martes, 27 de marzo de 2012

Recortes sanitarios y “paremiología”

El Presidente Obama lee una pregunta en Internet sobre la Reforma Sanitaria en EEUU. REUTERS (27-03-2009)


Hace unas semanas, el suplemento literario Babelia del periódico El País incluía una extensa entrevista y un amplio reportaje sobre la figura y la obra de Erri de Luca.

En un momento de la entrevista el escritor italiano cuenta una vieja historia yidish:

“Un viejo sabio es invitado a Varsovia. Aunque es famoso, nadie lo conoce físicamente. Después de caminar horas y horas se sube a un tren. Va desaliñado y la gente lo trata mal. Cuando lo reconocen en la sinagoga, aquellos que lo insultaron le piden perdón. Él responde que los perdonaría gustosamente, pero que no puede hacer nada porque al que deberían pedirle excusas es al del tren”.

Erri de Luca añade como explicación: “La injusticia que cometes no se puede reparar, pero cada vez que no vuelves a cometerla has pedido excusas al del tren…”

No sé por qué, pero cuando leí la historia me vino a la cabeza el maltrato reiterado, las agresiones, los “insultos” y la cantidad de “ofensas” que de un tiempo a esta parte se le vienen haciendo a nuestro SNS a cuenta de las medidas que se están adoptando, (privatizaciones, tasas, “repagos”, ajustes, racionamiento o recortes indiscriminados), en su mayor parte inexplicados -y por tanto injustificados-, que se están llevando a cabo por doquier… Alguna de estas medidas es calificada como un auténtico atropello y un torpedo en la línea de flotación del SNS.

Porque, como señalaban también recientemente Benach J, et al. (El copago sanitario y la desigualdad: ciencia y política. Gac Sanit. 2012;26:80-2. vol.26 núm 01) éste “…no es un asunto “técnico” que podamos entender solamente con la mejor evidencia científica disponible, sino que también es imprescindible valorar las estrategias y los intereses políticos que lo sustentan”. (...) 

“La atención sanitaria no debe ser un proceso comercial sino un bien común, organizado según el principio de cobertura sanitaria universal con independencia del nivel socioeconómico de la población, tal y como reconoce nuestra Constitución. La atención sanitaria pública, equitativa, de calidad y con un alto nivel de prestaciones, debe ser un derecho ciudadano y no un privilegio que sólo pueda pagar una parte de la población llamada «clientes». Para ello, deben disponerse en los presupuestos las partidas suficientes, con un sistema fiscal mucho más redistributivo que el actual. La tendencia a ir hacia un sistema sanitario público progresivamente más mercantilizado y privatizado responde cada vez menos a las necesidades de toda la población, y cada vez más a los intereses privados y a una ideología neoliberal que el «co-repago» contribuye a reforzar”.

El modelo de atención sanitaria es un tema de indudable interés general que, al mismo tiempo, es también objeto de intereses particulares, un tema controvertido, discutible, necesariamente sometido a escrutinio y sobre el que debe existir más transparencia, participación, debate público, contraste de opiniones y decisiones bien fundadas, en la medida en que pueden afectar a la cohesión social  y al propio modelo de sociedad.

Cuando las cosas no se explican, o se explican mal, tergiversando o manipulando de manera intencionada las palabras (o los datos)se incurre en un “lenguaje de madera”, supuestamente técnico, preñado de circunloquios, eufemismos y anfibologías cuya finalidad no es informar o comunicar, sino transmitir un mensaje deliberadamente ambiguo o con múltiples significados, que deja siempre una puerta abierta a una interpretación distinta llegado el caso. El lenguaje económico-político para abordar cuestiones sanitarias, que se pretende aséptico, científico y neutral, se ha convertido en esta época en uno de los ejemplos más representativos de semejante práctica.

Y es que, con demasiada frecuencia, como dice un personaje de la última novela de Fred Vargas: “De tanto alejarse de las palabras, las teorías más puras degeneran en bulos […]. Entre aproximación e inexactitud, la verdad va disolviéndose dando paso al oscurantismo”. (El ejército furioso. Ed. Siruela. Madrid, 2011).

Algunas noticias alertan de que, en el punto en que nos encontramos en el ámbito social y sanitario, convendría tener mucho cuidado (con la excusa de salvar y "garantizar" el sistema o las prestaciones) para no tirar al niño con el agua de bañarlo”, como dice el antiguo proverbio alemán, muy utilizado también en el mundo anglosajón: “(Don't) throw the baby out with the bathwater”.

Porque, si así fuera, y tuviéramos que rescatar al niño, ¿podríamos hacerlo?, ¿en qué condiciones se encontraría?, ¿quién (nos) pedirá después perdón y excusas? ¿Dónde estarán entonces los responsables del desaguisado?

Pues en esas estamos...


Grabado: «Das kindt mit dem bad vß schittē» en Thomas Murner Narrenbeschwörung, 1512

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