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viernes, 30 de abril de 2021

Un Comunicado de la #SEAUS

                                                  
En estos días la Junta Directiva de la Sociedad Española de Atención al Usuario de la Sanidad (SEAUS) ha hecho público el siguiente comunicado, en relación con la pandemia de la COVID-19 y su impacto en el Sistema Nacional de Salud y en la ciudadanía. Ha sido remitido a Consejerías, Departamentos y Servicios de Salud de las Comunidades Autónomas. Como es suficientemente conocido, por desgracias, la pandemia ha tenido también un impacto directo muy importante en pacientes y usuarios, especialmente sobre determinados colectivos y grupos sociales más vulnerables de la población. Preocupa sobremanera la situación del sistema sanitario público y las repercusiones tras la crisis sanitaria en cuanto a disponibilidad, mejoras y el (tantas veces postergado y necesario) incremento de recursos materiales, económicos, de personal, equipamiento y dotación de medios técnicos para recuperar el tiempo y las oportunidades perdidas en un SNS herido desde hace tiempo por la crisis económica, por los recortes y las restricciones presupuestarias previas a la pandemia provocada por el SARS-CoV-2.

«Acaban de cumplirse ahora justamente 14 años desde que en 2007 el Parlamento Europeo declarara el 18 de abril como Día Europeo de los Derechos de los Pacientes, pasando a formar parte del calendario oficial, con la finalidad de que «aquellas organizaciones ciudadanas activas que trabajen en el campo de los derechos de los pacientes a nivel nacional» puedan dedicarse a «informar, debatir y adoptar compromisos para mejorar los derechos de los pacientes en Europa».

La Carta que los recoge identifica y define catorce derechos básicos de todo paciente en sus relaciones con los servicios de salud, con independencia de su lugar de residencia, sexo, edad, religión, estatus socioeconómico, grado de alfabetización o necesidades individuales de salud o asistencia sanitaria. [Ver aquí].

El objetivo final es que estos derechos garanticen un alto grado de protección de la salud humana, para asegurar la alta calidad de los servicios proporcionados por los diferentes sistemas de salud en todo el territorio de la Unión Europea. Suponen la plasmación de los derechos fundamentales y, como tales, deben ser reconocidos y respetados independientemente de las limitaciones financieras, económicas y políticas existentes, teniendo en cuenta los criterios de adecuación de los cuidados sanitarios en cada ámbito territorial concreto.

El nivel o grado de desarrollo y aplicación de los derechos varían en función del modelo y de la estructura de los servicios de atención a la salud de cada país de la UE, y dentro de ellos. No obstante, el respeto a estos derechos implica el cumplimiento de requisitos técnicos y de organización, así como de patrones profesionales y de comportamiento, lo que puede requerir cambios de la forma en que operan los sistemas de salud en los diferentes países europeos.

En España, la crisis sanitaria mundial desencadenada por la COVID-19 ha sometido a los profesionales sanitarios y al Sistema Nacional de Salud en su conjunto a una presión sin precedentes. El impacto de la pandemia sobre los profesionales se dejará sentir durante mucho tiempo. La crisis también ha dejado al descubierto y ha exacerbado además los problemas previos a los que se enfrentaban, incluyendo desigualdades, condiciones de trabajo inadecuadas y una excesiva presión asistencial.

Como ha ocurrido en otros lugares, en el trascurso de la crisis se han puesto en marcha nuevos procedimientos y fórmulas de atención que han cambiado enormemente el escenario y el panorama de la atención sanitaria. La pandemia de la COVID-19 ha llevado incluso a cambiar y rediseñar el modelo de asistencia sanitaria, tanto en Atención Primaria como en los centros hospitalarios, adaptándolo sobre la marcha a las necesidades del momento, modificando la organización funcional de los equipos, reorganizando espacios y estableciendo circuitos asistenciales, planes de contingencia y de actuación sanitaria, así como de protección de los pacientes y profesionales. La atención sanitaria presencial, especialmente en atención primaria, se ha visto sustituida en gran medida por la atención telefónica y telemática, fundamentalmente para el seguimiento de muchos tipos de pacientes: casos probables, posibles y/o confirmados de infección por COVID-19, patologías crónicas, pacientes inmovilizados y sus cuidadoras, renovación de tratamientos, procedimientos administrativos, llamadas y resolución de dudas, etc., en la atención médica y de enfermería, tanto de la población adulta como de la pediátrica, sin olvidar el impacto de la pandemia en los Servicios de Salud Mental. En muchos casos se ha señalado que todo esto ha dificultado (y sigue dificultando) la accesibilidad a los distintos servicios y la comunicación de muchos pacientes con los profesionales sanitarios.

Varios informes han puesto de manifiesto que algunas de estas situaciones pueden considerarse claramente como una vulneración de los derechos y un deterioro en la calidad de la atención sanitaria prestada a los pacientes.

A lo largo de los últimos doce meses en algunos centros sociosanitarios de personas mayores la COVID-19 no solo ha sido una catástrofe sanitaria y humana, sino que ha funcionado como un extraordinario amplificador del edadismo, es decir, de una visión negativa de la vejez que lleva consigo discriminación, paternalismo y deshumanización de la asistencia.

El modelo asistencial vigente ha contribuido a esa deshumanización, que se ha traducido finalmente en más personas enfermas y en muertes. Hubo casos en los que se aplicó un protocolo de exclusión de la atención sanitaria en los hospitales de referencia a los residentes enfermos que tenían deterioro cognitivo o discapacidad motriz, no se medicalizaron las residencias, a pesar de que hubo una sentencia del Tribunal Superior de Justicia en alguna Comunidad Autónoma  para que se llevara a cabo; se trasladaron a hospitales privados solo a aquellos residentes que contaban con seguros privados, y no se trasladó a los residentes enfermos al hospital de campaña existente. Cabe añadir a este respecto que algunas residencias de mayores están siendo aún objeto de investigación por supuestos delitos civiles y penales.

No es preciso recordar aquí los derechos enumerados en la Carta Europea para denunciar al menos cinco violaciones de derechos humanos ocurridas en centros sociosanitarios (a la salud, a la vida, a la no discriminación, a la vida privada y familiar y a una muerte digna), y conviene alertar del riesgo de que se repitan, ahora con el consiguiente retraso en la atención sanitaria y en el diagnóstico de posibles problemas de salud distintos a la COVID-19.

