrativa’, desde la privilegiada atalaya de un atento observador, narrador distante y autocompasivo, no exento de un agudo sentido del humor y de cierta cáustica ironía. Así escribe Andrés Trapiello (AT) cada uno de los tomos de sus Diarios. Desde 'El gato encerrado' (1990) hasta 'Apenas sensitivo' (2011), Trapiello ha entregado casi puntualmente un título al año de lo que el denomina 'Salón de Pasos Perdidos. Una novela en marcha'. Y a pesar del tono cadencioso de permanente pesimismo antropológico que parece envolver cada nueva entrega, (17 por el momento), sus páginas desprenden una profunda humanidad y una honda ternura por los personajes que desfilan por ellas, con frecuencia identificados por unas simples iniciales. En última instancia, cabe rastrear en esta gran obra en construcción aquella declarada voluntad de H.G. Wells de mantener vigente la [aparentemente sencilla] aspiración a vivir en un mundo mejor.

En las páginas que transcribimos de uno de estos Diarios, AT da cuenta en primera persona de la visita a un especialista en Urología de su seguro privado. Aquejado de una ligera hipocondría, revestido -como él mismo reconoce- con cierta dosis de humor negro, que no pretende resultar ofensivo para los profesionales que retrata, resulta interesante y aleccionador comprobar la impresión y la imagen que en ocasiones se transmite…

De: La manía.  Ed. Pre-Textos, Valencia, 2007. Págs. 235 a 239

(Dada la particular forma de elaboración de los Diarios que componen el singular Salón de los Pasos Perdidos, re-escritos según su autor unos cinco años más tarde a partir de las notas tomadas en el momento en que ocurren los hechos narrados, los que aquí aparecen corresponden al año 2001).

      «La visita a un urólogo es un asunto que suele ir acompañado de toda clase de aprensiones. Siempre teme uno que por cualquiera de esos conductos podría entrarle a uno la decadencia más triste.

      Iba lleno de miedos, inmovilizado por el pánico. En la sala de espera había dos o tres revistas del corazón de hacía lo menos seis meses. En una se hacía un gran despliegue de la muerte de un actor. Qué recordatorio tan oportuno, pensé. Se me quitaron las ganas de leer nada. Era un urólogo nuevo. El que había hecho las prospecciones de rigor en anteriores ocasiones había dejado de figurar en el cuadro de mi seguro médico. Caí en la cuenta de que desde la última revisión habían pasado cinco o seis años. El nuevo es un hombre joven y alto. El otro era comprimido y rechoncho, siempre con corbata. Parecía que los cuellos de la camisa le estuvieran pequeños y que iba a perecer asfixiado. El viejo nunca saludaba a los pacientes. Entraba directamente en la consulta y evacuaba sus preguntas a toda velocidad, como un jugador de ajedrez de partidas simultáneas. Tenía repartidos en diferentes habitaciones a sus pacientes con los pantalones caídos preparados para las prospecciones rectales, que ejecutaba como invirtuoso periodista de esos que escriben a máquina con un solo dedo. El nuevo era todo lo contrario. Al entrar yo se puso de pie y me tendió la mano por encima de la mesa. Era una mano muy grande, de dedos robustos y largos. Pensé que los tactos rectales serían dolorosos. Le expuse mi historial. Me escuchaba sin mirarme. Anotaba algunas cosas, mientras hablaba o posaba los ojos en algún objeto de su escribanía. Finalmente le conté que hasta entonces me veía el doctor Tal. Al oír ese nombre pareció volver a este mundo, y dijo con consternación:

      -El doctor Tal murió hace tres años.

