Powered By Blogger
Mostrando entradas con la etiqueta Gestión Pública. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gestión Pública. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de julio de 2024

     El NHS tras las elecciones en UK (4th July 2024)

                                                                                                                                                         Malcolm Willet
(Entre paréntesis hay que comenzar señalando que, según registran las etiquetas del blog, hemos dedicado más de 20 entradas a cuestiones relacionadas con el NHS británico).

Hace ya tiempo que el National Health Service (NHS) considerado en su día como un sistema sanitario ejemplar y de referencia en todo el mundo, dejó de ser la joya de la corona británica.

Lo cierto es que, tras resistir a la era Thatcher, a sucesivas privatizaciones y recortes presupuestarios, décadas de políticas de austeridad y la crisis del coronavirus han dejado el sistema público de salud británico en una situación desastrosa y al borde del colapso. Mientras la política británica chapotea en las confusas aguas del Brexit, el NHS se ha deteriorado de manera alarmante y a una velocidad asombrosa en los últimos catorce años de gobiernos conservadores. A finales de abril, los últimos datos disponibles, más de siete millones y medio de pacientes estaban en lista de espera para una consulta hospitalaria, algunos desde hace varios meses. Los propios datos del NHS muestran que el problema ya no son solo las esperas y aglomeraciones en urgencias o la falta de camas para ingresos. El deterioro afecta a la atención del cáncer, cuya evolución favorable depende de un diagnóstico y tratamiento tempranos.

Además, también hay problemas en la atención primaria: conseguir una cita con un/a médico/a de familia (GP) se ha convertido en un ejercicio de paciencia sin garantías de éxito a corto plazo.

Las dificultades de las y los profesionales sanitarios también se escucharon en las protestas en la calle de los últimos meses. Las y los médicas y médicos junior (residentes) estuvieron en huelga hasta dos días antes de las elecciones para reclamar mejores condiciones laborales. Era su undécimo paro en año y medio. Según algunos de sus portavoces, en los últimos quince años, los médicos y médicas en formación han visto su salario mermado en un 26%.

"Cada año", aseguran, "hay 9.000 profesionales formados aquí que deciden marcharse a trabajar a otros países. Si no conseguimos salarios decentes, seguiremos teniendo problemas de personal, y los/las pacientes no recibirán la atención que merecen".

El descontento no sólo afecta a médicos/as residentes. Enfermeras y profesionales médicos/as de hospitales también fueron a la huelga para exigir subidas salariales y unas mejores condiciones de trabajo. Mientras, la propia imagen del NHS, un motivo de orgullo para los británicos desde su creación en 1948 tras la Segunda Guerra Mundial, se ha ido deteriorando. En el sondeo anual publicado en marzo por el instituto British Social Attitudes, solo una cuarta parte de las personas entrevistadas —el 24%— se mostraban satisfechas por el funcionamiento del sistema público de salud. Es el nivel de aprobación más bajo desde que se empezó a realizar la encuesta en 1983.

No obstante, aunque los británicos son muy críticos, no cuestionan el sistema en sí. Siguen apoyando con abrumadora mayoría, según esta encuesta que suele servir de referencia, los principios del NHS: gratuidad (91% de opiniones favorables), acceso universal (82%) y financiación a través de los impuestos (81%).

La situación del NHS ha estado muy presente en la campaña de las recientes elecciones. Desde distintas organizaciones se afirma que "es la peor crisis que atraviesa el NHS desde su creación". El futuro del NHS es sin duda una de las principales preocupaciones de la ciudadanía del Reino Unido.

Todas las formaciones políticas han presentado medidas para reducir las listas de espera en la atención sanitaria. Laboristas y conservadores, los dos grandes partidos, se han comprometido a aumentar los recursos del sistema público de salud, pero sus promesas "se quedan muy cortas", según los análisis del prestigioso think tank HealthFoundation publicados a finales de junio.

El NHS necesitaría unos 38.000 millones de libras más cada año en la próxima legislatura —cerca de 45.000 millones de euros anuales— para paliar décadas de falta de inversión y reducir los retrasos acumulados con los/as pacientes, aseguran los expertos de Health Foundation: "Tiene que ser la prioridad absoluta; los políticos están hablando todo el tiempo de economía. Deberían ser conscientes de que no puede haber un crecimiento económico en un país dónde trabajadores y trabajadoras no tienen buena salud".

A partir de una serie de artículos aparecidos en la página web de esta institución (What's in the party manifestos on health and care? General election 2024) hemos recogido un resumen de los compromisos más relevantes que el Partido Laborista, ganador de los comicios, ha asumido y propuesto para el futuro del NHS, de los servicios sociales y la salud pública en su programa, manifiestos presentados, documentos de costes asociados e informes a los medios antes de las elecciones generales del pasado 4 de julio. Los temas que se tratan son los siguientes:

·        Prevención, salud pública y financiación de los gobiernos locales

·        Financiación y reforma del NHS

·        RRHH y personal del NHS

·        Innovación y tecnología

·        Acceso a la atención hospitalaria

·        Servicios de salud mental

·        Atención primaria y servicios comunitarios

·        Otros compromisos del NHS

·        Asistencia social

·        Apoyo al personal del NHS y de los servicios sociales

·        Contratación internacional y migración

                                                       ________________________

·        Prevención, salud pública y financiación de los gobiernos locales

-   Abordar los determinantes sociales de la salud, reduciendo a la mitad la brecha en la esperanza de vida saludable entre las regiones más ricas y más pobres de Inglaterra.