La situación existente, que en gran medida ha supuesto una quiebra del derecho a la salud de las personas más vulnerables, aparece estrechamente vinculada a las medidas de austeridad y a la infrafinanciación tanto de la sanidad como de los servicios sociales. Años de desinversión en la sanidad pública han provocado que, a pesar del compromiso, de los esfuerzos y del gran trabajo desempeñado por los profesionales, las condiciones en que se ha desarrollado la asistencia sanitaria no han sido adecuadas ni satisfactorias.

Un buen número de quejas y reclamaciones han estado relacionadas con la información y comunicación. En general, y a falta de visitas presenciales, tampoco las comunicaciones estuvieron bien gestionadas. En la mayoría de casos, las comunicaciones remotas entre pacientes (o residentes en centros sociosanitarios) y sus seres queridos fueron limitadas e insatisfactorias, con llamadas de audio y vídeo improvisadas, poco frecuentes y mal organizadas. A ello se sumó la falta de información adecuada sobre la situación de sus familiares ingresados, como han manifestado en numerosas y reiteradas quejas estas personas. En muchos casos las personas han muerto solas, violando su derecho a una muerte digna y suponiendo también un trauma para sus familias la (pésima) gestión de la despedida y del traslado de las personas una vez fallecidas.

La falta de protección, la improvisación apresurada y la tardanza en adoptar medidas eficaces ha causado muertes prevenibles y prematuras en todas las comunidades autónomas de España, pero aún hoy existen grandes diferencias entre CCAA que distinguen el buen hacer del mal hacer y el grado de humanización en la atención a las personas que requieren asistencia sanitaria.

Escasez de personal, condiciones de trabajo inadecuadas, sobrecarga asistencial y listas de espera se han agravado con la crisis sanitaria y dificultan el acceso al derecho a la salud de las personas más vulnerables.

El futuro, una vez superada la pandemia de la COVID-19 apunta a la reproducción y mantenimiento de muchos de los errores ocurridos que, de no poner remedio, se traducirán en más retrasos y aumento de los tiempos de espera para procedimientos diagnósticos y tratamientos, falta de control y seguimiento de problemas de salud crónicos, desatención e incremento de las situaciones de vulnerabilidad.

Y aunque con notables diferencias entre distintos territorios, desde la SEAUS queremos hacernos eco de esta grave situación, que debe ser un aldabonazo y una llamada de atención sobre todo a las distintas administraciones sanitarias y a los responsables públicos para cambiar el modelo de atención existente, incrementar los recursos económicos, mejorar la gestión e incrementar la colaboración en el ámbito sanitario y sociosanitario. Como se ha repetido con frecuencia, sería una locura seguir haciendo lo mismo y pretender obtener resultados diferentes.

Los sistemas sanitarios han de estar realmente al servicio de todas las personas; humanizar la atención no consiste en un «buenismo» impostado, sino en promover la excelencia profesional con los medios humanos y tecnológicos disponibles y con las actitudes necesarias. Y esto también requiere inversión económica y un conjunto de áreas de mejora a través de la escucha de todos y cada uno de los protagonistas.

Más allá de las declaraciones formales y de las exposiciones retóricas, corresponde a todos los sectores y agentes implicados hacer posible la ejecución y puesta en práctica de las políticas públicas concretas que hagan realidad los derechos de los pacientes: gobiernos y autoridades sanitarias, responsables públicos, directivos, profesionales, trabajadores y empleados, ciudadanía activa y comprometida.

Se hace imprescindible respetar los Derechos y Deberes de los pacientes, fomentar la Humanización de la asistencia, la Atención Centrada en la Persona y el Debate Ético entre todos los agentes implicados.

Porque conviene recordar que nada está garantizado y nada es para siempre…»

sábado, 19 de enero de 2019

The NHS Long Term Plan

     Malcolm Willet
(Continúa)…

Apenas año y medio después del citado artículo editorial, (The Lancet, April 15, 2017. The future of the NHS), el pasado 7 de enero, el director ejecutivo de NHS England, Simon Stevens, presentaba el denominado “Plan a largo plazo del NHS” (NHS Long Term Plan) en el Alder Hey Children's Hospital de Liverpool.

Tras su publicación, se inicia ahora un calendario en su tramitación según el cual, hasta el verano de 2019, el personal, los pacientes y la ciudadanía tendrán la oportunidad de hacer aportaciones y contribuir con el NHS, a nivel local, para determinar qué significa el Plan del NHS para su área, y cómo cumplir con los objetivos nacionales en el ámbito de su comunidad.

Con carácter general, el Plan viene a dar respuesta a los problemas del NHS, adaptar el sistema para enfrentarse al futuro y obtener el mayor valor para los pacientes de cada libra invertida por los contribuyentes.

He aquí un resumen con algunos de los objetivos que pretenden mejorar la atención de los pacientes en los próximos diez años. Algunas de estas medidas llaman la atención (¿así estamos?):
·  Asegurarse de que todo el mundo tenga el mejor comienzo en su vida
- Reducir la mortalidad perinatal y maternoinfantil en un 50%. 
- Asegurar que la mayoría de las mujeres puedan beneficiarse de la continuidad de cuidados durante y después de su embarazo. 
- Proporcionar apoyo adicional para embarazadas con riesgo de nacimiento prematuro. 
- Ampliar el apoyo a los problemas de salud mental perinatales. 
- Adoptar medidas adicionales sobre la obesidad infantil. 
- Aumentar la financiación para la salud mental de la infancia y la juventud. 
- Reducir los tiempos de espera para las evaluaciones de autismo. 
- Proporcionar un correcto cuidado a los niños con problemas de aprendizaje. 
- Ofrecer los mejores tratamientos disponibles para los niños con cáncer, incluyendo terapias CAR-T y radioterapia con haz de protones.
· Ofrecer una atención de primer nivel para los principales problemas de salud
- Prevenir 150.000 ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares y casos de demencia. 
- Proporcionar programas de educación y ejercicio a decenas de miles de pacientes más con problemas cardíacos, previniendo más de 14.000 muertes prematuras. 
- Salvar 55.000 vidas más al año diagnosticando más cánceres en estadios precoces. 
- Invertir en detectar y tratar las afecciones pulmonares precozmente para prevenir 80.000 estancias hospitalarias. 
- Gastar al menos £ 2.300 millones más al año en atención a la salud mental. 
- Ayudar a 380.000 personas más a recibir tratamiento para depresión y ansiedad (para 2023/24). 
- Proporcionar atención física y mental basadas en la comunidad para 370.000 personas al año con enfermedad mental grave (para 2023/24).
· Ayudar a las personas a envejecer bien
-Aumentar la financiación para la atención primaria y comunitaria en al menos £4.500 millones. 
-Agrupar a diferentes profesionales para coordinar mejor la atención. 
-Ayudar a más personas a vivir de manera independiente en casa por más tiempo. 
-Desarrollar más equipos de respuesta rápida en la comunidad para prevenir ingresos innecesarios en el hospital, y acelerar las altas al domicilio. 
-Mejorar el apoyo del personal del NHS a las personas que viven en residencias. 
-Mejorar el reconocimiento de/a los cuidadores y el apoyo que reciben. 
-Progresar en el cuidado de las personas con demencia. 
-Facilitar a un mayor número de personas más información sobre la atención que reciben y dónde la reciben, en particular hacia el final de sus vidas.

