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sábado, 26 de junio de 2021

Vulnerant Omnes Ultima Necat

       Cuadrante de sol en Lucca (Italia). Foto: Lucio Maria Morra.

«En estos ámbitos, todo orden no es sino un estado de inestabilidad sobre el abismo.»

Walter Benjamin

«La ética no es estática; avanza mientras la vida avanza… La verdadera prueba de nuestra moralidad no está en la rigidez con la que cumplimos lo correcto, sino en la lealtad hacia la vida que crea y construye lo correcto.»

Mary Parker Follet

«Cada época tiene sus retos, a los que hace frente como puede. Según parece la nuestra tiene el singular destino, sin embargo, de encontrarse ante retos de magnitud y gravedad insólitas, como corresponde, tal vez, a su gigantismo y al proceso mismo de mundialización de horizontes, perspectivas y conflictos con el que como tal época se confunde.»

 Jacobo Muñoz

«El médico debe recordar que él mismo no está exento de la suerte común, sino que está sujeto a las mismas leyes de mortalidad y de enfermedad que los demás, y se ocupará de los enfermos con más diligencia y cariño si recuerda que él mismo es su sufriente compañero.»

Thomas Sydenham

«Solo yo entiendo lo lejos que está el cielo de nosotros; pero conozco cómo acortar las veredas. Todo consiste en morir, Dios mediante, cuando uno quiera y no cuando Él lo disponga. O si tú quieres, forzarlo a disponer antes de tiempo.»

Juan Rulfo

Paradójicamente, en esta época de incertidumbre, la fragilidad y el deterioro de cuanto nos rodea y nuestra propia vulnerabilidad son las únicas certezas de las que podemos estar realmente seguros: vulnerant omnes ultima necat, todas hieren, la última mata, decía el adagio latino que se colocaba en los cuadrantes solares y en los relojes de algunas iglesias. La vulnerabilidad supone que somos seres afectables, heribles y sensibles.

Mientras escribo estas líneas, España se convierte en el séptimo país del mundo en el que entra en vigor una ley que regula la eutanasia, el cuarto en Europa. El resto son Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Canadá, Colombia y Nueva Zelanda, cuya ley está previsto que entre en vigor en noviembre. Otro grupo de países –Suiza, varios estados en Estados Unidos y dos estados de Australia– permiten el suicidio asistido, es decir, que una persona termine con su vida con la asistencia de un médico, que le proporciona los medios necesarios. En la eutanasia es el médico el que realiza la acción, poniendo fin a la vida de una persona a petición de esta. La ley española contempla ambos supuestos.

Como era de prever, a pesar del amplio respaldo popular a la ley según todas las encuestas y estudios de opinión existentes, y siendo aprobada en el Congreso por una amplia mayoría de 202 votos a favor frente a 141 en contra, (solo PP y Vox han sido las dos fuerzas políticas que se han opuesto a la norma, anunciando hasta un recurso de inconstitucionalidad), se han dejado oír algunas voces de los sectores más conservadores y retardatarios de la sociedad. Pero contra hechos no valen razones, y a pesar del ruido mediático de la jauría (dicho sea sin acritud, por aquello del apócrifo «ladran Sancho, señal de que cabalgamos») desde algunos foros y púlpitos diversos, el barómetro del CIS de enero de 2021 señalaba que un total del 72,3% de las personas encuestadas manifestaban estar totalmente de acuerdo o de acuerdo con la eutanasia.

Hace algo más de un año, antes de la aprobación de la ley, cuatro presidentes de otros tantos Colegios de Médicos firmaban una tribuna de opinión en el diario El País, en la que explicaban los resultados de la Encuesta sobre la eutanasia auspiciada por el Colegio de Médicos de Bizkaia (ver aquí) y secundada por los de Las Palmas (ver aquí), Madrid (ver aquí) y Tarragona (ver aquí), mostrando que la mayoría de los médicos está a favor de la regulación de la eutanasia si se respeta su objeción de conciencia, siendo minoría los que piensan ejercerla. Hay que recordar que, aunque el Código Deontológico de los médicos españoles les prohíbe participar en prácticas eutanásicas, se encuentra en plena revisión (la última versión es de 2011) y ha despertado sensibilidades encontradas.

Iniciativas tales como Médicos por la Eutanasia (marzo, 2021) o el Manifiesto de Juristas por la Eutanasia (noviembre, 2020) promovidas e impulsadas desde la asociación Derecho a Morir Dignamente (dmd) han encontrado un amplio eco, demostrando que hay abundante evidencia de que el respaldo social y profesional a la despenalización de la eutanasia es mayoritario, de que los mejores cuidados paliativos no pueden evitar el sufrimiento constante e intolerable (sea este físico o psíquico) en todos los casos y de que la ayuda médica a morir se puede regular con suficientes garantías.

En general, el carácter y tipo de argumentos de quienes se oponen a la ley, pueden resumirse en cinco puntos:

1. Argumentos religiosos o confesionales. Teóricamente son los de mayor peso específico, pero no los que se manifiestan habitualmente. Sólo los líderes espirituales o religiosos exponen este argumento sin ambages. Sin embargo, en un Estado no confesional las creencias pertenecen al ámbito personal y no se pueden generalizar. Su oposición deriva de una idea: la vida tiene un valor absoluto porque la otorga un ser superior y sólo él la puede quitar...

2. Existencia previa de cuidados paliativos de excelencia. Este es uno de los (falsos) argumentos más frecuentes. Sus defensores proponen no regular la eutanasia hasta que toda la ciudadanía tenga acceso a unos cuidados paliativos de excelencia (como si los cuidados paliativos y la eutanasia fueran acciones competitivas). Con respecto a la ley han llegado a afirmar que es “empezar la casa por el tejado” (sic).

3. El respeto al juramento hipocrático. Hace unos 2.500 años, Hipócrates de Cos, considerado padre de la Medicina occidental, estableció (supuestamente) los principios de la ética médica. Sin embargo, en su adaptación al desarrollo social y científico, sus reglas han ido evolucionando y han sufrido modificaciones que se plasman a partir de la Declaración de Ginebra de 1948 de Asociación Médica Mundial, revisada después en otras fórmulas más actuales. La declaración inicial de Hipócrates establecía: “No accederé a pretensiones que busquen la administración de venenos…” Esta afirmación tan tajante se ha actualizado en versiones posteriores, que obligan tanto al respeto a la vida humana como a las decisiones personales. [Una de las más reconocidas y utilizada actualmente, sobre todo en países anglosajones, es la versión redactada en 1964 por el Dr. Louis Lasagna, Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tufts que, entre otras sentencias dice textualmente:

«Aplicaré todas las medidas necesarias para el beneficio del enfermo, buscando el equilibrio entre las trampas del sobretratamiento y del nihilismo terapéutico.»

«Recordaré que la medicina no sólo es ciencia, sino también arte, y que la calidez humana, la compasión y la comprensión pueden ser más valiosas que el bisturí del cirujano o el medicamento del químico.»]

4. Pacientes con fragilidad emocional. Otra de las discrepancias que se argumentan es que las personas que solicitan la prestación de la ayuda para morir son muy frágiles y pueden estar o sentirse coaccionados en su decisión. Pero no explican que las leyes al respecto (también la ley española) son muy garantistas. Las personas que lo requieran han de solicitar la eutanasia en más de una ocasión y tras un minucioso proceso deliberativo con su médico responsable; el proceso es revisado por otro médico ajeno (médico consultor) y una comisión institucional en cada comunidad autónoma (Comisión de Garantía y Evaluación). Con tales controles cabe pensar que la solicitud de eutanasia por coacción sería más que anecdótica.

