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miércoles, 16 de abril de 2014

Gestión sanitaria pública: confluencia y conflicto de intereses

Foto: LIFE
Repaso en estos días algunos capítulos de un viejo -pero aún útil y vigente- manual de gestión sanitaria publicado en 1998 por Masson y codirigido en su edición y compilación por Juan del Llano, Vicente Ortún, José Mª Martín Moreno, Jesús Millán y Joan Gené con la participación de más de 40 expertos colaboradores: Gestión sanitaria: Innovaciones y desafíos, considerada en su momento como una obra de referencia, de gran utilidad para todos los interesados en la gestión sanitaria.

La obra está estructurada en tres grandes secciones: en la primera, "Política Sanitaria" se abordan una serie de temas cuyo horizonte es de un mayor alcance o amplitud (macrogestión); la segunda, "Gestión de servicios sanitarios" contiene aquellos capítulos que se encuentran en el ámbito de la gestión de las estructuras y organizaciones sanitarias (mesogestión); finalmente, la tercera, "Gestión en la práctica clínica", engloba los temas que conciernen directamente al entorno asistencial en el que tiene lugar el encuentro clínico (microgestión). Esta división, basada en una conceptualización de los distintos niveles de gestión en sanidad elaborada por Vicente Ortún, sirve bien para delimitar el relevante papel de los políticos y la eficiencia asignativa en el primer nivel; de los gestores y la eficiencia técnica en el segundo nivel; y de los médicos (y otros profesionales sanitarios) y la efectividad clínica en el tercer nivel. Cada uno de los niveles contribuye (o debería contribuir) a la eficiencia global del sistema sanitario, pero tiene objetivos diferenciados, obedece a lógicas distintas y requiere de instrumentos específicos.

En el que es, a mi juicio, uno de los capítulos más interesantes de la primera parte (Organización y eficiencia en la producción de servicios sanitarios), el profesor Guillem López Casasnovas revisa los problemas asociados a la provisión y suministro de servicios sanitarios en un sistema público, así como la diversidad de intereses y aspiraciones de los distintos agentes que interactúan para alcanzar sus (legítimos) objetivos individuales. En un contexto de (permanentes) restricciones presupuestarias ello conlleva la necesidad de articular estructuras organizativas y de gobierno que ayuden a la resolución de conflictos y a lograr las aspiraciones individuales de manera que sean compatibles con los objetivos colectivos del sistema sanitario público en su conjunto. Resumimos aquí parte de ese capítulo.

En la tabla siguiente se ofrece -a grandes rasgos y de forma simplificada- una perspectiva general de la complejidad de la gestión sanitaria a la vista de los distintos intereses y aspiraciones, no siempre coincidentes, que concurren en cada uno de los agentes intervinientes en el sistema sanitario, así como los comportamientos esperados de cada uno en particular respecto del resto, (a falta de incorporar algún otro agente decisivo a este esquema, como la industria farmacéutica, las empresas de tecnología sanitaria, los medios de comunicación, las asociaciones de pacientes, grupos políticos o sindicales, etc., que incorporan entropía y condicionan también desde su propia perspectiva la lógica imperante en el sistema en un momento dado):

Pacientes: Los pacientes esperan de los profesionales que les atienden, el esfuerzo y la dedicación necesarios para solucionarles de forma efectiva sus problemas de salud, sin otros condicionantes financieros que puedan limitar su tratamiento; de las instituciones productoras en las que los profesionales sanitarios desarrollan su actividad, los pacientes esperan un entorno cómodo y agradable; de quién compra los servicios en nombre del financiador el paciente espera el mínimo de limitaciones de acceso al servicio; del financiador, espera gratuidad (es decir, que lo que se paga a través de impuestos cubra los costes de la atención requerida), y del ciudadano contribuyente, el paciente espera solidaridad (comprensión y tolerancia en su circunstancia y condición, en la que él mismo puede encontrarse en otro momento).

Profesionales sanitarios: Los profesionales sanitarios (microgestores del sistema) esperan de los pacientes un comportamiento y una conducta adecuada; de los gestores de las organizaciones sanitarias, determinados niveles predeterminados o pactados de satisfacción (vinculada a retribuciones, condiciones de trabajos y otros aspectos); de quien ejerce la función de compra de (sus) servicios esperan que no entorpezca su libertad de ejercicio y prescripción; de los responsables políticos demandan la suficiente holgura financiera para el sistema; y de los ciudadanos, los profesionales –al menos los médicos- aspiran a mantener y salvaguardar su posición y prestigio social.

Instituciones productoras de servicios: estas instituciones esperan que los pacientes hagan un consumo racional de los servicios puestos a su disposición; de los profesionales esperan que pongan a su disposición su capacidad y aptitud profesional, de manera que sirvan los intereses de la institución en la que prestan sus servicios como “agentes perfectos”; de la autoridad compradora esperan una financiación estable que permita mantener el coste de los equipamientos y recursos profesionales. De la autoridad sanitaria pública las organizaciones productoras esperan transparencia en los mecanismos de financiación de los servicios, y, finalmente, de los ciudadanos, las instituciones buscan obtener lealtad en la utilización de los servicios, acorde con el prestigio y reputación de las mismas.

Agencias compradoras de servicios: Estas agencias, que adquieren los servicios financiados públicamente en nombre de los ciudadanos, desean que los pacientes hagan una utilización adecuada del conjunto del sistema; de los profesionales esperan, (más allá de su capacidad técnica), una actitud favorable a la satisfacción del usuario y una mayor conciencia y responsabilidad sobre los costes en que incurren. Las entidades compradoras esperan también de las organizaciones proveedoras de servicios unas reducidas tarifas de actividad y una financiación suficiente por parte de los responsables políticos con una adecuada transferencia de riesgos (ni completamente retrospectiva, pues ello premia la ineficiencia de los competidores y perjudica la propia, ni totalmente prospectiva, pues ello introduce un riego elevado). Por último, del ciudadano, aspira a que realicen elecciones racionales entre competidores para introducir los cambios de financiación adecuados (la conocida orientación de que el dinero sigue al paciente).