      Me quedé de una pieza, no porque le tuviera uno especial aprecio, sino porque piensa uno que sus médicos nunca morirán antes que uno. Parecía además una persona saludable, y como tema de conversación me pareció más interesante que hablar de la próstata. Siempre pensé que alguna vez, por hacer un alarde, iba a ensanchar el cuello y lanzaría el botón de la camisa por los aires, estallado, para mostrarme todo su vigor. La primera vez que le vi me dijo que el episodio que me había llevado hasta allí era cosa frecuentísima y que la mayor parte de los hombres lo había padecido alguna vez. Como en su presencia estaba completamente trastornado, le pregunté con angustia si también le había sucedido a él algo parecido, y me miró sorprendido como si fuese idiota, y cambió de conversación sin responderme la que consideró seguramente una impertinencia. Cada vez que me veía me trataba lo más secamente que podía, quizá porque temiera que le preguntase cuánto ganaba o si le era infiel a su mujer o si llevaba la cuenta de en cuantos rectos había hecho indagaciones su dedo. El mío lo inspeccionaba en un cuartucho destartalado, que había sido laboratorio hacía lo menos veinte o treinta años. Se veían las mesas forradas de baldosines blancos, con sus fregaderos de mármol también blanco. Colgaban sobre ellos unos grifos especiales, como de gancho. Quedaba en una esquina un microscopio junto a un flexo. En ese cuarto almacenaban cajas con todo tipo de impresos, de papel de cartas y recambios de suministro doméstico, como bombillas y calderas que necesitaban la reparación. Nadie había vuelto a pintar las paredes y de los radiadores se levantaban los humeantes fantasmas de la desidia. Había colgadas aquí y allá unas láminas atroces, de propaganda de laboratorios farmacéuticos. Las últimas veces que nos vimos, yo iba directamente hacia ese cuarto destartalado, sin que me indicara nadie el camino, lo mismo que haría el borrego si le dieran la oportunidad de ir dos veces al matadero. Era un buen piso de la calle Padilla, algo que se llamaba Instituto Español de Urología. Había sido en su día el centro más importante de ese asunto. Era un piso con empaque, lleno de habitaciones y salones, pero en el que nadie, salvo en el laboratorio, había hecho la menor obra de adaptación para sus funciones. El despacho donde residía aquel médico estaba forrado de madera oscura. Tenía un mueble feo, para libros, pero no había libros en él. Y colgada una foto de Ramón y Cajal, seguramente de las que regalaban también los laboratorios farmacéuticos. Le asistía una enfermera que andaba por los noventa años, con párkinson, muy restaurada con maquillaje, y testaruda. Al andar meneaba la cabeza, y hablaba a voces, porque se había quedado sorda. Las primeras veces iba delante de mí para indicarme el camino, aunque al mismo tiempo iba gritando: ¡Ya sabes dónde es! ¡Vete quitándote los pantalones! Pasábamos por delante de algunas salas de espera donde aguardaban algunos hombres sitiados por la angustia. Me encerraba en aquel cuarto en el que había dos sillas, una delante del microscopio y otra en medio de la habitación. En el respaldo de esta el paciente, de pie, apoyaba las manos, durante el reconocimiento. La primera vez me vio con los pantalones puestos. No me había atrevido a quitármelos por si se agravaba mi dolencia con una corriente de aire frío. Le contrarió que no hubiese obedecido a la enfermera. Repitió la orden de una manera seca, al tiempo que me dio la espalda. Es de las cosas más humillantes que se le pueden decir a nadie. Mientras me desabrochaba el cinturón, se ponía él un guante de látex. Sólo uno. Se ve que a estas alturas era ya un hombre escéptico, práctico y descreído de la profesión. Esa primera vez fui a desabrocharme los zapatos, lo advirtió y me atajó cortante: No hace falta. Dejé los pantalones hechos un guiñapo en el suelo, enrollados a los tobillos.
     
      Él, de espaldas a mí, hablaba para sí mismo en voz alta:

      -Vamos a ver cómo tenemos esa próstata.

      Le hablaba en realidad a la próstata, pero como si fuese una pobre criatura sin demasiado juicio.

