jueves, 28 de febrero de 2013

(Algunas) propuestas para tiempos grises

“…hay cosas que sólo la literatura, con sus medios específicos, puede dar.”

Italo Calvino

Escritas por invitación para ser dictadas en la cátedra “Charles Eliot Norton Poetry Lectures” de la Universidad de Harvard, durante el curso 1985-1986, Italo Calvino redactó una serie de conferencias concebidas inicialmente como la exposición de algunos de los valores, cualidades o especificidades que, a su juicio, la literatura debería conservar en el milenio que se avecinaba. Su repentino fallecimiento le impidió culminar el proyecto e impartir las conferencias.

En el momento de su muerte, en septiembre de 1985, Calvino dejó escritas y acabadas cinco del ciclo de las seis conferencias obligatorias pactadas, que fueron publicadas posteriormente en 1989 con el sugerente título de Seis propuestas para el próximo milenio. El título y los temas sobre los que versaban eran los siguientes: Levedad, Rapidez, Exactitud, Visibilidad, Multiplicidad y Consistencia. Esta última no llegó a ser escrita. En una nota preliminar al texto su hija reveló que Calvino tenía ideas y materiales por lo menos para ocho conferencias, pero la muerte le sorprendió antes de viajar a Harvard. Allí hubiera escrito la última de las conferencias previstas, (Consistency), que al parecer se habría referido, entre otras cosas, al Bartleby el escribiente de Herman Melville.

Resulta llamativo comprobar cómo las cualidades o características –auténticas virtudes- que Calvino identifica y atribuye a la literatura, sean además las más específicas o propias de nuestra época, tal vez las más destacables, anticipando de alguna forma la “era de la información” y la comunicación, la Sociedad Red, Internet y la Web. Pero al mismo tiempo, creo que la enumeración de estos sencillos principios constituye una especie de declaración ética sobre las cualidades que deberían guiar nuestro desempeño, tanto en la vida profesional como en la vida diaria.


·         Levedad

Por “levedad” entiende sustraer peso, reducir (a lo esencial) la idea del pensar, sin que ello suponga restarle gravedad e importancia, aligerar la estructura narrativa y el lenguaje:

“[…] existe una levedad del pensar, así como todos sabemos que existe una levedad de lo frívolo; más aún, la levedad del pensar puede hacernos parecer pesada y opaca la frivolidad.”

No se refiere solo a la literatura cuando afirma: “Hoy todas las ramas de la ciencia parecen querer demostrarnos que el mundo se apoya en entidades sutilísimas, como los mensajes del ADN, los impulsos de las neuronas, los quarks, los neutrinos errantes en el espacio desde el comienzo de los tiempos…”

De una manera muy clara habla también de la perspectiva de la innovación: “…he de cambiar mi enfoque, he de mirar el mundo con otra óptica, otra lógica, otros métodos de conocimiento y de verificación.”

Calvino añade las siguientes consideraciones sobre la tecnología informática: “Es cierto que el software no podría ejercitar los poderes de su levedad sin la pesadez del hardware, pero el software es el que manda, el que actúa sobre el mundo exterior y sobre las máquinas, que existen solo en función del software, se desarrollan para elaborar programas cada vez más complejos. La segunda revolución industrial no se presenta como la primera, con imágenes aplastantes como laminadoras o coladas de acero, sino como los bits de un flujo de información que corre por circuitos en forma de impulsos electrónicos. Las máquinas de hierro siguen existiendo pero obedecen a los bits sin peso.”

Concluye finalmente que: “[…] nos asomaremos al próximo milenio, sin esperar encontrarnos nada más que aquello que seamos capaces de llevar.”

·         Rapidez

Para Calvino, la rapidez se sitúa en un punto de articulación entre velocidad física y velocidad mental. Vivimos “…en la época en que la experiencia de las grandes velocidades ha llegado a ser fundamental en la vida humana.”  Hoy, un cuarto de siglo después, nuestra imagen de referencia es la de la multiplicación, la instantaneidad y la inmediatez en la transmisión de la información. Pero nos advierte:

“Un razonamiento veloz no es necesariamente mejor que un razonamiento ponderado, todo lo contrario; pero comunica algo especial que reside justamente en su rapidez.”
“Cada uno de los valores [escogidos] no pretende excluir el valor contrario: así como en mi elogio de la levedad estaba implícito mi respeto por el peso, así esta apología de la rapidez no pretende negar los placeres de la dilación.”