-      Tener la ambición de criar la generación de niños y niñas más sana de nuestra historia.

-    Garantizar que la próxima generación nunca pueda comprar cigarrillos legalmente y prohibir que los vaporizadores tengan marcas y publicidad para atraer a la infancia y juventud.

-    Prohibir la publicidad de comida basura dirigida a niños y niñas y la venta de bebidas energéticas con alto contenido de cafeína a menores de 16 años.

-      Garantizar que todos los hospitales implementen intervenciones voluntarias para dejar de fumar.

-       Habilitar la vacunación de bebés y niños/as como parte de las visitas de salud.

-     Introducir un programa de cepillado de dientes supervisado para niños y niñas de 3 a 5 años, dirigido sobre todo a las áreas de mayor necesidad.

-    Establecer como objetivo cerrar la brecha de mortalidad materna entre personas de raza negra y asiática.

-    Ofrecer a los ayuntamientos acuerdos de financiación plurianuales y poner fin a las licitaciones competitivas y derrochadoras.

·        Financiación y reforma del NHS

-     Garantizar hasta 40.000 nuevas operaciones, exploraciones y citas más cada semana, financiadas con alrededor de 1.000 millones de libras en ingresos adicionales.

-    Crear un ‘fondo de futuro’ de 250 millones de libras para duplicar el número de escáneres CT y RMN del NHS.

-     Contratar a 8.500 nuevos profesionales de salud mental con una financiación de 410 millones de libras esterlinas.

-    Poner en marcha un ‘plan de rescate odontológico’ que proporcione 700.000 citas dentales más urgentes con una financiación de 125 millones de libras esterlinas.

-       Poner en marcha el programa de nuevos hospitales.

-    Con el tiempo, ir trasladando (reorientando) progresivamente los recursos hacia la atención primaria y los servicios comunitarios. 

·        RRHH y personal del NHS

-     Publicar una planificación regular e independiente del personal y los RRHH en toda la asistencia sanitaria y social.

-     Implementar el Plan de recursos humanos del NHS (NHS Long Term Workforce Plan)  incluyendo la capacitación de miles de médicos/as de cabecera (GP’s) y matronas más.

-     Contratar 8.500 nuevos profesionales de salud mental (ya citado antes).

-      Implementar estándares y regulaciones profesionales para gerentes y personal directivo del NHS.  

-     Establecer un Real Colegio de Liderazgo Clínico para "defender la voz de los clínicos".

• Innovación y tecnología

-  Desarrollar una estrategia de innovación y adopción de tecnología en el NHS y optimizar los procesos para ensayos clínicos.

-  Digitalizar la historia clínica personal infantil (el denominado red book

-      Transformar el NHS para que los y las pacientes tengan el control de su salud.

·        Acceso a la atención hospitalaria

-     Volver a cumplir con los estándares previos de desempeño del NHS, por ejemplo, el estándar de tiempo máximo de espera para tratamiento hospitalario de 18 semanas. 

-     Realizar 2 millones de operaciones, exploraciones y citas adicionales del NHS cada año (lo que equivale a 40.000 citas más por semana) incentivando al personal a realizar citas adicionales fuera de horario. 

-       Agrupar y coordinar recursos entre hospitales vecinos para introducir listas de espera compartidas.

-    Utilizar la “capacidad excedente” en el sector de atención médica independiente para reducir las listas de espera. 

·        Servicios de salud mental

-     Contratar 8.500 nuevos profesionales de salud mental en servicios infantiles y de adultos.   

-   Establecer una red de "Centros de futuro para Jóvenes" (‘Young Futures Hubs’) para brindar servicios de salud mental de acceso abierto para niños, niñas y jóvenes en todas las comunidades. 

-  Modernizar la legislación sobre salud mental para brindar a los/as pacientes mayor capacidad de elección, mayor autonomía, mejores derechos y apoyos. 

·        Atención primaria y servicios comunitarios

-   Reorientar el NHS hacia un “servicio de salud de barrio” con más atención prestada en/desde las comunidades locales, trasladando con el tiempo recursos hacia la atención primaria y los servicios comunitarios.

-  Garantizar una cita presencial con el/la médico/a de cabecera para todos aquellos que la deseen e incentivar a los(as médicos/as de cabecera (GP’s) a que atiendan a los/as a más farmacéuticos la posibilidad de prescripción independiente y autorizando que otros profesionales de la salud, como ópticos-optometristas, puedan realizar derivaciones directas a servicios o pruebas especializadas.

