martes, 8 de noviembre de 2016

El médico ‘perfecto’

       Enrique Jorge Enríquez. Retrato del perfecto médico. Salamanca. Juan y Andrés Renaut, 1595

En su Historia General de la Medicina Española (Ed. Universidad de Salamanca, 1980), el profesor Luis Sánchez Granjel explica que los médicos renacentistas tuvieron siempre una conciencia clara de la importancia de los conocimientos que poseían y en los que apoyaban su cometido profesional. Buena parte de ellos tuvieron una firme convicción sobre la alta dignidad del saber y la profesión que era su oficio...

Son numerosas, en este sentido, las alabanzas de la Medicina que realizaron en sus escritos los médicos españoles del siglo XVI, comparándola con los fundamentos de otras profesiones liberales. Esta dignidad de la Medicina justifica el detalle con el que se definieron las cualidades morales y los conocimientos que debía poseer el médico.

Las excelencias de la Medicina, ligando siempre su mención a una enumeración de preceptos de ética profesional fueron expuestas por varios autores de la época. Sobresale entre otros Enrique Jorge Enríquez, (c.1530 - ¿?) médico de origen portugués, que estudió en Coimbra y Salamanca, fue médico del duque de Alba y desarrolló su labor docente en estas dos universidades. Enríquez es autor de dos obras, ambas impresas en Salamanca, un tratado de dietética e higiene: «De regimine cibi atque potu et de caeterarum rerum no naturalium usu nova enarratio» (1594), y un auténtico tratado de ética profesional editado en 1595, pero que consta estaba ya escrito en 1582: «Retrato del perfecto médico».

Se trata de una obra redactada con dos finalidades: la primera, para defender a los médicos con estudios universitarios de la competencia de cirujanos, parteras, curanderos, etc.; y la segunda, para proponer a estos médicos una serie de normas intelectuales, morales, religiosas y de comportamiento, encaminadas a conservar y acrecentar la buena fama. La lectura de los clásicos, la práctica de las virtudes estoico-cristianas y la moderación son los principios que dirigen su discurso. Confluyen en la obra la necesidad de una literatura técnica que mostrase tanto los saberes y conocimientos, como el comportamiento del médico ante los cambios que la ciencia médica experimentaba en aquellos momentos.

Denuncia el autor a los que «son médicos sólo en el vestido», a quienes «más lo quieren parecer, que serlo», y a esta falsa realidad de apariencias, que rechaza, contrapone el ideal del ‘perfecto médico’. Las cualidades que, en su opinión, debe poseer el médico para merecer el calificativo de perfecto, pueden agruparse en tres categorías. Las primeras se refieren a su condición humana y a los principios que deben regir su comportamiento social; en segundo lugar se refiere a las prendas personales que el médico debe tener y vestir, (a este respecto le recrimina y advierte por el uso «de muy costosos y superfluos ornamentos, porque cierto es muy gran locura todo su caudal echarlo en paños y sedas»; por último, alude a cualidades que tienen relación con el modo de cumplir el médico el quehacer profesional…

Sentencia Jorge Enríquez:

«El Médico ha de ser temeroso del Señor y muy humilde, y no soberbio, vanaglorioso, y que sea caritativo con los pobres, manso, benigno, afable y no vengativo. Que guarde el secreto, que no sea lenguaraz, ni murmurador, ni lisonjero, ni envidioso. Que sea prudente, templado, que no sea demasiado osado… Que sea continente, y dado a la honestidad, y recogido; que sea el Médico dado a las letras y curioso; que trabaje en su arte y que huya de la ociosidad. Que sea el Médico muy leído y que sepa dar razón de todo.»

Y añade: «ande con el cabello y barba bien compuesta»; vigile su aseo; en las diversiones sea precavido; guarde en el vivir cotidiano la compostura que la nobleza de su profesión exige. Debe sentir el médico amor al saber y disponer de las condiciones intelectuales para poder saciar aquel afán; «no basta que sea de suyo dado a la sabiduría, sino [que] es muy necesario que tenga el ingenio que ella pide». La formación a partir de los libros la adquirirá en los años de formación universitaria; a esta educación doctrinal, erudita, ha de sumar una conveniente experiencia en la práctica; «después [que] el médico tenga alcanzado los teoremas y proposiciones universales se ejercite en los particulares ejemplos, porque no puede ser que salga perfecto sin el ejercicio. La razón y experiencia son los pies con los que anda la medicina». A través de esta imagen del buen médico, el autor transmite y explica el modo de entablar y sostener la relación profesional con el enfermo y las obligaciones de toda índole que con él contrae. Al final, resume su criterio en la siguiente frase:

(...) «abrácese nuestro médico con el conocimiento de sí mismo, y viva de tal manera como si cada hora se hubiera de morir».

