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martes, 26 de junio de 2018

Sobre indumentaria profesional



Hace ya unos años, en los inicios de este blog, publicamos una entrada, (Batas blancas: atuendo y vestimenta sanitaria), en la que comentábamos un curioso trabajo aparecido en 2005 en el BMJ (Judging a book by its cover: descriptive survey of patients' preferences for doctors' appearance and mode of address) que recogía los resultados de una encuesta que pretendía conocer las preferencias de los pacientes con respecto a la indumentaria del personal médico, fueran de uno u otro sexo, y la forma de presentarse o dirigirse a ellos…

Más allá de interpretaciones antropológicas y de posibles contenidos simbólicos sobre la ropa, los uniformes y las vestimentas más o menos litúrgicas, (básicamente los símbolos no son sino formas de comunicación de mensajes sociales), decíamos entonces que: «En general se considera que un tipo de vestimenta formal es importante en la atención al paciente, y pueden imaginarse varias razones posibles: las expectativas de la sociedad, la tradición, la asociación de la apariencia con la competencia, la identificación de la autoridad, la evitación de apariencias que distraigan... Quizás esta tendencia hacia la vestimenta tradicional deriva de una combinación de factores sociales que se aplican a los "profesionales" o al "éxito" en general, y la vinculación histórica profunda de la indumentaria con la práctica médica, en particular.»

Y añadíamos: «Nos encontramos sin duda en un terreno ‘resbaladizo’ y cambiante, muy condicionado socialmente y relacionado con las ideas, los gustos y preferencias previas, la moda, los valores, la edad y el contexto cultural en el que nos encontremos.»

 Pues bien, en esta misma semana, un artículo de la revista Redacción Médica (¿Cómo debe vestir un médico? Mejor pijama o traje que vaqueros y zapatillas) se hace eco de un estudio transversal más reciente de ámbito nacional (EEUU) sobre este mismo asunto llevado a cabo en la Universidad de Michigan, para examinar las percepciones, expectativas y preferencias de los pacientes con respecto a la indumentaria de médicos/as, que revela que aquellos confían más o menos en ellos/ellas en función de la ropa que vistan.


El estudio, bastante robusto, publicado en BMJ Open, (Petrilli CM, Saint S, Jennings JJ, et al. Understanding patient preference for physician attire: a cross-sectional observational study of 10 academic medical centres in the USA), viene a demostrar que la apariencia física importa y que los pacientes juzgan a sus médicos/as (también) en función del atuendo que llevan en la consulta. La ropa influye en el nivel de satisfacción con la atención sanitaria recibida en más de un tercio de las personas encuestadas. En conclusión, las personas atendidas tienen expectativas y percepciones importantes acerca de la indumentaria médica que varían según el contexto y la región, por lo que el análisis de las medidas sobre el dress code de los médicos para mejorar la satisfacción de los y las pacientes parece importante.


Así, el personal facultativo ataviado con vestimenta informal, como camiseta, zapatillas deportivas y pantalones vaqueros, genera menos confianza entre las personas a las que atienden que quienes van vestidos con ropa formal o pijama sanitario. En todos los casos, tanto formales como informales, así como con el pijama, todas las personas encuestadas valoraban mejor a profesionales que, además, llevaban bata blanca.

El estudio confirma que el atuendo que mayor puntuación obtuvo (el preferido) fue el formal con bata blanca, seguido por el pijama con bata blanca y el formal sin bata, y que los resultados eran los mismos para ambos sexos.

«La vestimenta profesional en Wall Street, en el mundo jurídico-legal y en otros ámbitos es clara. Sin embargo, en Medicina el código de vestimenta es bastante heterogéneo y deberíamos asegurarnos de que nuestro atuendo refleje un cierto nivel de profesionalidad que tenga en cuenta las preferencias de los pacientes», refiere Christopher Petrilli, uno de los autores del estudio y profesor de medicina interna en la Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan.