-     Desarrollar un plan de rescate odontológico de 125 millones de libras esterlinas, para proporcionar hasta 700.000 citas dentales más urgentes cada año, de las cuales 100.000 serían para niños/niñas, y reclutar nuevos dentistas en las áreas más necesitadas. A más largo plazo, reformar el contrato de odontología, centrándose en la atención preventiva y en la retención de los/as dentistas del NHS. 

·        Otros compromisos del NHS

-   Implementar las recomendaciones del informe final de la Cass Review (sobre esto la Dra. Hilary Cass designada por NHS England y NHS Improvement para presidir la Revisión Independiente de los Servicios de Identidad de Género para niños/as y jóvenes a finales de 2020 afirma: "Es absolutamente correcto que niños, niñas y jóvenes, que pueden estar lidiando con una gama compleja de problemas relacionados con su identidad de género, obtengan el mejor apoyo y experiencia posibles durante su atención").

-  Actuar a partir de las conclusiones finales de la Infected Blood Enquiry (una investigación independiente ha demostrado que entre 1970 y principios de la década de 1990, más de 30.000 pacientes del NHS recibieron transfusiones de sangre o tratamientos que utilizaban productos sanguíneos contaminados con hepatitis C o VIH. Como resultado, más de 3.000 personas han muerto y miles viven con problemas de salud persistentes. En mayo de 2024 el anterior Primer Ministro pidió expresamente perdón por ello en el Parlamento y las personas afectadas serán objeto de indemnización). 

·        Asistencia social y cuidados

-   Generar consenso y llevar a cabo un programa de reformas para crear a largo plazo un Servicio Nacional de Cuidados sostenible (atención a las situaciones de dependencia), respaldado por estándares nacionales, que brinde coherencia en la atención en todo el país y siguiendo el principio de “primero en el hogar”.

-     Establecer un acuerdo salarial justo en la atención social para las personas mayores.

-      Implementar un límite a los costes de asistencia social a partir de octubre de 2025.

-    Desarrollar la colaboración a nivel local entre el NHS y el sector de cuidados y atención social al alta hospitalaria. 

·        Apoyo al personal del NHS y de servicios sociales

-       Restablecer las relaciones con el personal del NHS y alejarse del enfoque actual sobre las huelgas. 

·        Contratación internacional y migración

-  Poner fin a la dependencia a largo plazo de personas trabajadoras extranjeras en algunos ámbitos de la economía mediante la incorporación de mano de obra y planes de capacitación para determinados sectores, incluidos los sectores de salud y atención sociosanitaria.

-  Reformar el sistema de inmigración basado en puntos, para que sea “justo y adecuadamente administrado”, con restricciones apropiadas a las visas y vinculando la inmigración con políticas sobre habilidades y competencias.

                                                              ___________________

Desde King’s Fund también han analizado detalladamente las principales propuestas y promesas electorales de los partidos políticos en torno a estas cuestiones. 

Igualmente, The Nuffield Trust, otro think tank independiente sobre salud, ha llevado a cabo una serie de análisis sobre las perspectivas de futuro para el NHS y los servicios sociales en el Reino Unido. 

El pasado 5 de julio, al día siguiente de las elecciones, Jennifer Dixon, Chief Executive de The Health Foundation respondió a las primeras declaraciones de Sir Keir Starmer como nuevo Primer Ministro: «El nuevo Gobierno debe situar la salud en el centro de suagenda».

“Felicitaciones a Sir Keir Starmer y al Partido Laborista por su victoria electoral. Si bien acogemos con agrado el enfoque del Primer Ministro en la renovación nacional en su primer discurso a las puertas de Downing Street, no se puede subestimar la magnitud de la tarea que hereda el nuevo gobierno. El NHS se enfrenta a uno de los momentos más difíciles de su historia y el desafío para recuperarlo será significativo. Además, las mejoras en la esperanza de vida se han estancado, las desigualdades en salud se están ampliando y la asistencia social necesita urgentemente una reforma”.

“Pero también hay motivos para el optimismo. Es posible reconstruir la salud de la nación adoptando un enfoque a largo plazo respaldado por inversiones, reformas y una atención incesante a los factores sociales, económicos y ambientales más amplios que influyen sobre la salud de las personas. Y si bien los problemas que enfrenta el NHS son graves, la historia demuestra que puede mejorar con el nivel adecuado de inversión y una reforma inteligente. Un elemento central para una reforma eficaz debe ser una prueba y un uso más generalizados de la tecnología”.

“El Primer Ministro se ha comprometido a hacer del crecimiento económico la misión definitoria de su gobierno. La buena salud y una economía próspera están indisolublemente ligadas; sin embargo, la mala salud entre las personas en edad de trabajar está reduciendo la fuerza laboral y frenando la economía. Para tener éxito en su misión, el nuevo gobierno debe situar la salud en el centro de su agenda desde el primer día”.

Son muchos los paralelismos y semejanzas entre la situación del NHS y nuestro SNS español. Parece conveniente pues, estar atentos a las propuestas y soluciones planteadas…

Veremos.


martes, 30 de noviembre de 2021

Sobre el concepto de «Policía médica»

Foto: Ecce HomoEvelyn Bencicova

Apenas si somos conscientes de lo que tenemos encima. Por no saber, ni sabemos bien desde dónde venimos ni hacia dónde nos dirigimos (bueno, esto sí: hacia la inevitable extinción tras el Antropoceno).