Hace unos días, un tuit de @manyez llamaba mi atención: “Aprendiendo rápido, que cada día hay más cosas por hacer y mejorar…” Si bien rapidez de estilo y de pensamiento quieren decir sobre todo agilidad, movilidad y economía del tiempo, valores reconocidos y ensalzados en una época congestionada como la nuestra, no está de más, sostiene Calvino, hacer una llamada de recuerdo a la prudencia, contenida en la antigua máxima Festina lente (apresúrate despacio). Un lema que concentra en su escueta formulación las expresiones latinas Velocitatem sedendo tarditatem tempera surgendo (que puede traducirse como un consejo moral: "modera tu velocidad sentándote y tu tardanza moviéndote") y Medium tenvere beati (“los bienaventurados conservaron el punto medio”, es decir, la idea aristotélica de que la virtud se halla en el punto medio)…

·         Exactitud

Se refiere al orden, a la precisión, al rigor conceptual, a la búsqueda del léxico y de la forma de expresión más rica, sutil y precisa: “[…] tengo la impresión de que el lenguaje se usa siempre de manera aproximativa, casual, negligente, y eso me causa un disgusto intolerable.”

Pero Italo Calvino comprueba además la falta de precisión y la inconsistencia no sólo de las imágenes o del lenguaje, sino del mundo: “La peste ataca también la vida de las personas y la historia de las naciones vuelve informes, casuales, confusas, sin principio ni fin, todas las historias. Mi malestar se debe a la pérdida de forma que constato en la vida, a la cual trato de oponer la única defensa que consigo concebir: una idea de la literatura.”

Y aunque exactitud e imprecisión son los polos entre los que se desenvuelve y oscila siempre nuestra vida, “no hay límite a la minuciosidad y al detalle con que se puede contar la historia más sencilla”, nos dice Calvino recordando a Leonardo.

·         Visibilidad

La sobreabundancia de imágenes en la que estamos inmersos puede –paradójicamente- suponer el riesgo de perder la imaginación, la facultad de “pensar” con imágenes. “De cualquier modo, todas las ‘realidades’ y las ‘fantasías’ pueden cobrar forma sólo a través de la escritura, en la cual exterioridad e interioridad, mundo y yo, experiencia y fantasía aparecen compuestas de la misma materia verbal; las visiones polimorfas de los ojos y del alma se encuentran contenidas en líneas uniformes de caracteres minúsculos o mayúsculos, de puntos, de comas, de paréntesis; páginas de signos alineados, apretados como granos de arena, representan el espectáculo abigarrado del mundo en una superficie siempre igual y siempre diferente, como las dunas que empuja el viento del desierto.”

·         Multiplicidad

La multiplicidad está relacionada con el modo de conocimiento contemporáneo según el cual el mundo es interpretado como una compleja trama de relaciones superpuestas, como una intrincada “red de conexiones entre los hechos, entre las personas, entre las cosas del mundo. Se trata de un concepto que remite a un enciclopedismo “abierto” hacia un saber y un conocimiento siempre potencial, conjetural, múltiple, no cerrado…

“[…] ¿qué somos, qué es cada uno de nosotros sino una combinatoria de experiencias, de informaciones, de lecturas, de imaginaciones? Cada vida es una enciclopedia, una biblioteca, un muestrario de estilos donde todo se puede mezclar continuamente y reordenar de todas las formas posibles.”

Como apuntábamos al principio, la última de las cualidades, valores, características o especificidades propuestas, la Consistencia, no llegó nunca a escribirse. De haberse referido al personaje de Bartleby, podemos suponer que abordaría conceptos tales como firmeza, constancia, coherencia y perseverancia, ideas todas ellas que se encuentran en el extraordinario relato de Melville…

Las “Seis propuestas para el próximo milenio” no es sólo un análisis más o menos detallado de una serie valores  propios o específicos de la literatura. Es también una hermosa historia condensada de la literatura y un inagotable estudio antropológico cuyas consideraciones pueden aplicarse a múltiples campos, entre otros en el quehacer sanitario.

