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miércoles, 6 de mayo de 2015

Ante las Elecciones. Propuestas sobre la Sanidad (II)

Viñeta de El Roto. EL PAÍS, 26-3-2015

Las propuestas del Partido Socialista Obrero Español (PSOE)

El Programa Marco Autonómico del PSOE comienza recordando que las Comunidades Autónomas tienen la responsabilidad de gestionar tres de los cuatro pilares del Estado de Bienestar (sanidad, educación y servicios sociales). En este sentido –se dice- las políticas desarrolladas por el Gobierno de España han supuesto no solo severos recortes en los Presupuestos Generales del Estado, sino que ha sometido a las CCAA a estrictas condiciones, consecuencia de la exigencia de corresponsabilidad en el cumplimiento del déficit. Y teniendo en cuenta que el gasto social supone más del 60% de su presupuesto, también ha abierto la oportunidad de recortes y privatizaciones en la gestión de los sistemas de protección social justo en el momento que son más necesarios. Los objetivos marcados para el equilibrio fiscal se han llevado a cabo a costa de reducir el papel del Estado y de recortar el gasto social.

Para revertir esta situación, el Programa Marco del PSOE establece una serie de compromisos y prioridades relacionados con los retos que consideran nucleares en su acción política: la regeneración democrática y la igualdad; el crecimiento con una economía justa y un empleo digno; y la defensa del Estado del Bienestar. En este último apartado, a partir del reconocimiento de que España se ha convertido en uno de los países con mayores niveles de desigualdad, (ver aquí: La desigualdad en cifras) se afirma la necesidad de recuperar derechos sociales que se han resentido, como la atención a la dependencia o la protección de la salud.

Entre las propuestas que se contemplan nos resultan especialmente destacables y llamativas: la eliminación de los copagos, la promulgación de una ley autonómica de sostenibilidad del Sistema de Salud para garantizar la suficiencia financiera, incrementando y blindando el porcentaje del PIB destinado a la sanidad, la implantación de medidas de gestión de calidad y buen gobierno y la aplicación de la estrategia (principio) de “Salud en todas las Políticas”.

Transcribimos textualmente del Programa: 

SANIDAD UNIVERSAL Y DE CALIDAD

«La sanidad pública, universal y de calidad es un logro de los Gobiernos socialistas en España.

Constituye uno de los cuatro pilares sobre los que construimos nuestro Estado del Bienestar junto a la educación, las pensiones y los servicios sociales.
Con la excusa de la crisis económica, el Partido Popular ha quebrado la universalidad del sistema, dejando de ser un derecho de ciudadanía. Esto ha supuesto la exclusión del sistema de cerca de 900.000 personas desde que gobierna el PP, entre ellas, algunos colectivos especialmente vulnerables, como los y las inmigrantes, suponiendo una restricción en el acceso a la sanidad pública. A la vez, ha impuesto una política de recortes sanitarios, que suponen una amenaza para el mantenimiento de los estándares de calidad logrados, que se ha puesto de manifiesto en el manejo de las crisis de salud pública vividas recientemente (Ébola, Hepatitis C...). [Ver aquí un reciente y completo informe de la EASP: Impacto de la Crisis Económica en la Salud y en el SistemaSanitario en España, que analiza el contexto institucional, político y social en el que se produce la crisis económica española y sus características esenciales, así como su repercusión en la salud y los servicios sanitarios].

Además, las Comunidades Autónomas gobernadas por el PP han iniciado un proceso de privatización de la gestión y desmantelamiento del Sistema Nacional de Salud que amenaza la equidad social y territorial del mismo, a la vez que han abierto puertas a la conversión de la sanidad en un negocio para algunos, provocando un cambio hacia un modelo menos equitativo, de peor calidad y más caro.

En las CCAA donde gobierne, el Partido Socialista eliminará las barreras de acceso al Sistema de Salud por motivos económicos: garantizando la universalidad del Sistema tal como se está haciendo en Andalucía y Asturias, gobernadas por el PSOE; suprimiendo los copagos que nos impuso el Gobierno del PP en 2012 mediante Reales Decretos y creando una estrategia de precios para facilitar el acceso a las terapias innovadoras. Combatiendo las desigualdades en salud. Desde las CCAA y a través de la Agencia Estatal del Medicamento del SNS, estableceremos una estrategia de precios del medicamento que suponga el abaratamiento de los mismos y la garantía en el acceso a los tratamientos a pacientes que lo precisen (atendiendo a criterios clínicos), introduciendo sistemas de eficiencia en el gasto farmacéutico como la prescripción por principio activo y la subasta de medicamentos que se viene aplicando en Comunidades Autónomas como Andalucía.

Aprobaremos en las autonomías una Ley de sostenibilidad del Sistema de Salud que garantice la suficiencia financiera, incrementando y blindando el porcentaje del PIB destinado a la salud y proporcionando una financiación suficiente a las CCAA.

También incluiremos medidas de gestión de calidad y buen gobierno, con implicación de profesionales, haciendo partícipes a las personas usuarias del sistema y reforzando los derechos de las mismas. Desde nuestro compromiso con la sanidad pública vamos a garantizar la atención integral a todos los colectivos, como el de las personas con enfermedad mental y sus familias.

Vamos a reducir la garantía de tiempos máximos para disminuir las listas de espera, y además, vamos a reforzar los mecanismos de participación y de defensa de usuarios y usuarias.

Desde las Comunidades Autónomas donde gobernemos, implantaremos “la salud en todas las políticas” de forma que transversalmente se implique a todas las áreas de gobierno, para incidir en la mejor salud de las personas, así como en los hábitos de vida, la calidad ambiental o la seguridad alimentaria, etc.» [El principio de salud en todas las políticas aparece recogido en el art. 3b de la Ley General de Salud Pública: «Las actuaciones de salud pública tendrán en cuenta las políticas de carácter no sanitario que influyen en la salud de la población, promoviendo las que favorezcan los entornos saludables y disuadiendo, en su caso, de aquellas que supongan riesgos para la salud. Asimismo, las políticas públicas que incidan sobre la salud valorarán esta circunstancia conciliando sus objetivos con la protección y mejora de la salud.»]

