miércoles, 14 de septiembre de 2011

Batas blancas: atuendo y vestimenta sanitaria


1.       Publica Diario Médico en su edición del 6 de septiembre un reportaje titulado ¿Bata o traje? que analiza “si es mejor que el gerente de un hospital sea médico de formación o no”.

El artículo se refiere a un estudio realizado por Amanda H. Goodall, del IZA, (Instituto para el Estudio del Trabajo, de Bonn), aparecido recientemente en la revista Social Science and Medicine : Physician-leaders and hospital performance: Is there an association? (Social Science & Medicine 73(2011) 535-539).

Mediante un estudio transversal la autora revisó las historias personales de 300 gerentes de los 100 hospitales más importantes de los Estados Unidos, relacionando si eran o no médicos con los resultados de un Índice de Calidad Hospitalaria (IHQ) que incorporaba en su diseño diversas variables relativas a la estructura, proceso y resultado de los hospitales.

Aunque no son considerados como definitivos, sino como una primera evidencia empírica que necesita de más investigación en el futuro, los resultados muestran una puntuación en el IHQ un 25 por ciento mayor en los centros dirigidos por médicos respecto a los que no lo están.

En su introducción el trabajo aborda también la cuestión acerca de la profesionalización de los gerentes hospitalarios, un asunto que en el NHS ya había sido planteado en el Informe de Lord Darzi, de junio de 2008, High quality care for all: NHS Next Stage Review”.


2.       Pero en realidad no era éste el tema que quería comentar. El título del reportaje me recordó un curioso artículo publicado en diciembre de 2005 en BMJ:
Judging a book by its cover: descriptive survey of patients' preferences for doctors' appearance and mode of address  en el que se recogían los resultados de una encuesta realizada a un total de 451 pacientes, (249 de consultas externas y 202 ingresados), en un hospital de nivel terciario de Nueva Zelanda. La encuesta pretendía averiguar las preferencias de los pacientes con respecto a la vestimenta de los médicos, fueran de uno u otro sexo, y la forma de presentarse o dirigirse a ellos.


A los pacientes se les presentaron una serie de 12 fotografías en las que aparecían dos jóvenes médicos (hombre y mujer) vestidos con diferentes estilos (casual, ropa de sport, traje formal, ropa semiformal y bata blanca) y se les preguntó acerca de sus preferencias y el nivel de comodidad que sentían ante el modo de vestir del profesional (según una escala de Likert de 5 items de ‘muy incómodo’ a ‘muy cómodo’). En una de las fotografías el (la) médico(a), ataviado(a) con ropa semiformal, aparecía además sonriendo.

Los pacientes preferían a los médicos vestidos con ropa semiformal, pero el añadido de una cara sonriente fue aún mejor. Los preferidos a continuación fueron los que aparecían vestidos de manera semiformal sin sonrisa, seguidos de los de bata blanca, los de traje formal, los de vaqueros y los vestidos con ropa tipo casual. Los pacientes manifestaron sentirse más cómodos con elementos y ropa de estilo más ‘conservador’, como camisas de manga larga, zapatos cerrados y pantalones de vestir o faldas, que con elementos ‘menos conservadores’, como piercings en la cara, tops cortos y aretes en los hombres. La mayoría de los pacientes prefería ser llamado por su nombre, que el médico(a) se presentase con su nombre y cargo completo, y ver la chapa o tarjeta identificativa con el nombre del médico en el bolsillo de la bata. Los pacientes de mayor edad tenían preferencias más conservadoras.

El artículo es ilustrativo y encierra numerosas enseñanzas con respecto a la comunicación no verbal  en el ámbito sanitario, y confirma algunos de los postulados que la semiología y la teoría de la comunicación anunciaban desde hace más de cincuenta años: “(…) El vestido es comunicación”, decía ya Umberto Eco en un breve ensayo (“El hábito hace al monje”) incluido en un librito titulado Psicología del vestir, publicado por la editorial Lumen en 1976.

La historia no carece de interés, pero conviene sin embargo ir más allá de los posibles contenidos simbólicos atribuidos a la bata blanca y de las explicaciones antropológicas sobre la ropa, los uniformes y las vestimentas más o menos ‘litúrgicas’: ya sabemos que los símbolos, de manera general, son formas de comunicación de mensajes sociales.

El uso de la bata blanca dejó de ser obligatorio en el Reino Unido entre 2007 y 2008, no sin alguna controversia y cierta contestación, (el NHS dejó de financiar el coste de las batas blancas a los profesionales, quienes, si lo desean, deben pagarla de su propio bolsillo). Casi puede hablarse de la práctica desaparición de esta prenda, tan asociada a la imagen clásica del médico…

Lo cierto es que el tema de la influencia de la indumentaria y la forma de vestir de los profesionales sanitarios en su relación con los pacientes, su actitud y el trato personal, así como sus consecuencias en el grado de conformidad, en la satisfacción y la confianza que les merece, ha sido objeto de atención desde hace tiempo. He aquí algunos de los artículos más relevantes, curiosos y de interés sobre el tema:

·         Dunn J. et al. Patient and House Officer Attitudes on Physician Attire and Etiquette JAMA 1987;257:65-68.