Italo Calvino estaría hoy a punto de cumplir 90 años y, a la manera de Borges, nos habría recordado tal vez que memoria y olvido son dos entidades complementarias.

jueves, 21 de febrero de 2013

Cómo impedir que nos maten en los hospitales


“Hay algunos pacientes a los que no podemos ayudar, pero no hay ninguno al que no podamos dañar”.
 Arthur Bloomfield
Profesor de Medicina Interna en la Universidad de Stanford entre 1926 y 1954

Hablábamos hace unos días en una sesión de #teku 2.0 sobre un artículo aparecido en el Wall Street Journal en septiembre de 2012, con un llamativo e impactante título: How to Stop Hospitals From Killing Us. Su autor, el Dr. Marty Makarycirujano del Johns Hopkins Hospital de Baltimore, es uno de los promotores junto a Atul Gawande de la lista de verificación quirúrgica adoptada por la OMS, y es también autor de un libro publicado por esas mismas fechas en Estados Unidos: Unaccountable. What Hospitals Won’t Tell You and How Transparency Can Revolutionize Health Care, (que podríamos traducir como:  “Sin dar explicaciones. Lo que los hospitales no quieren decirle y cómo la transparencia puede revolucionar la atención sanitaria”).

Explica Makary en ese artículo algunas de las prácticas seguras que deberían ponerse en marcha para evitar el enorme número de muertes que se producen a consecuencia de los errores y eventos adversos derivados de la asistencia sanitaria. Desde que el IOM publicara el Informe To err is human en 1999, y revelara que casi 98.000 personas mueren cada año a causa de los errores médicos, los datos siguen siendo estremecedores. Cada semana mueren por esta causa un número suficiente de personas como para llenar cuatro aviones jumbo. El ejemplo no es casual: como es sabido, el sector de la industria aeronáutica y de las líneas aéreas fue pionero en la introducción de sistemas de seguridad, y es ejemplar en la investigación de posibles fallos y errores que pueden provocar accidentes fatales.

A pesar de las numerosas (y necesarias) iniciativas puestas en marcha y del ambicioso programa de la OMS sobre Seguridad del Paciente muchos de los errores y eventos adversos pasan inadvertidos para el mundo en general, y la comunidad médica rara vez aprende de ellos… Los mismos errores evitables se repiten una y otra vez, y los pacientes ignoran por ejemplo qué hospitales tienen resultados sobre seguridad significativamente mejores (o peores) que sus homólogos.

Algunos estudios (ver aquí: N Engl J Med 2010; 363:2124-2134) señalan que hasta un 25 % (¡una de cada cuatro!) de las personas hospitalizadas sufren daños derivados de algún error en la atención recibida. El problema es tan grave que se calcula que los cirujanos estadounidenses realizan algún tipo de intervención de cirugía del lado erróneo (seguramente el error más relevante y de mayor impacto mediático y legal) unas cuarenta veces a la semana.

Pero no es esto lo más grave. En Unaccountable Makary denuncia sobre todo la “cultura de puertas cerradas”, de opacidad, secretismo y ocultamiento que impera en la medicina estadounidense (yo diría que en la mayoría de los sistemas sanitarios). El disimulo o el silencio en torno al problema son la norma.

En una de las inquietantes anécdotas recogidas en su libro, Makary cuenta su primer día como estudiante en uno de los prestigiosos hospitales docentes asociados a la Harvard Medical School: Vistiendo su flamante bata blanca caminaba por las salas admirando los retratos de ilustres médicos pasados y presentes. En la ronda de ese día los miembros del equipo de residentes se refirieron de manera repetida a un cirujano conocido como "Dr. Hodad". No había oído hablar antes de un cirujano con ese nombre; finalmente, preguntó por él. Resultó que "Hodad" era un apodo. Un compañero susurró: “It stands Hands of Death and Destruction -H-O-D-A-D” ("Es por manos de muerte y destrucción").

Algo confuso y aturdido, pudo comprobar enseguida lo espeluznante que eran las obras de sus manos. Su técnica y sus habilidades quirúrgicas eran descuidadas y apresuradas. Con frecuencia sus pacientes sufrían complicaciones. Era un hombre al que sencillamente no se le debería haber permitido tocar a los pacientes. Pero sus modales en la cabecera del enfermo eran impecables; resultaba encantador y muchas celebridades solicitaban ser operados por él. Sus pacientes le adoraban y cuando finalmente se enfrentaban a largas intervenciones quirúrgicas y a excesivas estancias hospitalarias, atribuían sus desgracias solo a la mala suerte.