      Cuando quise darme cuenta lo tenía detrás de mí. Me ordenó inclinarme y apoyar las manos en el respaldo de la silla. Lo tenía todo estudiado. Los pantalones enrollados en mis tobillos impedían que tratara de salir corriendo. Y antes de que pudiera imaginarme cómo iban a suceder las cosas, noté una punzada que me traspasó el duodeno, hasta el esófago. El hombre movía el dedo con grandísima soltura, como si tratara de encontrar una avería en alguna parte, a ciegas, o como si buscara algo que se le hubiera perdido allí. Al fin comprendí adónde iba ese hombre cuando hablando con él en su despacho, el de la foto de Cajal, desaparecía unos minutos.

      A partir de entonces y cada uno o dos meses tuvimos nuestras citas secretas, y así durante unos años. Y como en los últimos seis uno se encontró lo bastante bien cómo para olvidarse de sus dolencias y no sentir nostalgia de aquel sórdido cuarto trastero, dejó de ir.

      De modo que cuando su sucesor me informó que el hombre había muerto, sentí algo bien extraño. Pensé que ese médico me había llegado a conocer por dentro como nadie en este mundo,  algo que sólo con humor, y humor negro, podría ser relatado. Fueron sentimientos encontrados los que tuve. Pensé que quizá esa muerte diera más prolongación a mi vida, y me alegré de una manera mezquina, no por su muerte, sino porque mi vida se beneficiaba de una ridícula estadística: no creo que se hayan dado tantos casos de pacientes que en un breve plazo de tiempo hayan seguido a su viejo urólogo al otro barrio.

      El nuevo era mucho más atento, y trató de tranquilizarme asegurándome que aunque se tratara de un cáncer, el cáncer de próstata no era ya lo que fue y su desarrollo es tan lento como para no morirse de eso hasta pasados veinticinco años. Eché mentalmente las cuentas y quedé bastante conforme. Él decía, ánimo, esto no es nada. Y llenaba alegremente los volantes para el ecógrafo y el hematólogo. Cumplimentaba aquellas papeletas como si fuesen una quiniela. Todos los síntomas que tenía al entrar desaparecieron como por ensalmo al salir. Creo que el miedo es con toda probabilidad un eminente terapeuta en algunas dolencias menores.»
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De la descripción de AT se desprende cierta despersonalización, cosificación del paciente, (o personificación de los órganos y de la enfermedad: “…le hablaba en realidad a la próstata”), y una escasa profesionalidad. El médico transmite la idea de “…un hombre escéptico, práctico y descreído de la profesión”. Afortunadamente, el ‘nuevo urólogo’ es identificado como alguien más atento, cortés y educado y, sobre todo, más comunicativo.

No puede decirse que el panorama descrito sea demasiado satisfactorio en lo que se refiere al tipo de relación médico paciente más deseable. Así ocurre al menos con el ‘viejo urólogo’ y la –suponemos- auxiliar, a quien identifica con una enfermera: trato poco cordial y educado, descortés y distante en un entorno frío y poco amable. Esto no deja de ser algo poco habitual en la sanidad privada, tradicionalmente más atenta a los detalles y aspectos propios de la ‘calidad percibida’. En el último Barómetro Sanitario publicado, realizado por el CIS para el Ministerio de Sanidad, y correspondiente a 2010, el trato personal, la rapidez en ser atendido y el confort de las instalaciones eran precisamente los aspectos mejor valorados de la sanidad privada en relación con la pública, que llevarían a los ciudadanos a elegir una u otra:

Con respecto a los motivos por los que la gente puede elegir un servicio sanitario público o uno privado, en su caso particular, y siempre en el caso de que usted pudiese elegir, ¿elegiría un servicio sanitario público o uno privado teniendo en cuenta…?
Fuente: Barómetro Sanitario. MSPSI, 2010

En fin, toda una experiencia de la que también se pueden extraer lecciones y aprender…
  
[Andrés Trapiello tiene su propia página weby un excelente blog: Hemeroflexia, al que denomina almanaque, en el que va incorporando sus reflexiones y muchas de sus colaboraciones periodísticas al hilo de la actualidad. Muy recomendable. Y en un castellano rico, luminoso y transparente].


lunes, 13 de agosto de 2012

Sobre Desobediencia Civil #yoSísanidaduniversal

Arthur Bloomfield (1888-1962)

"No importa cuán pequeño pueda parecer el comienzo: lo que se hace bien, bien hecho queda para siempre."