Autoridad financiadora: Esta autoridad espera que los pacientes apliquen criterios de racionalidad individual en la utilización del sistema, de la misma manera que lo haría en la asignación de recursos propios en el ámbito de su esfera privada, evitando el abuso moral y el despilfarro de los servicios de libre disposición. También espera una conducta ética y eficiente por parte de los profesionales, a quienes retribuye en última instancia; eficiencia económica de las instituciones proveedoras de servicios, que les haga sentirse partícipes y garantes de la sostenibilidad global del sistema público en su conjunto. De quien dé cumplimiento a la cobertura pública exigida, espera un escrupuloso respeto a las prestaciones sanitarias reales establecidas como derecho de los ciudadanos (sin que se produzca selección de riesgos o limitación de servicios). Finalmente, de los ciudadanos, como contribuyentes, espera que las medidas aplicadas o inducidas en los agentes citados, se entiendan como favorables para sus intereses y para la racionalidad colectiva, pues aminoran la carga fiscal y persiguen mejores cuidados asistenciales.

Ciudadano: Desde la óptica del ciudadano, como contribuyente con sus impuestos a la suficiencia económica y financiera del sistema, considera que el paciente ha de tener un aseguramiento y una cobertura apropiada, prudente (que, en lo posible, no genere ni selección adversa, ni sobreutilización). De los profesionales espera una conducta ejemplar, que aúne criterios de eficacia, eficiencia y deontología; de las instituciones, que mantengan externalidad de opción, esto es, que la eficiencia a corto plazo no les lleve a un exceso de especialización o a unos coeficientes de utilización que impidan que, en situación de urgencia, no se pueda acceder al servicio: el valor de la posibilidad de uso es un beneficio externo positivo, que se extiende entre los ciudadanos incluso sin ser pacientes; de quien ejerce la función de compra de asistencia sanitaria, el contribuyente espera un esfuerzo de servicio y excelencia a costes razonable; y del financiador, que las cargas fiscales de asumir los costes asistenciales sean mínimas.

A la vista de esta exposición, resulta obvio que, si se pretende un funcionamiento integrado del sistema, deben buscarse al menos aquellos mínimos coincidentes en cada una de las pretensiones coincidentes, para contraponerlos a los objetivos individuales de cada uno de los actores o, al menos, elevar máximos que faciliten, por agrupación, la disuasión de las tensiones entre dichos agentes. Es decir, buscar contextos que puedan facilitar mejor una resolución integrada de los distintos intereses en conflicto.

Guillem López Casasnovas propone, como principal elemento aglutinador que permita esa mejor resolución integrada de intereses y el establecimiento de una estructura razonable de un sistema sanitario, la idea de transparencia y de reglas claras, sobre situaciones, derechos y obligaciones de los agentes/actores del sistema:

a)   Para los pacientes, sobre cuestiones relativas al acceso a prestaciones, cuáles, cómo, cuándo y a cambio de qué tipo de comportamiento.
b)  Para los profesionales, garantizando el cumplimiento de las reglas de juego establecidas y la inexistencia de discrecionalidades adicionales.
c)  Para los mesogestores del sistema (gerentes y directivos), asegurando que su actividad siempre estará guiada por el interés del comprador, financiador y contribuyente en función de criterios de competitividad en producción o coste-eficiencia en el suministro de los servicios.
d)  Con las agencias compradoras que soportan un riesgo financiero y, en consecuencia, compran servicios por ello, con criterio de coste mínimo, con el límite implícito de la valoración que de la calidad del servicio hagan los ciudadanos en el uso de su derecho y capacidad de elección,
e)   Exigiendo comportamientos claros y con obligaciones recíprocas del financiador, que una vez exigidos los impuestos con criterios de equidad social, hace pública y transparente la financiación disponible en su política de compra de actividad de acuerdo con un plan de salud previo (una vez cuantificados y evaluados los derechos y obligaciones de los ciudadanos en el sistema sanitario.

Transcurridos más de quince años desde que se publicara el texto que comentamos, es bien sabido que las tensiones descritas siguen provocando conflictos de intereses y desencuentros entre los distintos agentes del sistema. La crisis económica y financiera desatada a escala internacional a partir de 2008 con la caída de ingresos fiscales y la consiguiente crisis de liquidez ha supuesto en los últimos años una reagudización de los problemas de financiación, sostenibilidad y solvencia de los sistemas sanitarios. En nuestro caso, para el SNS ha supuesto la adopción de severas medidas de ajuste y recortes económicos, con frecuencia indiscriminados, que han agravado en muchos casos algunos de los problemas a los que aquí se ha hecho referencia, sin que apenas se hayan incorporado (aún) medidas o soluciones adicionales de transparencia y buen gobierno, (que se vienen proponiendo de manera generalizada ya desde hace tiempo desde diversos ámbitos) y que sin duda contribuirían a reducir el impacto de algunos de los problemas señalados y mejorarían la rentabilidad social del sistema sanitario en su conjunto.
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martes, 25 de febrero de 2014

Sobre Calidad Asistencial #VISCLM


Numerosos autores y organizaciones han venido definiendo la calidad asistencial describiendo el concepto de acuerdo a una serie de dimensiones. Las dimensiones más frecuentemente citadas, según recoge la bibliografía, incluyen (en orden descendente de frecuencia) efectividad, eficiencia, acceso, competencia técnica, equidad, adecuación, disponibilidad, seguridad, respeto, oportunidad, experiencia asistencial del paciente, elección/disponibilidad de información, continuidad asistencial, prevención/detección temprana y evaluación.

