sábado, 7 de abril de 2012

La Conservación de la Salud

                                   Página del título de la obra de Blas Álvarez de Miraval (edición de 1597)

Día Mundial de la Salud 2012

Como es conocido, el Día Mundial de la Salud se celebra el 7 de abril todos los años para conmemorar el aniversario de la fundación de la Organización Mundial de la Salud (WHO-OMS) en 1948. Cada año se elige para esta fecha un tema que pone de relieve una esfera de interés prioritario para la OMS.

El Día Mundial de la Salud es en realidad una campaña mundial en la que se invita a todas las personas —desde los dirigentes mundiales hasta el público en general de todas partes— a prestar una atención especial a un problema de salud con repercusiones en todo el planeta.

Envejecimiento y salud es el tema del Día Mundial de la Salud 2012. El lema de la jornada es "La buena salud añade vida a los años".

Durante el siglo pasado la esperanza de vida aumentó de manera tan importante que en el mundo pronto habrá más personas de edad que niños. Sin embargo, las personas mayores pueden llevar una vida activa y productiva, ser útiles para sus familias y comunidades. Se trata de mostrar cómo gozar de buena salud durante toda la vida puede ayudarnos en la vejez a tener una vida plena y productiva, y a desempeñar un papel activo en nuestras familias y en la sociedad.
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Aprovechamos este día para transcribir algunos párrafos del primer capítulo de un antiguo libro titulado “La Conservación de la salud del cuerpo y del alma”, que puede considerarse como el primer tratado de higiene publicado en lengua castellana.
Escrito por el doctor Blas Álvarez de Miravalla primera edición de la obra se realiza en Medina del Campo, en 1597, por el impresor Santiago del Campo. Unos años más tarde, en 1601, el impresor de Salamanca Andrés Renaut realizó una nueva edición. 

Dentro del ensayismo médico, género literario ampliamente cultivado por los médicos humanistas del Renacimiento, pocas obras pueden equipararse, por su variedad temática y su rica erudición, a la de Álvarez de Miraval, médico y teólogo nacido en la villa de Carmona (Sevilla), estudiante primero y profesor más tarde en la Universidad de Salamanca. Profundo conocedor de las letras clásicas, (basta con ver las numerosísimas citas de autoridad incluidas en el texto), recoge en este trabajo el fruto de sus reflexiones sobre cuestiones muy diversas, tanto antropológicas y morales como propiamente médicas, que afectan directamente al vivir del ser humano.

A partir de su formación teológico-médica, y basándose en la tesis aristotélica clásica de la interdependencia cuerpo-alma, el autor expone la dependencia que el hombre tiene de su corporeidad: el cuerpo es la base orgánica de la existencia del ser humano, lo que facilita su posibilidad; sin él la vida humana sería impensable, pero en la misma medida tampoco puede definirse ésta como pura y simplemente "física".
(Para su mejor comprensión, hemos adaptado en parte la sintaxis y corregido la ortografía original)

 Capítulo I. En el cual se trata de cuánto valor y de cuánta excelencia sea la salud del hombre. Y cómo uno de los más eficaces medios para tenerla y procurarla es la virtud.

“El divino varón Hipócrates, y Galeno su gran intérprete, en el libro de Sectis nos enseñan que todo el deleite en las cosas humanas, cuanto se puede alcanzar y percibir con la imaginación, es de ningún momento ni gusto si falta el bien de la salud. Y así, Orfeo, en una oración que compuso en alabanza del mismo Hipócrates, dice que ni la dulce armonía de la música, ni la felicidad de las riquezas, ni el contentamiento de los gustos y deleites, ni los prósperos sucesos de la fortuna, suben tanto la balanza de la gloria humana cuanto la abaja un solo día de enfermedad. Y así, Casiodoro, tratando de la gran utilidad y provecho de la medicina que nos procura la salud, en el libro sexto de sus Epístolas dice estas palabras: Entre todas las mercedes que de la divina mano y de su paternal amor recibimos cada día, fue una el favor grande de la medicina, para sustentar la flaqueza y fragilidad de la vida humana: porque estando enfermos y en peligro de la vida, con amor de madre nos regala, y nos acompaña: ella pelea con nuestra flaqueza contra los dolores, y en tal coyuntura nos procura defender, adonde las riquezas, ni la dignidad, ni honra, pueden ser parte para valernos. Y el Eclesiástico, hablando a este propósito, dice: mejor suerte es la del pobre que tiene salud, que no la del rico que está falto de ella, y un poco más abajo dice: no hay patrimonio ni censo que se pueda comparar con la salud del cuerpo. Y Plutarco, en el libro de la conservación de la sanidad, dice que tener salud es un potaje suavísimo y una salsa del cielo. Y Marcial, en el libro décimo, en el epigrama cuarenta y siete, afirma que una de las cosas que hace la vida dichosa es el cuerpo sano. Y Sinesio Sirenense, en una oración que compuso de las alabanzas de Calvicio, dice que el principado y mejoría entre todas las cosas buenas de la vida humana es el de la salud, y Juvenal, en el fin de la Sátira décima, dice que no habíamos de pedir, ni rogar a Dios otra cosa más de tener el alma sana en el cuerpo sano”. […]

