Camille Flammarion.1888
Para @Link_x (21 birthday)
En 1960, Louis Pawels y Jacques Bergier publicaron "Le Matin des Magiciens", (traducido en España como “El retorno de los brujos”), una obra que, desde su ya lejana publicación, sirvió como base para todo un género de libros denominados con la etiqueta de “realismo fantástico”, “exoarqueología”, parapsicología, esoterismo, alquimia y otros extraños asuntos o fenómenos de parecida índole. Podrían ser considerados como los pioneros en este género al que luego se unirían otros autores. Lo que proponían Bergier y Pauwels era liberarnos de prejuicios, de teorías y concepciones “caducas” para volver a mirar directa y valerosamente a los hechos cara a cara, uno a uno, por fantásticos que resulten, antes de decidir con cuáles nos quedamos. "No nos lo creemos todo", escribieron, "pero creemos que todo debe ser examinado". (Otra cosa es cómo miremos y examinemos, escéptica o crédulamente, añado yo…).
Todo lo que rodea a la denominada “medicina alternativa” o “medicina natural” ha estado siempre rodeado de cierto halo de misterio, magia y misticismo… al fin y al cabo, desde los primeros tiempos, curar se convirtió en el oficio de los adivinos y los hechiceros que combatían los trastornos venidos del cielo y proporcionaban remedios. Entre los primeros sanadores, el chamán, con su repertorio de magia y rituales, empleaba hierbas, fetiches, amuletos protectores y talismanes, o la imposición de manos, combinando las funciones de curandero, hechicero, vidente, maestro y sacerdote.
Básicamente estas terapias alternativas o naturales serían todas aquellas que se salen del canon de la medicina establecida o convencional, pero cuya popularidad y uso se ha extendido en los últimos años.
En España este tipo de, digamos, “prácticas” aparece únicamente regulada por el Real Decreto 1277/2003, de 10 de octubre, por el que se establecen las bases generales sobre autorización de centros, servicios y establecimientos sanitarios. En el Anexo II de esta norma se definen las Terapias no convencionales como “unidad asistencial en la que un médico es responsable de realizar tratamientos de las enfermedades por medio de medicina naturista o con medicamentos homeopáticos o mediante técnicas de estimulación periférica con agujas u otros que demuestren su eficacia y su seguridad”.
El documento recoge los aspectos relativos a la evidencia científica disponible sobre la situación de estas terapias, tanto en España (centros, profesionales y técnicas) como en el extranjero.
El Informe es el resultado de un Grupo de Trabajo constituido en su día, en virtud de una Proposición no de Ley de la Comisión de Sanidad y Consumo del Congreso de los Diputados. En el Grupo participaron el propio Ministerio, representantes de 14 CCAA, la Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias del Instituto de Salud Carlos III y el Ministerio de Educación.
El documento, -que fue remitido a colegios profesionales, sociedades científicas y asociaciones relacionadas con las terapias naturales, con el fin de que pudieran hacer aportaciones dirigidas a mejorar, completar y, en su caso, actualizar su contenido-, recoge los resultados del análisis realizado por el Grupo de trabajo. Aborda los conceptos sobre terapias naturales y su clasificación, la revisión de la evidencia científica sobre la eficacia y seguridad de las diferentes técnicas, la situación de las terapias naturales en España (la formación de los profesionales, de los centros y de las técnicas) y la situación y regulación de las terapias naturales a nivel internacional.
Emplea el término de terapias naturales para designar a "un conjunto de técnicas que también son conocidas como medicinas/terapias alternativas, medicinas/terapias complementarias, medicinas/terapias no convencionales, medicina tradicional, etc., en las que se considera a la persona como un todo (enfoque holístico), en continua interacción y cambio con el entorno, integrando aspectos físicos, espirituales, mentales, emocionales, genéticos, medioambientales y sociales, aunque el enfoque biopsicosocial también es actualmente clave en la atención sanitaria convencional. Por otro lado, usar el calificativo de “naturales” podría inducir a pensar que estas terapias utilizan medios más naturales que la medicina convencional, y que el resto de terapias, por contraposición, no merecerían esta calificación”.
Tras enumerar (nada menos que) 139 técnicas en este ámbito, de las cuales solo una parte tiene influencia directa sobre la salud y el resto van fundamentalmente dirigidas al bienestar o confort del usuario, concluye que “la evidencia científica disponible sobre su eficacia es muy escasa y si bien en la mayoría de los casos estas terapias son inocuas, no están completamente exentas de riesgos”.
De manera un tanto ambigua, (por ser benevolentes), el documento señala que "pocas terapias naturales han demostrado su eficacia en situaciones clínicas concretas mediante la aplicación de métodos científicos. [¿Y entonces?] Sin embargo, esta ausencia de demostración de su eficacia no debe ser considerada como sinónimo de ineficacia", [sic], admitiendo que "muchos pacientes refieren cierto grado de satisfacción" por la mejoría de los síntomas o en su calidad de vida.