La popularidad de aquel cirujano no era ninguna rareza. A lo largo de su itinerario de formación recorrió varios hospitales comprobando que muchos tienen un "Dr. Hodad" entre su personal (a veces más de uno).

En otro ilustrativo ejemplo, se refiere Makary a una conferencia del Dr. Lucian Leape, (uno de los más reputados expertos en calidad y seguridad, autor de un artículo precursor en JAMA Error in Medicine, en 1994). El Dr. Leape se dirigió al auditorio y pidió que levantaran la mano todos aquellos que hubieran trabajado con un médico que en su opinión no debería haber estado ejerciendo porque fuera peligroso: todos los presentes levantaron la mano… Desde entonces, cada vez que ha impartido una conferencia, él ha efectuado también esa pregunta. Y el resultado ha sido el mismo. Todos los médicos conocen el problema, pero muy pocos hablan de ello. Opacidad y silencio.

Pero tampoco se habla de ello desde un punto de vista institucional, es decir, en los propios centros y en las organizaciones sanitarias. Muy pocos hospitales publican estadísticas sobre su actividad y resultados desde el punto de vista de la seguridad. ¿Cómo eligen entonces los pacientes, (habla de Estados Unidos), el hospital al que desean ir?, -se pregunta Makary-. De manera informal a lo largo de su carrera ha ido preguntando a los pacientes cómo habían decidido ir al hospital en el que trabajaba (en Georgetown, Johns Hopkins, D.C. General Hospital, Harvard y otros). Entre sus respuestas encontró algunas como las siguientes: "Porque está cerca de casa"; "Ustedes atendieron y trataron a mi padre cuando murió"; "Pensé que debía ser bueno porque tienen un helicóptero". No fueron pocos los pacientes que comentaron que el factor decisivo para ellos fue el disponer de parking (!).

El libro es un alegato en favor del establecimiento de una nueva cultura profesional en la asistencia sanitaria. Una cultura basada en la transparencia, en la honestidad y en la confianza con los pacientes. Una política de “puertas abiertas” y comunicación franca y abierta. Las tecnologías de la comunicación pueden también contribuir a ello.

Durante mucho tiempo la cultura predominante en seguridad del paciente ha sido la del silencio y la ocultación. La práctica de una medicina defensiva, excesivamente tecnificada, deshumanizada y poco atenta a las necesidades de los pacientes, propicia la aparición de complicaciones y eventos adversos. Mirar hacia otro lado, “disimular” ante muchos de los fallos y errores que ocurren y se cometen son conductas habituales, debido al temor a sanciones, litigios, pérdida de crédito o de prestigio profesional.

Al margen de otro tipo de consideraciones éticas, (que darían para cientos de páginas), los trágicos y lamentables sucesos del hospital de Staffordshire, (Mid Staffordshire NHS Foundation Trust), en el Reino Unido, recientemente difundidos a través del Francis Inquiry Report debieran permanecer durante mucho tiempo en la memoria de los agentes sanitarios de todos los sistemas sanitarios en todo el mundo, para evitar que puedan reproducirse hechos semejantes.

Las propuestas para construir esa nueva cultura de seguridad y transparencia son claras y bien conocidas desde hace bastante tiempo. Lo primero y fundamental es considerar la seguridad del paciente como un componente esencial y piedra angular de la calidad asistencial y entre las características que debe desarrollar toda organización sanitaria se encontrarían las siguientes:

- Existencia de un sistema de gestión de riesgos asistenciales.
- Actitud y conducta proactiva para detectar los problemas antes de que se manifiesten.
- Establecer un clima de lealtad, comunicación abierta y confianza recíproca entre gestores,  profesionales sanitarios y pacientes. Trabajo en equipo.
- Estandarizar procedimientos basándose en el mejor conocimiento disponible, para reducir la variabilidad de la práctica clínica.
- Atención centrada en el paciente, lo que significa sobre todo:
             – Comunicación transparente
             – Respeto
             – Participación en la toma de decisiones

En última instancia se trata de generar confianza y credibilidad, elementos fundamentales, nucleares e indispensables en la relación clínico asistencial. Hace ya más de 80 años que el gran clínico Francis W. Peabody escribió en un célebre artículo (The Care of the Patient JAMA 1927; 88:877-882) que pasa por ser el más citado y venerado de la literatura médica esta hermosa sentencia: “El secreto del cuidado del paciente es preocuparse del paciente”.

jueves, 7 de febrero de 2013

Dar explicaciones. A años luz.