El Plan establece una serie de medidas que, la verdad sea dicha, suenan a recetas (bastante) conocidas, acerca de cómo piensan superarse los desafíos a los que se enfrenta el NHS, como la escasez de personal y la creciente demanda de servicios: 

1. Hacer las cosas de manera diferente, dando a las personas un mayor control sobre su propia salud, alentando la colaboración entre GP’s, equipos y ‘redes de atención primaria’ trabajando como ‘sistemas de cuidados integrados’. 

2. Prevenir la enfermedad y luchar contra las desigualdades en salud, aumentando la lucha contra algunas de las causas más significativas de la enfermedad, incluyendo nuevas medidas para ayudar a las personas a dejar de fumar, superar los problemas de consumo de alcohol y evitar la diabetes tipo 2, centrándose especialmente en las comunidades y grupos de personas más afectadas por estos problemas. 

3. Apoyar y respaldar al personal, aumentando la mano de obra del NHS, formando y reclutando a más profesionales –incluyendo varios miles de plazas para enfermeras de pregrado, más plazas en facultades de medicina, y más rutas para la formación en el NHS. También se pretende que el NHS sea un mejor lugar para trabajar, para que más profesionales permanezcan en el NHS y sean capaces de hacer un mejor uso de sus habilidades y experiencia para los pacientes. 

4. Hacer un mejor uso de los datos y de la tecnología digital, proporcionando un acceso más adecuado a los servicios y a la información de salud para los pacientes, (con una nueva aplicación NHS App como puerta de entrada digital), un mejor acceso a las herramientas digitales y a la historia clínica de los pacientes por parte del personal y mejoras en la planificación y prestación de servicios basados en el análisis de los datos de los pacientes y de la población. 

5. Sacar el máximo provecho de la inversión de los contribuyentes en el NHS trabajando con médicos y otros profesionales para identificar maneras de reducir duplicidades innecesarias en los servicios clínicos, hacer un mejor uso del poder de compra del NHS para obtener mejores precios en los productos más comúnmente utilizados, y reducir los gastos de gestión y administración.

Angela Coulter, conocida experta en políticas de salud, analista y directora no ejecutiva de NICE, publicaba hace pocos días una breve entrada sobre el Plan del NHS en su blog del BMJ: («What does the NHS long term plan promise for patients?»).

En su opinión la omisión más decepcionante del Plan es la falta de propuestas coherentes para abordar la multimorbilidad, posiblemente el mayor problema al que se enfrenta el NHS (y otros sistemas sanitarios). Un estudio reciente de The Health Foundation informaba que más de 14 millones de personas (una de cada cuatro) presentan dos o más problemas de salud, lo que supone más de la mitad de las hospitalizaciones y visitas ambulatorias y tres cuartas partes de las prescripciones en atención primaria. Sin embargo, el sistema de salud británico, como ocurre con otros en todo el mundo, se organiza alrededor de enfermedades individuales y hay muy poca investigación sobre la mejor manera de manejar múltiples enfermedades.

Por tanto, añade Coulter, es extraño que el Plan a largo plazo no diera más importancia a su mejor respuesta para el problema de la multimorbilidad, a saber, el denominado modelo integral de atención personalizada (Comprehensive Model of Personalised Care). Aunque aparece citado en el informe, se publicó apenas un mes antes, en noviembre de 2018. El modelo, basado en la conocida estratificación según niveles de complejidad, esboza una estrategia para dar un mejor apoyo a las personas con problemas de salud física y mental a largo plazo, dándoles mayor capacidad de elección y control, con el objetivo de construir sus conocimientos, habilidades y confianza para vivir bien con sus problemas de salud.

Son muchos los interrogantes y las dudas que suscita hoy día el NHS británico, embarcado en esta enésima reforma que parece que no acaba de dar una respuesta adecuada a los retos y desafíos planteados desde hace ya algún tiempo a la mayoría si no a todos los sistemas sanitarios de los países desarrollados: cambios demográficos y envejecimiento poblacional, problemas y enfermedades crónicas, pluripatología y multimorbilidad, innovaciones tecnológicas y disponibilidad de recursos...

[No es la primera vez que hablamos aquí del futuro del NHS:

Ver: Sobre el futuro del NHS y también:
Cómo transformar el modelo de atención sanitaria y social (I)

Así las cosas, Milagros Pérez Oliva concluye en su columna sobre el NHS:

«Si hace 40 años, cuando estaba en su apogeo e inspiró la Ley General de Sanidad española, alguien hubiera sugerido que el mítico NHS iba a encontrarse en esta situación, nadie lo hubiera creído. ¿Cómo han podido los británicos dejar que ocurriera?»
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viernes, 18 de enero de 2019

Mirror, mirror…

            Malcolm Willet, a partir del trabajo de Eadweard Muybridge

«La insuficiencia financiera y la falta de profesionales deterioran el Servicio Nacional de Salud Británico»

En una breve columna publicada en el diario EL PAÍS del 14/1/2019 («NHS: la destrucción de un mito»la periodista Milagros Pérez Oliva recuerda que hace ya años que el NHS británico dejó de ser el sistema sanitario público que durante mucho tiempo (nos) sirvió como espejo y modelo emblemático para el diseño y desarrollo de los sistemas nacionales de salud de muchos países; hoy es un espejo que parece bastante roto y deteriorado:

«Hace tiempo que el National Health Service (NHS), el servicio público de salud considerado de referencia en el mundo, dejó de ser la joya de la Corona británica. Las reformas estructurales emprendidas por Margaret Thatcher lo pusieron en la picota y ahora, tras nueve años de austeridad, está al borde del colapso.»
    Foto: Eadweard Muybridge
En un editorial publicado en enero de 2011, (The end of our NHS), The Lancet advertía ya sobre la peligrosa deriva en la que podía entrar el sistema público de salud británico debido a los recortes y a su escasa financiación, tras la entrada en vigor de la denominada Health and Social Care Bill, (que puso en marcha la creación del NHS Commissioning Board y de los consorcios que fragmentaron la atención sanitaria y social). The Lancet denunciaba, además, unos peores resultados en salud, de forma que la supervivencia de pacientes con cáncer primario colorrectal, cáncer pulmonar, cáncer de mama o de ovario era menor en el Reino Unido que en otros países, como Australia, Canadá, Suecia o Noruega.