Además de las anteriores medidas del programa autonómico, formuladas de esta forma tan genérica, desde un punto de vista intersectorial resulta interesante tener en cuenta también el Programa Marco Municipal, que incluye y propone una serie de actuaciones relacionadas con la salud pública en este ámbito, de acuerdo con el enfoque de los determinantes de la salud:

NOS IMPORTA LA SALUD DE NUESTROS VECINOS Y VECINAS

«Una ciudad es saludable cuando otorga prioridad a la salud en todas sus actuaciones. Los problemas de salud conllevan el concepto de salud como un derecho, como un valor, una inversión y un requisito para el desarrollo y el bienestar. Este es el fundamento de nuestra Estrategia de Salud.

El desarrollo de la salud en los municipios se consigue integrando la salud en el territorio, mediante nuestra Gobernanza Local para la Salud.

Por eso, nuestros pueblos y ciudades desarrollarán un Plan Local de Salud, de forma intersectorial y participada con la ciudadanía, como un gran instrumento para la planificación e impacto en la mejora de la salud y el bienestar de nuestra población, haciendo que disminuyan las desigualdades en salud y que ésta no dependa únicamente de la renta.

Desde el Partido Socialista creemos que es un derecho de la ciudadanía disfrutar de un lugar de residencia con una vida sana, que permita su bienestar y que potencie el desarrollo físico, psíquico y social de sus gentes.

Consecuentemente, procuraremos que los planes e iniciativas de planificación urbana tengan un gran impacto en las condiciones en que la gente vive y trabaja, su acceso a las instalaciones y servicios, sus estilos de vida, etc., para que todo redunde en una mejora sustancial de la salud y el bienestar de las personas.

Los determinantes sociales de la salud como vivienda, trabajo, educación, cohesión social, alimentación, seguridad, calidad del aire, deporte, etc., harán que vivamos más y mejor.

Por  tanto, nos planteamos alcanzar los siguientes objetivos:

·     Nuestros ayuntamientos elaborarán y desarrollarán un Plan local de salud, contando con la ciudadanía y articulando una Red local que trabaje por la mejora de la salud y el bienestar de sus vecinos y vecinas.

·      En este sentido, promoveremos programas de prevención de conductas de riesgo para la salud, especialmente en relación a las drogas y los efectos del alcohol y el tabaco, con especial atención a la prevención de inicio en menores, así como programas contra el sedentarismo, facilitando el acceso de todas las personas al deporte y la actividad física, según sus necesidades y peculiaridades.

·    Nuestro Plan de Salud tendrá en cuenta los efectos y consecuencias de las condiciones medioambientales, socioeconómicas, culturales, de vivienda y empleo, frente a los modelos clásicos meramente asistencialistas y no preventivos.

·    Potenciaremos la información preventiva en los medios de comunicación locales, así como la educación sanitaria, capacitando a los ciudadanos para el control de su propia salud.

·    Incorporaremos a las asociaciones sociales, ambientales y económicas, representativas de los ciudadanos, en los órganos de decisión de los servicios municipales para su participación en la gestión.

·   Nuestros ayuntamientos promoverán Planes Locales de atención integral a la discapacidad, impulsando iniciativas y programas coordinados por las diferentes Áreas municipales (Educación, Servicios Sociales, Urbanismo, Vivienda, Accesibilidad, etc.) y contando con el apoyo, la intervención y participación del movimiento asociativo de este sector de población.

·   Tomaremos medidas para mejorar la contaminación, el deterioro ambiental, las comunicaciones, las zonas verdes, los espacios de convivencia y de ocio, las zonas deportivas, los espacios culturales y los lugares de esparcimiento para conseguir una vida más saludable.

Todos los proyectos de renovación, organización de la ciudad, accesibilidad, obras y equipamiento, incorporarán la perspectiva de salud en su diseño y ejecución, a efectos de facilitar un estilo de vida más sano a la población, para cualquier grupo de edad y circunstancias, con adaptaciones específicas para aquellas poblaciones más vulnerables.

·      Trabajaremos por un transporte saludable, que garantice una movilidad sostenible, que permita a nuestras gentes caminar, montar en bicicleta y el uso del transporte público y delimitaremos las zonas de tránsito vehicular de las zonas peatonales.

·    Garantizaremos la disponibilidad de espacios abiertos y equipamientos, accesibles a toda la población, para promover la actividad física y la práctica deportiva, teniendo en cuenta los tiempos de ocio y las necesidades de la ciudadanía.

·     Desarrollaremos programas municipales para detectar los grupos de riesgo y prevenir los problemas de falta de salud, con actuaciones concretas, cercanas y efectivas sobre factores de riesgo; nutrición correcta; abastecimiento de agua potable; saneamiento de aguas residuales, planificación familiar, inmunizaciones, sida, enfermedades de transmisión sexual, legionelosis, tuberculosis, anorexia y bulimia…

·   La reducción de las desigualdades sociales en salud será uno de los ejes vertebradores de nuestro compromiso con la ciudadanía, mediante acciones para los ciudadanos más desfavorecidos, estableciendo un plan de intervención contra la pobreza

Hasta aquí las propuestas del PSOE.

Dada la coincidencia de algunos de los planteamientos señalados en estas propuestas, incluyo aquí un enlace a un extenso informe presentado hace pocos días por el Laboratorio de la Fundación Alternativas: Análisis y propuestas para la regeneración de la sanidad pública en España.

El grupo de expertos que ha participado en su elaboración constata que la actual crisis económica y su singular impacto en los países del sur de Europa, y particularmente en España, ha sido el marco en el que se ha producido el deterioro más importante del SNS desde su creación. Ese deterioro se ha traducido en la reducción de la cobertura sanitaria para grupos significativos de población, no sólo inmigrante, al que se han sumado la reducción de las prestaciones sanitarias y la desigualdad creciente en el acceso a las mismas entre distintos grupos de ciudadanos españoles, como consecuencia de recortes directos o del aumento de los copagos establecidos para acceder a las prestaciones farmacéuticas y otras del SNS.