Seguimos inmersos en estos extraños tiempos de pandemia en los que se reclaman extraordinarias medidas coercitivas supuestamente para hacer frente a los contagios de la moderna peste del coronavirus; en los que –inevitablemente– siguen apareciendo mutaciones y variantes del virus SARS-CoV-2 y se propone la vacunación obligatoria de los réprobos que se niegan a hacerlo, estigmatizando y atribuyendo (sin justificación alguna) a los no vacunados los peores males; tiempos grises en los que magistrados con ínfulas epidemiológicas (y sorprendentes conocimientos clínicos sobrevenidos) adoptan esperpénticas resoluciones judiciales, (por no hablar ya de las extemporáneas sentencias de un más que desprestigiado Tribunal Constitucional que anulan los estados de alarma); tiempos oscuros en los que continuamente siguen apareciendo chamanes y expertos televisivos de mesa camilla que propugnan las soluciones más inverosímiles y extravagantes sin ningún fundamento, como en una nueva versión actualizada de El retorno de los brujos.

Históricamente las enfermedades infectocontagiosas se han presentado con frecuencia como un fenómeno natural, y las medidas adoptadas frente a ellas como una simple intervención científica, sin supuestos o connotaciones políticas e ideológicas. Lo cierto, sin embargo, es todo lo contrario. Ya en el año 2000 Malcolm Gladwell en The Tipping Pointescribía lo siguiente: «La epidemia de sida es, fundamentalmente un fenómeno social, es decir, se extiende más por las estructuras sociales y la pobreza y los prejuicios y la personalidad misma de la comunidad, de modo que para su transmisión es menos importante la biología que la sociología».

La actual pandemia de COVID-19 es al menos un fenómeno tan social como biológico o natural, y su abordaje no escapa en modo alguno a las representaciones sociales vigentes, a las diversas opciones políticas o a diferentes (y con frecuencia interesadas) premisas ideológicas. De hecho, como han explicado algunos expertos, (digamos más serios), la crisis de COVID-19 no es una pandemia, es una sindemia, (de sinergia y epidemia), es decir, la suma de dos o más epidemias o brotes de enfermedades concurrentes o secuenciales en una población con interacciones biológicas, que exacerban el pronóstico y carga de la enfermedad. La naturaleza sindémica y compleja de la amenaza que enfrentamos significa que se necesita un enfoque más ‘matizado’ si de verdad queremos proteger la salud de la comunidad.

La noción de sindemia fue concebida por primera vez por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en la década de 1990 y desarrollada posteriormente en su libro Introduction to syndemics: a critical systems approach to public and community health, de 2009. En un artículo publicado en 2017 en The Lancet, Singer argumentaba que un enfoque sindémico revela interacciones biológicas y sociales que son importantes para el pronóstico, el tratamiento y la política sanitaria. El modelo sindémico de salud pone el foco en el complejo biosocial, es decir en las enfermedades co-presentes o secuenciales que interactúan entre sí y en los factores sociales y ambientales que promueven y potencian los efectos negativos de la interacción de enfermedades. Este enfoque de la concepción de la salud y de la práctica clínica reconfigura la comprensión histórica convencional de las enfermedades como entidades nosológicas distintas de la naturaleza, separadas de otras enfermedades e independientes de los contextos sociales en los que se encuentran. Por el contrario, todos estos factores tienden a interactuar de manera sinérgica de diversas formas consecuentes, lo que tiene un impacto sustancial en la salud de las personas y de la población en general. Más específicamente, un enfoque sindémico examina por qué ciertas enfermedades se agrupan (es decir, múltiples enfermedades que afectan a individuos y grupos); las vías a través de las cuales interactúan biológicamente en los individuos y dentro de las poblaciones (y, por lo tanto, multiplican su carga general de morbilidad), y las formas en que los entornos sociales, especialmente las condiciones de desigualdad e injusticia social, contribuyen a la agrupación e interacción de enfermedades, así como a la vulnerabilidad. Desde este punto de vista, y como sostiene Richard Horton, editor principal de la revista The Lancet en un artículo publicado en septiembre de 2020: “no importa cuán efectivo sea un tratamiento o una vacuna, la búsqueda de una solución puramente biomédica para la COVID-19 fracasará”. Adoptar un enfoque sindémico en el abordaje de la COVID-19, añade, “invita una visión más amplia, que abarque la educación, el empleo, la vivienda, la alimentación y el medio ambiente”. El objetivo es revertir las profundas desigualdades que atraviesan a nuestras sociedades y amplían los efectos de la enfermedad.