La encuesta, que se realizó a 4.062 pacientes de diez centros médicos, también refleja que la preferencia de los ciudadanos con respecto al atuendo de los facultativos que les atienden varía en función de si se trata de un centro de Atención Primaria, de la consulta de especialistas o de profesionales médicos/as de urgencias.

De esta forma, el 55% de las personas encuestadas prefiere que el médico/a que le atiende en su centro de salud lleve bata blanca, un porcentaje que asciende hasta el 72% de pacientes si se trata de la consulta de especialista en el hospital. Menos importancia le dan a este aspecto en urgencias, donde sólo el 44% de las personas encuestadas creen que el facultativo/a debería llevar la bata.

Sobre la metodología del estudio: entre junio de 2015 y octubre de 2016, se distribuyeron un total de 6.280 encuestas en 10 centros sanitarios docentes de los Estados Unidos, de las cuales se cumplimentaron y analizaron 4.062 (tasa de respuesta = 65%).

El cuestionario de la encuesta (elaborado a partir de una revisión sistemática previa que exploró el papel de la indumentaria de los médicos/as sobre las preferencias y satisfacción de los/las pacientes), constaba de 22 preguntas que indagaban la importancia que tenía para las personas entrevistadas el atuendo de los médicos/as, e incluía fotografías de un médico varón y de una mujer médica ataviados con variadas formas de atuendo, (un total de 7 posibilidades: casual, formal y con pijama sanitario, -en los tres casos con o sin bata-, y con traje), solicitándoles que pensaran en ellos en entornos sanitarios. El cuestionario se administró a pacientes adultos/as atendidos/as bien en consultas externas (ambulatorios/as) o ingresados/as en el hospital.

Para cada fotografía que se les mostró, las personas encuestadas calificaron mediante una escala de 1 a 10 (en la que 1 significaba “alguna preferencia” y 10 “máxima preferencia”), en  qué medida el médico/a que aparecía en ella transmitía la apariencia de tener los conocimientos necesarios para tratarle, si le parecía confiable, comprensivo o accesible, y cómo le hacía sentirse en general.


Las opiniones de las personas que respondieron sobre la importancia del vestido y de la bata blanca fueron agrupadas mediante una escala de Likert de 1 a 5 (en la que 1 significa “completamente en desacuerdo” y 5 significa “completamente de acuerdo”). La satisfacción de los y las pacientes se evaluó basándose en el grado de acuerdo con dos cuestiones: “La forma en que viste mi doctor/a es importante para mí”, y “La forma en que viste mi doctor/a influye en cómo de feliz me siento con la atención recibida”.

El análisis de las respuestas tuvo en cuenta la edad, el género, nivel educativo, raza y número de visitas previas al médico/a.

Los autores concluyen que aunque el atuendo del médico/a no puede reemplazar o suplir una excelente atención clínica, los datos obtenidos sugieren que puede influir en cómo los/las pacientes perciben el cuidado recibido y tal vez sobre lo dispuestos que están a confiar (o no) en sus médicos/as. En una época de centralidad y de satisfacción del paciente, el atuendo del médico puede ser un componente importante -y modificable- en la atención al paciente. Dado que existen percepciones y expectativas diferentes respecto al vestido médico por parte de los pacientes, -en función del contexto y de las diferentes regiones-, parece relevante matizar las medidas que tengan en cuenta y apunten a tales factores. En este sentido, parecen necesarios futuros estudios sobre la implementación de tales medidas en hospital, en consultas externas y en urgencias.