5. La teoría de la pendiente resbaladiza. Con este razonamiento se quiere dar a entender que existe un peligro de banalización de la eutanasia. Es una ficción que, en lo alto de una pendiente de superficie engrasada, sitúa una acción bondadosa que, poco a poco, deriva en situaciones sutilmente diferentes hasta desembocar, al final de la pendiente, en una decisión execrable. Obviamente, esta teoría no deja de ser una falacia para incautos, que manipula dos teorías básicas de la argumentación: la argumentación por analogía y la argumentación metafórica, recogidas y establecidas en 2004 por Van Eemeren y Grootendorst en su obra A Systematic Theory of Argumentation. Como muestra de esta posible banalización, son típicos y recurrentes los ejemplos de casos de un hombre que solicitó la eutanasia porque no podía soportar su fealdad (!!) y el de una viuda que no superaba la pérdida de su esposo (más !!). Pretender comparar o poner en pie de igualdad estos casos frente a pacientes con enfermedades devastadoras son falsas analogías. Por tanto, se argumenta que, de forma preventiva, sería mejor no regular la eutanasia. Este lamentable paternalismo bienintencionado conlleva y demuestra una insoportable condescendencia y supone la evidente infantilización de una ciudadanía libre, adulta y responsable que, desde este perspectiva, parece que ha de estar permanentemente tutelada y sometida a los oportunos controles y a la fiscalización previa que impidan que la gente se desmande, no vaya a ser que…  

Por otro lado, los últimos datos publicados en otros países revelan algunas cuestiones interesantes: en 2019 se produjeron en Holanda 6.361 muertes por suicidio asistido (el 4,1% del total), mientras que en Canadá, donde la ley es más reciente, se practicaron 5.631 eutanasias (un 2%). En ambos países y Bélgica, la mayor parte de pacientes que lo solicitan son enfermos de cáncer incurable: del 64% de Bélgica y Holanda al 67% de Canadá. En este último le siguen las enfermedades respiratorias (10,8%), neurológicas (10,4%) y cardiovasculares (10,1%). A partir de las cifras de otros países, en los que suponen del 1% al 4% de todos los fallecimientos, la asociación dmd calcula que las solicitudes de eutanasia en España estarán alrededor de 4.200 casos al año.

Conviene citar aquí a algunos sedicentes responsables que, pese a todo, gozan en algunos ámbitos de cierto predicamento sobre estos temas. Cabe destacan sobre todo al Comité de Bioética de España, “órgano colegiado, independiente y de carácter consultivo, que desarrollará sus funciones, con plena transparencia, sobre materias relacionadas con las implicaciones éticas y sociales de la Biomedicina y Ciencias de la Salud", cuya labor de zapa y oposición a la ley a través de sus dictámenes e informes ha sido digna de encomio. (Algo tanto más reseñable cuanto que la mayor parte de sus miembros tienen finalizado su mandato en ese órgano).

Escudándose en una supuesta “mirada compasiva” hacia las personas que pudieran solicitar la prestación de la ayuda para morir, en octubre de 2020, motu proprio y sin solicitud previa, en pleno proceso de discusión y tramitación parlamentaria de la ley de regulación de la eutanasia, emitió un voluminoso informe de 74 páginas (!) con unas conclusiones que solo cabe calificar de claramente ideologizadas, tendenciosas, sectarias e interesadas. Baste aquí la transcripción de un par de párrafos de ese informe:

«…la eutanasia y/o auxilio al suicidio no son signos de progreso sino un retroceso de la civilización, ya que en un contexto en que el valor de la vida humana con frecuencia se condiciona a criterios de utilidad social, interés económico, responsabilidades familiares y cargas o gasto público, la legalización de la muerte temprana agregaría un nuevo conjunto de problemas.»

(…)

«Lo dicho, además, cobra aún más sentido tras los terribles acontecimientos que hemos vivido pocos meses atrás, cuando miles de nuestros mayores han fallecido en circunstancias muy alejadas de lo que no solo es una vida digna, sino también de una muerte mínimamente digna. Responder con la eutanasia a la “deuda” que nuestra sociedad ha contraído con nuestros mayores tras tales acontecimientos no parece el auténtico camino al que nos llama una ética del cuidado, de la responsabilidad y la reciprocidad y solidaridad intergeneracional.»

En fin, ¿a qué viene esa alusión a las personas mayores? ¿De dónde surge esa burda suposición y por qué se vincula la ley a este determinado grupo de edad?

Coinciden sin duda en este extremismo radical con las inicuas y odiosas declaraciones del actual Presidente del ICOMEM quien ha llegado a afirmar: «La pandemia hubiera sido “más grave” si la ley de eutanasia estuviera en vigor.» O más aún: «La nueva ley de eutanasia obliga a los médicos a matar a los pacientes Unas manifestaciones deleznables cuyo único reproche por parte del anterior Presidente de la Organización Médica Colegial fue decir que había sido solo un comentario desafortunado”. 

Afortunadamente, tal vez no todo esté perdido. Sobre el mismo asunto dejaremos constancia aquí de otras opiniones muy relevantes, igualmente autorizadas, aunque en las antípodas de las posiciones tan extremosas y fundamentalistas del Comité de Bioética de España. Véanse al respecto el Informe de posicionamiento ético y valorativo acerca de la posible despenalización y regulación de la eutanasia y el suicidio médicamente asistido, de la Comisión Sociosanitaria de Comités de Ética de Euskadi, emitido el 9 de diciembre de 2020.

El otro documento recoge las Reflexiones, consideraciones y propuestas de la Asociación de Bioética Fundamental y Clínica (ABFyC) en torno a la regulación de la ayuda médica para morir, elaborado en marzo de 2021, poco antes de la publicación de la ley 3/2021 de 24 de marzo, de regulación de la eutanasia.

En estos días se terminan de constituir las Comisiones de Garantía y Evaluación previstas en el artículo 17 de la Ley (ver aquí la composición de la de Castilla-La Mancha, así como sus integrantes). 

Como bien señalaba hace dos días el comentario editorial del diario El País: «Para que  la ley inicie su recorrido sin sobresaltos es crucial desplegar una intensa labor de explicación y divulgación. (…) No hay que olvidar el previsible boicoteo de sectores vinculados a la Iglesia católica, cuya Conferencia Episcopal ya ha anunciado su intención de que los hospitales y residencias de ancianos bajo su autoridad puedan declararse “zonas libres de eutanasia(sic). Al respecto, muchas voces destacan la evidente contradicción y la hipocresía de estos conspicuos representantes de la jerarquía eclesiástica: hace ya muchos años que hubiera sido deseable la misma urgencia y celeridad para declarar y establecer también como “zonas libres de pederastia” muchos de sus centros.

domingo, 10 de mayo de 2020

(Una) Exhortación a la prudencia

           Panel de azulejos en Ericeira (Portugal)

«…no existe rincón que no debamos purificar en nosotros, incluso en lo más secreto de nuestro corazón, para poner de nuestra parte las pocas oportunidades que queden. Eso es especialmente cierto en el caso de los médicos como ustedes, que están más cerca, si cabe, de la enfermedad, y resultan por ello aún más sospechosos. Tienen que predicar con el ejemplo.»

«…tienen que ser capaces de controlarse. Y, por ejemplo, hacer que se respeten las normas que hayan elegido, como el bloqueo y la cuarentena. Un historiador de Provenza cuenta que, en el pasado, cuando un confinado lograba escapar, mandaban que le rompieran la cabeza. No desearán eso. Pero tampoco pasarán por alto el interés general. No harán excepciones a las normas durante todo el tiempo que estas sean útiles, ni siquiera cuando el corazón los apremie. Se les pide que olviden un poco quiénes son, sin olvidar jamás lo que se deben a ustedes mismos. Esa es la regla de un honor tranquilo.»
Albert Camus

En la inédita situación en que nos hallamos, uno de los aspectos más relevantes y que reviste sin duda más interés es la respuesta a la (cualquier) crisis desde el(los) Gobierno(s), cuya gestión debe estar siempre informada por los principios de precaución y de prevención, es decir, administrando los recursos públicos puestos a su disposición de una manera racional y proporcionada, en función del riesgo y de los daños previsibles, pero siempre teniendo en cuenta que más vale pecar por exceso que por defecto…

Obviamente también conviene actuar siguiendo un elemental principio de prudencia de forma análoga a la norma contable que obliga a contabilizar los beneficios solo cuando se produzcan y las pérdidas cuando se conozcan. Lo que significa que hemos de situarnos siempre en el escenario más negativo, es decir, anticipando las pérdidas, aunque luego no lleguen a producirse.