En el actual contexto pandémico de excesos generalizados, de preocupantes y autoritarias proclamas médico-sanitarias, y de una inadecuada retórica represiva y belicista (hace pocos meses, en una entrada de su -indispensable- blog Tránsitos intrusos Juan Irigoyen llega a denominar a esta situación como La guerra imaginaria de la COVID y la militarización), tal vez sea instructivo recordar los orígenes del concepto de «policía médica». Aquí conviene recordar que todos los ideales propuestos como deseables objetivos sociales tienen siempre dos dimensiones: una emancipadora o de liberación de las amenazas -bien de la naturaleza, bien de los poderosos- y otra coactiva, de imposición disciplinaria…

Publicada en 1638, la obra Politia medica del Dr. Ludwig von Hörnigk (1600-1667), médico principal de Fráncfort, constituye una de las primeras contribuciones históricas al desarrollo del pensamiento sobre la responsabilidad del gobierno y las obligaciones del Estado sobre la salud de la comunidad.

Como explica el historiador de la medicina George Rosen en uno de los capítulos de su obra “De la policía médica a la Medicina social. Ensayos sobre la historia de la atención a la salud” (1974), se trata un trabajo notable en varios aspectos. Solo el largo título que aparece en la portada del libro, presenta ya un listado completo de su contenido, enumerando todo tipo de figuras sombrías que competían entonces con los médicos con formación universitaria:

«Policía médica o una Descripción de los Médicos, tanto de los ordinarios como de los médicos designados para los Juzgados, los municipios, Militares, Hospitalarios y médicos de la Peste, Boticarios, Farmacéuticos, Cirujanos, Oculistas, Operadores de Hernias y de cálculos; Panaderos de repostería, Comerciantes y Bañistas. También de las mujeres comisionadas para supervisar a las parteras, niñeras y enfermeras. Así como toda clase de curanderos no autorizados, fraudulentos e impúdicos, tales como viejas brujas, carteristas, adivinos de bolas de cristal, curas de aldea, ermitaños, malabaristas, profetas de la orina, judíos, médicos de becerros, vagabundos, charlatanes, correveidiles, fanáticos, pseudo-Paracelsistas, charlatanes, cazadores de ratas, encantadores, exorcistas, hechiceros, gitanos, etc. Y finalmente los pacientes o los propios enfermos. Qué tienen que hacer estos y cómo deben ser supervisados. Para uso particular y provecho de todos los Señores, Tribunales, Repúblicas y Comunidades.»

«Recopilado a partir de las Sagradas Escrituras, el derecho canónico y secular, las ordenanzas policiales y muchas obras confiables por el Dr. Ludwig von Hörnigk».

Como se deduce de este resumen, el autor se refiere a numerosos aspectos de la salud y la enfermedad que tienen implicaciones sociales. Su exposición se basa en numerosas ordenanzas y normas médicas existentes en algunas ciudades alemanas. Aunque el libro no es original en sus opiniones, se destaca que la salud es un problema de la comunidad y que corresponde a las autoridades constituidas actuar cuando sea necesario conservarla.

Pocos años más tarde, en 1655, aparece Der Teutsche Fürsten Staat un compendio de leyes civiles y normas administrativas escrito por Veit Ludwig von Seckendorff, una completa formulación de las ideas vigentes en torno a los problemas de la salud y de la vida social. Según estas, el propósito adecuado del gobierno es establecer las normas que aseguren el bienestar de la tierra y del pueblo. Un programa de gobierno debe preocuparse por mantener y supervisar a las parteras, por el cuidado de los huérfanos, la designación de médicos y cirujanos, la protección contra las plagas y otras enfermedades contagiosas, el uso excesivo de bebidas alcohólicas y de tabaco, la inspección de los alimentos y del agua, las medidas para la limpieza y drenaje de las ciudades, el mantenimiento de hospitales y la provisión de ayuda a los pobres.

La supervisión gubernamental de la salud pública fue propugnada en numerosas obras publicadas a lo largo del siglo XVII y XVIII, a partir de la premisa de que las autoridades y el gobierno están obligadas por ley natural a cuidar de la salud de sus súbditos. Un buen ejemplo es la obra de Elias Friedrich Heister, De principum cura circa sanitatem subditorum (Sobre el cuidado por el soberano de la salud de sus súbditos), publicada en 1738. Como indica el título, trata de las diversas medidas que debería tomar un príncipe para conservar la salud de su pueblo. Entre los temas considerados están la alimentación, el abuso de bebidas alcohólicas y las enfermedades contagiosas.

Igualmente, en 1753 J.G. Sonnenkalb publicó De sanitatis publicae obstaculis una disertación sobre las dificultades del mantenimiento de la salud pública, refiriéndose a las impurezas del aire, las malas condiciones de los hospitales, la falta de experiencia de las parteras, los burdeles y los fraudes y abusos en la venta de los alimentos.

El interés por la salud vista como una cuestión de política pública se desarrolló a partir del concepto de policía médica. A partir de las ideas de los filósofos políticos, los médicos adoptaron el concepto de policía y empezaron a aplicarlo a los problemas médicos y de la salud. Todo monarca necesita de súbditos sanos capaces de cumplir con sus obligaciones en la paz y en la guerra y por esta razón el Estado debe cuidar de la salud de su pueblo. El médico está entonces obligado no solo a tratar a los enfermos, sino también a supervisar la salud de la población. Esta labor se ve obstaculizada en buena medida por las nefastas y detestables actividades de charlatanes y curanderos. Para poder tener un personal médico competente era pues necesario, promulgar reglamentos de policía médica que regulen la educación médica, supervise las farmacias y los hospitales, evite las epidemias, combata a los curanderos y eduque a la población.