Finalmente parece que en estos confusos tiempos de imposturas y fake news, el hábito sí hace al monje...
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sábado, 4 de julio de 2015

Sigue el deterioro de la sanidad pública (según el CIS)


    Viñeta de Manel Fontdevila en eldiario.es

 Seguramente con la poco confesable intención de que pasen (casi) desapercibidos, dadas las fechas estivales y la segura distracción que supone en muchos ámbitos la constitución de los nuevos gobiernos autonómicos, se publican en estos días los resultados del Barómetro Sanitario de 2014 (BS) que elabora el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) [ver aquí el resumen ejecutivopara el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, y cuya finalidad, según declaran los responsables -de forma algo rimbombante- es nada menos que: «La mejora continua del Sistema Nacional de Salud. Conocer la opinión de los ciudadanos para tomar en consideración sus expectativas, como elemento importante para establecer las prioridades de las políticas de salud». Los objetivos del mismo serían:

·     Conocer cómo perciben y valoran los ciudadanos el funcionamiento de los Servicios Sanitarios Públicos.
·    Saber la opinión de los ciudadanos acerca de determinadas medidas de política sanitaria.
·     Conocer la penetración real de las estrategias informativas de las autoridades de salud.
·   Obtener información sobre el grado de conocimiento o sobre las actitudes de los ciudadanos hacia los problemas de salud o actuaciones específicas del SNS.

Al margen de otras consideraciones de índole metodológica, los resultados globales del BS muestran que sigue produciéndose un significativo y paulatino descenso en la confianza de los ciudadanos en el sistema sanitario público y en su percepción sobre el funcionamiento de los servicios. En términos generales puede decirse que la ciudadanía sigue valorándolo de forma positiva, y aunque le da una nota general favorable, el nivel de satisfacción global cae por tercer año consecutivo desde 2011 y supone la peor nota de la sanidad pública desde 2008.

Además de los resultados totales, el Barómetro presenta los datos desagregados para cada CCAA, de manera que puede hacerse el interesante ejercicio de comparar en cada territorio si los resultados de las valoraciones son mejores, peores o se encuentran en la media general. En nuestro caso nos referiremos a Castilla-La Mancha, por ser nuestra comunidad autónoma de origen…
    
Así, la Tabla 1 muestra que la satisfacción global con el funcionamiento del sistema sanitario es aún menor en Castilla-La Mancha que en el conjunto de España, habiendo disminuido también más en los últimos años, aunque todavía en 2012 se encontraba por encima.

En las siguientes tablas puede comprobarse lo que opinan los ciudadanos de Castilla-La Mancha encuestados en este mismo BS sobre algunas otras cuestiones relativas al funcionamiento general de la sanidad y de determinados servicios asistenciales y cómo han evolucionado en los últimos años. En todo caso, merece la pena echar un vistazo a este interesante estudio, que contiene además algunas preguntas relevantes sobre el tabaco y la regulación de los cigarrillos electrónicos; sobre los medicamentos, información, publicidad y accesibilidad a los mismos; valoración de los profesionales y de la asistencia recibida en atención primaria y atención especializada; valoración y preferencias sobre sanidad pública y privada, atención a enfermedades crónicas, etc.

Como se ve en la Tabla 2, en 2011 un 73.12% de la población consideraba buena o muy buena la sanidad pública en España; en 2012 este porcentaje bajó al 70.65%, situándose en 2013 en un 65.86%; en 2014 es del 62.7%. En resumen, en cuatro años se ha producido un descenso de casi once puntos en la valoración ciudadana del funcionamiento del sistema sanitario en España. En ese mismo periodo de tiempo el deterioro ha sido mayor en Castilla-La Mancha, donde se ha producido un descenso de más de veinte puntos en la valoración de la sanidad pública de la región. De hecho, hasta 2011 el nivel de satisfacción era mayor en la comunidad autónoma, situándose ahora por debajo en más de ocho puntos con respecto al total nacional.