La desobediencia civil consiste, básicamente, en no acatar una norma que se tiene obligación de cumplir. La norma que debería obedecerse es, por lo general, una norma jurídica, o en todo caso cualquier norma que el grupo en el poder considera investida de autoridad en el sentido de que su transgresión debe acarrear inevitablemente un castigo. Hay que destacar que en el concepto de desobediencia civil se incluye "cualquier acto o proceso de oposición pública a una ley o una política adoptada por un gobierno establecido, cuando el autor tiene conciencia de que sus actos son ilegales o de discutible legalidad, y es llevado a cabo y mantenido para conseguir unos fines sociales concretos".

He aquí una campaña de desobediencia civil por la que merece la pena movilizarse:

Se trata de una iniciativa emprendida por un amplio grupo de profesionales, que hace un llamamiento tanto a los ciudadanos y usuarios, como al propio colectivo sanitario, en favor de una atención sanitaria universal, tal y como la entendíamos hasta ahora en el Sistema Nacional de Salud (SNS).

Como se sabe, tras la entrada en vigor del Real Decreto Ley 16/2012, una serie de colectivos perderán su derecho a recibir atención sanitaria. El carácter de universalidad de la asistencia venía dado por la consideración de que se trataba de un derecho de la persona, vinculado a la condición de ciudadanía y de residencia, no limitado por situaciones más o menos transitorias, como la de carecer de papeles o la edad (los mayores de 26 años que no hayan trabajado antes). Esta condición es la que ahora se ve amenazada en el marco de los ajustes y recortes que está llevando a cabo el Gobierno. Nadie pone en cuestión la necesidad de mejorar la eficiencia del gasto sanitario, o la necesidad de introducir cambios y reformas, (eso es innovar y gestionar), con independencia de la actual crisis, pero sí los métodos que se empleen para ello, y en qué consistan realmente esas supuestas "reformas".

La última noticia es que el Ministerio de Sanidad pretende exigir 710 euros al año a los "sin papeles" por ser atendidos. Y lo cierto es que hacer pagar una cuota, una especie de "seguro" o póliza de asistencia, a los "sin papeles" revela una concepción mercantil de la salud y la sanidad. Se trata de una propuesta que ha sido rechazada desde diferentes instancias y grupos sanitarios, y por varias CCAA, en la medida en que forma parte y supone el desmantelamiento del actual modelo sanitario, universal y gratuito, (como sostiene por ejemplo en una reciente entrevista el Viceconsejero de Sanidad del País Vasco).

Además, ante la actitud de manifiesta objeción de muchos profesionales, el Ministerio ha optado por "avisar" a los médicos de que no podrán atender a "sin papeles". En este sentido, la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc) sostiene que "el ejercicio de la profesión médica lleva aparejadas ciertas obligaciones éticas de las que los médicos no pueden desprenderse. Ni por la conveniencia personal ni por disposiciones gubernamentales", (Análisis ético ante la retirada de asistencia sanitaria a inmigrantes sin permiso de residencia).
Vergara, en Zona Crítica (10-8-2012)

Desde la Presidencia de la Organización Médica Colegial (OMC) se apoya esta posición. Sin embargo, en una posición más cautelosa y timorata, el Consejo General de Colegios de Enfermería ha alertado a sus miembros de que seguir atendiendo inmigrantes sin papeles en horario laboral y con recursos públicos puede suponer una infracción. Sostienen que esa acción no sería "objeción de conciencia", sino "insumisión".