“Y así Platón, en el Gorgias escribe que en los convites antiguos era solemne cantar, y muy celebrado, que la mejor cosa que había en las cosas humanas era tener salud, y secundariamente tener buena disposición de cuerpo, y en el tercer lugar tener riquezas ganadas sin engaño. Y la misma sentencia escribe en el libro sexto de la república, y en el libro primero y segundo de las leyes. De esta misma opinión fue Diógenes Synopeo, el cual dividía en cinco partes la felicidad; la primera parte decía que estaba en saber aconsejar bien, o en ser bien aconsejado, la segunda en tener salud, la tercera en ser bien afortunado en tratar los negocios, la cuarta en ser señalado en honra y gloria entre los hombres, la quinta en tener riquezas y lo necesario para la vida humana. Y otros filósofos hubo muy celebrados de Cicerón (como fueron Panecio y Posidonio) los cuales dijeron que no era suficiente la virtud para pasar la vida dichosamente, sino que también era necesario gozar de la sanidad. Además de esto, Crantor Solense afirmaba que la principal parte de la vida humana se había de dar a la virtud, la segunda a la salud, y en el tercer lugar ponía los deleites, y en el cuarto las riquezas. Y Tales Milesio, uno de los siete Sabios que celebró la Grecia, siendo preguntado cuál hombre se podía en esta vida llamar dichoso, respondió que el que gozaba de salud corporal, como lo dice Laercio, y Epifanio Cyprio en el libro contra las herejías dice que Posidonio Apameo solía decir que el mayor bien que poseen los hombres es el de la sanidad y [las] riquezas. Y entre los Pitagóricos era costumbre muy usada, cuando en las cartas que se escribían trataban de alguna cosa grave, o de algún negocio de peso, no usar de otro género de buena crianza ni comedimiento, sino el desear salud. Y no es de maravillar que todos estos filósofos que hemos referido, hayan encarecido tanto el bien de la salud, pues el glorioso Augustino, (como se refiere en el Derecho Canónico), dice que al que pagare las décimas no solamente le dará Dios abundancia de los frutos de la tierra, mas también salud para el cuerpo, y para el alma”. […]