Los descensos más evidentes y llamativos se registran en las preguntas sobre si una serie de servicios (atención primaria, atención especializada, atención hospitalaria) han mejorado, han empeorado o siguen igual respecto a los últimos cinco años (ver las Tablas a continuación). Las series temporales muestran que en un solo año, entre 2011 y 2012, la percepción de que han empeorado se incrementó notablemente: en 2011 sólo un 10,71% de los encuestados creía que la atención primaria había empeorado. En 2012 eran ya el 19,76%; en 2013 este porcentaje alcanzó el 27.85% y en 2014 se sitúa en un 29.7%. Al mismo tiempo, los que opinan que ha mejorado bajaron del 41,14% al 30,62% entre 2011 y 2012 y hasta el 23.56% en 2013. En 2014 ha seguido descendiendo hasta un 19.5%. Sobre atención especializada, en 2011 el 11,83% consideraba que había empeorado. En 2012 suponían casi el doble, un 22,05% y en 2013 un 32.2%. En 2014 el porcentaje de personas que considera que ha empeorado se ha incrementado en cinco puntos más, llegando hasta el 37.3%. Mientras, los que opinan que ha mejorado disminuyen desde un 34,72% hasta el 25.58% en 2012, hasta el 18.0% en 2013 y solo el 13.9% en 2014. Los datos sobre atención hospitalaria muestran que en 2011 un 10,52% creía que había empeorado. Este porcentaje se duplicó en 2012, al subir hasta un 21,09%; en 2013 alcanzó el 32.3% y llega al 37.3% en 2014. Los que consideran que había mejorado, un 37.72%, bajaron en 2012 hasta el 27,34%, en 2013 eran el 19.0% y en 2014 representan solo el 14.2%.






El deterioro en la situación de las urgencias también aparece reflejado en las preguntas del barómetro sanitario. Entre 2012 y 2014 el porcentaje de las personas entrevistadas que considera que han mejorado se ha reducido a la mitad, pasando del 22.43% al 11.6%. En cambio, se ha incrementado el número de los que consideran que ha empeorado, (del  28.31% al 43.1%).




Finalmente, otra de las preguntas se refiere a la percepción sobre la evolución de las listas de espera para recibir atención sanitaria. En 2014 un 38.9% de los encuestados a nivel general,consideran que la situación de las listas de espera ha empeorado 40%. Este porcentaje es aún mayor en Castilla-La Mancha, llegando hasta el 40.7% (Tabla 4):


En resumen, el deterioro de los servicios públicos producido en los últimos años por las políticas de ajuste presupuestario y de recortes indiscriminados, que han reducido sustancialmente los recursos del sector, está erosionando la confianza de los ciudadanos hacia el sistema sanitario, y ha provocado un claro empeoramiento de la opinión pública sobre el funcionamiento del mismo.

Como han demostrado numerosos estudios y análisis de políticas públicas, la legitimidad de la actuación política está muy relacionada con la percepción de la eficacia del sector público a la hora de dar respuesta a las necesidades de los ciudadanos, lo que se refleja directamente en la satisfacción con los servicios públicos.

Llegados hasta aquí, es oportuno indicar que según el propio BS (pregunta 1) la sanidad es considerada como el área de mayor interés para los ciudadanos por un 28.3% de los encuestados, (el 34.7% en el caso de Castilla-La Mancha), solo superada por el empleo. La sanidad y su valoración importan, por tanto (y mucho)…

¿Y aún se extraña el Gobierno de los malos resultados cosechados en las últimas elecciones autonómicas?
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Otras entradas anteriores sobre el mismo tema:
El deterioro sanitario (19 agosto de 2013).


jueves, 31 de julio de 2014

El deterioro de la sanidad pública

 «El escepticismo es el bisturí que libera la verdad accesible del cúmulo de tejidos muertos formados por las creencias sin fundamento y el autoengaño.»
Petr Skrabanek, James McCormick
“Sofismas y desatinos en medicina” (1989)

Sorprende la pueril insistencia y el empeño de algunos responsables políticos en negar la evidencia y cerrar los ojos ante el progresivo deterioro de la sanidad pública y la ligereza con la que se atreven a hacer afirmaciones infundadas, basadas en interpretaciones sesgadas o lecturas erróneas de algunos estudios o en datos estadísticos obtenidos por métodos poco rigurosos.