Por ello, consideran necesario modificar de manera coherente el conjunto de elementos constitutivos esenciales del sistema sanitario, de manera que se puedan recuperar y mantener con nuevas formas las condiciones universales e igualitarias esenciales de la protección sanitaria en España. En este sentido, proponen el cambio de los derechos a la protección y la asistencia sanitaria recogidos en los artículos 41 (en lo que se refiere a la asistencia sanitaria) y 43 de la Constitución Española al Capítulo II del Título primero. Plantean además redefinir las competencias del Estado y de las Comunidades Autónomas, elaborar una nueva norma general sanitaria en la que se establezca de manera expresa la reversión de las limitaciones introducidas por el Real Decreto Ley 16/2012 y normas posteriores para la protección y la asistencia sanitaria de distintos grupos de población con ciudadanía española, así como constituir un nuevo órgano de coordinación y gobierno del SNS con el carácter de agencia independiente, entre otras alternativas…

Veremos.
(Continuará…)

martes, 5 de mayo de 2015

Ante las Elecciones. Propuestas sobre la Sanidad (I)

Viñeta de El Roto. EL PAÍS,  2-5-2015

Algunos economistas y muchos teóricos de las ciencias sociales siguen creyendo tanto en la decisión racional de consumidores y productores en el marco de un idílico mercado perfecto, como en las decisiones electorales, que supuestamente serían el resultado de procesos de reflexión y decisión eminentemente racionales. Se trata en realidad de la aplicación del análisis económico a la acción social y al comportamiento político.

Como las cosas no son tan simples, (sobre todo cuando se refiere a la acción colectiva), la teoría de la decisión racional del elector se complementa a veces con otros elementos en función de la importancia que se preste al cálculo de intereses económicos (votar con la mano en la cartera), a la reflexión intelectual (votar con la cabeza) o a componentes y aspectos más o menos ideológicos o emocionales (votar con el corazón).

[Para quienes deseen profundizar sobre este tema, pueden ver:
·         Martínez García JS. Distintas aproximaciones a la elección racional. Rev Int Soc (RIS), núm. 37, enero-abril, 2004.
·         Paramio L. Teorías de la decisión racional y de la acción colectiva. Sociológica, vol. 20, núm. 57, enero-abril de 2005]

Hemos revisado en estos días (a través de sus páginas Web) las propuestas sobre sanidad que aparecen y plantean los Programas Electorales de las principales fuerzas políticas que concurren a las Elecciones Autonómicas y Municipales del próximo 24 de mayo. Siendo la sanidad una política pública especialmente relevante para la ciudadanía, parece aconsejable prestar una especial atención a las propuestas que en esta materia realizan los partidos políticos de cara a las Elecciones Autonómicas…

En varias entradas sucesivas iremos dando cuenta de los resultados encontrados en los diferentes “Programas marco” generales, a partir de los que supuestamente deben elaborarse los correspondientes para cada territorio autonómico concreto.

PARTIDO POPULAR (PP). 

Una vez más, -como en otros documentos y declaraciones del Partido Popular-, el epígrafe correspondiente a Sanidad comienza con un típico recordatorio y un reproche a la “herencia recibida” del anterior gobierno, realizando una serie de ‘arriesgadas’ consideraciones:

Una sanidad de calidad y con futuro.

«El Sistema Nacional de Salud es uno de los principales patrimonios de la sociedad española. Sin embargo, los últimos gobiernos socialistas ignoraron asuntos tan importantes como la financiación del sistema sanitario o los cambios demográficos y del entorno sanitario, en particular el fenómeno de la cronicidad (sic).

Las políticas aplicadas por los gobiernos del Partido Popular en los últimos años han conseguido devolver al Sistema Nacional de Salud a la senda de la sostenibilidad, sin haber mermado un ápice la calidad de sus instalaciones ni de los profesionales que la atienden.» [Una afirmación que resulta cuando menos aventurada si tenemos en cuenta que el gasto por habitante en sanidad se ha recortado el 20,3% en la crisis (2009-2013); de hecho, en algunas CCAA, como Castilla-La Mancha, el gasto se redujo incluso hasta un 28,5%].

A través del Plan de Proveedores y del Fondo de Liquidez Autonómico hicimos frente a los 16.000 millones de euros de la deuda sanitaria heredada y pusimos en marcha un proceso de reformas estructurales para garantizar una asistencia sanitaria pública, gratuita y de la máxima calidad. [No deja de ser llamativo sin embargo que para reducir el déficit y hacer frente a esa deuda sanitaria heredada el Gobierno haya aumentado la deuda pública, habiendo pasado del 70% en diciembre de 2011 al  98% del PIB en marzo de 2015].

«Gracias al esfuerzo de los profesionales sanitarios, hemos logrado hacer del nuestro un sistema sanitario solvente y capaz de ofrecer una asistencia integral, humanizada y centrada en el paciente, en la promoción de su salud y en la prevención de la enfermedad.

Se ha desarrollado la compra centralizada de medicamentos y productos sanitarios y se ha promovido un uso más racional de los medicamentos, además de la extensión del uso de los genéricos. Se ha puesto en marcha el registro estatal de profesionales sanitarios y un nuevo sistema de formación sanitaria especializada, se ha instaurado el calendario vacunal infantil común y se ha creado una cartera de servicios común para todos los españoles, vivan donde vivan. [El subrayado es nuestro: se insiste repetidamente en esta idea de una teórica equidad en los servicios que se prestan a todos los españoles].

Todo el proceso de reformas se ha llevado a cabo a través del diálogo con las comunidades autónomas y los agentes sociales y profesionales, haciendo posible la firma de un pacto por la sostenibilidad y la calidad del Sistema Nacional de Salud.

Los avances conseguidos hasta ahora no deben considerarse una meta, sino el comienzo de una nueva etapa en la sanidad española, que ha de ser desarrollada desde una suma de esfuerzos todavía mayor entre el Estado y las comunidades autónomas.