Iniciada la transición hacia la nueva normalidad (véanse la Orden que regula la aplicación de la Fase 1 del Plan y también la Guía de la Fase 1) no está de más hacer una exhortación a la máxima prudencia a la hora de encarar esa gobernanza conjunta o cogobernanza entre el Gobierno y las comunidades y ciudades autónomas, en el que ambas instituciones actuarán en permanente diálogo bajo los principios de cooperación y colaboración.

En general la prudencia se define como la virtud de actuar de forma justa, adecuada y con cautela o moderación. Se entiende también como la virtud de comunicarse con los demás por medio de un lenguaje claro, literal, cauteloso y adecuado, actuando con respeto de los sentimientos, la vida y las libertades de las demás personas... 

Hace unos años, en agosto de 2012, publicábamos una entrada en el blog con el título De la prudencia, en la que hacíamos precisamente un llamamiento general a la prudencia, lo que básicamente se traduciría -en cualquier ámbito- en actuar con sensatez, cordura, diálogo y buen gobierno, es decir, aquel que se ejerce de una manera objetivamente correcta, buscando siempre el cumplimiento del interés general, consiguiendo en un alto grado una buena gestión, con altas cotas de transparencia, eficacia, eficiencia, cumplimiento de la legalidad y, finalmente, y en la medida de lo posible, con un alto grado de satisfacción en el ciudadano.

En el texto de aquella entrada se reproducían algunos párrafos de uno de los capítulos del libro “La Conservación de la salud del cuerpo y del alma”, publicado a finales del s.XVI, y que puede ser considerado como el primer tratado de higiene en lengua castellana. Escrito por el doctor Blas Álvarez de Miraval, la primera edición de la obra vio la luz en Medina del Campo, en 1597.

A continuación, los párrafos y el capítulo en cuestión, referido al cultivo de la virtud de la prudencia:

CAPÍTULO LVI. En el cual se trata como cada cual debe procurar la virtud de la prudencia, pues con ella se vive más dichosamente y se conserva mejor la salud, y se alargan los días de la vida.

«Cicerón (…) nos avisa que por la prudencia podemos tener elección de los bienes o de los males. Y si es así, que la prudencia puede y tiene valor para elegir, y distinguir entre el bien y el mal, no hay duda sino que nos podrá apartar de infinitas ocasiones de males, y de muchos peligros de enfermedades en los cuales cada día vemos que el imprudente e inconsiderado como necio y torpe se deja caer, de los cuales el prudente y avisado se podrá guardar, pues acompañan siempre al tal hombre el amor y la inquisición [i.e. indagación, averiguación] de la verdad, la meditación del ánimo, la viveza del entendimiento, con suma atención, con memoria, con deliberación y elección de lo bueno, y con mucho estudio y ciencia. La cuales cosas todas se amonestan y aconsejan al prudente que nunca se confíe de su parecer, si en él no viere todos estos requisitos; pues está escrito, en el capítulo tercero de los Proverbios, que no estribemos en nuestra prudencia. Y en el capítulo duodécimo de la Epístola a los Romanos, que no queramos ser prudentes en nuestra sola opinión. Porque engañados con la filaucía [i.e. amor propio, egoísmo] pensando que sabemos mucho, andaremos en grandísima oscuridad palpando las tinieblas, como los hinchados filósofos, que pensando que eran muy sabios quedaron hechos tontos, y se desvanecieron en sus pensamientos. Porque se dejaron llevar de los movimientos del ánimo inconsiderados, movidos de sus propios afectos, de la locura y demencia, del olvido de los humanos acaecimientos, del amor propio, de la mala elección y de las temerarias acciones. Todo lo cual hace muy al revés el que escoge y se abraza con la prudencia, pues todos los bienes y virtudes que puede alcanzar procura de conservarlos, de defenderlos y usar de ellos sabiamente...»

En una de sus últimas publicaciones (Ideas cabales) el profesor Salvador Giner se refería a la prudencia con un gran sentido del humor, pero al mismo tiempo con una enorme seriedad: 
«Virtud cardinal, una de las cuatro, y cercana a las otras tres: justicia, fortaleza y templanza. Véase cautela. Llevada a su extremo, vicio de timoratos. Nunca es bastante para conductores de automóviles, peatones en las ciudades, alpinistas, amantes, maridos, toreros, sumos pontífices, lanzadores de cohetes en fiestas populares, mineros, aviadores, prostitutas, ladrones profesionales, locutores de radio y financieros.» Y aunque añadía: «Sin algo de imprudencia los políticos nada valen», con el permiso de Salvador Giner (†), interpreto que, en este caso, imprudencia significa arrojo, valentía, intrepidez, osadía o –como diría mi amigo Adolfo González- determinación...

A continuación, remite y recomienda como referencia bibliográfica al celebrado Oráculo manual y arte de prudencia de Baltasar Gracián, una obra del siglo XVII en la que a lo largo de trescientos aforismos comentados, se ofrecen un conjunto de normas para triunfar en una sociedad compleja y en crisis, como era la del barroco. Su vigencia queda demostrada por el hecho de que una versión al inglés, titulada The Art of Worldly Wisdom: A Pocket Oracle​ (1992) llegó a vender más de cincuenta mil ejemplares en el ámbito anglosajón, presentado como un manual de autoayuda para ejecutivos…

En todo caso, un libro muy recomendable que aconseja al hombre para llegar a ser sagaz, inteligente, y prudente (para curiosos e interesados, aquí una edición facsímil de la obra).
He aquí unos cuantos (jugosos) aforismos seleccionados:

4. El saber y el valor alternan grandeza. Porque lo son, hacen inmortales; tanto es uno cuanto sabe, y el sabio todo lo puede. Hombre sin noticias, mundo a oscuras. Consejo y fuerzas, ojos y manos: sin valor es estéril la sabiduría.

50. Nunca perderse el respeto a sí mismo. Ni se roce consigo a solas. Sea su misma entereza norma propia de su rectitud, y deba más a la severidad de su dictamen que a todos los extrínsecos preceptos. Deje de hacer lo indecente más por el temor de su cordura que por el rigor de la ajena autoridad. Llegue a temerse, y no necesitará del ayo imaginario de Séneca.

159. Saber sufrir [soportar] necios. Los sabios siempre fueron mal sufridos, que quien añade ciencia añade impaciencia. El mucho conocer es dificultoso de satisfacer. La mayor regla del vivir, según Epícteto, es el sufrir, y a esto redujo la mitad de la sabiduría. Si todas las necedades se han de tolerar, mucha paciencia será menester. A veces sufrimos más de quien más dependemos, que importa para el ejercicio del vencerse. Nace del sufrimiento la inestimable paz, que es la felicidad de la tierra. Y el que no se hallare con ánimo de sufrir apele al retiro de sí mismo, si es que aun a sí mismo se ha de poder tolerar.

201. Son tontos todos los que lo parecen y la mitad de los que no lo parecen. Alzóse con el mundo la necedad, y si hay algo de sabiduría, es estulticia con la del cielo; pero el mayor necio es el que no se lo piensa y a todos los otros define. Para ser sabio no basta parecerlo, menos parecérselo: aquel sabe que piensa que no sabe, y aquel no ve que no ve que los otros ven. Con estar todo el mundo lleno de necios, ninguno hay que se lo piense, ni aun lo recele.

298. Tres cosas hacen un prodigio, y son el don máximo de la suma liberalidad: ingenio fecundo, juicio profundo y gusto relevantemente jocundo. Gran ventaja concebir bien, pero mayor discurrir bien, entendimiento del bueno. El ingenio no ha de estar en el espinazo, que sería más ser laborioso que agudo. Pensar bien es el fruto de la racionalidad. A los veinte años reina la voluntad, a los treinta el ingenio, a los cuarenta el juicio. Hay entendimientos que arrojan de sí luz, como los ojos del lince, y en la mayor oscuridad discurren más; haylos de ocasión, que siempre topan con lo más a propósito. Ofrecéseles mucho y bien: felicísima fecundidad. Pero un buen gusto sazona toda la vida.

