jueves, 29 de enero de 2015

Crónicas de un “sumidero de entropía”

       Foto: Michael Shade. Vía flickr

Seguramente la noticia sanitaria de la semana ha sido la presentación del Informe Las urgencias hospitalarias en el Sistema Nacional de Salud: derechos y garantías de los pacientesrealizado conjuntamente por la institución del Defensor del Pueblo y todos los comisionados autonómicos (un total de nueve defensores del pueblo) con funciones análogas. Un amplio y documentado estudio que examina la realidad de los servicios de urgencias hospitalarios y el impacto de su funcionamiento sobre los derechos fundamentales de los ciudadanos. Elaborado con la participación de profesionales de los servicios de urgencias, gestores, directivos y asociaciones de pacientes, el informe analiza los problemas comunes de esta importante área asistencial. Su importancia estriba en una serie de factores que aparecen claramente destacados: 1) se trata de un ámbito que vive en un escenario de constante presión asistencial; 2) las perspectivas demográficas sobre envejecimiento de la población y el paulatino aumento de las patologías crónicas, apuntan a que la demanda no se moderará de forma sustancial en el futuro si no se adoptan medidas estructurales; 3) los servicios, áreas o unidades hospitalarios de urgencias (SUH) han experimentado cambios profundos en las últimas décadas, aunque estos no han ido acompañados de una reconsideración del modelo asistencial que mejore la coherencia global del sistema; 4) la ciudadanía considera estos servicios como una garantía muy relevante para la efectividad de su derecho a la salud; 5) de acuerdo con la Encuesta de morbilidad hospitalaria, la urgencia es el principal motivo de ingreso hospitalario, concretamente en alrededor del 61% de los casos, y 6) la celeridad e incluso el entorno físico en que ha de producirse la atención de urgencia incrementa el riesgo de que los derechos de los pacientes puedan verse vulnerados.

Como Presidente de la Sociedad Española de Atención al Usuario (SEAUS), el pasado mes de octubre tuve la oportunidad de participar en una de las jornadas de trabajo preparatorias del informe. En el transcurso de la misma tuvimos ocasión de analizar y debatir, junto a otros profesionales, un documento previo con 124 cuestiones conexas, relacionadas con la atención en urgencias, basado en las quejas recibidas y las visitas de campo realizadas por los defensores. A este respecto, cabe señalar como principales motivos de quejas y reclamaciones en los SUH denunciados ante los defensores del pueblo los siguientes: demoras y tiempos de espera excesivos (clasificación o primera atención, pruebas diagnósticas, asignación u ocupación de camas, alta en urgencias); calidad percibida al alta; competencia profesional y conocimientos del personal; condiciones físico-estructurales: limpieza, confort, señalización, higiene; trato y atención de los profesionales; dotación de personal; cartera de servicios; y calidad de la información a los pacientes y acompañantes.

La aproximación y el enfoque del estudio viene acotada por tres objetivos generales, definidos ya en la fase inicial del proyecto: 1) identificación de los derechos y garantías implicados en la asistencia sanitaria de urgencias y estándares de aplicación; 2) consideración especial de la atención a personas en situación vulnerable; y 3) las reclamaciones y sugerencias de los ciudadanos como barómetro indicador del servicio prestado y como herramienta para su mejora.

No es la primera vez que el Defensor del Pueblo manifiesta su interés y preocupación por este problema. En 1989 la Institución elaboró un informe monográfico sobre Servicios de Urgencia del Sistema Sanitario Público. La puesta en práctica de las recomendaciones dirigidas a la Administración pública motivó entonces el desarrollo de programas especiales de inversión y la potenciación de la estructura, tanto material como de recursos humanos, de las áreas de urgencias.

En este nuevo informe se analizan los problemas comunes al conjunto de los servicios de urgencias, sin detallar la situación de ninguno de ellos, puesto que “son las grandes cuestiones, en las que hay un alto nivel de coincidencia, las que resultan más determinantes para la atención que reciben los pacientes”.

Lo cierto es que la respuesta a la demanda de atención sanitaria urgente ha adquirido en nuestros días una importante complejidad, tanto médica como organizativa que, sin lugar a dudas, plantea uno de los retos permanentes en todos los sistemas sanitarios públicos.