Tenemos que implantar con éxito la coordinación sociosanitaria, factor fundamental para contribuir a la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y prestar una mejor atención a los pacientes.

Debemos consolidar la cartera de servicios común con la que se ha implantado, por primera vez, la cobertura generalizada en todas las comunidades autónomas de programas preventivos basados en criterios comunes.

Debemos seguir por la senda de la gestión eficiente y las compras centralizadas, para contar con un Sistema Nacional de Salud más fuerte y robusto, que pueda seguir financiando medicamentos innovadores y de última generación.

Tenemos que consolidar las medidas de salud digital que han permitido la implantación de la tarjeta única interoperable, que la receta electrónica llegue al setenta y siete por ciento de los ciudadanos y que ya existan veintiún millones de personas con algún documento accesible desde el sistema de historia clínica digital.

Por último, apostamos por ir de la mano de los profesionales sanitarios en el desarrollo de nuestras políticas y por hacer de la prevención uno de los ejes fundamentales de nuestras actuaciones. Debemos profundizar en la reordenación del marco profesional de los trabajadores sanitarios.

En definitiva, para el Partido Popular, ahora es el momento de continuar con las políticas que nos permitan seguir consolidando la calidad del sistema sanitario. Por eso, seguiremos apostando por un pacto por la sanidad que fortalezca su cohesión, equidad y sostenibilidad, y para que todos los ciudadanos puedan acceder a las mismas prestaciones en igualdad de condiciones, vivan donde vivan [De nuevo se alude aquí a esa teórica igualdad en los servicios y prestaciones. A este respecto, un importante estudio realizado por el BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), hecho público en esta misma semana: Servicios públicos, diferencias territoriales e igualdad de oportunidades, confirma que los servicios públicos fundamentales (SPF), educación, sanidad y protección social, absorben mucho más de la mitad del gasto público y son claves para alcanzar los objetivos de equidad que persiguen las actuaciones públicas, en especial la realización del principio de igualdad de oportunidades. El estudio demuestra que en 2013 las diferencias regionales de gasto por habitante en educación, sanidad y protección social son tan amplias que se aproximaban al 60%, una diferencia que no se explica (solo) por las necesidades de los territorios y que pone en duda que el acceso a dichos SPF se realice en condiciones de equidad].

A continuación se transcriben íntegra y textualmente todas las medidas que se proponen en sanidad (con su numeración original, las negrillas son nuestras):

(…) 188. Continuaremos impulsando una sanidad centrada en la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad, capaz de ofrecer una asistencia humanizada y personalizada.

189. Reforzaremos las garantías de acceso a prestaciones y servicios en condiciones de calidad, de equidad y de igualdad de trato en todo el territorio nacional. Facilitaremos, en igualdad de condiciones, la movilidad geográfica de los pacientes dentro del Sistema Nacional de Salud.

190. Garantizaremos la aplicación efectiva del catálogo básico de prestaciones en todas las comunidades autónomas.

191. Desarrollaremos programas para favorecer la atención continuada e integral, contando para ello con las aportaciones y las propuestas realizadas por los profesionales.

192. Promoveremos un mayor reconocimiento social de los profesionales sanitarios, favoreceremos su movilidad y su desarrollo profesional. Aumentaremos la protección del personal sanitario frente a la violencia.

193. Implicaremos a los profesionales sanitarios en las decisiones que se adopten para garantizar que la experiencia y el conocimiento científico sean el eje fundamental de nuestra política sanitaria.

194. Seguiremos dando prioridad al uso eficiente de los recursos sanitarios disponibles, con transparencia en la gestión y una evaluación continuada de cada proceso asistencial.

195. Seguiremos promoviendo los medios y mecanismos necesarios para agilizar los tiempos de respuesta para intervenciones quirúrgicas y pruebas diagnósticas, que permita reducir las listas de espera.

196. Concluiremos el desarrollo y puesta en marcha de la sanidad electrónica para que todos los ciudadanos tengan acceso a la receta, la historia clínica y la tarjeta individual interoperables en todo el Sistema Nacional de Salud, evitando la duplicidad en la realización de pruebas diagnósticas.

197. Agilizaremos la incorporación al sistema sanitario, así como su uso por parte de profesionales y pacientes, de nuevos avances terapéuticos, de la telemedicina y de las nuevas tecnologías de la información.

198. Continuaremos impulsando la investigación, el desarrollo y la innovación biomédicas desde la coordinación continuada con la universidad y la iniciativa privada. Crearemos estructuras que permitan una mejor gestión y puesta en valor de la actividad investigadora y de los resultados de la investigación.

199. Desarrollaremos un modelo de protección, valorización y transferencia de resultados de investigación e innovación. Agilizaremos la aplicación de los resultados de investigación y conocimiento en beneficio del paciente.

200. Desarrollaremos y pondremos en marcha nuevos planes de mejora de la detección y el tratamiento precoz de enfermedades de los recién nacidos.

201. Desarrollaremos la plena implantación de estrategias de salud, poniendo especial énfasis en la atención a patologías prevalentes como las cardiológicas, oncológicas, neurológicas o diabetes, entre otras. Reforzaremos los programas de atención a salud mental y a enfermedades raras, dada su importancia creciente en el orden sanitario y social.

202. Apostaremos por la telemedicina dentro de la estrategia para la atención de pacientes crónicos. Impulsaremos programas de seguimiento y personalización de los mayores polimedicados.

203. Impulsaremos el avance en el diagnóstico y en el tratamiento de las enfermedades con técnicas cada vez menos invasivas y más seguras para los pacientes.

204. Seguiremos profundizando en la implantación de las centrales de compras, la licitación electrónica y una mayor eficiencia en la gestión, con el objetivo de disminuir el gasto, mediante economías de escala.

205. Promoveremos el uso racional de los medicamentos y la adherencia a los tratamientos. Adoptaremos medidas que permitan el acceso a las innovaciones en condiciones de equidad en todo el territorio nacional.

206. Fortaleceremos la cohesión territorial y la cooperación entre comunidades autónomas, impulsando el papel del Consejo Interterritorial de Sistema Nacional de Salud y de sus comisiones.