Tiempo habrá de volver en alguna otra ocasión sobre esta (gran) obra…
*****

viernes, 14 de junio de 2019

Puentes para la humanización®


             New York,1908. Manhattan Bridge in progress. Fuente: Shorpy









Con el lema «EL PUENTE DE LO AFECTIVO A LO EFECTIVO» en una emotiva y brillante ceremonia se celebró el pasado 11 de junio el acto de entrega de los premios de la Quinta Edición del Foro Premios Albert J. Jovell.
Transcribo a continuación las palabras de mi intervención enla Mesa inaugural de la gala (minutos 19:20 a 27:20):

«Muy buenos días señoras y señores, amigas y amigos.

Quiero ante todo agradecer al Foro Premios Albert Jovell, al grupo de compañías farmacéuticas Janssen y a Cátedras en Red, su amable invitación para intervenir en esta Mesa inaugural en un lugar tan emblemático como este edificio Jean Nouvel, ampliación del hoy Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía  que en su día fuera sede del Hospital General y Hospital Provincial de Madrid, también denominado antes como Hospital General y de la Pasión, que estuvo en uso desde principios del S.XVII hasta el año 1965, en diseños y obras sucesivas en las que intervinieron arquitectos tan prestigiosos como José de HermosillaFrancisco Sabatini o el propio Juan de Villanueva, arquitecto del Museo del Prado y máximo exponente de la arquitectura neoclásica en España. [Y permítanme también trasladarles un cordial y afectuoso saludo en nombre de la Ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, Mª Luisa Carcedo Roces y del Secretario General de Sanidad y Consumo, Faustino Blanco González].»

«He tenido la gran suerte y el inmenso privilegio de haber participado desde sus inicios (ver aquí y también aquí) en las sucesivas ediciones de estos galardones, así como de haber podido colaborar y contribuir humildemente, en la medida de mis posibilidades, en la construcción y desarrollo del denominado modelo “afectivo-efectivo” en la atención sanitaria, como ejemplo singular y paradigmático de lo que en los últimos años ha venido en llamarse humanización de la asistencia sanitaria
«Recordaba Albert Jovell en uno de sus libros una serie de virtudes que, de acuerdo con la ética aristotélica, regularían la conversión de las emociones en afectos, lo que permitiría mejorar la convivencia y las relaciones interpersonales.»

«Señalaba singularmente la CONFIANZA como una virtud esencial a la hora de establecer y consolidar un círculo de confiabilidad a partir del reconocimiento en otras personas y en instituciones concretas de una serie de virtudes específicas que, a su vez, formarían parte de ella:
  • Competencia
  • Compromiso
  • Responsabilidad
  • Justicia
  • Humildad
  • Resiliencia
  • Honestidad
  • Integridad… y
  • RESPETO
«En conjunto, constituirían una serie de atributos que modelan, conforman y refuerzan las relaciones de confianza en que se fundamenta la convivencia.» 

«Como recuerda el sociólogo Richard Sennett en un excelente ensayo, el significado del respeto incorpora y lleva implícito todo un “vocabulario social” que la sociología ha nombrado con muchos sinónimos para denominar diferentes aspectos del respeto. Entre ellos encontramos los de “estatus”, “prestigio”, “honor” y “dignidad”.»

«El respeto implica y significa también, en gran medida, “el hecho de aceptar en los otros lo que uno no entiende”, es decir, aceptar a los demás sin cuestionarse cómo son. Esta aceptación es muy importante puesto que esta forma de respeto hacia la otra persona es precisamente lo que permite establecer un vínculo de confianza y dotar de confiabilidad a la relación.»

«El filósofo Josep María Esquirol explica también que la palabra respeto tiene que ver con el comportamiento moral y, en este sentido, es posible referirse al respeto como un tipo de actitud: “una actitud respetuosa” o también un “lenguaje respetuoso”: hablar respetuosamente de alguien significa tener cuidado con las palabras que respecto a él o a ella se usan; palabras que, en definitiva, son capaces de guardar siempre una distancia respetuosa.»

«‘Las palabras son nuestra gafas. Equivocar la palabra es equivocar la cosa’, decía hace ya unos años el politólogo Giovanni Santori.‘Muchos creen que la palabra no tiene importancia y, por tanto, que cada uno puede denominar lo que ocurre como quiera. Sin embargo -afirmaba- la elección de la palabra es importante’.»

«Pues bien, en el lenguaje de las actitudes, (en el lenguaje moral), tratar a alguien con respeto equivale a tratarlo con atención y aquí encontramos toda una constelación de significados equivalentes: consideración, deferencia, atención, miramiento: tratar a alguien con miramiento es tener hacia él una atención, un respeto. En alemán, la palabra Achtung significa tanto respeto como atención.»

«Con frecuencia la etimología orienta y nos pone sobre la pista del sentido último de las palabras: el latín respectus deriva del verbo respicere, que significa “mirar atrás”, “mirar atentamente” o “volver a mirar”. Respicere tiene la misma raíz que spectare, ver, mirar, contemplar. Nos encontramos pues, en pleno universo de la mirada: spectaculum es lo que se mira; respicio es lo que miro atentamente; y “respectus” es entonces el resultado de esa mirada atenta».

«No hace falta decir que la mirada se emplea aquí en sentido amplio y que se refiere no solo a los ojos del rostro sino también a los ojos y a la “mirada de la mente”. Conviene citar aquí a Baltasar Gracián y su célebre “Oráculo manual y arte de la prudencia”, cuando afirma que “no todos los que ven han abierto los ojos, ni todos lo que miran ven”, lo que de paso nos informa de que, en última instancia, la más lúcida de las miradas no es la de los ojos. Ver es lo difícil. Vemos a veces, raramente, con frecuencia miramos sin ver...»

«Hasta aquí alguna de las claves para una atención sanitaria más humana, es decir más digna. Y, si me permiten, si tuviera que sintetizar o condensar en una única expresión, o destacar algún aspecto concreto acerca de en qué consiste precisamente la humanización de la atención sanitaria, lo resumiría básicamente en una atención respetuosa y compasiva con la persona enferma.»

«Por ello, frente al vértigo deshumanizador de una práctica clínico-asistencial apresurada, desprovista en ocasiones de esa mirada atenta, no está de más recordar al profesor Jerome Groopman cuando afirma que: «Aunque la medicina moderna cuente con la ayuda de un deslumbrante despliegue de tecnologías, como resonancias magnéticas de alta resolución y análisis de ADN de gran precisión, el lenguaje, [es decir, la comunicación], sigue siendo la piedra angular de la práctica clínica.»

«Finalmente, el modelo afectivo-efectivo pretende ser un modelo de referencia a imitar para contribuir a la humanización de la asistencia sanitaria en el conjunto del SNS, basado en la evidencia científica pero que, al mismo tiempo debe tener en cuenta la dimensión y los valores de dignidad y humanidad de los pacientes para conseguir su bienestar y los mejores resultados en salud. En esa hermosa tarea, conjunta y compartida, y cada uno desde su propia responsabilidad personal, profesional o institucional, indudablemente todos tenemos algo que aportar.»

«En este sentido, hoy tenemos que felicitar a quienes han sido reconocidos en esta V edición de los premios, que muy merecidamente valoran y destacan su trabajo, su esfuerzo y dedicación a ese objetivo.»