En abril de 2017, con motivo de la aparición del Informe parlamentario de la House of Lords sobre «The Long-term Sustainability of the NHS and Adult Social Care», The Lancet publicó también un editorial bastante crítico (The future of the NHS). En línea con las conclusiones del citado Informe señalaba que, de no llevarse a cabo una serie de cambios radicales, el NHS y el sistema de atención social para adultos serían insostenibles en poco tiempo. Era necesaria una transformación del servicio, aportar soluciones de financiación a largo plazo y una acción inmediata en la atención social de adultos. Como decía el informe, "Nuestro NHS, nuestra 'religión nacional', está en crisis y el sistema de atención social para adultos está al borde del colapso". A menos que la cultura de soluciones a corto plazo sea reemplazada por una de planificación a largo plazo, el NHS no podría continuar. La recomendación clave del informe era la creación de una nueva “Oficina independiente para la sostenibilidad del sistema” para evaluar las necesidades de salud y de atención durante los próximos 15 a 20 años, informar sobre el impacto de las cambiantes necesidades demográficas, revisar la formación, las competencias y habilidades necesarias de los profesionales y evaluar la estabilidad de los presupuestos destinados para la atención sanitaria y la asistencia social en relación con la demanda.

El informe recomendaba liberar más fondos para el NHS, que debían aumentar al menos tan rápido como los aumentos en el producto interior bruto durante 10 años a partir de 2020. Una década anterior de recortes y restricciones salariales ha llevado a la desmoralización y ha dificultado el reclutamiento de personal, especialmente de los empleados peor remunerados. El informe concluye que la mayor amenaza interna para la sostenibilidad del NHS es la falta de una estrategia a largo plazo para asegurar el suficiente número de profesionales y mano de obra adecuadamente formada, capacitada y comprometida.

Otras dos recomendaciones importantes del Informe son la integración de la atención social y sanitaria haciendo que el Departamento de Salud sea responsable de ambos presupuestos, y la eliminación gradual del modelo tradicional de asociación o partenariado de la práctica generalista (GP) en favor de otros modelos, como el empleo asalariado. Otras recomendaciones incluyen la consideración de incorporar un sistema basado en seguros, que comience a implantarse en la mediana edad, para cubrir los costes de la asistencia, reducir los presupuestos de salud pública durante al menos los próximos 10 años, una nueva campaña para insistir sobre los peligros de la obesidad y una nueva redacción de la Constitución del NHS para dejar claro que el acceso al NHS implica responsabilidades y derechos para los pacientes, y que los ciudadanos tienen la obligación y el "deber común" de vivir de una forma sana para contribuir y apoyar la sostenibilidad del NHS.

El Informe establece un total de 34 recomendaciones. La falta de liderazgo del Departamento de Salud y de Health Education England, así como la fragmentación de los servicios provocada ​​por la Ley de Salud y Asistencia Social de 2012, son objeto de críticas particulares.

El NHS fue fundado en 1948 para prestar un servicio de salud integral, de carácter universal, disponible para todos, basado en la necesidad clínica y no en la capacidad de pago. Fue diseñado para tratar enfermedades agudas y –como muchos otros sistemas sanitarios- se ha adaptado mal al manejo de enfermedades crónicas y al creciente número de personas mayores con multimorbilidad.

La mano de obra sanitaria, -profesionales, empleados y trabajadores-, el NHS y los servicios sociales necesitan inversión como parte de la estrategia de crecimiento económico. El NHS es un instrumento que contribuye a los avances en el cuidado de la salud a través de la investigación y la innovación. La salud misma puede aumentar la productividad. En este sentido, tiene un importante papel económico que a menudo se ignora. Por todo ello, -recuerda el Informe-, el NHS necesita adaptarse a las necesidades de atención sanitaria para prestar una atención de calidad. Algunas enfermedades serán curables en los próximos años, pero las opciones actuales sobre el estilo de vida suponen ahora cargas enormemente crecientes de diabetes tipo 2 y de obesidad. Se necesitan urgentemente campañas de salud pública, de promoción de la salud y educación sobre prevención de enfermedades.

The Lancet apelaba al consenso entre los partidos políticos para implementar los hallazgos clave del informe tras el debate parlamentario. El futuro del NHS y la atención social dependerían del establecimiento de un liderazgo reconocido y una dirección que sobreviva a los ciclos gubernamentales.

Finalmente, reclamaba la necesidad de una investigación independiente para reunir a clínicos y expertos en políticas públicas, así como las voces de ciudadanos y pacientes, para responder a la pregunta: ¿Qué tipo de NHS queremos y necesitamos en 2020, 2025 y 2030? ¿Y cómo llegamos hasta allí?
(Continúa)...

jueves, 18 de agosto de 2016

¿Caos o cinismo sanitario?

  Foto: En una puerta de Dinan (Bretaña) 
«Nadie está libre de decir necedades. Lo malo es decirlas con aplicación.»
Michel de Montaigne. Essais. Livre III, Cap.I

Asistimos desde hace unos meses a un insólito, grotesco, irónico, paradójico, esperpéntico e incluso extravagante espectáculo. Ciertamente es difícil encontrar un único adjetivo que resulte adecuado para describir mejor o con mayor precisión el comportamiento y la actitud para referirse a la situación de la sanidad y de la asistencia sanitaria en Castilla-La Mancha por parte de algunos conspicuos responsables políticos del partido que ocupó el gobierno de la región durante la anterior legislatura. Empeñados en dar la espalda a la realidad y en negar la evidencia, (producto sin duda de su mala conciencia), instalados en el oportunismo y la manipulación, cuando no en la inconsistencia y la mentira, resulta como mínimo asombroso, por no decir incongruente e hipócrita, oírles hablar continuamente de caos sanitario, -su expresión favorita-. Ello delata el subconsciente de quienes durante cuatro años propiciaron y facilitaron el racionamiento y los recortes injustificados, el desmantelamiento sistemático del sistema sanitario público, los despidos de personal, la descapitalización de los hospitales, la paralización de las inversiones, las derivaciones injustificadas al sector privado, la opacidad y la falta de transparencia.