207. Impulsaremos las actuaciones de la Red de Agencias de Evaluación de Tecnologías y Prestaciones Sanitarias desde la cooperación y la transparencia, al mejor servicio a los pacientes.

208. Daremos un impulso a la coordinación sociosanitaria, garantizando la continuidad asistencial. Evitaremos duplicidades y promoveremos la gestión de casos a través de equipos multidisciplinares y de la implantación de un código de identificación único, válido para la Sanidad y para los Servicios Sociales.

209. Mejoraremos la asistencia prestada a los pacientes mayores, crónicos y pluripatológicos, desde la plena coordinación entre los servicios sanitarios y sociales, reordenando los recursos asistenciales y creando mapas de recursos sociosanitarios.

Como se ve, brillan por su ausencia cualquier alusión a la universalidad, (suprimida por el Real Decreto-ley 16/2012), la gratuidad y el carácter público del SNS...

En el Manifiesto Electoral Nacional tras afirmar enfáticamente que aún queda mucho por hacer y que están preparados para continuar, concluyen:

Tenemos que consolidar nuestro modelo nacional de sanidad y servicios sociales, de manera que sean sostenibles, de la máxima calidad y a disposición de todos los españoles en igualdad de condiciones. Las personas con discapacidad y las personas en situación de dependencia seguirán siendo nuestra prioridad (sic).

Al margen de las promesas que aparecen en los programas electorales (pues no sería la primera vez, ni será la última en que no se cumplen), mucho nos tememos que sin los recursos suficientes, más allá de palabras grandilocuentes y retóricas apelaciones a la eficiencia y la sostenibilidad, como explica muy bien Javier Padilla en su blog, nuestro sistema sanitario público corre el riesgo de morir de inanición... 
(Continuará…)

jueves, 16 de abril de 2015

El NHS ante las elecciones en UK


De cara a las próximas elecciones generales que se celebran en el Reino Unido el próximo 7 de mayo, los analistas de King’s Fund han publicado recientemente dos interesantes informes que dan cuenta de la situación actual y de la gestión llevada a cabo en el NHS durante la anterior legislatura, bajo el mandato del gobierno de coalición liberal-conservador:


(Hace dos años, en una entrada anterior del blog, de diciembre de 2012, a cuenta de otro informe realizado por la misma institución en aquel momento, comentábamos lo que estaba sucediendo entonces en el NHS).

Según se desprende de las encuestas, las elecciones presentan un escenario más incierto que en anteriores convocatorias, ya que el Partido Conservador y el Partido  Laborista pueden obtener el menor número de escaños en el Parlamento desde 1945. Seguramente el papel de otros partidos minoritarios será decisivo para la formación del próximo Gobierno. Los liberaldemócratas se ofrecen como llave frente a los extremismos y están dispuestos a pactar con cualquiera de los grandes partidos: “Aportaremos corazón a un Gobierno tory o cerebro a un Gobierno laborista”, afirman sin complejos.

Como (casi) siempre, los conservadores alertan frente a los riesgos que, a su juicio supondría un Gobierno laborista, exhibiendo su gestión durante la crisis financiera como garantía del mantenimiento de la recuperación económica. Por su parte, los laboristas no cuestionan en el fondo el ajuste presupuestario, aunque sí el ritmo impuesto en la consolidación y en los recortes. Prometen (más) responsabilidad fiscal poniendo el acento en la necesidad de mejorar el reparto de la recuperación y en reducir las crecientes desigualdades de la sociedad británica.

Los datos señalan que, si bien el país ha crecido más que sus socios del G-7, ello ha sido a costa de la austeridad y los bajos salarios, (solo Portugal y Grecia tienen un sueldo por hora inferior al británico). Más de un millón de personas tienen que recurrir a los bancos de alimentos, cuando hace siete años eran apenas unas 20.000. Sin embargo, lo más destacable es que -como en España- la mayoría de esta gente tiene empleos, es decir trabajan, pero cobran salarios tan bajos que les sitúa por debajo del umbral de la pobreza.

El Gobierno ha convertido la reducción del déficit en su prioridad (5.4% del PIB en 2014), a base de recortar el gasto público. El empleo en el sector público está en su nivel más bajo desde 1999. Son cada vez más numerosas las voces que señalan que las políticas de (excesiva) austeridad están retrasando la recuperación, sin que se haya producido una reducción del déficit fiscal en el ritmo y en la medida en que se pretendía (de hecho, prometieron acabar con el déficit para 2015).

 Así las cosas, puede hablarse abiertamente de las dos caras del milagro británico: crecimiento y desigualdad. En pocas palabras, lo que se decide dentro de unas semanas en las urnas es cuánto bienestar es necesario sacrificar en aras de la recuperación y el crecimiento económico, austeridad o reparto de la riqueza.

Los informes de King’s Fund sobre el NHS

El primero de los informes citados se refiere a las reformas llevadas a cabo en el NHS. Sostiene que los historiadores no serán amables a la hora de valorar la actuación de la coalición de gobierno en relación con la reforma del NHS.

La primera mitad de la legislatura estuvo dedicada a debatir la Health and Social Care Bill la norma más amplia y de mayor calado en la historia del NHS para incrementar la competencia dentro del sistema sanitario y descentralizar la toma de decisiones.

En su momento el proyecto de ley, basado en un documento o White Paper previo de llamativo título: 'Equity and excellence: Liberating the NHS’ (2010), (ver aquí la opinión de King’s Fund sobre el mismo), suscitó comentarios y críticas bastante generalizadas. Finalmente se aprobó la norma, con amplias enmiendas y modificaciones. Fuentes del gobierno no identificadas han llegado a reconocer recientemente que la decisión de promover el proyecto de ley fue un gran error estratégico.