Un ejemplo reciente lo tenemos en el análisis que algunas CCAA han realizado del último Barómetro Sanitario (BS) correspondiente a 2013publicado en esta misma semana por el Ministerio de Sanidad, cuyos resultados globales no consiguen ocultar el hecho de que en los últimos años se ha producido un significativo y paulatino descenso en la confianza de los ciudadanos en el sistema sanitario público. Puede decirse que la ciudadanía sigue valorándolo de manera favorable y le da una nota general positiva, aunque el nivel de satisfacción global cae por segundo año consecutivo desde 2004 (Tabla 1).[Aunque nos referiremos sobre todo a los resultados a nivel global, en todas las tablas se adjuntan los resultados para Castilla-La Mancha. En el BS se encuentran los datos de todas y cada una de las CCAA].
Tabla 1. Satisfacción (de 1 a 10) con el funcionamiento del sistema sanitario público

2010
2011
2012
2013
Total España
6.57
6.59
6.57
6.41
Castilla-La Mancha
6.82
6.65
6.80
6.15
  Fuente: elaboración propia a partir de los BS 2010-2013
La sanidad ha pasado en los últimos años a convertirse en un motivo de preocupación, que es citado reiteradamente entre los tres principales problemas de nuestro país por más del 10% de los ciudadanos encuestados en el barómetro mensual del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS); un porcentaje que no es desdeñable en un momento de crisis en el que la sanidad compite con otras preocupaciones que, como la situación económica y el desempleo, son capaces de atraer con mucha intensidad la atención de los ciudadanos.
 A la hora de valorar los servicios y la atención recibida en sanidad, es preciso tener en cuenta que los pacientes tienden a ser generosos después de haber sido tratados, (seguramente tras una espera o demora prolongada), produciéndose un cierto “sesgo de agradecimiento” una vez que han sido atendidos y se les ha resuelto el problema sanitario que presentaban (que en última instancia es siempre lo prioritario y lo que más les importa). Lo mismo puede decirse cuando se les pide que valoren la actuación de los profesionales sanitarios que, lógicamente, y salvo excepciones puntuales por discrepancias o inexistencia de una adecuada relación profesional-paciente, siempre será muy positiva.
Tabla 2. Porcentaje de personas que consideran que el sistema sanitario funciona bastante bien  o que funciona bien, pero necesita cambios

2010
2011
2012
2013
Total España
73.88
73.12
70.65
65.86
Castilla-La Mancha
75.59
74.48
69.80
59.54
 Fuente: elaboración propia a partir de los BS 2010-2013
 Como se puede ver en la Tabla 2, en 2010 un 73,88% de la población consideraba buena o muy buena la sanidad pública en España; en 2011 este porcentaje bajó al 73,12%, situándose en 2012 en un 70,65%; en 2013 es el 65.86%. Es decir, que en apenas tres años se ha producido un descenso de más de ocho puntos en la valoración del funcionamiento del sistema sanitario en España. Los datos para Castilla-La Mancha son aún más desfavorables, habiendo perdido más de dieciséis puntos en su valoración en estos tres años.

Los descensos más llamativos se registran en las preguntas sobre si una serie de servicios (atención primaria, atención especializada, atención hospitalaria o urgencias) han mejorado, han empeorado o siguen igual respecto a los últimos cinco años. Las series temporales muestran que solo en dos años, entre 2011 y 2013, la percepción de que han empeorado se incrementó notablemente: en 2011 sólo un 10,71% de los encuestados creía que la atención primaria había empeorado. En 2012 eran ya el 19,76%. En 2013 este porcentaje alcanza el 27.85%. Al mismo tiempo, los que opinan que ha mejorado bajaron del 41,14% al 30,62% entre 2011 y 2012 y hasta el 23.56% en 2013. (Tabla 3.1).
Tabla 3.1 En su opinión, el siguiente servicio asistencial de la sanidad  (atención primaria) ¿ha mejorado, ha empeorado o sigue igual respecto a los últimos cinco años? (%)
ATENCIÓN PRIMARIA
2011
2012
2013
Total España
Ha mejorado
41.14
30.62
23.56
Ha empeorado
10.71
19.76
27.85
Sigue igual
41.52
43.70
42.65
Ns/nc
6.63
5.93
5.93
Castilla-La Mancha
Ha mejorado
48.70
23.88
16.18
Ha empeorado
8.32
22.58
34.99
Sigue igual
37.77
49.06
41.27
Ns/nc
5.21
4.47
7.57
         Fuente: elaboración propia a partir de los BS 2010-2013
Sobre atención especializada, en 2011 el 11,83% de los encuestados consideraba que había empeorado. En 2012 suponían casi el doble, un 22,05% y en 2013 un 32.2%. Mientras, los que opinan que ha mejorado disminuyen desde un 34,72% en 2011 hasta el 25.58% en 2012 y hasta el 18.0% en 2013. (Tabla 3.2).