Muchas gracias por contribuir hacerlo posible.»

martes, 30 de agosto de 2016

«Espacios de prudencia»

                       Foto: Gárgola. Catedral de Salisbury 
«No hay mayor oportunidad, responsabilidad u obligación que pueda tocarle a un ser humano que convertirse en médico. En la atención del sufrimiento, el médico necesita habilidades técnicas, conocimientos científicos y comprensión de los aspectos humanos… Del médico se espera tacto, empatía y comprensión, ya que el paciente es algo más que un cúmulo de síntomas, signos, trastornos funcionales, daño de órganos y perturbación de emociones. El enfermo es un ser humano que tiene temores, alberga esperanzas y por ello busca alivio, ayuda y consuelo.»
Harrison’s Principles of Internal Medicine, 1950

Sostiene mi amigo Armendáriz, (creo que con bastante acierto), que la mayoría de las medidas y actuaciones que desde diferentes servicios sanitarios estamos intentando poner hoy en marcha en nuestro malhadado SNS, con el enfático y tal vez afectado nombre de “Planes para la humanización de la asistencia sanitaria”, (sin duda con el loable objetivo de modificar determinadas actitudes y comportamientos profesionales inapropiados, y mejorar la calidad de la asistencia prestada), se encontraban ya contenidas entre los sabios consejos y recomendaciones que aparecían recogidos en los primeros capítulos de aquellos viejos textos de Medicina Interna en los que estudiamos las lecciones de Patología Médica… esas páginas que muy pocos leían y que –por lo general– casi siempre solían pasarse por encima. En los últimos años muchas de esas ideas y preceptos se han perdido ‘como lágrimas en la lluvia’, que diría el replicante Roy Batty en la película Blade Runner

La primera parte de la 9ª edición en español (1977) de uno de aquellos libros de autoría colectiva, el Tratado de Medicina Interna de Cecil-Loeb, un clásico de la educación médica, (correspondiente a la 14ª edición en inglés del Textbook of Medicine, de 1975), comienza precisamente con una serie de capítulos breves cuyo título es ya de por sí bastante elocuente: [Naturaleza de la Medicina] “Cómo hacerse clínico”, “Ciencia, medicina clínica y el espectro de enfermedades”, “Cuidado del paciente con enfermedad en fase terminal“ y “La medicina en la sociedad moderna.” Escritas hace ya más de cuarenta años, -cuando muchos de los modernos procedimientos y técnicas diagnósticas o terapéuticas actuales aún no existían- sus enseñanzas se encuentran plenamente vigentes. He aquí lo que dice por ejemplo Paul B. Beeson, uno de los editores (compiladores) de la obra, refiriéndose a las cualidades que debe reunir un (buen) clínico:

«Una de las cualidades más importantes que necesita el médico de nuestros días es la capacidad de limitar su curiosidad. Ha de recordarse constantemente que una técnica diagnóstica que pueda tener peligro sólo debe emplearse cuando el posible beneficio que brinde justifique dicho riesgo. Nunca debe efectuarse una prueba diagnóstica simplemente para “completar” el estudio, o sea antes que alguien más sugiera su empleo; o porque un especialista considera que debe efectuarse para proteger su propia reputación, su propio prestigio ‘en caso de que…’ Permítasenos imaginar cómo debe moverse un buen médico para tratar [a] un paciente de edad avanzada que recientemente ha presentado una ictericia obstructiva. Lo ‘probable’ es que este paciente tenga una enfermedad neoplásica no susceptible de cirugía ni de quimioterapia. Sin embargo, existe la posibilidad de que la obstrucción biliar esté causada por alguna otra lesión, como un cálculo o un tumor benigno. El médico tiene varios caminos. Puede emplear una serie de técnicas diagnósticas notablemente precisas: estudios radiológicos con bario, centelleo de isótopos para hígado o páncreas, laparoscopia, biopsia de hígado con aguja, angiografía celiaca o estudio endoscópico del duodeno (para citología o para introducir una sonda y lograr la visualización retrógrada de las vías biliares o pancreáticas). Tendrá la tentación de emplear algunos o todos estos medios, porque así puede lograrse un diagnóstico preciso. Pero quizá esto no resulte de verdadero interés para el paciente, dadas las muchas probabilidades de que se trate de una enfermedad incurable. El médico responsable puede considerar junto con sus compañeros las probabilidades de cirugía o quimioterapia curativa. O puede no hacer gran cosa, considerando que lo más adecuado es permitir que la enfermedad siga su curso y ahorrar al paciente las molestias, peligros y gastos de un estudio complicado. Pero también puede elegir un camino intermedio: llamar a un cirujano para operar inmediatamente, mientras el estado general del paciente todavía es bueno, con el fin de tratar de manera definitiva una lesión maligna si existe; o bien, si la obstrucción depende del cáncer, para desviar el curso de la bilis hacia el intestino. Esta conducta probablemente brindaría al enfermo por lo menos algunos meses de vida menos molesta, aunque resulte imposible tratar el cáncer. El médico bueno estará ‘acompañando’ al paciente, resolviendo los problemas a medida que se van presentando…» (…)

El autor termina el capítulo brindando unos cuantos preceptos: «1) A cada paciente hemos de proporcionarle ‘lo suficiente de nuestros días’. Hay que sentarse, oírlo con cuidado, hacerle preguntas adecuadas, examinarlo con cuidado y, una y otra vez, repetir todo esto. Muchos errores médicos dependen simplemente de que el médico no destinó tiempo suficiente al enfermo [sí, sí, ya sé, ya sé, el tiempo, siempre el tiempo… o más bien la falta de tiempo]. 2) Trabajar para desarrollar la ‘capacidad de estudio’ acerca de los problemas del paciente. 3) Entrénese usted en ‘concentrarse en cada problema con exclusión de todos los demás’. (…) Si usted destina a cada paciente el tiempo que merece, si aprende a concentrarse, y si puede estudiar debidamente, logrará mucho de lo que se necesita para cuidar de las personas enfermas, incluso en el mundo de nuestros días.»

Parece ocioso señalar que hoy se emplearían otras técnicas y procedimientos más seguros y precisos para efectuar el diagnóstico del caso, seguramente utilizando la resonancia magnética nuclear y/o técnicas endoscópicas especiales. Sin embargo, el modo en que (todavía) se produce el razonamiento médico, se elaboran los juicios clínicos y se toman las decisiones, sigue siendo el mismo y es el que debiera ser revisado y permanentemente puesto en cuestión…

A propósito de comportamientos que pueden ser considerados como imprudentes en la asistencia sanitaria, mi amigo Carlos Armendáriz (especialista en medicina intensiva, por cierto) también está de acuerdo con Bryan Jennett, profesor de neurocirugía de la Universidad de Glasgow, autor de un conocido artículo publicado en el BMJ hace más de treinta años -que conviene siempre tener presente- (Inappropriate use of Intensive Care), en el que identificaba algunas circunstancias que mostraban cuando el uso de un procedimiento o de una tecnología puede ser inapropiado:

1) cuando es innecesario, es decir, si el objetivo deseado se puede conseguir con medios más sencillos; 2) cuando es inútil, porque el paciente está en una situación demasiado avanzada para responder al tratamiento; 3) cuando es inseguro, porque sus complicaciones sobrepasan el posible beneficio; 4) cuando es inclemente, porque la calidad de vida ofrecida no es lo suficientemente buena como para justificar la intervención; y 5) cuando es insensato, porque consume recursos de otras actividades que podrían ser más beneficiosas.