Ya entonces el propio King’s Fund advertía sobre los riesgos en la aplicación de la norma: «Las reformas establecidas en el proyecto de ley tienen el potencial para mejorar la atención a los pacientes y mejorar el rendimiento del NHS si se aplican bien, pero también plantean una serie de riesgos. La complejidad de las reformas hace difícil predecir su impacto. Pueden ocurrir diferentes resultados dependiendo de cómo interactúan entre sí los distintos elementos de las reformas y de cómo se implementan las propuestas.» (…)
«La verdadera opción por tanto no se encuentra entre estabilidad o cambio, sino entre las reformas que se ejecuten bien y ofrezcan resultados para los pacientes y las que estén mal planeadas y socaven el funcionamiento del NHS.»

La segunda parte de la legislatura se dedicó a (intentar) limitar los daños causados por el proyecto de ley y lidiar con los efectos del aumento de los problemas financieros y en los servicios del NHS. La presión sobre los presupuestos públicos puede que no haya afectado al NHS tanto como a la mayoría del resto de servicios públicos, pero en un contexto de crecientes demandas por el envejecimiento de la población, ha tenido que luchar para mantener los presupuestos y los objetivos claves en la atención a los pacientes. El Gobierno tuvo que redirigir fondos para mejorar (evitar) el impacto de dichas presiones, (unos £700 millones en 2014/15). También intentó desplazar el debate sobre los cambios más impopulares y tecnocráticos de la Ley hacia aspectos relacionados con el cuidado del paciente y cómo se podría mejorar.

El informe cita a las tres personas que han jugado un papel central en el manejo del NHS desde 2010: Andrew Lansley, Secretario (Ministro) de Salud entre 2010 y 2012, fue responsable de su concepción, de la idea que subyace a la ley y de presentarla al Parlamento. David Cameron, como Primer Ministro, fue responsable de nombrar a Lansley y de iniciar más tarde una revisión del proyecto de ley a través del NHS Future Forum. También puso su propia reputación en riesgo prometiendo mantener unos tiempos de espera cortos para recibir tratamiento y aumentar el presupuesto del NHS en términos reales. Desde septiembre de 2012, Jeremy Hunt (sucesor de Lansley) ha tomado la delantera intentando limitar daños, ignorando de manera deliberada muchas de las reformas promovidas por su predecesor (rara vez se refiere a la competencia, por ejemplo) y reafirmando su papel como defensor de los intereses de los pacientes a raíz del Francis Report sobre los graves fallos en la atención sanitaria ocurridos en el hospital de Staffordshire. Su principal preocupación ha sido la seguridad y calidad de la atención en el NHS, reforzando el papel de la Care Quality Commission (CQC) y haciendo hincapié en la necesidad de una mayor transparencia y rendición de cuentas.

En conjunto el trabajo explora el historial de la coalición de gobierno sobre las reformas del NHS describiendo la situación heredada cuando llegó al poder en 2010, las políticas que ha perseguido y, en su caso, la evidencia de su impacto. Toma los objetivos de las reformas en el punto de partida y examina los avances o progresos en las mismas. El informe está organizado alrededor de los seis grandes temas del programa gubernamental de reformas:

  Creación de los Clinical commissioning groups (CCGs, que en cierta medida reemplazan a los anteriores Primary Care Trusts).
        Prestación de la asistencia por parte de los proveedores del NHS.
        Regulación de la calidad de la atención.
        Capacidad de elección y competencia.
        Rendición de cuentas y gobernabilidad (gobernanza).
        Integración asistencial.

Al ir examinando estos temas el documento intenta responder sobre todo a la pregunta de si las reformas han tenido como consecuencia una mejora organizativa y si ésta se ha traducido a su vez en mejoras en la atención a los pacientes.

El segundo de los informes que estamos comentando se refiere al desempeño y a la gestión (performance) realizada por el NHS en estos años. Al realizar el análisis, los autores son conscientes –como expresamente señalan “curándose en salud”- de que la evaluación del desempeño de los sistemas sanitarios y de los servicios de salud es una “ciencia inexacta”. No sólo con respecto al significado de la evaluación, sino que también hay opiniones encontradas sobre cómo debe medirse, en el peso que se otorga a diferentes aspectos del desempeño y las dificultades de atribuir efectos (salud) a causas (política). Algo que demostró muy crudamente el controvertido Informe de la Organización Mundial de la Salud del año 2000, que intentaba evaluar y calificar el desempeño de los Servicios de Salud de 190 países: The world health report 2000-Health systems: improving performance. (WHO, 2000).

Los retos y dificultades de la evaluación del desempeño han sido subrayados en diversos estudios que muestran diferencias en los resultados según los sistemas utilizados en la misma. Por ello, cualquier evaluación que se lleve a cabo y los resultados que de ella se desprendan, deben tomarse siempre con cautela.

Teniendo en cuenta estas limitaciones, el informe utiliza datos disponibles de manera rutinaria para evaluar cómo ha actuado el NHS durante el gobierno de coalición. Está estructurado como una 'ruta de producción' convencional, comenzando con la descripción de los inputs financieros del NHS, pasando luego a cómo estos inputs se convierten en recursos tales como trabajo, antes de considerar cómo se utilizan dichos recursos para producir outputs (resultados), por ejemplo, admisiones hospitalarias o urgencias atendidas. El informe se basa también en encuestas al personal y a los pacientes, en la accesibilidad a la asistencia medida por los tiempos de espera y en datos sobre resultados de calidad y seguridad a partir de los resultados obtenidos de informes de pacientes. Concluye con el análisis de la relación entre outputs e inputs –es decir, la productividad- y el desempeño financiero del NHS entre 2010 y 2015.

El “veredicto” global es que la actividad y la gestión del NHS fueron buenas en los tres primeros años de la legislatura, pero ahora ha empeorado de manera importante, con tiempos de espera en sus niveles más altos en muchos años y un número de hospitales sin precedentes reportando déficits.