Estas ideas ganaron popularidad rápidamente, de manera que la policía médica como concepto se refiere, sobre todo, a las teorías, políticas y aplicaciones originadas en los fundamentos políticos y sociales del llamado cameralismo (el Estado absolutista y mercantilista alemán de los siglos XVII y XVIII) para ser aplicadas al ámbito de la salud y del bienestar con el fin de asegurar tanto al Estado como al monarca crecientes riquezas y poder.

Con frecuencia, la mejor forma de enfrentarnos a las amenazas del pasado y saber qué nos deparará el futuro, consiste en mirar hacia el pasado. Es bien sabido que toda historia se elabora a partir de las omisiones y de las carencias, y que los hechos suelen seleccionarse de acuerdo con los intereses de quienes la escriben, de manera que las estadísticas están muchas veces al servicio de los discursos imperantes.

La aparición en 1779 del primer volumen de la monumental System einer vollständigen medicinischen Polizey (Sistema integral de policía médica), de Johann Peter Frank, (de la que se publicaron siete tomos en vida del autor y otros dos de manera póstuma), supuso un hito en la historia del pensamiento y vino a consolidar la idea de las relaciones sociales de la salud y la enfermedad. Frank, considerado como un pionero de la medicina social, le dio una base más sólida y sistemática al concepto de policía médica y su influencia se extendió hasta bien entrado el s. XIX, incorporándose como disciplina en la enseñanza de varias universidades alemanas y promulgándose leyes sanitarias con el objetivo de regular distintos aspectos relacionados con la cualificación y las obligaciones del personal médico, el control de las epidemias, la supervisión de los establecimientos de comidas, el control de la prostitución y la supervisión de los hospitales. En 1790 Frank impartió una conferencia en la escuela de medicina de la universidad de Pavía, significativamente titulada De populorum miseria: morborum generatrice (La miseria del pueblo, madre de las enfermedades).

Apoyándose en la tesis de Nietzsche (“No hay hechos sino interpretaciones de los hechos”), Foucault sostuvo que no existe una verdad absoluta, sino que existen interpretaciones múltiples de los hechos y es el poder el que crea la verdad. Es decir, ante un hecho determinado cada individuo crea su interpretación del hecho, “su” verdad, pero el poder es el que dispone de los medios para imponer su interpretación a los demás. La interpretación no acaba nunca: en el fondo no hay nada que interpretar porque en el fondo toda versión, toda interpretación es subjetiva. (Desde esta perspectiva, el poder sería entonces la capacidad de una persona o de un grupo determinado de imponer su verdad como verdad para todos).

En fin, la situación en que nos encontramos y las medidas excepcionales que se están adoptando muestran bien a las claras las turbias relaciones entre (mala) política, (mala) ciencia y capitalismo, así como la irracionalidad política y científica de algunas de las respuestas más autoritarias que se están dando a la pandemia (restricción de viajes, obligatoriedad de vacunar a determinados colectivos, imposición de pasaporte COVID-19, etc.). 

Mientras tanto, se mantienen las (intolerables) condiciones de temporalidad y precariedad de muchos profesionales sanitarios contratados provisionalmente (y que ya han sido despedidos o lo serán en los próximos días), continúan las limitaciones presupuestarias y los recortes en otros ámbitos asistenciales como la Atención Primaria con una situación insostenible desde hace años, se multiplican los tiempos de espera para recibir atención sanitaria y los seguros de salud privados alcanzan cifras record de contratación.

A estas alturas, reducir y limitar el daño causado por el SARS-CoV-2 exigirá prestar mucha más atención a las enfermedades crónicas no transmisibles y a la desigualdad socioeconómica de lo que se ha hecho hasta ahora. A corto plazo es necesario recuperar la confianza de la ciudadanía y mejorar las condiciones asistenciales, reducir drásticamente las listas de espera y dotar al sistema de más y mejores recursos, equipamiento y profesionales suficientes, bien formados, valorados y remunerados. A más largo plazo, serán precisos cambios profundos de la cultura organizativa del SNS y una transformación del paradigma de atención actual hacia otro de cuidados, más salutogénico, preventivo, poblacional, predictivo, proactivo y personalizado. Implicará una reingeniería de los procesos de atención, el desarrollo de nuevas capacidades y prestaciones, con un impulso claro a la atención integral, integrada e integradora, cada vez más apoyada en las tecnologías de la informmación. Esta transformación debe considerar, en todo caso, la gestión de la atención a la cronicidad y el enorme impacto que hoy tiene la complejidad, la coordinación con los servicios sociales, la orientación de las intervenciones en función de los resultados en salud, la mejora de la experiencia del paciente y la sostenibilidad del sistema, así como la participación activa, tanto de profesionales como de la ciudadanía.