Para estudiar las preferencias acerca de la manera de vestir y los modales de los médicos, se entrevistó a 200 pacientes de los servicios médicos de hospitales universitarios de Boston y San Francisco. De estos 200 pacientes, el 65% consideró que los médicos deben usar bata blanca, el 27% pensaban que los médicos no deben usar zapatillas de tenis, el 52% creía que los médicos no deben usar pantalones vaqueros, el 37% consideraba que los médicos varones deben usar corbatas y el 34% cree que las médicas deben llevar vestidos o faldas. El 40% de los pacientes deseaba que los médicos se dirigieran a ellos por su nombre de pila, pero sólo el 10% de ellos querían dirigirse de la misma manera a los médicos. Una encuesta simultánea realizada por correo a 74 miembros del personal de los dos hospitales reveló una gran variabilidad en el tipo de ropa de los médicos y en cómo fueron tratados los pacientes en cada institución. Así, muchos empleados de los hospitales tenían hábitos que eran menos formales de los que una parte sustancial de sus pacientes preferían. Los autores del estudio reconocían que sus datos no eran generalizables y posiblemente estaban condicionados por el carácter docente de los hospitales, confirmando además la complejidad de la relación y el tipo de comunicación que se establece entre profesionales y pacientes.  
·         Barrett TG, Booth IW. Sartorial eloquence: does it exist in the paediatrician-patient relationship? BMJ 309:1710 (Published 24 December 1994).

Este estudio, realizado en el Reino Unido, estaba referido especialmente al ámbito de la pediatría y pretendía explorar y evaluar las actitudes de los niños y sus padres sobre la vestimenta de los médicos. Para ello se llevó a cabo una encuesta a 203 niños con sus padres en consultas externas del hospital infantil de Birmingham a lo largo de tres meses. El cuestionario les presentaba una serie de fotografías de médicos(as) con diferente indumentaria, (bata blanca, formal, e informal o casual) a las que se les asignaban atributos positivos o negativos. Un 70% de los niños y padres consideraron que la forma de vestir de los médicos era importante. El estudio señala que, en general, los pediatras suelen vestir de manera más informal, aunque existen diferencias entre el Reino Unido y los EEUU. De los 99 niños que respondieron, 44 consideraron al médico -hombre o mujer- con bata blanca como más competentes; sin embargo, estos mismos obtuvieron una calificación más baja en "actitud amistosa". Al mismo tiempo, los médicos vestidos de forma casual se consideraron "más amistosos" pero menos competentes.   


·         Rehman S et al. What to wear today? Effect of doctor's attire on the trust and confidence of patients The American Journal of Medicine (2005) 118, 1279-1286

Este artículo se basa en un estudio realizado mediante una encuesta en pacientes de un hospital de la Veterans Health Administration, por lo que probablemente tiene un importante sesgo de selección. En este caso, una abrumadora mayoría de pacientes (76.3%) estaban a favor de los médicos con bata blanca y con una vestimenta “profesional” lo que, según los autores, puede influir favorablemente y fomentar la confianza en la relación médico-paciente.

·         Major K et al. Attitudes regarding surgeons' attire. The American Journal of Surgery 190 (2005) 103-106

Este estudio es interesante; se comparan y contrastan las opiniones acerca de cuál debe ser la vestimenta apropiada según los propios cirujanos y según los pacientes. Hay algunas similitudes, pero también algunas diferencias notables. Los pacientes fueron menos aficionado a la bata blanca y al pijama que los cirujanos, y fueron especialmente discordantes en su punto de vista sobre los zuecos como calzado adecuado (27% de los pacientes los consideró oportunos, en comparación con el 63% de los cirujanos). El doble de pacientes que de cirujanos pensaba que estaba bien para los médicos usar pantalones vaqueros.

·         Finalmente, un artículo publicado en mayo de 2008 por el Journal of General Internal Medicine recogía una búsqueda a través de PubMed y la subsiguiente revisión bibliográfica de un total de 23 artículos encontrados sobre el tema entre 1987 y 2007:
Bianchi MT. Desiderata or Dogma: What the Evidence Reveals About Physician Attire  Journal of General Internal Medicine (2008). Volume 23, Number 5, 641-643

Este tema –decía el artículo- puede considerarse como un subconjunto del concepto general de profesionalismo, que abarca la ética, los valores, el humanismo, y otros temas relacionados. En general se considera que un tipo de vestimenta formal es importante en la atención al paciente, y pueden imaginarse varias razones posibles: las expectativas de la sociedad, la tradición, la asociación de la apariencia con la competencia, la identificación de la autoridad, la evitación de apariencias que distraigan. Quizás esta tendencia hacia la vestimenta tradicional deriva de una combinación de factores sociales que se aplican a los "profesionales" o al "éxito" en general, y la vinculación histórica profunda de la indumentaria con la práctica médica, en particular.

Nos encontramos sin duda en un terreno ‘resbaladizo’ y cambiante, muy condicionado socialmente y relacionado con las ideas, los gustos y preferencias previas, la moda, los valores, la edad y el contexto cultural en el que nos encontremos. Todo ello influirá en el futuro de la bata blanca en el ámbito sanitario, cuya desaparición predicen algunos: The death of the white coat? BMJ (2004) 328 : 57 doi:10.1136/bmj.328.7430.57

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