A pesar de ello, la experiencia del paciente (opinión subjetiva y calidad percibida) en el NHS en general sigue siendo positiva y la confianza de la gente está cerca de sus registros más altos. Los limitados datos existentes sobre resultados de seguridad y calidad asistencial también indican algunas mejoras para los pacientes, aunque con una creciente preocupación sobre la calidad de los servicios de salud mental y los desafíos en alcanzar el logro de valorar la salud física y mental en condiciones de igualdad. Es evidente que el NHS ha aumentado su volumen de trabajo a un ritmo más rápido de lo que ha crecido su financiación. Al mismo tiempo, la limitación del incremento de los sueldos del personal mediante la reducción de los precios pagados a los hospitales por el tratamiento, y el recorte de los costes de gestión, han agotado en gran medida sus efectos y se ha hecho más difícil conseguir eficiencias.

En el último año de la legislatura parece probable que el NHS registre un déficit considerable, a pesar de haber suplementado su financiación durante 2014/15 y de haber incrementado más su financiación en términos reales de lo que en 2010 se había planificado. El reto de alcanzar objetivos claves en el tiempo de espera en los servicios de urgencia, en pacientes con sospecha de cáncer y en pacientes a la espera de pruebas diagnósticas o tratamientos hospitalarios, aún permanecen. También existen retos similares en atención primaria, con una disminución en la proporción de los pacientes que manifiestan haber tenido una muy buena experiencia tras una cita y su experiencia global de la atención sanitaria general en los últimos tres años. En un momento en que gran parte del NHS está trabajando cerca de sus límites y la moral del personal siendo una preocupación creciente, lo menos que puede decirse es que las perspectivas en la gestión del NHS durante la próxima legislatura suponen un desafío extremo.

En cualquier caso, el balance final no parece ser muy brillante, según reconoce en una entrevista de la BBC (NHS reorganisation was disastrous, says King's Fund) el propio Chris Ham, director de King’s Fund: «Si el gobierno no hubiera aplicado las reformas equivocadas, el NHS estaría en mejor situación».

La recomendación final es la de mirar y pensar en el largo plazo, no solo en la nueva legislatura, sino de cara a los próximos 10 o 20 años. Cabe preguntarse qué tipo de servicios sanitarios y de servicios sociales se desean (y se necesitan); cuáles se está dispuesto a pagar colectivamente y cómo (aquí se cita el informe de la Commission on the Future of Health and Social Care in England, 2014).

Siete años después del inicio de la recesión y después de cinco años de austeridad, existe el peligro de pensar que nada va a cambiar; el dinero siempre será escaso y las posibilidades estarán limitadas. Pero incluso en los momentos más duros desde el punto de vista financiero, siempre hay opciones que se pueden realizar. Ahora, mientras la economía se recupera, si el NHS cumple su papel garantizando que cada libra destinada a la atención sanitaria se utiliza tan eficazmente como sea posible para asegurar que en UK tienen el tipo de servicio sanitario que quieren, es necesario que exista el correspondiente compromiso de la gente y de los futuros gobiernos, que deben cumplir su papel en garantizar la disponibilidad de un nivel adecuado de financiación. “El debate por tanto –concluyen los autores del informe- no debería ser sobre cómo de parsimoniosos necesitamos ser, sino más bien sobre cuanto de generosos queremos ser”
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No estaría de más que pudiéramos realizar un ejercicio semejante de rigor, realismo y transparencia en nuestro país, empezando por el análisis riguroso de la gestión y la actividad realizada en los distintos Servicios de Salud, así como las perspectivas que se plantean de cara al futuro. Lamentablemente, a pesar de las reiteradas proclamas de políticos y gestores sanitarios, y de propagandísticas e interesadas declaraciones, en muchos lugares de nuestro SNS ni siquiera podemos acceder a la información necesaria, a esos datos secuestrados que permitirían hacer una evaluación parecida.

miércoles, 1 de abril de 2015

Lógicas (en) del sistema sanitario

 Foto: Triboro. Hospital for tuberculosis (1940). Via SHORPY

“A pesar de los avances científicos del último siglo, ni el papel del la profesión médica en las sociedades humanas ni la relación médico-paciente han cambiado sustancialmente. Desde los tiempos antiguos, el encuentro entre el curador y el paciente ha constituido el principal medio por el que la medicina logra sus objetivos. Esta continuidad extraordinaria tiene su raigambre en el hecho de que la medicina responde a una necesidad humana universal e invariable: ayudar a los pacientes. Es más, la mayor parte de la ayuda médica se proporciona en el encuentro directo entre paciente y médico esto es, en la relación médico-paciente”.
The Hastings Center Report; Jul/Aug 2000; 30, 4; Health Module pg S19-S22

Hace unos días, preparando una intervención para un seminario presencial en la Escuela Nacional de Sanidad, (El (complejo) papel de los pacientes y de sus asociaciones en la sostenibilidad del sistema sanitario), releía un artículo del profesor Enrique Baca publicado hace unos años: Las cuatro lógicas del Sistema Sanitario (Claves de Razón Práctica, nº 165, sept. 2006). El autor proponía en aquel trabajo un sencillo esquema explicativo sobre el sistema sanitario, al que caracterizaba por la presencia de cuatro agentes protagonistas: a los tradicionalmente conocidos médico y paciente habría que añadirles, al menos en las sociedades occidentales, las figuras del tercer pagador, (ya sea el propio Estado o una aseguradora privada), y de la industria. En el desempeño de su papel estos agentes asumirían diferentes valores como guía de actuación, que fácilmente pueden colisionar y entrar en conflicto.

Si bien es cierto que la mayoría de los fenómenos sociales no pueden esquematizarse ni simplificarse demasiado sin caer en un reduccionismo empobrecedor, este tipo de perspectivas o enfoques ayudan a entender mejor los mecanismos que permiten el funcionamiento real de organizaciones y sistemas sociales complejos. (Ya abordamos este tema en una entrada anterior: Gestión sanitaria pública: confluencia y conflicto de intereses).

Como es sabido, la práctica tradicional de la medicina en el mundo occidental ha venido marcada por la relación clínica establecida a través de la relación médico-paciente. Esta especial relación de ayuda se fue haciendo cada vez más amplia y compleja, a medida que se fueron incorporando a la misma otros actores, que han convertido la asistencia sanitaria en un entramado de relaciones con (entre) nuevos interlocutores cuyos intereses no siempre son coincidentes entre sí.