Decididamente, hoy más que nunca, hay que releer y recuperar el espíritu y los valores de aquellas páginas introductorias de los textos de Medicina Interna. Ya en su Elogio de la locura (1511) advertía Erasmo de Rotterdam:
«La sabiduría inoportuna es una locura, del mismo modo que es imprudente la prudencia mal entendida.»


martes, 1 de abril de 2014

Códigos éticos y moralina rancia (y II)

Gran ilustración de Mónica Lalanda (@mlalanda) en su blog medicoacuadros

Como era previsible, tras su publicación y difusión, el documento ha sido objeto de mofa, befa y escarnio. En las redes y en diversos medios digitales ha sido recibido con una sorna generalizada, lo que resulta bastante explicable al conocer cómo se produjo la gestación de tan singular producto: De cómo saltó la liebre del  famoso catecismo ético del SESCAM, especialmente cuando nos enteramos aquí de que algunos de los famosos principios que aparecen recogidos en la ‘Carta de Valores’ están literalmente copiados de organizaciones tan pintorescas como la organización All Dance Internacional (!) o la Cámara de Empresas Tasadoras de la República Argentina. ¿No es asombroso?
 Debo reconocer que me he sentido especialmente irritado, afectado y concernido por este asunto, sobre todo al oír las pueriles declaraciones exculpatorias realizadas por quienes han perpetrado semejante disparate, atribuyendo la autoría del mismo a responsables anteriores del SESCAM… Me explicaré: en diciembre de 2007, como trabajo final para el Diploma superior en Bioética cursado en la Escuela Nacional de Sanidad, preparé un extenso y amplio documento titulado precisamente Responsabilidad, Reputación Corporativa y Ética en las Organizaciones Sanitarias Públicas. Una propuesta de Código Ético para el SESCAM(que hemos enlazado desde Slideshare para posibles interesados, y sobre todo para comprobar que pueden elaborarse Códigos Éticos algo menos… insensatos. Se trataba tan solo de un ejercicio académico del que, por otra parte, me siento bastante orgulloso). En la última página se decía expresamente: “El presente trabajo pretende ser únicamente una aproximación teórica al debate sobre la profesionalidad y la construcción de organizaciones sanitarias basadas en valores. La elaboración y formulación real de un Código Ético en el ámbito del SESCAM, tanto como su aplicación y puesta en marcha debería hacerse en la práctica teniendo en cuenta la participación y las aportaciones de todos los grupos interesados, implicados en el desarrollo de una organización sanitaria pública sostenible, responsable y con un comportamiento ético de todos sus agentes, que genere confianza, credibilidad y legitimidad social.”

En la última parte de aquel trabajo explicábamos cuáles debían ser, a nuestro juicio, los Valores corporativos del SESCAM que deberían inspirar su actuación:

«La cohesión de un grupo se articula alrededor de una cultura que determina su personalidad e influye de forma determinante en la orientación de las actividades, aportando la coherencia del esfuerzo colectivo hacia unos objetivos comunes.
De la reflexión sobre la identidad de la oferta asistencial y de servicio del SESCAM surgen también un conjunto de valores que son la síntesis de esta cultura y el fruto de la historia como institución y organización sanitaria, de la integración de personas e ideas y de las capacidades desarrolladas a lo largo del tiempo.
Estos valores, que diferencian a la organización en el marco del SNS, conforman el conjunto de valores corporativos y tienen relaciones directas e indirectas con los agentes y grupos de interés, serían los siguientes:

Voluntad de servicio
Servir es, en esencia, ayudar a los otros a crecer y a desarrollar sus proyectos. La actitud profesional del SESCAM se basa en comprender los problemas y las necesidades sanitarias y asistenciales de la población y poner a su disposición todas las capacidades individuales y colectivas en forma de soluciones rápidas, sencillas y eficaces.

Proximidad
Se entiende como la supresión de todos aquellos elementos que dificultan la relación, el diálogo y el propio servicio sanitario. El ciudadano debe percibir al Servicio de Salud como una serie de dispositivos asistenciales accesibles y cercanos, sensible a la diversidad, capaz de eliminar las barreras físicas, que incorpora las tecnologías disponibles que faciliten la comunicación y le acercan los centros de decisión.

Adaptabilidad
El SESCAM debe amoldarse con agilidad a las necesidades y demandas de los ciudadanos a través de soluciones flexibles y eficaces que den respuesta a sus necesidades sanitarias.
Los cambios deben afrontarse con una actitud positiva, entendiéndolos como una oportunidad de mejora en la calidad asistencial y como una necesidad de adecuación al entorno social.

Orientación de servicio
Todas las actividades e innovaciones de la organización se resumen y se justifican en la materialización de una atención sanitaria segura, efectiva, eficiente y basada en la mejor evidencia científica disponible.
La proactividad, el conocimiento del usuario y de sus necesidades, la anticipación, la prestación de un servicio sanitario público adecuado, reconocido y valorado socialmente, como base de una relación sostenible, son los elementos clave que orientan toda la actividad del SESCAM y le confieren legitimidad social.

Innovación
Anticiparse a las necesidades y expectativas de los ciudadanos desarrollando prestaciones y servicios capaces de sorprender por su accesibilidad y facilidad de uso.
Escrutar las posibilidades de las nuevas tecnologías en el ámbito sanitario para desarrollar propuestas de valor innovadoras. “Ser capaces de imaginar el futuro”.

Profesionalidad
El rigor, la pulcritud, la puntualidad, la exactitud, la comunicación clara y veraz, el compromiso, la responsabilidad, el acierto en las decisiones y el aprendizaje permanente son los rasgos que definen la profesionalidad de una empresa y de sus integrantes.
La plantilla del SESCAM está formada por trabajadores, empleados y profesionales dignos de merecer la confianza y el respeto de los usuarios, de los ciudadanos y, en general, de la sociedad de la que forma parte. El propósito del empleado es siempre hacer bien el trabajo y a la primera.

Ética y responsabilidad social
Como organización pública, la actuación profesional y personal del SESCAM se basa en la equidad, la honestidad, la transparencia y la responsabilidad, asumiendo las consecuencias de los actos de sus empleados y profesionales.
Se contribuye a la mejora de la sostenibilidad social a través de sus actuaciones, cuidando del medio ambiente y rechazando cualquier forma de discriminación y explotación del ser humano, tanto desde el punto de vista de las actuaciones propias como de las de los proveedores.

Austeridad
La austeridad debe entenderse como la sobriedad en el uso de los recursos públicos de la organización, en contraposición a la ostentación y el gasto innecesario. La organización debe aplicar con rigor el principio de austeridad en todas sus decisiones, pero sin confundir lo superfluo con lo necesario y buscando siempre niveles de calidad diferenciales.

Prudencia
La continuidad y el reconocimiento se sustentan en el equilibrio entre la acción y la sensatez. El SESCAM asume responsablemente los riesgos derivados de su actividad mediante una adecuada capacitación técnica y a través de la toma de decisiones basadas en el conocimiento y en la evidencia científica.

Trabajo en equipo
El trabajo en equipo es la clave del progreso del ser humano y adquiere una especial relevancia en el entorno sanitario. Se trabaja en equipo integrando personas e ideas en un proyecto común capaz de generar ilusión y retener el talento, donde los objetivos comunes prevalecen sobre los intereses particulares y la información fluye de forma abierta y transparente.
Se respeta la diversidad individual de los miembros del grupo, ya que dicha diversidad es, precisamente, la que enriquece el conjunto a través de la incorporación de distintas formas de ser y de hacer.»

Por último, concluíamos, el "auténtico" Código Ético del SESCAM no sería sino un reflejo de esos valores corporativos y de los principios que deben guiar la conducta de la Organización y de todas las personas que la integran. Esta conducta es la que inspira los procesos que se establecen en las relaciones con sus grupos de interés, materializa su actitud y el comportamiento individual y colectivo en relación a la política corporativa.

Cada decisión que se adopta y todo lo que se hace en el desempeño de su actividad profesional, puede incidir en la imagen que la ciudadanía tiene de la organización.

En este sentido, la conducta en relación con los diferentes agentes y grupos de interés, se debe materializar en las siguientes actitudes y comportamientos:

- Con los ‘clientes’ (Pacientes y usuarios): Profesionalidad, transparencia, fiabilidad, cercanía, accesibilidad, confidencialidad y respeto en las relaciones.

- Con los proveedores: Transparencia, colaboración, agilidad y cercanía en las relaciones.

- Con las personas de la Organización: Lealtad, honestidad, responsabilidad con los resultados, confianza, colaboración, ingenio, creatividad, compañerismo, igualdad, respeto, responsabilidad con la seguridad y salud laboral, la calidad, la integración social y la sostenibilidad ambiental.

- Con la Sociedad: Innovación, colaboración, comunicación, dialogo permanente, cercanía y responsabilidad social en materias de prevención de riesgos laborales, igualdad de género, calidad, medioambiente e integración social.