Nada menos…

viernes, 30 de abril de 2021

Un Comunicado de la #SEAUS

                                                  
En estos días la Junta Directiva de la Sociedad Española de Atención al Usuario de la Sanidad (SEAUS) ha hecho público el siguiente comunicado, en relación con la pandemia de la COVID-19 y su impacto en el Sistema Nacional de Salud y en la ciudadanía. Ha sido remitido a Consejerías, Departamentos y Servicios de Salud de las Comunidades Autónomas. Como es suficientemente conocido, por desgracias, la pandemia ha tenido también un impacto directo muy importante en pacientes y usuarios, especialmente sobre determinados colectivos y grupos sociales más vulnerables de la población. Preocupa sobremanera la situación del sistema sanitario público y las repercusiones tras la crisis sanitaria en cuanto a disponibilidad, mejoras y el (tantas veces postergado y necesario) incremento de recursos materiales, económicos, de personal, equipamiento y dotación de medios técnicos para recuperar el tiempo y las oportunidades perdidas en un SNS herido desde hace tiempo por la crisis económica, por los recortes y las restricciones presupuestarias previas a la pandemia provocada por el SARS-CoV-2.

«Acaban de cumplirse ahora justamente 14 años desde que en 2007 el Parlamento Europeo declarara el 18 de abril como Día Europeo de los Derechos de los Pacientes, pasando a formar parte del calendario oficial, con la finalidad de que «aquellas organizaciones ciudadanas activas que trabajen en el campo de los derechos de los pacientes a nivel nacional» puedan dedicarse a «informar, debatir y adoptar compromisos para mejorar los derechos de los pacientes en Europa».

La Carta que los recoge identifica y define catorce derechos básicos de todo paciente en sus relaciones con los servicios de salud, con independencia de su lugar de residencia, sexo, edad, religión, estatus socioeconómico, grado de alfabetización o necesidades individuales de salud o asistencia sanitaria. [Ver aquí].

El objetivo final es que estos derechos garanticen un alto grado de protección de la salud humana, para asegurar la alta calidad de los servicios proporcionados por los diferentes sistemas de salud en todo el territorio de la Unión Europea. Suponen la plasmación de los derechos fundamentales y, como tales, deben ser reconocidos y respetados independientemente de las limitaciones financieras, económicas y políticas existentes, teniendo en cuenta los criterios de adecuación de los cuidados sanitarios en cada ámbito territorial concreto.

El nivel o grado de desarrollo y aplicación de los derechos varían en función del modelo y de la estructura de los servicios de atención a la salud de cada país de la UE, y dentro de ellos. No obstante, el respeto a estos derechos implica el cumplimiento de requisitos técnicos y de organización, así como de patrones profesionales y de comportamiento, lo que puede requerir cambios de la forma en que operan los sistemas de salud en los diferentes países europeos.

En España, la crisis sanitaria mundial desencadenada por la COVID-19 ha sometido a los profesionales sanitarios y al Sistema Nacional de Salud en su conjunto a una presión sin precedentes. El impacto de la pandemia sobre los profesionales se dejará sentir durante mucho tiempo. La crisis también ha dejado al descubierto y ha exacerbado además los problemas previos a los que se enfrentaban, incluyendo desigualdades, condiciones de trabajo inadecuadas y una excesiva presión asistencial.

Como ha ocurrido en otros lugares, en el trascurso de la crisis se han puesto en marcha nuevos procedimientos y fórmulas de atención que han cambiado enormemente el escenario y el panorama de la atención sanitaria. La pandemia de la COVID-19 ha llevado incluso a cambiar y rediseñar el modelo de asistencia sanitaria, tanto en Atención Primaria como en los centros hospitalarios, adaptándolo sobre la marcha a las necesidades del momento, modificando la organización funcional de los equipos, reorganizando espacios y estableciendo circuitos asistenciales, planes de contingencia y de actuación sanitaria, así como de protección de los pacientes y profesionales. La atención sanitaria presencial, especialmente en atención primaria, se ha visto sustituida en gran medida por la atención telefónica y telemática, fundamentalmente para el seguimiento de muchos tipos de pacientes: casos probables, posibles y/o confirmados de infección por COVID-19, patologías crónicas, pacientes inmovilizados y sus cuidadoras, renovación de tratamientos, procedimientos administrativos, llamadas y resolución de dudas, etc., en la atención médica y de enfermería, tanto de la población adulta como de la pediátrica, sin olvidar el impacto de la pandemia en los Servicios de Salud Mental. En muchos casos se ha señalado que todo esto ha dificultado (y sigue dificultando) la accesibilidad a los distintos servicios y la comunicación de muchos pacientes con los profesionales sanitarios.

Varios informes han puesto de manifiesto que algunas de estas situaciones pueden considerarse claramente como una vulneración de los derechos y un deterioro en la calidad de la atención sanitaria prestada a los pacientes.

A lo largo de los últimos doce meses en algunos centros sociosanitarios de personas mayores la COVID-19 no solo ha sido una catástrofe sanitaria y humana, sino que ha funcionado como un extraordinario amplificador del edadismo, es decir, de una visión negativa de la vejez que lleva consigo discriminación, paternalismo y deshumanización de la asistencia.