Foto: thesun.co.uk


If there is one lesson to be learnt, I suggest it is that people must always come before numbers. It is the individual experiences that lie behind statistics and benchmarks and action plans that really matter, and that is what must never be forgotten when policies are being made and implemented.
Robert Francis (2010)

Entre el humo y la niebla de estos días aciagos y turbios, en los que las noticias sobre el sector sanitario se refieren sobre todo a recortes, planes de privatización y a las vicisitudes personales por las que atraviesa la titular del Ministerio de Sanidad, encontramos una noticia verdaderamente interesante en las páginas de los periódicos: Cameron pide perdón por el mayor escándalo sanitario en Reino Unido.

Una Investigación independiente dirigida por el abogado experto en negligencias médicas Robert Francis, acaba de hacer públicas las conclusiones finales sobre el maltrato sistemático y la inadecuada atención prestada a los pacientes del hospital de Staffordshire (Mid Staffordshire NHS Foundation Trust). Las cifras de mortalidad registradas por este centro sanitario del NHS en el periodo comprendido entre 2005 y 2008 superaron las previsiones estadísticas (de mortalidad esperable), entre 400 y 1.200 personas. El informe final destaca que "si bien resulta imposible establecer que esos pacientes habrían sobrevivido con mejor atención y tratamiento, sí se ha confirmado que cuando menos fueron víctimas de una gestión que primaba 'la consecución de objetivos económicos por encima de la calidad del servicio".

La narración de los hechos ocurridos que contiene el Francis Report es un auténtico muestrario de horrores, que parece extraído de la peor de las pesadillas:

"La evidencia de las investigaciones ha desvelado que los pacientes fueron abandonados y maltratados por el Mid Staffordshire NHS Foundation Trust. Hubo falta de atención, de compasión, de humanidad y de liderazgo. No se observaron las normas más básicas de cuidado y no se respetaron los derechos fundamentales a la dignidad. Pacientes vulnerables y de edad avanzada se quedaron sin lavar, sin comer y sin beber. Fueron privados de su respeto y dignidad. Algunos pacientes se vieron obligados a aliviarse en sus camas al no facilitarles ninguna ayuda para ir al baño. Otros permanecieron en sus camas entre sábanas manchadas de excrementos. Tuvieron que soportar condiciones inmundas en sus salas y habitaciones. Hubo incidentes de trato cruel por el personal. No se prestó ninguna ayuda a pacientes que no podían comer ni beber solos. Algunos medicamentos fueron prescritos pero no se administraron. El servicio de urgencias y algunas salas no tenían suficiente personal para poder prestar una atención eficaz y segura. Los pacientes fueron dados de alta sin un informe apropiado y sin ninguna consideración sobre su bienestar."

Apenas una hora más tarde de hacerse público el informe de la Comisión el primer ministro David Cameron reconoció en la cámara de los comunes en Londres (6-2-2013) que lo ocurrido en Staffordshire "no sólo estuvo mal, sino que fue verdaderamente terrible", añadiendo que "No podemos decir con confianza que los fallos de la asistencia están limitados a un único hospital".

Desde que en 2009 estallase este enorme escándalo sanitario, ha sido objeto de varias investigaciones que inicialmente se saldaron con una simple crítica a los pobres estándares hospitalarios, la dimisión voluntaria de algunos gestores y ninguna sanción expresa. 

Sin embargo, la presión de los familiares de esos pacientes maltratados, exigiendo un examen en profundidad del sistema para buscar soluciones y exigir responsabilidades, fue determinante para forzar esta última investigación oficial que en su día el Partido Conservador prometió en su programa electoral.
Para algunos analistas y observadores este segundo informe expone una realidad aún más inquietante y grave, es decir, que en algunos lugares el NHS parece haber perdido su brújula moral, situando la humanidad básica de los cuidados y de la asistencia en un segundo plano con respecto a los objetivos políticos centrales, el desempeño financiero y la reputación organizacional. Tal vez el NHS no era la joya de la corona que se pensaba…

Básicamente la investigación pública, que ha costado un total de 13 millones de libras, ha tratado de responder a tres cuestiones principales:
• ¿Cómo pudo ocurrir y cómo se permitieron la desatención y los pobres cuidados por gestores, enfermeras y médicos?
• ¿Por qué se ignoraron las voces de los pacientes y las familias?
• ¿Por qué tardaron tanto tiempo las autoridades regionales y nacionales del NHS en comprender el fracaso del hospital y tomar las medidas oportunas?