Finalmente, parece claro que la ética de la empresa (pública) sanitaria puede ayudar a devolver la confianza en la organización, aumentar la autoestima de los profesionales e incrementar la credibilidad y legitimidad social del sistema sanitario público. Sin embargo, con actuaciones tan peregrinas como las que hemos conocido en estos días, mal que les pese a los actuales responsables, resultará difícil recuperar el prestigio y la reputación que durante mucho tiempo tuvo nuestro Servicio Público de Salud.

lunes, 31 de marzo de 2014

Códigos éticos y moralina rancia (I)

Foto: Luca Rossato, vía flickr

“La ética no es estática; avanza mientras la vida avanza… La verdadera prueba de nuestra moralidad no está en la rigidez con la que cumplimos lo correcto, sino en la lealtad hacia la vida que crea y construye lo correcto.”

La historia es la siguiente: El viernes 28 de marzo nos enteramos de que, al parecer, el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM) había publicado en la intranet de la Gerencia de Atención Integrada de Albacete un engendro de tres folios al que denominaba "Código Ético de buenas relaciones profesionales y personales para trabajadores del SESCAM"cuyo contenido no puede ser calificado sino de grotesco. Hasta un medio conservador como el diario ABC, al dar cuenta de la noticia, empleó la denominación de "Catecismo sanitario" para los profesionales de Castilla-La Mancha.

La velocidad de las redes sociales que, en acertada descripción de David Trueba, "funcionan como una máquina de agujerear la realidad hasta dejarla como un queso de gruyère", nos fue informando de la iniciativa. "Es bastante increíble, así que podría ser verdad...". El tono de este comentario recibido a través de Twitter indicaba bien a las claras el estado de ánimo de quienes habíamos leído el supuesto "Código ético..."

Resultaba sorprendente y uno no podía evitar una extraña sensación de incredulidad y escepticismo, aunque dejando al mismo tiempo una puerta abierta a la posibilidad de que fuera cierto: es bien sabido que la estupidez humana no tiene límites y que la realidad supera (casi siempre) con creces a la ficción.

Insólito, ridículo, peregrino, impropio de una sociedad moderna y avanzada, eran algunos de los calificativos más suaves que fue recibiendo el documento a medida que se conocían sus detalles y la mayoría de los trabajadores, empleados y profesionales pasaban de la incredulidad al asombro y la indignación. Mientras algunos diarios y medios digitales publicaban el Código, (Los 15 'mandamientos morales' impuestos a los profesionales sanitarios de Castilla-La Manchamuchos aseguraban que su contenido, que incluye una serie de “valores” y preceptos que se presentan como una contribución para “construir una sociedad más justa y apta para la realización integral de nuestras relaciones en el trabajo” (sic) era, cuando menos, anacrónico, esperpéntico y totalmente risible, si no fuera por su carácter de obligado cumplimiento.

Códigos éticos

En términos generales el código ético de una empresa u organización, es decir su código de conducta, puede definirse como un documento corporativo en el que se presentan valores, criterios y normas para una correcta actuación ante dilemas, aspectos o situaciones concretas en los que se considera especialmente relevante  que los directivos y empleados sigan unas pautas de actuación aprobadas por la dirección. Puede afirmarse en gran medida que un código de ética es la máxima expresión de la cultura de una organización; representa una descripción de los valores que son aceptados por ésta; un compromiso con sus miembros, con la sociedad civil y con el Estado.

Como es lógico, un código ético, profesional o de un determinado ámbito laboral o empresarial, debe elaborarse a través de un profundo debate y discusión sobre los problemas y asuntos más relevantes o de interés para todos sus agentes y grupos de interés, (empleados, directivos, usuarios y receptores de sus servicios, etc.); solo así puede garantizarse que refleja en cada momento los valores sociales vigentes, sometidos siempre a un continuo y constante proceso de cambio.

No parece que esta haya sido la forma de proceder en este caso, cuya autoría no acaba de estar clara y de la que nadie parece responsabilizarse ahora, a la vista de la acogida obtenida.

El pretendido Código, intelectualmente pobre y con un evidente trasfondo reaccionario, consiste en realidad en una serie de reglas mal escritas, que parecen ser producto de una mezcla de pobres lecturas y de una mala digestión de las mismas, redactadas sin duda por algún aficionado a elucubraciones pseudofilosóficas con veleidades retóricas y pretensiones de solemnizar lo obvio.

Es poco serio afirmar de manera grandilocuente que se considerará inapropiada “la exposición deshonesta de cualquier parte íntima del cuerpo con el fin de ofender o molestar, o el hacer gestos o ademanes insultantes, ofensivos al pudor público (sic) aunque no estén dirigidos a alguien en particular”. Resulta absurdo y bochornoso leer que también son conductas inapropiadas “usar malas artes” (?), “el empleo de fuerza o violencia contra una persona con la intención de molestar u ocasionar daño corporal”, o “todas aquellas que puedan surgir de la mala fe profesional y personal”. Es casi de chiste leer cosas como: “Aceptar las disposiciones de los supervisores o en quien se delegue sabiendo, que igual que yo, ellos tienen derecho a equivocarse, pero hacen lo posible para no hacerlo.”

En realidad, una ética bien entendida pretende dar respuesta a cuestiones prácticas como '¿de qué forma debo vivir?', más que establecer dogmas sobre 'qué debemos aceptar como verdadero'. En este sentido, declarar rotundamente que “Creemos en la existencia de una verdad también en el orden moral”, como hace este documento, es una formulación que, como poco, solo puede ser considerada como producto de una ética rancia, dogmática y fundamentalista, propia del catecismo de Ripalda o del Padre Astete.

Un auténtico código ético es un compromiso institucional que tiene por finalidad afirmar, dentro y fuera de una organización, determinadas intenciones éticas fundamentales que afectan al comportamiento y al proceso de toma de decisiones. Es esencial por ello que el código se base en principios filosóficos sólidos y que el proceso de elaboración sea coherente con esos principios. De hecho, ese proceso es tanto o más importante que el resultado final. También es esencial que en él se involucre a los directivos y que haya una amplia participación de los trabajadores. Además, los directivos han de estar firmemente comprometidos con los contenidos del código y ser ejemplares en su cumplimiento. Un código debe incluir no solo preceptos y normas sustanciales sino también, y sobre todo, procedimentales.

Las creencias y los valores preceden a las actitudes y éstas a las conductas. La congruencia entre los valores de la institución y los del trabajador es lo que (de verdad) genera compromiso, sentido de pertenencia y auténtica cohesión y cultura de empresa. Es fundamental por ello que los profesionales se encuentren comprometidos con la visión de la organización. Los valores se transmiten a través del ejercicio y del liderazgo directivo.

La ética en (de) las organizaciones sanitarias es desde luego algo bastante más serio que el irrisorio adefesio vacío de contenido presentado por el SESCAM, que ahora encima quieren atribuir a los anteriores responsables y directivos (!) del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha. Resulta pintoresco que además mientan y pretendan engañar a la gente, (incumpliendo por cierto las propias normas que aparecen en ese esperpento). Pero como dijo alguien, “si les gustan las palabras que se las coman, y si les gustan los gatos, también, pero que no nos hablen después de liebres.”

(Por cierto, estos redactores, ¿habrán leído la Guía Ética -Código Deontológico- vigente para la profesión médica, aprobado por la OMC en 2011? ¿Conocerán el Código Deontológico de la Enfermería Española aprobado en 1989 y revisado en 2003? ¿Han leído otros códigos de ética pública?
(Continuará…)

jueves, 28 de febrero de 2013

(Algunas) propuestas para tiempos grises

“…hay cosas que sólo la literatura, con sus medios específicos, puede dar.”

Italo Calvino

Escritas por invitación para ser dictadas en la cátedra “Charles Eliot Norton Poetry Lectures” de la Universidad de Harvard, durante el curso 1985-1986, Italo Calvino redactó una serie de conferencias concebidas inicialmente como la exposición de algunos de los valores, cualidades o especificidades que, a su juicio, la literatura debería conservar en el milenio que se avecinaba. Su repentino fallecimiento le impidió culminar el proyecto e impartir las conferencias.