En realidad, desde el punto de vista del profesionalismo, aunque hayan transcurrido más de cuatro siglos, y a pesar de los enormes cambios ocurridos en el ejercicio y en la práctica médica, existen una serie de valores y principios cuyo núcleo fundamental puede rastrearse en esas líneas y que sin duda se mantiene inalterable. La base fundamental del profesionalismo médico es la obligación de atender al paciente, procurar su recuperación y bienestar y evitar los posibles daños derivados de la asistencia. Los pacientes esperan que los médicos sean técnicamente competentes, francos o abiertos, y honestos o veraces, y que muestren respeto en el trato personal. Estas cualidades constituyen la base del contrato social que otorga autoridad moral al médico, haciéndole acreedor y determinando la confianza de los pacientes en particular y de la sociedad en general.

Los principios y valores que constituyen o representan el mínimo común denominador de la práctica médica y del desempeño profesional -en cualquier época-, suponen hoy que todo médico (digamos que cualquier sanitario) tiene(n) una serie de obligaciones y una responsabilidad individual con respecto al ejercicio de su profesión y al mantenimiento de esos valores, (búsqueda de la mejora continua, eficiencia, equidad…) pero también una responsabilidad colectiva, debiendo participar en la (auto)regulación de la profesión y en el mantenimiento de la (buena) imagen de la misma.

6 comentarios:

  1. Interesante cita histórica que nos lleva a volver a reivindicar una formación médica que incluya entrenamiento para la empatia con las personas y su contexto social, a la vez que una práctica alejada de los privilegios corporativos y consciente de como está determinada por su inserción institucional (recordemos que en nuestro entorno, no es una práctica liberal privada como en el siglo XVI, sino en un sistema que pretende ser público y universal que busca la equidad en Salud).

    Gracias Rodrigo x compartir

    Javier Segura

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    1. Hola, Javier.
      En efecto, debiéramos ser capaces de volver a enarbolar la autoridad protectora de los clásicos, aquello a lo que aspiraba el canon griego: aunar lo bello, lo bueno y lo justo, concebidos como la misma cosa de una práctica profesional excelente...
      Gracias por tu amable comentario.

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  2. Satisface comprobar como casi todo lo realmente importante ha sido manifestado con anterioridad. Somos "profesionales" porque "profesamos" un determinado código de valores éticos. Antes fue así y así debe seguir siendo. Muy interesante reseña del amigo Rodrigo Gutiérrez.

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    1. Estimado Rafael: Como dijo el propio Sir Isaac Newton, "Caminamos a hombros de gigantes", y no hay más que mirar hacia los clásicos para comprobar que siguen siendo un modelo a imitar y seguir en muchos aspectos, desde luego en el de la profesionalidad.
      Gracias por pasarte por aquí...

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  3. Entiendo la intención de aquel documento de la época, pero ante la duda de si "perfecto" era entonces lo mismo que ahora, ya que antes la etimología de las palabras tenía más peso en las mismas, me he ido a buscar las raíces. Me quedo con ese acercamiento a la EXCELENCIA que denota la perfección pues, de otro modo, se me queda en un término un poco pretencioso (es percepción mía, claro). Lo de la buena imagen, hoy tan deteriorada ante tanto descrédito, fruto en buena parte de nuestro propio descontrol, algo sobre lo que reflexionar y actuar. Seguiremos encontrando aspectos nuevos en el camino a esa excelencia del que tan buenas pinceladas da el tratado que has traído a colación. Saludos.

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    1. Estimada Rosa:
      Siempre tan atinada y precisa en tus comentarios... Indudablemente, el sentido del término "perfecto" del libro sugiere y remite a un estado deseable, a un camino y a la búsqueda de la excelencia que hoy nos resulta más familiar. En todo caso, como bien dices, materia para la reflexión, el debate y la acción.
      Gracias y saludos.

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