El resultado final conforma un extenso catálogo con 290 recomendaciones que se resume en el establecimiento de un código de conducta más riguroso, el reforzamiento de los controles del personal y la creación de un cuerpo de inspectores para velar por unos centros sanitarios “limpios y seguros, en los que se cuide a los pacientes, y no sean meros espacios de gestión burocrática”.

Aunque en gran medida se apunta a los errores de gestión, desde los máximos responsables hasta la base, seguramente no habrá mayores consecuencias más allá de la severa censura. Se hace más hincapié en el comportamiento individual de los trabajadores independientemente de las condiciones laborales si bien, según las recomendaciones de la investigación, el personal del NHS, médicos, enfermeras y gestores, deberían afrontar sanciones penales si encubren sus errores o los de sus colegas en el trato que dispensan al paciente.

Por lo pronto parece el Gobierno quiere aplicar las recomendaciones del Informe en todos los centros del sistema sanitario y, con la voluntad al menos de aprender de los errores, comienzan a plantear y proponer soluciones. Donald Berwick, quien fuera prestigioso director del Institute for Healthcare Improvement (IHI), y administrador responsable de los centros para servicios de Medicare y Medicaid hasta noviembre de 2011 (puesto al que renunció por las presiones de los senadores republicanos), ha sido nombrado para asesorar al gobierno británico sobre la mejora de la seguridad y la atención al paciente en el NHS:  Donald Berwick, ex-Obama health director, to advise on U.K.'s national health service aplicando el principio “cero daños” a los pacientes y un enfoque de “cero tolerancia” frente a las normas que permitan una atención deficiente.
Donald Berwick (Getty Images)

"Calidad de la atención significa no aceptar que las infecciones hospitalarias y las úlceras de decúbito son de alguna manera riesgos laborales, y que no pasa nada o en cierta manera está bien si ocurren o se producen en pequeña medida”, dijo Cameron a los miembros del parlamento. "It is not OK. They are unacceptable. Full stop. End of story. That's what zero harm means." [No está bien. Son inaceptables. Punto final. Fin de la historia. Eso es lo que significa ‘cero daños’].

En su declaración a la prensa Robert Francis ha afirmado:

“Esta es una historia del atroz e innecesario sufrimiento de cientos de personas. Se falló por un sistema que ignora las señales de advertencia y antepone los intereses corporativos y el control de costes al cuidado de los pacientes y a su seguridad. Las 290 recomendaciones del Informe están destinadas a cambiar esa cultura y a asegurarse de que los pacientes son lo primero.”

“Necesitamos una cultura centrada en paciente, ninguna tolerancia al incumplimiento de normas fundamentales, apertura y transparencia, franqueza con los pacientes, un fuerte liderazgo cultural, el cuidado compasivo de la enfermería y una útil y precisa información sobre los servicios.”

Nada más y nada menos.

Pasará algún tiempo y será preciso incorporar cambios importantes en la normativa, en las formas de gestión y en la práctica clínica profesional. Si hay algo que podemos aprender de las conclusiones del Francis Report en estos momentos es, sobre todo, la necesidad de primar la atención y el cuidado a los pacientes sobre cualquier otra consideración. Hay que seguir insistiendo en la participación, la toma de decisiones compartida, la escucha activa de la “voz de los pacientes” (y las de sus familiares) y no anteponer nunca los intereses económicos, corporativos o profesionales. La búsqueda de la eficiencia a ultranza en los servicios sanitarios no puede convertirse en un fin en sí mismo, como parece demostrar esta desgraciada y terrible historia.

Por último, la necesidad de dar explicaciones y rendir cuentas: transparencia, información, publicidad, “luz y taquígrafos”. ¿Alguien se imagina a nuestro Presidente del Gobierno dando cuenta de un Informe semejante en el Congreso de los Diputados?