Las últimas noticias son aún más confusas. A la vista de las reacciones suscitadas, en un ejercicio de funambulismo político y de permanente y continuada improvisación -a los que cada vez nos tienen más acostumbrados- las autoridades sanitarias declaran que se atenderá a los "sin papeles" y que se cobrará a sus países de origen, algo que hoy por hoy es inviable.

Además de algunas CCAA que se han manifestado contrarias a estas medidas, no sólo por cuestiones éticas o de humanidad, sino por obvias razones epidemiológicas y de salud pública que no parecen haberse tenido en cuenta, desde algunas instancias políticas se han planteado también recurrir la exclusión de la asistencia sanitaria de las personas en esta situación:


Entre tanto, en la página Web de yo Sí sanidad universal pueden encontrarse un buen puñado de documentación y materiales útiles para poder ejercer el derecho a la desobediencia civil: modelos de objeción para sanitarios, "documentos para la desobediencia", modelos para llevar a cabo diferentes trámites y reclamaciones, así como acceso a algunos de los documentos legales de esta inicua e indecente normativa legal en la que se sustenta este enorme cúmulo de despropósitos que supone la voladura del SNS.
Seguiremos atentos...

jueves, 9 de agosto de 2012

‘Prometheus’: Atención médica en 2093

Muelle (Foto Virgipix)
Nota: He estado dudando acerca del lugar más apropiado para colgar esta entrada: en el blog Regimen Sanitatis 2.0, con unas pretensiones digamos algo más “serias” o “profesionales”, o en El Frikismo ilustrado, un blog compartido que no deja de ser serio y riguroso en el abordaje de sus temas, pero indudablemente –y como su propio nombre indica- más raro, extraño o extravagante, y desde luego con un planteamiento algo más ‘acratoide’. Finalmente decido incorporarla a ambos…

Aprovechando el periodo vacacional hemos ido al cine a ver Prometheus, nombre de la nave científica que protagoniza la expedición que da título a la última película de Ridley Scott, en lo que se anunciaba como un esperado regreso a la ciencia ficción. Recordemos que dos de sus primeras películas, Alien (1979), en cuyo universo se sitúa esta nueva cinta, que se considera como una especie de antecedente o precuela de la misma y, sobre todo, BladeRunner (1982), pasan por ser hitos del género Sci-Fi en el cine de todos los tiempos.

El resultado, a pesar de una aparente brillantez formal, de su efectismo y de los generosos medios empleados, no deja de ser algo decepcionante. Aunque visualmente poderosa, con algunas escenas y secuencias de interés, la película aparece lastrada por una excesiva retórica, cierta pretenciosidad y un afán o ansiedad de trascendencia que acaba dañando las (tal vez desmesuradas) expectativas que había despertado.

El guión, en el que ha intervenido Damon Lindelof, uno de los responsables de la exitosa serie Lost, resulta (¿deliberadamente?) confuso y los actores dan vida a unos personajes muy planos y poco elaborados. Resulta significativo y paradójico que el androide ‘David’ sea tal vez el mejor y más acabado. Más allá de algunas inesperadas incongruencias, todo tiene ya un incómodo aire de ‘deja vu’ que acaba cansando.

Lo más interesante, y a ello dedicaremos el resto de la entrada, es que aparte de la película, Prometheus ha creado todo un mundo de contenido paralelo a su alrededor, (cosas de la promoción y del marketing). Incluso la compañía Weyland Corp. que financia la expedición de la nave, (teóricamente en el año 2093), tiene su propia página Web: en la que podemos ver las actividades y los campos en que desarrolla su hipotética actividad comercial: Electrónica, Energía, Transporte, Seguridad y Sanidad. ¡Incluye hasta un TEDTalk supuestamente grabado en 2023 por el presidente de la empresa, Sir Peter Weyland!