El modelo asistencial vigente ha contribuido a esa deshumanización, que se ha traducido finalmente en más personas enfermas y en muertes. Hubo casos en los que se aplicó un protocolo de exclusión de la atención sanitaria en los hospitales de referencia a los residentes enfermos que tenían deterioro cognitivo o discapacidad motriz, no se medicalizaron las residencias, a pesar de que hubo una sentencia del Tribunal Superior de Justicia en alguna Comunidad Autónoma  para que se llevara a cabo; se trasladaron a hospitales privados solo a aquellos residentes que contaban con seguros privados, y no se trasladó a los residentes enfermos al hospital de campaña existente. Cabe añadir a este respecto que algunas residencias de mayores están siendo aún objeto de investigación por supuestos delitos civiles y penales.

No es preciso recordar aquí los derechos enumerados en la Carta Europea para denunciar al menos cinco violaciones de derechos humanos ocurridas en centros sociosanitarios (a la salud, a la vida, a la no discriminación, a la vida privada y familiar y a una muerte digna), y conviene alertar del riesgo de que se repitan, ahora con el consiguiente retraso en la atención sanitaria y en el diagnóstico de posibles problemas de salud distintos a la COVID-19.

La situación existente, que en gran medida ha supuesto una quiebra del derecho a la salud de las personas más vulnerables, aparece estrechamente vinculada a las medidas de austeridad y a la infrafinanciación tanto de la sanidad como de los servicios sociales. Años de desinversión en la sanidad pública han provocado que, a pesar del compromiso, de los esfuerzos y del gran trabajo desempeñado por los profesionales, las condiciones en que se ha desarrollado la asistencia sanitaria no han sido adecuadas ni satisfactorias.

Un buen número de quejas y reclamaciones han estado relacionadas con la información y comunicación. En general, y a falta de visitas presenciales, tampoco las comunicaciones estuvieron bien gestionadas. En la mayoría de casos, las comunicaciones remotas entre pacientes (o residentes en centros sociosanitarios) y sus seres queridos fueron limitadas e insatisfactorias, con llamadas de audio y vídeo improvisadas, poco frecuentes y mal organizadas. A ello se sumó la falta de información adecuada sobre la situación de sus familiares ingresados, como han manifestado en numerosas y reiteradas quejas estas personas. En muchos casos las personas han muerto solas, violando su derecho a una muerte digna y suponiendo también un trauma para sus familias la (pésima) gestión de la despedida y del traslado de las personas una vez fallecidas.

La falta de protección, la improvisación apresurada y la tardanza en adoptar medidas eficaces ha causado muertes prevenibles y prematuras en todas las comunidades autónomas de España, pero aún hoy existen grandes diferencias entre CCAA que distinguen el buen hacer del mal hacer y el grado de humanización en la atención a las personas que requieren asistencia sanitaria.

Escasez de personal, condiciones de trabajo inadecuadas, sobrecarga asistencial y listas de espera se han agravado con la crisis sanitaria y dificultan el acceso al derecho a la salud de las personas más vulnerables.

El futuro, una vez superada la pandemia de la COVID-19 apunta a la reproducción y mantenimiento de muchos de los errores ocurridos que, de no poner remedio, se traducirán en más retrasos y aumento de los tiempos de espera para procedimientos diagnósticos y tratamientos, falta de control y seguimiento de problemas de salud crónicos, desatención e incremento de las situaciones de vulnerabilidad.

Y aunque con notables diferencias entre distintos territorios, desde la SEAUS queremos hacernos eco de esta grave situación, que debe ser un aldabonazo y una llamada de atención sobre todo a las distintas administraciones sanitarias y a los responsables públicos para cambiar el modelo de atención existente, incrementar los recursos económicos, mejorar la gestión e incrementar la colaboración en el ámbito sanitario y sociosanitario. Como se ha repetido con frecuencia, sería una locura seguir haciendo lo mismo y pretender obtener resultados diferentes.

Los sistemas sanitarios han de estar realmente al servicio de todas las personas; humanizar la atención no consiste en un «buenismo» impostado, sino en promover la excelencia profesional con los medios humanos y tecnológicos disponibles y con las actitudes necesarias. Y esto también requiere inversión económica y un conjunto de áreas de mejora a través de la escucha de todos y cada uno de los protagonistas.

Más allá de las declaraciones formales y de las exposiciones retóricas, corresponde a todos los sectores y agentes implicados hacer posible la ejecución y puesta en práctica de las políticas públicas concretas que hagan realidad los derechos de los pacientes: gobiernos y autoridades sanitarias, responsables públicos, directivos, profesionales, trabajadores y empleados, ciudadanía activa y comprometida.

Se hace imprescindible respetar los Derechos y Deberes de los pacientes, fomentar la Humanización de la asistencia, la Atención Centrada en la Persona y el Debate Ético entre todos los agentes implicados.

Porque conviene recordar que nada está garantizado y nada es para siempre…»

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...