Decía Jonathan Swift, sagaz conocedor de la condición humana, que “algunas personas son más cautas en ocultar su sabiduría que su torpeza”, y en verdad que muchos parecen entusiasmados en airear y hacer públicas sus carencias. Mediante una estúpida monserga concertada se dedican a repetir burdas consignas propias de una estrategia trasnochada, a través de una inmisericorde cantinela de soniquetes, mantras y muletillas, inventando cifras o falseando datos, poniendo en duda, renegando e incluso lamentando cualquier avance y mejora que se produce en los servicios sanitarios.

Veamos, en orden cronológico, algunos ejemplos muy evidentes con distintos protagonistas y en distintas fechas, de esta constante manipulación y (ab)uso de la sanidad como arma arrojadiza, que demuestran bien a las claras el empleo orquestado del mismo argumentario:

Desde luego hace falta tener mucha caradura o desfachatez para afirmar sin ruborizarse cosas como la siguiente:

Indudablemente todo atropello parece justificable cuando se demuestra la falta de escrúpulos. Aunque no se entienda nada de nada, se puede barbotear con lógica sobre cualquier cosa, lanzándose sin el menor pudor a las más precipitadas generalizaciones, alcanzando su apoteosis sublime en meditaciones sin contenido: 


Otros solicitan, de manera solemne y con gran desfachatez, lo que en su momento no se atrevieron a pedir a los anteriores gobernantes de su mismo partido:

En algún caso la exageración –por desmesurada- puede llegar a bordear el ridículo:

Aquellos que ocultaban datos y no publicaban ninguna información sobre la situación de las listas de espera sanitarias se permiten el lujo de afirmar gratuitamente que "el desastre y caos sanitario" desde que gobierna el socialista Emiliano García-Page en Castilla-La Mancha "es cada vez más grave", acusando al Gobierno de "maquillar" los datos sobre listas de espera y de "engañar" a los ciudadanos.

Obviamente, cuando se ha perdido, o nunca se ha tenido, el mínimo pudor, se puede llegar aún más lejos. A la ignominia se le puede añadir todavía el insulto (como si ello viniese a suplir o compensar la falta de talento):
PP denuncia la política de 'despilfarro' de Page junto al 'caos sanitario permanente.' (20-7-2016).

Sobre esta deleznable concepción e idea de la política, recordaba recientemente un profesor de ciencias políticas que algunos sólo saben incurrir en provocaciones y exageraciones absurdas utilizando el insulto y la mentira como arma y estrategia, como si los políticos que más mienten fueran los que parecen más auténticos, siguiendo el viejo adagio de que «una mentira repetida mil veces se convierte en verdad» (vid. Mentiras auténticas). 

¿Acaso toman por tontos a los ciudadanos? ¿Creen que la gente no se da cuenta de lo artificioso e impostado que resulta esta excesiva e histriónica sobreactuación?

En el caso que venimos comentando parece indudable que nuestros ínclitos protagonistas han tenido que descubrir (tarde pero con prisas, como decía aquel) que la sanidad es un asunto importante que preocupa bastante a los ciudadanos, y que no lo debieron hacer muy bien, tal y como ponía de manifiesto el barómetro postelectoral del CIS de mayo-junio de 2015:

¿Cómo calificaría Ud. la labor que ha llevado a cabo durante los últimos cuatro años la Junta de Castilla-La Mancha en cada uno de los siguientes temas: muy buena, buena, regular, mala o muy mala?

Como se ve, el porcentaje de castellanomanchegos que calificaban entonces esa labor como mala y muy mala en sanidad era de un 57% y tan sólo un 16.9% de los encuestados la consideraban como buena o muy buena.

 Y además, sigue siendo un tema relevante, ya que aparecía citado expresamente como el segundo en importancia que debería preocupar al gobierno:

Entre los temas siguientes, ¿cuál cree Ud. que debería ser el más importante para el nuevo Gobierno de Castilla-La Mancha? ¿Y en segundo lugar?

En fin, sólo a modo de recomendación, no sería malo atender a las sabias enseñanzas de Michel de Montaigne, a quien citábamos al comienzo de estas líneas:

«En verdad, el mentir es un vicio maldito. Sólo somos hombres y sólo creemos los unos en los otros por la palabra. Si conociésemos el horror y el peso de la mentira, la perseguiríamos hasta la hoguera con más justicia que a otros crímenes.»

Dicho queda.

jueves, 18 de junio de 2015

Cambio de ciclo

[Publicado en El Porvenir de Castilla-La Mancha y en dclm.es (14-6-2015) con el título: 
“¿Está Castilla-La Mancha mejor que hace cuatro años?”]

La mentira es un vicio de tan difícil cura, que para algunos resulta casi imposible de erradicar. De no ser así, sorprendería la insistencia con la que destacados dirigentes del PP de Castilla-La Mancha se empeñan estos días en afirmar que la región se encuentra hoy en mejor situación que hace cuatro años, cuando accedieron al Gobierno. Como se sabe, repetir mil veces una mentira no cambia la realidad pero sí su percepción, de ahí que –siguiendo esa consigna totalitaria- todos los dirigentes y altos cargos de la administración autonómica, grandes, medianos y pequeños, se hayan lanzado en tropel a hacer declaraciones para intentar presentar un panorama tan idílico como falso del estado de la región.

Resulta bastante patético, si no fuera insultante, comprobar el grado de hipocresía, cinismo político y desfachatez con la que nos obsequian a diario los responsables políticos del periodo más negro de la historia reciente de Castilla-La Mancha, en su empeño por disfrazar los resultados de una nefasta gestión. Sin embargo, por más que se esfuercen en pintar un decorado amable, es imposible disimular el enorme destrozo causado por su acción de gobierno en términos políticos, sociales y económicos, como demuestran de forma incontestable los propios datos y cifras oficiales. Dice la sabiduría popular que “contra hechos no valen razones”, a pesar de haber soportado una política deliberada y sistemática de ocultamiento y manipulación (des)informativa y del uso sectario y partidista de la radiotelevisión pública y de la mayoría de los medios de comunicación, altavoces y brazo ejecutor de la propaganda gubernamental.

Por ello, como la tergiversación y la mentira sin escrúpulos, unidas a la desmemoria, parecen ser la marca distintiva de la derecha de hoy, es oportuno señalar algunos de esos datos.