Con la aparición de los sistemas de aseguramiento aparece el tercer pagador, lo que supone la posibilidad de que el enfermo no busque ya al médico para recibir ayuda, sino a la institución que emplea a los médicos. De igual forma, ya no es solo el médico el que decide prestar ayuda al paciente, sino que es la institución pagadora quien toma esta decisión. En última instancia la aparición del tercer pagador es el origen de los modernos sistemas sanitarios, en contraposición con la práctica de la medicina como profesión liberal.

Por otro lado, el potente desarrollo de la industria farmacéutica y de la tecnología sanitaria para diagnóstico y tratamiento ha hecho que se incorporen también como un nuevo agente con enorme capacidad de interlocución e influencia.

Estos cuatro protagonistas (médico, enfermo, tercero pagador e industria) presentan cuatro lógicas de funcionamiento diferentes, todas ellas necesarias y potencialmente conflictivas en su interrelación:

La lógica del médico

En líneas generales, el médico se rige por la lógica del cuidado y su compromiso es la preservación y mejora de la salud del enfermo. Esta lógica se corresponde con el valor de la acción benefactora y la evitación de la maleficencia. En este marco hay que contemplar también la confidencialidad, como una consecuencia de la propia acción benefactora, y la autonomía del paciente, como un mecanismo corrector del exceso de beneficencia manifestado en un despótico paternalismo médico que impide incluso la corresponsabilización del enfermo en el proceso de sus cuidados.

La lógica del enfermo

La lógica del enfermo es la lógica de la necesidad, a la que corresponden los valores de la inmediatez o accesibilidad y de la calidad de los cuidados. Esta calidad debe entenderse sobre todo como satisfacción de la necesidad subjetiva percibida. Tiene que ver con la forma y el proceso de prestación y no es necesariamente coincidente con la calidad técnica de los cuidados (que el paciente suele dar por sentada) o con la efectividad objetiva de los mismos.

La lógica del tercer pagador

Para poder dar cobertura y respuesta suficiente y adecuada a las demandas de la población a su cargo (sea  el colectivo de asegurados de una compañía, o la población general cubierta por el sistema público de salud), el tercer pagador gobierna su actuación mediante la lógica del rendimiento. Ésta se basa en dos valores fundamentales, la eficiencia y la viabilidad/sostenibilidad. La eficiencia se ha convertido en un valor “fetiche”, siendo continuamente invocada y permanentemente esgrimida para justificar cualquier medida que pudiera interpretarse como una actuación dirigida a recortar recursos. La eficiencia puede ser así pervertida al convertirse en un concepto meramente economicista mediante la pura y dura contención del gasto. A la eficiencia se suma la necesidad de preservar y mantener el sistema, es decir la sostenibilidad/viabilidad del mismo. Si el sistema no es viable, cualquier otra consideración parece superflua. Para ello, las recetas propuestas pueden sintetizarse en dos grandes grupos: aumentar los recursos del sistema o reducir el gasto.

En este contexto, el tercer pagador aparece siempre como alguien permanentemente preocupado  por la contención del gasto pero también por la aportación de recursos y por un uso eficiente de los mismos. En el caso de los terceros pagadores privados hay que añadir a la lógica del rendimiento la lógica de la rentabilidad.


La lógica de la industria sanitaria

Como era de esperar dentro del mercado, la industria sanitaria sigue la lógica de la rentabilidad y del beneficio. Tiene inversores y pretende ganar dinero, cuanto más mejor. Cabe distinguir aquí la industria farmacéutica y la industria de la tecnología diagnóstica y terapéutica, (analítica, electromedicina, implantes, prótesis, etc.). Los valores que subyacen en su actuación son los de la efectividad y la ganancia.

En otro orden de cosas, la industria sanitaria presenta, además, aspectos vinculados a la lógica de la innovación y la investigación, a través de procesos de I+D que son consustanciales a su propia existencia y desarrollo.

Hay que señalar también, como elemento diferencial, que los “clientes” de la industria sanitaria no son los enfermos, ni siquiera los terceros pagadores (que son clientes solo en la medida en que pagan las facturas, pero intervienen poco en la generación del gasto). En realidad los clientes de la industria sanitaria son los médicos.

La lógica del sistema como una lógica compleja

De la confluencia “imposible” de cuatro lógicas distintas, apoyadas en los valores potencialmente conflictivos señalados, resulta un sistema sanitario complejo, que debe integrar y armonizar la heterogeneidad y conflictividad de tales lógicas y valores. Junto a lo anterior, o quizá como resultado de ello, cabe añadir un cambio aún más influyente y decisivo, apreciable desde las perspectivas médica, ética y jurídica: la transformación en nuestra época del significado de la salud como fin o bien propio de la medicina y de las profesiones asistenciales, así como de la misma relación clínica.

Como bien señala el Dr. Enrique Baca, no hay posibilidad de un abordaje mínimamente comprensivo de la realidad sanitaria si previamente no se ponen sobre la mesa la realidad de estas cuatro “lógicas” y se analizan críticamente intentando aproximar las posturas existentes entre ellas y revisando cualquier pretensión de hegemonía en las posiciones respectivas. Ello, -concluye- «supone la confrontación de los puntos de fricción entre las posiciones de los cuatro actores y exige un tratamiento absolutamente desprovisto de tendenciosidad. Esta advertencia parecería innecesaria e incluso injusta, pero a nadie se le escapa que, si hay distorsión de los argumentos, falacias pseudocientíficas, expectativas desmesuradas, luchas de poder y sesgos ideológico-irracionales en alguna parte de la actividad humana ésa es precisamente la que hace referencia a los temas de la salud y la enfermedad. Hay que decir que este análisis supone enfrentarse a una dura realidad en la cual los médicos no son necesariamente sabios, los enfermos no necesariamente buscan su salud, los terceros pagadores no desean necesariamente y sobre todas las cosas el mejor cuidado para sus usuarios y la industria sanitaria no es necesariamente arcangélica en sus prácticas.»

Conviene tenerlo en cuenta…

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