Según la Subcomisión de Calidad del Consejo Interterritorial del SNS, la Calidad Asistencial se define como el “Compromiso de todas las personas de una organización, que quieren hacer las cosas mejor aplicando el conocimiento disponible y aprovechando cualquier oportunidad de mejora para satisfacer las expectativas de los usuarios, cuidando de su seguridad y haciendo un uso eficiente de los recursos disponibles” (2002).

En realidad la calidad asistencial se define en cada momento por la comunidad científica, por los profesionales, por los pacientes y la sociedad en general, y por las propias administraciones y organizaciones sanitarias, en función de prioridades establecidas conforme a determinados valores sociales vigentes, necesariamente cambiantes y en constante evolución.

En el momento actual, de manera resumida y a grandes rasgos, estas prioridades se encontrarían contenidas en los siguientes objetivos generales:

-Prestar una asistencia sanitaria acorde con el estado de los conocimientos científicos.
-Proporcionar unos cuidados apropiados a las necesidades de los pacientes.
-Asegurar la continuidad de los cuidados.
-Proporcionar una atención que satisfaga las expectativas y demandas de los pacientes.

Así, por ejemplo, en el informe de la Future Hospital Commission publicado en el Reino Unido en septiembre de 2013, se enumeraban las siguientes dimensiones o ‘dominios’ de la calidad en la atención sanitaria que debería prestarse en los hospitales:
Hace ya unos años, en el marco de la III Jornada de Calidad de la Asistencia Sanitaria, organizada por el SESCAM en Toledo, el 31 de marzo de 2006, se celebraba la Asamblea Constituyente de la Sociedad de Calidad de Castilla-La Mancha (SCLM) cuya fundación se había llevado a cabo unas semanas antes (ver Acta fundacional).

Un grupo de profesionales de diferentes ámbitos, (tanto clínico-asistenciales como del campo de la gestión/administración sanitaria), comprometidos e interesados en la mejora continua y en la calidad de los servicios, decidimos constituir y poner en marcha la Sociedad de Calidad Asistencial de Castilla-La Mancha que, con más o menos altibajos, sorteando distintos avatares y circunstancias diversas, ha venido funcionando a lo largo de los últimos ocho años.
Estas son la Misión, Visión y Valores de la SCLM:

Misión. Contribuir al fomento de la calidad de la atención socio-sanitaria y a la promoción de  una cultura de seguridad asistencial, colaborando en la integración de los profesionales que intervienen directa o indirectamente en la asistencia desde organizaciones, instituciones, centros y servicios de salud o sociales en el ámbito de Castilla-La Mancha.

Visión. Ser una Sociedad multidisciplinar, reconocida y apreciada por ser innovadora, creativa y proporcionar un espacio de intercambio de información para la promoción, docencia e investigación de la gestión de la Calidad Asistencial en todas sus dimensiones.

Valores. La solidaridad, el respeto, la tolerancia, la objetividad,  la equidad, la responsabilidad social, la integración y la eficiencia.

Estos son los fines de la SCLM, recogidos en sus Estatutos:

1.  Agrupar a todos aquellos profesionales, organizaciones, instituciones, etc., orientados a promover la salud, sea cual sea el nivel en el que desarrollan su actividad profesional, interesados en el desarrollo de la Calidad, en todas sus dimensiones, en los centros y servicios de atención sanitaria y sociosanitaria. Entendemos un servicio de calidad aquel regido por la consideración bioética, científicamente basado, técnicamente adecuado, satisfactorio, saludable y participativo para aquellos a los que va dirigido y para los profesionales que lo ofrecen, socialmente responsable y respetuoso con el medio ambiente.

2.    Facilitar a sus miembros el ejercicio de las actividades de evaluación y mejora de la calidad en todos los lugares y niveles donde ésta pueda o deba realizarse y proponer métodos válidos para la realización de dichas actividades. 

3.    Estimular el interés de las instituciones relacionadas con la salud en la evaluación de la calidad y facilitar su proyección mediante estudios y actividades relacionadas con la misma.

4.    Promover y difundir los estudios relacionados con la calidad en todas sus facetas y contribuir a la formación y perfeccionamiento de expertos en su realización, a través de los diversos mecanismos a su alcance.

5.    Crear y difundir un fondo bibliográfico.

6.    Organizar congresos o reuniones y toda clase de cursos, estudios de investigación y otras actividades relacionadas con el tema.

7.  Editar publicaciones relacionadas con la materia y mantener o promover la formación de bibliotecas especializadas en este tema.

8.  Asesorar a las personas y organismos, tanto públicos como privados, sobre aspectos científicos y aplicaciones prácticas de estudios de mejora de la calidad.

9.    Colaborar con organismos, entidades, centros o autoridades socio-sanitarias en el análisis y la búsqueda de propuestas de mejora de problemas relacionados con la calidad.

10.  Cualquier otra función relacionada con el campo específico de la evaluación y mejora continua de la actividad sanitaria.

Sin duda la actividad científica más importante de la SCLM es la celebración de una Jornada Regional de Calidad dirigida a profesionales del ámbito sociosanitario y gestores de Castilla-La Mancha interesados en la mejora de la calidad asistencial. Tras un período de tres años en que no pudo llevarse a cabo, se ha organizado una nueva edición de esta Jornada, que tendrá lugar en el edificio de los Servicios Centrales del SESCAM en Toledo, el próximo 7 de marzo.