Veamos como estará la Sanidad dentro de 80 años, en 2093, según Weyland Health:

«Los avances en la ciencia médica han mejorado miles de millones de vidas en los últimos 50 años -y más del 90% de estos avances proceden del reconocido sector de la salud de Weyland. Desde 2022, con el inicio de su primer programa sobre ciencias médicas, Industrias Weyland se ha convertido en un campeón sin igual para lograr mejor salud, mejor atención sanitaria  y mejores intervenciones quirúrgicas para salvar vidas. En ese medio siglo, los avances farmacéuticos y genéticos de Weyland han mejorado la esperanza de vida en la Tierra en un 16% y en un sorprendente 21% para los empleados de Weyland.

Hoy día, el sector de la salud de Weyland emplea a más de 80 millones de científicos, investigadores, técnicos, médicos y enfermeras. Estos profesionales sanitarios atienden a más de tres mil millones de ciudadanos por año en miles de hospitales y comunidades de toda la galaxia.

En 2034, Weyland Health destinó 500.000 millones de dólares en becas académicas para investigadores en el campo de la ingeniería genética. Esta financiación ha facilitado el descubrimiento de los procesos de selección genética, una parte vital del mundo de la salud reproductiva en la actualidad. En biotecnología, los productos farmacéuticos Weyland se utilizan en más hospitales, clínicas y unidades médicas extraterrestres que cualquier otra marca. En tecnología mínimamente invasiva, nuestra nueva línea de equipos quirúrgicos ha sido mejorada aún más, automatizándola y haciéndola más eficiente en el diagnóstico.

Weyland también ha ampliado su línea de productos a las innovaciones para el hogar y para su lugar de trabajo. Pueden encontrarse Centros Móviles externos de diagnóstico (MEDICs) en casi todos los hogares, aulas, almacenes y sistemas de transporte a través de toda la galaxia.

Desde el descubrimiento de la curación para los cánceres más frecuentes, Weyland persigue con mayor intensidad el logro de su visión de una población libre de enfermedad mediante una mejor tecnología e inversiones en investigación médica. En resumen, el logro de un mundo mejor a través de una mejor salud.»

Como se ve, resulta bastante creíble, muy similar -prácticamente idéntico- a los anuncios publicitarios de cualquier empresa de las que actualmente se dedican a comercializar seguros privados de salud.

En varios momentos de la película aparecen diversos aparatos médicos; el más destacado de ellos es una cápsula quirófano inteligente denominada 720i MedPod (una especie de robot quirúrgico Da Vinci automático evolucionado), en el que la protagonista se realiza a sí misma una cesárea.

Y este es el texto de la publicidad comercial ficticia que aparece en la página Web sobre la misma:

«Este mismo año industrias Weyland ha presentado el 720i MedPod, aprobado por la FDA. Es nuestra unidad más avanzada hasta la fecha. Puede diagnosticar, tratar y realizar una serie de procedimientos quirúrgicos con incisiones láser ultra finas guiadas por exploración anatómica en 3D. Los procedimientos incluyen desde el diagnóstico y el tratamiento de la infección mediante inyecciones de antibióticos concentrados, reparación básica de heridas, apendicetomía, extirpación laparoscópica y cesáreas. En la actualidad se han fabricado y desplegado una docena de unidades por parte de Industrias Weyland para llevar a cabo pruebas prácticas.»

Otros aparatitos y dispositivos médicos fabricados por Weyland serían:

MEDICS (Mobile External Diagnostic Centers)

«MEDiCs es una herramienta fundamental en cualquier espacio público y en entornos ciudadanos. MEDiCs proporciona tranquilidad y seguridad como nunca antes. Basta con abrir el armario de la pared y extraer el chaleco de diagnóstico. Una vez colocado sobre el paciente, MEDiCs determinará el alcance de todos los daños externos, analizará muestras de sangre si es necesario, mostrando los resultados en cuestión de minutos. El personal de urgencias puede también acceder inmediatamente a la información médica del paciente y transmitirla a los centros sanitarios más cercanos. MEDiCs puede ser utilizado por cualquier ciudadano mayor de edad y ya ha salvado millones de vidas.»