“Propusimos en la última parte de este capítulo, que la virtud es uno de los mejores medios que hay en el mundo para procurar la salud.  Y porque no parezca que es imaginación o sueño, probarlo hemos con autoridad de Galeno, de Hipócrates, de Platón y de Aristóteles, y con razones sacadas de los mismos principios de la medicina. Claro está que la razón y principio de nuestra salud es la moderación y templanza en todas las cosas. Y para decirlo mejor, la sanidad no es otra cosa sino el mismo temperamento, y la enfermedad intemperamento o improporción, como lo dice Galeno en el primer libro de las diferencias de las enfermedades, y en el primer libro de la conservación de la sanidad. Y en otras muchas partes, dice él mismo que la Simetría o proporción del calor, de la frialdad, de la humedad y sequedad es nuestra natural sanidad. Y Aristóteles, en la primera sección de los Problemas, en el Problema tercero afirma que nuestra próspera salud no es otra cosa sino cierta mediocridad o medida, y aludiendo Galeno a esto nos aconseja que cuando tratáremos de verdad de procurar nuestra salud, que en todas las cosas procuremos el medio, porque como dice Platón en el Timeo, nuestro cuerpo está compuesto de lo caliente, de lo frío, de lo seco y de lo húmedo, como de cuatro elementos, de los cuales, cuando el uno sobrepuja más que el otro, o falta de su medida, es necesario que el cuerpo se debilite y caiga en enfermedad. Y así, quitada la medida y temperamento de nuestros cuerpos, nos acontecen varias mudanzas, grandes enfermedades e infinitas corrupciones que lo debilitan y enferman, y Alcmeón afirma que la sanidad está firme y constante con la Isonomía e igualdad de ciertas potencias de lo caliente, de lo húmedo, de lo seco, y de lo frío, de lo dulce, de lo amargo, y de otras de esta suerte. Y dice más, que si en estas hubiere alguna monarquía, esto es, que si alguna de estas se quisiere hacer señora y sobrepujar a las demás, que en ese mismo punto viene la enfermedad, y tras ella la muerte, como lo refiere Plutarco, en el último libro de los Plácitos de los Filósofos en el capítulo último. Y Diocles, (como lo refiere Stobeo en el capítulo noventa y ocho), decía que las más de nuestras enfermedades procedían de cierta desigualdad. Y Marco Fabio Quintiliano, en la declamación octava decía que cualquiera cosa que nos hace caer en los vicios de nuestras enfermedades, y nos muda de nuestra natural sanidad, es el demasiado peso de la sangre, o el demasiado calor, o la superabundancia de la humedad o sequedad. Por lo cual, con mucha razón el príncipe de los filósofos, Aristóteles, pregunta en el primero de sus Problemas cuál es la causa por [la] que, cuando hay grandes superabundancias, o grandes pujanzas de todas las cosas, entonces hay muchas pestilencias, y respondiéndose así, el mismo Aristóteles dice que estas o hacen excesos o defecto, de los cuales nace la enfermedad, lo cual vemos manifiestamente por la misma experiencia en el que bebe o come demasiadamente, con tanta facilidad viene a caer en enfermedad. Y la misma razón corre el que come escasamente, cómo se marchita y enflaquece, de suerte que se viene a consumir: y lo mismo acontece al que duerme muy poco o nada, venir a perecer con enfermedades; todo lo cual mucho antes había anotado Hipócrates en el segundo libro de sus sentencias, diciendo: el sueño y la vigilia demasiados son dañosos y, ni más ni menos, el mucho comer o la mucha hambre. La  misma sentencia refiere con más largas palabras el mismo Hipócrates en el libro De natura hominis. Y así, Paulo Aegineta viene a decir que aquel será hombre templadísimo, cuyo cuerpo tuviere el medio de todos los extremos: lo cual no solamente en el hombre, sino también en los animales, en las plantas y en las semillas se puede ver, cuando con la mucha humedad, o con el demasiado frío se mueren las sementeras, o con la demasiada sequedad o fervor del sol se abrasan, como lo dice Virgilio en la Égloga séptima, y por esta razón la medicina y los médicos traen su Etimología del medio, como lo afirma Prisciano, y Séneca en una de sus Epístolas que escribió a Lucilo enseña lo mismo. Siendo pues esto así, que la sanidad, o la causa de la sanidad no es otra cosa sino el medio en todas las cosas, bueno será nuestro discurso, y la proposición del título del capítulo será muy verdadera, que uno de los más principales medios para alcanzar y tener salud es ser el hombre virtuoso, pues en el que lo es, se echa muy bien de ver el medio tan medido que tiene en todas las cosas, pues toda su vida no es otra cosa sino una proporción, un medio, una consonancia, una regla, un nivel, una igualdad, una música y armonía del cielo, de suerte que en ninguna criatura resplandezca más el inmenso saber de Dios que la creó, como es en el varón justo y prudente, el cual siempre come con medida y duerme lo que le basta, y ama a quien es digno de amor, y aborrece lo que es injusto, y él mismo para sí se es el metro y la medida y un compás que con solo Dios ajusta, pasa y acompasa todas sus obras y acciones”.

El resumen del capítulo sería algo así como: La virtud, condición necesaria para el mantenimiento de la salud, es el punto medio entre dos vicios opuestos: el vicio del exceso y el vicio del defecto, que provocan y son causa de la enfermedad...

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