De acuerdo con el Programa de esta VI Jornada de Calidad Asistencial y Seguridad del Paciente, #VISCLM está prevista la presentación de las comunicaciones enviadas por profesionales sanitarios de Castilla-La Mancha al último congreso de la SECA celebrado en 2013 en Valencia; se desarrollarán talleres de trabajo sobre temas clave en calidad y seguridad del paciente; se presentará la norma UNE 179003 de gestión de riesgos y se dedicará una mesa al despliegue de experiencias sobre desarrollo, implantación y evaluación de procesos asistenciales integrados en enfermedades crónicas. Para su realización hemos contado con el apoyo y colaboración institucional del Servicio de Salud de Castilla La Mancha (SESCAM).

Desde aquí hacemos un llamamiento y animamos a la asistencia a este interesante evento.

P.S. Aprovechamos este post para incluir un enlace al Manual de Calidad Asistencial, elaborado en su día por la SCLM, y que hasta hace poco tiempo se encontraba disponible en la página del SESCAM, (de donde fue eliminado junto a otros documentos). Puede descargarse también aquí, en la página web de la SCLM.

sábado, 2 de noviembre de 2013

But why…? Sobre las causas de las causas

Seguramente la noticia más importante que se ha producido durante esta misma semana en el ámbito de la salud pública (digamos de la salud, en general), haya sido la publicación del informe de la OMS: "Review of Social Determinants and the Health Divide inthe WHO European Región". Óscar Zurriaga (@ozurri) nos adelantaba la primicia en su blog Epi y Mas. Sir Michael Marmot, director del UCL Institute of Health Equity, que ha coordinado este estudio sin precedentes en el que han trabajado más de 80 expertos durante tres años, advertía en su presentación de que los elevados índices de desempleo juvenil que presentan países como España constituyen una auténtica «emergencia sanitaria»: «El paro, en especial los persistentes elevados niveles de paro juvenil, son una bomba de relojería para la salud pública a punto de estallar».
 
A pesar de haber recogido la noticia, algún ilustre diario español no acaba de darle demasiado crédito y se pone en ridículo con comentarios despectivos (que no vienen sino a demostrar su propia ignorancia), en cualquier caso impropios de un medio de comunicación que se pretende serio y respetable. (Parece que les molestó especialmente que Marmot utilizara en una de sus diapositivas una imagen de una manifestación de los "indignados" del 15M).

                                                                                                                                ABC 31-10-2013

Casi da cierta pereza tener que recordar y hablar a estas alturas sobre los determinantes sociales de la salud y la abrumadora evidencia existente sobre el papel de la desigualdad social en el origen de las inequidades sanitarias (diferencias injustas y evitables), y en la distribución de la salud y la enfermedad en todo el mundo. Los determinantes sociales de la salud son las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluido el sistema sanitario. Esas circunstancias son el resultado de la distribución del dinero, el poder y los recursos a nivel mundial, nacional y local, que depende a su vez de las políticas adoptadas (OMS-WHO).

Las inequidades son política, social y económicamente inaceptables. La crisis financiera mundial iniciada en la segunda mitad de 2008 ha contribuido a acentuar y hacer más visibles y evidentes esas desigualdades en nuestras sociedades. Desigualdades entre los países, pero también dentro de ellos. Desigualdades entre clases sociales, entre ricos y pobres, entre los que tienen y los que no tienen, entre jóvenes y viejos, entre hombres y mujeres, entre lo público y lo privado. Desigualdades que diferencian y dividen a las personas en sus derechos y obligaciones... y en la manera en que enferman y mueren. 

Pero sobre todo el Informe deja muy claro que todos los países europeos, cualquiera que sea su nivel de riqueza y desarrollo, pueden adoptar medidas para mejorar la salud de sus poblaciones, es una cuestión de prioridades. Como explicó Zsuzsanna Jakab,  directora para Europa de la OMS, la crisis económica no puede ser un motivo para la inacción, sino una llamada para actuar de forma urgente. También para cambiar las dramáticas y dolorosas consecuencias que ya están teniendo las políticas de austeridad implantadas en una gran parte de los países europeos.

Tal vez no esté de más recordar un conocido ejemplo de la cadena de "causas de las causas"...


Un trabajo muy importante sobre el que, sin duda, seguirá hablándose durante bastante tiempo y cuyas recomendaciones ojalá tuvieran la suficiente audiencia e impacto entre los responsables y decisores políticos.

miércoles, 2 de octubre de 2013

(Contra)Reformas sanitarias

Los cinco botones de control de las reformas sanitarias

El pasado verano, mi amigo Joan Artells me hizo llegar (a través de Amazon) un ejemplar de la última edición (2008) de un texto ya clásico de la política y la gestión sanitaria: Getting Health Reform Right. A Guide to Improving Performance and Equity, un libro cuya primera versión es de 2002 (ver aquí), que los autores (M. Roberts, W. Hsiao, P Berman y M. R. Reich, profesores de la Harvard School of Public Health) presentan como una guía o manual para comprender y valorar los diversos procesos de reformas y cambios ocurridos en los (complejos) sistemas sanitarios de numerosos países en todo el mundo. Se trata de una aproximación muy completa que incluye el análisis económico, la estrategia política y las consideraciones sobre la gestión, sin eludir las preocupaciones éticas sobre la equidad en el acceso por parte de la población más desfavorecida.

Como explican en el prefacio:

“In recent decades many governments have undertaken efforts to reform and reorganize their health-care systems. They have created new insurance systems, changed how primary care is delivered, restructured hospital governance, decentralized the government's health-delivery system -all in pursuit of better performance and equity. Yet many of these reforms efforts have yielded disappointing results. Patients still complain about poor service, doctors about low salaries, and budget-makers about the costs of the health sector. Some countries have enacted succesive rounds of reform, while others have struggled to implement the plans they adopted. Still others wonder what to do next.”