Reestabilizador Sináptico
 

«Otra destacable proeza tecnológica de los científicos de Weyland, el Reestabilizador Sináptico, a través de la inervación eléctrica precisa, despierta las neuronas inactivas en el tejido cerebral de pacientes fallecidos o moribundos. Esta delicada tecnología es muy sensible y está restringida a un selecto grupo de médicos y científicos. Los 9 Reestabilizadores existentes se han utilizado durante los últimos 2 años en facultades de medicina y centros de investigación biotecnológicos sólo para uso experimental, en espera de investigación por parte de la FDA.»

Cámaras Antigravedad de Recuperación

«Las Cámaras Antigravedad de Recuperación son una tecnología altamente sofisticada utilizada en hospitales y centros de rehabilitación. La investigación ha demostrado que los pacientes en condiciones antigravedad presentan una tasa de recuperación un 70% más rápido en lesiones traumáticas o enfermedad. Los científicos de Weyland han diseñado una instalación de tamaño de una habitación que simula condiciones de antigravedad al nivel deseado. Los pacientes pueden beneficiarse del tratamiento antigravedad, mientras se encuentran cómodamente en cama. Este producto se encuentra actualmente en una versión limitada exclusivamente a las principales áreas metropolitanas en la Tierra.»

Hasta aquí este hipotético catálogo futuro. Dos detalles: los visionarios guionistas de Prometheus creen que dentro de ochenta años seguirá existiendo la FDA (!) y la humanidad seguirá fascinada por la tecnología médica. Es muy posible que así sea, aunque otra cosa es saber si dicha tecnología será accesible y estará al alcance de la mayoría de la población, o únicamente estará disponible para algunos privilegiados que puedan pagárselo. Es decir, los mismos problemas que estamos viendo hoy mismo, en 2012...

jueves, 2 de agosto de 2012

De la prudencia (aniversario)


Se cumple hoy un año del inicio de la singladura de este Regimen Sanitatis 2.0 con el lanzamiento de su primera entrada al océano de la blogosfera.

Como conmemoración, (y tal como están las cosas hoy), he considerado oportuno transcribir algunos párrafos de uno de los capítulos del Libro “La Conservación de la salud del cuerpo y del alma”  del que ya hemos hablado en un post anterior, en el que se refiere a la virtud de la “Prudencia”, haciendo una llamada a su necesario cultivo y puesta en práctica.

La Prudencia se define como la virtud de actuar de forma justa, adecuada y con cautela. Se entiende también como la virtud de comunicarse con los demás por medio de un lenguaje claro, literal, cauteloso y adecuado, actuando con respeto de los sentimientos, la vida y las libertades de las demás personas...