En los SUH convergen una serie de factores que no son fáciles de analizar separadamente, lo que exige un especial rigor en la planificación y la actuación a fin de compensar el mayor riesgo de error y la especial fragilidad de la población atendida. Entre otros, cabe citar los siguientes:

-         Incremento exponencial de la frecuentación.
-         Problemas de información y coordinación con otros niveles asistenciales.
-         La necesidad de priorizar la atención (triaje).
-    Importancia del factor tiempo en algunos tratamientos junto a la dificultad inherente a un diagnóstico rápido.
-         Un significativo índice de mortalidad temprana.
-         La ansiedad y las expectativas de pacientes y familiares.

Todo ello contribuye a que los SUH se conviertan en una fuente de conflictos, auténticos “sumideros de entropía”, (en terminología de J.R. Repullo), que concentran el caos y desorden procedente de otros ámbitos del sistema sanitario, (de la misma manera que los agujeros negros son lugares ideados por la naturaleza para redimensionar su incremento, según el físico y matemático Roger Penrose).

El estudio contiene un total de 40 conclusiones y recomendaciones. Entre ellas, valora positivamente las medidas de ampliación o renovación llevadas a cabo en los espacios físicos dedicados a la atención de urgencias en los hospitales, pero considera necesario que se introduzcan cambios en la organización y gestión de los servicios para resolver los problemas de presión asistencial y de saturación permanente.

El informe señala que las repetidas situaciones de saturación de las urgencias, que provocan situaciones de colapso en los hospitales, pueden suponer, además de  mayores riesgos y un  incremento de la mortalidad, un menoscabo de la dignidad de los pacientes, y propone que se tenga en cuenta a los coordinadores y responsables de los servicios de urgencias en la toma de decisiones sobre disponibilidad de recursos, camas hospitalarias y personal. Las carencias aumentan el riesgo

Los defensores del pueblo piden también que se garantice la existencia de suficientes profesionales en los SUH en todas las franjas horarias y todos los días de la semana (24/7/365), incorporando herramientas y recursos tecnológicos que mejorarían la equidad, la calidad y la seguridad de la atención.

Además, reclaman la creación de una especialidad médica de urgencias, (una propuesta que ya ha generado controversia y tensiones corporativistas desde algunas instancias, que han llevado incluso a cuestionar la imparcialidad y solvencia del informe). Se trata en cualquier caso de una una demanda reclamada por muchos “urgenciólogos” desde hace bastante tiempo, y ante la que algunas CCAA ya han adoptado algunas iniciativas (vid. Las urgencias en su sitio). 

Por otro lado, el informe recuerda que la insuficiente dotación de plantillas titulares en muchos centros provoca que sean los médicos internos residentes quienes asuman un grado excesivo de responsabilidad. La escasez de profesionales y las inadecuadas condiciones de trabajo dan lugar a situaciones de tensión asociadas o que pueden derivar en conflictos, haciendo de estos servicios entornos de riesgo por estrés laboral o lugares propicios para el desarrollo del síndrome del burnout.

El estudio señala igualmente que una buena coordinación entre los SUH y servicios extrahospitalarios es imprescindible para que los pacientes hagan un uso adecuado de las urgencias y para que los enfermos crónicos, las personas de edad avanzada y las personas en situación de exclusión social, reciban la atención adecuada. (Véanse: Colapso de urgencias: Primaria es parte de la solución o: La saturación de la urgencia hospitalaria y de la Atención Primaria: es necesario actuar).

Finalmente, con respecto a algunos colectivos en situación de vulnerabilidad, los defensores apuntan y ponen de manifiesto que en muchos lugares la continuidad asistencial de los inmigrantes en situación irregular no está garantizada. Recuerdan por ejemplo que, aunque sean atendidos en los SUH, estos pacientes deben recibir asistencia médica más allá del alta en los servicios de urgencias, hasta que se resuelva el problema de salud que dio lugar a la urgencia por enfermedad grave o accidente.
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 Como se ve, el problema de la atención sanitaria urgente, sea en el ámbito de la atención primaria en las zonas rurales o en el nivel hospitalario, sigue siendo objeto de debate. Se trata de un asunto complejo, con muchas aristas, fuertemente ideologizado y, obviamente, con importantes connotaciones y derivaciones políticas


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