[“En las últimas décadas muchos gobiernos han realizado esfuerzos para reformar y reorganizar sus sistemas de salud. Han desarrollado nuevas fórmulas de aseguramiento, han cambiado la forma de prestar la atención primaria, han reestructurado el gobierno y la dirección de los hospitales, han descentralizado el sistema sanitario público, todo ello en busca de un mejor funcionamiento y una mayor equidad. Sin embargo muchos de estos esfuerzos de reformas han producido resultados decepcionantes. Los pacientes siguen quejándose por un mal servicio, los médicos por los bajos salarios y los que hacen el presupuesto por los (elevados) costes del sector sanitario. Algunos países han promulgado sucesivas reformas, mientras que otros han peleado para poner en marcha los planes elaborados. Otros todavía se preguntan qué hacer a continuación.”]

Los botones de control

Una de las ilustraciones más interesantes que proponen en el libro es la metáfora del “botón de control” para actuar sobre el sistema sanitario. Con este nombre designan “algo” que puede ajustarse por la acción del gobierno, produciendo cambios en el funcionamiento de un sistema complejo (como el sanitario), para conseguir un resultado concreto. Desde este enfoque, todos aquellos factores en el funcionamiento de un sistema sanitario que no pueden ser cambiados como parte de una reforma sanitaria no forman parte de los botones de control. Los autores identifican cinco categorías críticas que consideran los factores más importantes que determinan los resultados del sistema sanitario y que pueden modificarse deliberadamente para cambiar estos resultados:

1. Financiación (Financing): Se refiere a todos los mecanismos para recaudar el dinero que paga las actividades en el sector sanitario. Estos mecanismos incluyen impuestos, primas de seguros y pagos directos por los pacientes. El diseño de las instituciones que recaudan el dinero (por ejemplo, fondos o compañías de seguros) forma también parte de este botón de control, igual que la asignación de recursos a diferentes prioridades.

2. Sistemas de pago (Payment): Se refiere a los métodos utilizados para transferir dinero a los proveedores de asistencia sanitaria (médicos, hospitales y trabajadores sanitarios), bien como honorarios, por capitación o presupuesto global. Estos métodos a su vez crean incentivos, que pueden influir en cómo se comportan los proveedores. El dinero pagado directamente por los pacientes también se incluye en este botón de control.

3. Organización (Organisation): Se refiere a los mecanismos que pueden usarse para afectar el conjunto (mix) de proveedores en los mercados sanitarios, su papel, estructura y funciones, y cómo estos proveedores operan internamente. Típicamente estos mecanismos incluyen medidas que afectan a la competencia, la descentralización y el control directo de los proveedores que componen la prestación de servicios públicos. Incluyen quién hace qué y quién compite con quién, así como los aspectos gerenciales de cómo funcionan los proveedores internos, tales como la forma de selección de los gerentes y cómo se recompensa a los empleados.

4. Regulación (Regulation): Se refiere al uso de medios coercitivos por el estado para alterar el comportamiento de los actores en el sistema de salud, incluyendo proveedores, compañías de seguros y pacientes. Por supuesto que sólo porque exista una norma o un reglamento no significa que se ejecuta y se cumpla. Se considera que el gobierno debe tenerlo en cuenta para asegurarse de que la reglamentación funciona según lo previsto.

5. Comportamiento (Behavior): Este botón incluye los esfuerzos para influir en cómo actúan los individuos en relación con la salud y la atención sanitaria, incluyendo tanto a los pacientes como a los proveedores. Este mando incluye desde campañas contra el uso del tabaco, hasta cambios en el comportamiento sexual para la prevención del VIH, el uso de la clase profesional para influir en el comportamiento de los sanitarios, hasta intentar persuadir a los ciudadanos de aceptar determinadas restricciones o recortes.

La configuración y el manejo de estos mandos (por ejemplo, los cambios en un botón de control a menudo provocan cambios en otro), explican muchos aspectos del funcionamiento del sistema sanitario. La financiación determina qué recursos están disponibles. Las formas de pago determinan en qué condiciones están disponibles esos recursos para los proveedores. La organización determina el tipo de organizaciones de proveedores que existen y sus estructuras internas, lo que a su vez determina cómo funcionan estas organizaciones. La regulación impone restricciones a esos comportamientos. Finalmente, los esfuerzos para cambiar el comportamiento influyen en cómo los individuos responden a organizaciones del sector sanitario, lo que a su vez condiciona las oportunidades que enfrentan las organizaciones.

A partir de estos botones de control, como refleja la ilustración, conviene echar un vistazo, al menos de reojo, a algunas de las medidas de funcionamiento intermedio que vienen indicadas por la eficiencia, la calidad y la accesibilidad, (más allá de la forma en que se definan éstas). Y, por supuesto, tener en cuenta los fines (resultados finales) del sistema, que tienen que ver con una serie de objetivos éticamente relevantes. El primero es el estado de salud de la población: Cuánto tiempo vive la gente, qué discapacidades tienen y cómo varían éstas entre diferentes grupos de población. Un segundo conjunto de resultados es el grado de satisfacción que la asistencia sanitaria produce entre los ciudadanos de una sociedad. Un tercer conjunto de resultados incluiría también la protección frente a los riesgos económicos (la capacidad de un sistema sanitario para proteger a los individuos contra la grave carga financiera que puede suponer la enfermedad).

Sin embargo, los mandos no lo explican todo. Como bien sabemos, otros factores estructurales y culturales también influyen en los resultados del sector salud. Finalmente, las reformas de los sistemas sanitarios son específicas y dependen sobre todo del contexto (es decir, del sistema de valores y la política económica) en donde se llevan a cabo. Su complejidad, la resistencia al cambio y la diversidad de perspectivas hacen que las reformas del sector sanitario tengan un carácter cíclico y episódico, en el que se hacen sentir las diferencias en los valores, intereses, filosofía política y responsabilidades institucionales de los diferentes agentes implicados.