CAPÍTULO LVI. En el cual se trata como cada cual debe procurar la virtud de la prudencia, pues con ella se vive más dichosamente y se conserva mejor la salud, y se alargan los días de la vida.
Nadie habrá que no entienda de cuanto momento y peso sea para la conservación de la salud la virtud de la prudencia, pues anda siempre acompañada de todas las demás virtudes, como lo dice Cicerón en el quinto [libro] de las Cuestiones Tusculanas. Y San Agustín nos enseña que la prudencia es ciencia de las cosas buenas, de las malas, y las neutras. Y lo confirma en el libro décimo noveno de la Ciudad de Dios, en el capítulo cuarto. Porque la prudencia que está en la parte racional del alma que se dice opinativa o estimativa, con sola su fuerza y virtud, sin el favor de otra alguna parte puede aconsejar a sí y a todos los demás los males y los bienes y prevenir en todas las cosas con altísimo consejo, como se colige de Aristóteles, en el libro sexto de las Éticas, en el capítulo quinto y en el libro de las virtudes. Y Marco Tulio, [Cicerón] en el tercero de la Retórica ad Herenniumnos avisa que por la prudencia podemos tener elección de los bienes o de los males. Y si es así, que la prudencia puede y tiene valor para elegir, y distinguir entre el bien y el mal, no hay duda sino que nos podrá apartar de infinitas ocasiones de males, y de muchos peligros de enfermedades en los cuales cada día vemos que el imprudente e inconsiderado como necio y torpe se deja caer, de los cuales el prudente y avisado se podrá guardar, pues acompañan siempre al tal hombre el amor y la inquisición [indagación, averiguación] de la verdad, la meditación del ánimo, la viveza del entendimiento, con suma atención, con memoria, con deliberación y elección de lo bueno, y con mucho estudio y ciencia. La cuales cosas todas se amonestan y aconsejan al prudente que nunca se confíe de su parecer, si en él no viere todos estos requisitos; pues está escrito, en el capítulo tercero de los Proverbios, que no estribemos en nuestra prudencia. Y en el capítulo duodécimo de la Epístola a los Romanos, que no queramos ser prudentes en nuestra sola opinión. Porque engañados con la filaucía [amor propio, egoísmo] pensando que sabemos mucho, andaremos en grandísima oscuridad palpando las tinieblas, como los hinchados filósofos, que pensando que eran muy sabios quedaron hechos tontos, y se desvanecieron en sus pensamientos. Porque se dejaron llevar de los movimientos del ánimo inconsiderados, movidos de sus propios afectos, de la locura y demencia, del olvido de los humanos acaecimientos, del amor propio, de la mala elección y de las temerarias acciones. Todo lo cual hace muy al revés el que escoge y se abraza con la prudencia, pues todos los bienes y virtudes que puede alcanzar procura de conservarlos, de defenderlos y usar de ellos sabiamente, como lo nota Plutarco en la oración consolatoria a Apolonio, y Macrobio en El sueño de Escipión, en el libro primero en el capítulo octavo, donde dice que el prudente, todo lo que piensa y hace, lo mide con el peso de la razón, y que siempre desde lejos provee en los humanos actos y sucesos varios, como lo advierte también Cicerón en el segundo de De Inventione. Esta tan gran virtud de la prudencia, dice Galeno en el libro que intituló Quod animi mores corporis temperamenta sequantur, [Que los hábitos del alma están en relación con los temperamentos del cuerpo], que procede y se adquiere de la sequedad, como la demencia e imprudencia de la humedad. Y aunque es verdad que esta disposición de cuerpo aprovecha alguna cosa, pero mucho mejor responde Platón en el Fedro , que hace prudentísimo al hombre la divina filosofía, y como también dice Macrobio en el libro primero en El sueño de Escisión, en el capítulo octavo, hace que menosprecie el mundo y todas cuantas cosas hay en él, y que el pensamiento solamente se levante a las cosas altas y divinas. Dicen también que a la prudencia la perfecciona el tiempo y la larga experiencia, juntamente con la observación de los humanos acaecimientos, como lo escribe Marsilio Ficino. Y Cicerón, en el primero de De Legibus, afirma que la naturaleza le da cierta fuerza y virtud. Y el Santo Job en el capítulo duodécimo dice que en el mucho tiempo está la prudencia. (…)

Finalmente, la prudencia, sostiene el autor apoyándose en más citas de autoridad, suele adquirirse con la edad, la reflexión y la experiencia: (…) La senectud con la edad se hace más docta, con el uso más trillada, y con el proceso y discurso del tiempo, más sabia. (…) las canas de los hombres son prudencia.
(…)
En fin, no está de más hacer un llamamiento general a la prudencia, que se traduciría en actuar con sensatez, cordura, diálogo y buen gobierno, es decir, de forma justa, adecuada y con cautela, como decíamos al principio de estas líneas.

Y para celebrar el aniversario, (y el periodo vacacional), incluimos en el post My song, un hermoso tema musical de Keith Jarret y Jan Garbarek, del álbum del mismo título  publicado en 1978, con Palle Danielsson al bajo y Jon Christensen a la batería. Una belleza para disfrutar con tranquilidad y... prudencia.

 
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