En materia de empleo recordemos que, apenas dos días antes de finalizar la campaña electoral de mayo de 2011, en muchas localidades de Castilla-La Mancha aparecieron unos carteles en los que junto a una imagen de María Dolores de Cospedal, claramente retocada con photoshop -todo un símbolo- podía leerse el siguiente mensaje: «¿Buscas empleo? El 22 de mayo vota Partido Popular» (sic).

Pues bien, de acuerdo con las cifras oficiales del Servicio Público de empleo estatal (SEPE), el paro registrado en mayo de 2011 era de 212.433 personas. Cuatro años después, en mayo de 2015, esa cifra asciende a 222.016 personas. Más desfavorables, aunque más precisos y rigurosos desde el punto de vista metodológico, son los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA). En este caso, pueden compararse los datos correspondientes al segundo trimestre de 2011 con los últimos disponibles del primer trimestre de 2015:

Junio 2011 Marzo 2015
Número de ocupados 787.500 personas 707.000 personas
Número de parados 237.600 personas 284.500 personas

La tasa de paro se sitúa hoy en un 28.69%, mientras que en 2011 era del 22.13%. En resumen, 80.000 personas ocupadas menos y casi 50.000 parados más en estos cuatro años. La cosa se agrava si tenemos en cuenta, además, que Castilla-La Mancha ha perdido población (aproximadamente unos 100.000 ciudadanos, 40.000 de ellos jóvenes, que se han visto obligados a abandonar la región, (seguramente por aquellas razones de “movilidad exterior” a las que con enorme desparpajo aludía hace algún tiempo la ministra de Empleo).

Tras cuatro años de gobierno del PP en Castilla-La Mancha hay un mayor número de personas en situación de pobreza laboral, es decir, personas que tienen trabajo pero que cobran unos salarios que les sitúan por debajo del umbral de riesgo de pobreza debido a sus precarias condiciones laborales.

Los datos de la deuda regional y su evolución son también muy significativos. A pesar de la demagogia a raudales vertida en torno a la “herencia recibida” del anterior Gobierno (se habló de despilfarro, de facturas en los cajones, ruina económica, etc.) según los datos oficiales del Banco de España, (la deuda pública de Castilla-La Mancha en relación a su PIB, que en diciembre de 2010 era del 15.6%, supone en estos momentos (primer trimestre de 2015) el 33.7% del PIB regional (12.865 millones de euros). Es decir, un incremento de 18.1 puntos en apenas una legislatura, habiéndose más que duplicado la deuda contraída por Castilla-La Mancha durante los 30 años anteriores. Es el mayor incremento porcentual de todas las CCAA, siendo Castilla-La Mancha, la comunidad más endeudada tras la Comunidad Valenciana. Hay algo más grave: este endeudamiento no ha servido para realizar inversiones, sino para hacer frente a los gastos corrientes de la Administración. Hay que recordar, en cambio, que en 2011 se dejaron construidos un buen número de equipamientos sanitarios, centros de salud y consultorios, residencias de mayores y centros de día, instalaciones educativas, colegios e institutos. (De hecho varias residencias de mayores, centros de salud y hasta quirófanos inaugurados a bombo y platillo en esta legislatura, habían sido construidos por el Gobierno anterior).

Con el deterioro de los servicios públicos y los recortes en los sistemas de protección social se han incrementado también los niveles de desigualdad, situando a un tercio de los castellanomanchegos por debajo del umbral de la pobreza, según la Encuesta de Calidad de Vida elaborada por el INE. Un ejemplo de ello es que el 46.3% de los hogares de la región no puede salir de vacaciones ni una sola semana al año.

Un reciente estudio de UNICEF “La infancia en los presupuestos”, asegura que Castilla-La Mancha es la comunidad autónoma que más recorta en este epígrafe, a pesar de los propagandísticos programas de apoyo a la maternidad (sic) pregonados por el gobierno regional.

Tristemente, la educación en Castilla-La Mancha ha sido declarada "la peor de España", según el ranking de excelencia educativa 2015 de profesionales por la Ética, en un reciente documento en el que destacan que desde 2011 Castilla-La Mancha es la región en la que más ha empeorado la educación.

Igualmente, los recortes llevados a cabo en el sistema de atención a la dependencia, mediante una Orden de agosto de 2013 que reducía el catálogo de prestaciones y limitaba la compatibilidad entre las ayudas y el tiempo de atención, han llevado a una drástica reducción de los presupuestos en esta materia y ha supuesto la reducción de la cobertura a miles de personas dependientes cuyos expedientes no fueron tramitados. Unas cinco mil personas han muerto sin recibir la prestación a la que tenían derecho. La Plataforma en Defensa de la Ley de Dependencia en Castilla-La Mancha recurrió dicha Orden de la Consejería de Sanidad y Asuntos Sociales, que fue declarada nula de pleno derecho por el Tribunal Superior de Justicia de la región en abril de este mismo año.

La sanidad y los servicios sanitarios en Castilla-La Mancha se han visto también afectados por la furia de ajustes y recortes presupuestarios del Gobierno regional, lo que ha provocado destrucción y precarización del empleo, reducción de plantillas, no reposición de equipamientos y tecnología o paralización de obras e infraestructuras. (Es muy significativo el caso del Hospital de Toledo, cuya construcción ha sido finalmente adjudicada a un grupo de empresas mediante la fórmula de privatizar los servicios no clínicos por un periodo de treinta años y que supone un incremento en el coste de más de 462 millones de euros). [Para más información, ver los siguientes posts: Un pelotazo hospitalario (I) y Un pelotazo hospitalario (II)]. Todo ello ha llevado a una disminución de la calidad de la atención, aumentando la presión asistencial e incrementándose las listas y los tiempos de espera para recibir asistencia sanitaria tanto en consultas como en pruebas diagnósticas o procedimientos quirúrgicos. No deja de ser curioso sin embargo que sí hubiera recursos suficientes para derivar a pacientes para ser atendidos en clínicas privadas de otras comunidades autónomas (con unos resultados más bien pobres, como demuestra el triste episodio de más de treinta niños de Albacete que al parecer fueron mal intervenidos en una clínica de Madrid).

Un último ejemplo, que puede dar una idea de la dura realidad en este ámbito, tiene que ver con el copago farmacéutico, cuya imposición ha supuesto que unas 140.000 personas en Castilla-La Mancha no puedan pagar sus medicinas, (un total de 2.4 millones de españoles aseguran no poder pagar los medicamentos). Según datos del INE y del CIS, el 5.74% de las personas entrevistadas en la región manifiestan haber dejado de tomar algún medicamento recetado por un médico de la sanidad pública por ser muy caro.