Aplicaciones prácticas

Encontramos un buen ejemplo de todo ello en lo ocurre ahora mismo en nuestro país. En un lugar destacado de la página Web del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad aparece el epígrafe “La Reforma de la Sanidad en el que, de manera grandilocuente, sin el menor atisbo de rubor y con un adanismo digno de mejor causa, se afirma:

“La reforma sanitaria hará posible una sanidad universal, gratuita, justa, solidaria, equitativa, sostenible, de calidad, eficaz, eficiente y profesional.”

En la misma página puede descargarse un bonito folleto propagandístico que explica las supuestas bondades de esta (contra)reforma iniciada con el ya tristemente famoso RDL 16/2012 de 20 de abril:

“Con este conjunto de medidas se fortalece el sistema sanitario público, se hace más solidario, y se promueve su calidad, al tiempo que se garantiza su sostenibilidad económica. Por ello la reforma sanitaria garantiza la viabilidad del sistema para que siga siendo universal, público, gratuito y de calidad.”

Pues mira qué bien… Está claro que el lenguaje ya no es lo que era: por lo visto, palabras y expresiones tales como solidaridad, calidad, sostenibilidad, viabilidad, universalidad, carácter público o gratuidad significan cosas muy diferentes según quien las pronuncie.

El ejercicio práctico consiste en comprobar cuántos “botones de control” y cómo se están manipulando en esta pretendida reforma del SNS, así como sus efectos y consecuencias en la eficiencia, la accesibilidad y la calidad (de verdad).

viernes, 27 de septiembre de 2013

Disparates. Sobre #IIISEAUSEuskadi

"¿Otro modo de relación con el ciudadano?" es el lema con el que se han celebrado el 26 de septiembre, en San Sebastián, las III Jornadas de la Sociedad Española de Atención al Usuario de la Sanidad (SEAUS) en el País Vasco. Las siguientes párrafos son prácticamente una transcripción de mi intervención en la Presentación de las mismas, como Presidente de la SEAUS.

«Vivimos tiempos difíciles y algo revueltos para el sistema sanitario público. Casi podría decirse que la realidad sanitaria está en llamas debido a los incendios que se vienen produciendo (provocando) en diferentes ámbitos y que finalmente a todos nos afectan.

Los sucesivos recortes presupuestarios iniciados con la aprobación hace ya casi un año y medio del Real Decreto Ley 16/2012, han supuesto un serio retroceso en la situación de la Sanidad Pública en España. La política de ajustes y de recortes ha afectado a todas las CCAA, pero su impacto ha sido muy distinto en unas u otras, en función del interés de sus responsables políticos por mantener y preservar la Sanidad Pública. En algunos casos muy destacados y reseñables se ha realizado una política menos agresiva en contra del sistema sanitario, de manera que la aplicación de las medidas ha tenido intensidad y calendarios distintos según las CCAA, por lo que la percepción de su efecto por parte de la población ha sido también distinta en cada territorio.

Hace unos meses el denominado Foro Vasco por la Salud, integrado por varias asociaciones y sociedades científicas del País Vasco, hacía públicas unas reflexiones en las que analizaba la situación de la sanidad y ofrecía una serie de propuestas, al tiempo que se pronunciaba abiertamente en contra de que la crisis económica pudiera transformarse en una crisis social como consecuencia de una política de austeridad que sigue afectando, una vez más, a quienes en principio, debido a sus condiciones sociales, gozan de peor salud.

Los firmantes de esa declaración, aun reconociendo que el sistema tiene un amplio margen para mejorar la efectividad y eficiencia, señalaban también que el coste del SNS es uno de los más bajos de los países de la Unión Europea, obteniendo unos buenos resultados en los indicadores de salud. Aunque sea necesaria una revisión del funcionamiento del sistema, es preciso no dejar de lado la valoración de los resultados alcanzados. Es verdad que se necesitan cambios, (la esencia de la gestión es precisamente gobernar el cambio), pero estos deben estar basados en una evaluación rigurosa de lo existente y en una propuesta clara y explícita de objetivos a alcanzar, fundamentalmente en términos de salud de la población.

La crisis económica está afectando más a las personas menos favorecidas de la sociedad y lo que obviamente sería muy preocupante es que los cambios introducidos en los sistemas sanitarios también castiguen a los mismos. El citado Real Decreto Ley 16/2012, eufemísticamente llamado “de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones” está suponiendo una menor accesibilidad a los más débiles (inmigrantes y personas en paro de larga duración, vagabundos, prostitutas, enfermos mentales sin familia, personas sin documentación, etc.), y ha establecido un sistema de copago farmacéutico en el que pensionistas con bajos niveles de ingresos están teniendo como mínimo que adelantar unas cuantías económicas que pueden ser muy elevadas en relación a sus ingresos. Ello está provocando en algunos casos que se abandonen los tratamientos farmacéuticos por no poder asumirlos económicamente. Es por tanto imprescindible analizar las consecuencias de su aplicación y proceder a su revisión en los aspectos que afecten a la equidad del sistema.

Hace unos días tenía ocasión de leer en un newsletter de una consultora de servicios sanitarios algunos resultados acerca de la reducción del gasto sanitario en España en los últimos años. Según ese estudio, la disminución provendría sobre todo del gasto en farmacia, de la atención primaria, del gasto en salud pública y de los gastos de capital. Sin embargo, como es sabido, los hospitales son el mayor componente del gasto sanitario y es donde existiría un mayor margen de mejora en su eficiencia. Con respecto al gasto farmacéutico, el 80% de su reducción sería imputable al efecto del copago, es decir a un cambio de financiador: en lugar de pagar el SNS paga el usuario/paciente (en un gran porcentaje atribuible a pensionistas con bajo poder adquisitivo); sólo el 20% sería atribuible a la disminución de la dispensación de recetas. Esto confirma una vez más que el efecto disuasorio de los copagos en sanidad es indiscriminado y, por lo tanto, más injusto e inefectivo. De hecho, lo más preocupante es que la literatura existente demuestra que el copago afecta por igual a los tratamientos de valor como a los de más dudosa utilidad.