Tabla 3.2 En su opinión, el siguiente servicio asistencial de la sanidad  (atención especializada) ¿ha mejorado, ha empeorado o sigue igual respecto a los últimos cinco años? (%)
ATENCIÓN ESPECIALIZADA
2011
2012
2013
Total España
Ha mejorado
34.72
22.58
18.04
Ha empeorado
11.83
22.05
32.17
Sigue igual
42.18
41.86
39.72
Ns/nc
11.27
10.52
10.07
Castilla-La Mancha
Ha mejorado
46.34
22.83
12.00
Ha empeorado
5.99
21.27
39.17
Sigue igual
36.47
45.92
35.77
Ns/nc
11.20
9,99
13.05
           Fuente: elaboración propia a partir de los BS 2010-2013
Los datos sobre atención hospitalaria muestran que en 2011 un 10,52% creía que había empeorado. Este porcentaje se duplicó en 2012, al subir hasta un 21,09% y llega al 32.3% en 2013. Los que consideraban que ha mejorado, un 37.72%, bajaron en 2012 hasta el 27,34% y son ahora el 19.0%. (Tabla 3.3).

Tabla 3.3 En su opinión, el siguiente servicio asistencial de la sanidad  (atención hospitalaria) ¿ha mejorado, ha empeorado o sigue igual respecto a los últimos cinco años? (%)
ATENCIÓN HOSPITALARIA
2011
2012
2013
Total España
Ha mejorado
37.72
27.34
19.04
Ha empeorado
10.52
21.09
32.29
Sigue igual
40.21
40.84
37.76
Ns/nc
11.56
10.74
10.90
Castilla-La Mancha
Ha mejorado
46.09
22.57
12.01
Ha empeorado
4.68
22.84
40.73
Sigue igual
37.24
44.34
34.21
Ns/nc
11.99
10.25
13.05
           Fuente: elaboración propia a partir de los BS 2010-2013
Aunque en 2010 y 2011 no se preguntó sobre la atención en urgencias, sí se hizo en 2012 y en 2013. En la Tabla 3.4 se comprueba que en un solo año el porcentaje de los que consideran que ha empeorado pasa del 28.31% hasta el 39.27% (Tabla 3.4).

Tabla 3.4 En su opinión, el siguiente servicio asistencial de la sanidad  (atención en urgencias) ¿ha mejorado, ha empeorado o sigue igual respecto a los últimos cinco años? (%)
URGENCIAS
2011
2012
2013
Total España
Ha mejorado
-
22.43
15.49
Ha empeorado
-
28.31
39.27
Sigue igual
-
39.53
35.85
Ns/nc
-
9.73
9.39
Castilla-La Mancha
Ha mejorado
-
18.91
12.79
Ha empeorado
-
25.72
43.87
Sigue igual
-
46.96
32.63
Ns/nc
-
8,42
10.70
                 Fuente: elaboración propia a partir de los BS 2010-2013
Uno de los problemas que más preocupa a los ciudadanos y usuarios de los servicios sanitarios es, sin duda, el elevado tiempo de espera para poder recibir atención y tratamiento, que suele ser el principal motivo de quejas y reclamaciones y es una de las consecuencias más evidentes de la política de recortes presupuestarios en la sanidad. En este sentido, cuando se les pregunta (Tabla 4) si saben si en su CCAA se están realizando actuaciones para mejorar esta situación, poco más de la tercera parte de los entrevistados responde afirmativamente y un 36.34% cree que no se están llevando a cabo (una creencia bastante acorde con la realidad no solo sentida, sino probablemente vivida).