Así las cosas, apenas merece ningún comentario una de las frases más destacadas de la Presidenta Cospedal en el discurso institucional del pasado Día de Castilla-La Mancha: "la obligación de los gobernantes es dejar las cosas mejor de como se encontraron"

(¿De verdad se creerá lo que dice y estará convencida de ello? ¿Le habrán informado bien sus asesores? )...

miércoles, 27 de mayo de 2015

Parecidos razonables

         AP Photo
Esta impresionante fotografía muestra a un grupo de esforzadas y valientes enfermeras limpiando los escombros y los restos de una de las salas del St. Peter Hospital, de Londres, tras un bombardeo de la aviación alemana en la noche del 19 de abril de 1941, en plena Guerra Mundial. Entre los edificios afectados por las bombas alemanas durante un ataque a gran escala en la capital británica se encontraban cuatro hospitales. (Ver World War II:Women at War). Ocurría pocos años antes de que se creara el NHS británico.

Han pasado casi ochenta años y en Castilla-La Mancha no hemos sufrido ningún bombardeo, pero la verdad es que algunas de las imágenes tienen un cierto aire de familia

Aunque parezca increíble, en los últimos diez meses se han derrumbado los techos de cuatro hospitales de esta región. Todo un símbolo.

El primero en desplomarse, en agosto de 2014, ocurrió en el Hospital de Puertollano (Ciudad Real), causando heridas leves a los dos enfermos ingresados en la habitación. Este es el tremendo y lamentable aspecto que presentaba:

         Hospital de Puertollano, habitación 231, 8 de agosto de 2014

Apenas unos meses más tarde, el 22 de febrero, el techo de la octava planta del Hospital Universitario de Guadalajara se venía abajo, y los propios trabajadores de mantenimiento del centro señalaban la responsabilidad de la gerencia, por reducir de forma peligrosa la plantilla del área.

    Imágenes del derrumbe de un falso techo en el hospital de Guadalajara

Como advierte el agorero refrán, “no hay dos sin tres”. Unos días más tarde, el martes 17 de marzo en la llamada “unidad de preingreso” de las urgencias del Hospital Virgen de la Salud de Toledo, otro ‘falso techo’ se venía abajo. De forma casi milagrosa, en las urgencias hospitalarias, casi siempre saturadas, no había ningún enfermo en esos momentos.

       Unidad de ‘preingreso’ del Hospital Virgen de la Salud de Toledo, tras el derrumbe

Aunque pueda parecer increíble, como fruto de un oscuro, azaroso e inescrutable designio, el suceso se repetía de nuevo una semana después, el 25 de marzo, cuando hacia las 5.30 h. de la mañana se desplomaba el techo del pasillo del Hospital de Albacete frente a la hab. 609. 

Para muchos, la explicación más plausible para este tipo de desastres repetidos no es la desgracia o la mala suerte, sino el resultado de los recortes y la disminución del presupuesto para mantenimiento de las infraestructuras sanitarias. De hecho, desde 2011 en Castilla-La Mancha los gastos de mantenimiento en sanidad se han venido recortando paulatinamente hasta suponer más de un 50%.

En todo caso, un espectáculo lamentable y bochornoso por el que -en cualquier país mínimamente serio- algún responsable del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM) no solo tendría que haber dado las oportunas explicaciones, sino que probablemente le habría supuesto una fulminante destitución. Nada de eso ha ocurrido.

Mientras tanto, y a pesar de los recortes, parece que las cuentas no cuadran: Castilla-La Mancha presenta la mayor deuda de su historia (12.858 millones de euros, más del doble de la que había cuando accedió al poder el actual Gobierno regional), incumplió el objetivo de déficit establecido en 2014 y en enero pasado su cifra de déficit empeoró aún más.

En materia de sanidad el balance de la legislatura que ahora termina en Castilla-La Mancha no puede ser más dramático y doloroso: opacidad y falta de transparencia, privatización de servicios, obras e inversiones paralizadas, ajustes y recortes presupuestarios, supresión de plazas y reducción de plantillas, interminables listas de espera, derivación injustificada y arbitraria de pacientes a otras CCAA para intervenciones quirúrgicas, desinformación, falta de incentivos y maltrato profesional… 

Una gestión política bastante deplorable con un legado sanitario que necesariamente obligará a la reconstrucción de un Servicio de Salud que durante muchos años fue considerado modélico en el conjunto del SNS.

Veremos.

sábado, 14 de marzo de 2015

Prioridades (sanitarias) para próximos gobiernos

El próximo 30 de marzo se disuelve el Parlamento británico, para dar inicio a una larga campaña electoral de cinco semanas y media, que concluye el día 7 de mayo con la celebración de elecciones generales en el Reino Unido, seguramente la democracia parlamentaria más antigua del mundo.

Hace unos meses, en su microsite dedicado a las elecciones generales, la página Web de The King’s Fund publicó un interesante resumen gráfico sobre las prioridades para el próximo gobierno en materia de sanidad, una guía ilustrada en un momento crucial para el sistema sanitario y de servicios sociales.

Como ocurre en España con el SNS, las elecciones tienen lugar en una preocupante situación de crisis y de recortes generalizados en la financiación del NHS, de manera semejante a lo sucedido en los sistemas sanitarios de otros países europeos. Una drástica reducción de fondos ha llevado al NHS al borde de la quiebra financiera, mientras que la disminución del presupuesto de los gobiernos locales ha llevado a importantes recortes en los servicios sociales. 

En este contexto, el próximo Gobierno deberá garantizar que se mantiene el foco sobre la mejora de la calidad asistencial, tal como se estableció tras el Francis Report. También tendrá que poner en marcha una transformación de(en) la prestación de los servicios, para responder más eficazmente a las necesidades de los pacientes. De cara al futuro la gran pregunta es cómo proporcionar fondos suficientes para satisfacer la creciente demanda de atención sanitaria y social. 

Es esencial que los políticos sean honestos con los ciudadanos y con el público sobre la magnitud de estos retos. En este sentido, sin un mandato claro para realizar los cambios precisos, el próximo gobierno puede encontrarse incapaz de hacerles frente.
 