La semana pasada el propio Departamento vasco de Salud publicaba una nota que confirma lo anterior: durante los meses de julio y agosto el Gobierno vasco recaudó 4.1 millones de euros por la aplicación en la comunidad autónoma del copago farmacéutico en cumplimiento del Real Decreto del Gobierno de España y el 90.6% de esos recursos correspondieron a las aportaciones que hicieron los pensionistas.

En resumen, no parece que la evolución que se observa esté contribuyendo a la tan cacareada sostenibilidad del modelo sanitario, sino que está sirviendo más bien a hacer pasar estrecheces al sistema y a sus usuarios.

La última vuelta de tuerca en esta deriva del SNS es la extensión del copago a una serie de fármacos que hasta ahora dispensaban de forma gratuita los hospitales a pacientes no ingresados. Este nuevo copago farmacéutico hospitalario afectará a un número importante de pacientes con enfermedades crónicas de larga duración (ver Resolución de 10 de septiembre de la D.G. de Cartera Básica de Servicios del Sistema Nacional de Salud y Farmacia). La medida ha obtenido ya el rechazo generalizado de CCAA, pacientes, profesionales y partidos políticos.
El portavoz del Gobierno Vasco la calificaba como un auténtico “disparate desde el punto de vista humano, sanitario y administrativo” y comunicaba la decisión de no aplicarla, tanto por imposibilidad material como por el desacuerdo con la misma. Otras diez CCAA han manifestado también su desacuerdo con este nuevo recorte sanitario, de dudosa eficacia, cuya inoportunidad y falta de sensibilidad es más que evidente.

Estamos siendo testigos privilegiados, o más bien protagonistas, de una época en la que una frívola retórica plagada de términos como eficiencia, competitividad, productividad o sostenibilidad, se ha instalado en el discurso cotidiano de los servicios públicos en general y de la sanidad en particular, olvidando que el objetivo no puede ser la eficiencia, ni siquiera la sostenibilidad, el objetivo son los resultados en salud.

No sin cierta mordacidad la periodista Soledad Gallego-Díaz alertaba hace unas semanas en un artículo de opinión, (Las salidas estadísticas de la crisis. EL PAÍS, 8-9-2013), contra esa inane palabrería de los discursos excesivamente economicistas recordando que “la economía es una ciencia triste llena de profesores respetables y políticos espabilados” que pretenden hacernos “creer que estamos teniendo éxito económico porque los salarios son más bajos, las prestaciones sociales más pequeñas, el acceso a la educación está más restringido y la sanidad es más lenta.”

La crisis económica no puede servir de excusa para desmantelar los sistemas de protección social. Es precisamente cuando hay crisis económica cuando se hace más necesario garantizar los servicios y una serie de prestaciones sociales básicas como educación, sanidad, vivienda, trabajo, protección social o mínimo vital y atención a la dependencia. Es éste sin duda, el tiempo de los derechos sociales.

Lo cierto es que nos encontramos en una situación bastante crítica y complicada para nuestro sistema sanitario público. Lo que hasta hace apenas un par de años era un Sistema Nacional de Salud que se consideraba casi modélico y cuyos resultados eran comparables o incluso superiores a la mayor parte de los sistemas sanitarios de los países más avanzados, se ha convertido en un simple sistema de aseguramiento que ya no es universal, ni gratuito y desde luego es cada vez menos público.

Ojala que muchas de estas transformaciones sean reversibles a medio plazo, lo que solo podrá hacerse desde una actitud decidida y el compromiso de todos los agentes que trabajan e intervienen en el sector: políticos, profesionales, trabajadores, pacientes, usuarios y ciudadanos en general.

El hilo conductor que destaca el lema de las Jornadas: “¿Otro modo de relación con el ciudadano?” supone hablar, entre otras cosas, de las desigualdades y del principio de equidad, de cómo tener en cuenta la voz de los ciudadanos en las políticas de salud y también de su necesaria capacitación desde la perspectiva global de considerar la salud como un compromiso de todos.

Desde ese enfoque, tal vez no sea un mal momento para recordar las palabras del ilustre e influyente epidemiólogo Geoffrey Rose, desaparecido hace ya más de veinte años, cuando afirmaba que ''Los principales determinantes de la enfermedad son principalmente económicos y sociales, y por lo tanto sus remedios también deben ser económicos y sociales. La medicina y la política no pueden ni deben mantenerse separadas.»

lunes, 4 de marzo de 2013

Estorbos


Nos condenan a desaparecer o morir decía una mujer mayor de Budia, una pequeña localidad de Guadalajara cuya envejecida población apenas si alcanza los 250 habitantes, al conocer la decisión del gobierno regional de Castilla-La Mancha de cerrar el punto de atención continuada que hasta ahora atendía las urgencias nocturnas del municipio junto a las de otras 18 poblaciones.


Casi al tiempo, hablábamos casualmente en estos días en nuestro “Club de Novela Negra” (Librería Taiga, en Toledo), sobre dos novelas en cuyas páginas recuerdan la dura y dolorosa realidad de muchas personas mayores de nuestro tiempo (por lo que se ve en todas las latitudes).

En la primera de ellas, (La mujer de verde) su autor, el islandés Arnaldur Indridason, uno de los más fieles exponentes de la novela negra nórdica “post-Larsson”, hace decir a uno de los personajes:

“…Estaba ya harta de vejestorios que se le morían delante de los ojos o se hacían los importantes, con su vejez y su soledad.”