Tabla 4. ¿Cree Ud. que en su Comunidad Autónoma se están llevando a cabo acciones destinadas a mejorar las listas de espera?


2011
2012
2013
Total España
33.19
26.63
24.05
No
36.34
43.85
45.51
Ns/nc
30.46
29.52
30.43
Castilla-La Mancha
45.57
24.92
25.58
No
25.79
46.97
47.27
Ns/nc
28.65
28.11
27.15
      Fuente: elaboración propia a partir de los BS 2010-2013
El resultado de ello puede comprobarse también en la Tabla 5, en respuesta a la pregunta sobre la mejora o no de las listas de espera en el último año. En 2011 un 18.17% de los encuestados creían que habían empeorado, una cifra prácticamente igual a los que creían que había mejorado. En 2013 el 35.12% creen que el problema ha ido a peor en el último año y sólo son un 9.46% los que piensan que las listas de espera han mejorado. Como en todos los casos, los datos son aún peores para Castilla-La Mancha. 
Tabla 5. En general, ¿cree Ud. que, durante los últimos doce meses, el problema de las
listas de espera…?

2011
2012
2013
Total España
Ha mejorado
18.18
13.24
9.46
Ha empeorado
18.17
29.97
35.12
Sigue igual
45.12
41.16
33.15
Ns/nc
18.53
15,63
16.28
Castilla-La Mancha
Ha mejorado
22.65
11.02
8.61
Ha empeorado
10.16
31.49
41.80
Sigue igual
48.44
38.57
33.15
Ns/nc
18.75
18.92
16.44
           Fuente: elaboración propia a partir de los BS 2010-2013

En conclusión, a la vista de estos resultados, que reflejan claramente el deterioro ocurrido en la sanidad pública en general (y en Castilla-La Mancha en particular) en el transcurso de los últimos años, parece obvio que las manifestaciones de algunos responsables políticos en esta materia no sólo son propagandísticas, erróneas o desacertadas, sino que están bastante fuera de lugar, pues no responden a la realidad que perciben los propios ciudadanos, por más que ésta se intente disfrazar o manipular.

A modo de resumen
La sanidad es una política pública muy relevante para la ciudadanía, como lo demuestra el hecho de que en la mayoría de los barómetros y encuestas del CIS aparece valorada favorablemente, al tiempo que es reiteradamente citada como objeto de preocupación en cuanto a su viabilidad o calidad. Existe además una cierta relación entre el porcentaje de ciudadanos que creen que la sanidad pública es un problema y el porcentaje de los que se muestran satisfechos o no con su funcionamiento en cada territorio.

A pesar de que existe un número importante de ciudadanos preocupados por la sanidad, se trata de un ámbito respecto del que existe (todavía) una evaluación ciudadana mayoritariamente positiva. No obstante, el deterioro de los servicios públicos provocado en los últimos años por una política de ajustes presupuestarios y de recortes indiscriminados que han reducido sustancialmente los recursos del sector, ha ocasionado una pérdida de confianza hacia el sistema sanitario público y un claro empeoramiento de la opinión pública sobre el funcionamiento del mismo a todos los niveles.

En esta tesitura, tal vez no esté de más recordar, tanto a los decisores políticos como a todos los agentes que intervienen en el sistema sanitario, que la legitimidad de la actuación pública está muy relacionada con la percepción de eficacia del sector público a la hora de satisfacer las necesidades de los ciudadanos, lo que se refleja en la satisfacción con los servicios públicos. En este sentido, los signos y síntomas no son precisamente muy alentadores…
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