Estamos a años luz…
 

domingo, 3 de febrero de 2013

El estado de la cuestión [sanitaria] (II)



A comienzos de noviembre de 2012, el Foro de la Profesión Médica de España, que agrupa a la Organización Médica Colegial de España (OMC), la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (FACME), la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), la Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Medicina (CNDFM), el Consejo Nacional de Especialidades en Ciencias de la Salud (CNECS) y el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), se ha pronunciado sobre el Plan que la Consejería de Sanidad de Madrid pretende implantar:
 


El comunicado destaca, sobre todo, que las reformas planteadas “son injustas para los colectivos de menor renta y peor salud: el copago y desfinanciación de fármacos ya era bastante y ahora se le añade el euro por receta. Son medidas especialmente duras con los mas débiles.” Por ello, proponen:
 “Frenar definitivamente los recortes sanitarios porque las reformas no puedes ser tan injustas que afecten especialmente a la calidad asistencial y a los más débiles y necesitados. Y no pueden seguir penalizando de forma continuada a los profesionales sanitarios.”

[Recordemos que en fecha reciente el Tribunal Constitucional ha suspendido finalmente el cobro de la tasa de un euro por receta, que había sido recurrida. Sorprendentemente, y a pesar de ello, la Comunidad ha anunciado también que no devolverá lo recaudado].

Poco después de este Comunicado, la Asamblea General de la OMC, en sesión extraordinaria y urgente celebrada en el marco de la III Convención de la Profesión Médica el día 17 de noviembre de 2012, emite una breve Declaración en la que manifiesta su disconformidad con los recortes que se vienen aplicando en el SNS y su rotunda oposición con la privatización del sistema sanitario público. Al mismo tiempo, reitera su disposición y compromiso de colaboración con las Administraciones:


La Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) está integrada por doce sociedades científicas (Sociedad Española de Epidemiología, Asociación de Economía de la Salud, Asociación de Juristas de la Salud, Societat de Salut Pública de Catalunya y Balears, Hipatia (Sociedad Andaluza de Salud Pública y Administración Sanitaria), Asociación Madrileña de Administración Sanitaria, Red Española de Atención sanitaria, Sociedad Canaria de Salud Pública, Sociedad Española de Sanidad Ambiental, Asociación de Enfermería Comunitaria, Asociación Madrileña de Salud Pública, Sociedad Española de Epidemiología Psiquiátrica y Sociedad Madrileña de Medicina Preventiva). Goza de un reconocido prestigio y reputación en sus informes estudios y pronunciamientos. Reconociendo la necesidad de mejorar la gestión sanitaria existente, ha hecho público también su “posicionamiento” sobre las políticas de privatización anunciadas y/o emprendidas ya en otros lugares (fórmulas PPP-PFI). Alertan sobre la supuesta bondad de algunas de estas fórmulas de ‘colaboración público-privada’ y el elevado riesgo financiero que suponen para la propia Administración Pública, reclamando fundamentalmente claridad, información, publicidad y transparencia.


Algunas de las medidas adoptadas, y determinadas noticias aparecidas en distintos medios sobre posibles intereses o ‘extrañas’ relaciones entre el sector público y el sector privado sanitario, parecen haber producido una ola de creciente malestar, recelo e impopularidad sobre las soluciones propuestas. Algo que resulta bastante comprensible en un contexto de aguda crisis económica, con graves situaciones personales de inseguridad y desprotección social. Quizás por ello, el pasado 29 de noviembre el Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad (IDIS), formado por los principales hospitales privados y compañías de seguros del país, emitió un -cuando menos curioso- Comunicado Oficial para “aclarar” que los modelos de gestión sanitaria basados en la colaboración público-privada "no son sinónimo de privatización" (sic).

[Recordemos que IDIS está integrado por 18 grupos de hospitales privados y compañías de seguros implicadas en la sanidad privada en España: Asociación Catalana de Entidades de Salud (ACES), ADESLAS SegurCaixa, ASISA, AXA, Capio Sanidad, Caser, DKV, ERESA Grupo Médico, Igualatorio Médico Quirúrgico (IMQ), Grupo Innova Ocular, Grupo Hospitalario Quirón, Grupo Recoletas, HM Hospitales, Hospitales NISA, Grupo Hospiten, MAPFRE, SANITAS y USP Hospitales].

Siguiendo sobre este mismo asunto la Asamblea de la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (FACME), que agrupa a un total de 37 sociedades científicas, ha hecho también una declaración ante el anuncio de privatización de la gestión de parte de los servicios sanitarios públicos de la Comunidad de Madrid. Entre las principales consideraciones del documento se explica el evidente trasfondo ideológico que subyace a la afirmación de que la gestión privada es más eficiente que la pública y, sobre todo, se denuncia –una vez más- la ausencia de debate público, la falta de transparencia y de rendición de cuentas, así como la falta de consulta y participación de los agentes implicados. Ello hace que las medidas adoptadas carezcan de toda legitimación técnica, social y política:

·         “La Sanidad a debate” (FACME) (5 de diciembre de 2012).