En la otra, (Liquidación final), con la crisis de Grecia como telón de fondo, Petros Márkaris, excelente narrador de las andanzas y peripecias del comisario Kostas Jaritos, protagonista de sus novelas, utiliza al personaje como hilo conductor para describir la dura realidad de una nación en ruinas, de una juventud bien preparada que duda entre abandonar el país o no, del aumento de suicidios, de la pobreza generalizada. En las primeras páginas aparece la siguiente nota redactada por cuatro ancianas que se han quitado la vida:

“Somos cuatro mujeres jubiladas, solas en el mundo. No tenemos hijos ni perros. Primero nos recortaron la pensión, nuestra única fuente de ingresos, Después tuvimos que buscar a un médico privado para que nos recetara nuestros medicamentos, porque los médicos de la Seguridad Social estaban de huelga. Cuando por fin conseguimos las recetas, en la farmacia nos dijeron que no servían, porque la Seguridad Social les debe dinero, y que tendríamos que pagar las medicinas de nuestro bolsillo, de nuestra pensión recortada. Nos dimos cuenta de que somos una carga para el Estado, para los médicos, para las farmacias y para la sociedad entera. Nos vamos, así no tendréis que preocuparos por nosotras. Con cuatro jubiladas menos, mejorarán vuestras condiciones de vida”.

La vida imita al arte: por momentos sientes una extraña sensación al leer también hace pocas semanas las inconcebibles declaraciones del actual ministro de finanzas japonés refiriéndose a las personas mayores: Que se den prisa y se mueran, para aliviar los gastos del Estado en su atención médica. Unas declaraciones inquietantes en una de las sociedades más envejecidas del planeta, en la que el 25% de la población tiene más de 60 años (el propio ministro deslenguado tiene 72 años).

En una entrevista publicada hace un par de meses, el ex-consejero de sanidad del País Vasco, Rafael Bengoa, se refería a una de las peores y más indeseables consecuencias que provoca la política de recortes sanitarios y el establecimiento de copagos para acceder a los servicios y prestaciones sanitarias: El copago transmite a los pacientes el mensaje de que estorban.

Efectivamente, los copagos dificultan o impiden en muchos casos la accesibilidad a determinados tratamientos, debilitando además la solidaridad con los más enfermos, los pacientes crónicos, los más viejos y los más pobres. En vez de contribuir a la racionalidad en el uso del sistema sanitario, “lo dificulta a quienes más lo necesitan y se convierte en el parapeto de una mala gestión, cuando no es una justificación de los fraudes a los que están sometidos el sistema sanitario y la sociedad” ("Temerás a los copagos (y a quienes los impongan en vano". J.Gérvas. Acta Sanitaria 4-3-2012).

La perniciosa idea de los más conspicuos teóricos de la ciencia lúgubrede maximizar la eficiencia sanitaria a toda costa, primando ésta sobre la idea de equidad, confundiendo –quizás interesadamente- ‘déficit’ con ‘despilfarro’ y gasto ‘superfluo’; la incorporación de la reducción de costes y de los criterios de beneficio y rentabilidad (?) de forma casi exclusiva como elemento directriz y guía para la gestión, se traducirá más pronto que tarde en un incremento de las inequidades (desigualdades injustas) sanitarias y, a medio plazo, en unos peores resultados en salud.

Una reciente encuesta llevada a cabo en centros de salud de Madrid por la Asociación de Defensa de la Sanidad Pública (FASDP), ha demostrado ya que un porcentaje elevado de los pensionistas (16,83%) no retiró alguno de los medicamentos prescritos, a partir del establecimiento del copago en julio de 2012: Casi dos de cada diez pensionistas renuncian a algún fármaco por el copago

Es poco probable que lo hayan hecho, pero algunos responsables públicos parecen haber leído a Platón y tomárselo muy en serio. En su tratado “La República”, argumentaba el filósofo que allí donde los ciudadanos hayan sido bien educados no se requiere de un Estado en el que abunden los tribunales ni los hospitales. La justicia consistiría en que cada uno desempeñe la función que le es propia, de manera que los ciudadanos que se conducen de manera recta y justa no precisarían de ningún juez que les ayudase a resolver sus controversias. De igual forma, los ciudadanos sanos, que se cuidan y no llevan una vida excesivamente cómoda e indolente, no se convierten en un estorbo y no obligan a los médicos a inventar nuevos términos para sus padecimientos y descubrir remedios para ellos:

“Esculapio cuando dictó las reglas de la medicina para su aplicación a aquellos que, teniendo sus cuerpos sanos por naturaleza y en virtud de su régimen de vida, han contraído alguna enfermedad determinada, pero únicamente para estos seres y para los que gocen de esta constitución, a quienes, para no perjudicar a la comunidad, deja seguir el régimen ordinario limitándose a librarles de sus males por medio de drogas y cisuras, mientras, en cambio, con respecto a las personas crónicamente minadas por males internos, no se consagra a prolongar y amargar su vida con un régimen de paulatinas evacuaciones e infusiones, de modo que el enfermo pueda engendrar descendientes que, como es natural, heredarán su constitución, sino al contrario, considera que quien no es capaz de vivir desempeñando las funciones que le son propias no debe recibir cuidados por ser una persona inútil tanto para sí mismo como para la sociedad.”
(…)
 “…cuando en una ciudad prevalecen licencia y enfermedad, ¿no se abren entonces multitud de tribunales y dispensarios y adquieren enorme importancia la leguleyería y medicina, puesto que hasta muchos hombres libres se interesan con todo celo por ellas?”


Es como si quisiera transmitirse la idea de que estorba o sobra gente, (La maldición de Malthus), pero en realidad no hay un exceso de población, sino una distribución desigual (y muy probablemente injusta) de habitantes y recursos… y una gestión manifiestamente mejorable por parte de algunos gobernantes ‘neoplatónicos’.

Foto: The Other Dan (Flickr)
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