En el momento de su muerte, en septiembre de 1985, Calvino dejó escritas y acabadas cinco del ciclo de las seis conferencias obligatorias pactadas, que fueron publicadas posteriormente en 1989 con el sugerente título de Seis propuestas para el próximo milenio. El título y los temas sobre los que versaban eran los siguientes: Levedad, Rapidez, Exactitud, Visibilidad, Multiplicidad y Consistencia. Esta última no llegó a ser escrita. En una nota preliminar al texto su hija reveló que Calvino tenía ideas y materiales por lo menos para ocho conferencias, pero la muerte le sorprendió antes de viajar a Harvard. Allí hubiera escrito la última de las conferencias previstas, (Consistency), que al parecer se habría referido, entre otras cosas, al Bartleby el escribiente de Herman Melville.

Resulta llamativo comprobar cómo las cualidades o características –auténticas virtudes- que Calvino identifica y atribuye a la literatura, sean además las más específicas o propias de nuestra época, tal vez las más destacables, anticipando de alguna forma la “era de la información” y la comunicación, la Sociedad Red, Internet y la Web. Pero al mismo tiempo, creo que la enumeración de estos sencillos principios constituye una especie de declaración ética sobre las cualidades que deberían guiar nuestro desempeño, tanto en la vida profesional como en la vida diaria.


·         Levedad

Por “levedad” entiende sustraer peso, reducir (a lo esencial) la idea del pensar, sin que ello suponga restarle gravedad e importancia, aligerar la estructura narrativa y el lenguaje:

“[…] existe una levedad del pensar, así como todos sabemos que existe una levedad de lo frívolo; más aún, la levedad del pensar puede hacernos parecer pesada y opaca la frivolidad.”

No se refiere solo a la literatura cuando afirma: “Hoy todas las ramas de la ciencia parecen querer demostrarnos que el mundo se apoya en entidades sutilísimas, como los mensajes del ADN, los impulsos de las neuronas, los quarks, los neutrinos errantes en el espacio desde el comienzo de los tiempos…”

De una manera muy clara habla también de la perspectiva de la innovación: “…he de cambiar mi enfoque, he de mirar el mundo con otra óptica, otra lógica, otros métodos de conocimiento y de verificación.”

Calvino añade las siguientes consideraciones sobre la tecnología informática: “Es cierto que el software no podría ejercitar los poderes de su levedad sin la pesadez del hardware, pero el software es el que manda, el que actúa sobre el mundo exterior y sobre las máquinas, que existen solo en función del software, se desarrollan para elaborar programas cada vez más complejos. La segunda revolución industrial no se presenta como la primera, con imágenes aplastantes como laminadoras o coladas de acero, sino como los bits de un flujo de información que corre por circuitos en forma de impulsos electrónicos. Las máquinas de hierro siguen existiendo pero obedecen a los bits sin peso.”

Concluye finalmente que: “[…] nos asomaremos al próximo milenio, sin esperar encontrarnos nada más que aquello que seamos capaces de llevar.”

·         Rapidez

Para Calvino, la rapidez se sitúa en un punto de articulación entre velocidad física y velocidad mental. Vivimos “…en la época en que la experiencia de las grandes velocidades ha llegado a ser fundamental en la vida humana.”  Hoy, un cuarto de siglo después, nuestra imagen de referencia es la de la multiplicación, la instantaneidad y la inmediatez en la transmisión de la información. Pero nos advierte:

“Un razonamiento veloz no es necesariamente mejor que un razonamiento ponderado, todo lo contrario; pero comunica algo especial que reside justamente en su rapidez.”
“Cada uno de los valores [escogidos] no pretende excluir el valor contrario: así como en mi elogio de la levedad estaba implícito mi respeto por el peso, así esta apología de la rapidez no pretende negar los placeres de la dilación.”

Hace unos días, un tuit de @manyez llamaba mi atención: “Aprendiendo rápido, que cada día hay más cosas por hacer y mejorar…” Si bien rapidez de estilo y de pensamiento quieren decir sobre todo agilidad, movilidad y economía del tiempo, valores reconocidos y ensalzados en una época congestionada como la nuestra, no está de más, sostiene Calvino, hacer una llamada de recuerdo a la prudencia, contenida en la antigua máxima Festina lente (apresúrate despacio). Un lema que concentra en su escueta formulación las expresiones latinas Velocitatem sedendo tarditatem tempera surgendo (que puede traducirse como un consejo moral: "modera tu velocidad sentándote y tu tardanza moviéndote") y Medium tenvere beati (“los bienaventurados conservaron el punto medio”, es decir, la idea aristotélica de que la virtud se halla en el punto medio)…

·         Exactitud

Se refiere al orden, a la precisión, al rigor conceptual, a la búsqueda del léxico y de la forma de expresión más rica, sutil y precisa: “[…] tengo la impresión de que el lenguaje se usa siempre de manera aproximativa, casual, negligente, y eso me causa un disgusto intolerable.”

Pero Italo Calvino comprueba además la falta de precisión y la inconsistencia no sólo de las imágenes o del lenguaje, sino del mundo: “La peste ataca también la vida de las personas y la historia de las naciones vuelve informes, casuales, confusas, sin principio ni fin, todas las historias. Mi malestar se debe a la pérdida de forma que constato en la vida, a la cual trato de oponer la única defensa que consigo concebir: una idea de la literatura.”

Y aunque exactitud e imprecisión son los polos entre los que se desenvuelve y oscila siempre nuestra vida, “no hay límite a la minuciosidad y al detalle con que se puede contar la historia más sencilla”, nos dice Calvino recordando a Leonardo.

·         Visibilidad

La sobreabundancia de imágenes en la que estamos inmersos puede –paradójicamente- suponer el riesgo de perder la imaginación, la facultad de “pensar” con imágenes. “De cualquier modo, todas las ‘realidades’ y las ‘fantasías’ pueden cobrar forma sólo a través de la escritura, en la cual exterioridad e interioridad, mundo y yo, experiencia y fantasía aparecen compuestas de la misma materia verbal; las visiones polimorfas de los ojos y del alma se encuentran contenidas en líneas uniformes de caracteres minúsculos o mayúsculos, de puntos, de comas, de paréntesis; páginas de signos alineados, apretados como granos de arena, representan el espectáculo abigarrado del mundo en una superficie siempre igual y siempre diferente, como las dunas que empuja el viento del desierto.”

·         Multiplicidad

La multiplicidad está relacionada con el modo de conocimiento contemporáneo según el cual el mundo es interpretado como una compleja trama de relaciones superpuestas, como una intrincada “red de conexiones entre los hechos, entre las personas, entre las cosas del mundo. Se trata de un concepto que remite a un enciclopedismo “abierto” hacia un saber y un conocimiento siempre potencial, conjetural, múltiple, no cerrado…

“[…] ¿qué somos, qué es cada uno de nosotros sino una combinatoria de experiencias, de informaciones, de lecturas, de imaginaciones? Cada vida es una enciclopedia, una biblioteca, un muestrario de estilos donde todo se puede mezclar continuamente y reordenar de todas las formas posibles.”

Como apuntábamos al principio, la última de las cualidades, valores, características o especificidades propuestas, la Consistencia, no llegó nunca a escribirse. De haberse referido al personaje de Bartleby, podemos suponer que abordaría conceptos tales como firmeza, constancia, coherencia y perseverancia, ideas todas ellas que se encuentran en el extraordinario relato de Melville…

Las “Seis propuestas para el próximo milenio” no es sólo un análisis más o menos detallado de una serie valores  propios o específicos de la literatura. Es también una hermosa historia condensada de la literatura y un inagotable estudio antropológico cuyas consideraciones pueden aplicarse a múltiples campos, entre otros en el quehacer sanitario.

Italo Calvino estaría hoy a punto de cumplir 90 años y, a la manera de Borges, nos habría recordado tal vez que memoria y olvido son dos entidades complementarias.

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