Como una contribución al debate, he aquí los principales desafíos y prioridades que señalan los expertos de The King’s Fund, algunos de los cuales bien podrían aplicarse a nuestro caso particular, teniendo en cuenta también que a finales del mes de mayo se celebran en España unas Elecciones Autonómicas de cuyo resultado dependerá también -en gran medida- el futuro de la atención sanitaria y social en nuestro país. ¿Cuáles de estas prioridades para el NHS son también las de los distintos Servicios regionales de Salud y del SNS en su conjunto?
Afrontar el desafío financiero

El NHS está atravesando el ahogo financiero más grande de su historia. Desde 2010, su presupuesto ha sido efectivamente congelado, aumentando solo lo suficiente para cubrir la inflación. Aunque puede considerarse generoso en comparación con otras áreas del gasto público, la demanda creciente de atención significa que los servicios están bajo una enorme presión.

1. Renovar el impulso para mejorar la productividad.
Esto significa que todavía hay margen para encontrar ahorros; con el NHS enfrentándose a una crisis financiera los esfuerzos para mejorar la eficiencia deben redoblarse.

2. Financiar la transformación de la atención sanitaria y social.
Sin una financiación adicional para poder realizar cambios en los servicios esenciales, serán los pacientes quienes soportarán los costes a medida que se reduce el personal, aumentan los tiempos de espera y se deteriora la calidad de la atención.

3. Desarrollar nuevas bases para la atención sanitaria y social.
El informe final de la Barker Commissión (2014) sobre el futuro de la atención social y sanitaria en el Reino Unido ha supuesto un desafío para los responsables políticos al hacer un llamamiento para establecer unas nuevas bases que acaben con la brecha histórica entre la atención sanitaria y la social. Dar una respuesta a esto debe ser una prioridad para el próximo gobierno.

Transformar los servicios para los pacientes

A lo largo de sus 65 años de existencia el NHS no ha seguido el ritmo de los cambios demográficos, sociales y tecnológicos, y en gran parte se basa (aún) en el modelo de postguerra de proporcionar tratamiento hospitalario esporádico (episódico). Sigue siendo un servicio que diagnostica y trata la enfermedad, en lugar de predecir y prevenir.

4. Proporcionar una atención integrada a un ritmo y escala adecuados.
Los servicios necesitan estar ser más coordinados y adaptados a las necesidades de los pacientes; ofrecer una atención integral debe convertirse en el núcleo esencial (core business) de todos los que trabajan en la atención sanitaria y social.

5. Establecer un nuevo acuerdo para la práctica generalista.
Los GPs necesitan trabajar de forma diferente; el próximo gobierno debe desarrollar un nuevo tipo de contrato que permita a los médicos generalistas asumir la responsabilidad de proporcionar más servicios a un mayor número de pacientes.

6. Asegurar el (suficiente) respaldo político para realizar cambios en los servicios.
Los políticos deben ser más valientes para respaldar cambios en los servicios locales donde hay una oportunidad clara para ello.

Mejorar la calidad de la atención

El Francis Report ha desatado una avalancha de cambios, incluyendo una revisión total del régimen de inspecciones de los hospitales, un nuevo deber de sinceridad y una serie de iniciativas para facilitar y hacer más disponible al público la información sobre la prestación de servicios. Mientras tanto, los hospitales también han respondido al informe contratando personal adicional para aumentar la ratios de personal – paciente.

7. Crear una nueva cultura de cuidados.
Los líderes locales deben ser apoyados para crear una cultura del cuidado en el que los pacientes sean lo primero, y la apertura, la transparencia y la rendición de cuentas sean la norma.

8. Situar a la salud mental en igualdad de condiciones con la salud física.
Con los servicios de salud mental bajo una creciente presión, el próximo gobierno tendrá que trabajar duramente para hacer realidad el compromiso de poner la salud mental en igualdad de condiciones con la salud física.

9. Revolucionar el cuidado de las personas mayores.
Es necesaria una revolución en la atención a(de) las personas mayores, basándose en un cambio desde la atención hospitalaria de tipo reactivo a la atención preventiva coordinada en torno a las necesidades de la gente, y siempre más cercana a sus hogares.

Un nuevo enfoque en la reforma del NHS

Es hora de iniciar un cambio fundamental en la manera de reformar el NHS, aprender de lo que se ha trabajado aquí y en todo el mundo. La experiencia de las organizaciones de salud de alto rendimiento muestra el valor de liderazgo, la continuidad, la estabilidad organizacional, una visión convincente y un claro enfoque hacia la mejora de la calidad de la atención.

10. Desarrollar un nuevo acuerdo político para delimitar el papel de los políticos.
El NHS es uno de los sistemas sanitarios más centralizados del mundo; es necesario establecer un nuevo acuerdo político para delimitar el papel de los políticos y delegar más poder y rendición de cuentas a las organizaciones del NHS.

11. Centrarse en la reforma “desde dentro”.
En lugar de exigir cambios desde arriba, el próximo gobierno debe promover una ‘reforma desde dentro’ (ver aquí y aquí) basada en un compromiso a largo plazo para mejorar la atención y apelando a la motivación intrínseca del personal.

12. Invertir en el tipo correcto de liderazgo
El liderazgo en el NHS ya no debe concentrarse en unos pocos líderes ‘heroicos’ en la cima, es necesario un enfoque más colectivo, con todo el personal asumiendo la responsabilidad de mejorar la atención.
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Podemos decir sin temor a equivocarnos, que las prioridades y desafíos señalados para el futuro inmediato del NHS, son perfectamente asimilables y pueden trasladarse a nuestro SNS. Recientemente, en una de las mesas del VII Congreso de Atención Sanitaria al Paciente Crónico desarrollado en Valladolid entre los días 5 y 7 de marzo pasados, con el tema central de la integración asistencial entre el sistema de salud y el de servicios sociales, se abordó “la crisis del modelo asistencial” vigente, preguntándose cómo gestionar el cambio hacia un nuevo modelo, cuáles son sus elementos clave y si la atención a los pacientes crónicos podría ser el motor del cambio de nuestro sistema sanitario. El papel que pueden (deben) jugar los profesionales y los pacientes en este proceso y en este nuevo modelo de atención, así como los cambios imprescindibles en las organizaciones y en los sistemas sanitario y social para transitar hacia ese nuevo modelo de atención, fueron también objeto de debate. En la presentación de J.R. Repullo resulta especialmente interesante e instructivo rastrear algunos de los asuntos planteados y comprobar cómo algunos de los problemas existentes son comunes en distintos sistemas sanitarios…   

Por tanto, a la espera de los procesos electorales, conviene seguir atentos…

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