En la misma línea, unos días más tarde, la misma FACME presentó otro Manifiesto al que se adhirieron el Consejo General de Colegios Médicos de España y la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos, reiterando los argumentos ya expuestos y reclamando la participación como interlocutores necesarios, el diálogo, el debate y el pacto:

La “renacida” Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid (AFEM) ha elaborado un completo y detallado  Informe, cuya lectura es muy recomendable, en el que da respuesta al Plan de la Comunidad de Madrid:


De nuevo en estos inicios de 2013 la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA), presumiendo de su “amplia experiencia práctica en estos temas” presenta una declaración pública para dar su “opinión y ofrecer una visión más profesional, sosegada y ponderada en el debate sobre estos aspectos” (sic):


Pero a pesar de esta amplia repercusión mediática, y de la proliferación de comunicados, informes y contrainformes, que manifiestan una lógica y evidente preocupación social y profesional, no es verdad que se haya abierto un debate público y una interlocución sobre los distintos modelos de provisión sanitaria en el seno del SNS. Las medidas que se están adoptando en distintas Administraciones Públicas se están llevando a cabo por imposición, sin consulta, sin participación y sin diálogo, como se viene denunciando en distintos foros. La Asamblea de la OMC lo ha expresado una vez más de forma muy clara en su reunión de 21 de enero:


Conviene destacar algunas de las rotundas aseveraciones que contiene el Manifiesto (las negrillas son nuestras):

1.         los Médicos no son los culpables del deterioro del Sistema Sanitario y quiere denunciar el inadecuado trato que, en muchos casos, vienen recibiendo de algunas Administraciones Públicas.
2.         la gestión del Sistema Nacional de Salud (SNS) y de las distintas Autonomías no es la adecuada y que es imprescindible afrontar su cambio para conseguir la mejora y el mantenimiento de la calidad del Sistema. Considera que esta GESTIÓN debe tener sus fundamentos en criterios profesionales y científicos y no exclusivamente políticos ni economicistas.
3.         …no comparte las medidas de recorte indiscriminadas que se vienen aplicando, por entender que ponen en peligro la mencionada calidad y que incluso algunas de ellas atentan contra la seguridad de los pacientes.
4.         …exigir su PARTICIPACIÓN activa en el análisis para la mejora del Sistema Sanitario y se reitera en su explicito compromiso público de colaboración, encaminado a devolver al SNS a los niveles de calidad, equidad y universalidad que siempre ha tenido.

Aunque se encuentra adherida a la FACME, la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) ha elaborado de forma independiente un manifiesto propio, en el que expresa su preocupación por la situación sanitaria actual y exige que se promueva un Pacto por la Sanidad que tenga en cuenta la opinión de los profesionales:

Por último, también en el mismo mes de enero, la Sociedad Española de Calidad Asistencial (SECA) junto a sus sociedades autonómicas federadas (excepto Galicia y Valencia, que se autoexcluyeron) han hecho público otro comunicado:


La SECA hace hincapié (también) en la necesidad de compartir información y actuar con publicidad y transparencia para poder evaluar los distintos modelos y fórmulas de gestión, compartir resultados y hacer frente a los problemas estructurales y financieros que tiene el SNS. Las “…carencias en la información entre los servicios de salud de lo que funciona y de lo que requiere revisión, limita la capacidad para la toma de decisiones de administradores, gestores y de los profesionales, y no contribuye a generar confianza entre los ciudadanos.”
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Todavía llegarán más informes, estudios, comunicados y manifiestos... Y tendremos que seguir hablando, ofreciendo y reclamando transparencia, debate, rigor en el análisis, compromiso, diálogo y participación:

“Frente a la superficialidad, la profundidad y el rigor. Volver a recuperar la importancia de los detalles, de los matices. Olvidar la brocha gorda y matizar. Porque (…) el matiz es un hilo de sutura. Los matices son como puntos de sutura de las relaciones a través del diálogo para activar la cooperación.” (José Luís Larrea. Superficialidad y estupidez).