Hay que señalar que el sistema sanitario público no financia con carácter general estas terapias, pero se ofrece en algunas consultas: En Andalucía hay 12 unidades de acupuntura; en el centro Delicias Sur de Zaragoza hay cuatro consultas de homeopatía. Algunos centros han realizado talleres puntuales de reiki.
Y es que, como escribe
Sergio Minué (@sminue) en su blog
El Gerente Demediado (
Patrañas enmascaradas, entrada del 14 de agosto de 2011):
Las llamadas “medicinas alternativas” llevan tiempo buscando su lugar bajo el sol, una cierta legitimación que les permita salir del lado esotérico en que generalmente se encuentran, para acabar siendo reconocidas como una forma más de terapia: homeopatía, acupuntura, Reiki, bayas de goji, ricas y variadas mercancías que llenan el zurrón de los charlatanes. La creciente mecanización y deshumanización de la medicina “científica” (…) da espacio a este tipo de actividades que aspiran a recuperar los viejos buenos tiempos del trato humano a los pacientes. Algunas administraciones, con el manido argumento de adaptarse a las expectativas de los pacientes, participan en el juego, tolerando e incluso recomendando ciertas de estas prácticas (guías sobre acupuntura, por ejemplo).
Ya antes había abordado el tema, refiriéndose a la homeopatía:
Bajo la etiqueta Medicinas alternativas también Vicente Baos (@vbaosv) recoge en su blog El supositorio un buen número de entradas referidas a los múltiples “tratamientos” alternativos y remedios pseudocientíficos de farsantes y charlatanes que se aprovechan de la ignorancia, ingenuidad o la buena fe de la gente: La insatisfacción y la necesidad de recursos externos que “nos arreglen” motiva la existencia de una inmensa parafernalia de “productos de venta en farmacias”.
Incluye un estupendo video de Richard Dawkins, irreductible e incansable azote de falsarios de toda laya y condición, sobre la homeopatía.
Hace muy poco, durante los días 8, 9 y 10 de marzo, se ha celebrado con notable y numerosa asistencia de público participante, (para los tiempos que corren), el IV Congreso Nacional de Atención Sanitaria al Enfermo Crónico (que es lo que se lleva o, como dice el Consejero Bengoa, el relato que se está instaurando en el SNS).
Entre los objetivos del Congreso se indicaba en su carta de presentación que:
(…) “El avance en la atención a los pacientes con enfermedades crónicas solo se conseguirá si los profesionales clínicos están convencidos de su necesidad y aportan su experiencia para hacerlo factible, si los gestores y administradores prestan su apoyo priorizando los recursos hacia actividades preventivas y de integración entre atención primaria, especializada y socio-sanitaria y si los pacientes se comprometen a impulsar un modelo más participativo y autónomo en la atención a sus enfermedades crónicas”.
Algo que, como declaración de principios e intenciones no está mal…
Releyendo en estos días las aportaciones “científicas”, vemos que en las páginas 99 y 100 del Libro de Comunicaciones del Congreso se recoge una curiosa comunicación relacionada con el asunto al que nos venimos refiriendo, en la que parece que se aboga por la incorporación al sistema sanitario de estas medicinas alternativas y complementarias (MAC) “como recurso para la atención de pacientes fundamentalmente crónicos” (sic):
Utilización de medicinas complementarias por los pacientes crónicos: ¿un recurso sanitario también en España?
Los autores de la comunicación afirman que Reino Unido, Canadá, Estados Unidos, Noruega, Australia y Alemania cuentan con sistemas sanitarios ”inclusivos” para las MAC, y las incorporan a sus sistemas sanitarios.
A partir de un estudio descriptivo, realizado en la Comunidad de Madrid mediante la aplicación de un cuestionario remitido por vía postal, obtuvieron una serie de resultados sobre las terapias más utilizadas y las patologías o motivos por las que acudieron. Destacan como llamativo que un 20% de los usuarios había acudido aconsejado por su médico habitual, aunque no interpretan este inquietante resultado.
Con respecto al gasto en este tipo de terapias y productos alternativos, los autores afirman que el gasto anual de la población general de la Comunidad de Madrid se podría estimar en unos 1.900 millones de euros (!), una cantidad que consideran semejante a los estimados en estudios anglosajones.
Pero lo más sorprendente, a mi juicio, son las conclusiones de la comunicación:
“Más de la mitad de la población acude a MAC para complementar los tratamientos convencionales en patologías crónicas, con alta percepción de efectividad y satisfacción. Las MAC podrían ser un recurso sanitario útil en el manejo de patologías crónicas y la gestión de recursos sanitarios”. [?]
En fin, aviados estaríamos si la tan deseada sostenibilidad del sistema sanitario público hubiéramos de basarla en la financiación e incorporación al mismo de milagrerías, santeros y herboristas. Debe ser una cuestión relacionada con estos tiempos revueltos, o con el influjo de la luna... o con el retorno de los brujos.